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El visitante » Capítulo único
Historia terminada El visitante (R13)
Por deiam bewing
Escrita el Viernes 26 de Marzo de 2010, 02:29
Actualizada el Viernes 26 de Marzo de 2010, 02:36
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Capítulo único

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  1. Capítulo único

La puerta sonó por primera vez cuando ya los niños estaban dormidos. El movimiento dentro de la casa continuó en su paso silencioso mientras el hombre al otro lado del madero esperaba paciente.

William y Marilyn regresaron de la habitación del menor y se sentaron en las sillas viejas que permanecían al lado del fuego en la cocina, al parecer sin percatarse del sonido provocado por el golpe de unos nudillos contra la ruda superficie de la madera.

La puerta sonó por segunda vez. William se acercó lentamente al lugar de origen del ruido y movió los seguros que mantenían cerrada la principal vía de acceso al lugar.

-Buenas noches, señor Rosa. Espero me disculpe por molestarlo a esta hora de la noche.

-¿Quién es usted?

-Mi nombre es Daniel Caspel, trabajo en el departamento de publicidad de una empresa que vende artículos para el hogar y desearía que me permitiera pasar.

William lo miró un tanto dudoso.

-¿No cree usted que es un poco tarde para estar ofreciendo artículos para el hogar?

-Así es- el hombre hizo una pausa mientras analizaba la mirada inquisidora de quién le preguntaba. -Debo disculparme nuevamente por presentarme tan tarde en su hogar- alzó un poco su brazo izquierdo que caía hacia su costado y miró un hermoso reloj de plata que rodeaba su muñeca. -Es en realidad tarde; pero debo decir que la modalidad de mi trabajo no me permite un horario más flexible y como debía hacer algunas visitas por lugares cercanos en la zona decidí que hoy sería el día indicado para pasar por aquí pues vivo muy lejos de este pueblo. ¿Puedo pasar?

William lo observó detenidamente mientras decidía que hacer. Su cuerpo cansado por el trabajo le rogaba que dejara al visitante afuera para poder descansar junto a su esposa, pero su amabilidad le decía que no podía hacer al hombre perder el viaje hasta su "inalcanzable" casa.

-Adelante.

El hombre ingresó a la pequeña habitación con forma de sala de estar y se acomodó inmediatamente en in sillón individual que se ubicaba en un extremo de la estancia, sin esperar a ser invitado, y apoyó su pesado y bullicioso maletín metálico sobre sus piernas, un tanto abiertas para darle equilibrio.

Hubo un momento de silencio en el que se dedicaron únicamente a mirarse fijamente a los ojos, sin la intención de dar ningún mensaje cifrado, pero al parecer, tratando de leer cualquier información posible.

-Llamaré a mi esposa para que nos acompañe. Ella… sabe más de estas cosas que yo.

El anfitrión se dirigió a la cocina mientras el huésped momentáneo permanecía casi inmóvil sobre el polvoriento mueble, con su traje de tela color café completamente límpido y sin arrugas, observando el único retrato que colgaba de la pared con la imagen de toda la familia grabado en él.

William regresó solo. Al parecer la madre de sus hijos no se sentía del todo bien y no iba a acompañarlos en ese momento. Se sentó en otro sillón, al extremo opuesto del ocupado por Daniel y lo miró atentamente, esperando a que iniciara su retórica comercial.

-¿Y bien?

El hombre de la publicidad lo miró dubitativo a través de los gruesos lentes de sus anteojos, como si no supiera de qué le estaban hablando.

Una mirada de confusión cruzó también el rostro de William.

-¿Y bien, qué?- preguntó finalmente el del traje café.

-Mi esposa no vendrá aún. Ya puede comenzar con su… -hizo un ademán en forma elíptica con su mano derecha. -Trabajo, supongo.

-Oh, no. No es por trabajo por lo que estoy aquí, señor Rosa. Quizá no me expliqué bien.

Fue la duda la que tomó poder de las expresiones faciales del señor del hogar ahora, al tiempo que el nerviosismo trataba de abrirse lugar.

-No lo entiendo, señor Caspel…

-Puedes llamarme Daniel, William… lo siento. Imagino que no te molesta que te tutee, ¿cierto?

Un nuevo silencio llenó la habitación para darle a William la oportunidad de tranquilizarse.

-Usted dijo que trabajaba ofreciendo artícuilos para el hogar pero ahora dice que no vino aquí por trabajo. No puedo comprenderlo.

El chirrido de una silla rayando el suelo se escuchó proveniente de la cocina.

-Así es- respondió cortante Daniel.

-Entonces, ¿por qué está aquí?

-Vine a asesinar a tu familia, Will.

Cuando William comprendió el significado de esas palabras trató de ponerse en pie para evitar de alguna forma la consumación de la amenaza; mas su cerebro se movió con mayor lentitud que las manos de su enemigo que ya había abierto su maletín metálico, ágilmente, y sacado de él un largo cuchillo.

Con un movimiento veloz y fuerte, Daniel utilizó su maletín para golpear en la cara al otro mientras éste se levantaba de su asiento, llevándolo al suelo al momento que él giraba sobre sus talones y ponía su cuchillo suavemente sobre la garganta de Marilyn que arribaba a la sala.

Ella trató de gritar pero su agresor se lo impidió  al presionar fuertemente su mano contra la boca de ella.

-Despertarás a los niños, Marilyn- le susurró al oído, Daniel.

El esposo de la dama se incorporó de nuevo, con un dolor agudo azotándole la sien.

-¿Qué demonios es…?- fue interrumpido nuevamente.

-Este no me parece el lugar apropiado para hablar sobre esto, Will. ¿Por qué no nos movemos al cuarto de lavado, eh? Me parece una buena idea.

Daniel comenzó a caminar lentamente hacia atrás, cruzando la cocina  y sin dejar de sostener a Marilyn por la espalda, con el cuchillo rozándole la yugular, y sin perder de vista todo movimiento de William.

-Abre la puerta- le ordenó gentilmente al varón y él no dudó en obedecer, moviendo con sigilo el pomo de la puerta hasta dejar libre la entrada al cuarto de lavado.

La luz se encontraba apagada pero William no se molestó en encenderla.

-¿No creerás que soy tan tonto como para entrar a tu lugar en la oscuridad? No soy un novato en esto.

El otro no respondió. Por un momento se dedicó a mirarlo a través de la penumbra. Tenía miedo. Había descubierto que el visitante conocía su casa; lo conocía a él, y parecía saber bien lo que estaba haciendo. Encendió la luz.

Marilyn ingresó lentamente en la habitación, con el cuerpo de Daniel justo detrás del suyo y este último cerró la puerta al entrar también.

Dentro del cuarto no había mucho. Era una construcción débil y vieja. Probablemente hecha de madera como agregado al resto de la casa. Una puerta se mostraba en el otro extremo como posible salida al patio trasero, cerrada únicamente con una barra de metal que la cruzaba completamente.

-¿Por qué hace esto?- inquirió con acritud el dueño de la casa.

 -Porque soy adicto a la muerte, Will. Porque llevo algún tiempo ya sin recibir mi dosis de violencia, y en realidad la necesito.

-Usted es repugnante.

-¿Por qué lo dices Marilyn? No soy más que un adicto, al igual que tu padre, solo que tenemos diferentes vicios. Él es alcohólico y yo… bueno, ya te darás cuenta. Pero el punto es que no creo tengas un concepto tan bajo de él, he visto cómo lo abrazas y le dices que lo amas aún cuando sabes que minutos después estará desbordando alegría falsa y luego vomitará sus penas y su esfuerzo. Dime entonces, ¿por qué soy yo asqueroso, si yo no me tomo la comida de tu madre y de tus hermanas?

Ella enmudeció.

-¿Por qué mi familia?- quiso saber William, que ya se había movido unos pocos centímetros hacia la otra salida y se encontraba con las manos cruzadas detrás de la espalda.

-Esa es una pregunta sencilla. No estarás tratando de quitarme tiempo mientras ideas un plan para evitar que realice mi obra, ¿o sí? De igual forma te responderé porque no quiero parecer descortés.

"Escogí a tu familia porque me pareció la ideal. Tu casa se encuentra muy alejada del resto del pueblo y ningún grito se escucharía desde aquí. Trabajas para ti mismo y para consumo familiar por lo que nadie se preocupará de que no entregues tus productos. No son muy queridos aquí en el pueblo y sus familiares viven lejos, así lo escogieron ustedes para no tener que tragarse los problemas de ellos también; y la última  visita que recibieron fue el fin de semana anterior por lo que  falta mucho para la próxima. Y solo por si te interesa, será  tu hijo menor el primeo en morir.

-¡Usted es un maldito enfermo!- la acusó Marilyn en medio de un sollozo.

-Luego será el turno de la pequeña Elizabeth- continuó. -Después seguirá el mayor, Roger, y entonces será tu turno, Marilyn- y le rozó suavemente la mejilla con el filo de su arma. -Y por último tú, Willy.

Daniel movió el cuchillo en dirección a William, señalándolo como su última víctima, como si estuviera consciente de la libertad que le daba a su presa; movimiento al que ella respondió casi instintivamente y se liberó de su atacante que trató de atraparla de nuevo  pero William había reaccionado también y quitado de la puerta la barra metálica que usó para intentar golpear a su enemigo, mas éste fue más veloz y logró eludir el golpe, utilizando al mismo tiempo el impulso de William para lanzarlo contra una de las vigas que sostenían el techo, dejándolo inconsciente en el suelo.

Marilyn corría por el patio trasero sin saber realmente a dónde ir cuando sintió el frío del metal atravesar su pierna, justo en la parte anterior de la pantorrilla. Profirió un grito de dolor que Daniel ahogó apoyando su zapato sobre la cabeza de ella y aplastándola contra el suelo. Luego tomó con una mano el puño del cuchillo y con la otra la pierna izquierda de la mujer y empezó a arrastrarla de vuelta a la habitación de madera, dejando un rastro de sangre en el césped  que se pegaba luego sobre su vestido. Marilyn se desmayó.

 

William despertó lentamente, un tanto aturdido por el golpe recibido. La escena que presenció luego fue como una daga a su corazón. La puerta trasera encontraba cerrada nuevamente con la barra de metal; su esposa estaba tendida en el suelo con una venda alrededor de su pantorrilla y la puerta que daba a la cocina se había abierto, dejando ver en el piso de ésta el cuerpo sin vida y totalmente destrozado de su hijo menor, Edgar, un bebé de tan solo nueve meses y cabello rubio rizado, parecido al de su madre. Fue vencido por el llanto.

El asesino se encontraba ahí también, sentado en una silla ubicada en una esquina, alejado de la chimenea cual lucífugo demonio, con el brazo derecho apoyado sobre un aparador. Su traje se encontraba aún limpio; impecable e intacto, al igual que su craso cabello negro, peinado hacia su lado izquierdo y totalmente liso. Parecía no haber sudado siquiera, no haberse inmutado. Tenía la mirada perdida en el abismo de sus pensamientos, cavilando la mejor forma de obtener su próxima dosis. Por fin reaccionó.

-Veo que has despertado ya, Will. Aunque has tardado más de lo que esperaba y me has hecho perder mucho tiempo por lo que tendré que apurar mi labor. Aún sigo sediento y no calmaré mi ánimo hasta que concluya mi obra. Al menos ya adelanté un poco mientras dormías- señaló altivo el cuerpo inerte del pequeño niño.

El padre se levantó cauto y con sigilo y logró ver la mirada de avidez que traspasaba los lentes de su enemigo. Quiso tomarlo como una debilidad pero su fortaleza mental no era tan grande como esperaba. Ya había recibido un golpe brutal al ver a su hijo tendido en el piso de la cocina.

-No quiero que gastes tu mente en hacer conjeturas. Luces un poco consternado así que te explicaré lo que pasó.

"Marilyn sangraba abundantemente cuando la arrastré hasta la casa y como no era mi intención que muriera aún decidí vendarle la herida para evitar que perdiera demasiada sangre. Luego me aseguré de que no fueras a despertar todavía y como me di cuenta de que así era me dirigí a la habitación de Edgar inmediatamente y ahí lo encontré descansando; apacible, como un pequeño conejo dormitando en su cueva, y lo tomé suavemente entre mis brazos para apoyarlo después sobre la alfombra del piso y posteriormente levanté mi cuchillo y…

-¡Basta!- gritó William, apretando los dientes para que su ruido no fuera escuchado en las otras habitaciones. -Usted es un maldito enfermo.

-¿Enfermo?- preguntó Daniel, un tanto incrédulo y displicente. -No me considero un enfermo, claro que no. Soy un tipo normal como cualquier otro que puedas conocer, y no es que conozcas muchos. Tengo una bella familia en una hermosa casa a las afueras de la ciudad y ellos respetan mi trabajo, aunque no conocen de mi adicción, eso es cierto. Pero no soy un enfermo; un enfermo necesita su dosis cada día de su vida, yo solo la requiero cuando mi violencia amenaza con hacer daño a mi familia y no me perdonaría que algo malo les pasara, los amo demasiado. Es por eso que cada cierto tiempo busco un grupo de personas que sea un blanco ideal para mis propósitos. He hecho esto muchas veces. No siempre es una familia pero, bueno, en esta ocasión la tuya era el blanco perfecto- concluyó displicente su exégesis.

-No debió usted decirme eso. Cuando lo mate a usted buscaré también a su familia y le causaré el mismo dolor que le ha provocado a la mía- quiso sonar amenazador.

Daniel lo miró por un momento, totalmente tranquilo, y una sonrisa como de burla marcó las fracciones de su rostro, dejando ver varias cicatrices.

-Tú no eres un ser violento, Will. No podrías hacerlo. He visto como tratas a tu familia, en especial a la pequeña y bella Elizabeth, nunca la lastimarías. Por cierto, eso me recuerda que ella es la siguiente- se levantó de su asiento y tomó su cuchillo que se encontraba sobre la alacena. -Espero que no seas inepto al  tratar de detenerme, no me gusta ser interrumpido.

El visitante se dirigió al cuarto de la niña con el arma funesta aferrada a su mano derecha y con un paso suave y elegante se alejó de su interlocutor.

William se incorporó por completo y corrió hacia él para evitar que cometiera un nuevo ataque, pero el agresor era  astuto y los movimientos de Will totalmente predecibles por lo que logró capearlo y azotarle un puñetazo en el estómago para lanzarlo de nuevo contra el piso provocando que chocara su cuerpo contra el aparador y produjera un ruido estrepitoso que despertaría a todos en la casa.

-¡Maldición!- exclamó Daniel.

Rápidamente se dirigió hacia su objetivo que se levantaba confusamente entre la oscuridad de su habitación y levantó su cuchillo para atacarla, pero Roger, el hijo mayor, ya se encontraba ahí y tomó una silla de madera con la que golpeó a Daniel a la altura de las rodillas haciéndolo inclinar su cuerpo hacia un costado. Daniel intentó atacarlo con su cuchillo mas Marilyn se había reincorporado también y lo azotó por la espalda con una cadena, lo que lo hizo gritar en un sonido que se combinó con el llanto de la niña asustada que apenas distinguía lo que ocurría en la penumbra.

William quiso ser parte de la horda pero Daniel era fuerte y utilizó esa habilidad para tomar al primogénito, en un descuido de éste, y lanzarlo contra su padre que se movía rápidamente en dirección opuesta lo que hizo el choque aún más violento y estrepitoso. Violento, fue quizá la clave para revitalizar al visitante que tomó velozmente la silla con que había sido atacado y la lanzó contra Marilyn que cayó al suelo completamente inconsciente. Luego se volteó, con la misma agilidad y golpeó a William con la cadena gruesa y larga, justo en la mejilla y después le clavó su cuchillo en el antebrazo, en la parte superior de la muñeca, dejándolo clavado a la puerta de la habitación. Posteriormente rejuntó la silla y la usó de arma para atacar a Roger por la cabeza y dejarlo tendido a pocos centímetros de su madre, mientras Elizabeth gritaba desde su cama en medio del barullo. Will se desmayó nuevamente.

 

Sus ojos comenzaron a abrirse lentamente para adaptarse a la luz de la habitación. Ya no se encontraba clavado a la puerta y su herida estaba vendada de buena forma, al igual que la de su esposa. Su mirada se volvió hacia la izquierda donde la recibieron gotas de sangre que discurrían de la cama de su hija y caían sobre el piso de madera. Sintió ganas de vomitar que no pudo resistir. Las lágrimas salían de sus ojos al tiempo que el vómito lastimaba su garganta.

  Gateó lentamente hasta la cocina donde se encontraba Daniel, en la misma silla alejada del fuego, y al otro extremo, en sillas separadas, estaban Roger, con semblante tranquilo y apacible, y Marilyn, cuyo vestido color vino refulgía por la luz de la chimenea. Ambos tenían los ojos cerrados, como si estuviesen durmiendo.

-Descuida, sólo él está muerto- le dijo Daniel, con tono suave. -Aún no he decidido cómo acabar con ella.

El dolor de William era inefable. Había perdido ya a sus hijos, aunque en cierta forma agradecía que el último no hubiera sufrido mucho. Y así lo adivinó Daniel.

-Te preguntarás por qué decidí eliminarlo a él de esa forma, ¿no es así? Verás, Will, no es el asesinato per se lo que me llena, es la muerte, como ya te lo he dicho. Un adicto a la droga, cualquier droga, tiene diversas formas de consumirla si que esto lo convierta en un adicto diferente a los demás porque a fin de cuentas lo que vale no es el empaque o la forma de saciarte, lo que vale es el producto, y la muerte es el mío, sin importar la forma en que la consuma.

"Y lo más gracioso es, tal vez, cómo inició todo, cuando apenas tenía catorce años. Fue en una tarde lluviosa de invierno en que jugaba con mi hermano a las afueras de la casa, cerca de un riachuelo que corría con abundante agua debido a la intensa lluvia. Yo estaba enfadado pues mi hermano no me había dejado jugar a la pelota con él y sus amigos unas horas antes, así que un momento que él se detuvo a la orilla del agua para atar las agujetas de uno de sus zapatos un impulso me invadió, y decidí  actuar a través de impulso empujándolo al agua. No me fue difícil simular un accidente luego, además de tristeza, por supuesto, especialmente durante el funeral. Y es ese impulso el que ha dominado mi vida desde entonces.

Will no dijo nada. Estaba demasiado cansado y adolorido para hablar y, en realidad no sabía qué podía haber dicho, además de preguntar cómo había matado a su hijo, y no quería saber la respuesta a esa pregunta.

-Es el turno de Marilyn.

Daniel se levantó de su silla y se dirigió a Marilyn, cerca de la chimenea, y la alzó entre sus brazos para transportarla hacia el cuarto de lavado, luego volvió por su cuchillo antes que William pudiera alcanzarlo y regresó posteriormente a la habitación donde Marilyn lo esperaba, sin sentido, todavía.

El arma se levantó despacio, movida por el brazo del visitante, dispuesta a atacar y bajó velozmente en un movimiento fino pero no alcanzó su objetivo, un hacha le desvió del camino, soltándola de la mano  que la sujetaba, aunque tocando únicamente el metal y sin causar daño alguno a víctima o asesino. Éste último corrió tras él en un intento desesperado por no quedar desarmado. Un golpe de hacha le rozó la pierna derecha provocándole una herida e infringiéndole dolor, mas no se detuvo hasta que sintió entre sus manos el frío metal de la empuñadura de su arma favorita y se volteó inmediatamente para encontrarse de frente al filo del hacha que se movía vertiginosamente hacia él y que evitó casi de milagro. Con la mano izquierda se apoyó sobre el suelo para levantarse y la otra para clavar su cuchillo en el estómago de su enemigo. Y sin más, le removió el hacha de las manos y con ella cercenó la cabeza de la mujer en un acto brutal.

-Al fin hace calor aquí adentro- dijo, y acto seguido se quitó el saco café de su traje.

Luego lo sintió. Sintió como el duro y gélido metal perforó su piel y se clavó sin piedad sobre su hombro derecho. El hielo de su arma y el calor de la sangre se combinaron para iniciar en su piel una sensación de éxtasis que llegó hasta su cerebro y se reflejó en sus ojos.

-¡Veo que despertaste, Will!- gritó con entusiasmo. -Ya era hora.

-¡Voy a destrozarlo, maldito infeliz!- respondió el otro, con furia.

-¿Infeliz? Ahora estoy más feliz que nunca. Estoy a punto de finalizar mi obra.

Daniel tomó el hacha y con la parte superior golpeó a Will por la frente. Éste se tambaleó hacia atrás sobre sus pies pero pudo mantenerse firme. Inmediatamente se volteó y le propinó un puñetazo a su adversario que lo hizo girar sobre su propio eje cayendo luego encima del cuerpo sin vida que se encontraba en el suelo. Will parecía ahora más fuerte que nunca.

Rápidamente corrió hacia la puerta trasera y removió la barra metálica que la cerraba y se dio la vuelta para golpear con ella a quien tanto dolor le había causado.

-¿Por qué peleas ahora, Will?- le gritó Daniel desde el suelo mientras sacaba el cuchillo de se hombro.

-Porque no tengo nada que perder ya, maldito- y lanzó el primer golpe, mas Daniel usó el hacha para detenerlo.

-Debiste luchar cuando aún tenías algo- la rodilla derecha de William se dobló hacia adentro tras recibir un golpe de la parte superior anterior del hacha. El asesino se mantuvo en el piso pero sin soltar su arma mas no decidió atacar aún, prefirió quedarse de frente a Will, con la espalda recostada a la pared, y mirarlo con repulsión. -Me das asco- un escupitajo salió de su boca y fue a estrellarse contra la mejilla de su interlocutor. -¿Te esfuerzas al máximo ahora que no tienes nada? ¿Sabes qué tan egoísta es eso? ¡Los dejaste morir, Will! Piénsalo, en cierta forma eres mi cómplice. Si hubieras luchado con todas tus fuerzas desde el principio no estaríamos en esto todavía. No estoy más débil ahora que antes, por el contrario, me vuelvo más fuerte cuando me acerco al epílogo de mi dosis; y mira donde me tienes, con un solo brazo útil y habiendo perdido mucha sangre por la maldita herida en mi espalda.

Will se reincorporó lentamente, tambaleándose hacia sus costados, un poco aturdido pues en el fondo sabía que en parte era cierto lo que Daniel le decía.

-Tú sabes que es así, Will. Probablemente alguno de ellos habría muerto, pero no todos. Eres tan culpable como yo; tan solo nos diferenciamos en que yo lo disfruté más que t… -un golpe seco se escuchó en la habitación. La barra metálica había roto una parte del cráneo de Daniel y el movimiento que lo produjo se repitió tantas veces como las fuerzas de quien los ejecutaba se lo permitieron, siempre estrellándose en el mismo lugar.

¿Qué podía hacer ahora? Un sentimiento profundo de duda y venganza, más que de tristeza, era lo que reinaba en la mente de Will. Por supuesto que le dolía. Había perdido su mundo, su vida; pero lo único que podía pensar en ese momento era en venganza, aunque al final no podría causarle a Daniel todo el dolor que él sufría en ese momento. Caminó confuso hacia la puerta principal con las lágrimas intentando salir de sus ojos, pero la falta de concentración no se los permitió.

Cruzó la cocina sin mirar hacia abajo, donde se encontraban todavía los restos de su hijo menor. Tampoco pudo mirar hacia la chimenea, cuyo fuego casi extinguido disminuía la imagen del mayor, sentado en una silla con su cabeza hacia abajo y su alma en otro mundo.

Pasó frente al cuarto de su hija y sintió como si una mirada acusadora lo castigara desde adentro. Sentía una vergüenza inquietante.

Finalmente llegó a la sala y lo que encontró en el piso de ésta llamó su atención. Dentro del maletín abierto se hallaban varios recortes de distintos periódicos locales, todos con la misma noticia:

"Familia asesinada en su propia casa a las afueras de la ciudad."

Y luego aparecía una foto de Daniel con una nota al pie de la imagen que rezaba:

"Daniel Caspel, esposo y padre de la familia, fue el único sobreviviente de la masacre provocada por un psicópata asesinado posteriormente por él mismo."

La noticia era de apenas una semana atrás.

Will dejó caer la nota que había tomado con dificultad del suelo. Se encontraba exhausto y débil mental y físicamente. Había perdido demasiada sangre. Abrió la puerta principal y la tenue luz del amanecer lo recibió de frente. Esa misma luz lastimó sus ojos que se fueron cerrando poco a poco hasta no verla más. Su cuerpo cayó sobre el césped.



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