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Bitacora de una desaparecida » Capitulo 2- El despertar
Bitacora de una desaparecida (R15)
Por -bell-
Escrita el Martes 1 de Febrero de 2011, 18:31
Actualizada el Lunes 7 de Julio de 2014, 02:47
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Capitulo 2- El despertar

  Me desperté con el cuello duro, las piernas agarrotadas y algo de frio, pero asimile a que solo era a causa de que, una vez más, se me habían caído la almohada y sabanas mientras dormía. Me quede recostada con los ojos cerrados pensando en aquel horrible sueño del que, gracias a dios, ya había despertado. Pude percibir como, poco a poco, llegaban los recuerdos a mí mientras caía lentamente en la realidad.

 

  No fue un sueño.

 

  Justo cuando llegue a esa conclusión logre escuchar unos ruidosos pasos aunque algo lejanos en realidad y, si no me equivoco, a dos personas que hablaban… ¿o discutían?. Me permití abrir los ojos sin dejar de prestar atención a aquellos pasos y voces que por alguna razón se me hacían familiares, terroríficamente familiares.

  Estaba, si no me equivocaba, en una habitación de una casa. La paredes, que alguna vez fueron blancas, estaban ahora manchadas de humedad y suciedad. A pocos metros de mí, a la izquierda, estaba una puerta de madera de aspecto muy resistente y maltratado, como si allí hubieran encerrado algún perro o animal, que había arañado la puerta a más no poder. Yo estaba recostada en una cama increíblemente dura y, al igual que la puerta, muy maltratada. Además de la cama y una pequeña mesa unos metros junto a la puerta y una ventana en la pared a mí derecha, que le daba luz a la habitación.

  Escuche como las voces se acercaban a donde yo estaba paso a paso. El pánico me invadió y cerré los ojos intentando aparentar que aun no había despertado y luchando por relajar los músculos del rostro que me dejaban en evidencia.

 

- Esta vez sí tuvimos una buena caza ¿Cuándo la podemos sacar?

- Y no se primero tenemos que ver que llegue Santiago a ver qué vamos a hacer con ella.

- Pero si ya sabemos lo que vamos a hacer ¡venderla!

- Paciencia Marc todavía no sabemos si es virgen o que quien te dice capas que podemos hacer otro negocio mejor.

- Si eso no lo sé. Me juego la paga a que esta es virgen, basta con ver como la están buscando para saber que era una nena de mama.

- Eso no lo sabes ¿Quién te dice? Capas que nos sorprendemos.

- Eso si hay que apurarnos para que venga Santiago así la podemos llevar lo antes posible con Andrés y sacarla de acá.

 

  "Mis dos secuestradores favoritos" pensé con sarcasmo, estaban al otro de la puerta y lo podía decir con toda seguridad.

 

- ¿Crees que este despierta?- pregunto Marc

- Debería hacen ya muchas horas desde que la trajimos.

- ¿La ataste no?

- Pero claro no soy un novato querido amigo.

 

  En cuanto dijeron eso caí en la cuenta de un pequeño detalle en que no había reparado: estaba atada de manos a la cabecera de la cama. Me sentí impotente, limitada. Pude escuchar como giraban la perilla  de la puerta y entraban en la habitación. La puerta rechino mas para cerrarse que para abrirse, yo solo me quede quieta, respirando tranquila como todas las veces que me quede leyendo hasta tarde y me hice la dormida cuando mamá vino a regañarme.

  Podía sentir el calor de sus miradas sobre mí. Inspeccionando la "caza" los escuchaba caminar a mí alrededor observando cada milímetro de mi cuerpo mientras yo rogaba estar vestida. Sí, una preocupación realmente estúpida si tomábamos en cuenta donde estaba y en qué condiciones. Pero así era, aun podía sentir la suave tela rodeando mi cuerpo.

 

- Esta dormida, lo mejor será que vengamos luego con la comida y aprovechemos ahora para llamar a Santiago.

- Estas seguro de que duerme y no se hace la dormida- en cuanto oí eso se me helo el pecho y me paralice de miedo.

- Aun si es así no podremos hacer mucho ahora. Además no podrá dormir para siempre.

- Como vos quieras.

 

  Escuche los suaves pasos y luego la puerta al cerrarse. Aun así me quede unos cuantos minutos con los ojos cerrados, por si las dudas a alguno se le hubiese ocurrido comprobar si estaba despierta. Luego de unos diez minutos me  atreví a abrir los ojos pero no había nadie en la habitación. Ellos habían dicho que ya me estaban buscando, y eso me dio esperanza, una luz reluciendo en mis tinieblas. Cuantos días habían pasado, yo solo recordaba que ayer estaba saliendo de la academia, pero por el estado de mis músculos estaba claro que levaba más de unas horas, tal vez un día o dos.

  Tenía miedo, mucho. Porque sabía que tenían razón, no podría dormir para siempre. Estaba atada y atrapada, pero me negaba a resignarme y darme por vencida. Me gire en la cama para poder ver aquello que me sujetaba las manos a la cama. Unas firmes esposas rodeaban un firme caño en la cabecera de la cama uniendo mis manos.

  Al ver eso me entro desesperación me retorcí y tironee de todas las formas posibles. Intente zafarme aprovechando mis manos pequeñas que tanto me perjudicaban al tocar piano. Pero solo logre hacerme daño al vicio. Mi irritaba estar atrapada sin siquiera poder moverme en el poco espacio de la habitación. Deseche toda mi energía forcejeando, intentando zafarme, golpeando la cabecera y tironeando. Pero el resultado siguió siendo el mismo.

  Acostada en la cama, sin poder moverme y con las muñecas gritando de dolor, me deje ir. Deje que mi mente volviese a donde debería estar en aquel momento: en casa. Me imagine despertando en mi cómoda cama y en la protección de mi hogar, levantarme y desayunar mientras oía a papá bromeando y a mamá cocinando sin cesar, me imaginé saliendo al fresco otoño con un Gabriel que me esperaba en la puerta de casa, me imaginé la libertad de correr por el parque mientras mi amigo intentaba atraparme.

  Las lágrimas resbalaron por mi cara hasta que los brazos de Morfeo me llevaron con él, apartándome de la realidad y llevándome a una mejor, más alegre, pero yo sabía que mi alivio solo duraría un rato, luego tendría que regresar a la realidad, una y otra vez.

  Así sucedió varias veces a lo largo del día. Despertaba y luchaba contra esas malditas esposas hasta el cansancio, al punto de que mis intentos por zafarme ya habían dejado marca en la cabecera, mi propia marca. Luego, resignada, me dejaba invadir por el dolor y el miedo observando lo poco que podía ver desde la ventana hasta que la inconsciencia me tomaba de nuevo.

  En el resto de la tarde no volvieron a visitarme, y lo agradecía. Odiaba a estas personas, ya se que es una palabra muy grande, "odio", pero es así. Yo Samanta Miller odio a estos malditos miserables que me arrebataron mi libertad de la forma más horrible, y que tomaron posesión de mi vida y futuro sin siquiera pedir permiso o siquiera presentarse. No quería que me vieran llorando, no quería mostrarme débil, sí lo sé eso no serviría de mucho en mi situación, tal vez solo me trajera más problemas.

 

  Pero si voy a caer, lo voy a hacer con la frente en alto. Ya no tengo nada que perder, me lo arrebataron todo, mis amigos, mi familia, mi futuro… mi vida.

 

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Bueno espero les guste la actualizacion, la voy a seguir en cuanto pueda ya estoy escribiendo el proximo capitulo :) suerte y gracias por comentar



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