Historia al azar: Los Nuevos Merodeadores (
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Elyon » Capítulo 9
Elyon (R15)
Por Akuailu
Escrita el Jueves 3 de Junio de 2010, 08:12
Actualizada el Sábado 30 de Diciembre de 2017, 09:15
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Capítulo 9

Capítulo 9

 

A desgana, Elyon rompió el abrazo con su abuelo, pero era el momento de responder sus preguntas, y no quería seguir demorándolo más.

-¿Por qué…? -tenía tantas preguntas que no sabía ni por dónde empezar- ¿Por qué bloqueaste mi memoria? ¿Por qué hacerme olvidar mi pasado?

-Para protegerte… viste tantas cosas, y eras tan pequeña… y no había otra manera de que pudieras empezar de nuevo -su abuelo le acarició el rostro.

-¿Empezar de nuevo? ¡¿Por qué querría empezar de nuevo mi vida?! Alejada del resto de mi familia, de mi identidad ¡Mis padres apenas me dejaban salir de casa! -le reprochó dolida.

-Vale, mira, empezaré a explicártelo todo desde el principio -le cogió las manos-. No sé otra manera de responder a todas tus preguntas sin olvidar nada y de manera que lo entiendas.

Ella asintió.

-Severus -le llamó el anciano, con un ademán, que estaba junto a la puerta entreabierta de la habitación-. Te conviene escuchar esto.

-No voy a espiarlos -le dijo el chico con enfado.

-Hay muchas cosas sobre la situación de Elyon que no te he contado, y te conviene estar al día de todo -insistió el director.

Con un suspiro de hastío Snape cedió, sabía que Dumbledore tenía razón, apenas le había explicado por qué el Señor Tenebroso tenía tanto interés en ella. Con desgana se acercó a la puerta, apoyando su espalda en la pared, listo para escuchar.

-Supongo que Albus te habrá explicado que nosotros, los elfos, somos una de las razas más antiguas -comenzó Azrael, ella asintió- ¿Te ha explicado cómo es nuestra relación con la magia?

-No -musitó su nieta.

-Verás, por todo el planeta corre una gran corriente de energía, que no se percibe así como así, pero que lo alimenta todo. Algunos lo llaman maná, otros simplemente magia… Sea como sea, los elfos somos quienes, de alguna manera, la extraemos, la repartimos, para que todo se beneficie de ella: plantas, animales, humanos…

-¿Y cómo se supone que lo hacemos? -preguntó Elyon asombrada.

-No lo sabemos, es algo innato, un don que manifestamos nada más nacer -su abuelo se encogió de hombros.

-Ellos son parte de la magia y la magia es parte de ellos -musitó ella recordando las palabras de Johnny.

-Exactamente -sonrió Azrael-. Pero aunque todos los elfos poseen ese don, hay individuos que pueden catalizar mucha más magia. Sin esos elfos la corriente apenas fluye para alimentarlo todo.

-Las Grandes Familias -sonrió Elyon, recordaba haber leído sobre ellas en los libros de historia, eran los representantes de los diferentes pueblos, los encargados de mantener el orden.

-Veo que has estudiado -medio rió el elfo-. Sin esas Familias, los bosques se marchitan, los magos pierden su don, todo muere. Se cuenta que hace muchos siglos, el Sahara era una selva frondosa, pero que tras morir las Grandes Familias que allí vivían, todo quedó yermo.

-¿Y ya está? ¿No se puede hacer nada? -preguntó la joven preocupada.

-Solo se puede esperar a que nazca otro elfo que pueda fundar una nueva Familia. El problema de los elfos, es que al ser tan longevos, nos cuesta mucho reproducirnos, si no, llegaríamos a ser demasiados. Así que esas esperas pueden durar siglos -suspiró Azrael-. En algunas ocasiones, si hay una gran población de elfos en un mismo lugar, se puede extraer la suficiente magia para que la vida subsista, algo así como los oasis de los desiertos, pero es algo poco común.

-Entiendo… pero si los elfos somos tan importantes, ¿por qué los magos nos marginan tanto? ¿Por qué nos desprecian? -preguntó frustrada.

-Los humanos hace mucho que olvidaron estas cosas. Cuando les enseñamos a usar la magia, empezaron a creerse superiores a las demás criaturas, y por desgracia es algo que se ha ido agravando con el tiempo. Y esto a su vez ha provocado que nosotros también los despreciemos a ellos por su arrogancia. Ha sido ese mutuo desagrado lo que ha puesto en peligro el equilibrio de la magia y la vida, sobretodo aquí, en las Islas Británicas.

-¿En peligro? -Elyon lo miró preocupada- ¿Cuántas Familias quedan?

-Solo una, y la formamos tú y yo -le dijo con pesadumbre.

Elyon lo miró con los ojos abiertos como platos, y negó con la cabeza.

-Es una broma, ¿verdad? -consiguió decir ella.

-No, no lo es -contestó su abuelo.

-Me estás diciendo que yo… que yo… -le empezaba a faltar el aire.

-Si murieras sin dejar descendencia, es muy probable que condenes a las Islas Británicas a una lenta agonía.

La joven se mareó, y sintió ganas de llorar, de repente se sentía desbordada, con una gran responsabilidad sobre sus hombros.

-Tiene que quedar alguien más -musitó con ojos llorosos.

-No queda nadie, la guerra acabó con nuestras esperanzas de futuro -le dijo su abuelo con pesar-. Por eso teníamos que protegerte a toda costa.

-No lo entiendo -sollozó-. Mi padre también era de una Gran Familia… si sin nosotros todo se muere… ¿por qué Voldemort lo mató? ¿Por qué poner su propio poder en peligro?

-Verás, es más complicado que eso -le apretó las manos con fuerza-. Los elfos somos catalizadores naturales, pero hay hechizos de magia negra que pueden aumentar esa capacidad de extraer magia. Durante la Edad Media los magos oscuros secuestraron a muchos elfos jóvenes para perfeccionar esos hechizos y obtener más poder, así fue como las Grandes Familias empezaron su declive. Para que lo entiendas, los exprimían hasta que sus cuerpos no lo soportaban más.

Elyon se llevó una mano a los labios horrorizada.

-Y por lo visto Voldemort se hizo con esos hechizos, y estaba decidido a no solo usarlos, si no a doblegarnos a todos para que nuestros soldados respaldaran a sus mortífagos. Mató a tus padres porque es más fácil controlar a un niño que a un adulto, sobre todo si el adulto es como tu padre. Y sin nadie que te protegiera podía usarte para aumentar su poder y obligarme a arrodillarme ante él para mantener tu seguridad. Porque que no se atreviera  a matarte, no quería decir que no pudiera borrarte la memoria y criarte como hija propia, convirtiéndote en uno más de los suyos.

Elyon rompió a llorar.

-¿Mis padres murieron por mi culpa? ¿Solo para ganar una estúpida guerra?

-Ni te atrevas a culparte por ello -su abuelo la abrazó-. Tus padres murieron protegiéndote, porque eras lo que más querían.

-No es justo… ¿Por qué nadie nos ayudó? ¡¿Por qué si tan importante soy?! -gritó de rabia.

-Porque todos estábamos luchando en nuestras propias guerras -los ojos de su abuelo se llenaron de lágrimas-. El Ministerio contra los mortífagos, y yo contra una fracción de elfos que se habían unido a Voldemort con la idea de recuperar nuestra época dorada.

-¿Entonces nos dejasteis solos?

-Ojalá… pero no pude hacerlo, fui un estúpido, no pude romper el contacto con tu padre, y por eso os encontraron -Azrael empezó a llorar amargamente-. Fui yo el culpable de que tus padres murieran esa noche. Si hubiera cumplido las órdenes de Albus…

Elyon lo abrazó con fuerza, intentando consolarlo. Empezaba a entender por qué el director insistía tanto en que no debía saltarse las restricciones a la primera de cambio, sin pensar en las consecuencias que sus decisiones podían tener.

-No fue culpa tuya -le susurró-. Sé lo que es estar alejada de las personas que quieres sin saber si todo va bien o no.

Su abuelo se recompuso un poco.

-Eres la viva imagen de tus padres, no podría decirte a cuál de los dos te pareces más -le sonrió con cariño besándole en la frente.

Ella sonrió también. Pero había algo más que necesitaba preguntarle.

-Recuerdo vagamente que mi madre estaba embarazada… Pero siempre me han dicho que soy hija única -tanteó ella con cuidado.

Vio el dolor reflejarse de nuevo en el rostro de Azrael.

-Creo que por hoy ya has conseguido muchas respuestas -le dijo el elfo-. Duerme, descansa, asimila todo lo que sabes ahora. Mañana te contaré más, no creo que sea bueno para ninguno de los dos seguir respondiendo preguntas.

La joven asintió complacida.

-¿Me prometes que mañana volverás?

-Te lo prometo, y te traeré un par de cosas que te gustarán mucho. Ahora he de irme.

La despidió con un fuerte abrazo y un beso en la frente. Al salir, Azrael se topó con Dumbledore y Snape, el chico se apartó a trompicones bajando la mirada.

-Albus, espiar es de mala educación -le dijo al anciano de mal humor.

-El chico necesita saber más sobre la Guerra Oculta. Me ha faltado valor para contárselo todo -le contestó con seriedad.

-Por su condición, ya debería saberlo -le dijo con desagrado, mirando el brazo izquierdo de Snape.

Él lo colocó instintivamente tras su espalda, ocultando la Marca avergonzado, como si Azrael pudiera verla bajo la ropa.

-Era joven e ingenuo, como muchos otros, realmente no les contaron gran cosa, era más fácil manejarlos desde la ignorancia -le explicó Dumbledore, sabía que el elfo no aprobaba que el Protector de su nieta hubiera sido mortífago.

Snape alzó la vista y se encontró con los ojos azules del elfo. Se sentía pequeño y débil frente a él, como cuando era un niño y su padre lo llamaba después de haber bebido más de la cuenta, como era habitual. Eso lo enfurecía y asustaba a partes iguales. Era el Protector de Elyon, pero era incapaz de mostrarse frío y seguro de sí mismo ante Azrael, el poder que parecía irradiar era realmente sobrecogedor.

Sin decir nada más, el elfo se fue pasillo abajo, y luego desapareció.

-No me dijiste que no estaba de acuerdo en que protegiera a Elyon -le dijo al director con enfado.

-¿Realmente hacía falta que te lo dijera? -Dumbledore alzó una ceja- Ha sufrido mucho, y aun está todo muy reciente, no le culpo por su desconfianza.

-¿Era para eso que la quería? ¿Para aumentar su poder? -le preguntó el chico cambiando de tema.

-¿Qué os contaron exactamente?

-Que cuando la atrapáramos los elfos no tendrían más remedio que obedecer. Muchos pensaron que se rebajarían al nivel de elfos domésticos, otros que simplemente se apartarían de en medio, y algunos que engrosarían nuestras filas para vencer al Ministerio -explicó- ¿Qué es la Guerra Oculta?

-Elfos contra elfos -suspiró el anciano- El pacto de paz que se firmó entre las Grandes Familias se rompió. Una fracción de elfos, más numerosa de lo que Azrael admitirá nunca, se posicionó del lado de Voldemort. Con él pactaron que si ayudaban a destruir el Ministerio, se les devolverían las tierras cedidas para que la civilización humana creciera, y que los elfos volverían a recuperar el reconocimiento y los privilegios que poseían hace siglos frente a muggles y brujos. Al ver que no podían convencer a Azrael y al resto del pueblo de manera diplomática para que se unieran a su causa, decidieron actuar de forma violenta. Vendieron conocimientos antiguos a mortífagos y permitieron que se masacrara a su pueblo, para fomentar el odio hacia los magos y ver si así Azrael finalmente actuaba ¿Nunca viste ningún elfo entre los vuestros?

-No. Se rumoreaba que algunos trabajaban con el Señor Tenebroso, pero no conocí a nadie que realmente los hubiera visto de nuestro lado -contestó él.

-Dudo mucho que estuvieran realmente de vuestro lado. Los elfos sublevados y Voldemort se usaban mutuamente para conseguir sus fines y nada más -opinó Dumbledore- La guerra abierta entre las dos facciones empezó hace trece años, en la Fiesta de la Primavera. Nadie se lo esperaba. Los sublevados abrieron las puertas a los mortífagos y licántropos. Fue una masacre, no respetaron nada ni a nadie -cerró los ojos e inspiró profundamente-. Fue el día que Elyon cumplió los tres años, y fue el día que decidimos que había que ocultarla del mundo hasta que la guerra acabara.

Snape estaba más pálido de lo normal. Sabía que la guerra había sido dura, pero no imaginó nunca que al mismo tiempo se estuviera sucediendo otra igual de cruenta, y que Elyon estuviera justo en el centro para decantar la balanza.

-He soñado con ese día -musitó Elyon desde la puerta.

Ambos se giraron sobresaltados. No se habían dado cuenta de que la joven se había acercado a la puerta para escucharlos.

-Recuerdo el fuego, los gritos… Tenía un amigo, Aslo, recuerdo haberlo visto morir y no poder hacer nada -la semielfa los miró mientras las lágrimas recorrían sus mejillas- ¿Fue por mí? ¿Soy la culpable de que todos murieran?

-¡No! Y no vuelvas a decir nada parecido -Dumbledore la abrazó-. Tú no tienes la culpa de que personas egoístas y sin escrúpulos hagan cualquier cosa con tal de conseguir sus objetivos.

Snape los miró a ambos. El anciano también parecía afectado por tener que revivir la guerra. Todos sabían que el mago siempre había tenido un trato cercano con los elfos, y el joven sospechaba que la Guerra Oculta lo había tocado tan de lleno como la Gran Guerra.

-Tienes que descansar, Elyon. Si quieres el resto de tus respuestas, primero has de asimilar las que ya tienes, y dicen que la almohada es buena consejera y amiga -Dumbledore la acompañó a la cama rodeándole los hombros con un brazo.

Cuando la hubo acostado y arropado, se reunió con Snape en la puerta.

-Quédate cerca de ella esta semana, va a ser muy dura. Todo lo que vivió esos tres años tiene que volver a su sitio, le va a costar dormir del tirón… -le dijo al chico.

-¿Y las clases? -Snape frunció el ceño.

-Olvídate de ellas. Ahora Elyon es tu prioridad. Protégela de sí misma, vio cosas que ningún niño debería ver jamás, y que nunca le dejaron asimilar. Todo lo que recuerde le afectará igual que le afectó entonces, para bien y para mal -le dijo con seriedad-. No la dejes caer de nuevo en una depresión.

-¿No sería mejor Remus para esto? -le dijo el chico con desgana.

-No. Tu infancia no fue fácil, pero lo superaste, y superaste todo lo que viste e hiciste en la guerra. Enséñala a convivir con ello.

Snape asintió inspirando hondo. Todo aquello lo superaba. Si ni él mismo sabía cómo había conseguido aprender a convivir con su pasado, ¿cómo se suponía que iba a enseñárselo a Elyon? Dumbledore se despidió dándole unos golpecitos en el hombro.

El profesor se sentó en la silla que había junto a la cama. La semielfa abrió los ojos.

-¿Tú sabías todo esto? -le preguntó.

-Todo no. Solo tenía algunas piezas del puzzle -le dijo en un suspiro.

-Bueno, ya tenías más que yo -comentó ella con pesar.

-¿Te arrepientes de saber la verdad?

-No… Pero no sé cómo encajarla. Pensaba que mi vida ya era de por si complicada, pero solo era la punta del iceberg -alargó una mano y tocó la de él con los dedos-. Espero que ahora que las cosas se complican más, no decidas dejarme en la estacada.

-A no ser que tu abuelo decida lo contrario, seguiré siendo tu Protector -le contestó cogiendo su mano.

Elyon le sonrió con dulzura y cerró los ojos rojizos con cansancio. Él acarició el dorso de su mano con el pulgar, sin soltarla. Todo el hospital había quedado en silencio, lo único que escuchaba era la lenta respiración de la joven.

Esbozó una pequeña sonrisa, se sentía relajado al fin, después de tantos días de preocupación. Aunque no dormiría tranquilo hasta conseguir que la chica volviera al colegio. Echaba de menos verla enfrascada en la lección cada vez que miraba a sus alumnos para comprobar que todo estuviera en orden.

Finalmente se acomodó en la silla y cerró los ojos, manteniendo la mano de Elyon fuertemente cogida.

 

 

Su madre entró en la habitación con una gran sonrisa.

-¡Feliz cumpleaños! -le dijo corriendo hasta la cama.

-¡¿Hoy es mi cumpleaños?! -Elyon se levantó de un salto aun adormilada- ¡Hoy es mi cumpleaños!

Empezó a dar saltos en la cama.

-¿Dónde está mi renacuaja? -su padre asomó la cabeza por la puerta.

-¡Aquí! ¡Y es mi cumpleaños! -repitió ella señalándose a sí misma.

-¿Es tu cumpleaños? -su padre frunció el ceño- Entonces ya sé para quién son estos paquetes.

El hombre entró en la habitación con dos grandes bultos en los brazos.

-¿Para mí? ¿Son para mí, mamá? -cogió a su madre de los hombros emocionada, ella asintió riendo- ¡Bien!

De un salto bajó de la cama y corrió hasta su padre.

-¿Cuál primero? ¿El blandito o el grande? -le ofreció.

-¡Blandito!

Se sentó en el suelo y abrió el paquete con cuidado. De él sacó una enorme capa azul pálido, con bonitos bordados de hojas y flores. Corrió hasta el espejo arrastrándola y se la intentó poner. Su madre acudió en su ayuda.

-Pesa -se quejó.

-Claro que pesa, es para cuando seas mayor -le sonrió abrochándosela y colocándole la capucha sobre la cabeza.

-¿No la puedo llevar ya? ¡Me gusta mucho! -dijo con ojos suplicantes.

-No cariño, aun te viene muy grande. Pero ya verás que ahora crecerás más rápido solo para podértela poner -su madre le besó la mejilla.

-¡Sí! Me haré así de grande -sonrió la niña alzando la mano y poniéndose de puntillas.

-Aun te queda otro regalo -le recordó su padre.

Elyon corrió a abrirlo tropezándose con la capa. Nada más ver lo que contenía empezó a dar saltos de emoción dando grititos.

-¡Tim! ¡Te dije que no! -su madre lo miró severa al ver el regalo- ¡No tiene edad!

-Pero mírala, está loca de contenta, y mejor que tenga uno propio a propósito para su estatura y edad a que me siga robando los míos -rió el hombre.

La niña por fin se animó a coger el arco cuidadosamente grabado, lo abrazó con fuerza sin dejar de dar gritos de alegría.

-¡Tengo un arco! -gritó.

-¿Vamos a probarlo? -su padre la miró ansioso.

-¡Sí! -Elyon cogió también el carcaj lleno de flechas.

Tim se colocó a su hija a la espalda y ambos salieron corriendo de la habitación.

-¡Tim, la capa nueva! -le gritó Ania siguiéndolos.

Al cruzar la puerta por poco chocaron con su abuelo. Que los vio salir con rapidez en dirección a los jardines.

-¡Abuelo tengo un arco! -le gritó la niña alzándolo con orgullo, mientras la enorme capa ondeaba tras ellos.

-Al final se ha salido con la suya -sonrió Azrael.

-Como siempre. Es un niño grande -suspiró Aina, colocándose las manos en la abultada barriga-. Espero que al menos uno de estos dos salga más tranquilo que Elyon y su padre, o acabarán conmigo.

El elfo rió.

-Yo también lo espero -le besó la mejilla a su nuera con cariño, poniéndole una mano en la barriga, intentando sentir a sus futuros nietos.

El pueblo estaba precioso, todo estaba decorado con esmero para la Fiesta de la Primavera. Para Elyon, esa era la mejor semana del año. Por todos lados había música, baile y dulces. Y lo mejor es que su cumpleaños era además, el día del inicio de las fiestas.

La semielfa caminaba luciendo orgullosa su arco colgado a la espalda, su madre le había prohibido que llevara también el carcaj y las flechas. Caminaba con la cabeza bien alta, mientras los vecinos la felicitaban por su cumpleaños. A lo lejos vio acercarse a Nut y Aslo, acompañados de sus madres. Ella alzó un brazo llamándolos.

-¡Mirad! ¡Mi propio arco! -le dijo ilusionada.

-¡Alaaaaa! ¡Qué chulo! -le dijo Aslo con los ojos muy abiertos.

-¿Me lo dejas ver? -le preguntó Nut.

Su primo era dos años mayor que ella y le sacaba una cabeza entera. Eso le daba mucha envidia, ya que le era más fácil manejar el arco. Nut lo inspeccionó detenidamente y se lo devolvió.

-Es un arco genial -le sonrió.

-Luego os lo dejo probar en los jardines -sonrió ella.

-Ania, ¿te importa vigilarlos un rato? -le preguntó su tía Iyala a su madre- Vamos un momento a por los tocados para la fiesta de esta noche.

-Sin problemas -sonrió ella.

-¿Seguro? -la madre de Aslo miró su avanzado embarazo.

-Seguro, estos dos abultan mucho, pero pesan poco -rió Ania-. Niños, ¿quién quiere unos pasteles?

-¡Yo! -los tres alzaron la mano con una enorme sonrisa.

Los cuatro estaban sentados en un banco disfrutando de los músicos cuando escucharon una fuerte explosión. Los músicos dejaron de tocar, y todos buscaron el origen del estruendo. Una enorme columna de humo salía de entre los edificios del otro lado del pueblo. Se sucedieron otras explosiones casi consecutivas. Ania se levantó asustada. Hasta ellos empezaron a llegar los gritos de los vecinos que huían. Los soldados empezaron a correr por las calles.

-Nos tenemos que ir a casa -les dijo su madre, sin poder esconder el miedo en su rostro.

-¿Mamá qué pasa? -le preguntó asustada.

-Coge mi mano y no la sueltes, y coge fuerte la de Aslo. Nut tienes que ayudarme a cuidarlos.

El niño asintió muy serio. Echaron a correr de inmediato. Hubo una explosión muy cerca de ellos, una casa de derrumbó envuelta en llamas y cortó el paso por esa calle. Pararon en seco para correr en otra dirección. Les golpearon los escombros de dos explosiones más. El fuego y el humo se extendían por las calles, haciendo difícil ver y respirar. La gente corría en todas direcciones, desorientada y asustada. A Elyon le pareció ver que en una de las calles, había lobos enormes atacando a la gente.

-¡Mamá! ¡Mamá! -chilló Aslo asustado, sin poder parar de llorar- ¡Mamá!

Ania lloraba en silencio, intentando llegar al palacio, solo allí estarían a salvo. Al girar una esquina ahogó un grito de horror. Había cadáveres a lo largo de la calle y bajo los escombros de las casas. A lo lejos vieron a unos hombres encapuchados. Lanzaban hechizos en todas direcciones, haciendo caer edificios y atacando a los elfos, que caían al suelo y no volvían a moverse.

La mujer cambió de dirección y se toparon de frente con tres de esos hombres encapuchados y con máscara blanca.

-¡Los tenemos! -gritó el mortífago.

Su madre apretó con más fuerza la mano de su hija, sacó su varita y los atacó, luego levantó una enorme nube de polvo envolviéndolos para que no vieran nada. Retrocedió corriendo, llevándose a los niños consigo.

-¡Mamá! ¡Mamá! -seguía llorando Aslo.

-¡Detenedlos! -escucharon gritar a su espalda.

Hubo una fuerte explosión a su izquierda, que los lanzó con fuerza contra el suelo, haciendo que soltaran sus manos. Elyon se incorporó desorientada y tosiendo. Le pitaban los oídos, al ponerse en pie todo le dio vueltas. Vio a Aslo en el suelo, el niño no se movía, había una gran piedra junto a su cabeza, manchada de sangre.

-¿Aslo? -lo llamó ella con voz temblorosa.

Vio que la luz de sus ojos se apagaba al mismo tiempo que el charco de sangre crecía bajo su cabeza.

-¡Aslo! -chilló ella corriendo hacia él para socorrerlo.

Nut apareció entre las nubes de polvo y humo, y frenó su carrera cogiéndola del brazo.

-¡Ya es tarde Elyon, está muerto! -le dijo llorando- ¡Tenemos que irnos!

Ella obedeció sin apartar la vista de su amigo. Encontraron a Ania sentada en el suelo, gimiendo de dolor. Tenía las manos manchadas de sangre, al igual que parte de su vestido.

-¡Mamá! -la semielfa corrió hasta ella y la cogió del brazo- ¡Venga, levanta!

-No puedo cariño, no me puedo mover -gimió-. Ve con Nut, tenéis que llegar a casa.

-¡No, no, no, no! ¡Tienes que venir! -le gritó llorando.

Su madre intentó levantarse, sintió que el sangrado aumentaba y cayó al suelo llorando.

-Elyon, tienes que ser valiente ¿Vale? -la abrazó con fuerza- ¡Nut, llévatela!

-Pero tía… -musitó el niño.

-¡Hazlo!

Su primo la cogió de los hombros con fuerza y estiró de ella.

-¡No! ¡Mamá! -Elyon intentó resistirse.

Para cuando Nut consiguió que la niña lo siguiera, ya estaban rodeados. Tras los magos vieron llegar a unos enormes lobos que tenían los hocicos manchados de sangre.

-En cuanto veas un hueco, corre, tienes que avisar a tu padre -le susurró su primo.

Ella asintió. El elfo sacó su daga del cinto y se abalanzó sobre uno de los mortífagos, pero este lo golpeó con fuerza en la cara y lo hizo caer. Luego le puso un pie en la espalda para evitar que se levantara.

-¿Este nos interesa? -preguntó apuntándole con la varita.

-No. Solo la embarazada y la niña, el otro crío ha muerto -le dijo un compañero.

-¡No lo toquéis! -les amenazó Elyon descolgando el arco y tensando la cuerda, apuntando al que amenazaba a Nut.

Los encapuchados rieron divertidos, y el mortífago le dio una fuerte patada al niño en el estómago. El elfo gimió de dolor.

-¡Dejadnos en paz! -gritó ella.

En cuestión de segundos se formó en el arco una flecha de luz blanca. Ella soltó la cuerda y ésta salió disparada. El hechizo atravesó el pecho del hombre, que se tambaleó, cayó de rodillas y finalmente se desplomó. Un compañero acudió a socorrerlo.

-Está muerto… -dijo sorprendido- ¡Está muerto! ¡Esa orejas picudas lo ha matado!

El mortífago alzó su varita apuntándola, al mismo tiempo que la niña volvía a tensar el arco. Otro mortífago detuvo a su compañero.

-¡No! ¡La quiere viva, idiota! -le gritó.

Ania miró la escena con una mezcla de asombro y horror. Su hija fue retrocediendo hasta ella mientras en el arco se formaba una nueva flecha.

-¡Fuera! ¡Dejadnos en paz! -les ordenó- ¡Fuera!

Un fuerte coro de chillidos resonó en el cielo, y sin previo aviso cayeron en picado sobre los mortífagos y lobos unas enormes sombras de grandes alas y afiladas garras.

-¡Papá! -gritó Elyon incorporándose en la cama- ¡Papá!

Snape se levantó de un salto asustado.

-¡Papá! -volvió a gritar ella angustiada.

-Tranquila, respira hondo -el joven intentó calmarla.

Una enfermera apareció en la puerta.

-¿Se encuentra bien? ¿Necesita algo?

-No, ha sido una pesadilla -le informó, luego volvió a centrarse en la chica-. Respira, estás a salvo, mientras yo esté contigo nadie se atreverá a tocarte.

Entonces lo miró a los ojos, y pareció recordar dónde estaba. Rompió a llorar. Snape la abrazó.

-No ha sido un sueño -sollozó apoyando la cabeza en el pecho del chico.

-Lo sé. Pero fue algo que pasó hace mucho -le dijo con calma abrazándola y frotándole la espalda-. Ya no puedes hacer nada al respecto.

Pero ella siguió llorando un buen rato más. Había sido como volver a vivirlo de nuevo. El miedo, el desconcierto, la ira…

 

 

Dumbledore llegó temprano por la mañana.

-¿Qué tal ha pasado la noche? -le preguntó a Snape.

Elyon seguía durmiendo.

-Mal -suspiró-. Se ha despertado gritando, llamando a su padre. Ha conseguido volver a dormirse hará como una hora, y no ha querido tomar nada.

-¿Te ha dicho qué ha recordado?

-No, no ha dicho nada. Cuando acabó de llorar simplemente se quedó en silencio -contestó el chico frotándose los ojos con cansancio.

-Ve a comer algo. Pediré si pueden traerte algo más cómodo para que puedas echar una cabezada -le dijo el director.

Snape asintió agradecido y salió hacia la cafetería del hospital. Dumbledore ocupó su lugar junto a la cama. Sabía que solo había una cosa que Elyon pudiera recordar con tanta angustia: el ataque a Imtar. Él mismo recordaba el aspecto del pequeño pueblo un día después del ataque. La desolación era casi absoluta fuera de las murallas del palacio. Los habitantes se afanaban en buscar supervivientes y en identificar a sus muertos. Tardaron más de un año entero en reconstruir el pueblo, y dos años más hasta que todos los habitantes consiguieron superar el miedo, abandonar la protección del palacio, y volver a sus casas reconstruidas. Habían pasado casi trece años desde ese día, e Imtar nunca había vuelto a ser la misma. La Fiesta de la Primavera había pasado de ser un festival lleno de color y música, a una ceremonia en la que recordar a las familias perdidas. Demasiadas en un pueblo tan pequeño y que crecía a un ritmo tan lento. Y años después, tras la desgracia de Imtar, llegó la del Callejón del Sauce…

Azrael llegó a media mañana y se encontró a Elyon aun durmiendo, al igual que su Protector, que estaba acurrucado en un pequeño banco acolchado, envuelto en su capa de espaldas a ellos. El elfo lo miró con desaprobación.

-No seas tan estricto -le dijo Dumbledore con una media sonrisa-. Se ha pasado la noche en vela intentando calmar a Elyon, y desde que la ingresaron, no ha dormido del tirón ni una sola vez.

-¿Ha recordado algo entonces? -Azrael prefirió no comentar nada sobre el mortífago.

-Se ha despertado de madrugada con el recuerdo de Imtar.

El elfo cerró los ojos e inspiró.

-De todos los recuerdos sellados, ¿ha tenido que revivir ese como el primero? -gimió Azrael.

-Es la experiencia más traumática que ha vivido, y la enterramos ante de que pudiera comprender qué pasó. Es un recuerdo que la ha martirizado toda su vida. Le provocaba pesadillas continuas, es más, fue la que empezó a debilitar el hechizo.

-Incluso yo sigo teniendo pesadillas con ese día -le dijo el elfo-. Sueño con el humo, el retumbar de las explosiones, y la llegada en masa de los pueblerinos al palacio. No teníamos tiempo para atender a todos los heridos, que se nos morían en los brazos… Juro que los culpables pagarán por ello, a nuestra manera -apretó los puños con fuerza hasta que sus nudillos quedaron blancos.

-Olvida todo ese odio y rencor por el momento. Ahora tienes que centrarte en tu nieta -le tranquilizó Dumbledore con una sonrisa, poniéndole una mano en el hombro.

Elyon remugó un poco antes de decidirse a abrir los ojos. Azrael le sonrió con cariño.

-Buenos días -le dijo.

-Buenos días abuelo -contestó con un bostezo.

Azrael sintió que su corazón daba un vuelco, hacía tanto tiempo desde la última vez que lo había saludado así. La joven acabó de desperezarse, y el elfo se negó a responder más preguntas hasta que hubo comido algo.

-He soñado con el ataque… -musitó ella.

-Albus me lo ha contado -asintió Azrael.

-Lo último que recuerdo por el momento es que mi madre, Nut y yo estábamos rodeados, y que llegaron unas criaturas grandes que atacaron a los mortífagos ¿Qué pasó luego?

-Tu padre llegó con un par de soldados en sus grifos, os sacaron de allí y os llevaron al palacio.

-¿Y mamá? Recuerdo que sangraba mucho y no podía moverse -Elyon sintió angustia al preguntar, le daba miedo la respuesta, pero necesitaba saberlo.

Su abuelo cogió fuertemente su mano.

-Sufrió un aborto -contestó con voz rota-. La explosión la golpeó casi de lleno, y la fuerte caída más el estrés… tu hermano nació muerto, y tu hermana solo tuvo fuerzas para aguantar un día más…

Elyon intentó serenarse mientras comenzaba a llorar. Hermanos, estaba esperando hermanos, un niño y una niña. No siempre había sido hija única. Ahora entendía por qué su madre lloraba cada vez que ella le preguntaba por qué no tenía ningún hermano o hermana. Al igual que porqué en su cumpleaños, por mucho que sus padres intentaran sonreír, siempre tenían la mirada triste.

-Después de eso, tu madre decidió que no iba a volver a quedarse embarazada hasta que acabara la guerra -prosiguió Azrael-. No podía soportar la idea de volveros a perder.

-Pero a mí no me perdió -le dijo secándose las lágrimas.

-Por poco, la misma noche del ataque, dos elfos aparecieron en tu habitación con la intención de secuestrarte. Por suerte fracasaron -suspiró con alivio-. Después de eso decidimos que lo mejor era ocultarte, y para ahorrarte el sufrimiento de lo que viste y lo que suponía alejarte de todo lo que conocías por un largo tiempo, bloqueamos tu memoria, con la esperanza de darte una vida más tranquila en la que fueras feliz.

Elyon bajó la cabeza, ¿realmente había sido feliz? A grandes rasgos podría decirse que sí, pero por otra parte siempre supo que toda aquella felicidad era mentira, podía verlo en sus padres, siempre preocupados, siempre tristes, que intentaban evitar a toda costa tener que responder a algunas de sus preguntas.

-¿Por qué querían también a Aslo? -preguntó la joven.

-Porque era nuestro futuro, él iba a fundar una nueva Gran Familia -respondió Azrael con pesar-. Hasta ese día, siempre creímos que íbamos a empezar un nuevo y brillante futuro contigo, Aslo y tus hermanos. Las Grandes Familias iban a empezar a crecer… pero apenas pudieron florecer…

-Si éramos el futuro, ¿por qué intentar matarnos?

-No querían mataros, la muerte de Aslo y tus hermanos fue un accidente. Os querían a todos y por poco os pierden a todos.

-¿Los mortífagos sabían por qué nosotros? - Elyon frunció el ceño.

-Lo dudo mucho, o habrían ido con más cuidado -el elfo se recostó en la silla con cansancio.

La semielfa inspiró hondo, después del día anterior, y el recuerdo del ataque a Imtar, le había sido más fácil asimilar las nuevas respuestas. Aunque aún resbalaban lágrimas silenciosas por sus mejillas al recordar a sus dos hermanos mellizos perdidos.

-¿Tienes alguna pregunta más? -le dijo su abuelo.

-No por el momento -contestó ella secándose las mejillas.

-Bien, entonces ya puedo enseñarte esto -sonrió.

Se agachó y sacó de su bolsa de piel un grueso álbum de fotos.

-Creo que esto te ayudará a recordar y a organizar esos recuerdos.

Elyon dibujó una amplia sonrisa y lo abrió, las primeras fotos eran de sus padres en su época de noviazgo, seguidas de las de su boda. Elyon nunca había visto esas fotos.

Snape se mantenía inmóvil. Se había despertado con el parloteo de Dumbledore y Azrael, pero no se había atrevido a moverse. Ahora que sabía un poco más de la guerra, se odió más a si mismo por haber elegido el bando del Señor Tenebroso, por haberse dejado guiar por el despecho y el odio, por haber provocado tantísimo sufrimiento, por haber matado a aquellos pobres elfos en el Callejón del Sauce.

 

 

Elyon empezaba a encontrarse lo suficientemente repuesta como para empezar a ponerse nerviosa por tener que pasar todo el día sentada en la cama del hospital, necesitaba estirar las piernas. Pero como desde el reencuentro con su abuelo no había podido dormir bien a medida que recordaba, el doctor Torlok era reticente a darle el alta definitivamente.

-Toc, toc -dijo una voz familiar.

Remus le sonrió desde la puerta.

-¡Hola! -sonrió ella.

El chico se apartó y por la puerta se asomaron tres jóvenes que ella conocía muy bien.

-¡Chicos! -exclamó sorprendida.

Sus amigos entraron corriendo. Lisa y Grace la abrazaron saltando sobre la cama.

-Madre mía, Remus nos lo ha contado todo ¡Menudo susto! -le dijo Grace con los ojos brillantes.

-Sabía que algo no iba bien cuando dejaste de escribir -le dijo Lisa preocupada.

-Me pillaron -suspiró Elyon-. En el fondo sabíamos que acabaría pasando, pero no me dio tiempo a buscar otra manera de escribiros.

-No volveremos a dejar que te la juegues por nosotros -le dijo Will con seriedad dándole un abrazo.

-¿Y Johnny? -preguntó la semielfa extrañada al no verlo allí.

-No ha querido venir, dice que le da vergüenza verte después de que por su culpa casi te…  bueno… -intentó explicar Grace, que perdió el color en las mejillas al hablar sobre ese tema.

-Se siente culpable de todo esto -prosiguió Will.

-Y en parte lo es -añadió Lisa enfadada.

-Y Mark también y mira como se ha crecido desde que Elyon no está en el colegio -le recordó la pelirroja.

-Chicas por favor, no discutáis más por esto, al menos no aquí -les pidió Remus.

-Ya hablaré con Johnny, nada de todo esto es culpa suya -suspiró Elyon-. Es verdad que se pasó un poco, pero lo hizo por ayudarme, y yo no me esforcé mucho en controlarlo.

Lisa torció el gesto, no estaba de acuerdo.

-¿Entonces ya estás recuperada? -le preguntó Will- Se te ve más animada y con buen color, no como nos había dicho Dumbledore.

-Lo sé, empiezo a cansarme de que me traten como a una enferma, quiero salir ya de aquí -contestó.

-¿Y los médicos qué dicen? -Lisa frunció el ceño.

-Que debería esperar unos días más, hasta que duerme del tirón por las noches -ella se encogió de hombros.

-La verdad es que tienes ojeras -medio rió Grace para animarla un poco.

Elyon recostó la espalda en la almohada.

-Aun no me creo que Dumbledore os haya dejado venir a verme.

-Ni nosotros, llevamos meses intentándolo, y de repente aparece Snape y nos acompaña hasta el despacho del director -sonrió Will.

-¿Snape fue a buscaros? -Elyon se sorprendió.

Sus amigos asintieron.

-Por un momento creímos que nos la íbamos a cargar por ser tan insistentes -comentó Grace-. Pero cuando vimos a Remus sonriendo en el despacho supimos que había buenas noticias.

Elyon dibujó una pequeña sonrisa, Snape se estaba encargando de que Dumbledore cediera poco a poco, y seguro que no le había sido fácil.

-Veréis, la expulsión ha tenido algo bueno. He conseguido por fin mis respuestas -les dijo con seriedad-. Sentaros que hay mucho que contar.

Lisa y Grace se acomodaron en la cama frente a ella dejando un sitio a Will, y Remus se sentó en la silla. Inspiró hondo y comenzó a contarles todo lo que Azrael le había revelado sobre su pasado.

 

 

Ya había perdido la cuenta de todas las veces que había revisado los cinco volúmenes de Pociones de séptimo curso. Pero en ninguno había encontrado indicios de manipulado. Frunció el ceño e intentó pensar con otra perspectiva, porque estaba atascado ¿Y si no encontraba nada porque lo que buscaba no estaba en la biblioteca?

Se acercó a la mesa de la señorita Pince.

-¿Podría ver los registros de préstamos? -le preguntó.

La mujer lo miró un momento pensativa.

-¿Qué quiere saber?

-Cuántos tomos hay de este libro y si alguno no ha sido devuelto en los últimos meses -puso el manoseado libro en la mesa con cuidado-. Y los alumnos que los han pedido prestados.

-Le aseguro que todos los libros son devueltos en su plazo -le dijo con convicción la bibliotecaria mirando los registros-. Hay seis tomos, y todos han sido devueltos ya, solo falta uno que se prestó hace tres días.

Snape se asomó para leer, pero la bibliotecaria cerró el libro.

-Dígame lo que quiere saber y lo buscaré -le dijo con los labios apretados y la mirada severa.

Esa mujer era muy celosa con su trabajo.

-¿Podría mirar en qué fechas se ha prestado el tomo que se llevaron hace tres días? A partir de los últimos tres meses.

La señorita Pince pasó un dedo por el listado.

-Se prestó a finales de febrero, lo devolvieron dos días después, y luego volvieron a cogerlo hace casi dos meses, y desde entonces no ha estado en las estanterías más de un día -la mujer frunció el ceño-. Qué curioso que de entre los seis volúmenes que tenemos en la biblioteca siempre se haya cogido el mismo.

-Yo no lo catalogaría de curioso. Esos alumnos son todos de la casa Slytherin, ¿cierto? -Snape torció una sonrisa.

-Sí, el actual alumno que lo ha cogido es la señorita Sirrs, Angie Sirrs -contestó la bibliotecaria.

-Bien, muchas gracias -se despidió él.

-No tan deprisa profesor, usted también se llevó hace casi dos meses un libro de la Sección Prohibida -le recordó la señorita Pince.

-Lo sé, pero creía que los profesores no teníamos límite de tiempo -se encogió de hombros.

-Cierto, pero no estaría de más que renovara el préstamo cada quince días para demostrar que el libro está en buenas condiciones -le reprochó.

-Descuide, en nada lo tendrá de vuelta, y lo tendré en cuenta para la próxima vez.

Salió de la biblioteca con paso rápido y tomó el camino a la Sala Común de Slytherin. La expulsión de Elyon se iba a acabar esa misma noche, él se encargaría de ello.

 

 

Sus amigos la miraron con preocupación y asombro. Grace y Lisa se secaban las lágrimas.

-No os quedéis en silencio que me asustáis -les dijo Elyon con una sonrisa torcida, para romper la tensión.

-¿Cómo puedes estar tan entera? -le dijo Grace- Yo no creo que pudiera con algo así…

La semielfa se encogió de hombros.

-Es verdad que lo de mis hermanos sí me afectó mucho… pero durante toda mi vida sabía, en el fondo, que algo malo pasaba en mi familia. Así que en parte ya estaba preparada para todo esto -suspiró-. Pero hay cosas que aunque lo parezca, aún no he asimilado del todo, que me parecen una broma de mal gusto.

Remus le cogió la mano.

-Recuerda que si algún día necesitas hablar sobre esto, aquí estamos para lo que necesites.

Ella asintió con una sonrisa.

-¿Tú no sabías nada, Remus? -le preguntó Lisa.

-Algo sabía, pero Dumbledore llevaba ese tema casi personalmente. Conocía la existencia de Elyon y su familia, y que era muy importante protegerlos. Pero supongo que Dumbledore no quiso decir más al sospechar que teníamos un topo… cosa que resultó ser cierta -el joven bajó la cabeza con tristeza.

Elyon le apretó la mano. Sabía que se refería a Sirius, aunque él era inocente, no era ningún topo. Ella había visto a ese topo personalmente la noche de la muerte de sus padres, y ese hombre cobarde y pequeño no era Sirius. Pero no quería insistir en el tema con el licántropo, ya que siempre acababan discutiendo.

-Lo que está claro es que no ganas a disgustos -comentó Will-. Creo que eres la persona a la que más desgracias le han pasado en su vida.

La chica rió.

-Te aseguro que no soy la única, conoces a un par de personas con mi misma mala suerte -miró de soslayo a Remus, y pensó también en Snape-. Solo espero que se acabe ya.

-No lo gafes -le aconsejó Grace torciendo una sonrisa.

 

 

Snape entró en la Sala Común, su sola presencia provocó un silencio repentino en la estancia.

-Señorita Sirrs, haga el favor de venir -llamó.

En el otro extremo de la sala se levantó una alumna de primero, con el pelo negro azabache recogido en una trenza larga. Se acercó al profesor temerosa y con paso inseguro. Mientras la chica atravesaba la Sala Común, vio levantarse a uno de los amigos de Mark.

-Señor Winston, vuelva a su sitio -le dijo-. No quiero que nadie se atreva a moverse.

Los alumnos se miraron asustados entre ellos, no sabían a qué venía la orden de su Jefe de Casa.

-¿Sí, profesor? -preguntó Angie con un hilo de voz.

-¿Sacó hace tres días un libro de pociones de séptimo curso de la biblioteca? -Snape la traspasó con la mirada.

La alumna de primero se giró a mirar la zona en la que estaban sentados algunos de los amigos de Mark.

-A quien realmente debe temer es a mí, señorita Sirrs, no a ellos -le aconsejó-. ¿Sacó o no sacó el libro?

Ella negó enérgicamente con la cabeza mirando al suelo.

-Si he de repetirle la pregunta, le aseguro que haré de sus próximos seis años en la escuela un infierno.

La chiquilla apretó los labios con ojos llorosos.

-Saqué el libro -respondió al fin con voz débil.

-¿Lo tiene usted?

Angie asintió.

-Bien, tráigamelo -le ordenó.

La chica desapareció como un rayo en dirección a su habitación. Regresó a los pocos minutos con el libro en brazos y se lo entregó a su profesor. Snape lo ojeó, revisando cada página con su varita, hasta que finalmente encontró la prueba que le faltaba. Sonrió de forma triunfante.

-Señorita Sirrs, vaya al despacho del director Dumbledore y dígale que venga rápido, que es un asunto relacionado con la expulsión de la señorita McWilliams.

La alumna asintió.

-Rápido -le dijo con un tono de voz frío y severo.

Angie salió de la Sala Común a todo correr. Snape se quedó allí  de pie, observando a sus alumnos, nadie iba a salir de allí hasta encontrar al culpable principal y sus compinches.

 

 

El profesor entró por la mañana en la habitación con una sonrisa de superioridad en los labios. Elyon frunció el ceño al ver su expresión mientras desayunaba.

-Acaba rápido, vuelves al colegio -le anunció Snape.

Ella casi se atragantó con los cereales. Se levantó de un salto con una enorme sonrisa y corrió hasta él para abrazarlo.

-Gracias, gracias, gracias -le dijo eufórica colgando prácticamente de su cuello.

Le dio un fuerte beso en la mejilla.

-No sé cómo pagarte todo lo que has hecho por mi desde que estoy aquí -sonrió ella aun abrazándolo.

-Ya se me ocurrirá algo -le contestó él mientras notaba cómo la sangre se le agolpaba en las mejillas y su corazón se desbocaba-. Y ahora acaba tu último desayuno de enferma mientras voy a por tus papeles del alta.

A desgana, rompió el abrazo y salió de la habitación. La escuchó saltar y reír de alegría. Y sonrió para sí mismo.



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