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Bitacora de una desaparecida » Capitulo 3- Reacciones impulsivas y una ventana de esperanzas
Bitacora de una desaparecida (R15)
Por -bell-
Escrita el Martes 1 de Febrero de 2011, 18:31
Actualizada el Lunes 7 de Julio de 2014, 02:47
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Capitulo 3- Reacciones impulsivas y una ventana de esperanzas

  Me desperté gracias a una brillante luz que entraba por la ventana de la habitación que ni siquiera tenía cortinas. Me gire en la cama dándole la espalda a tanta luz y tape mi cara con ambas manos antes de reparar en que, sobre la mesa junto a la puerta, habían depositado un plato y una taza con comida, supongo que eso era mi desayuno.

  Justo en ese momento me rugió el estomago de gusto, si bien no recordaba hacían al menos tres días que no comía. Ya me había abalanzado sobre el plato cuando me di cuenta de otro detalle un poquito más importante: me podía mover.

 

  El parecer me habían quitado esas condenadas esposas mientras dormía.

 

  Repentinamente me invadió una oleada de alegría ¿Qué más podía pedir? "Libertad, eso podía pedir" pensé resignada. Pero aun así mis condiciones habían mejorado mucho de la noche a la mañana, o al menos estaba más cómoda. Estaba libre, medianamente, y podía caminar tranquila por la habitación, también tenía comida esperándome en un plato y una ventana que daba a una plaza donde jugaban los niños.

  Me dedique diez minutos a caminar por el poco espacio que tenia mientras saltaba y elongaba, los músculos aun me dolían horrores. Luego me acerque con precaución a la mesa con la comida, como alguien que se acerca a una gallina con temor a que se escape y me quede mirando la comida. Se me hacia agua la boca y sentía como el olor a comida, que tal vez no era tan bueno pero al ser lo primero comestible que olía en tres días daba la sensación de delicioso, entraba por mi nariz y hacia que el corazón me latiese mas rápido de emoción.

  Estaba por meterme de lleno en la difícil tarea de hacer desaparecer toda esa comida cuando me paso una imagen fugaz por la mente. Mamá preparándome el desayuno con una amplia sonrisa en el rostro, siempre haciéndome de comer cosas sanas y procurando que nunca tenga hambre. Esa imagen me quedo grabada en la retina del ojo: mi madre sonriente.

  Sentí un arrebato de furia hacia esos hombres y lo que me habían arrebatado. Agarre el plato que se encontraba intacto sobre la mesa y lo arroje lejos de mí contra la otra pared. Decir que me desahogue es poco ya que comencé a gritar mientras las lágrimas huían de mis ojos. Golpee la puerta con todas mis fuerzas.

  Yo no quería estar allí, eso estaba claro, como seguro fue con las anteriores huéspedes de esa habitación y vaya a saber cuantas más en aquella casa. Y había poco que pudiese hacer, pero yo no les daría el gusto de dejarme dominar por mis instintos o necesidades. No, si voy a morir será siendo fiel a mí misma, con dignidad y la frente en alto. Me negaba a comer y a cooperar de cualquier forma "si voy a caer será con la frente en alto", pensé una vez más con una sonrisa en los labios, esa se había convertido en mi filosofía de vida de ahora en más.

  Apoye la espalda contra la pared junto a la ventana y me deje caer. Allí me acurruque tomando mis piernas y ocultando la cabeza. En ese lugar tenía una vista directa de la puerta y estaba lo bastante lejos de esta por seguridad, aunque si me querían agarrar, golpear o lastimar lo lograrían sin importar donde me encontrase.

  Oí como alguien gritaba y discutía en algún lugar algo apartado de la habitación y pocos minutos después escuche unos pasos apurados que se dirigían aquí. No tuve ni siquiera tiempo para preocuparme, para temer, antes de que apareciese alguien detrás de la puerta despotricando.

  Intento abrir la puerta a la primera, pero esta no cedió, estaba cerrada con llave, oí el tintineo y el sonido de la traba segundos antes de ver aparecer a Marc en la puerta.

 

- ¿Pero que te crees que estás haciendo?- Dijo antes de ver los platos rotos junto a la puerta.

 

  Yo no hice nada, me quede allí contra la pared mirándolo fijamente, limitándome a callar. No podría arrebatarme mi silencio, eso no.

  Se abalanzo sobre mí y me levanto tironeándome del brazo, yo me resistí pero no sirvió de nada, él tenía más fuerza.

 

- ¿Qué crees que vas a lograr con esto?- me dijo tan repugnantemente cerca que su aliento me acariciaba el rostro- ¡Nada! No vas a lograr NADA. Vas a vivir lo mismo que todas las que vinieron antes de vos. No tenés otra opción, no hay otra opción. Te guste o no.

 

  ¿Me lo estaba imaginando o veía dolor en sus ojos? No eso era imposible "Samanta estas delirando, deberías haber comido algo antes de hacerte la valiente" me dije él me soltó con la confusión reluciendo en sus ojos y me empujo alejándome de él.

 

- No lo vuelvas a hacer. No te conviene.

 

  Esto último lo dijo un poco más tranquilo y salió rápido por la puerta apenas terminó, dejándome sola y completamente confundida e impactada.

  Ese no era el Marc que yo conocí en un primer momento, uno pedante y engreído. No estaba viendo otra versión de Marc. No entendía nada, lo pensé muchísimas veces pero seguía sin encontrar sentido a sus actos.

  "Lastima, Samanta, eso debe de ser"  me dije pensando en que esa sería la única conclusión coherente a la que llegaría.

  Pase el resto del día como una perfecta bipolar, hasta podía escuchar al ángel y al diablito peleando en mis hombros. Una parte de mi se arrepentía de mi acto de valentía al arrojar la comida, ya que estaba muerta de hambre, mientras que la otra se enorgullecía y sostenía con una sonrisa mi actitud, ya que yo no quería estar aquí, y si estaba iba a causar tantos problemas como pudiese.

  Me pase la mayor parte de los días mirando por esa ventana, viendo a los niños jugar con toda su inocencia, sin saber quien los observaba desde lejos ni lo cruel que podía llegar a ser el mundo. Me recordaba que el tiempo nunca se detiene, sin importar nivel económico, raza, color, religión, ideales políticos o morales, no, el es igual con todos.

 

  El tiempo siempre sigue adelante, recordándonos que no importa que tan mal estén las cosas la vida siempre sigue adelante.

 

 Ver a esos niños me alegraba el alma, me hacía sentir mejor, y por alguna razón me daba esperanzas. Esperanzas en que el mundo aun no estuviese perdido, hundido en la avaricia y el orgullo. No, viendo a esos niños recordaba la inocencia y dulzura que moraba en cada uno de nosotros. Solo había que escuchar más a menudo a nuestro niño interior.

 

  ¿Quién más sincero y sabio que un niño? Para quien la vida es un juego, con altas y bajas, donde para ganar solo tienes que seguir jugando. Quien siempre te será sincero en lo que piense, un niño no miente ni oculta, son para mí, pequeños ángeles caídos del cielo antes de ser corrompidos por el torbellino del mundo.

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Este capitulo se lo quiero dedicar a:

Aloma karox taylor_alice_cullen

Las primeras personas q agregaron mi historia a sus favoritos y lo cual agradezco muchisimo.

Sin mas que decir lo de siempre (actualizare en cuanto pueda y espero les guste, todo comentario, sugerencia u opinion sera bienvenido con creces)  suerte y desde ya gracias por comentar 



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