Historia al azar: Los sueño de un árbol
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
Elyon » Capítulo 8
Elyon (R15)
Por Akuailu
Escrita el Jueves 3 de Junio de 2010, 08:12
Actualizada el Sábado 30 de Diciembre de 2017, 09:15
[ Más información ]

Capítulo 8

Capítulo 8

 

La señora Pomfrey la dejó salir de la enfermería a la hora del desayuno. Lo primero que hizo fue subir a cambiarse de ropa. Llevar esa túnica negra y plata le hacía recordar constantemente lo que había pasado el día anterior. Rebuscó en su baúl y sacó una camiseta de manga corta con cuello de barca y unos pantalones cortos. Cogió una cinta de pelo y la enrolló en su muñeca izquierda para ocultar lo que había tatuado en su antebrazo.

Aquella mañana no tenía ganas de hacer nada, ni de ir a leer a la biblioteca, ni de estudiar… pero se forzó a salir a respirar el aire fresco de los terrenos. Se apoyó en una de las paredes del castillo y observó el espléndido paisaje que tenía ante ella.

-¿Ya has conseguido escapar de la enfermería? -le dijo Dumbledore apoyándose en la pared junto a ella.

-He salido antes de que la señora Pomfrey cambiara de opinión -contesto ella sin apartar los ojos del lago.

Dumbledore sonrió fugazmente.

-¿Qué pasó ayer? -preguntó ella.

-Voldemort te encontró, y consiguió entrar en tu mente.

Elyon palideció.

-Voldemort está muerto -intentó convencerse a sí misma.

-Por desgracia no, solo ha desaparecido de escena y esperemos que siga así durante muchos años… o para siempre -aclaró Dumbledore-Con lo ocurrido nos ha mostrado que aún tiene bastante poder, pero por suerte está débil.

-¿Eso quiere decir que si no llega a estar débil les habría matado? -preguntó asustada.

-Es posible… pero ahora ya sé por qué te marcó, y con tiempo y práctica en Oclumancia y Legeremancia no podrá volver a utilizarte -sonrió Dumbledore.

El hecho de que Voldemort siguiera por ahí, aunque estuviera débil, no la tranquilizaba mucho.

-¿Entonces ya ha descubierto por qué me hizo esto? -Elyon se quitó la cinta del pelo del brazo izquierdo.

-Tengo ciertas hipótesis -respondió él cogiendo su brazo -. Como habrás notado, tu Marca no es igual a la de los mortífagos, es ligeramente diferente. Tengo la sensación de que usó esta maldición para asegurarse de que aunque escaparas, siempre supiera dónde encontrarte. Verás, la Marca Tenebrosa que los mortífagos tienen tatuada sirve para que Voldemort pueda llamarlos esté donde esté y que ellos puedan acudir. Estoy seguro que con esto en tu brazo podría saber dónde estás y aparecer en el mismo lugar. La otra diferencia creo que reside en que con esta maldición también puede penetrar en tu mente, puede saber tu estado de ánimo, tus miedos, leer tus recuerdos… o como hizo ayer, controlarte -Dumbledore la miró con preocupación-. Ayer puso a prueba su artimaña, consiguió saber dónde estabas e intentó manipularte.

-¿Pero para qué tantas molestias? ¿Qué quiere de mí? -dijo Elyon con un nudo en el estómago.

 

-De eso ya no estoy tan seguro -suspiró el director rebuscando algo en su túnica.

-Y por qué será que no le creo… -refunfuñó ella.

El anciano la ignoró y encontró por fin lo que buscaba, y se lo colocó sobre la Marca.

-¿Una muñequera? -Elyon observó cómo Dumbledore cruzaba las cuerdas de esta para ajustársela- Gracias.

-Así no tendrás que preocuparte por si se sube la manga o algo parecido -el anciano le sonrió con cariño.

La muñequera era de piel clara, en el centro llevaba incrustadas piedras de color turquesa a espacios iguales. Los bordes de la muñequera tenían costuras anchas a modo de adorno, y entre estas y las piedras había dibujos ondulantes grabados. Era verdaderamente bonita.

Elyon miró la muñequera de piel, ahora al menos sabía para qué Voldemort la había marcado, ya solo le faltaba el por qué, pero obviamente la respuesta iba a tardar en llegar.

-¡Ah! Se me olvidaba -rió de repente Dumbledore-, hay una persona que quería darte una sorpresa.

Hizo un ademán para que alguien se acercara, Elyon miró curiosa y vio a un joven de pelo castaño que se acercaba a ellos.

-¡Remus! -sonrió ella.

El chico la saludó mientras llegaba junto a ellos.

-¿Cómo estás? No he sabido nada de ti desde aquella noche -le preguntó la joven.

-Bien, ya tengo el brazo completamente recuperado -respondió moviendo el brazo izquierdo en círculos para demostrárselo.

-Bien, os dejo solos y en buenas manos -se despidió Dumbledore guiñándoles un ojo.

El director entró de nuevo en el castillo.

-Te sonará raro, pero te he echado de menos -le dijo ella torciéndose el meñique hacia atrás.

-Y yo -le dijo el chico con una sonrisa-, es un poco raro, ¿no crees?

-Sí… pero es como si te conociera de toda la vida -sonrió ella.

El chico se sonrojó ligeramente.

-¿Y cómo estás? Dumbledore me había dicho que estabas de un humor delicado…

La sonrisa de Elyon se borró de golpe.

-Veo que no he debido preguntar -se apresuró a decir el chico.

-No te preocupes… Acompañé a Dumbledore a Azkaban, y algo raro pasó.

Elyon le contó lo sucedido y todo lo referente a su Marca y la muerte de sus padres. Cuando finalizó, Remus la abrazó con fuerza.

-Tranquila, no estás sola -le susurró.

Ella apoyó la cabeza en su pecho agradecida.

-Lo que no entiendo es por qué Dumbledore te arrastró hasta allí por Sirius.

-Porque yo soy la prueba de que es inocente y Peter un traidor.

-No estoy de acuerdo… -la mirada del chico se había vuelto sombría-. Sirius nos traicionó, y provocó que murieran Lily y James, y luego se cargó a Peter…

-Remus yo lo vi…

-¿En algún momento dijo su nombre? ¿Lo hizo? -la cortó el licántropo levantando la voz irritado.

-No… pero sé que fue él.

-¡¿Por qué?! ¡¿Por qué Dumbledore lo dice?!

Elyon lo miró asombrada por aquella reacción, y entonces lo comprendió.

-Tú los conocías -musitó.

-¿Conocerlos? -soltó una risotada- ¡Nos criamos juntos en Hogwarts! ¡Eran mi jodida familia! ¡Nunca les importó que fuera un licántropo!

-Pues entonces escúchame, deja que te muestre mi recuerdo, seguro que reconoces a Pe…

-¡No! Déjalo, no quiero seguir hablando del tema, ¿de acuerdo? -Remus la miró con enfado.

-Vale… como quieras -Elyon bajó la mirada entristecida por esa reacción y por haber hecho que se enfadara.

-Lo siento… está todo muy reciente aun -se disculpó él-. Tú no tienes la culpa de nada.

Ella le cogió la mano y se la apretó con fuerza. Él carraspeó e inspiró hondo.

- Bien, ¿qué te apetece hacer?

-Pues te diría que ir a Hogsmeade, pero después de lo que pasó la última vez…. No me atrevo -la semielfa torció una ronrisa-. Así que no tengo ni la más remota idea.

-¿Empezamos por la clásica vuelta por los terrenos y luego ya veremos? -propuso Remus encogiéndose de hombros.

-Me parece una idea perfecta.

Llegaron al lago y el chico se agachó a coger unas piedras de la orilla.

-Este lugar me trae muchos recuerdos -murmuró Remus tirando piedras al lago para observar como rebotaban en la lisa superficie-, ni te imaginas lo que llegué a hacer entre estas murallas.

-Poca cosa seguro, se te ve un niño demasiado bueno -sonrió Elyon mirándolo de soslayo.

-Si yo te contara… -entonces sus ojos brillaron-. Éramos la peor pesadilla de Filch.

Tiro una de las piedras al lago, y ésta rebotó por la superficie cinco veces.

-¡Venga ya! -rió ella incrédula.

-Pregúntale por los Merodeadores, a ver qué cara pone -la animó.

-¿Cuánto hace que dejaste Hogwarts? -preguntó Elyon curiosa.

-Hace unos cuatro años -respondió Remus.

-Así que tienes unos… veintiún años -calculó ella riendo.

-Sí, ¿y tú? -rió Remus por su tono.

-Yo unos catorce, ¡pero voy a cumplir los quince! -añadió enseguida-, así que no se te ocurra decir que soy una mocosa o una cría.

-Yo nunca te diría eso -Remus le pasó una piedra- ¿Es que aquí te lo dicen?

-Sí, adivina quién -contestó Elyon tirando la piedra, que se hundió pesadamente sin dar un solo brinco.

 -Tiene que ser horrible tener que estar con él todo el día -comentó Remus- Cuando estudiábamos juntos no era tan insoportable y ya era difícil tratar con él.

-No te haces una idea, lo único que hace es criticarme -respondió Elyon cruzándose de brazos-. Snape es la persona más fría y antipática con la que me he cruzado. Pero es buen profesor, muy estricto, pero bueno.

-¿En serio? -Remus alzó una ceja.

Ella asintió.

-Sí, sobre eso no tengo quejas, he aprendido muchísimo en apenas un par de semanas.

Entonces vieron aparecer en la superficie del lago al calamar gigante, que había salido a calentarse al sol. Su piel moteada brillaba al sol.

-¿A ti nunca te han dado ganas de tocarlo? -preguntó Elyon cambiando de tema.

-¿Tocar el qué? ¿Al calamar? No, gracias -rió él.

-Tengo curiosidad por saber si es suave y blandito, o es pringoso ¿De verdad no tienes curiosidad?

-Ninguna, no me gusta el agua fría -contestó él.

-No sé si el agua del lago estará tan fría -la chica se agachó para meter una mano en el agua.

-Solo hay una forma de asegurarse.

Y dicho esto la cogió en brazos y la tiró al lago. Elyon se sobresaltó ante el primer contacto con el agua, que estaba mucho más fría de lo que se esperaba. Sacó la cabeza y miró a Remus con enfado.

-¡¿Pero qué haces?! -le gritó ella.

-¿Está fría o no? -rió Remus.

-¡Ahora te lo digo! -gritó Elyon saliendo del agua.

Remus echó a correr por la orilla del lago riendo a carcajadas, ella salió del agua resbalando por la gravilla e intentó darle alcance.

-¡Para! -le dijo ella sin que consiguiera alcanzarlo.

-¡Eso ni lo sueñes! -contestó él que tuvo un pequeño resbalón con la gravilla.

Elyon corrió tanto como pudo, pero las sandalias no la dejaban, así que se las quitó y las llevó en la mano. Mientras tanto Remus había vuelto a resbalar en la orilla hasta casi caer dentro del agua, eso le dio tiempo para alcanzarlo, porque nada más se levantó, ella se encaramó en su espalda, con lo que los dos cayeron al agua.

-¡Está helada! -gritó él saliendo del agua con rapidez como si de un gato se tratara.

-Eres un exagerado -le dijo Elyon sonriendo entre toses, esta vez había tragado agua al caer.

-Pues si no está tan fría, ya que estás ves nadando hasta el calamar y luego me dices si es suave y blandito o pringoso -se quejó él secándose con un hechizo.

-Eres una nenaza -rió ella apretando su camiseta para quitarle el exceso de agua.

Remus la secó con un movimiento de varita. Ambos se sentaron en la orilla y durante un tiempo ninguno habló, estuvieron en silencio contemplando al enorme calamar dorado, a gusto al sentir la presencia del otro.

-Gracias -dijo de pronto Remus aún con la vista en el animal-, hacía tiempo que no me sentía tan bien con nadie, tengo la sensación de que contigo puedo hablar de cualquier cosa.

Elyon lo miró, no podía evitar sentir un cariño especial por él, aun acabándolo de conocer. Pero es que junto a él conseguía olvidarse de todo y volver a reír  de corazón.

-Tú también me estas ayudando mucho, y me alegro de poder devolverte el favor.

-Pero es extraño, solo hace dos días que te conozco -el muchacho la miró con aquellos brillantes ojos color miel.

-Puede que sea porque nos parecemos bastante -comento Elyon con una sonrisa mirando de nuevo al lago-, los dos somos, y perdón por la palabra, híbridos. No pertenecemos realmente a ningún sitio, porque todo nos da la espalda con miedo y recelo. Y para colmo la misma persona es la culpable de que ahora, nos hayamos quedado solos -Remus la observó con detenimiento, entonces Elyon se giró hacia él y le sonrió-. Por eso me alegro de haberme encontrado contigo

Remus le devolvió la sonrisa.

-Yo también me … ¡grrrr! -se calló de golpe y enrojeció como nunca.

-¿Ese es tu estomago? -Elyon se tumbó de espaldas, era incapaz de dejar de reír- Parece que tienes un trol dentro.

-Es que hace unos días que no como en condiciones -musitó él avergonzado.

-Pues vamos al Gran Comedor, a mí también me ha entrado hambre -dijo Elyon levantándose.

-Mejor me voy a las Tres Escobas -dijo Remus poniéndose también en pie sacudiéndose la gravilla de los vaqueros- Ya no trabajo aquí, así que…

-De eso ni hablar -se negó rotundamente cogiéndole la mano-, te vienes a Hogwarts.

-Pero, yo no quiero molestar -se quejó él.

-¿Y a quién molestas tú? Si a Snape no le gusta que estés, que se vaya a las mazmorras como de costumbre -dijo Elyon.

-De acuerdo -suspiró Remus resignado, pero con una sonrisa en los labios.

En el vestíbulo del castillo se encontraron con alguien que bajaba las pulidas escaleras de mármol.

-Buenos días, Severus -le saludó Remus.

Snape los miró sin decir nada. Estaba mucho más pálido de lo normal, con unas profundas ojeras, y con el brazo en cabestrillo.

-¿A qué se debe tu visita, Remus? -preguntó secamente Snape.

-He venido a ver a Elyon -contestó Remus con la misma sequedad.

Snape volvió a mirarlos y luego posó sus fríos ojos en la muchacha. Y sin decir nada más, bajó a las mazmorras con su capa ondeando tras él. Elyon sintió un nudo en el estómago, el chico seguía estando realmente mal. Estaba segura de que había salido de la enfermería por propia voluntad sin esperar la aprobación de Madame Pomfrey.

-Realmente lo dejaste para el arrastre -comentó Remus.

-No hagas bromas sobre eso por favor -le cortó Elyon bruscamente.

-Lo siento -se disculpó el licántropo.

Entraron en el Gran Comedor, ella saludó a Dumbledore y éste le devolvió el saludo. Remus caminaba despacio, pasando una mano sobre la superficie pulida de una de las mesas.

-La mesa Gryffindor -informó Remus con una mirada soñadora.

-Podemos comer aquí, a mí no me importa -le dijo Elyon sentándose en uno de los bancos de la mesa.

Remus sonrió como agradecimiento y se sentó a su lado. Durante el resto del día hablaron sobre tantos temas, que Elyon casi no pudo recordarlos al día siguiente, aunque lo que más le gustó fueron las narraciones de los Merodeadores. El día pasó más rápido de lo que los dos hubieran querido, y se vieron obligados a despedirse ante las puertas de Hogwarts para que Remus pudiera coger el último tren a Londres.

-Cuídate y regresa pronto -se despidió Elyon-, por favor.

-Lo haré. No te quepa duda. Eso sí, escríbeme mientras tanto -y le dio un beso en la mejilla.

Elyon lo abrazó con cariño.

-De eso puedes estar seguro, recibirás una carta tan a menudo como pueda.

 

 

Amaneció el sábado con una mañana clara y sin nubes, iba a levantarse cuando recordó que tenía clase de Oclumancia y Legeremancia. Se tapó la cabeza con la almohada. Había pasado una semana desde lo de Azkaban, pero no había vuelto a ver a Snape, había anulado sus clases. Y ella esperaba que aquel día pasara lo mismo, no se veía con valor de mirarlo a la cara después de lo que le hizo. Finalmente se levantó, esas clases se habían vuelto de mayor importancia para ella después de que Voldmort podía volver a controlarla a voluntad cuando quisiera.

Al llegar al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras vaciló antes de llamar, pero una voz la hizo entrar:

-Pasa, no tengo toda la mañana -le dijo Snape desde el interior.

Elyon entró intentando calmar sus nervios, aunque era bastante difícil con Snape mirándola atentamente.

-Lo siento… de verdad… -comenzó a disculparse ella.

Él la hizo callar con un ademán.

-No creeré tus disculpas hasta que vea que pones verdadero interés en esto -le dijo Snape apoyándose en una de las mesas de la sala-. Si no quieres que esto se repita, aplícate.

Elyon lo miró y asintió con seriedad. El chico había recuperado el color, y si seguía estando débil, desde luego no iba a mostrárselo a ella, aunque seguía llevando el brazo en cabestrillo.

-Empecemos. Relájate y pon tu mente en blanco -le dijo acercándose a ella.

Elyon lo intentó. Pero en cuanto cerró los ojos vio a los dementores y a aquel hombre moreno, a Voldemort, abalanzarse sobre ella.

-A la de tres -anunció él, quitándose el cabestrillo y cogiendo la varita.

Podía hacerlo, solo necesitaba respirar profundamente y calmarse, intentar olvidar lo ocurrido ese día.

-Uno…

Su corazón latía con rapidez, no tenía tiempo suficiente…

-Dos… -Snape alzó su varita con una mueca de dolor.

La cuenta atrás la estaba poniendo más frenética, así no conseguiría calmarse…

-Tres ¡Legeremens! -conjuró Snape.

-¡No, espera!

Pero ya fue tarde, una tira de imágenes pasó frente a sus ojos a una velocidad vertiginosa, iban tan rápido que ni siquiera podía identificarlas.

-¡Basta! -gritó Elyon cerrando los ojos.

Al abrirlos de nuevo se encontró de nuevo en el aula de Defensa Contra las Artes Oscuras, se apoyó en una de las mesas, se sentía tremendamente mareada.

-¿Qué era eso? -preguntó Snape que también parecía algo mareado.

-No lo sé… creo que es una pesadilla que tengo desde que te … -Elyon no acabó la frase.

-Por favor, no seas cría. No eres la única que ha intentado matarme. Supéralo, sigo vivo y no te vas a librar de mí por el momento ¿de acuerdo? -le dijo cansado.

Ella asintió aliviada, al menos no parecía rencoroso con ella por lo ocurrido.

-Volvamos a probar -dijo levantando con dificultad el brazo derecho, al parecer la herida aún no había sanado del todo.

Pero a pesar de que Elyon consiguió relajarse y concentrarse, las siguientes cinco veces ocurrió lo mismo, y de cada vez las imágenes iban más deprisa hasta convertirse en un torbellino de colores.

-Esa dichosa pesadilla no deja que cierres tu mente -dijo Snape cansado-. Tendremos que encontrar su raíz.

-¿Para qué? Solo es una pesadilla -dijo Elyon, que no tenía gana de volver al torbellino de colores.

-No es eso, es algo que se interpone entre tu mente y el agresor, alguien muy hábil que no tiene interés en la pesadilla, puede ignorarla y pasar directamente a tu mente sin impedimentos y sin que te des cuenta. Creo que tendremos que probar los métodos de Legeremancia originales -comentó Snape acercándose a ella.

 -¿Métodos originales? ¿Qué métodos originales? -Elyon se alejó de él, no tenía ni idea de qué estaba hablando, pero seguro que no era nada bueno viendo su expresión.

-Que lo haremos tal y como los elfos usaban la Legeremancia antes de que los magos descubrieran otros métodos -contestó Snape acercándose más aún- Fueron los elfos quienes descubrieron la habilidad de leer mentes, y a mi pesar, sus métodos son los más efectivos.

Elyon se puso tras una mesa para que sirviera de barrera entre los dos, había un brillo en sus ojos que la hacía sentir como una presa acorralada.

-Deja de comportarte como una cría asustada -Snape suspiró-. Tengo que entrar en tu mente usando el contacto físico -Elyon lo miró de arriba a abajo, aquello sonaba cada vez peor- ¡¿Quieres venir?! No voy a comerte ni nada parecido, si quieres puedes sentarte en algún lugar para estar más cómoda.

Elyon miró a su alrededor y decidió sentarse en la mesa que había detrás suya junto a un montón de libros de séptimo curso, así no le daría la espalda a Snape. El chico se colocó frente a ella. Sus rostros casi quedaban a la misma altura ahora que ella se había sentado en un sitio alto.

-Ahora sí que has de relajarte todo lo que puedas o no servirá de nada -dijo el hombre con seriedad-. No se me da muy bien este tipo de Legeremancia, es un proceso delicado y no quiero acabar en la enfermería contigo por tu culpa.

Él alargó sus manos con las palmas hacia ella. Elyon se lo quedó mirando. Snape alzó una ceja. Ella alzó sus manos indecisa y las colocó sobre las de él. Notó como su corazón se aceleraba, no le gustaba estar tan cerca de él. Snape estaba con los ojos cerrados, obviamente concentrándose mientras respiraba profundamente. Entonces sin previo aviso entrelazó sus dedos con los de ella, Elyon se sobresaltó, no se esperaba aquello.

-Concéntrate en la pesadilla -susurró sin apenas mover los labios.

Elyon lo intentó, pero volvía a estar demasiado nerviosa, Snape estaba demasiado cerca de ella. Miró sus manos y vio sus dedos entrelazados con los de él, sus manos que se veían más pequeñas en comparación con las de él. Se sorprendió al notar el tacto cálido y suave de las manos del joven. Agarró las manos de la muchacha con más fuerza y relajó su expresión. Ella se lo quedó mirando. Una extraña sensación se apoderó de ella, sentía como si una neblina los envolviera, haciendo que todo su cuerpo de adormeciera y los párpados le pesaran. Una parte de ella se resistía a dormirse y otra sólo quería dejarse llevar por aquella sensación de paz que la envolvía. Parpadeó con fuerza para intentar no caer dormida, un apretón de manos la hizo volver a ser consciente de que no estaba sola.

 -Elyon, no tengo todo el día, así que por favor… -susurró él con cansancio-, déjate llevar.

Cerró los ojos y sintió como su conciencia se dormía. La sensación de paz la invadió, pero duró poco, porque aquella tira de imágenes que era incapaz de reconocer volvió a su mente con agresividad. Haciendo que todo ocurriera muy deprisa. El torbellino de colores alcanzó una velocidad vertiginosa antes de comenzar a disminuir su ritmo. Elyon comenzó a ver gente asustada corriendo de un lugar a otro y a escuchar gritos de terror, solo alcanzó a distinguir una imagen con claridad: un joven de pelo castaño claro tenía los ojos abiertos de par en par y escupía sangre por la boca mientras más se derramaba por ella. Elyon abrió los ojos de golpe y se separó de Snape tirando el montón de libros que estaba a su lado al suelo.

-¿Qué demonios era eso? -preguntó Elyon asustada.

Snape no contestó, estaba pálido como el mármol. Ella no podía identificar su expresión, pero como diría un muggle, parecía haber visto un fantasma.

-¿Estás bien? -le preguntó la muchacha preocupada.

El chico la miró como si no se hubiera dado cuenta de que estaba allí y enseguida recobró la compostura.

-Sí -contestó escuetamente.

Elyon lo miró con el ceño fruncido, pero se limitó a recoger los libros que habían caído al suelo cuando escuchó como la puerta se abría y volvía a cerrarse. Creyó que Snape se había ido sin decir nada, pero al asomarse por el borde de la mesa vio que en la sala había entrado una mujer joven y atractiva, de unos treinta años, pelirroja con tirabuzones en su largo pelo, que vestía una capa de viaje color crema, larga y ligera.

-Creía que mi aula estaría vacía -dijo la chica acercándose a Snape, el ruido de sus tacones resonó en el aula-, soy la profesora Zelda Croft.

Y le tendió una mano al joven, que estrechó con amabilidad.

-Yo soy el nuevo profesor de Pociones, Severus Snape -se presentó él.

Parecía que la profesora no se había dado cuenta de que no estaban solos en la sala.

-Encantada ¡Vaya un Slytherin!, será un placer trabajar con un compañero de casa -comentó la chica con una sonrisa acercándose más a él mientras toqueteaba uno de los broches que sujetaban la capa de Snape, muy cercanos a su cuello, en los que había grabados una serpiente. No sabía si era cosa suya, pero Elyon tenía la sensación de que estaba coqueteando con él-. Ya que eres nuevo, puede que necesites ayuda hasta que aprendas el funcionamiento del colegio, así que estaré encantada de poder ayudarte en cualquier cosa que necesites.

La mujer acortó toda la distancia que había entre ambos y le sonrió con picardía. Elyon cansada del espectáculo se aclaró la garganta y salió de detrás de la mesa poniendo los libros sobre esta.

-¿Puedo irme ya, profesor? -preguntó Elyon mirando a la pareja.

Zelda parecía molesta por la interrupción y sorprendida al mismo tiempo, pero no se separó de Snape, ni bajó la mano que estaba apoyada en el broche del chico.

-Tú debes de ser la chica de la que me acaba de hablar Albus, la alumna de intercambio -comentó Zelda cruzándose de brazos.

-Es posible -contestó Elyon con frialdad, aquella mujer no le gustaba nada, ¿sería porque le estaba tirando los tejos a Snape?, desechó esa idea de inmediato.

-Bien, sólo espero que estés a la altura de mis clases -la despidió la mujer.

-No se preocupe, lo estaré, he tenido un buen profesor -dijo Elyon con desafío mirando a Snape de soslayo-. Si me disculpan, me marcho, no quiero molestar.

Zelda sonrió invitándola a irse, pero Snape se adelantó y la cogió del brazo.

-Nuestra clase aún no ha acabado -le dijo el chico molesto.

-Ya lo creo que sí -le dijo Elyon-, ya ha pasado una hora.

Ella señaló la luz que entraba por la ventana.

-Sin un reloj, no puedes estar segura -gruñó Snape.

-Pero sabes de sobra que tengo razón, así que devuélveme el brazo. Y tranquilo, dentro de otra hora tenemos la clase de Legeremancia y podrás burlarte de mí como de costumbre -murmuró Elyon con enfado-. Ahora me voy, se te ve ocupado.

Los dedos de Snape apretaron más el brazo de la muchacha antes de dejarla ir. Elyon salió de la clase y se fue en dirección hacia los terrenos para tomar algo de aire, en su cabeza aún seguía aquella extraña sensación de paz que desaparecía poco a poco. Aunque en el fondo estaba muy molesta sin saber el motivo.

 

 

En la madrugada del lunes no pudo conciliar el sueño, cada vez que cerraba los ojos, aquella pesadilla volvía a aparecer, pero además se le habían juntado los nervios por el comienzo del curso, que comenzaría aquella misma noche del lunes. Cansada de dar vueltas en la cama, cogió la túnica de estudiante que había dejado sobre el baúl antes de irse a dormir, y decidió dar una vuelta por los pasillos abrigada por las oscuras sombras del castillo. No llevaba mucho recorrido cuando topó con alguien que también buscaba la calma de la oscuridad.

-Anteayer no acudiste a la clase de Legeremancia -Snape salió de entre las sombras del pasillo.

Elyon dio un brinco y suspiró con enfado.

-Deberías aprender a dejar de acechar a la gente -le dijo molesta-. Y no, no fui, no tenía ganas de aguantarte más burlas -respondió Elyon sin saber si ese era el verdadero motivo de su ausencia.

-Si hubieras venido a la clase es posible que ya no tuvieras que sufrir la misma pesadilla que no te deja dormir -le dijo él.

-Tú lo has dicho, es posible -intentó seguir su camino, pero Snape le impidió el paso.

-Pensaba que no querías que volvieran a usarte como una marioneta, y que realmente lamentabas tu intento de asesinato.

-Y no quiero -aclaró ella con enfado-. Pero necesito estar sola y pensar.

-¿Pensar? ¿O lamentarte sobre lo desgraciada que eres? -insistió él con frialdad.

-¡Déjame en paz! ¿Vale? ¡Deja de amargarme la vida cada vez que me cruzo contigo! -los ojos de Elyon se llenaron de lágrimas.

-Deja de gritar, vas a despertar a todos los profesores -le dijo con la frialdad de un témpano.

Ella intentó empujarlo a un lado para pasar, pero él la retuvo cogiéndola de los brazos.

-¡Suéltame! ¡Suelta! -gritó ella con rabia- ¡Déjame en paz! ¡SUELTA!

Snape ahogó sus gritos tapándole la boca con una mano y la arrastró a un aula vacía.

-Ahora puedes gritar todo lo que quieras -le dijo con indiferencia.

Elyon lo miró. ¿Por qué parecía que disfrutaba apareciendo cuando más vulnerable se sentía para hacerle sentir peor? En esos momentos  lo odiaba, odiaba que se mantuviera frío e impasible ante cualquier situación, que no mostrara albergar otro sentimiento salvo odio y desprecio.

-¿Ya no te apetece gritar? -le preguntó alzando una ceja.

Ella no contestó. Unas lágrimas traicioneras escaparon a su control. Aquel chico siempre conseguía hacerla sentir mal y hacerle recordar todo aquello que añoraba y que sabía que no podría recuperar.

-Te odio -murmuró ella.

El chico no dijo nada, se quedó dónde estaba, observándola con atención.

-Vete a dormir -le dijo finalmente.

-Tú nunca serás nadie para darme órdenes -contestó Elyon con enfado.

-Te equivocas. Soy tu Protector, y en unas horas seré oficialmente tu Profesor. Tú deber es obedecerme sin rechistar -la corrigió él.

-¿Por qué te gusta tanto torturarme? -musitó Elyon entre sollozos.

-Yo no te torturo -respondió secamente- ¿Qué sabrás tú de torturas?

-Eres el único que actúa como si nada a tu alrededor fuera importante, todo te da igual -dijo ella manteniéndole la mirada.

-Si los demás se empeñan en compadecerte es su problema. Así nunca aprenderás a levantarte y valerte por ti misma.

La luz de la luna que entraba en el aula iluminaba el rostro de Snape haciendo que aquella vez sus ojos no parecieran vacíos, si no llenos de determinación y tristeza.

-Y ahora sécate esas lágrimas, comienza a comportarte como alguien de tu edad y lárgate de mi vista antes de que decida castigarte  -le dijo el chico secándole las lágrimas.

Elyon se encogió, unas imágenes inundaron su mente, una calle estaba en llamas y llena de escombros, y entre ellos había decenas de cadáveres junto a personas que pronto se unirían a éstos entre gemidos de dolor. Ella se separó de Snape una vez que abrió los ojos. El chico la miró con una mezcla de vergüenza y horror. Elyon salió del aula sin decir nada y corrió a su cuarto, al llegar se sentó junto a la ventana, ¿por qué parecía que lo único que había ahora a su alrededor era muerte? ¿Por qué aquel dolor no acababa de una vez por todas?

 

 

Las horas previas al comienzo de curso se convirtieron en una tortura, todos aquellos nervios se concentraron en su estómago impidiéndole comer. No era solo por comenzar las clases, sino también por verse rodeada de otros jóvenes. No sabía cómo actuar, apenas había tenido la oportunidad de relacionarse con otros chicos de su edad, nunca había tenido amigos.

-Elyon, tengo que hablar contigo un momento -le dijo Dumbledore.

Ella se apartó de la ventana de la sala de profesores y fue junto a él.

-¿Recuerdas que te comenté que tus orejas no serían un problema al empezar las clases? -Elyon asintió- Eso es porque conozco un hechizo que las disimula.

Elyon sonrió, una de sus preocupaciones, la más importante, acababa de desaparecer. No tendría que preocuparse más por recogerse el pelo ocultando sus orejas, colocarse bien las cintas de pelo o colocarse sin querer un mechón tras la oreja. Dumbledore puso una mano a cada lado de su cabeza a la altura de las orejas y murmuró unas palabras.

-Ya está -concluyó él.

Elyon se llevó las manos a las orejas y con asombro notó que ya no eran puntiagudas, si no totalmente humanas.

-¡Gracias! -sonrió ella emocionada.

Dumbledore asintió con una sonrisa.

-Pero aunque tus orejas ahora se vean humanas, no debes olvidar nunca de dónde procedes -le dijo el anciano.

-No lo haré, palabra -sonrió ella contenta por haberse quitado de encima esa enorme preocupación.

Para que los nervios no hicieran presa de ella fue a ponerse el uniforme a su cuarto, cogió las tareas pendientes y se fue a la biblioteca el resto del día. Hacía media hora que había oscurecido cuando Dumbledore entró en la oscura y silenciosa biblioteca.

-Los alumnos están a punto de llegar al castillo -le dijo Dumbledore cerrando el libro de Historia que estaba leyendo Elyon con los ojos cansados-. Ve a la Sala de Profesores, allí podrás comer mientras esperas a que la profesora McGonagall venga a por ti.

Elyon asintió y se dirigió escaleras arriba cuando escuchó un gran alboroto seguido de los gritos de Peeves. Al parecer los alumnos ya habían llegado y se dirigían al Gran Comedor.

Abrió la puerta de la Sala y entró en la fría y sombría estancia, las brasas del fuego ardían en la chimenea dándole más vida a las sombras. Elyon no hizo caso de la comida que había encima de la alargada mesa y se sentó encogida en uno de los sillones, ahora que no podía entretenerse con nada notaba los nervios en su estómago y a su mente vinieron las dos imágenes que había visto junto a Snape. No sabía por qué, pero cada vez que pensaba en ellas se le encogía el corazón, aquellas imágenes no podían pertenecer a una simple pesadilla, eran demasiado… reales. Al cabo de dos horas angustiosas e interminables, alguien llamó a la puerta.

-Elyon, ha llegado el momento de presentarte ante tu casa -le dijo McGonagall con una amplia sonrisa.

La chica se levantó despacio, le temblaban las piernas solo de pensar en todas aquellas caras mirándola con curiosidad y las preguntas a la que se vería sometida. La profesora la guió por los pasillos vacíos, pero ahora llenos de vida. Sus pasos resonaban en el sobrecogedor silencio hasta llegar al cuadro de la Señora Gorda.

-Llegan justo a tiempo -les dijo el cuadro-, acaban de entrar en la Sala Común.

Elyon tragó saliva mientras se doblaba el meñique hacia atrás.

-¿Recuerdas bien la historia? -le preguntó McGonagall.

-Vengo de un pequeño colegio privado de Irlanda, mi colegio y Hogwarts propusieron hacer intercambios de alumnos y yo fui la primera escogida para ver el resultado, a mis padres no les importó porque siempre viajan mucho y no pueden verme muy a menudo.

-¿Y tus padres son? -le recordó la profesora.

-Son embajadores del  Ministerio de Magia Irlandesa -finalizó ella.

-Perfecto -la mujer se giró hacia el cuadro sonriente- ¡Hocus Pocus!

El cuadro se apartó y una gran algarabía salió por el hueco que apareció tras él. Las dos entraron, pero la profesora le hizo un gesto para que no entrara aun en la sala.

-Escuchadme un momento -anunció McGonagall ante todos los chicos que se dirigían a sus respectivas habitaciones-. A nuestro colegio ha llegado una nueva estudiante procedente de Irlanda, se unirá a Gryffindor como alumna de intercambio y espero que sea bien recibida en nuestra casa.

Los chicos comenzaron a cuchichear y algunos se pusieron de puntillas para ver mejor, McGonagall le hizo un ademán a Elyon para que saliera del hueco del cuadro y esta entró con paso inseguro en la dorada habitación.

-Esta es Elyon McWilliams -la presentó la bruja ante la sala expectante-, señoritas McPherson, Bradbury, Pocknell, Persaud y Atler acérquense por favor -cuatro chicas de la misma edad que Elyon aparecieron entre la multitud y se acercaron-. ¿Y la señorita Atler?

-Ha subido ya a la habitación -respondió una de ellas.

-Bueno, no importa. Las dejo como responsables de que la señorita McWilliams sepa defenderse en el castillo.

Dicho esto McGonagall se dio la vuelta y salió por el hueco del cuadro, los estudiantes se quedaron donde estaban, observando a Elyon entre murmullos.

-Bueno, ya habéis oído a McGonagall, ¿no? -dijo una de las chicas con voz audible.

-Lo que Allyson quiere decir es que se acabó el espectáculo -prosiguió otra estudiante de pelo corto y moreno.

-Vamos circulen, circulen, que no se si os acordáis, pero mañana hay clase -finalizó la otra chica haciendo ademanes para que la gente se fuera.

-Cotillas -murmuró la cuarta al ver que por fin todos los jóvenes subían las escaleras hacia sus habitaciones.

En la sala sólo quedaron aquellas cuatro chicas y Elyon, que aún seguía inmóvil.

-Bienvenida a Hogwarts -le dijo una de las muchachas-. Yo soy Allyson McPherson.

-Alex Bradbury, a tu servicio -bromeó otra, que al igual que Allyson, tenía el pelo castaño y largo, aunque era un poco más alta que su amiga.

-Encantada, yo me llamo Judit Pocknell -sonrió la chica de pelo corto y moreno.

-Creo que solo quedo yo, soy Sharon Persaud -comentó la que quedaba ajustándose las coletas-, al igual que ellas tres, serás mi compañera de cuarto curso.

Elyon solo pudo asentir con torpeza, los nervios en su estómago no le permitían hacer otra cosa.

-¿Por qué estás tan nerviosa? -le preguntó Alex alzando una ceja.

-Yo… bueno… -tartamudeó Elyon.

-Es igual, ya lo aclararemos arriba, vamos -dijo Judit subiendo los primeros escalones hacia las habitaciones.

Elyon entró en el cuarto tras las chicas que reían hablando entre ellas, se dirigió a su cama, pero se detuvo al ver una chica sentada en una de ellas mientras se abrazaba las rodillas, parecía no haberse dado cuenta de la presencia de la nueva alumna, sus ojos estaban húmedos y rojizos.

-Es Lisa Atler -le murmuró Allyson-, ha estado todo el viaje llorando, tiene problemas familiares.

Elyon suspiró, tuvo la sensación de verse a sí misma. Allyson se sentó junto a la afligida muchacha mientras le hablaba en voz baja.

-No te preocupes, mañana estará mejor, suele tener algunos bajones durante el curso, sobre todo después de las vacaciones -le dijo Alex quitándose la túnica de trabajo.

Entonces Elyon se dio cuenta de la diferencia tan grande que había entre su uniforme y el de los demás estudiantes, para empezar sus túnicas de trabajo eran mucho más largas en comparación con la de Elyon, que apenas le llegaba hasta las rodillas. Y además las chicas llevaban bajo ésta otra túnica granate muy oscura con cuello de barca que les llegaba hasta los pies, al igual que las negras de trabajo, mientras que ella llevaba unos pantalones y una camisa.

-¿Ese es el uniforme que llevabas en Irlanda? -le preguntó Sharon quitándose las deportivas.

 -Sí, quieren que lo siga llevando, solo que con el escudo de Hogwarts -improvisó Elyon.

-Sí, señor, a eso le llamo yo integración -rió Amber alzando una ceja.

Alex se quitó la túnica rojiza y con sorpresa, Elyon observó que bajo esta llevaba unos vaqueros y una camiseta de tirantes. Aunque no dijo nada ya que vio que todas llevaban ropa muggle bajo sus túnicas.

-Bueno, Elyon -le dijo Allyson-, antes de nada tengo que dejarte bien clarito que en este cuarto tenemos una única y estricta regla.

Elyon la miró con recelo.

-¿Y cuál es esa regla? -preguntó Elyon.

-Bueno… es una regla muy, muy estricta -continuó Allyson.

-¡Allyson! Deja de asustarla -la riño Alex.

-Vale -suspiró con fastidio-. La regla consiste únicamente en seguir una tradición que acordamos el primer día de nuestro primer curso en Hogwarts.

-¿Y esa tradición es…? -preguntó Elyon ya más tranquila.

Como respuesta recibió un cojinazo que la hizo caer sobre su cama, se levantó sorprendida ante las risas de las chicas. Elyon no entendía nada.

-¡Pelea de almohadas! -gritó Judit tirándole su almohada a Allyson por la espalda.

En un abrir y cerrar de ojos, la habitación estaba llena de risas y plumas procedentes de las almohadas rotas a base de golpes.

-Espero que te haya gustado la bienvenida -rió Judit tirándose en la cama.

-Ha sido la mejor que he tenido en mi vida, no me esperaba esto -contestó Elyon que se había tumbado boca arriba en su cama con el abdomen dolorido de tanto reír.

-Si lo que esperabas era un incómodo interrogatorio exhaustivo, tranquila, de eso se encarga mañana el resto del colegio -comentó Sharon acurrucándose entre las sábanas.

-Por eso es mejor que nos acostemos ya, mañana por desgracia empezamos las clases -bostezó Alex- ¡Reparo!

Todas las plumas volvieron a las almohadas rotas para dejarlas como estaban, con un movimiento de varita Alex apagó la luz de la habitación y todas se acurrucaron en sus camas quedando dormidas a los pocos minutos. Salvo Elyon, que siguió sentada en su cama con una sonrisa en sus labios "No ha ido tan mal la presentación después de todo", pensó tumbándose en la cálida cama. Aunque antes de cubrirse con las sábanas se dio cuenta de que la chica morena que no había hablado en toda la noche y no había participado en la pelea de cojines, seguía despierta, aunque ausente mirando por la ventana.

El desayuno del día siguiente fue totalmente distinto a todos los que había tenido en el castillo, intentaba atender a todo lo que le decían sus compañeras, pero el murmullo de fondo de los alumnos que no dejaban de mirarla la desconcentraba. Cuando se levantó para ir a su primera clase McGonagall la detuvo y le entregó un trozo de pergamino:

 

Lunes:

1h de Transformaciones / 1h de Encantamientos / 1h de Pociones / Descanso de 1h / 1h de Historia de la Magia / 1h de Herbología / 20:00h 2h de Transformaciones

Martes:

1h  de Transformaciones / 1h de Adivinación / 1h de Cuidado de Criaturas Mágicas / Descanso de 1h / 1h de Herbología / 1h de Defensa Contra las Artes Oscuras / 20:00h 2h de Encantamientos

Miércoles:

1h de Cuidado de Criaturas Mágicas / 1h de Herbología / 1h de Pociones / Descanso de 1h / 1h de Defensa Contra las Artes Oscuras / 1h de Encantamientos / 20:00h 2h de Pociones

Jueves:

1h de Encantamientos / 1h de Adivinación / 1h de Historia de la Magia / Descanso de 1h / 1h de Transformaciones / 1h de Cuidado de Criaturas Mágicas / 20:00h 2h de Defensa Contra las Artes Oscuras

Viernes:

1h de Historia de la Magia / 1h de Defensa Contra las Artes Oscuras / 1h de Adivinación/ Descanso de 1h / 2h de Pociones / 20:00h 2h de Herbología / 24:00h 1h de Astronomía

Sábado:

1h de Oclumancia / Descanso de 1h / 1h de Legeremancia / Descanso de 1h / 1h de Adivinación / 1h de Historia de la Magia

 

-Profesora -interrumpió Judit-, ese horario tiene que estar mal, tiene al menos catorce clases más que nosotros, y hay dos asignaturas que los demás no hacemos.

-Señorita Persaud, el horario de su compañera está perfectamente, y respecto a esas dos asignaturas que usted no conoce, son las que la señorita McWilliams tenía en su colegio, el cual ha pedido que no deje de practicar -explicó McGonagall-. Y ahora les recomiendo dirigirse a sus respectivas clases para que no lleguen tarde.

-¿Tantas clases tenías en Irlanda? -preguntó horrorizada Alex ojeando su horario.

-Sí, al parecer no quieren que baje el rendimiento -suspiró Elyon.

Tener que mentir dentro de poco se iba a convertir en un problema, teniendo en cuenta que tenía que acordarse de todo lo que decía sobre la marcha. De camino al aula de Transformaciones siguió ojeando su horario, si Judit decía que tenía más clases que ellas, quería decir que las últimas las tendría que hacer a sola, y no le apetecía nada tener que quedarse a solas con Snape, no desde su último encontronazo.

-Hola preciosa -la llamó una voz.

Elyon se giró y vio a un chico rubio con el pelo peinado hacia atrás en una especie de tupé. Debía de tener su edad,  y le sonreía con picardía junto a un grupo de amigos.

-Si todas las alumnas de intercambio son tan guapas como tú, espero que lleguen más -comentó el chico acercándose a ella y a las demás, que lo miraban con desagrado-. Me llamo Mark Gambon.

Elyon lo miró de arriba abajo, su túnica verde oscuro delataba su Casa y su aire de superioridad no le ayudaba a que ella cambiara su opinión sobre los slytherins.

-¿Te apetecería dar una vuelta en mi Barrendera esta noche por el lago? Dicen que sus aguas son mágicas las noches de luna llena -le preguntó sonriente y pasándose la mano por el pelo con lo que pretendía ser un gesto sexy.

-No, gracias. Tengo mejores cosas que hacer que pasear con un slytherin -contestó Elyon siguiendo su camino.

-¿Perdona? ¿Me estás rechazando? -le dijo el chico cogiéndola del brazo indignado.

-Sí, eso es. Y si esa es toda la inteligencia que demuestras tener bajo esa mata de pelo rubio, creo que deberías replantearte el hecho de conseguir un cerebro nuevo -contestó Elyon con sarcasmo- Y ahora suéltame, no quiero llegar tarde a mi clase.

El chico la miró sorprendido mientras sus amigos se reían unos metros más allá.

-¿Es que no la has oído? -le dijo con enfado Allyson- Déjala en paz.

-Esto no quedará así, encanto -gruñó Mark avergonzado por la humillación que había sufrido.

-Eres la primera que rechaza una invitación de Mark Gambon -le dijo Judit-. Y más de manera tan tajante.

-Pues no sé por qué, es un idiota, se le ve en la cara -se sorprendió Elyon.

-Ya, pero has de admitir que es guapo -añadió Sharon con un suspiro.

-He visto chicos más guapos e inteligentes -dijo Elyon bajando los escalones.

-¿Bromeas? Esa combinación no existe -bromeó Alex.

-Te aseguro que sí que existe -rió Elyon.

-¿Y se puede saber quién es ese espécimen único? -preguntó interesada Allyson.

Elyon sonrió mirando al suelo, sonrojándose ligeramente.

-Eso es algo privado -contestó ella.

El resto de la mañana pasó sin grandes novedades para su suerte, aunque aprovechó la hora de Adivinación para escribir una carta a Remus, teniendo en cuenta que esa noche había luna llena, seguro que le alegraría recibir una carta de ánimo a la mañana siguiente.

En la última hora de clase del martes se encontraba de brazos cruzados y de muy mal humor en Defensa Contra las Artes Oscuras, aquella profesora la ponía de los nervios, se había pasado la clase contoneándose de un lado a otro y con una media sonrisa en sus rojos labios. Era increíble que con tanto contoneo aún no se hubiera partido en dos por la cintura, pero por desgracia no podía negar que conseguía su objetivo, ya que juraría que los chicos tenían los ojos secos de no parpadear para no perderse un solo movimiento de su profesora.

-Entonces, teniendo en cuenta todo el daño que ha hecho, usted estará de acuerdo con que la maldición Imperius haya sido prohibida y castigada con pena de prisión en Azkaban, ¿verdad? -preguntó un alumno de Ravenclaw.

Zelda se inclinó ante el chico y le sonrió con una ceja levantada, dejando a  la altura de sus ojos el generoso escote de la mujer. El chico tragó saliva y se movió incómodo en su silla mientras se sonrojaba ligeramente.

-Para ser sincera, no creo que fuera necesario incluirla como maldición imperdonable, siempre ha ido muy bien para conseguir lo que uno quiere de la gente cuando alguien no pone de su parte. Ya lo entenderás cuando seas mayor -comentó la mujer.

Elyon no pudo evitar soltar un bufido de fastidio.

-Señorita McWilliams parece que es usted incapaz de captar una broma -preguntó molesta la profesora.

-Disculpe profesora Croft, solo que no me parece que la maldición Imperius sea cosa de broma.

-Si… ya… -murmuró Zelda-, pero como supondrá su opinión no es de interés general en nuestra clase. Y si vuelve a interrumpirme perderá algo más que puntos para su casa.

Elyon se sintió más aliviada al poder salir de aquella aula que había comenzado a apestar a testosterona.

-¿Y vosotras la aguantáis? -se quejó Elyon.

-¿A ti que te parece? -le contestó Alex con fastidio- Ya ves como se comporta, hay rumores que dicen que se ha acostado con casi todos los alumnos que han cumplido los diecisiete.

-Pero solo son eso, rumores -dijo Elyon, sus compañeras intercambiaron miradas-, ¿no?

-Una de las cosas que has de aprender es que en Hogwarts los rumores suelen ser ciertos -le dijo Sharon.

 Ella enmudeció, al parecer no todo era tan bonito e idílico en el castillo. Se dirigió a cenar al Gran Comedor con la mente llena de dudas y mucho más molesta después de la breve conversación con sus compañeras.

                                                               

 

 

-Este profesor es muy joven, ¿no creéis? -comentó Judit- Más que Zelda incluso.

-Y tanto, solo tiene veintiún años -murmuró Elyon, las miradas se dirigieron hacia ella con curiosidad-, así a ojo es lo que parece, ¿no? -se apresuró a añadir para disimular.

-¿Cómo crees que dará clase? -preguntó Sharon apoyada en una de las paredes del frío pasillo de las mazmorras.

-No lo sé, pero se le ve muy estricto -intentó contestar Allyson.

-Podéis estar seguras de que lo es -intervino Elyon.

-¿Y tú cómo lo sabes? -le preguntó Judit.

-Porque ya me he topado con él -esta vez no se vio obligada a mentir.

-Pero por lo menos es mono -todas se giraron hacia Judit con el ceño fruncido- ¡¿Qué?! En comparación con los demás profesores…

-Yo solo espero que sea simpático -comentó Alex-, en la presentación estaba muy serio, daba algo de miedo.

Elyon se abstuvo de comentarios, seguramente a los cinco minutos de haber empezado la clase verían que eso era imposible. La puerta de la mazmorra se abrió y Snape apareció tras ella, el silencio reinó en el grupo de gryffindors y slytherins que esta vez compartían aula. Todos entraron en orden y en silencio pasando ante el alto profesor, Elyon notó la mirada del hombre sobre ella, pero evitó mirarlo a la cara.

Elyon, Allyson y Alex tomaron asiento en una de las mesas más alejadas del escritorio del profesor. Snape comenzó a pasar lista deteniéndose unos segundos en cada alumno, los cuales se revolvían inquietos ante la mirada inescrutable del joven. Ella le retiró la mirada cuando él la miró al nombrarla.

-Me llamo Severus Snape y seré vuestro nuevo profesor de Pociones, así que espero un trato respetuoso por su parte -comenzó Snape con un tono de voz fría y susurrante que hizo permanecer en silencio a la clase-. Por su bien espero que no tarden mucho en conocerme. Para empezar les aclaro que no permitiré la magia en mi clase, por lo que si quieren conservar sus varitas les aconsejo que no las saquen de sus carteras, ya que su utilización supondrá la penalización de su casa y un castigo -hizo una pausa observando a la clase que escuchaba con atención-. Para finalizar sólo les digo que aquellos que no sean capaces de entender esta clase de ciencia, y que por lo tanto, no sean capaces de seguir el ritmo de mis clases, no aprobarán la asignatura, ya que no pienso dar ninguna ayuda extra.

Dicho esto se giró hacia la pizarra y con un movimiento de varita los ingredientes de la poción y sus instrucciones aparecieron escritas en ella. Elyon se dio cuenta de lo agarrotado que tenía el brazo derecho, ¿sería posible que aún no hubiera sanado la herida?

El resto de la clase transcurrió con tranquilidad, hasta que una explosión les hizo girarse hacia una de las mesas, el caldero de Lisa se estaba desbordando por la mazmorra haciendo que todos los alumnos se subieran a los taburetes.

-¡Por todos los diablos! -Snape se levantó de su escritorio y con un movimiento de varita hizo desaparecer la poción desbordada- ¿Qué parte de las instrucciones es la que no entiende señorita Atler?

-Yo…  -murmuró la chica avergonzada-, lo siento.

-Eso no me sirve, diez puntos menos para Gryffindor por su ineptitud -le dijo el profesor con dureza.

La chica bajó la cabeza mordiéndose el labio y con lágrimas en los ojos.

-No es justo -murmuró Allyson-. Lo está pasando mal, es normal que no esté atenta.

-¿Decía algo señorita McPherson? -preguntó Snape sin variar su expresión.

-No señor -contestó Allyson con rapidez.

-Cinco puntos menos para Gryffindor -finalizó Snape volviendo a su escritorio.

Allyson iba a quejarse, pero Elyon le dio un codazo.

-No lo provoques más, hazme caso -le dijo volviendo a su poción.

Al final de la clase Gryffindor había perdido veinticinco puntos. Estaban saliendo del aula cuando el profesor retuvo a Elyon un momento:

-Señorita McWilliams venga aquí -la llamó Snape.

-¿Qué quiere, profesor? -le dijo con retintín.

-Recuerda que esta noche tenemos tres horas de Pociones.

-¡¿Tres?! En mi horario solo hay dos -se quejó Elyon.

-Aún me debes una hora de Pociones, que no debes perder si quieres aprobar la asignatura -le dijo el profesor.

-¿Qué te hace pensar que necesito horas extra de Pociones? -le dijo Elyon cruzándose de brazos.

-Eres buena, pero no tanto -le contestó señalando la puerta.

Elyon salió del aula con pesadumbre, ¿había algo peor que tener que estar tres horas seguidas y a solas con Snape?

-¿Algún problema, encanto?

Era evidente que sí. La chica miró al rubio de mal humor.

-¿Es que aparte de idiota tampoco entiendes mi idioma? Olvídame -le dijo Elyon subiendo las escaleras de las mazmorras- ¡Y deja de llamarme así!

Mark cambió su típica sonrisa por una mirada de rabia, la empujó contra una pared y la inmovilizó contra ésta, con lo que el caldero de Elyon rodó escaleras abajo con gran estrépito.

-Nadie me había dejado en ridículo, y menos una chica -le dijo apretándola contra la fría piedra-, has cometido un terrible error que me encargaré personalmente de que pagues.

-Mira como tiemblo -le desafió Elyon.

-¿Algún problema? -preguntó una voz fría e indiferente.

Mark se alejó de la chica con rapidez y miró al profesor.

-No, ninguno profesor, solo aclaraba algunos asuntos con mi compañera -contestó antes de subir los escalones de dos en dos.

-¿Estás bien? -le preguntó Snape dándole su caldero-. Es muy pronto para empezar a buscarse enemigos.

-Sí, y por si no lo sabías, puedo cuidarme sola -contestó ella cogiendo su caldero y dirigiéndose al Gran Comedor.

     

 

Elyon no le dijo a nadie lo ocurrido con Mark, no quería tener encima a gente preocupándose por ella, sobre todo por algo a lo que ella no había dado importancia. Después de cenar se dirigió con fastidio hacia las mazmorras, la temperatura en ellas había bajado bastante, lo que seguro  haría más incómodas las tres horas siguientes a pesar del fuego del caldero.

-Pasa -gruñó Snape desde el interior.

La chica se sentó en una de las mesas y miró la pizarra en la que ya estaban escritos los nuevos ingredientes e instrucciones. La primera hora pasó rápida y en ella consiguió tener lista la poción, lo que quería decir que durante las dos próximas horas estaba a merced del joven.

-Ya he acabado -le dijo Elyon recogiendo los ingredientes.

La muchacha no obtuvo respuesta.

-He dicho que ya he acabado -levantó la cabeza ya que no conseguía respuesta.

Snape estaba sentado en su escritorio con la cabeza apoyada en las manos. Elyon se acercó a él con preocupación.

-¿Te encuentras bien? -le preguntó la chica poniendo una mano en su hombro.

El joven levantó la cabeza con un respingo y la miró con ojos febriles, estaba más pálido de lo habitual.

-Creo que deberías ir a la enfermería -le aconsejó Elyon.

-Estoy bien -gruñó el levantándose.

Se apoyó en la mesa y miró al suelo con cansancio, entonces Elyon se dio cuenta, su hombro derecho estaba mojado con sangre apenas visible en la ropa negra del profesor.

-Snape no es broma, tienes que ir a la enfermería -le dijo preocupada-. Se te ha vuelto a abrir la herida.

-No, solo es un mareo -insistió el hombre.

Elyon intentó tocarle el rostro para asegurarse de que tenía fiebre, aunque él se resistía.

-Déjalo ya, estoy perfectamente, no necesito ir a la enfermería -le dijo a Elyon sosteniendo sus muñecas.

La chica se libró con facilidad de su débil agarre y consiguió alcanzar su frente.

-Estás ardiendo -murmuró asustada.

Snape intentó deshacerse de ella, pero no parecía tener la fuerza necesaria para ello. Una sensación de vértigo la atacó y le hizo cerrar los ojos mareada.

Cuando los abrió ya no estaba en la mazmorra junto a Snape. Se encontraba en un callejón, uno en el que ya había estado, el Callejón del Sauce. Pero esa vez no era como lo recordaba. La gente no caminaba con calma, si no que corría en una dirección presas del pánico mientras gritaban en élfico. Elyon se dio la vuelta, su corazón se encogió. Unos metros más allá el fuego devoraba gran parte de los edificios y había cadáveres y gente malherida por doquier. De entre las sombras surgían encapuchados con máscaras blancas. Ya sabía quienes eran: mortífagos. Aquel era el ataque que le había contado Dumbledore. Aquellos hombres lanzaban hechizos a todo lo que tenían a su alcance sin miramientos. Hombres, mujeres y niños caían muertos o moribundos a sus pies. Los pocos que les plantaban cara para defender a los que les importaban no aguantaban mucho en pie, ya que estaban en inferioridad numérica y más preocupados por mantener a salvo a sus congéneres que en bloquear un ataque.

Los ojos de Elyon se llenaron de lágrimas, aquello no podía haber ocurrido… Muchos mortífagos se adelantaron pasando junto a la muchacha, que estaba inmóvil en medio de la calle observando con impotencia hechos pasados. Alzó los ojos y su mirada quedó fija en tres mortífagos que habían quedado atrás y que estaban atacando a los pobres elfos que habían quedado encerrados en medio de la masacre. Pero esos hombres no utilizaban varitas, cuchillo en mano se dedicaban a apuñalar y degollar a los que habían quedado acorralados. Uno de los enmascarados había apuñalado a una mujer por la espalda, la cual había intentado huir con su hijo pequeño en brazos. El cuerpo sin vida de la mujer yacía en el suelo junto al niño que lloraba en silencio, otro de los mortífagos, el que más rezagado iba, se acercó al niño con una daga ensangrentada sujeta con firmeza en su mano, el pequeño permaneció inmóvil y el mortífago se agachó junto a él. Elyon no podía creer lo que estaba a punto de presenciar, aquel niño se iba a convertir en una víctima más de aquella masacre, ¿cómo alguien iba a poder matar a sangre fría a un niño de apenas cuatro años? El mortífago se interpuso entre el niño y Elyon, de forma que no pudo ver qué pasaba, pero cuando él se retiró, vio al niño sobre el cuerpo de su madre, completamente inmóvil. Una chica joven que había permanecido escondida se lanzó sobre él al ver lo ocurrido, este se giró al escucharla y su daga se hundió en el estómago de la joven cuando esta se abalanzó sobre él a la carrera con una tabla de gruesa madera en la mano. La muchacha se agarró a su túnica antes de que el mortífago le lanzara una maldición matándola en el acto.

Laaa!* -gritó un elfo joven, de pelo corto y castaño, corriendo hacia el cuerpo sin vida de la joven elfa.

El chico arremetió contra el mortífago dándole un puñetazo que rompió parte de la máscara. El enmascarado se volvió con enfado, se quitó la máscara rota y escupió la sangre que le había provocado el fuerte puñetazo, con una rapidez asombrosa agarró al muchacho del cuello con una mano y apretó con fuerza. El chico intentó darle otro puñetazo, pero el mortífago paró el golpe con la mano libre. El elfo se ahogaba con el fuerte agarre de su mano, pero tuvo las fuerzas suficientes para darle un rodillazo en el estómago a su agresor que se dobló de dolor, el joven lo aprovechó para golpearlo de nuevo tirándolo al suelo.

Elyon se llevó las manos a la boca, el rostro del mortífago había quedado a la vista al caerse la capucha, no era posible…él no…

-Snape -sollozó ella sin dar crédito a lo que veía.

El joven se lanzó contra él recogiendo del suelo la daga del mortífago. Snape consiguió mantener el arma lejos de su cuello, aunque el elfo utilizaba toda su fuerza para darle muerte. Snape puso un pie en el estómago del joven y lo lanzó lejos de él. El mortífago se levantó con rapidez antes de que el chico volviera a atacarle, el elfo corrió para arremeter de nuevo contra él, pero el mortífago lo frenó sujetándolo de los hombros y lo empujó contra la pared con fuerza para quitárselo de encima. El chico abrió los ojos de par en par mientras la sangre comenzaba a resbalar por sus labios, Snape se alejó un poco de él. Elyon ahogó un grito de horror, el elfo estaba atravesado por un poste de madera perteneciente al marco roto de una puerta de una tienda destrozada. El chico intentaba respirar, pero cada vez que llenaba sus pulmones con aire comenzaba a escupir sangre. La expresión del mortífago no había variado, pero su respiración estaba muy agitada, se acercó al joven moribundo, el cual lo agarró de la túnica mientras escupía más sangre manchando la tela negra con su sangre.

-Todo el daño que has hecho, se volverá contra ti… nunca podrás tener una vida… -murmuró torpemente el joven elfo en inglés.

Snape sacó su varita y con un destello verde, el dolor del muchacho acabó.

Elyon miró a Snape, la pesadilla era un recuerdo suyo, un recuerdo que la había atormentado noche tras noche desde que lo tocó en la enfermería.

El mortífago se puso la capucha y recogió del suelo su máscara rota, miró fugazmente el cuerpo del joven que seguía atravesado en la pared con la cabeza colgando sobre el pecho, de donde sobresalía el trozo de madera que lo había herido de muerte. Intentó mover el cuerpo del chico para desengancharlo de la pared, pero no pudo. Se escucharon los gritos y llantos de una chica. Snape miró de pronto hacia donde estaba Elyon, se puso la máscara rota y lanzó un rayo verde en la dirección en donde se encontraba ella.

Abrió los ojos y se separó del chico, el rostro de la muchacha estaba surcado de lágrimas. Snape la observaba desde el escritorio sin que ella pudiera descifrar su mirada. El cuerpo de Elyon temblaba, no podía creerse lo que había visto. Snape separó los labios para hablar.

-Calla, no empeores las cosas -le dijo Elyon con voz temblorosa mientras intentaba calmarse-, digas lo que digas, no cambiará nada.

Recogió sus cosas ante la mirada de su profesor y se fue hacia la puerta.

-Sigo… sigo diciendo que deberías ir a la enfermería -dijo la muchacha sin mirar atrás.

Cerró los ojos antes de subir las escaleras y salir de las mazmorras. Llegó junto al lago y vio la luna llena bañarse en sus aguas, se sentó en la orilla y miró los pequeños peces plateados que nadaban juguetones cerca de la orilla. Comenzar a llorar con amargura abrazándose las rodillas sintiendo que ya jamás podría confiar en él.

*Nota de autor: "La" en élfico es no.



« Capítulo 7 Comenta este capítulo | Ir arriba Capítulo 9 »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.