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¡Molestando a todos! » El misterio de las lechuzas
Historia terminada ¡Molestando a todos! (ATP)
Por RavenRoss
Escrita el Sábado 6 de Noviembre de 2010, 16:38
Actualizada el Miércoles 29 de Diciembre de 2010, 19:06
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El misterio de las lechuzas

Estaba yo un día en mi casa, mirando por la ventana, sin saber qué hacer. Aún no había amanecido, pero el cielo ya empezaba a clarear. ¿Por qué me había levantado tan temprano? Bostecé; estaba a punto de cerrar la ventana, cuando vi que algo se aproximaba.

Ese algo en cuestión parecía ser una lechuza. A medida que se fue acercando, confirmé mis sospechas: era una lechuza, pero no una lechuza cualquiera; era Errol.

"Vaya" pensé "parece que la familia Weasley me ha invitado a pasar el verano con ellos"

Errol no llevaba una carta, sino una bolsa enorme que bien podría haber sido la que Santa Claus usaba para cargar los regalos en Navidad. "¿Qué hará esa pobre lechuza con semejante paquete?" pensé.

Abrí bien la ventana (no quería que la lechuza chocara contra el vidrio) y Errol entró a mi dormitorio. Al instante ocurrió algo que jamás hubiera pensado: la lechuza se transformó, ante mis ojos, en un hombre; era animago.

¡Ay, estoy cansado de esto! ¡Ya no puedo más! exclamó.

¿Hay algo en lo que pueda ayudarlo, señor? balbucee, aún sorprendida por la transformación.

Fue entonces cuando el hombre reparó en mí. Su parecido con la lechuza que había sido hace unos instantes era innegable. Era bajito y bastante delgado, como si estuviera mal alimentado. Su cabello era de un color marrón claro, con unas cuantas canas. Sus ojos amarillentos me miraban fijamente.

¿Y tú quién eres?- me preguntó. No perteneces a la comunidad mágica británica…

No, no soy de aquí. Vengo de Sudamérica. Me llamo Raven Ross me presenté, tendiéndole una mano ¿Acaso no es usted, Errol, la lechuza de la familia Weasley?

No me nombres a esa familia; no sé por qué me ha tocado trabajar con ellos se lamentó Errol ¿Tienes una idea de la cantidad de cartas que debo llevar por año? ¿O de la cantidad de vuelos que tengo que hacer a Egipto, a Rumania y a Escocia? ¿Es qué no saben que existen los teléfonos celulares? ¡Van a terminar matándome en uno de esos viajes! Y ahora encima que tengo el trabajo de todos los demás…

¿Qué trabajo? lo interrumpí. Después pensé. Un momento, ¿acaso alguien sabe que usted es animago?

Pero claro que no, muchacha. Es secreto. Todas las lechuzas mensajeras somos en realidad animagos me explicó.

Ahh… eso explica muchas cosas… como el que fueran tan inteligentes dije ¿Qué es eso? pregunté, señalando la gran bolsa.

Esto empezó Errol. Son todas las cartas que debe recibir la comunidad mágica el día de hoy me enseño un fajo de sobres. Cientos de cartas. En un solo día lloró.

¿Pero qué hay de las otras lechuzas animagos? ¿Por qué tienes que llevarlas todas tú? pregunté.

Están todas de huelga. Y tienen mucha razón. Están cansadas de que los magos las utilicen tanto y para viajes tan largos sin ganar nada a cambio, salvo unos pocos knuts y una jaula donde dormir. ¡Es muy injusto! Por Merlín, los muggles dejaron de usar palomas mensajeras hace cientos de años. Inventaron más formas de comunicación de las que puedo recordar. ¿Por qué los magos, teniendo tanto poder, todavía tienen que usarnos a las lechuzas para mandar sus cartas? ¡Estamos en el siglo XXI! Mis compañeros no entregarán una sola carta más hasta que los magos descubran otra forma de comunicación. Ahora solo quedé yo, y debo entregar todas estas cartas. ¡No es justo! protestó Errol.

Este… eh… si quieres, puedo entregarlas por ti ofrecí. Y tal vez pueda hablar con los magos acerca de su situación.

Errol me miró con adoración.

¿De verdad harías eso por mí? ¡Ay, gracias, muchas gracias, muchacha!

De nada respondí¿Hay algo que debería saber?

Nada en especial. Salvo que, si logras entregar todas las cartas antes de que termine el día, hallarás un regalo sorpresa en el fondo de la bolsa- y, dicho esto, desapareció.

Recogí el fajo de sobres que había dejado en mi escritorio "Ahora al menos tengo algo con qué entretenerme" pensé. Miré el nombre del destinatario. "Primera parada, la Mansión Malfoy"



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