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Ángel Muggle » Ángel Muggle
Historia terminada Ángel Muggle (R13)
Por Kajiura
Escrita el Sábado 25 de Diciembre de 2010, 18:10
Actualizada el Sábado 25 de Diciembre de 2010, 18:33
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Ángel Muggle

Capítulos
  1. Ángel Muggle

****Todos los personajes mencionados aquí pertenecen a J.K. Rowling, yo sólo los utilizo con fines de entretenimiento.

 

La fiesta se celebraba con gran alborozo. Luces de colores que iluminaban el ambiente. Su abuela se esmeraba, como todas las navidades, en que los invitados la pasaran bien. Sus tíos reían, sus hermanos discutían seguramente por alguna tontería. Y ella, con sus vaqueros azules y su jersey de lana blanca, seguía ahí parada. Una parte de su cerebro deseaba ir a jugar, a comer y beber. Deseaba sentarse en las piernas de su padre como la nena consentida que era. Luego sus hermanos protestarían, echando en cara el poco afecto recibido a pesar de estar ya en Hogwarts, razón por la que sus padres deberían desbordarse sobre ellos. Ah, sí, una parte de ella anhelaba fastidiarlos.

Pero seguía allí.

Sus ojillos de casi adolescente se fijaban en el único objeto del árbol que no se movía o lanzaba destellos multicolores. Yacía en la punta, sus iris de cerámica clavados en ella. Un regalo de la tía Luna, según tenía entendido. El pelo rubio en bucles le caía sobre la túnica blanca, mientras unas alas pétreas surgían desde su espalda y se desplegaban de forma magistral.

Y ella, Lily Luna Potter, era incapaz de apartar su vista de él. Ese… ¿ángel? ¿Era un ángel? Ladeó la cabeza. Sí, parecía un ángel. Pero esa boca, esa sonrisa que curvaba sus labios era impropia de uno de su especie. Le transmitía una sensación extraña.

Parpadeó con un sobresalto; ¿era su imaginación o el ángel se había reído? Tenía que serlo, porque la estatuilla continuaba en la punta del árbol navideño. Lily se sumergió en esas pupilas azuladas, y un terror irracional se apoderó de todos sus sentidos. A sus oídos llegó una risa femenina de aliento gélido, que reverberó una y otra vez en su cerebro. Su cuerpo se sacudió en una serie de temblores incontrolables, la boca se le abrió en un alarido que nunca escapó de su prisión. No podía moverse, hielo líquido escurrió desde la punta de su cráneo hasta su espalda, empapándole el pecho. Ese ángel iba a matarla y nadie lo notaría, iba a detener el latir de su corazón y ni sus padres, tíos o hermanos conseguirían evitarlo a tiempo. Le zumbaron los oídos, los dedos de las manos se le crisparon, mientras su fin la hacía dar vueltas… y vueltas…y vueltas…

— ¿Estás bien?

El grito que tanto había contenido en su garganta al fin se liberó, con lo que captó la atención de sus hermanos y de reojo, la de su padre. Sacudió la cabeza, la marea de vida volvió a formar parte de su campo de visión. Frente a ella, su tía Luna la observaba con expresión interesada. Lily no supo si alegrarse por la interrupción o soltarse a llorar, a causa de los restos de pánico que hormigueaba en su cuerpo.

—Yo…yo… lo siento —se disculpó algo avergonzada. Quizás el calor de la chimenea la había trastornado, o a lo mejor era aquello a lo que su madre le echaba la culpa cuando tenía un cambio de humor raro: las hormonas—. Estoy bien, gracias.

— ¿Asusta un poco, verdad? —dijo Luna, dirigida la mirada hacia el ángel—. Lo encontré en una casa recién incendiada en un accidente. Toda la familia murió.

Lily tragó en seco, asintió y decidió mejor alejarse de ahí. Y de todas las cosas muggles, por si acaso.

Para su fortuna ningún acontecimiento anormal volvió a frecuentarla. La bebida se agotó, las barrigas quedaron satisfechas y por fin, el cansancio los dispersó a cada uno a sus respectivas casas. La madriguera se sumió en penumbras, los envoltorios de los regalos esparcidos por el suelo.

Y entonces, un ángel muggle rió por lo bajo.

Se rió de forma siniestra, igual a como lo había hecho en aquella casa, antes de que el incendio se iniciara de la nada. De la misma manera en la que lo hizo mientras veía a los niños llorar y gritar en un rincón; el padre calcinado a mitad de las escaleras, sin llegar a entrar a su habitación luego de una borrachera y, la madre, en un estado similar, lo que con una grotesca contorsión agónica.

—Feliz navidad a todos.

Amplió esa sonrisa de Satanás…y una llamarada se encendió en la habitación de los dueños de la casa.

En la de Molly y Arthur Weasley.

 

FIN



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