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Elyon » Capítulo 14
Elyon (R15)
Por Akuailu
Escrita el Jueves 3 de Junio de 2010, 08:12
Actualizada el Sábado 30 de Diciembre de 2017, 09:15
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Capítulo 14

Capítulo 14

 

Snape era mucho más rápido que ella, quien se había quedado rezagada en un santiamén. Miró el paisaje. El hombre corría por la orilla del lago a unos diez metros por delante de ella, quería alcanzarlo, no pensaba dejarlo escapar tan fácilmente. Sin dejar de correr, se aventuró a pisar el hielo, que resistió su peso sin quejarse, así que siguió corriendo por él resbalando de vez en cuando, pero atajando camino. Snape se giró para ver cuánta ventaja le llevaba.

-¡¿Estás loca?! -le gritó al verla correr por el hielo- ¡Sal de ahí antes de que se rompa!

-¡Tranquilo, es muy resistente! -contestó ella.

-¡Me da igual! ¡Es peligroso! -insistió el profesor.

Elyon no le hizo casi, y siguió su camino aprovechando que el hombre se había parado al verla. Resbaló y cayó de bruces una vez más, pero no se preocupó hasta que vio bajo ella una grieta. Con cuidado se puso en pie, pero el hielo comenzó a crujir amenazador.

-¡No te muevas! -le gritó Snape aventurándose sobre el lago helado.

-¡Decirlo es fácil! -se quejó ella intentando no perder el equilibrio en la quebradiza superficie.

Viendo que el hielo no la iba a sostener mucho más, se arriesgó a salir de allí, pero en cuanto comenzó a moverse, el hielo terminó de romperse y se hundió.

-¡Maldita sea! ¡Estate quieta! -el joven ya estaba cerca.

Pero la chica no pudo hacerle caso, porque el hielo no dejaba de romperse aquí y allá, hundiéndose y cortándole la retirada. Desesperada, dio un paso en falso, puso un pie en una placa, que con un fuerte crujido la encerró en una prisión de agua helada.

-¡Elyon! -gritó Snape llegando por fin junto a ella.

La joven apenas conseguía mantenerse a flote, el agua la aprisionaba, aquel frío se le clavaba por todas partes, sin dejarla respirar, sin dejarla moverse, apenas sentía sus extremidades. El profesor se echó sobre el hielo y alargó los brazos para alcanzarla.

-¡Dame la mano! -le dijo mientras intentaba llegar hasta ella.

Elyon lo intentó, pero estaba perdiendo el sentido de la orientación, y no sabía a dónde llevar la mano. Entonces las piernas la traicionaron, tragó agua, y se hundió. Con un último intento, Snape alcanzó su mano y estiró de ella con fuerza, por un momento creyó que él también caería al agua cuando el hielo crujió bajo él. Con esfuerzo sacó a la muchacha del agua, que tosió con fuerza al conseguir llenar sus pulmones con aire.

-T-Tengo frío -musitó con voz débil.

El profesor respiró aliviado al ver que, en cierto modo, se encontraba bien, aunque tiritaba con violencia. Con un movimiento de varita la secó, pero eso no ayudó a aplacar el frío que le había calado hasta los huesos.

-Podrías haber usado la magia antes de que me cayera al agua -se quejó ella con voz temblorosa.

-Si no te dejo cometer errores nunca aprenderás. Así que habértelo pensado mejor antes de meterte en el hielo -le reprochó él-. Creo que has cogido hipotermia -se quitó la capa, y la envolvió en ella-. Vamos a la enfermería.

Elyon se levantó con dificultad, sentía su cuerpo entumecido y las piernas le temblaban. Dio dos pasos y cayó de rodillas, apenas tenía sensibilidad en los pies. Snape la ayudó de nuevo a levantarse, comprobando que apenas se sostenía en pie. Entornando los ojos, la cogió en brazos, ella ni siquiera se quejó, simplemente se acurrucó en los brazos del hombre buscando algo de calor con el que poder combatir el frío. Snape caminó con cuidado por el hielo, intentando no resbalar, ni pisar una zona fina que pudiera quebrase bajo su peso.

-Voy a decirle a Albus que avise en la cena del estado del hielo del lago -comentó Madame Pomfrey malhumorada- ¡Ella es la quinta que se cae al lago por jugar en el hielo!

-No me extraña, no suelen pensar en lo que hacen -dijo Snape encogiéndose de hombros- Bébase eso.

-Huele que apesta -gruñó Elyon con asco.

-Habérselo pensado mejor antes de meterse donde no debía -contestó él guardando las formas frente a la enfermera.

Con una mueca, se tragó sin respirar todo el contenido del frasco, y nada más llegarle al estómago sintió una oleada de calor que se extendió por todo su cuerpo con rapidez. Elyon resopló, le parecía que en cualquier momento escupiría fuego como si fuera un dragón.

-Ya puede irse si quiere. Aunque debería encerrarla aquí por haberse ido sin permiso la última vez -la regañó la mujer.

La joven asintió y salió del lugar con rapidez, no fuera que la enfermera se replanteara mejor el hecho de castigarla.

-Creo que me voy a ir a la sala Común a descansar un poco -comentó la alumna mirando a su profesor.

Este se limitó a asentir y se fue escaleras abajo en silencio. Al llegar a la Torre de Gryffindor no vio a Lisa por ninguna parte.

-¿Habéis visto a Lisa? -le preguntó a Amber y compañía.

-No, no la he visto -contestó la muchacha encogiéndose de hombros.

-He escuchado que se ha armado follón en la biblioteca con un slytherin-comentó Judit con curiosidad.

-Sí, Johnny se ha puesto a gritar y… bueno… ya conocéis a la bibliotecaria -informó Elyon.

-Pues menuda les espera -suspiró Allyson mientras acariciaba a Pambell que ronroneaba en su regazo.

Estuvo un tiempo hablando con ellas y comentando los últimos sucesos curiosos del colegio.

 

 

Llegó la hora de la cena y Lisa seguía sin aparecer, al sentarse en el Gran Comedor miró a los alumnos de las cuatro mesas, pero no vio a Johnny, ni a Grace,  ni a Will. Al parecer estaban cumpliendo el castigo.

-Antes de cenar, quiero advertiros -anunció Dumbledore-. Últimamente  ha habido muchos accidentes en el lago a causa del hielo, así que os agradecería que no os aventurarais a caminar sobre él, ya que es quebradizo y traicionero, y el agua que hay bajo él está lo suficientemente fría para provocar sobre el accidentado una seria hipotermia -el director observó a sus alumnos que lo escuchaban con atención-. Bueno, y dejando de lado los peligros del invierno ¡A disfrutar de la cena!

Los platos se llenaron como de costumbre con comida y los jóvenes se lanzaron al ataque. Lisa y los demás entraron en la enorme estancia cuando estaban sirviendo los postres, todos tenían expresión de malhumor y caminaban cansados, arrastrando los pies.

-¿Qué tal? -le preguntó Elyon.

-¡¿Que qué tal?! -la chica la miró alterada- ¡Me he pasado la tarde ordenando por nombre y tamaño todos los libros devueltos a la biblioteca! ¡¿Tú cómo crees que estoy?!

-Tranquilízate, no eres la única que ha cumplido un castigo.

-Pero yo no he sido quien se ha puesto a gritar como un loco -gritó Lisa exasperada-. Cuando lo pille se arrepentirá de haber nacido.

Elyon suspiró y cogió un trozo de tarta de manzana, prefería dejar el tema antes de que su amiga terminara por explotar.

   

 

Ya en sus habitaciones, parecía que Lisa se había calmado. Elyon se puso el pijama y sacó del cajón de su mesita la poción para dormir que un mes antes le había dado Snape.

-No sé si debería preguntar… pero… ¿qué es eso que te tomas todas las noches antes de irte a dormir? -le preguntó la morena.

-Es una poción para poder dormir sin soñar, suelo tener muchas pesadillas -explicó su amiga dándole un trago a la botella con una mueca de asco ante el amargo sabor del líquido.

-Pues no es por meterme dónde no me llaman… pero no te está funcionando muy bien -Elyon la miró extrañada-. Porque a veces te he escuchado hablar en sueños, en una ocasión gritaste tanto que nos despertaste a todas.

-¿De-de verdad? -la muchacha la miró avergonzada.

-Sí… pero ninguna nos atrevimos a decirte nada.

-Pues deberíais habérmelo dicho -se sonrojó ella-. Hablaré con Madame Pomfrey para ver qué se puede hacer.

Ambas se metieron en la cama y Yira saltó sobre la colcha de su dueña entre ronroneos.

-¿No eres capaz de dormir sola? -sonrió Lisa cogiendo a la gata de angora, de pelo negro azabache, y la colocó junto a ella.

-Me gusta tu gata, es muy cariñosa -comentó Elyon acurrucándose entre las cálidas sábanas.

-Sí, por eso la quiero tanto, por eso y porque me la regalaron mis padres antes de que todo comenzara a empeorar… -susurró Lisa con tristeza.

Entonces Allyson, Judit, Amber y Alex entraron en el cuarto riendo.

-¡Buenas noches dormilonas! -rieron las chicas.

 

 

Después de la clase de Pociones, Elyon se retrasó para poder hablar con Snape sobre la poción.

-Necesito hablar contigo -le dijo la chica.

-¿Tiene que ser ahora? Estoy ocupado -contestó él con brusquedad.

-Es sobre la poción que me diste para no soñar -insistió ella-. No funciona.

-¿Cómo que no funciona? Cuando te pregunté me dijiste que sí -el profesor la miró con enfado.

-Me despierto más descansada, pero mis compañeras me han dicho que me han escuchado hablar en sueños y… y gritar…

Snape la miró pensativo.

-Bien, veré lo que puedo hacer.

-Gracias -se despidió la alumna.

Una vez terminada la cena, Snape se dirigió al despacho del director. Llamó con energía a la maciza puerta de roble, y una voz amable lo invitó a entrar.

-Buenas noches -saludó él.

-Buenas noches. Espero que no vengas a mi despacho para reanudar las críticas y las quejas -sonrió el anciano.

-No, simplemente vengo a informar: la poción para dormir parece ser que no funciona como esperaba -le dijo acercándose a una de las ventanas del dorado despacho.

-¿A qué te refieres?

-Ella nota una mejoría cuando despierta, está más descansada. Pero según ha podido averiguar por sus compañeras, sigue sufriendo pesadillas.

-Vaya, me temo entonces que no nos va a ser posible ayudarla, según tú, la poción que le proporcionaste era especialmente potente…

-Sí.

-Así que no veo conveniente que se aumente la concentración, si por lo menos se despierta mejor, significa que en algo hemos podido ayudarla -concluyó Dumbledore dándole una pequeña fresa a Flawkes que la engulló felizmente.

-Quizá se podría volver a intentar la legeremencia, puede que así las pesadillas desaparecieran -propuso el joven profesor.

-¿Qué te hace pensar que son recuerdos lo que la atormentan?

-Intuición -Snape se encogió de hombros.

-No creo que lo logres, si fuera como el asunto del Callejón, te habrías dado cuenta en la clase de Oclumancia. Por mucho que lo intentes no conseguirás nada.

-Pero si no lo probamos…

-Le harás daño Severus, esas pesadillas o recuerdos estarán seguramente escondidos en algún lugar bastante inaccesible -explicó el director sentándose de nuevo en su mesa- Su mente sigue confusa, si la fuerzas, aparte de no encontrar nada y violar su intimidad, solo conseguirás producirle una horrible migraña que puede durarle semanas.

El profesor se quedó con la vista fija en el paisaje nocturno que había tras la ventana.  Tenía la sensación de que había algo que Dumbledore no estaba dispuesto a contarle por el momento, algo que tenía que ver con las pesadillas de Elyon. Por otro lado, el director tenía razón, si intentaba indagar en su mente seguramente le haría daño, tanto físico como emocional. Pero es que una de las cosas que más detestaba era quedarse quieto en un rincón sin poder hacer nada.

-Ya que estás aquí, te comentaré que me alegré mucho al ver que mi reprimenda ha dado resultado… hacía mucho tiempo que no te veía divertirte -sonrió el anciano profesor alzando una ceja.

-¿A qué te refieres? -le preguntó el joven sospechando lo peor.

-No te hagas el loco -rió Dumbledore-. Sabes perfectamente que te estoy hablando de la tarde en la que Elyon cayó al lago.

  Snape lo miró intentando calmarse, para que la sangre no se le agolpara en las mejillas.

-No hace falta que te tenses tanto, es algo normal -el director reía de lo lindo al ver como el chico intentaba controlar su reacción-. Chicos de tu edad están ahora disfrutando de la vida sin importarles lo que pueda pasar mañana, sobre todo ahora que ha acabado la guerra.

El chico lo miró con el ceño fruncido, de mal humor.

-Sé que odias que te trate como si aún fueras un alumno de este colegio. Pero aunque hayas pasado una mala adolescencia, aún eres joven, así que hazte el favor de aprovechar tu juventud, antes de que al llegar a mi edad te des cuenta de que has desperdiciado tu vida -el director le sonrió con paternidad.

-¿Es que acaso no lo he hecho ya? -Snape lo miró intentando ocultar el brillo de la amargura en sus negros ojos- Aquel elfo tenía razón… nunca tendré una vida…

-Eso es una estupidez, ¿crees acaso que vio tu futuro? Hay errores que aún se pueden arreglar, pero eso depende solo de si tú estás dispuesto a sacrificarte por ello -le animó-. Busca a gente que sea capaz de comprenderte, que como a ti, la vida no les haya tratado tan bien como debería.

-Para el carro, sé que te estás refiriendo a Elyon… y ella no ha tenido una mala vida.

-¿Tú crees? -el director enarcó una ceja.

-Ha tenido unos padres que la han apoyado, protegido…

-Y mentido, ¿acaso piensas que ella en todo este tiempo no se ha dado cuenta? -Dumbledore lo miró con dureza- No hay peor ciego que el que no quiere ver, y por desgracia a Elyon le devolvieron la vista de una forma muy cruel.

-¿Has acabado ya con la charla? -le cortó el chico de forma brusca.

-Solo te recomiendo que tengas una vida y que intentes comprender la de los demás.

-Gracias por el consejo, pero me basto para dirigir mi vida -contestó el profesor con frialdad levantándose.

Snape salió del despacho. Dumbledore sacudió la cabeza, era un terco como una mula. Aunque lo que menos le gustaba de él, o mejor dicho, lo que más le entristecía, era esa coraza que había construido y que lo aislaba del resto del mundo.

 

 

Entraron atropelladamente en el aula de Pociones, Elyon y Lisa se sentaron como de costumbre en una de las mesas más alejadas al escritorio del profesor.

-¿Está ocupado este sitio? -preguntó Will cargado con su caldero.

-Eh… esto… pu-pues… -intentó contestar Lisa mientras se sonrojaba ligeramente.

-No, que va -intervino Elyon con una sonrisa.

El muchacho dejó el pesado caldero encima de la mesa y se sentó junto a Lisa.

-Siento lo de la biblioteca, a… a veces Johnny se vuelve un poco loco -se disculpó la gryffindor encendiendo el fuego.

-¿Más de lo que ya está? -las chicas rieron- Pero no puedo culparlo, mi casa no tiene fama precisamente porque sus alumnos sean tolerantes y educados.

-Eres un slytherin poco común -comentó Elyon.

-No eres la única que me lo ha dicho -sonrió Will.

-Señorita McWilliams, si mal no recuerdo, solo tiene permiso para hablar con su inepta amiga -Snape miró al trío con una frialdad que helaba la sangre.

-Ha sido culpa mía profesor -interrumpió el slytherin-. He dado pie a esta conversación, aunque no era mi intención interrumpir su clase.

-Pues le aconsejo que si no quiere sufrir la pérdida de puntos de su casa, guarde silencio en mis clases, como hace el resto de los alumnos.

-Sí, señor -se disculpó el muchacho.

La clase transcurrió con tranquilidad, sin que ocurriera ningún incidente grave con los calderos.

-Bueno, ha sido un placer compartir una clase con vosotras -se despidió el chico tras acabar-. Y gracias por la ayuda.

-No hay de qué -Elyon le quitó importancia al asunto.

-¡Hasta que volvamos a coincidir! -se despidió Lisa.

-Pues sí que es majo, no me extraña que te guste -la chica le guiñó un ojo.

-Aunque me guste, no creo que la cosa vaya a más -suspiró Lisa encogiéndose de hombros.

-¿Por qué dices eso? Tú eres guapa e inteligente, y simpática una vez que comienzas a hablar y dejas de tartamudear -rió su amiga.

-No lo digo por eso -la gryffindor le hizo un gesto con la cabeza.

Elyon miró a su derecha. Will estaba hablando con una chica de pelo castaño y con la cara llena de pecas que sonreía embobada, entonces el muchacho se inclinó y la besó brevemente antes de irse los dos cogidos de la mano.

-Mira la parte buena… está con una ravenclaw -Elyon la miró dándole ánimos.

Lisa sonrió cohibida.

 

 

Después de comer, subió a su cuarto y rebuscó en su baúl, había acabado todos los deberes, así que no tenía ganas de pasarse toda la tarde en la biblioteca, aunque fuera en compañía de sus amigos. Encontró un libro bajo la ropa, suspiró, fue el regalo de Navidad que le habían hecho sus padres hacía ya muchos años, recordó como su madre la había ayudado a leerlo cuando tenía apenas cuatro años. La tristeza la invadió, y se vio incapaz de estar junto a tantos alumnos risueños que se concentraban junto al calor de la chimenea.

Así que optó por ir a la Sala de Profesores, en dónde seguramente habría menos jaleo. Estaba tranquilamente leyendo el libro sentada en uno de los sillones de la Sala de Profesores cuando escuchó entrar a alguien, se asomó por encima del respaldo y vio entrar a Snape.

-Hola -saludó ella con educación.

El profesor no le respondió, pero se acercó a ella con su característico sigilo hasta apoyarse en una de las orejeras del sillón en las que la joven leía.

-¿Qué lees? -le preguntó inclinándose para leer algunas líneas de las páginas del pequeño libro.

-Es un libro muggle, se titula Teban Sventon y no creo que sea de tu agrado -contestó ella pegando el libro a su pecho para impedirle la lectura.

-¿Y qué te hace pensar eso? -preguntó Snape alzando una ceja.

-Es un libro de aventuras y misterio, no creo que ese género te vaya mucho, y menos si el escritor es un muggle -opinó ella.

-Que poco me conoces -repuso él.

Y antes de que Elyon pudiera reaccionar, Snape le quitó el libro y se alejó de ella.

-¡Devuélvemelo! -le exigió ella levantándose del sillón y yendo en pos de él.

-Deja que antes le eche una ojeada -dijo él alejándose de ella con una mirada divertida y abriendo el libro.

-¡Te he dicho que no! -le dijo Elyon persiguiéndole con la mano extendida para que se lo devolviera.

-No te estoy pidiendo que me lo dejes leer entero, solo un poco -prosiguió él mientras pasaba una página del pequeño libro.

-¡He dicho que no! -insistió ella.

Snape la ignoró y se situó detrás de uno de los sillones mientras continuaba con su vertiginosa lectura, para que por mucho que Elyon intentara alcanzarlo no pudiera.

-No te lo pienso repetir, devuélvemelo o te arrepentirás -le amenazó la joven desde detrás del sillón que se interponía entre ambos.

El chico la miró alzando una ceja con desafío y siguió leyendo el libro.

-Tú lo has querido -le dijo Elyon con una sonrisa perversa, aunque divertida.

La muchacha saltó sobre el sillón e intentó pasar por el respaldo, pero este perdió firmeza bajo el impulso de la chica y cayó hacia delante. Elyon ahogó un grito antes de caer por la pérdida de apoyo. Alzó la vista y se encontró con unos ojos negros y profundos que la observaban con atención.

-¿Realmente pensabas que ibas a poder saltar por encima del sillón sin tirarlo e irte tú al suelo con él? -le dijo Snape con mofa.

Ella abrió la boca para responder, pero no se le ocurrió nada que decir. Así que apretó lo labios con enfado.

-¡Devuélveme mi libro! -le gritó ella extendiendo los bazos para alcanzar el libro que su profesor tenía en una mano y que intentaba alejar de ella todo lo que podía.

Elyon estiró los brazos, pero no conseguía alcanzarlo, ya que Snape la sujetaba de la cintura para que no pudiera llegar.

-¿Interrumpo algo? -preguntó una voz amable.

Los dos giraron la vista y vieron como Dumbledore sonreía divertido. Entonces fueron conscientes de su situación: Elyon había tirado a su profesor al suelo al caer ella encima de este. Snape carraspeó y la chica sintió como sus mejillas se volvían rojas como el tomate.

El chico se la quitó de encima con un empujón y se apresuró a levantarse.

-¡Ey! -se quejó ella.

-Podrías aprender a compartir las cosas cuando se te piden por las buenas y con educación -gruñó Snape- Aquí tienes tu estúpido libro muggle, que por cierto, parece divertido... para un niño de seis años -añadió con burla.

El chico se colocó la capa y se dirigió a la puerta. Dumbledore los miró con una ceja levantada.

-No era lo que parecía -musitó el chico pasando junto al anciano.

-A mí me parecía que eran dos personas peleando por un libro, pero si tú me dices que no es lo que parece, ¿qué hacíais entonces? -le preguntó Dumbledore con una pequeña sonrisa de diversión.

Snape lo miró algo sorprendido por aquel comentario y movió los labios sin saber que responderle, así que se dio la vuelta y salió de la estancia maldiciéndose por no haber sido capaz de controlar su reacción por segunda vez. Elyon no pudo evitar reír.

-Severus no siempre ha sido un ogro -le dijo el anciano con una sonrisa-, aunque intente esconderlo, a él también le gusta divertirse muy de vez en cuando.

Elyon miró al director con una pequeña sonrisa y se sentó en uno de los sillones a proseguir con la lectura, pero aun teniendo en mente el momento en el que Snape y ella se habían peleado por el libro.

 

Un bolazo de nieve le dio de lleno en la nuca.

-¡Johnny para de una puñetera vez! -le gritó Elyon- ¡Como te dé yo un bolazo te vas a ir directo a la enfermería!

El chico le sacó la lengua y cogió otro puñado de nieve, pero una bola se estrelló contra su cuello. Un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando la nieve le entró por el jersey.

-¡Grace! ¡Esta me la pagas! -rugió el chico corriendo tras la pelirroja.

-No tienen remedio -Lisa negó con la cabeza.

-Parecen hermanos… todo el día chinchando y peleándose -comentó Elyon con una sonrisa torcida.

-¡Hola Elyon! -saludó Hagrid con una sonrisa.

-¡Hola! -ella sonrió al semigigante, que se acercaba a ellos con una enorme pala sobre el hombro.

-¿Qué tal estás? Últimamente solo sé de ti por las notas que me trae Eizen, y eso que solo estoy a un par de metros del castillo.

-Sí, lo siento, pero es que no tengo mucho tiempo libre -se disculpó la chica.

Lisa los miró a los dos con una mezcla de asombro y desconcierto.

-Lisa, este es Hagrid -lo presentó Elyon, después de haber visto la cara de su amiga.

-Un placer -contestó la muchacha tendiéndole una mano.

-Igualmente -sonrió el semigigante envolviendo con su manaza la extremidad que Lisa le tendía.

-¡Devuélveme mi gorro! -gritó Grace.

Dos muchachos cayeron frente a ellos, y se pelearon por un gorro rosado.

-Y esos son Grace y Johnny… -comentó Elyon mirando de soslayo a la gritona pareja.

-¿Ese no es el alumno al que la profesora Hooch aprecia tanto? -preguntó Hagrid.

Las dos chicas asintieron.

-Vaya, parece mentira, con lo disciplinada que es ella…

-El chico es así, no se le puede cambiar ni bajo la maldición Imperius -suspiró Lisa con resignación.

Elyon y Hagrid intercambiaron miradas sombrías.

-¿He-he dicho algo malo? -la morena los miró con culpabilidad.

-No, tranquila -sonrió el semigigante- ¿Os apetece venir a los cuatro a tomar un poco de té a mi cabaña?

-Si no es mucha molestia… -agradeció Lisa.

-¡Me apunto! -sonrió Johnny alzando el gorro en una mano.

Grace aprovechó el descuido y le arrancó el gorro de las manos dándole después un capón.

-Será un placer -contestó la pelirroja levantándose de la nieve, dejando en ella al muchacho con la cabeza dolorida.

-¿Y tú que dices Elyon? -le preguntó Hagrid.

La joven seguía con la vista baja, perdida en la nieve, aquella maldición le había hecho recordar a los mortífagos, y como consecuencia, a sus difuntos padres. Un suave golpe en la espalda la hizo volver bruscamente a la realidad.

-Sí, claro, ¿por qué no? -su sonrisa se volvió ausente, triste.

Lisa frunció el ceño y miró a sus amigos, quienes también se habían dado cuenta de lo ocurrido. Pero no comentaron nada y siguieron su camino hacia la cabaña de Hagrid.

 -¿Queréis un poco más de leche? -ofreció el semigigante.

-No, gracias -contestaron los invitados al unísono.

-¿Elyon? -le preguntó a la chica que no había contestado.

-Sí, por favor -musitó ella con la vista fija en el líquido rojizo que llenaba la vieja taza.

Fang gimoteó con la cabeza en su regazo. Sus amigos volvieron a intercambiar miradas, extrañados ante su actitud.

-¿Qué puñetas le has dicho? -le susurró Grace a Lisa.

-No lo sé -contestó ella encogiéndose de hombros.

-Así que tú eres el guardabosques -comentó Johnny para romper el incómodo silencio- ¿Es muy complicado vigilar a las criaturas del bosque?

-¡En absoluto! -sonrió el hombre- Ellos jamás salen del bosque, yo me ocupo de mirar por su salud y de intentar que ningún alumno con pocas luces entre en él.

Dicho esto, Hagrid comenzó a hablar largo y tendido sobre el bosque y las criaturas, en algunos casos monstruosas, que lo habitaban. El joven grupo lo escuchó con atención, bien que Elyon ya sabía muchas de las cosas que les relataba, pero al igual que sus amigos, intentó visualizar a algunos de los animales de los cuales solo había oído hablar en Cuidado de las Criaturas Mágicas.

-Lo que no entiendo es por qué el profesor Kettleburn no nos lleva a hacer un estudio sobre el terreno -opinó Johnny con indignación-, sería muy instructivo ver a esas criaturas en su medio natural.

-Eso dijo él en su primer año como profesor, ¿cómo crees que perdió el pulgar? -contestó el semigigante.

Grace tragó saliva.

-Ese es el motivo por el cual está prohibida la entrada a los alumnos, y por el que los pocos que han entrado han sufrido graves… no sé si accidentes sería la palabra adecuada -explicó Hagrid con seriedad.

-¿Entonces nadie que haya entrado ha logrado salir de una pieza? -preguntó Lisa asustada.

-Bueno, hay algunas excepciones… -contestó el guardabosque rascándose la barba-. James Potter y sus amigos, Nymphadora Tonks, Elise Munz… claro que ésta última resultó ser una animago que se convertía en búho. ¡Ah, sí! Y Elyon.

-Increíble -musitó Grace.

-¡Y no nos habías dicho nada! -Johnny la miró dolido.

-¿Cómo conseguiste salir entera? -le preguntó Lisa.

-Pues… supongo que tuve suerte -contestó Elyon, no veía oportuno comentar su don con los animales procedentes de su parentesco con los elfos-. Aunque no os penséis que salí como si nada, fue pisar de nuevo el colegio y estar Filch esperándome para limpiar la Sala de los Trofeos.

-Entonces es que no fue buena idea ir de excursión -comentó Grace encogiéndose de hombros y dándole un sorbo a su té.

La tarde siguió su curso y Elyon se animó, intentando ignorar el sentimiento de añoranza y tristeza que se había vuelto a despertar en su interior.

   

 

A la hora de la cena Johnny y Grace habían decidido sentarse en la mesa de Gryffindor junto a Lisa y Elyon.

-No sabéis lo mucho que me fastidia que hagáis esto -comentó Lisa.

-¡Vamos! Si es lo que Dumbledore dice siempre: es buena la amistad entre las diferentes casas, se eliminan las diferencias y se olvidan los prejuicios -sonrió el hupplepuff imitando al director.

-Tu siempre poniéndolo todo a tu favor -se mofó Elyon.

-Pero tiene razón, y aunque te duela en el orgullo Lisa, tienes que admitirlo -le dijo Grace con seriedad.

La morena se limitó a gruñir y siguió con la cena.

-Aun no me creo que entraras en el Bosque y salieras ilesa -comentó Johnny con una ensoñación-. Ojalá pudiera hacer lo mismo. Pero creo que no saldría bien parado, pero teniendo una guía…

-Sigue soñando -le cortó Elyon-, no pienso volver a meterme ahí, aún me duele la muñeca al recordar todo el tiempo que tuve que estar puliendo las dichosas copas de quidditch.

-Porfí -el muchacho la miró con ojos de cordero degollado-. No te pido que te internes mucho.

-Sería emocionante, ¡imagínate que volviéramos a ver a los unicornios! -sonrió Grace.

Elyon palideció hasta límites insospechados, no se había acordado de que esas criaturas vivían en la enorme arboleda.

-Gracias, pero no me apetece, y ahora menos que me has hecho recordar que esos bichejos pululan entre los árboles.

Johnny le dio un codazo a Grace y la fulminó con la mirada.

-Pero visto de otro modo, hay una posibilidad entre un millón de que nos topemos con uno -comentó Johnny con aire de experto.

-Sí, y conociendo mi suerte me tocaría la una. Así que no, no, no, y no -concluyó Elyon.

-¡Venga! -gritó el chico perdiendo los nervios.

La joven lo ignoró terminando su cena.

-Rancia -musitó Grace.

-De eso nada -contestó Elyon ofendida.

-¡Pero si hasta Lisa piensa lo mismo que nosotros! -comentó la pelirroja.

Elyon miró a su amiga, que le lanzó una mirada tímida, aunque suplicante.

-¡No! ¡No es posible! -se quejó- ¡¿Tú también?! ¡¿Pero qué clase de complot es este?!

-Es el espíritu aventurero que solemos tener los adolescentes -rió Johnny.

-¿Y bien? -preguntó Grace.

Elyon los miró uno por uno.

-No pienso internarme mucho -suspiró ella rindiéndose.

-¡Bien! -vitoreó Johnny, haciendo que algunos alumnos lo miraran con interés.

 

 

Era una noche oscura, sin luna, y las nubes que tapaban las pocas estrellas creaban una estampa que anunciaba peligro, o al menos eso le parecía a Elyon.

-Sigo diciendo que esto es un suicidio -se quejó la joven envolviéndose en su negra capa escolar.

-No seas tonta -se mofó Johnny.

Llegaron al linde del bosque y miraron entre los árboles, reinaba un silencio sepulcral, no se movía una hoja.

-Bueno, a explorar -dijo el muchacho dando un paso al frente.

-¡Esperad un momento! -les dijo una voz a lo lejos.

El grupo se giró sobresaltado al creerse descubierto. Hacia ellos corría un muchacho que se apresuraba a alcanzarlos mientras se colocaba la ondeante capa de estudiante.

-¡¿Qué hace él aquí?! -preguntó Johnny enfadado- ¿Cómo se ha enterado?

-Lo he invitado yo -contestó Lisa con firmeza.

-¡¿Cómo has podido?! ¡Él ni siquiera es del grupo! -le dijo Johnny destilando furia por todos sus poros.

-¡Porque no lo dejas! -se quejó la morena- Él no es como los demás slytherins, si le dieras una oportunidad te darías cuenta. En ningún momento se ha chivado de nuestras carreras, e incluso nos ha pedido ayuda ¡¿Cuándo has visto a un slytherin pedir ayuda?! ¡¿Y más a un gryffindor?! Lo que a ti te pasa es que no eres capaz de ver más allá de lo que hay, no te esfuerzas, te es más cómodo quedarte con lo que te venden, sin intentar averiguar si es verdad o una sarta de mentiras. No todos los slytherins son iguales, ni todos los gryffindors, ni todos los hupplepuff, cada persona es diferente, cada una tiene sus cosas buenas y malas, y todas merecen una segunda oportunidad para enmendar los errores que hayan podido cometer.

El silencio se instaló en el grupo, y todos los presentes bajaron la vista avergonzados, reflexionando sobre lo que Lisa había dicho. Elyon se mordió el labio, después de escuchar las palabras de su amiga, se le había creado un vacío en el estómago, y la culpabilidad se adueñó de ella. Lisa tenía razón, había sido egoísta al considerarse ella la única víctima, frente a otros ojos, él también sería otra víctima. Bien que Elyon no sabía que motivos le habrían llevado al mal camino, pero estaba claro que ninguna persona sería capaz de llevar a cabo tales actos sin remordimiento alguno. Quizá sería lo mejor darle ese pequeño voto de confianza definitivamente. Tenía que admitir que últimamente su convivencia había mejorado, e incluso se había llegado a divertir con él.

-Bonito discurso -sonrió Will, que había permanecido al margen discretamente.

-Solo era sincera -agradeció Lisa sonrojándose.

-¿Entonces puedo ir o será mejor que regrese al colegio? -preguntó el chico.

-No hará falta -gruñó Johnny cediendo-, pero más te vale que no me arrepienta.

El slytherin levantó las manos enseñando las palmas descubiertas y asintió.

-No te daré motivos para desconfiar, te lo aseguro -insistió el joven con seriedad. 

El grupo se adentró en el oscuro bosque, atentos a cualquier sonido amenazador y con las varitas preparadas.

-Johnny, creo que ya hemos avanzado bastante -le dijo Elyon.

-¿Bromeas?

-Volvamos, no veo nada y apenas se dónde estamos -insistió la muchacha-. Si seguimos así nos perderemos.

-¡Lumus! -la varita del hupplepuff se iluminó- ¿Mejor así?

-¡Apaga eso! -le dijo Will- Acabarás atrayendo a todos los animales del bosque.

-Esa es la idea, ¿o crees que hemos venido a ver setas? -se mofó Johnny.

Elyon miró en rededor con nerviosismo, aquello había sido una mala idea, una muy mala idea. Un fuerte crujido acabó con la discusión de los dos jóvenes.

-¡Apagadla! -susurró Lisa asustada.

-¡Pero…! -replicó Johnny, otro sonoro quejido les hizo dar un brinco.

-¡Hazlo! -le exigió Grace.

El chico apagó la luz a regañadientes, la oscuridad lo inundó todo. Entonces la lágrima de Elyon brilló con fuerza, alumbrando al grupo con una tenue luz rojiza. La muchacha tragó saliva.

-¡Cómo mola! -Johnny se acercó a examinar el colgante.

-Vámonos ¡Ya! -ordenó Elyon.

-¿Qué pasa? -Lisa la miró asustada.

-Si no nos vamos ahora, no saldremos de aquí, ¡así que corred!

Un grito agudo rompió el silencio de la noche. Los chicos se giraron y se quedaron sin aliento, frente a ellos un apestoso troll de casi tres metros estrujaba entre sus brazos a Grace y Johnny, que forcejeaban desesperadamente. Will levantó su varita, en el mismo momento en el que iba a pronunciar un hechizo, otro troll salido de la nada le asió un pie y lo levantó como si de una pequeña ramita se tratara, haciendo que perdiera su varita.

-¡Will! -gritó Lisa levantando su varita- ¡Incendio!

Una lengua de fuego rodeó al monstruo. Con un fuerte alarido soltó al muchacho, que cayó pesadamente al suelo. La muchacha corrió hasta él, pero el troll, furioso ante el ataque, soltó un manotazo en rededor, y lanzó a la joven a varios metros de distancia, dejándola inconsciente.

-¡Elyon, reacciona! -le gritó Will, que no pudo escapar de una de las garras de la criatura, que lo volvió a levantar por los pies entre bruscas sacudidas.

La muchacha observó la escena, le temblaban las piernas, rebuscó su canalizadora con manos temblorosas y consiguió sacarla del bolsillo de su pantalón en el que se había enredado. Los gritos de sus amigos mezclados con los rugidos de los trolls resonaron en sus oídos ensordeciéndola, se sintió desprotegida, inservible y torpe.

-¡No puedo respirar! -gimió Johnny.

-¡Elyon, por favor! -sollozó Grace.

-¡Haz algo! -gritó Will.

Otro troll había aparecido en la escena y se acercaba al cuerpo inconsciente de Lisa, con la boca abierta, enseñando su irregular dentadura. Elyon levantó entonces su varita, la llama de la furia creció en su interior, la inseguridad y el miedo desaparecieron. No iba a dejar que hicieran daño a sus amigos, no pensaba volver a perderlo todo. No, nunca más.

-¡Cerrad los ojos! -advirtió ella- ¡Lumus Solem!

De su canalizadora surgió una gran explosión de luz. Sintió temblar entre sus dedos la canalizadora, como si fuera a quebrarse en cualquier momento. Los pájaros alzaron el vuelo confusos y desorientados. Parecía que la noche se había convertido en día. Los aullidos de los trolls resonaron en todo el bosque. La luz se apagó y retornó una oscuridad mucho más negra, aunque no le costó mucho acostumbrarse a la escasa luz nocturna. Sus amigos estaban en el suelo, a los pies de los trolls, que gemían y se tapaban torpemente los ojos con sus manazas. Elyon corrió hasta los jóvenes ayudándolos a levantarse.

-Vamos, ahora que están cegados tenemos una oportunidad.

-¿Dónde está Lisa? -preguntó Will mirando a su alrededor.

La chica estaba de rodillas a los pies de un árbol, con las manos en la cabeza, aparentemente desorientada. Will llegó hasta ella y la llevó junto al grupo.

-Larguémonos -musitó Lisa.

-No sé por dónde hemos venido -repuso Elyon con culpa.

-¡Eso ahora da igual, lo que tenemos que hacer es alejarnos de aquí! -Johnny estaba más nervioso que de costumbre.

Un desgarrador crujido a sus espaldas les hizo creer que uno de los trolls se había desplomado sobre un árbol. El slytherin miró a su espalda y palideció.

-¡Apartaos! -gritó empujando a Johnny a un lado, en el mismo instante en el que el tronco de un árbol caía en el lugar que el joven había ocupado segundos antes.

-Me… me has salvado la vida ¡Tú! -musitó el hupplepuff sorprendido.

-¿Enserio? No me había dado cuenta -contestó el joven con sarcasmo levantando a Johnny de la capa-, ya me lo agradecerás luego ¿Quieres?

Corrieron para alejarse del lugar, pero uno de los descomunales trolls les obstruyó el paso.

-Chicos, ha sido un placer conoceros -gimió Johnny.

Un silbido cruzó la espesura y el troll aulló cuando una flecha le alcanzó el brazo hundiéndose en su hedionda carne. El monstruo, dolorido por la flecha y el anterior fogonazo de luz, desapareció entre los árboles. Unos cascos resonaron en el camino. Elyon palideció "¡Unicornios no! ¡Por favor que no sean unicornios!" gimió ella apiñándose junto a sus amigos.

-Mierda -musitó el tejón.

-¿Qué pasa ahora? -le preguntó Grace temblando de arriba abajo y pálida como el mármol.

-Centauros -contestó.

-¿Cómo lo sabes? -le dijo Lisa tragando saliva.

-Piensa un poco: flechas y ruido de cascos. No hay muchas más opciones -razonó el joven.

-Entonces estamos listos -Will respiró hondo.

-¿Tan malo es? -preguntó Grace.

-¿Es que no escuchas en clase o qué? -la reprendió Johnny.

-Personalmente, prefiero a los trolls -se sinceró el slytherin-. Los centauros son muy territoriales y no les tienen mucho aprecio a los humanos.

El chico calló cuando de entre los árboles apareció una enorme criatura, mitad humana y mitad caballo, cargado con flechas y un arco. El grupo se acurrucó más al ver que seguían apareciendo centauros. Elyon los miró, y tuvo la misma sensación que con los thestrals, sabía que aunque parecieran feroces, no les harían daño, además su colgante había vuelto al azul original.

-Está prohibida la entrada en este lugar para los estudiantes -uno de los centauros se adelantó hasta escasos pasos de los jóvenes, que retrocedieron.

La criatura los miró uno por uno, con severidad en sus brillantes ojos, hasta reparar en Elyon. Entonces se movió inquieto, golpeando con sus cascos el suelo cubierto de hojas y nieve. La muchacha al ver su reacción, temió que comentara algo inapropiado referente a su parentesco con los elfos frente a sus amigos.

-Lo… lo sentimos -se disculpó-, no queríamos adentrarnos tanto, pero sin luz nos ha sido difícil orientarnos.

Los centauros se miraron entre ellos.

-Aceptamos las disculpas -respondió el presunto jefe-. Mas no queremos que volváis a cometer tal irresponsabilidad.

-De eso puedes estar seguro -dijo Johnny con un suspiro.

Will le dio un codazo para que callara y no metiera la pata. El centauro prácticamente lo fulminó con la mirada ante su falta de educación.

-Antes de dejaros ir, me gustaría poder hablar en privado con… -le tendió una mano a Elyon, quien la miró desconfiada- Sería un placer para nosotros que aceptaras nuestra invitación, aunque sea tan solo unos momentos.

Ella alargó la mano y el centauro sonrió bajo su espesa barba, besó la mano de la chica ante el asombro de todos y de ella misma, y la guió hasta los árboles. Los cuatro jóvenes intercambiaron miradas de confusión, parecía ser que su amiga escondía algo, algo muy gordo.

 

 

En apenas unos momentos, Elyon se encontró rodeada de centauros que la observaban con atención.

-Desde que supimos que estabas instalada en Hogwarts, quisimos poder tener el honor de estar en tu presencia, y al fin hemos tenido la oportunidad. Aunque no por ello aprobamos la idea de que hayas penetrado en este bosque sola y de noche -le dijo el centauro.

-Lo sé, fue una temeridad por nuestra parte -Elyon bajó la cabeza avergonzada.

-No escondas la mirada, todos erramos de vez en cuando, así es como se aprende -sonrió el centauro más joven de cabello castaño y rizado.

Elyon sonrió tímidamente. Era lo mismo que le dijo Snape cuando la sacó del lago.

-Me preguntaba… Hagrid me comentó que teníais muchas ganas de conocerme, y vosotros acabáis de corroborar eso… me gustaría saber por qué -expuso la chica con determinación.

-Lo lamentamos, pero dimos nuestra palabra al profesor Dumbledore -contestó el jefe del clan-. Nuestros labios están sellados.

-Me lo imaginaba -suspiró ella con resignación.

-Quizá, si observas los astros, ellos te den la respuesta que tanto ansias saber -repuso uno de ellos.

-No lo creo, al contrario que vosotros, no sé leer las estrellas.

Los centauros escoltaron al grupo hasta el linde del bosque, el grupo de amigos los miraba recelosos, sin saber qué decir ni cómo actuar, así que optaron por permanecer en silencio.

-Quizá sea mucho pedir, pero os agradecería que no le dijerais a nadie lo de esta pequeña aventura -pidió Elyon.

-Que nuestros ojos se apaguen para no poder volver a ver los sabios astros si pronunciamos algo al respecto -recitaron al unísono todos los centauros con tono solemne-. Si alguna vez necesitas algo, recuerda que estamos en el Bosque y que estaremos encantados de ayudarte -todos los centauros hicieron una reverencia antes de volver al oscuro bosque.

-¿Eso era un: no diremos nada? -preguntó Johnny confuso.

-Eso parece -contestó Lisa igual de perdida.

Elyon se quedó con la vista perdida entre los árboles, sintiendo el mismo desasosiego de siempre, cuando nadie quería responder sus preguntas.

-Será mejor que volvamos, antes de que alguien se dé cuenta de que no estamos en nuestros cuartos -dijo Will mirando el paisaje.

-Tienes razón, vamos -se apresuró Lisa echando a andar de nuevo hacia el castillo.

Prácticamente corrieron hasta llegar al vestíbulo del colegio. Will se despidió primero, bajando las escaleras que llevaban a las mazmorras. Los demás siguieron su camino hasta que un maullido les heló la sangre. Por la esquina brillaron dos alfiles.

-Se acabó lo que se daba -musitó Grace.

-Señora Norris, ven -la llamó Elyon, confiando en que ocurriera lo mismo que en su anterior encuentro.

La gata se mantuvo en su sitio, observando al grupo con atención. Pero finalmente se encaminó hacia la estudiante con alegre caminar.

-Buena chica -sonrió ella arrodillándose en el suelo y rascando al animal tras las orejas haciendo que ronroneara.

-Enserio, lo que está pasando esta noche es absolutamente surrealista -Johnny miraba la escena incrédulo.

-Por favor, no llames a Filch, ¿de acuerdo? -le pidió a la gata que ronroneaba encaramada en su regazo.

Sus amigos la miraron asombrados. La señora Norris miró a Elyon sin mucha convicción.

-Te doy mi palabra de que te recompensaré con unos dulces de leche -la joven dejó al animal de nuevo en el suelo.

La gata maulló conforme y se marchó en silencio.

 

 

Con sigilo, Lisa y Elyon entraron en la habitación, sus compañeras dormían. Suspiraron aliviadas al ver que no se habían percatado de nada, aunque Yira no tardó en aparecer ronroneando alrededor de los pies de su dueña, mirándolas a ambas con sus enormes ojos verdes.

-Elyon, ¿cómo has sabido que a esa gata le gustan los dulces de leche? -preguntó su amiga, dando un pequeño rodeo en la conversación, no sabía muy bien cómo preguntarle lo que había pasado esa noche con los centauros.

-Supongo que intuición… a los gatos les gusta la leche, ¿no? -respondió la joven tumbándose en la cama. La verdad era que, en cierto modo, la señora Norris se lo había dicho.

-Visto así…

-¿Hay algo que me quieras preguntar? -le preguntó Elyon incorporándose sobre su brazo izquierdo.

-¿Qué ha pasado esta noche con los centauros? -Lisa la miró confusa.

-Sinceramente no lo sé ni yo… -contestó ella.

-¿Y qué te han dicho?

-Algo sobre las estrellas de Irlanda y los centauros de por allí -mintió ella-. En resumen, que no he entendido nada.

Lisa alzó una ceja, sin saber si creerse o no sus respuestas.

-Buenas noches -bostezó Elyon.

-Buenas noches -contestó la chica dejando a Yira en el suelo.

Tardó tiempo en dormirse, estaba segura de que Elyon les escondía algo. Sabía de sobra que los centauros no solían ser tan amables con los humanos, y menos aún les hacían promesas. Había algo en todo aquello que no le cuadraba, pero prefería no preguntar, confiaba en Elyon, y si su amiga no le quería decir nada por el momento seguro que tenía sus buenas razones.

 

 

El asombro de que un slytherin era amigo de un hupplepuff se extendió como la pólvora por todo el colegio. Muchos no daban crédito de que Johnny, en el desayuno, se plantara en la mesa de Slytherin frente a Will y le pidiera perdón por su actitud públicamente, para que segundos después el chico se levantara de su asiento y le diera un fuerte apretón de manos al tejón. Dumbledore desde su mesa, sonrió complacido.

Durante todo el día, ninguno de los cinco hizo mención de lo ocurrido en el Bosque. Aunque juraron no volver a acercarse a la arboleda, a no ser que fuera estrictamente necesario. 

-Lisa, ahora vuelvo, voy a la enfermería a por más poción para dormir -le dijo Elyon al ver el frasco prácticamente vacío.

-De acuerdo -contestó su amiga mientras se ponía el pijama.

Bajó las escaleras con rapidez, si tardaba mucho Filch comenzaría su ronda. Sus pasos resonaron en las oscuras mazmorras junto a los ecos de una conversación. Estaba claro que Snape tenía visita. Se acercó con cuidado hasta la puerta.

-¿Y qué tal te va? -preguntó una voz desde el interior, una voz que le resultaba familiar.

-Sin novedades, realmente no vale la pena dar clase a alumnos tan poco dotados -contestó el profesor desde el interior con desdén.

-¡Ya sabes a qué me refiero! -rió aquella voz.

-Me temo que no te sigo, Lucius -Elyon abrió los ojos y contuvo el aliento.

¿Snape era amigo de uno de los dos mortígafos que le había atacado en el Callejón Diagón?

-Te estoy hablando de la mestiza -le aclaró.

-¿Tú cómo crees que me va? -contestó Snape de mal humor- Nunca he aguantado a los de su raza, la verdad no sé por qué Dumbledore la acogió aquí. Nos habría hecho un favor a todos mandándola con los suyos lejos de aquí.

-Ese viejo está más loco cada día, sigo sin entender cómo los padres dejan a sus hijos bajo su cuidado durante casi un año -comentó con desprecio.

-Pues dentro de poco te podrás incluir entre esos padres -le picó el profesor.

-Espero que para cuando mi hijo vaya a Hogwarts, Dumbledore haya muerto. Pero retornando a la conversación, ¿es buena?

-Por desgracia en mi asignatura sí, aunque en otras es un completo desastre.

-¿Cómo en cuáles?

-Como en Encantamientos, ¡no te haces una idea de lo que le costó hacer levitar una pluma! -rió Snape- No he visto alumna más penosa en toda la escuela, en pocas palabras: es digna hija de su padre.

Escuchó reír con ganas a los dos hombres, no sabía qué hacer, sus pies se habían clavado en el suelo y le impedían moverse. Sintió una enorme rabia en su interior, se sentía estúpida y traicionada.

-Su padre… lo que habría dado por ser yo el que le diera muerte -dijo Lucius con una ensoñación-. Él era el peor de todos, jamás vi un elfo tan sumamente arrogante y prepotente.

-Quizá fuera porque a los demás elfos no les dieras tiempo ni a pedir clemencia.

-Sí, seguramente -rió el mortífago-. Bueno, he de irme. Hazme un favor, ¿quieres? Encárgate de que la estancia para la mestiza sea inolvidable.

-Descuida, me encargaré. Seguro que disfrutaré con ello -contestó el profesor.

Tenía que moverse, si no lo hacía toparía con Lucius de forma inevitable. Pero una parte de ella necesitaba verlo para comprobar que aquello había sido imaginación suya, se negaba a creer que Snape pudiera llegar a ser tan… tan…

La puerta chirrió un poco al abrirse, pero no se topó con Lucius. Snape la miró con una mezcla de sorpresa y enfado, a su espalda humeaba la chimenea de su despacho.

-¿Cuánto llevas aquí? -le preguntó traspasándola con su fría mirada, su voz retumbó en las paredes.

La joven no contestó, se limitó a observarlo con los ojos brillantes por la rabia.



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