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Cuaderno (la vida fragmentada de una escritora) » Primera cita
Cuaderno (la vida fragmentada de una escritora) (ATP)
Por Chapter62
Escrita el Viernes 4 de Junio de 2010, 17:25
Actualizada el Jueves 26 de Enero de 2012, 21:56
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Primera cita

Hacía demasiado calor afuera, incluso con el aire de su camioneta podía sentir el habiente calido del exterior. Odiaba el calor, aparte de las muchas cosas que odiaba en su vida, pero tenía una cita en un restaurante, tenía que cumplirla porque era la "primera cita" la especial, la que es perfecta o es todo un desastre. Tenia que saber si podía seguir con una segunda cita o le iba dejar claro que las cosas no funcionaban.

 

La una en punto. No sabía por qué había llegado tan temprano, la cita era a las dos y ya llevaba más de media hora parqueada al frente del restaurante. Algunas veces el aire se empezaba a negar a entrar a sus pulmones y su cerebro le indicaba que se alejara de ese lugar lo más pronto posible, era una alarma, un aviso, un instinto de conservación que se hacía notar en sus actitudes. No se podía quedar quieta, ponía música la quitaba, sintonizaba una emisora y la quitaba. Su inseguridad crecía mientras el reloj andaba.

 

Faltaban cincuenta minutos para su cita. La caja de cigarrillos daba muestras de su nerviosismo, estaba vacía y arrugada, y las dos tazas de café ya vacías indicaban que el nivel de cafeína en su cuerpo ya era bastante alto. La ansiedad se notaba en la forma como uno tras otro los chicles fueron perdiendo el sabor en su boca, eran insípidos estaban perdiendo su gracia. Al igual que los chicles ella parecía estar insípida, o al menos eso pensaba.

 

Se miró al espejo, esa no es la apariencia de una persona que va a una primera cita, su cabello aunque liso y brillante estaba atado con una banda para el cabello medio puesta y sin intención de ser acomodada, unos tenis rotos, no por la moda sino por el uso, un jean entubado y normal con una camisa dos tallas más grandes para su contextura.

 

Así era ella siempre y por una primera estupida cita no se iba a poner como una modelo plástica que con la minima llovizna se le cae su disfraz, digo maquillaje. Iba como siempre, no iba cambiar por agradarle a Franco. Así se llama la persona en cuestión, lindo nombre, linda persona, realmente le caía algo bien, querían conocerse más y fue cuando la cita se hizo un plan.  

 

Cuarenta minutos para la cita, las manos le sudaban frío y su mirada estaba muy dispersa, no crean que se esta muriendo por Franco, pero realmente estaba nerviosa. No quería que fuera un desastre, quería hacer que las cosas funcionar, iba a poner de su parte para que todo fluyera. Había apagado el celular para no recibir llamadas de ningún tipo, en la editorial la volvían loca con llamadas entupidas y llamadas importantes, pero en ese momento quería estar sola, no quería escuchar a nadie, es más la voz de su cabeza que no paraba de hablar ya la tenía loca y no  la dejaba escuchar sus propios pensamientos. 

 

Faltando media hora para la cita, por fin escuchó lo que la voz gritaba en su cerebro "¿Qué esperas idiota? ¿Por qué aun no has pisado el acelerador y desapareces de aquí?" tenía que aceptarlo la voz en su cerebro era la voz de la sabiduría, tenía razón en lo que decía y proponer ignorarla no era fácil. En el fondo sabía que lo más cómodo era salir en ese mismo momento de allí, pero cómo iba a dejar sólo a Franco, no podía.

 

 

 

Las dos de la tarde. Un tipo alto, con el cabello rubio oscuro y ojos claros se sentó en una mesa a esperar, un mesero se acerco y le paso una carta, literalmente le dio una carta. Franco la desdobló y la empezó a leer

 

Faltando un cuarto para las dos no aguanté más, lo siento Franco, me fui. Sé que habíamos planeado esta cita, sé que significaba mucho para los dos, sé que te había dicho que iba a poner todo de mi parte para que esto funcionara. Debes estar molesto conmigo, tienes razón, tienes toda la razón de estar odiándome.

Luego de decirte que no por muchos meses, arruino lo que habíamos planeado. El restaurante es hermoso, la vista al puerto era inspiradora, realmente me agradaba el sitio. Pero no me sentí capaz, ahí o en cualquier lado no me siento capaz, te lo pido: por favor perdóname.

¿Sabes una cosa? Luego de arrancar no sé hacia donde ir, tal vez si me llamas me logres convencer de vernos en algún lugar, sé que suena estúpido dejarte en un restaurante esperando y luego decirte que me llamas, pero el lo que estoy pensando en este momento, sólo escribo lo que pienso. Me siento mal por haberte hecho esto, me odio por habértelo hecho a ti, justo a ti. Mi carro en este momento parece un infierno compacto y con ruedas, tal ves un sitio más frío ayude a mis neuronas a pensar más las cosas.

Franco no me muero por ti, pero realmente tú presencia me asesina.

 

La nota no tenia el nombre de la autora, pero él no necesitaba verlo para saber quien la había escrito.

 

 

 

Su celular ahora estaba prendido y en este mismo momento se encendió la pantalla y el nombre "Franco" prendía y apagaba al ritmo del sonido.

- ¿Estas bien? -preguntó él.

- ¿Me perdonaras? Mira en serio me siento muy mal, si el tiempo volviera atrás debería volver a pedirte perdón porque sin dudas habría escapado del restaurante de nuevo. Lo sé soy patética, pero prefiero huir, huir esta bien, no pensar esta aun mejor. A decir verdad tienes suerte que haya contestado, y ahora que lo pienso no sé por qué te dije que me llamaras. Wow, mi ansiedad se me nota, por favor no le digas de esto a nadie. Generalmente mis primeras citas salen mal pero esta es diferente y aun así la arruiné. No paro de hablar porque tengo miedo de lo que me digas. Por favor no seas duro conmigo, así sea la peor persona del mundo.

- ¿Por qué dices que "te asesino"?

- Creo que la pregunta sobra ¿No? Es obvio, lo sabes.

- Pero creí que en el restaurante íbamos a estar mejor.

- El maldito restaurante no es el problema, ¡ya te lo dije!

- Cálmate por favor ¿En dónde estas?

- Eso no debe importarte, ¿Estoy calmada? Si, o no. Ya me confundí.

. Si quieres nos vemos en otro lugar, no quiero asesinarte por favor entiéndelo.

- ¡Sí! Sí quieres hacerlo, o sino no me pedirías que nos viéramos otra vez. Quieres hacerme daño, yo he intentado alejarme y todo el mundo me dice que tú me harías bien pero ellos no saben cómo me pones y qué intentas hacer conmigo.

- ¿Te estas escuchando?.................¿Sí?

- No. Y no quiero hacerlo.

- ¿Dónde estas? Si quieres voy para allá, necesitas a alguien.

- No necesito a nadie, menos a ti. Deberías alejarte de mi vida, ya lo intentamos y fracasamos, fin de la historia.

- No te quiero hacer daño. Quiero salvarte, ayudarte.

- No, no quiero volverte a ver, no quiero volverte a escuchar.

- ¿Por qué te doy miedo?

- Franco, no eres tú.

- Si no soy yo y no eres tú, entonces quién es.

- Es mi miedo irracional a los psicólogos, en serio, cómo amigo eres excelente, pero odié el momento cuando empezaste a terapierme. ¡No soy uno de tus malditos pacientes, entiéndelo!

- Tú me necesitas más que ellos.

- No te quiero en mi vida. Adios.

- Espera.

- ¿Qué quieres?

- No estés sola deambulando por la calle, al menos ve a tu casa. Sabes que en tu situación no es bueno estar sola.

- Déjame a mí y a mi mente trastornada en paz.

 

 

 

Tenía ganas de buscarla, pero ella podría estar en cualquier lugar de la ciudad y no quería hablar con él.

 

 

 

Quería volver a casa, pero estaba perdida y en medio en uno de sus ataques de pánico. Pero se negaba a volver a llamar a su psicólogo. Su primera cita con un psicólogo incluso en un área que no se parecía en nada a un consultorio la había espantado, su miedo aun estaba vivo, ese miedo nadie era capaz de asesinarlo.  



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