Historia al azar: Tentación al Silencio
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Bitacora de una desaparecida » Capitulo 13- La oscuridad
Bitacora de una desaparecida (R15)
Por -bell-
Escrita el Martes 1 de Febrero de 2011, 18:31
Actualizada el Lunes 7 de Julio de 2014, 02:47
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Capitulo 13- La oscuridad

  Maniatada, amordazada, sumisa y completamente indefensa. Esa era yo en ese momento, no importaba cuan libre fuera, no importaba lo que hiciera siempre me lastimaba a mi misma. Física y moralmente. Maldecía ese día en el que tuve que ir al colegio. Hubiese preferido cualquier cosa antes que esto.

  Tal vez me debería de haber accidentado antes de llegar a la academia, eso hubiese sido lo mejor, una muerte rápida y sencilla y desde luego no estaría aquí. Ahora estaba condenada a morir lentamente, lejos de mis seres queridos, lejos de mis sueños, sufriendo cada segundo que me quede de vida.

  Tenía miedo, lo admito. Estaba aterrada. Me sentía impotente, no importaba cuando me esforzara o luchara por otro futuro, jamás lo conseguiría estaba segura. Tenía miedo por todo lo que me vería forzada a vivir, temía aquello que tenían planeado para mí, aquello que me obligarían a hacer sin importar lo que yo opinara.

 

  Pero más que nada temía a aquello que jamás viviría, a aquello que jamás vería.

 

  Tenía miedo por aquellas cosas que jamás podría ver, que jamás podría vivir. No caminaría hacia el altar de la mano de mi padre. No me convertiría en la pianista que siempre soñé. No podría ver a como Gabriel se armaba de valor y le decía a Lily lo que sentía por ella, no lo vería feliz junto al altar. No vería el brillo en los ojos de mi madre cuando le dijera que estaba embarazada, ni la sonrisa de mi padre la primera vez q viera a mi hijo.

  Todas las cosas con las que alguna vez soñé ahora me parecían estupideces, cosas imposibles. Ya había perdido hacia mucho la esperanza de un día despertar agitada del sueño en mi cuarto, mi cama, mi casa. Allí sentada en un auto maniataba y amordazada lo único que podía hacer era lamentarme. Ya estaba cansada de levantarme para que luego me empujaran de nuevo al piso. Ya me era imposible seguir teniendo fe en que alguien velaba por mi, estaba sola en un mundo despiadado donde el dinero pesaba mas que las vidas de las personas. Donde los encargados de proteger a la ciudad trabajaban a la par de los que causaban el daño. Irónico ¿no?.

 

  Ya me había rendido, perdí la fe en el cambio. Me negaba a levantarme una vez mas para solo caer de nuevo, tal vez ese fuera mi destino.

 

  Quería que todo terminara de una vez, dejar de sufrir, era inútil seguir luchando contra la gran montaña "Samanta Miller por dios ¡que rayos estas diciendo!" me dijo esa voz sabihonda en mi mente "No te podes dar por vencida, ¡no pierdas tu valor!" decía una y otra vez, tenía que encontrar una forma de deshacerme de esa voz que era yo misma "Acaso no te das cuenta de que si vos te rendís ya no va a haber quien te salve. Seria como soltar la soga que te mantiene suspendida sobre el acantilado".

  Tenía que admitir algo: esa voz si que era coherente. Pero me costaba mucho ser coherente, incluso saber que era lo correcto después de sufrir tanto, le tenía pánico al dolor, a seguir sufriendo me estaba arrepintiendo de mi filosofía de "si caigo será con la frente en alto".

  Me avergonzaba de mi misma. Samanta Miller ¿en que momento te convertiste en una cobarde? Una sumisa. Era una cobarde, me estaba resignando a un futuro que no me gustaba, un futuro que sería en mío. No era mi estilo callar ante lo que no me parecía, ¿Por qué lo estaba haciendo entonces? Fácil, por miedo.

  Estaba cansada de que el miedo fuese el que dominara mis acciones, realmente estaba cansada estaba claro que no dejaría que tomara el control de nuevo. No iba a dejar que mi cobardía fuese lo que me condenara, yo era libre, después de todo ¿Qué podía salir mal? Ya estaba aterrada, lejos de casa, maniatada, y amordazada.

  Llevábamos horas en la carretera. No frenamos en ningún lugar. Lo único que podía hacer era mirar por las ventanas, y despedirme de mi querido país, mientras que los kilómetros con mi familia crecían. Me despedía en silencio de las plantas, carreteras, árboles y animales con los que crecí aun sin saberlo.

 

- ¿te estas divirtiendo?- pregunto burlón Hank mientras me miraba por el espejo retrovisor.

 

  No respondí, solo me limite a fulminarlo con la mirada y volver a lo mío. Odiaba a ese idiota, sediento de dinero y poder, tanto que no le importaba lo que tuviera que hacer para conseguirlo. Era un ser despreciable a mis ojos.

 

- ¿Que pasa preciosa? ¿Estas enojada por que te agarre? Que lastima que no corriste mas rápido para llegara ese lindo policía ¿no? Pero bueno es el precio de esos kilos de más.

 

  Que bien que se lo estaba pasando burlándose de mi. Yo mientras tanto estaba pensando en las millones de formas de hacerlo sufrir mientras me hervía la sangre, como arrastrarlo de las patillas, depilarlo y encerrarlo en una habitación con mi tía Margen. A mi lado Marc se mantenía callado pero podía ver que estaba apretando los dientes y con los puños cerrados "Ojala que le pegue de una vez".

 

- Deberías considerar el hecho de hacer dieta y depilarte linda, no es sexi que tengas el pelo le las piernas largo.

 

  La cara me ardía de vergüenza y bronca. ¡Quien demonios se creía él para tratarme así! Maldito idiota se creía tan poderoso, algún día me vengaría de eso estaba segura. Y ni siquiera podía tener la satisfacción de insultarlo o al menos golpearnos una vez por que estaba maniatada y amordazada.

 

- Ay preciosa ¿por que no me contestas? ¿Que acaso no te gusta que te digan la verdad?

- Basta Hank no seas idiota, ya bastante tiene con estar atada y amordazada como para tener que escuchar como te burlas de ella- intervino Marc "mi ángel".

- ¿Y a vos que tanto te molesta Marc? Es solo una perra más…

- ¡Basta! Realmente me sorprende lo idiota que sos.

- ¿Que es lo que pasa Marc? ¿Acaso te estas enamorado de esa perra?

- No, no lo estoy haciendo pero…

- Pero deberías aprender a callarte, no sea cosa de que piense que sos un traidor. Y ya sabes que hacemos con los traidores.

- ¡Basta! Déjense de estupideces ambos, estoy cansado como para escuchar sus idioteces- intervino Omar

 

  Lo mataría, en el preciso momento en el que tuviera la oportunidad lo haría, no tendría piedad. Marc callo a mi lado frente a lo que Hank le dijo. No sabía que le hacían a los traidores, pero me podía hacer una idea. Aun así agradecía su intervención por que a partir de eso Hank no hablo más, y eso le brindaba paz a mis oídos.

  Me concentre en la ventana que tenía junto a mí. Mire mas allá de lo que mis ojos me mostraban, intente ver aquello que cuando lo tuve en mis manos no aprecie, o que recién descubría ahora que se me veía negado. Mire todo lo que nunca quise ver, que me pareció una perdida de tiempo ya que siempre estaría a mi alcance.

 

  Un error muy estúpido ¿no?, Creer que esas cosas siempre estarían para mi, esperando.

 

  Mire las estrellas, en el cielo oscuro, tan infinitas, tan diferentes unas de otras con sus brillos y tonos. Mire los árboles que pasaban junto a la carretera, todos diferentes, con extraños dibujos en la corteza de sus ramas que se asemejaban a los brazos de una persona. Mire el pasto que bordeaba la ruta y crecía bajo los árboles, suave ansioso de  danzar con el viento, la esencia de la naturaleza y su color que caracterizaba a la esperanza.

  Había tantas cosas en las que no me fije cuando tuve la oportunidad, tantas cosas, tantos momentos que desperdicie. Fui una estúpida al pensar que aquello siempre estaría allí, que tendría una vida normal, ya que todo podría cambiar en cuestión de segundos. Nunca sabes cuando será tu ultima exhalación, cuando veras sonreír por ultima vez a una persona, cuando veras en sus ojos su ultima verdad. Ojala lo hubiera descubierto antes, cuando aun podía cambiar libre por la calle sin miedos. Ojala hubiera aprovechado lo que una vez tuve.

  "Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde" créanme cuando les digo que esa frase es irritantemente cierta. Fui lo suficientemente confiada para no vivir el momento el "hoy".

 

  ¿Por qué la gente da las cosas más impredecibles por hechas? Uno nunca cuestiona el amor, el odio, el futuro y la vida misma.

 

  No dormí en toda la noche, solo me apoye contra la puerta y mire el amanecer. Vi como la oscuridad lo abarcaba todo y como momentos después en la frontera aparecía el sol trayendo con el un nuevo día. "Un día mas de vida" pienso mientras me fijo en su acenso. A mi alrededor pasaban fugaces diferentes paisajes que solo me dejaban su recuerdo.

  Pude sentir como Hank y Marc se empezaban a mover anunciando que se estaban por despertar mientras Omar bostezaba del sueño. Paramos en una gasolinera para recargar, estábamos obligados a que yo bajara del auto por lo que me quitaron ese maldito pañuelo de la boca y las esposas de las manos. Mientras yo me las sobaba Hank abrió la puerta y me tomo del brazo con fuerza y me saco del auto.

  Pensar en escapar era casi como un sueño imposible, Marc me podría ayudar pero también estaba Omar y esa carretera estaba completamente desierta dejando de lado al único encargado de la estación de servicio. La carga fue rápida y luego Hank me metió con fuerza al auto, mas de la necesaria, no sin antes ponerle a la puerta el seguro para que no se pueda abrir desde adentro para luego subirse por la puerta del conductor.

  Condujo por mucho tiempo, demasiado para mi gusto ya me estaba hartando de estar sentada, pero por lo menos ahora no estaba atada, pero me sentía como si lo estuviera. Marc seguía junto a mi, con su mano a escasos centímetros de la mía, ¡como anhelaba tomar su mano entre las mías! Sentirme protegida una vez más, que mis miedos desaparezcan por un rato. Pero eso era imposible, no podía tomarlo de la mano frente a Hank y menos después de que él lo había acusado de traidor.

  Tomamos una calle que poco a poco nos condujo a una ciudad, una ciudad real y no a uno de los pueblos que nos cruzamos en el camino "¿Donde estamos?" me pregunte al ver las desconocidas calles pobladas de gente. Hank doblo en varias ocasiones apartándose poco a poco de la ciudad para dirigirnos a barrios menos poblados y también más bajos por el aspecto de las calles.

  Freno de improvisto frente a una gran casa y despertó a Omar que dormía a su lado. Bajo del auto con la intención de ir a buscarme pero Mark se le adelanto y me bajo primero. Él solo se encogió de hombros y se dirigió rápidamente a la puerta.

 

- Bueno al fin llegamos, te gusta preciosa- dejo escapar mientras esperábamos q abrieran la puerta. Yo lo ignore.

 

  Un hombre grande de unos 40 años abrió la puerta y luego de mirarnos un rato nos indico que lo siguiéramos. Esta vez íbamos primeros Mark y yo y detrás Omar junto a Hank.

  Caminamos por un estrecho pasillo para llegar a unas escaleras que bajaban a una habitación de la cual nacían varios pasillos. Sin espera el hombre nos condujo por uno a mi izquierda, ese era mucho mas oscuro que el anterior, yo por mi parte no podía dejar de mirar al piso en el que desde que entramos había encontrado infinidad de cucarachas bichos de todo tipo y creo que una rata.

  Jamás en la vida me habían gustado los bichos. Me estremecí cuando sentí el crujir de una cucaracha que acababa de pisar "¡Que asco! ¡Que asco! ¡Que asco!". Mark me miro con compasión en los ojos al notar mi reacción, eso era inevitable estaba junto mi, pero al parecer Mark no era el único que lo había notado ya que Hank se carcajeo a mis espaldas.

 

- ¿Qué pasa princesa? No te gusta tu palacio- se burlo de mi, "Esta decidido ese hombre se va a quedar sin día del padre en cualquier momento, al menos del padre biológico" refuñé para mis adentros.

 

  Luego de caminar por el laberinto de pasillos llegamos a una puerta, o más bien nos frenamos en una puerta que estaba en una de las paredes del pasillo.

 

- Aquí es- dijo el hombre con voz grave mientras abría la puerta.

 

  Casi como si lo estuviera deseando, y estaba segura de que era así, Hank me empujo hacia adentro. Entre trastabillando rogando no caer. Ese lugar era una porquería, "Quien hubiese dicho que iba a extrañar mi antigua celda". Esa habitación a penas tenía piso, las paredes estaban destrozadas mientras sus pedazos yacían en el piso, una ventana allí era como pedir que Hank me dejara en paz. En el centro de la habitación había un colchón roto y sucio.

  Como si no se hubiese podido aguantar Hank me empujo para que cayera en el.

 

- Espero que disfrutes de tu nuevo palacio, Princesa- puso énfasis en la última palabra antes de darse vuelta y salir de la habitación. Vi como Mark me miraba con dolor debatiéndose entre pensamientos internos.

- Vamos Mark- llamo Omar, el me regalo una última mirada antes de abandonar la habitación.

 

  Espere a que se fueran para por fin soltar todo lo que contenía desde que subí al auto. Tenía muchísimo miedo, y el panorama a mi alrededor hacia que ese miedo se intensificara.

  Llore como ya era costumbre en mi, y entre medio de las lágrimas algún dios se apiado de mi vertiendo el sueño en mis parpados que se cerraron sin problemas, no me opuse solo deje que  la gran nube negra me arrastrara hacia el vacio.


Bueno el capitulo este es un poco mas largo de lo que acostumbro jaja pero supongo no sera molestia, me puse a escribirlo hoy y al principio las palabras costaban salir, pero despues fluyo mas facil como veran jaja espero que les guste los quiero y COMENTEN ! hagan feliz a esta loca escritora. ♥


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