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Elyon » Capítulo 15
Elyon (R15)
Por Akuailu
Escrita el Jueves 3 de Junio de 2010, 08:12
Actualizada el Sábado 30 de Diciembre de 2017, 09:15
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Capítulo 15

Capítulo 15

 

-Contesta -repitió Snape bajando su tono de voz.

Elyon retrocedió un paso. Por primera vez desde que lo conocía, tuvo miedo al estar frente a él. No podía explicarlo, pero había algo en su mirada, algo en sus ojos, que le inspiraba terror. La chica retrocedió un paso más, y luego otro, dispuesta a salir corriendo.

-No, esta vez no vas a escapar -rugió el profesor cogiéndola del brazo con fuerza antes de que la joven emprendiera la huida-. Vas a contestarme aquí y ahora.

La joven forcejeó sin éxito.

-No quiero volvértelo a repetir ¿Qué hacías espiando tras la puerta?

Elyon era incapaz de mirarlo a la cara, solo quería salir de allí y librarse de la zarpa del chico, que apretaba su brazo cada vez con más fuerza.

-¡Suéltame! -gritó ella- ¡Me haces daño!

-No hasta que contestes.

Snape estiró de ella hasta el interior de su despacho, con tanta fuerza que al soltarle el brazo, la chica perdió el equilibrio y se golpeó contra el escritorio del profesor. Elyon levantó la vista. El hombre cerró la puerta y se acercó a ella. Elyon intentó salir de allí, pero una vez más no fue lo suficientemente rápida. Snape la volvió a atrapar cuando intentó llegar a la puerta y la estampó contra la pared acorralándola.

-Solo lo diré una vez más -el profesor la sujetó por los hombros contra la pared- ¿Qué has escuchado?

La chica giró el rostro, no quería mirar a aquellos ojos negros y profundos, ahora incluso peligrosos. Snape le giró la cara obligándola a mirarlo, impaciente por la respuesta.

-Me mentiste -sollozó ella- Dijiste que no eras un mortífago, pero sigues siendo de su círculo.

-¿Realmente crees que solo por hablar con él ya soy mortífago? -le dijo airado.

-Nadie se relaciona con gente así si no es uno de ellos.

-No saques conclusiones tan a la ligera -le espetó él.

-Admítelo, sigues siendo un mortífago… y además odias a los elfos y todo lo que tiene que ver con ellos… por eso no me tratas bien.

-Eso no es verdad -Snape le mantuvo la mirada.

-¡Sí que lo es! -le gritó ella- Lo veo en tus ojos.

-No sabes nada sobre mí, nada -Snape bajó el tono de voz de forma peligrosa-. Pero una de las pocas cosas que debes saber es que…

-¡Di la verdad por una vez! -gritó Elyon revolviéndose de nuevo para separarse de él, que la seguía teniendo aprisionada contra la pared.

-No te consiento que me levantes la voz.

-¡Pues dímelo!

-¡Eso a ti no te incumbe! -Snape comenzaba a perder los nervios.

-¡Sí que me incumbe!

-¡Cierra la boca, y contesta mi pregunta de una jodida vez! ¡¿Qué has escuchado?! -el joven tenía los dientes apretados.

- Solo eres un penoso cobarde -Elyon lo miró con odio.

Snape sintió un aguijonazo en su interior. No era la primera vez que se lo habían dicho, y como la última, su sangre hirvió. Recordó a aquellos muchachos de Gryffindor, riéndose de él a mandíbula partida mientras repetían una y otra vez aquella frase. Elyon vio aquella rabia en sus ojos, y su miedo se incrementó, ya que aquel joven que la retenía parecía ser capaz de cualquier cosa en esos momentos.

-Bien, ¿quieres saber lo que opino sobre los elfos? -el hombre habló despacio, cada palabra estaba llena de odio y rabia- Nunca los he soportado. Siempre tan perfectos, tan… su mera presencia me da arcadas.

Sin darse cuenta apretó su agarre, y la chica ahogó un quejido.

-Por eso me pareció divertido el plan del Señor Tenebroso ¿Atacar el Callejón del Sauce? ¿Por qué no? Era una forma espléndida de dar una lección a esos que se hacían llamar la más pura estirpe de la magia.

Cada palabra era como una puñalada para Elyon, todo lo que le estaba contando… jamás hubiera creído que dentro de una persona cupiera tanto odio.

-Fui uno de los primeros voluntarios para el ataque.

Por un momento se quedó sin aire. Voluntario, voluntario… aquella palabra resonó en su cabeza con un doloroso eco. No… aquello no… todo el mundo le había dicho que él no era un asesino, que era una buena persona, pero esa posibilidad se hizo añicos al escuchar aquella confesión de sus labios.

-¡Suéltame! -le gritó ella sin poder aguantar más las lágrimas.

-¡No! Querías saberlo y ahora lo sabrás.

-¡Aléjate de mí! -intentó deshacerse de su agarre.

 -¿Quieres saber lo mejor? -sonrió él con maldad, se inclinó sobre ella acercándose a su oído- Que volvería a repetirlo -le susurró.

Elyon se quedó sin respiración.

-¡Mientes! -le gritó ella golpeándolo en el pecho- ¡Me dijiste que estabas arrepentido!

Snape soltó una carcajada soltándola, y se apoyó en la pared poniendo sus manos a cada lado de la chica, de forma que su rostro quedó a solo unos centímetros del de ella.

-Te mentí.

Con lágrimas en los ojos se escabulló bajo los brazos del joven y salió corriendo del despacho. Snape se quedó solo. Su corazón estaba acelerado por la rabia. Recordó la expresión de la chica, aquel miedo, aquel dolor… Cerró los ojos con cansancio. Se sentía ruin, la sangre volvió a hervirle, ¿por qué le había dicho eso? ¿Solo porque le había echado en cara que para su desgracia aún tenía que fingir ser amigo de despojos como Lucius Malfoy? Apretó los puños intentando controlar la rabia que una vez más se acumulaba dentro de él. Con un grito de impotencia volcó una de las estanterías, los frascos de cristal se rompieron y el líquido que había en su interior se esparció por todo el despacho. "Idiota, maldito idiota, ¿qué te ha hecho ella? Solo estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado" Se apoyó en la pared "Menuda me espera con Albus después de esto" Resbaló por la fría piedra hasta sentarse en el suelo.

 

 

Llegó corriendo al cuadro de la señora Gorda.

-Hace cinco minutos que deberías estar durmiendo -le dijo el cuadro con enfado.

-Hocus Pocus -dijo Elyon secándose las lágrimas.

-¿Te encuentras bien? -la mujer la miró preocupada- Solo lo digo por tu bien, para que Filch no te castigue, no hace falta que llores.

-¡Hocus Pocus! -repitió ella con enfado, lo último que necesitaba era el sermón de un cuadro.

Entró en la Sala Común, todos se habían ido ya a sus respectivos dormitorios. Pero no subió al suyo, no podía, ¿qué le iba a decir a Lisa si seguía despierta y la viera llorando? ¿Qué Snape le había mentido y se había reído a su costa con otros mortífagos? Apretó los puños y se dio cuenta de que aún tenía la botella del somnífero en la mano. Con rabia, lanzó la botella al fuego de la chimenea. Hubo una pequeña explosión y durante unos momentos las llamas se tornaron violetas.

Se sentó en uno de los sofás intentando calmarse, pero una vez más rompió a llorar. Seguía sin entender por qué le habían dolido tanto las palabras de Snape, al fin y al cabo era de esperar teniendo en cuenta su pasado. Pero aun así le habían dolido profundamente. Aunque lo peor había sido su mirada, se estremeció al recordarla. Un batir de alas la sacó de su ensimismamiento. Eizen se posó en uno de los brazos del sofá y la miró con comprensión, ofreciéndole apoyo. Elyon sonrió y acarició al halcón con cariño, se tumbó en el sofá sin dejar de sollozar. El animal se acurrucó junto a ella en actitud protectora.

… el bosque estaba sumido en un silencio absoluto, solo se escucha la nieve crujir bajo sus pies. Siguió andando entre los árboles y arbustos. Frente a ella apareció un rastro rojo sobre la nieve inmaculada, alzó la vista siguiéndolo y su corazón se encogió. Frente a ella se habría un claro que estaba sembrado de cadáveres. Entre ellos vio a sus padres, a los elfos del Callejón del Sauce, y a un niño pequeño que le resultaba extrañamente familiar. En medio de todos aquellos elfos muertos había una figura alta, envuelta en una capa negra. Su rostro estaba oculto bajo una capucha, pero de esta salían dos mechones de pelo rubio platino, prácticamente tan blanco como la nieve que los rodeaba, y tan largos que arrastraban por el suelo. Fuera quien fuera, estaba tarareando algo, una canción que ya había escuchado, pero que no podía recordar. Y la estaba mirando. Aunque no podía verle el rostro, sabía que la estaba mirando. Elyon retrocedió, tenía que salir de allí. Pero topó de espaldas con algo que la agarró con fuerza. Ella miró hacia atrás y vio que era Lucius quien la retenía. Volvió a mirar al frente. Junto al hombre encapuchado estaba Snape, con el rostro inexpresivo. El hombre encapuchado sacó de su capa una daga y se la dio al chico, que comenzó a caminar hacia ella. Entonces los muertos abrieron los ojos, que tenían la mirada blanca y vacía, y la miraron. "Esto es por tu culpa" los muertos comenzaron a hablar en susurros audibles, todos al mismo tiempo y de forma caótica. "Por tu culpa", "Tú nos mataste", "Tu culpa", "Has de pagar", "Tu vida", "Has de pagar con tu vida", "La tuya por la nuestra", "Tu culpa", "Tú nos mataste" Elyon miraba aquello con horror. No podía escapar de Lucius mientras veía como Snape se acercaba a ella con la daga firmemente sujeta. Ella gritó con impotencia, pero apenas se la escuchó por encima de las voces de los muertos. Finalmente el chico llegó hasta ella. "Como echaba de menos esto" le dijo con una sonrisa cruel. Y sin decir nada más, hundió el cuchillo en su estómago "Has de pagar, tu vida por la de ellos" le dijo retorciendo la daga provocándole un dolor horrible que le cortó la respiración.

 

 

Remus despertó sobresaltado, sentía una horrible angustia en el pecho. Algo le había pasado a Elyon, algo horrible. No sabía cómo, pero podía sentir su pánico y desasosiego. Se levantó corriendo de la cama y se arrodilló junto a la chimenea. Él ahora estaba muy lejos para poder ayudarla, pero había alguien en el castillo que sí podía.

 

 

Dumbledore bajó corriendo las escaleras, su preocupación había aumentado al no haberla encontrado en la Sala Común tras el mensaje de Remus. ¿Y si la habían atrapado? ¡No! Jamás osarían entrar en el colegio por temor a su ira. La joven tenía que seguir en el castillo, ¿pero dónde? Un maullido le hizo abandonar la carrera. La señora Norris se movía inquieta en la entrada de uno de los pasillos mientras maullaba con urgencia mirando al anciano. El profesor sonrió, al parecer había alguien que sí sabía dónde estaba la chica.

La biblioteca estaba oscura, pero en su penumbra resonaba un sollozo. Dumbledore respiró aliviado, la había encontrado. Siguió a la gata por entre las estanterías hasta que vio a Eizen en el suelo, que miraba a Elyon con preocupación. La muchacha estaba hecha un ovillo agarrándose las rodillas, sin dejar de llorar y temblar presa del miedo.

-Elyon -la llamó el profesor alargando una mano.

Pero en cuanto la tocó, la chica dio un respingo y se alejó de él hasta topar contra la pared. La joven lo miró confusa, sin reconocerlo.

-Calma, soy yo, Abus Dumbledore -sonrió el anciano- ¿Te acuerdas? No voy a hacerte daño.

Elyon siguió llorando encogida contra la pared, sin mostrar signo alguno de reconocer al preocupado anciano que se acercó de nuevo a ella. La luz de la luna iluminó la mirada azul de Dumbledore. Entonces ella lo reconoció y se lanzó a sus brazos echa un mar de lágrimas, buscando protección.

-¿Es mi culpa, lo es?… -sollozó ella- Quieren mi vida a cambio de la suya…

-Tranquila, mientras estés en este castillo estás a salvo -le susurró el anciano.

-¡No! Él vendrá a por mí… está aquí en el castillo. Por favor, no deje que se me acerque -siguió rogando ella con amargura.

Dumbledore la miró extrañado, no entendía nada, y le preocupaba que Voldemort hubiera vuelto a jugar con su mente. Aprovechando su estado de nerviosismo, el profesor puso una de sus manos en el húmedo rostro de la chica y cerró los ojos concentrándose para leer su mente. Al abrirlos de nuevo los ojos suspiró con cansancio. Algo había pasado entre ella y Snape.

Cuando la joven se hubo calmado un poco, Dumbledore condujo a Elyon hasta el despacho de McGonagall. La mujer se sorprendió al encontrar al director acompañado de la muchacha, que seguía sollozando con amargura.

-Por favor, quédate un momento con ella, tengo que aclarar un asunto -le pidió el profesor.

Elyon entró en el despacho de McGonagall sin decir nada y con la mirada baja y perdida. La profesora la miró con preocupación. El director le hizo un gesto a la mujer dándole a entender que más tarde se lo explicaría todo.

 

Snape suspiró, no sabía cuánto tiempo había pasado así, mirando a la nada, sentado en el suelo. Finalmente decidió que lo mejor era irse a dormir, o a al menos intentarlo. Apoyó una palma en el suelo para levantarse. Ahogó un quejido cuando uno de los fragmentos de cristal procedentes de los frascos rotos se incrustó en su piel.

-Esto me pasa por idiota -gruñó él- Por comportarme como un maldito adolescente que es incapaz de controlar sus emociones.

Se quitó el trozo de cristal con los dedos, el profundo corte de su palma sangraba abundantemente, pero no le importaba.

La puerta chirrió al abrirse.

-¿Qué ha pasado aquí? -preguntó Dumbledore al ver el estado del despacho, con una de las estanterías volcadas, y trozos de cristal y restos de poción por todas partes.

-Un arranque tonto -admitió el joven profesor.

Dumbledore lo miró con el ceño fruncido ¿Desde cuándo Severus se dejaba llevar por un ataque de ira?

-¿Tiene este arranque tonto algo que ver con Elyon? -el director lo miró con severidad.

Snape no contestó, pero la forma de apartar la mirada fue respuesta suficiente para el director.

-¿Qué ha pasado esta vez?

-Tonterías.

-¿Tonterías? -Dumbledore estalló en cólera- Acabo de encontrar a Elyon en la biblioteca llorando y con un ataque de pánico peor que el que tenía la noche en la que murieron sus padres ¡Así que no digas que ha sido una tontería!

-No ha sido para tanto, no para que entre en pánico -Snape lo miró confuso ni siquiera la había agredido.

-Algo has debido de hacer o decir que le ha provocado una horrible pesadilla -insistió el anciano.

-¿Pesadilla? ¿Qué pesadilla? -el chico lo miró a los ojos, y mediante la legeremancia, las imágenes del sueño parecieron ante él.

Sintió un nudo en el estómago, ¿sería posible que aquella discusión la hubiera hecho pensar que él sería capaz de hacerle daño?

-¿Qué ha pasado Severus? -repitió Dumbledore.

-Estaba hablando con Lucius… y Elyon estaba tras la puerta, me escuchó hablar con ese idiota sobre… Ya sabes, nuestro desagrado por los elfos -comenzó a relatar el profesor-. Cuando la encontré tras la puerta me enfadé, más conmigo mismo que con ella. Detesto tener que seguir relacionándome con esos snobs, y encima ella lo escuchó prácticamente todo… y empecé a gritarle.

-Por eso no se tiene una pesadilla en la que tu profesor te apuñala -el director estaba esperando el resto de la historia.

-Pero es que fue lo que hice, le grité. Pero ella insistió en el tema de los elfos y yo… perdí los estribos -concluyó él con una mirada de culpabilidad-. Sé que no debí hacerlo, pero me plantó cara llamándome cobarde por no querer admitir que la odiaba por su ascendencia, eso me encendió y… le mentí.

-¿Qué le dijiste? -Dumbledore comenzó a temerse lo peor.

-Que me presenté voluntario para el ataque del Callejón del Sauce y… y que disfruté -las últimas palabras se convirtieron en un susurro.

El director cerró los ojos con cansancio.

-A veces pienso que no has cambiado nada Severus, aun te sigue gustando hacer daño a la gente…

-No era mi intención, no me di cuenta de lo que había dicho hasta que se fue corriendo -se excusó él.

-Ese es tu problema: nunca te das cuenta, nunca mides tus palabras o tus actos, nunca te han importado los sentimientos ajenos.

-Eso es mentira -gruñó el chico apretando los puños.

-Yo no puedo saberlo porque nunca me has demostrado lo contrario. Si quieres seguir conservando la segunda oportunidad que te brindé, arregla esto, habla con ella y sincérate por una vez en tu vida. Porque si esta situación no mejora, me veré obligado a tomar medidas.

El silencio reinó en el despacho. Finalmente Dumbledore salió por la puerta.

-Y ve a la enfermería y cúrate el corte de la mano, si se te infecta no podrás dar clase -le recomendó el anciano antes de desaparecer tras la puerta.

Severus corrió tras él.

-Albus, nuestra discusión solo explica que yo la apuñale ¿De dónde ha salido el resto de la pesadilla? -le dijo con seriedad- ¿Qué es lo que no me has contado sobre Elyon?

Dumbledore se dio la vuelta y lo miró pensativo.

-Bueno… creo que este es un buen momento para ponerte un poco más al día sobre su pasado -suspiró-. Ve a la enfermería primero. Nos vemos en mi despacho.

Severus asintió y lo vio subir las escaleras. Cerró los ojos con cansancio,  a veces él mismo dudaba de si se merecía aquella segunda oportunidad, de si conseguiría cambiar, de si llegaría el día en el que pudiera convivir con él mismo. Pero quizá cumplir con el cometido que Dumbledore le había impuesto le ayudaría a redimirse.

   

 

Lisa miró a su amiga con preocupación, no había abierto la boca en toda la mañana, la había encontrado en el Gran Comedor cuando bajó a desayunar, pero la chica apenas había probado bocado y al saludo de "buenos días" había contestado con un asentimiento de cabeza. Johnny y Grace también estaban preocupados, la veían apagada, triste, por eso no se habían peleado en toda la mañana, no querían empeorar el ánimo de la chica.

Elyon tenía un nudo en el estómago que no le había dejado desayunar. Ese día tocaba Pociones. El simple hecho de tener que mirar a aquellos ojos negros… un escalofrío le recorrió la espalda despertando sus ganas de llorar. Recordaba aquella mirada llena de odio y rabia, y también sus palabras: "volvería a repetirlo".

Snape la miraba con discreción desde su mesa, la joven no levantaba la vista de su caldero y estaba extremadamente tensa. ¿Cómo iba a disculparse con ella si seguramente echaría a correr nada más verlo? La clase acabó y los alumnos se apresuraron a abandonar el aula congelada a aquellas alturas del año. El profesor se acercó a la puerta para retener a Elyon unos minutos, pero la chica fue una de las primeras en salir, y el tampoco hizo nada por impedirlo. Aquel no era el mejor momento, había más gente alrededor.

-Elyon, si no hablas empezaré a pensar que Filch te ha arrancado la lengua o algo parecido -comentó Johnny sentado frente a ella en la mesa Gryffindor.

La chica no contestó, estaba como ida, con el tenedor en la mano, pero sin probar bocado. Dumbledore la miró con preocupación, desde la pasada noche no había dormido, ni comido, ni dicho nada. El director seguía viendo el miedo en sus ojos. Miró a su izquierda, Snape no había venido a comer, no lo había visto en todo el día. 

 

 

-¿Has hablado ya con ella? -el anciano lo traspasó con sus ojos azules.

-No.

-Creo que dejé bien claro que tenías que solucionar esto -le dijo el director con creciente enfado.

-No he tenido oportunidad, cada vez que me ve sale prácticamente corriendo -explicó el chico.

-Entonces encuéntrala y retenla, tienes una gran facilidad para acorralar a la gente, por una vez utilízala bien -exigió Dumbledore.

 

 

Hacía frío. Por los enormes ventanales sin cristal de la lechucería se colaba el gélido aire y la nieve que este arrastraba. Eizen comía felizmente unos ratones de campo que le había conseguido Elyon. El pequeño halcón no se había separado de ella desde la pasada noche salvo en las clases. La joven se lo agradecía profundamente, porque en esos momentos era el único que la entendía.

-Elyon, tengo que hablar contigo -la voz resonó en la torre.

La chica sintió un escalofrío, y sin saber por qué le entraron unas terribles ganas de llorar. Eizen se erizó preparado para atacar al joven en cuanto diera un paso hacia la chica.

-Déjame -musitó ella, su voz era débil y temblorosa.

-Lo de ayer noche… no era verdad… no del todo…

Elyon se giró con los ojos llorosos y lo miró con rabia.

-Ya hablaste bastante, ¡no quiero escuchar nada más! ¿Me oyes? ¡Nada más! -le gritó ella caminando hacia la puerta con Eizen en el brazo.

-¡Escúchame un momento! -pidió él.

Intentó agarrarla por el hombro, pero el halcón chilló e intentó picarle. Snape retiró la mano con rapidez y se interpuso en el camino de la chica hacia la salida.

-¡Apártate! -Elyon lo miró con rabia.

-No hasta que me escuches.

-¿Y qué vas a decirme? Espera un momento, ya lo sé: estabas cabreado porque me encontraste tras la puerta y por eso me gritaste todas esas cosas, ¿verdad?... Y no he necesitado leerte la mente -la joven sonrió con mofa.

-Modera tu tono -Snape la miró sombrío.

-Déjame en paz -repitió ella-. Ayer ya descubrí bastante sobre ti, no intentes negarlo todo ahora. Para una vez que eres sincero conmigo…

-¡Déjate de estupideces! ¿Quieres saber la verdad? Si me dejas te la diré -Snape comenzaba a perder los nervios, y no debía, tenía que mantenerse sereno o no conseguiría arreglar nada.

Elyon se mantuvo seria. Eizen seguía erizado en el brazo de la chica, bufando de vez en cuando.

-No voy a negarte que me presté voluntario, pero yo pensaba que sólo iba a ser un susto, que solo íbamos a destrozar un par de comercios. Pero la cosa se descontroló y acabó… cómo tú sabes… esa fue una de las primeras causas que me hizo replantearme el hecho de abandonar a los mortífagos.

La chica lo miró fijamente, en silencio. El único color que parecía haber en su rostro en aquellos momentos era el rosado de las mejillas ante el frío del lugar.

-Eso no cambia nada, fuiste un voluntario -la voz de Elyon resonó en la lechucería-. Sigues odiando a los elfos… me… me odias por eso…

-No te odio por eso… -refunfuñó él.

La joven lo miró dolida. "Severus, eres genial, has vuelto a cagarla", se dijo a si mismo.

-De acuerdo, ya me has aclarado las cosas, ahora déjame ir -insistió ella.

-¿Por qué eres incapaz de creerme? -le preguntó él exasperado.

-Haz memoria -la chica lo fulminó con la mirada.

Empujó al joven para hacerlo a un lado y poder salir, pero este se mantuvo en su sitio.

-¡Déjame salir!

-No hasta que me creas.

-Te creía hasta ayer… la has cagado tú solo… yo… yo… confiaba en ti -Elyon lo miró con los ojos inundados de lágrimas-. Pero no volveré a ser tan estúpida… no volveré a caer en tu trampa.

-Dame otra oportunidad -Severus la agarró por un brazo mirándola fijamente mientras Eizen lo observaba listo para atacar.

-No, ya te he dado demasiadas ¡Déjame en paz! -lo empujó para que se alejara de ella.

Snape salió disparado hacia atrás chocando con fuerza contra una de las paredes de la lechucería. La chica lo miró asustada unos segundos, su corazón estaba acelerado ¿Qué había pasado? Sintió la necesidad de correr a su lado para ver si estaba bien, pero en vez de eso dio media vuelta y se fue. Snape la vio salir de la torre, con un gruñido de dolor se levantó, odiaba que los elfos pudieran hacer magia sin la necesidad de varita, porque no le daba tiempo a reaccionar. Le dolía la espalda, pero en el fondo, lo que más le dolía era ser incapaz de convencer a una cría. "Pues si quiere hacerlo por las malas, será por las malas"

 

 

Las clases del viernes habían acabado, pero para ella el peor día de la semana estaba aún por llegar. Dumbledore le había dicho personalmente que no se podía permitir perder más clases de Oclumancia y Legeremancia. Pasar dos horas casi consecutivas a solas con Snape iba a ser prácticamente un infierno. El profesor había cambiado su carácter de forma radical, se había vuelto más frío y cruel con los alumnos, especialmente con Elyon. Durante la semana había puesto un especial empeño en humillarla e intentar castigarla, por suerte para ella, esto último no lo había conseguido.

-Menos mal que ya hablas, tenerte como una zombi no tiene gracia -comentó Johnny sentado en el respaldo de uno de los bancos del patio interior del castillo.

Elyon se encogió de hombros, ¿qué podía decir? No conseguía quitarse de la cabeza las clases con Snape, tenía que admitir que estaba aterrada.

-¿Estás bien? -le preguntó Lisa- Últimamente no eres la misma.  

-Sí, estás más rara de lo habitual -Johnny alzó una ceja.

-¡¿Qué insinúas?! -Elyon lo fulminó con la mirada.

El chico durante un momento la miró con miedo, pero acto seguido comenzó a reír.

-Bueno, al menos sabemos que estás al tanto de lo que decimos -rió Will.

Alzó los nudillos, pero no tocó a la puerta, no se atrevía. Aunque estaba segura de que sería peor entrar sin llamar.

-¿Cuánto tiempo piensas pasar mirando la puerta? -una voz fría a su espalda le hizo dar un brinco- Entra, tenemos que adelantar todo lo que hemos perdido en las últimos semanas.

El despacho estaba oscuro, y parecía que hacía más frío del habitual. Entró con la cabeza baja.

-Contaré hasta tres -Snape se situó frente a ella con la varita en alto-. Uno… dos… tres.

Sintió un terrible aguijonazo, como si le estuvieran clavando en la cabeza un punzón al rojo vivo.

-¡Basta! -gritó ella con lágrimas en los ojos- ¡¿Qué haces?! ¡Eso ha dolido!

El chico la miró con frialdad, sin reflejar en su mirada sentimiento alguno.

-Hasta ahora, digamos que no he puesto empeño, pero ya va siendo hora de que te enfrentes a un ataque real.

Para Elyon aquella hora fue una pesadilla, el dolor de cabeza se convirtió en una tortura, apenas podía contener las lágrimas de dolor. En Legeremancia no pudo concentrarse, y lo único que recibió fueron insultos, a cada cual más cruel. No quiso ver a nadie el resto del día, se sentía débil y desprotegida, y no podía acudir a Dumbledore, porque la ignoraría quitándole, como siempre, importancia al asunto.

Por la mañana sintió que le revolvían el pelo, al abrir los ojos vio como Eizen jugueteaba con su pelo. Iba a seguir durmiendo, pero el halcón comenzó a revolotear a su alrededor, hasta que consiguió que la chica se levantara y bajara a desayunar. Una enorme sonrisa se dibujó en su rostro cuando se encontró en el vestíbulo del castillo con un chico castaño que la saludó con la mano tímidamente. Elyon corrió hasta él y lo abrazó con fuerza.

-¿Qué tal estás? -le preguntó él frotándole la espalda.

Como respuesta obtuvo un sollozo, Remus la abrazó con más fuerza. Dumbledore no había querido aclararle qué había pasado hacía unas noches, tenía pensado preguntárselo a Elyon, pero visto lo visto, era mejor no tocar el tema, a no ser que ella misma decidiera contarlo.

-Esa no es la respuesta que esperaba -medio rió él.

-Perdón… el estrés -musitó ella soltándolo y secándose las lágrimas.

El joven torció el gesto. "Sí, seguro que es el estrés", pensó con ironía.

-Dumbledore me ha dicho que puedo llevarte a Hogsmeade, ¿te apetece?

La chica asintió, le vendría bien alejarse del castillo y de todo lo que él suponía. El camino al pueblo le resultó más largo de lo normal, a pesar de estar con Remus no se sentía tan feliz como siempre que estaba con él, el desánimo y la tristeza no desaparecían, aunque se habían hecho más llevaderos. Comieron en las Tres Escobas, había empezado a nevar, así que prefirieron esperar junto al fuego a que el tiempo mejorara. Pasaron el resto del día paseando por las blancas calles, hablando de todo y de nada en particular. Cuando comenzó a oscurecer, emprendieron el regreso al castillo. El humor de Elyon había mejorado a lo largo del día, así que Remus vio la oportunidad de preguntarle qué había pasado aquella noche. 

-Tuve una pesadilla.

-¿Sólo eso? -el joven alzó una ceja incrédulo.

-Bueno… antes de la pesadilla tuve una pelea con Snape -musitó la chica con la vista baja.

Casi en un susurro la muchacha relató todo lo ocurrido desde la pelea.

-Sinceramente no me sorprende -comentó Remus-, siempre supe que era un cabronazo frío y cruel. Pero no has de preocuparte, Dumbledore y yo te protegemos, si intenta algo se llevará su merecido.

-Dumbledore no me escucha, excusa a Snape siempre que puede, y cuando saco un tema referente a él, empieza a echarme un sermón sobre inmadurez -se quejó Elyon con amargura.

-Ya verás cómo todo se soluciona, si hace falta iré yo a hablar con Dumbledore.

La joven sonrió agradecida. Finalmente llegaron a las enormes puertas de roble.

-Aquí nos despedimos -suspiró Remus.

-¿No puedes quedarte un poco más? -pidió Elyon sin soltar su brazo.

-Sabes que no, tengo que coger el tren en dos horas.

-¿Y por qué no te vas con polvos flu?

-Siempre tienes una respuesta para todo -rió el chico-. Teóricamente están prohibidas las visitas a los alumnos durante el curso, si me ven por aquí los demás estudiantes se quejarán, y no quiero causarle quebraderos de cabeza a Dumbledore. Además, la red flu no está instalada en mi casa.

La chica suspiró con resignación y lo abrazó con fuerza.

-Que tengas un buen viaje de retorno -se despidió Elyon.

-Cuídate, y si tienes algún problema mándame una lechuza, sabes que tienes mi ayuda para lo que sea -sonrió Remus.

Unos pasos resonaron en el enorme vestíbulo, ambos se giraron y se toparon con unos ojos que los observaban llenos de ira y repulsión. Aquel intercambio de miradas pareció durar horas, finalmente Snape siguió su camino entrando en el Gran Comedor. Remus frunció el ceño, no habían intercambiado palabra alguna, pero aquella mirada le había bastado, lo conocía, y sabía de sobra que estaba de un mal humor insoportable. El joven se dispuso a terminar de despedirse de Elyon, pero se quedó sin palabras al verla. Estaba agarrada a su brazo con fuerza y se había colocado tras él, buscando protección. Su mirada estaba fija en las puertas del Gran Comedor y sus ojos verdes estaban inundados por el miedo y la desconfianza. Ahora Remus tenía más claro que nunca que algo había pasado entre ellos, algo que Dumbledore no veía.

 

 

Cerró la puerta tras él, el piso, como de costumbre, estaba helado. Encendió la chimenea y se calentó las manos, tenía suerte de haber conseguido un piso con chimenea teniendo en cuenta su pobre sueldo. Lo malo era que como vivía en una finca muggle el Ministerio de Magia no quería conectar su chimenea a la red flu, aunque tras mucho papeleo consiguió que al menos le dieran permiso para poder comunicarse con ella. Y daba gracias a aquello, porque si no, no hubiera podido avisar a Dumbledore hacia unas noches. Como aquella vez, se arrodilló junto a la chimenea y echó un puñado de polvos al interior de la chimenea, tenía que contarle a Dumbledore la reacción de Elyon.

A Remus le comenzaban a escocer los ojos de cansancio, la discusión no parecía acabar nunca.

-Albus tú no la viste, estaba aterrada -insistió el muchacho.

-Seguro que fue producto de tu imaginación, de las ganas que tienes de que se lleven mal. Sé que no están en el mejor momento de su relación, pero es solo algo pasajero -razonó el anciano-. Yo me encargaré de ello.

-¡Pero…!

-Remus, estoy cansado, llevamos horas con esto. Puedes quedarte tranquilo, ¿de acuerdo? Buenas noches.

El fuego de la chimenea se extinguió y el licántropo maldijo por lo ciego que estaba Dumbledore algunas veces.

 

 

Por la mañana la lluvia había cesado, dejando el paisaje humedecido, fresco y casi sin nieve. Después de desayunar cogieron sus escobas y se dirigieron al campo de Quidditch que ese día estaba libre.

-¿No estará todo lleno de barro? -le preguntó Grace con una mueca.       

-Un poco de barro no te hará daño -contestó Will.

-¡Mujer de Dios! ¿No puedes dejar de pensar en la ropa ni un momento? -gritó Johnny.

-¿Y tú no puedes dejar esa estúpida frase muggle? -Lisa lo fulminó con la mirada- ¡Llevas dando el coñazo con ella dos semanas!

-Si no te gusta, no escuches, y si te pica, te rascas -contestó él encogiéndose de hombros.

-Vete a la mierda -le dijo la morena con los dientes apretados.

-Si ya estoy en ella -el chico se acercó a la gryffindor con una sonrisa burlona.

-¡Serás…!

En apenas unos segundos la chica le había cogido el cuello a Johnny mientras lo zarandeaba, y este para intentar zafarse la había cogido de las extensiones lilas que tenía la chica en el pelo.      

-¡Parad! -gritó Elyon corriendo junto a Lisa para que soltara al hupplepuff que comenzaba a ponerse azul.

-¡Retira lo dicho! -rugió Lisa.

-¡Vamos Johnny, discúlpate! -le aconsejó Will cogiéndolo de las muñecas para que soltara el pelo de la chica.

-¡Antes prefiero volverme un slytherin! -contestó el muchacho.

-¡Eh! -Will le dio una colleja al rubio, ofendido por el comentario.

-¡No le pegues! -Grace se encaramó en la espalda del slytherin para que dejara a Johnny.

-¡Bájate ahora mismo, que no eres un peso pluma! -le gritó Will.

-¡Ni se te ocurra insultarla, pijo! -Johnny soltó a Lisa y se abalanzó sobre él.

-¡Cómo le toques un pelo te arranco la cabeza, tejón! -Lisa corrió para socorrer a castaño.

Elyon no se creía lo que se había montado en apenas un segundo. Todos estaban gritando, insultando y empujando.

-¡Bastaaaaaaaa! -gritó ella vaciando sus pulmones.

Todos se callaron y la miraron. Grace seguía encaramada en la espalda de Will, este tenía a Johnny agarrado por un brazo, el cual a su vez se había agarrado a la pierna del chico para morderlo mientras Lisa le tenía cogida una pierna a Johnny para intentar alejarlo de Will.

-¿A vosotros os parece normal esto? -la chica los señaló con incredulidad- Se supone que tenéis casi quince años, ¡no cinco!

-¡A empezado él! -los cuatro se señalaron entre ellos.

-Dais pena -comentó su amiga.

-Vale, lo siento -gruñó Johnny soltando a Will e incorporándose- ¡Pero yo también quiero una disculpa!

-Sí, ¿y qué más? ¿Un besito en el culito? -Lisa lo miró con enfado.

-Eso es cosa tuya, si te apetece…

La chica apretó los puños y se abalanzó de nuevo sobre él, aunque esta vez Will la sujetó.

-Como volváis a pelearos… ya pensaré que hacer ¡Pero os aseguro que no os gustará! -los amenazó Elyon- Vamos Lisa, discúlpate.

-Pero…

-¡Sht! ¡Chitón! -la chica se había llevado un dedo a los labios con gesto autoritario- Hazlo.

Lisa gruñó y pateó la hierba mojada.

-Perdón -musitó sin mirar a Johnny a la cara.

-¿Cómo? Lo siento no te he escuchado -el joven se acercó a ella llevándose una mano tras la oreja.

-Perdón -repitió ella más alto.

-¿Y ya está?

Elyon carraspeó y lo miró con severidad. Johnny se rascó la nuca y sonrió.

-¡Vamos a jugar a quidditch! ¡Quiero pegaros una paliza! -riendo el joven salió corriendo en dirección al pequeño estadio.

-Creo que deberíamos hablar con sus padres para proponerles que lo mediquen -comentó Will con una ceja levantada.

-¿Acaso crees que nosotras no lo hemos pensado también? -Lisa miró a Johnny con desaprobación.

-Baaaaaaa, así es más divertido -rió Grace.

El partido no fue muy diferente a los que habían jugado anteriormente. Johnny se dedicó a placarlos para quitarles la bludger, aunque para alegría del equipo contrario, Will le hizo probar su propia medicina. Para la hora de comer habían quedado en empate y Johnny y Will tenían toda la ropa marrón y húmeda, ya que con los placajes habían conseguido tirar al otro al barro más de una vez.

-Sois los dos un par de brutos -se quejó Grace, que también había ido a parar al barro en uno de los placajes-. Me habéis puesto de barro hasta arriba, ¡y para colmo ahora estoy cogiendo frío!

-¡Deja de quejarte, mujer! -le dijo Johnny- Una buena ducha caliente y como nueva.

-Sí… ya… claro… -gruñó la chica.

-Un poco bruto sí que eres -admitió Will.

-Quejas, quejas y más quejas… sois unas nenazas -se burló el joven.

-Por si no lo habías notado, tres de nosotras somos chicas -comentó Lisa mordaz.

Johnny entornó los ojos y siguió caminando.

-Menudo idiota -resopló Lisa antes de resbalar y caer al suelo embadurnándose los pantalones.

Las puertas cerradas del Gran Comedor ahogaban las voces de los alumnos que ya esperaban ansiosos la comida.

-¡Quietos! ¡Malditos niños! ¿Cómo os atrevéis? -gritó Filch bajando las escaleras de mármol.

Los jóvenes se miraron entre ellos sin entender, hasta que repararon en el rastro de barro que habían dejado de camino al Gran Comedor.

-Ha sido un accidente, de verdad, no nos hemos dado cuenta -intentó calmarlo Johhny.

-¡Mocosos caradura y sin educación! ¿Pretendéis que me crea esa sarta de mentiras?

-¡No son mentiras! -protestó Elyon.

-¡Venid inmediatamente! ¡Os pondré un castigo que os servirá de escarmiento! -los ojos del celador se iluminaron con maldad.

-¡Para eso necesita el apoyo de un profesor! -recordó Johnny.

-Como queráis, seguidme -rió Filch.

-¿Tú estás tonto o qué? -le recriminó Grace.

-Tranquila, no hay ningún profesor que le dé la razón por algo como esto, ha sido un accidente -sonrió Johnny con autosuficiencia.

El celador comenzó a bajar los escalones hacia las mazmorras.

-¿Qué te apuestas? -gimió Elyon.

Filch se detuvo frente a la puerta de madera oscura, la golpeó con los nudillos mientras se aclaraba la garganta.

-Estamos muertos -sollozó Grace.

-Adelante -la voz fría del profesor se escuchó tras la puerta.

Los jóvenes entraron en el despacho con paso inseguro formando una piña tras el celador.

-¿Y bien? -Snape miró al grupo con el ceño fruncido.

-Este grupo de desconsiderados ha ensuciado el vestíbulo de barro justo cuando acababa de limpiar. He venido a su despacho a que me dé su apoyo para imponerles un castigo a medida -Filch cogió aire después de no haber hecho ni una pausa.

-Tienes mi permiso, impón el castigo que más les convenga -el profesor los miró con una sonrisa cruel, especialmente a Elyon, que no podía creer lo que estaba escuchando.

-¡Pero profesor! ¡Ha sido un accidente, tras la lluvia los terrenos están enfangados! ¡En ningún momento nuestra intención fue llenar el vestíbulo de barro y echar a perder el trabajo de Filch! -Will dio un paso al frente con el semblante serio.

-Señor Marti, si no quiere un castigo a parte del que el señor Filch le va a asignar, le aconsejaría callarse -contestó Snape serio nuevamente.

-Pero… -musitó Johnny, que se cayó ante la fulminante mirada del joven.

Filch los condujo hasta la lechucería después de haber ido a su despacho a firmar los castigos y coger un montón de bolsas, cubos y demás objetos de limpieza. El celador abrió la puerta de la lechucería y los hizo pasar.

-Vais a limpiar todo esto -ordenó.

Los chicos miraron a su alrededor, había montones de excrementos que les llegaban por encima de la cintura.

-Muy bien -sonrió Johnny sacando su varita.

-Sin magia, ¡dadme las varitas!

Refunfuñando los cinco se las entregaron. Filch salió de allí con una sonrisa dejándolos solos con los cubos, escobas y un hambre atroz.

-¡No es justo! ¡Fue sin querer! -se quejó Grace.

-Sin querer o no, Filch no nos dejará irnos hasta que limpiemos esto, seguro que está en la puerta. Así que lo mejor será que acabemos cuanto antes -razonó Lisa.

Pero pronto descubrieron que aquello no iba a acabar nunca, la torre estaba llena de lechuzas, que ensuciaban lo que ellos iban limpiando.

-Esto parece el cuento de nunca acabar -refunfuñó Elyon, que tenía las manos cansadas de barrer y frotar.

-Si consiguiéramos sacar de aquí a estos bichos, otro gallo cantaría ¡Fuera de ahí! -Johnny amenazó a uno de los animales con la escoba, pero la lechuza no se movió de su sitio.

-¡Eizen! -la chica llamó a su halcón, se le acababa de ocurrir una cosa.

El pequeño animal no tardó en aparecer por la lechucería con un pequeño conejo entre las garras.

-No me cansaré de repetir que me encanta tu halcón -sonrió Will.

-Eizen, ¿podrías sacar de aquí a todas las lechuzas y mantenerlas fuera un rato? -Elyon le rascó la barriga mientras engullía el conejo.

El halcón dio un gritito y alzó un vuelo rasante echando a las lechuzas, que entre molestas y atemorizadas por las afiladas garras del animal, se apresuraron en abandonar la torre.

-¡Tu halcón es la caña! -sonrió Johnny- Ahora sí que podemos acabar con esto.

El cielo comenzó a oscurecerse y aún seguían limpiando los excrementos blancos de las lechuzas. Algunos de los animales habían intentado volver a entrar, pero Eizen se lo impedía montando guardia en los ventanales.

-¡Se acabó! Ya está todo limpio- Lisa se sentó en el suelo muerta de cansancio.

-Sí, el problema es que ahora olemos que apestamos -se quejó Grace mirándose la ropa manchada de barro y excrementos.

-Que ganas tengo de darme un buen baño -suspiró Will.

Johnny abrió la puerta y llenó los pulmones de aire para gritar, pero antes de poder hacerlo la cara de Filch apareció por ella. Con los ojos saltones abiertos de par en par, escudriñó la lechucería con atención sin poder contener la expresión de asombro. Tanteó en sus bolsillos las varitas, comprobando que aquello no se había conseguido con magia.

-¡Largaos de aquí y que no os vuelva a ver ensuciando o el castigo que os ponga será peor! -les amenazó el hombre con un dedo tembloroso.

En cuanto les devolvió las varitas, salieron corriendo del lugar. Tras ellos voló Eizen con un destello plateado, y al dejar de vigilar los ventanales, las lechuzas se apresuraron en recuperar su lugar dentro de la torre.

-Esta me la va a pagar -refunfuñó Will apretando los puños-. Siempre creí que Snape tenía sus cosas buenas y malas, pero jamás imaginé que pudiera ser tan… tan…

A continuación soltó una larga lista de insultos dirigidos a su jefe de casa. Sus amigos lo miraron sorprendidos, jamás le habían escuchado decir nada parecido.

-Tranquilo amigo, nos vengaremos -Johnny le pasó un brazo por los hombros a Will guiñándole un ojo.

El chico rió, dando a entender que tenía su completa colaboración.



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