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Amor Incondicional » Capítulo uno: Hermanos del alma
Historia terminada Amor Incondicional (R15)
Por RS Novotny
Escrita el Domingo 4 de Septiembre de 2011, 14:08
Actualizada el Viernes 16 de Septiembre de 2011, 17:09
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Capítulo uno: Hermanos del alma

Todo había empezado cuando mi padre maltrataba a Karen, mi madre, en México. Yo misma denuncié a mi padre a la policía y lo metieron en la cárcel. Entonces mi madre había decidido irse de viaje para olvidarse de todo, yo preferí quedarme en casa, algo de lo que me arrepentí. Cuando Karen volvió, me contó que se había casado con un hombre y que tendríamos que mudarnos a Puget Sound, Olympia, en el estado de Washington, a donde acabábamos de llegar. Puget Sound era un pueblo horrible, se parecía mucho a Forks por no decir que eran idénticos. No hacía sol casi nunca, llovía a menudo y hacía mucho frío.

Siempre me he parecido mucho físicamente a mi madre. Pelo castaño oscuro, corto y despuntado con mechas rubias y ojos castaños. Un rasgo que no había heredado de nadie era un lunar que tenía en la mejilla derecha.

-¡¿Por qué lo has hecho?!-grité.-¡¿Por qué te has casado?!

-Cariño, yo tengo que rehacer mi vida. Mañana lo conocerás a él y a su hijo. Es de tu edad. Seguro que os haréis buenos amigos.

-Sí, claro.-dije y cogí la mochila.-Adiós, Karen.

-¿No quieres que te lleve?

-Voy andando.

-Llegarás tarde.

-¡Me da igual!-grité y salí de la casa dando un portazo. Todavía me acordaba de mi maldito padre, no quería que volviera a pasar lo mismo.

Gracias a que me desperté pronto llegué antes de que empezara la primera clase.

-¿Quién eres?, nunca te he visto por aquí.-me dijo una chica con los ojos marrones y el pelo castaño, largo y rizado.

-Me llamo Ashley Taylor. Acabo de venir de México.

-Hablas muy bien el inglés.

-Me lo enseñaron desde pequeña. ¿Quién eres tú?

-Oh, perdona, no me he presentado, soy Lindsay Jones. ¿Tienes clase de lenguaje ahora?

-Sí, ¿Tú también?

-Sí.

-¿Puedo ir contigo?

-Claro.-caminamos por el campus y llegamos al aula.

-Emm... lo siento,-dijo Lindsay.-tendrás que sentarte con él. Es el único lugar que queda libre.-dijo señalando el único pupitre vacío. Había sentado en él un chico de pelo color broncíneo y peinado de punta y con ojos grises. Tenía la piel muy clarita, al contrario que la mía, que era muy oscura. Aunque no era de extrañar, yo había vivido en México, un lugar muy soleado y caluroso mientras que él vivía en un pueblo horripilante en el que casi el noventa y nueve por ciento del año estaba nublado y no hacía sol. A pesar de su piel blanquecina, era guapísimo. Un chico que encandilaba con sólo mirarlo.

-Es muy... guapo...-sonreí como una idiota.

-Sí, es Joe Mcfersson, el chico más popular del instituto, el capitán del equipo de baloncesto. Es un idiota y nadie lo soporta excepto sus amigotes del equipo y las tontas que están locas por él.

Joe no dijo nada cuando me senté y yo tampoco me atreví hasta la siguiente clase.

-Ho... hola... soy... soy Ashley Taylor...

-Qué bien.-dijo con indiferencia.-Mira, no me interesas.

-¿Qué?, ¿Pero qué estás diciendo?, yo no soy de esas tontas que van detrás de ti.-dije enfadada.-acabo de llegar de México y sólo quería... presentarme.

-Sí, claro.

-Creído, imbécil, estúpido.-murmuré. Él fue a replicar pero entonces el profesor comenzó la clase.

No nos volvimos a hablar más y llegó la hora del almuerzo. Lindsay me condujo al comedor y nos sentamos en una mesa en la que estaban sentados un chico de ojos marrones y con la cara cubierta de pecas, su pelo rubio y revuelto brillaba ante los escasos rayos de sol que entraban por los ventanales del comedor; y un chico de pelo castaño peinado en punta y con los ojos de un verde esmeralda brillantes. Los dos tenían la piel clara pero no tanto como Joe. Qué guapo era el chico que tenía los ojos verdes.

-Éste es Michael Burkin.-me dijo Lindsay señalando al rubio.

-Puedes llamarme Mike.

-Y él es Jack Reagan.

-Hola.-saludó él.

-Hola...-dije intimidada por su guapura. Era tan guapo como Joe.

-Chicos, ella es Ashley Taylor, es mexicana.

-Guau. ¿Y hablas inglés?

-Sí. Mi madre es española y...-hice una mueca de asco.-mi padre es americano, de Phoenix.

-Menuda mezcla.-comentó Jack.

-Chris, no empieces.-dijo Lindsay.

-¿Pero... no te llamabas Jack?-pregunté confusa.

-Se llama Christian Jackson Reagan.-me explicó Lindsay.-Lo llamamos de las dos formas.

-No le pegan los dos nombres juntos.

-Mi padre me llama así cuando se enfada conmigo.

Las siguientes clases fueron muy incómodas.

-¿Quieres venir con nosotros?-preguntó Lindsay.-Chris nos lleva a casa todos los días.

-¿Chris?

-Sí, tiene diecisiete años. Yo estoy a punto de sacarme el carnet.

-¿Vas a cumplir pronto los dieciséis?

-No, los cumplí hace dos meses, el veintitrés de Enero.

-¡Eh, ¿Vais a venir o no?!-nos gritó Chris desde el coche.

-Lind, tengo que ir a buscar un libro que me he dejado en la taquilla, marchaos sin mí.

-Oh, no te preocupes, te esperaremos.

-¿Chris no se enfadará?-dije mirando al chico, que estaba ansioso.

-No, él es así.

-Vale, no tardaré mucho.

Fui a beber agua a una fuente del campus pero no pude beber enseguida porque alguien la estaba usando. Esperé con impaciencia. Joe ni me miró cuando dejó de beber y se marchó. Me acerqué a la fuente y pisé el pedal. Me empapé de agua. Joe se estaba riendo.

-¡Idiota!

-Pringada.

Gruñí y entré en el edificio. Abrí mi taquilla y cogí el libro de Historia. Cuando me di la vuelta, alguien me empujó y los libros se me cayeron al suelo.

-¿Pero qué haces?, ¿Es que la has cogido conmigo o qué?

-Pues sí. Nadie se ha atrevido nunca a insultarme como lo has hecho tú.

-Ya era hora de que alguien lo hiciera.

-Escúchame, mexicanita, más vale que no te metas conmigo.-dijo y me empujó contra las taquillas.

-Maldito gringo.-mascullé.

-¿Qué has dicho?

-Eres un idiota. No te vuelvas a meter conmigo o...

-¿O qué?, ¿Vas a decírselo a tu papá para que me pegue?-le di un cachetón.

-¡No vuelvas a mencionar a mi padre nunca más, ¿Me has entendido?!

-¿Por qué?, ¿Por qué no te llevaba de paseo?

-No voy a hablar de eso precisamente contigo.

-¿Qué tienes que ocultar?, ¿Quizá te pilló con un pringado como tú y te castigó?-apreté los dientes.

-¡No te importa, ¿Vale?!

-¡Ja!

-¡Lo denuncié a la policía por maltratar a mi madre, yanqui de mierda!-dije con las lágrimas rodando por mis mejillas.-maldito imbécil.

-Te estás pasando de lista.

-¡¿Por qué, crees que por tener dinero y popularidad eres mejor que yo?!, ¡¿Crees que por tenerlo todo eres mejor que yo?!

-¡Yo no lo tengo todo, ¿Sabes?, mi madre murió hace dos años y ahora tengo una maldita madrastra que ni conozco!-gritó y me volvió a empujar.

-¡Ashley!-Lindsay corrió hacia mi.-Ashley, ¿Estás bien?, ¡Eres un bestia!

-Querrás decir que soy bestial.

-¡No, quiero decir que eres un bruto!, ¡Estúpido creído!

-No te atre...

-¡Yo a ti no te tengo miedo, Mcfersson!

-Pues deberías.-dijo y tras fulminarme con la mirada, se fue.

-¿Te ha hecho algo?

-No, es un idiota aunque...

-¿Qué?

-Su madre ha muerto.

-Lo sé, todo el mundo lo sabe. Su padre se ha vuelto a casar hace poco.

 -¡Por fin llegáis!-se quejó Chris.

-¿Quieres dejar de quejarte?-dijo Lindsay cuando subimos al coche.-Tenía problemas.

-¿Problemas, qué clase de problemas?

-Matones.

-¿Matones en tu primer día?

-Joe.

-Ah, comprendo.

-La ha cogido con ella.

-Imbécil.-masculló Michael.

-¿Qué le pasa?

-No lo traga.-dijo Lindsay.

-¿Por qué, qué le hizo?

-Bueno...

-Antes de que tú llegaras se metía con ella.-respondió Michael.-Odio eso, no consiento que se metan con mi Lindsay.

-¿Con mi Lindsay?

-Qué manía tienes de decir eso, Mike, sólo somos amigos.

-No importa, yo te quiero mucho.

-Sí, como la trucha al trucho.-dijo Jack de mal humor.

-¡Christian!-exclamó Lindsay.

No pude evitar soltar una carcajada.

-¿Y tú de qué te ríes?-dijo Jack que indudablemente estaba de malas pulgas.

-Esta escena resulta muy cómica.

-Qué graciosa. ¿A que te quedas aquí mismo?

-¿Cómo la vas a dejar a mitad de camino?

-No te preocupes, Lind, volveré andando.-dije y bajé del coche dando un portazo.

-¡Eh, espera, sólo era una broma!-exclamó Jack.

-¡A mí no me ha parecido una broma!-grité y eché a correr.

Tengo que reconocerlo, siempre he tenido muy mala leche. En cuanto me tocaban un cable, me saltaban chispas.

 Cuando llegué a casa, estaba empapada.

-Hija, ¿Cómo llegas así?

-Está lloviendo fuera, ¿No lo ves?-dije de malas maneras.-Emm... lo siento, mamá. Intentaré llevarme lo mejor posible con tu marido y su hijo. Pero no cambiaré mi apellido.

-¡Gracias, hija, eres la mejor!

-Ma... mamá, me aplastas.-Karen me soltó.-Voy a cambiarme para la cena.-dije subiendo las escaleras.

-Ah, Kevin me ha dicho que su hijo no va a venir a cenar esta noche. Dice que va a ir al cine con unos amigos.

-Oh, estupendo. Voy a tener un hermanastro que hace lo que le da la gana.

-Su madre murió y Kevin cree que debe dejarlo ir un poco por libre. Además, su hijo está mucho tiempo solo porque Kevin viaja mucho por culpa de su trabajo.

-Mamá, sinceramente deseo que te vaya bien con ese tal Kevin. Bueno, voy a mi cuarto. Todavía tengo que sacar algunas cosas de las cajas.

-Kevin estará a punto de llegar. Por cierto, no entres en el cuarto de su hijo. No le gusta.

-Vale.

 

 -¿Qué tal te van las clases?-preguntó Kevin. El nuevo marido de mi madre era un hombre un poco más mayor que Karen. Era rubio y tenía los ojos grises. A sus cuarenta y tantos años era bastante atractivo.

-Más o menos. No me ha sentado muy bien el cambio de instituto.

-¿Por qué?

-Pues... bueno, he hecho tres amigos pero... hay un chico que se mete conmigo.

-Siempre hay chicos así.-comentó Kevin tras tragar un trozo de tarta.-Lo mejor que puedes hacer es ignorarle.

-Lo sé. Es lo que intentaré.

-La cena estaba muy buena, cariño.

-La he hecho con mucho amor.-sonreí. Nunca había visto tan feliz a mi madre. Incluso con los cardenales que aún marcaban su cara después de dos meses, estaba radiante. Sería egoísta por mi parte no permitirle rehacer su vida.

-Os dejo solos.-dije dirigiéndome a la escalera.-Esto... Kevin...

-¿Sí?

-¿Te importaría que te llamara... papá?

-Pues... pues claro que no.-volví a sonreír y subí a mi cuarto.

 Me desperté muy temprano, me puse una bata y bajé a la cocina para prepararme un café con leche con tostadas. Estaba media dormida pero cuando entré en la cocina, vi a un chico en pijama dándome la espalda.

-¿Eres el hijo de Kevin?-pregunté. El chico se dio la vuelta y...-¡Tú!, ¡¿Qué haces tú en mi casa?!

-¡¿Tu casa?!, ¡La cuestión es, ¿Qué haces en mi casa?!-gritó Joe.

-¡Eres el hijo de Kevin Mcfersson!

-¡¿Tú eres la hija de Karen Taylor?!, ¡¿Por qué?, ¿Por qué tenías que ser precisamente tú?!-me quedé muda. Ambos nos quedamos quietos un rato, frente a frente y luego... salimos corriendo.-¡KEVIN!

-¡MAMÁ!

-¿Qué ocurre?-preguntó Kevin medio dormido.

-¿Ya os habéis conocido?-Joe y yo comenzamos a hablar atropelladamente.

-¿Queréis dejar de hablar los dos a la vez?

-¡Mamá, es éste, el que la ha cogido conmigo!, ¡Este estúpido gringo!

-¡Ella, Kevin, ella es la maldita mexicana!

-¡Yo no te he hecho nada!

-¡Sí, insultarme!-después sólo se oían tonterías.

-¡Idimeyanquimetoimbécstúpida...!

-¡Silencio!-gritó Kevin.

-¡Mamá, tengo que hablar contigo!-dije y tiré de Karen fuera del dormitorio.-

¿Cómo pretendes que viva con ése?

-Lo siento, no pensé que fuera él el que te molestaba. Mira, tú vete por tu lado y déjalo a él que vaya por el suyo.

-Ja.-dijimos los dos a la vez.

Entré en mi cuarto y cerré con llave. Me cambié de ropa. Ahora sí que se desmoronaba mi nueva vida. Bajé las escaleras.

Siempre he dicho que mi vida se divide en dos partes. La primera era mi vida sin vida, cuando Karen y yo vivíamos con mi padre. La segunda parte comenzó cuando me mudé a Puget Sound. Todo iba bien pero entonces... ¿Por qué Joe tenía que ser mi hermanastro?, ¿Por qué tenía que meterse más en mi vida? El cerebro me iba a explotar de tantos pensamientos procesados de ese tipo pero mi madre me atrajo de nuevo al mundo real.

-¿No vas a desayunar?-preguntó Karen.

-No tengo hambre.-Joe y yo salimos a la vez por la puerta como dos bobos. Casi no salimos de allí. Joe se subió a un Mercedes en el que no había reparado.

-¡Adiós, pringada!

-¡Imbécil!-un coche se presentó a mi lado.

-¿Subes?-preguntó Lindsay.

-Prefiero ir andando.-dije mirando al conductor.

-Lo siento, Ash.-dijo Jack.-Tengo muy mala leche.

-Pues deberías controlarla.-dije y cerré dando un portazo tras de mí.

-Oye, no me rompas el coche.

-¡Vale, me bajo!

-No,-dijo Lindsay.-¿Qué te pasa?-Jack arrancó el coche.

-Joe, eso es lo que me pasa, Joe.

-Sí, por cierto, ¿Qué hacías en su casa?-preguntó Mike.-Te vimos y paramos.

-Vivo en esa casa... mi madre se ha casado con su padre.

-¡¿Qué?!-exclamaron todos a la vez.

-No me lo puedo... creer.-dijo Lindsay.

-Ahora sí que me va a hacer la vida imposible.

-Ese idiota, siempre presumiendo de su maldito Mercedes de color gris.-refunfuñó Jack.

-¿Te da envidia?-pregunté.

-¡Pues claro que me da envidia!, ¡¿Por qué él puede tener ese coche y yo tengo que conformarme con esta carraca?!, y claro, ahora seguro que tú vas a tener un buen coche también.-siguió refunfuñando Jack.

-Pues no, no cumpliré los dieciséis hasta el tres de octubre y no pienso convertirme en la versión femenina de Joe.

-Sí, claro. Eso dices ahora.-dijo Jack.

-¿Sabes Christian?, el único motivo por el que yo me compraría un coche de lujo sería primero para que sintieras aún más envidia y segundo, ¡Para no tener que aguantarte mientras voy en el tuyo!-grité y bajé del coche.-¡Idiota!-salí del aparcamiento y entré en el campus.

 -Perdónalo, siempre...

-Es así. Ya lo sé. Pero me saca de quicio.

-Eh, dicen que los que se pelean se desean.

-Mejor que no vuelvas a repetir eso. Heredé la fuerza de... mi padre. Y a una chica que no paraba de hacerme la vida imposible le dejé un cardenal en el ojo que le duró dos meses.-dije tranquilamente. Michael tragó saliva.

-No te atreverías a pegarme, ¿Verdad?

-Pues claro que no, Mike.-dije con una sonrisa. Michael sonrió a su vez.-Bueno,

¿Y tú qué?

-¿Yo qué de qué?

-Lindsay.

-Ah, le pedí salir hace un tiempo y me dijo que no. Pero la entiendo.

-¿Qué?

-Ella me dijo que no porque no quería que le hicieran daño.

-Sigo sin entender.

-Verás, ¿Recuerdas que ayer me puse de los nervios cuando salió el nombre de Joe?

-Sí. Porque él la tenía entre ceja y ceja como me tiene a mi ahora.

-Sí, se metía con ella porque le pidió salir. Él le dijo que no de malos modos y luego empezó a hacerle la vida imposible.

-Pobre Lindsay.

-Sí, maldito Joe.-entramos en clase.-Todavía tengo esperanzas de que quiera salir conmigo.

Sonreí. Pero luego se me cambió la cara cuando recordé que tenía que sentarme con Joe. Fui a mi asiento y justo cuando me iba a sentar, alguien me agarró por los brazos y evitó que tomara asiento.

-Lind, ¿Qué haces?-pregunté.

-No te sientes.

-Maldita aguafiestas.-masculló Joe.

-¿Qué pasa?

-Te ha puesto pegamento en el asiento. Niñato estúpido.

El profesor Henderson entró en ese momento.

-Profesor,-dijo Lindsay.-Ashley no se puede sentar en este pupitre.

-¿Por qué, está enferma?

-No.

-Maldita chivata.-murmuró Joe.

-Le han puesto pegamento en la silla.-dijo mi mejor amiga mirando a Joe.

-Oh, vaya, vaya. Señor Mcfersson, recoja sus cosas y salga de clase.

-Pero...

-¡Ahora!-Joe obedeció y al pasar junto a Lindsay y a mí nos susurró.

-Os vais a arrepentir.

-Señorita Taylor, siéntese en el sitio del señor Mcfersson.-me dijo amablemente.

Obedecí.

 -¿Cómo lo sabías?-pregunté a la hora del almuerzo.

-¿El qué?

-¿Cómo sabías que había puesto pegamento en mi lado del pupitre?

-Porque también me lo hizo a mí.

-¿Qué?

-Sí, hace tiempo. Y el truco de la fuente y el de la chincheta, el de levantar la falda y muchos más que seguro que te hará a ti.

-Vale, me andaré con cuidado.

-¿Me vas a perdonar ya?

-Déjame en paz, Chris. Pesado.

-¿Qué tengo que hacer para que me perdones?

-Dejar de darme la vara.

-Vale. Me callo.

-Estás perdonado.

-Jack, eres un majadero.-dijo Lindsay.

-Tú te callas.

 Fuimos a nuestras taquillas para coger unos libros. El instituto estaba vacío. Mi taquilla estaba en un ala diferente de la de Lindsay. Pero aún así oí algo.

-¡Ah!

-¿Te has divertido esta mañana?

-Tú te lo has buscado, no deberías hacer esas bromitas de críos.

-Tú a mi no me vengas a decir lo que debo o no hacer.

-Suéltame, me estás haciendo daño.

-Oh, ¿De veras?

Entonces me decidí a ir.

-¡Eh, ¿Qué estás haciendo?!-grité.

-¿A ti qué te parece, estúpida?

-Se lo diré a papá.

-¡Él no es tu padre, tu padre es un criminal que está en la cárcel!-apreté los puños y la vena de mi cuello tembló.

-Te la estás jugando. No vuelvas a mencionar a ese maldito embustero que maltrataba a mi madre.

-Oh, qué miedo.-Joe hizo el puño hacia atrás pero yo lo paré con las dos manos antes de que me tocara.

-¿Ibas a pegarme?, maldito cobarde. Los hombres que pegan a las mujeres son unos malnacidos. Eres igual que mi padre.

-¿Vas a seguir con tu repertorio?-dijo y se soltó de mis manos.

-¿Por qué eres así?

-¡Porque me da la gana!, ¡Ya verás en casa!

-Lind, vamos.-dije y la ayudé a levantarse.

Llegamos al aparcamiento.

-¿Por qué habéis tardado tanto?-protestó Jack.-la próxima vez os quedáis en tierra.

-Eres un antipático.-dije.-hemos tenido problemas.

-¿Problemas?-repitió Michael.-¿Otra vez Joe?

-Sí... iba... a pegarle... Casi me pega a mí...

-Lo voy a matar.-dijo encolerizado.

-¿Ah, sí?-dijo Joe.-Pues baja del coche, te voy a partir la cara.-Michael bajó y se puso frente a Joe.

-Por favor, Mike, no te rebajes a su nivel.-pidió Lindsay. Pero él no hizo caso.

-Vamos, imbécil, vamos.-lo provocó Joe. Mike le lanzó un puñetazo que Joe esquivó. Luego, éste le dio un puñetazo y lo tiró al suelo.-a ver si así aprendes.-dijo y tiró de mí.

-¡¿Pero tú qué haces?!, ¡Suéltame!

-¡Vienes conmigo a casa!

-¡Déjame en paz!, ¡Ay!-me cargó al hombro y luego me metió en el coche y se subió en el asiento del piloto.-¡A esto se le llama secuestro!

-¡Cállate y ponte el cinturón!-exclamó y arrancó el coche.

-¡No me lo voy a poner, a ver si así te ponen una multa, entonces se te va a caer el pelo!-Joe aceleró el coche.-¡¿Qué haces, estás loco?!

-¡Póntelo o aceleraré aún más!

-Está bien, está bien. Me lo pondré, pero ve más despacio... por favor.-dije y me abroché el cinturón.

-Así me gusta, que me obedezcas.

-Te voy a matar.-mastiqué.

-Dime, ¿Cómo conseguiste parar mi puñetazo?

-Tengo mucha fuerza.-dije entre dientes mirando al frente. Apretaba los puños contra el sillón.

-Quita las manos de ahí, me vas a estropear el coche.

-Me trae sin cuidado.

-¡Quítalas!

-Deja de provocarme.

-Qué miedo.

-No me cabrees, Joe. Podrías salir muy mal parado.-dije apretando mucho más los puños y los dientes.-y para el coche, vuelvo andando.

-Karen me dijo que te trajera en coche.

-Me da igual, para el coche.

-Ni hablar.

-¡PARA EL COCHE!-el vehículo frenó en seco. Abrí la puerta y la volví a cerrar tras de mi dando un portazo. Eché a andar y me tuve que hacer a un lado para que Joe no me atropellara.-¡¿Estás loco?!

-Un poco.-le oí decir. Emití un gruñido y seguí caminando hasta casa.

 -¿Por qué has venido sola?-me preguntó Karen.

-Porque no quería venir con el hijo de Kevin. No le vuelvas a decir que me traiga.

-¡No quiero que vuelvas sola a casa!

-¡No iba a venir sola, un amigo me iba a traer en su coche hasta que el idiota de Joe me agarró y me metió en su estúpido Mercedes como si yo fuera un saco de carga!

-Ah, vaya, ibas a venir con un amigo. Bueno, mientras no vengas sola.

-¿Qué mosca te ha picado hoy?

-¿Qué?, ninguna, ninguna.

 El timbre de la puerta sonó. Fui a abrir.

-Hola, Ash, ¿Estás bien?

-Sí, muy bien. ¿Qué se te ofrece?

-Pues... Jack nos va a llevar a Mike y a mí a la autoescuela, ¿Te vienes?

-Aún tengo quince años.

-¿Y si te empiezas a sacar el carnet desde ya?

-No sé...

-Ve a sacarte el carnet.-me dijo Karen.

-Mamá, todavía no tengo dieciséis años.

-No importa, Kevin tiene un amigo en la autoescuela, puede hacer que te lo den antes.

-No me parece justo.

-Así no vendrás andando.

-Cómo estás hoy, mamá, no te entiendo.

-No me hagas caso y vete, anda, vete.-dijo empujándome hacia la puerta.

Subimos al coche de Jack. No dije nada. Me senté en el asiento de atrás, enfurruñada junto a Lindsay.

-Te van a colar en la autoescuela gracias a tu nuevo padre, ¿No?, igual que hicieron con ''el señor muchos humos''.-dijo Jack malhumorado, como siempre. Preferí no decir nada. La verdad es que su carácter y el mío eran muy parecidos, casi idénticos, siempre de mal humor por cualquier ofensa por pequeña que fuera.

-¿Te ha comido la lengua el gato?-apreté los puños.-contesta.

-¿Quieres callarte?, ¿Te crees que quiero formar parte de la familia del señor muchos humos como lo llamas tú?, pues no. Lo detesto y no puedo con él, y deja ya de echármelo en cara. ¿A qué estás jugando?, estoy harta de que me trates como te dé la gana ahora y luego me estés pidiendo perdón, ¿Sabes?

Mike se rió.

-¿Y tú de qué te ríes?-bufó Jack.

-Ya era hora de que te pusieran en tu lugar.

-Bah.

Llegamos a la autoescuela, un establecimiento más pequeño que el instituto.

-Vale, ¿Y ahora qué hago?-dije.

-No sé, tenemos que inscribirnos.-dijo Lindsay.

-¿Cómo voy a inscribirme?, no traigo ni documentación ni nada. Oh, no. Lo que faltaba.

-¿Qué pasa?

-El señor muchos humos.

-¿Dónde?

-Viene hacia aquí.

-Le voy a calentar la cara.

-Mike, como te vuelvas a enfrentar a él no te dirigiré la palabra en la vida.-dijo Lindsay.

-Vale, está bien.

-¿Qué haces tú aquí?-pregunté.

-Tu madre me ha dicho que te ayude a inscribirte. Sinceramente, se está pasando con los favores.

-Oh, por mi puedes largarte.

-Lo siento mucho, pero no puedo hacerlo. Si no, ni hubiera venido. Anda, vamos.-dijo y me agarró de un brazo.

-Ay, suéltame, me estás haciendo daño, yanqui estúpido.

-¿Sabes?, me estoy cansando de que me llames así.

-Pues ya te puedes ir acostumbrando, ¡Suéltame!

-¡Oye, tú, te ha dicho que la sueltes, imbécil!-exclamó Jack.

-Es mi hermana, puedo hacer lo que me dé la gana.

-¡No soy tu hermana, soy tu hermanastra, suéltame!

-¡Vamos, suéltala!-gritó Jack de nuevo.

-Oblígame. ¡Ay!-Jack acababa de cruzarle la cara de un puñetazo.

-¿Te encuentras bien?

-Sí... gracias, Chris.

-No hay de qué.

-Oye, tú, pringado, te voy a marcar la cara.-dijo Joe.

-Me tienes harto con los humos que te das siempre con tu dinero, tu estupendo coche y tus lujos.

-Oh, pobrecito.-dijo y le lanzó un puñetazo pero Jack lo esquivó y le dio otro golpe que le dio en un ojo.-¡Te vas a enterar, imbécil!

-¡Parad!-exclamé. Pero nadie me hizo caso.-¡Basta, estaos quietos!-me puse entre los dos justo a tiempo de recibir un puñetazo de Joe y caer al suelo inconsciente.

 -¿Te encuentras bien?-preguntó Lindsay. Pude oír cómo Karen le gritaba a alguien.

-¡¿Cómo has podido?!, ¡Ya verás cuando se lo diga a tu padre, y ahora estás castigado!

-¡Tú a mi no me puedes castigar, ni siquiera eres mi madre!

-¡Deberíais cuidaros entre los dos, sois hermanos!

-Sí, hermanos del alma.-intervine de mal humor, me dolía la cabeza y el ojo derecho a horrores.

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