Historia al azar: El fin de una vida
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Cuando La Sangre Llama » Mi León, Mi Ángel
Cuando La Sangre Llama (R15)
Por mily black queen
Escrita el Sábado 13 de Febrero de 2010, 09:37
Actualizada el Jueves 13 de Diciembre de 2012, 22:58
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Mi León, Mi Ángel

Hola n.n

No saben como se me cae la cara de verguenza por semejante tardanza, no tengo excusa u.u unicamente puedo decir que perdí la noción del tiempo... comence un proyecto nuevo y aunque seguía escribiendo en este, siempre pensaba "escribo un poquito, despues de todo actualice hace poco" cuando vine a darme cuenta hace poco era más de un mes y yo no tenia ni medio capitulo :S sinceramente lo siento u.u

Bueno, no los entretengo más

¡A leer!

Capitulo 11: Mi León, Mi Ángel.

Nessie Black

- ¿Nessie? - Me llamaron desde el suelo; no me costó nada reconocer el dueño de esa voz que estaba ahí para mandar al infierno mi tranquilidad. Pegue más mi nariz a la cascara de mandarina y fingí no haberlo escuchado pero él insistió - ¿Nessie qué haces ahí? ¿Estás bien?

- ¡Vete! - Exclame dejando de respirar: con él la concha no servía, su olor me atraía más que ningún otro, y ahora más que me hallaba en este estado. Definitivamente esto no es bueno.

- Olvídalo, no voy a dejarte ahí. - Se negó; volví la mirada para verlo sin su típica alegría en el rostro, en vez de eso había preocupación - Vamos baja de ahí… - Negué frenéticamente con la cabeza, no quería su compañía, no ahora: si mostrar mi faceta "poco humana" frente a Edward me haría arrepentirme infinitamente, si le hacía daño a Steve sentiría que me moriría. Frunció el ceño - Vale, si no bajas llamare a Isabella y a Jacob.

- ¡NO! - Le grite horrorizada - Yo bajo - Susurre apresurándome a hacerlo pero sin volver a respirar. Me tomaría algunas horas sentir cualquier molestia, y espero que para entonces ya estuviera en cualquier lugar lejos de él - ¿Qué quieres Steve? - Pregunté ya en el suelo con un triste murmullo y la mirada en el suelo. Ni siquiera había notado las lágrimas en mi mejilla hasta que sentí la calidez de su mano limpiándome con delicadeza.

- ¿Por qué llorar Nessie? - Preguntó en un susurro, no respondí; en cambio apreté los dientes como nunca sin respirar, pero eso no estaba funcionando como esperaba: mi boca se había tensado aun más y su tacto había reavivado el deseo desenfrenado - Nessie - Suplicó respuesta acunando mi barbilla entre su dedo índice y pulgar para, con delicadeza, obligarme a mirarlo.

- Soy un monstruo Steve - Exclame en medio de un sollozo.

- No digas eso linda, tu eres un ángel - Negó él haciendo un ademan de querer abrazarme. Retrocedí un paso pegando la espalda contra el árbol.

Obviamente él notó mi movimiento por lo que se mantuvo estático en su lugar, estuvimos un par de minutos en silencio, me veía y yo miraba al suelo con sufrimiento: me es demasiado difícil soportar su presencia justo ahora.

Con lentitud me fui deslizando hasta quedar sentada apoyada en el árbol y el rostro oculto entre las rodillas.

- Quizás soy un ángel que por comportarse como un monstruo Dios lo condenó al infierno - Masculle, lo sentí agacharse hasta queda a mi altura. Supe enseguida lo que haría - No me toques por favor - Le suplique alzando la mirada para ver su mano estirada entre nosotros - No lo hagas más difícil.

- ¿Nessie, que…?

- No sabes lo complicado que es - Dije sin alzar la mirada.

- Podrías explicármelo - Negué con la cabeza y alce la mirada para que solo me viera los ojos; el frunció el ceño un segundo pero de inmediato se aligeró.

- Te asustarías muchísimo - Dije.

- No creo que haya algo que de más miedo que yo cuando me levanto en las mañanas - Solté una risita involuntaria, él sonrió.

- Te vez más bonita con una sonrisa que con lagrimas.

- Me vería mucho más bonita si no estuvieras complicando las cosas.

- Dime qué debo hacer para dejar de mortificarte.

- Alejarte de mí - Dije; vi en su rostro una expresión herida que me hizo sentir muy mal, casi peor que hacía unos minutos. - Y el problema es que no quiero que lo hagas.

- Eres muy extraña ¿lo sabías?

- No tienes idea de que tanto lo soy - Él sonrió tomándolo como un chiste.

- ¡Ven! - Exclamó de pronto poniéndose de pie y halándome para pararme. Volví a tensarme al sentirlo.

- ¿A dónde? - Me solté con brusquedad.

- Te llevare a algún sitio que te suba el ánimo.

- No, quiero irme a casa - Susurre.

- En ese caso te llevo a tu casa - Dijo con una enorme sonrisa - Y no le avisare al Sr. Cascarrabias ni a Doña Angustias siempre y cuando esa linda sonrisa se mantenga en tus labios - Reí por los apodos que les daba a mis padres.

- Está bien - Acepté. Si, lo sé, soy masoquista. A pesar de todo lo que me estaba haciendo sufrir con su presencia, no quiero que me deje sola. Nos fuimos caminando, mi casa queda a unas pocas cuadras de allí. Intente mantener una conversación amena con él, eso sí, guardando las distancias.

- ¿No deberías estar en el taller?

- Si y no - Contestó y luego explicó sonríete por mi cara desconcertada - El favor de los repuestos que le hice al jefe no fue de a gratis, a cambio me dio el día de hoy, y menos mal porque de lo contrario no me habría encontrado contigo.

Me sonroje un poco por sus palabras, nos mantuvimos en silencio hasta que pasó toda una cuadra…

- Por cierto…- Comentó - ¿Te colocaste lentillas? Tus ojos se ven oscuros.

- Oscuros - Repetí con voz aguda; no se me había ocurrido que me cambiaran de color involuntariamente por ese estado de ¿hambre? ¿Sed? En el que estaba luchando en ese momento, pero ahora que lo sabía, no podía volverlo nuevamente azules porque el notaría que había algo raro. - Si - Afirme y cambie de tema - ¿Sabes? Tengo mucha hambre - Y realmente no es mentira - ¿Podrías compararme algo de comer? Yo te pago luego.

- Descuida, ¿Dónde quieres comer? - Parecía más animado por mi conducta.

- No sé, compara lo que quieras, yo te espero en el departamento - Vi su mirada perpleja, iba a replicarme pero me apresure a irme por la próxima esquina y antes de que pudiera seguirme eche a correr. No lo escuche ir tras de mí, pero igual solo me detuve en la entrada del edificio para subir a mi departamento con normalidad pero quedé de piedra frente a la puerta: mi rostro se horrorizó ante cada segundo que pasaba y comprendía algo…

¡Me salí de la tienda con la ropa puesta y sin pagar! Y encima había dejado mis cosas allá, entre ellas las llave y mi celular; pero realmente era eso lo de menos ¿Qué habría pasado con Edward? De seguro la mujer había llamado a los de seguridad ¿Y si lo llevaron a la estación de policía? ¿Y si pensaban que yo había robado la ropa?... bueno, si lo hice, pero no fue mi intención y ahora él sería tomado de cómplice.

- Me lleve ambas manos a la cabeza ¿Qué debía hacer ahora? Por supuesto que ir a la tienda y aclararlo todo, pero ¿Y si a la que llevan a la delegación es a mi?

¡NO! yo no puedo permitirme eso: traería más problemas que soluciones ya que ni certificado de nacimiento tengo. Pero tampoco puedo dejar a Edward pagando por algo de lo que no tenía culpa.

Sopese las posibilidades durante un par de minutos. Ahí, frente a la puerta donde no están la mujer con el corte de su mano, Steve, ni ninguna persona con delicioso aroma cerca, mi cerebro puede funcionar de mejor forma, haciendo caso a la lógica y no a algún estimulo.

Al fin decidí lo que haría, y lo primero sería entrar al departamento, quitarme ese carísimo conjunto y esperar a Steve, por lo que corrí como nunca: a todo lo que mis piernas daban para no ser vista por nadie para que, desde afuera, escalar la pared del edificio que da a mi ventana, bendiciendo una y otra vez mis anomalías genéticas. Pero no puede evitar maldecir al verla cerrada, rompí el vidrio con un puñetazo consientes de que tendré que dar explicaciones cuando mamá y papá se den cuenta.

Los fragmentos de vidrio cayeron en el suelo de mi habitación; entré en ella con facilidad limpiándome unos pocos que quedaron en mi manga, y sonriendo al ver mi mano intacta: ni siquiera me había dolido.

Me apresure en quitarme la ropa y ponerla sobre la cama mi sonrisa desapareció al instante.

- ¡Maldición! - Exclamé fuertemente; de seguro mi madre me reñiría si me oyera decir eso, pero no pude evitarlo: el conjunto estaba sucio de tierra ¿Ahora como lo devuelvo?

Suspire con frustración ¿Por qué todo tiene que pasarme a mí? Tomé mi toalla y me apresuré al baño para meterme bajo la ducha fría y alejar de mi piel cualquier olor externo, luego vería como resolver esto… ¡ARGHHH! ¿Desde cuándo mi vida se había complicado tanto? ¡Ah! Claro, ¿Cómo olvidarlo? Desde el día en que nací.

Estuve muchísimo tiempo bajo el agua de la ducha, ya podía respirar con mayor tranquilidad pero eso no quería decir que la sed hubiese pasado, estaba allí y se alborotó cuando llamaron a la puerta.

Casi me caigo al oírlo, me apresure a ponerme la toalla de mi pequeño pony y salí del baño con prisa ¿Tan rápido había vuelto? Me apresure a la cocina y miré al reloj: Había estado duchándome durante poco más de media hora. Se mordió el labio inferior, sabía que al dejarlo pasar, su aroma despertaría ese feroz deseo de alimentarme con algo que no era precisamente la pizza que traía.

Busque entre las gavetas de la cocina hasta que logre abrir el gavetin de limpieza, tome el aromatizante, le arranque la tapa y lance el líquido por toda la sala ¡Rayos! Aun podía distinguir vestigios de su olor.

- ¡Nessie! - Llamó Steve golpeando nuevamente la puerta.

- ¡Ya voy! - Grité volviendo a la cocina, busque el pote grande de lejía y rocié un poco sobre el suelo de la cocina, perfecto, el olor es fuerte. Eché allí un poco más y el resto de los dos litros lo esparcí por la sala ¡Fantástico! La casa ahora sí que olía fuerte.

Un tercer llamado a la puerta; suspire y fui a abrirle rogando porque eso funcionara realmente.

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Edward Cullen.

No puedo creer que hubiese desaparecido, era imposible que la tierra se abriera y se la hubiera tragado; simplemente imposible, pero aun así no conseguía a Nessie, ni por las calles, ni en el parque, ni en el malecón, pero nada, no estaba cerca, y no consigo a nadie que la haya visto.

Entré nuevamente al auto y miré al asiento del copiloto donde estaban sus cosas; me quedé observando su celular como si esperara que sonara como había sucedido minutos atrás, solo que está vez esperaba que fuese ella.

No hacía ni quince minutos cuando knive and pens de Black Veil Brides me hizo pegar un respingo cuando sonó como repique del celular de Nessie; yo lo tomé indeciso viendo en la pantalla externa una fotografía de un chico rubio mientras que se anunciaba "Teve llamando" Solo me tomó un segundo debatirme entre contestar o no, al final decidí que sería mejor hacer ya quizás sería ella llamando de otro teléfono, pero no había sido su voz quien me contestó:

- ¿Nessie? De que quieres la pi…

- No, soy Edward - Dije yo interrumpiendo al chico.

- ¿Quién? - Por su tono debía estar confundido - ¿Quién eres? ¿Por qué rayos tienes el celular de Nessie? - Cuestionó enojado.

- Soy un amigo - Contesté con calma - Salimos hoy y olvido su celular y algunas otras cosas ¿Podrías decirme donde vive? - Pregunté con vagas esperanzas.

- ¡Si, claro, cómo no! - Contestó mordaz el chico - Si eres su amigo y no te ha dado su dirección por algo será - Y me colgó el celular cortando así la conversación.

Suspire, ni él chico, ni nadie más volvió a llamar, y en ocasiones me debatía por tomar el celular de Nessie y registrarlo por completo, quizás entre sus fotos vería alguna vista de donde vivía, o podría tomar el numero del celular de sus padres o el fijo para llamarla.

Pero no me decidía, no me atrevía a hacer eso, no sería caballeroso violar su intimidad revisando su celular sin su autorización, por más preocupado que estuviese.

Suspire de nuevo poniendo el auto en marcha, al menos intentaría retomar el rastro de su olor.

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Nessie Black

No le di chance a Steve a decir absolutamente nada, apenas abrí la puerta lo halé para que entrara y cerré la puerta tras él; en sus manos llevaba una caja de pizza mediana.

- ¡Genial, pizza! - Exclamé omitiendo su toz y sus preguntas por el fuerte olor a lejía y abriendo la caja arranque un trozo para llevármelo a la boca con prisa; tenía que saciarme lo más pronto posible, el feo aroma de legía no duraría tanto.

- ¡Wow! De verdad tie…nes hambre - Comentó entrecortado, supongo que apenas podía respirar, aunque debía admitir que su tono era extraño, al menos para mí, pero no le di demasiada importancia.

- Voy a abrir un poco la ventana - Comenté girándome hacía la ventana de la sala - Pasa, siéntate.

- Si, ábrela…me siento acalorado - Esto último fue un susurro que por el tono, no pretendía que fuese escuchado por mí pero esta vez sí que me incomodé, giré a verlo: me veía fijamente con expresión de idiota teniendo la boca ligeramente abierta estirándose el cuello de la franela como si quisiera captar alguna brisa que lo refrescara.

Me removí aun más incómoda, Steve jamás me había visto de esa manera, era como si con la mirada, me estuviese desnudando…

Algo en mi mente hizo Click, y me hizo bajar la mirada para verme el cuerpo ¡Estaba en toalla! Y una muy corta, debo añadir; mi rostro se tiñó de escarlata en menos de un parpadeo, más avergonzada y moría.

- ¡Maldición! - Exclamé corriendo a mi habitación; aun con medio trozo de pizza en la mano ¿Cómo pude ser capaz de abrir la puerta y dejarlo pasar estando yo en toalla? Si mamá se enterara se enojaría muchísimo.

Me recosté en la puerta de la habitación cerrando los ojos y espere un par de minutos antes de terminar de comerme el trozo de pizza y con suma rapidez vestirme con pants celestes y una blusa sencilla, negra; me calcé unas zapatillas negras y deje mi cabello húmedo suelto para que poco a poco se fuese secando.

Respire profundo, antes de salir, aun con un ligero matiz rosa en mis mejillas ¡Qué pena con Steve!; quien por cierto estaba recargado en la ventana, supongo que intentando respira bien, o quizás para que se le quitara un poco el calor; qué raro, yo siento la temperatura del ambiente agradable.

Había dejado la caja de pizza en la mesita de centro, la mire un segundo y luego a él, no se había percatado que yo había vuelto.

- En la nevera hay gaseosas - Comenté dirigiéndome a la cocina, el giró a verme, me pareció que estaba avergonzado. Tome dos latas de gaseosa de limón y volví a la sala, sentándome en el piso junto a la mesita - Ten - Le ofrecí colocando las latas junto a la pizza. Steve se acercó y se sentó en el suelo al frente de mí, no lo miré, mi rostro se pondría como un tomate si lo hacía.

- Lo siento - Se disculpó. Tomé otro trozo de pizza y lo mire de reojo, estaba como un tomate.

- ¿Por qué? - Pregunte con una sonrisa inocente.

- Ya sabes… lo de hace un rato… yo… no debí - Balbuceó.

- Olvídalo - Sonreí aun más, me daba cierta gracia su nerviosismo. Mordí la pizza mientras él tomaba un trozo algo más animado. Espero que ya haya comido y no tenga mucha hambre, para poder comérmela toda.

Por lo general yo comía como cualquier persona normal, sin embargo, sabía que podía aguantar más de dos semana con una sola comida abundante, y quizás hasta más; no sé como lo sé ya que mamá me hace comer tres veces al día como ella y papá, quizás fuese instinto o algo así, pero sé que no me equivocaba.

Otra cosa que se, y esto si por experiencia, es que cuando sentía esa odiada sed, podía comer casi a la par de papá para sentirme saciada.

- Nessie…

- ¿umm? - Pregunté masticando.

- ¿Quién es Edward? - Su pregunta me hizo pegar un respingo, llevábamos ya quince minutos en silencio y me tomó por sorpresa.

- Un amigo - Dije con sencillez - ¿Por qué?

- Quise llamarte para saber que pizza querías y fue él quien contestó.

- ¿Te contestó? - Pregunté entre sorprendida y aliviada - ¡Eso quiere decir que no está preso!- No puede evitar exclamar al recordar lo que había ocurrido en la boutique. El serio rostro de Steve se volvió mortal.

- ¿Acaso has estado robando bancos sin consultármelo? - No me gustó el sarcasmo en su voz, fruncí el ceño.

- Algo así - Dije, el me miró enojado, como si pensara que le respondía con su mismo sarcasmo, por lo que tomé un tercer trozo de pizza, pensando que hacer con el asunto de la Boutique, quizás el podría ayudarme - No se lo digas a nadie - Comencé con tono confidencial - Ni a Kelsey, ni a m…Bella ni a Jake ¿ok? Pero hoy salí con Edward y…

- ¿Por qué no debo decírselo? - Preguntó desafiante.

- Porque no quieren que sea su amiga - Conteste ignorando su risita despectiva, estaba muy extraño hoy - El caso es que fuimos de compras a una Boutique muy cara y sin querer me traje puesta la ropa sin pagarla y deje a Edward allá solo, pensé que estaría detenido - Dije avergonzada.

- ¿Te trajiste puesta la ropa? - Preguntó confundido - Un momento… esa ropa rosada que llevabas hace un momento… - Asentí bajando la mirada - ¡Nessie hay que devolverlo!

- Está sucio - Me lamenté - Y no puedo ir a pagarlo porque no tengo el dinero.

- ¿Cuánto necesitas? - Preguntó asiendo ademan de buscar su billetera en el bolsillo trasero de su pantalón.

- Mil dólares, posiblemente más - El volvió la mano al frente con los ojos abiertos de par en par.

- ¿¡Cuánto! - Estaba realmente incrédulo - ¿Es de oro o que rayos?

- No, pero es de Jossie`s Boutique - Dije con la vista en el suelo, Steve me miraba aun más sorprendido.

- ¿Cómo pensabas pagarlo? - Cuestionó - ¡Comprar lo más económico allí se llevaría por lo menos cuatro meses de mi sueldo.

- Ya lo sé - Exclamé - Iba a ser un regalo de Edward - Frunció de nuevo el ceño, intentó decir algo pero yo continúe - Por eso debo hablar con él… ¿Podrías darme una llamada? - Steve suspiró y me tendió el celular.

- Solo no tardes, no tengo minutos ilimitados - Asentí y marqué a mi celular, solo fue un repique cuando escucha la voz de Edward.

- ¿Diga?

- Edward, soy Nessie - le informé.

- ¿Dónde estás? - Preguntó de inmediato - ¿Estás bien? ¿Qué pasó? ¿Por qué…?

- No tengo mucho tiempo, ¿podrías llamarme a este número?

- Claro - Y colgó la llamada; casi de inmediato entraba una llamada de un numero desconocido, lo mire fijamente para memorizarlo, seguro era el de Edward. Tomé el cuarto trozo de pizza y le mordía la punta antes de contestar. - ¿Nessie? - Preguntó apenas conteste.

Vi a Steve prestándole una disimulada atención a lo que yo decía, y de seguro intentando escuchar lo que Edward me dijera. Fingí no haberlo visto.

- Sí, soy yo - Dije - ¿Estás bien? - No pude evitar preguntarlo, pero no le deje contestar - Juro que no quise traerme la ropa y dejarte ahí solo, lo siento de verdad… pero te prometo que apenas lo lave lo devuelvo…

- Descuida, la ropa y los zapatos son tuyos

- ¿Qué? - Steve se sobresaltó por el tremendo grito que pegue - No me digas que lo has pagado todo.

- Te dije que era un obsequio.

- ¡Pero yo no quiero regalos tan caros! - Exclame.

- Si lo querías, vi como lo veías

- Ese no es el caso - Acuse - ¿Qué crees que le diré a mis padres cuando me vean con más de mil dólares encima?

- ¿Qué conociste al nieto de Al Capone, quizás? - Sugirió con una risita, me moleste porque usara mi propia broma.

- ¡No puedo creer que me hagas esto! - Susurre - Y aun menos puedo creer que yo vaya acepta.

- Sabía que lo harías - Dijo - ¿Podrías decirme donde estas? Me gustaría pasar por ti, darte tus cosas e invitarte a merendar algo.

- Descuida, estoy comiendo - Aseguré dándole otro mordisco a la Pizza - Por cierto, ¿Tienes a mano mi bolso?

- Si - Afirmó.

- Ábrelo.

- ¿Qué? - Rodé los ojos ante su desconcierto.

- Ábrelo - Repetí, escuche el cierre abrirse y luego él informándome que lo había hecho - ¿Vez el envase adentro? ¿Es el trozo de pastel que te prometí, espero te guste.

- Gracias linda; en serio se ve deliciosa - Sonreí por el cumplido - ¿Entonces me dirás donde estas?

- En mi casa - Dije - Pero será mejor que nos veamos mañana en el parque después del mediodía, y prometo que no te plantare ni huiré de nuevo. - Él rió suavemente.

- Está bien - Aceptó con resignación - Será mañana.

- Entonces te dejo - Dije, pero entonces se me ocurrió algo importante - Edward, hazme un favor, evítame un problema y apaga mi celular no sea que me llamen mis padres.

- Descuida, lo hare - Aseguró, corte la llamada tras eso y le devolví el celular a Steve quien ya había terminado con su segundo trozo de pizza, lo miré expectante, esperando que no se comiera otro porque solo quedaban dos trozos.

- ¿Quién es Edward? - Preguntó de nuevo - ¿Es tu novio?

- ¡Qué va! - Exclame con una risa divertida - Ya te dije: es un amigo.

- Que gasta más de mil dólares en un regalo - Dijo receloso.

- Si, pero eso ya no es mi culpa, es él que quiere - Reí, Steve pareció pensativo pero decidió cambar de tema.

- ¿Qué fue lo que te puso mal cuando te vi en el árbol? - Preguntó, negué con la cabeza - ¿Fue ese Edward?

- ¡No! ¿Cómo crees? - Pregunte indignada por su acusación.

- ¿Entonces? ¿Qué te hizo llorar, linda? - Preguntó preocupado.

- Yo… pensé en cosas que o me gusta pensar, y que me gustaría olvidar.

- ¿Quieres ir a bailar? - Preguntó, lo mire desconcertada por el brusco giro - A tu hermana Carlie le gustaba ir a un club de salsa, pero puedo llevarte a un night club esta noche para subirte el ánimo y puedas pensar en otras cosas.

- Me encantaría - Exclamé emocionada, tenía siglos que no salía a bailar, o bueno, que Carlie no bailaba. Steve sonrió pero no duró mucho - Pero Jake y Bella no me dejaran - Me lamente - Aunque quizás pueda convencerlos para que vallamos los cinco…

- Los… ¿Cinco? - Preguntó desencajado.

- ¡Claro! Jake, Bella, Tu, Kelsey y yo - Él asintió aunque me pareció confundido - ¿Hoy porque no vemos una película?

- Si, genial - Me pareció que no estaba muy convencido - Y hablando de Carlie ¿Cómo ha estado?

Reí internamente tomando el quinto trozo de pizza, Carlie era mi segundo nombre, y era así como me hacía llamar hacía seis meses cuando "tenía" doce años y me hacía pasar por la tercera de las "hermanas Swan".

- Muy bien - Dije - La vida en Jacksonville con Renee, le encanta - Él asintió aunque note algo de tristeza en sus ojos - ¿Estás bien?

- Si - Mintió - Cuando hables con ella podrías decirle que venga a visitarme u día de estos, extraño mucho su compañía, pero parece que ella ya ni se acuerda de su compañero.

- ¿De qué hablas? Cuando llama Carlie lo único que hace es preguntar por ti, te extraña muchísimo - Asegure - Pero ya sabes cómo es de sensible, teme que hablar contigo le duela porque no puede verte… eras su único amigo.

Es extraño referirme a mi misma en tercera persona, y aun más en pasado y aunque en parte lo que decía era mentira, esa última frase era la única totalmente sincera: hacía algunos meses, cuando yo era Carlie vía a Steve como un amigo, el único en realidad; pero luego crecí y Carlie tuvo que marcharse con Renee y llegó Nessie a pasar una temporada con su "hermana" mayor, y las cosas con Steve cambiaron: Volvimos a hacernos amigos pero ya no era lo mismo de antes… había algo diferente.

Nos sentamos ambos en el sofá de dos plazas para ver Along Came Polly mientras yo terminaba de comerme el sexto y último trozo de pizza; ya no me molestaba su olor, al contrario me agradaba como siempre. Cuando termine de comer, recosté mi cabeza en su hombro como hago con mamá cuando la película me aburre, esa era divertida, pero ya la he visto muchas veces por lo que le busque platica mientras las manecillas del reloj pasaban por los números ni lento ni rápido, solo pasaban.

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Bella Swan.

- ¿Segura que no fue nada? - Preguntó Jacob preocupado mirando con sus lindos ojos oscuros la curita que llevaba en la frente; ya le había comentado lo que me pasó pero eso no lo dejó muy tranquilo.

- Estoy bien, en serio - Le aseguré - Solo fue un golpe, nada de preocuparse, sabes lo patosa que soy.

- Lo sé - Admitió él deteniendo el auto ante un semáforo - Pero deberías tener cuidado Bella, en especial si sangras - Asentí de acuerdo con él - Además, ¿Qué haría yo si te pasara algo? - Cuestionó estirándose para besarme en la frente antes de retomar la marcha del auto.

- No va a pasarme nada más que unos cuantos moretones comunes en mi - Me burlé, aunque saber que se preocupa por mi me hacía sentir algo muy bonito en el corazón; o bueno, ¿a quién quiero engañar? Me encanta porque me demuestra cuanto me ama, algo únicamente comparable con todo lo que yo le amo a él.

- ¿Pero no dices que te mareaste? - Cuestionó él sin perder preocupación, le sonreí.

- No almorcé - Le informé - Eso es todo - Asintió no muy seguro, por lo que aproveche el próximo semáforo en rojo para estirarme y besarle en los labios - Estoy bien Jake - Susurre sin despegarme mucho de él.

- Si me lo dices así no hay forma de que no te crea - Sonrió besándome también; jamás me cansaré de tener esos labios tan cálidos entre los míos.

El carro de atrás nos tocó el claxon, la luz había cambiado a verde sin que nos diéramos cuenta. Riendo como quienes acaban de ser descubiertos en una travesura, seguimos en camino a casa.

Llegamos al departamento a eso de las siete; esperaba que Nessie no hubiese comido ya porque pensaba hacer algo rico para consentirla a ella y Jacob. Subimos tomados de la mano, saludando a la Sra. Poe que volvía a su casa tras otra tarde en el hospital al tanto del estado de su marido, la pobre se veía realmente desmejorada y muy envejecida.

Entramos llevándonos una sorpresa al ver a Nessie conversando muerta de risa con Steve quien al parecer le contaba algo gracioso.

- ¿Qué haces aquí Steve? - Preguntó Jacob brusco, pero no me molesté en pedirle que bajara el tono ya que me había quitado las palabras de la boca.

-¡Jacob, Isabella! - Exclamó, sonriente - Le contaba a Nessie la vez que…

- ¿Le contabas? - Lo corté - No tienes ningún derecho a estar en mi casa, con Nessie SOLOS - Le espeté con un repentino instinto sobreprotector.

- Solo veíamos una película Isabella - Se excusó Steve poniéndose de pie.

- ¡Pues vete a ver tu película a tu casa! - Le espetó Jacob halándolo del brazo.

- ¡A ver Jacob suéltame! - Exclamó el chico rubio - ¿Qué les pasa?

- Suéltalo - Exclamó Nessie también poniéndose de pie.

- Nessie, ven a ayudarme con la cocina - Le ordené, Jacob y Steve estaban discutiendo en la puerta pero estoy segura de que la niña los oía.

- ¡No! - Negó enfadada, Steve ya se había marchado y Jacob había cerrado la puerta.- ¡Por eso es que no tengo amigos! ¡POR CULPA DE USTEDES!

Se me partió el corazón al oírle esa acusación, quizás nos habíamos pasado con nuestra reacción pero…

- ¿Qué demonios hacías aquí sola con Steve?- Preguntó papá de mal talante.

- Él parece un buen chico pero… - Comencé yo.

- ¿Y por qué diablos la casa tiene olor a lejía? - Seguía preguntando Jacob. No notamos que la niña estaba atosigada de tantas preguntas hasta que estalló.

- ¡No lo sé! - Gritó Nessie callándonos a los dos, respondiendo a la última pregunta. - ¡Quizás porque por su maldita culpa mis genes me hacen un monstruo!

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Nessie Black

Me fui a mi habitación tras echarle eso en cara, mamá había palidecido por mis palabras, pero la ignore por completo.

- ¡Reneesme ven acá! - Me llamó firme, como única respuesta cerré la puerta con un golpe sordo.

- ¡Nessie! - Gritó Papá, poco después sentí a mamá golpeando la puerta.

- ¡Reneesme abre la maldita puerta!

- ¡No! - Grite con lagrimas en los ojos - ¡Ustedes no me dejan tener amigos! - Les espeté abrazándome a mi peluche de león - Ni Edward, ni Steve.

- Nessie por favor - Pidió papá más tranquilo - Ábrele a tu madre.

- Reneesme abre la puerta - Volvió a intentar mamá aparentemente más tranquila, pero el que me llamara por mi nombre era muestra de lo contrario.

- ¡NO! - Negué de nuevo - ¡Ustedes no me quieren! - Llore - Si me quisieran no buscarían que este siempre sola.

- ¿Cariño como puedes decir eso? - Preguntó papá, nosotros te amamos - Negué con la cabeza y me acosté en la cama sin soltar mi león ni dejar de llorar, deseando que ambos se marcharan y me dejaran tranquila.

Por fin había dado con el motivo por el que no querían que tuviese amigos: no me querían, al contrario, querían verme sola o quizás se avergonzaban de cómo soy y de lo que puedo hacer; si, eso debía ser, y no los puedo culpar del todo porque soy un monstruo, pero diablos, se supone que son mis padres ¿no? Tenían que buscar lo mejor para mi ¿Qué eso no es su trabajo? Pero a veces sentía que para ellos lo mejor para mí era estar confinada a cuatro paredes lejos de la gente.

Los escuché llamándome y tocando a la puerta, pero los ignore, en cambio me aferré más a mi león: El Sr. Leoncio, como deseaba tener un ángel a mi disposición, que fuese tan fuerte, hermoso e imponente como un león, para que me consolara en ese momento.

Sin poder evitarlo mi mente voló hasta Edward; él ya me había consolado antes y como deseaba que estuviera aquí conmigo para que lo hiciera de nuevo, para que me acunara en su pecho mientras yo llorara y le contara cuanto me haría que mis padres quisieran que estuviera sola siempre.

Me lo imagine respondiéndome y diciéndome que quizás la cosas no eran como yo las suponía y que podía asegurar que mis padres me querían mucho; y luego sonreiría con dulzura sin dejar de imponerme seguridad, tranquilidad y fortaleza con su simple presencia.

Me senté en la cama rápidamente y sequé mis lágrimas para luego ver fijamente al Sr. Leoncio. Edward era hermoso, imponente y fuerte… como mi león, y mi ángel.

No dude ni un segundo para pararme, con una absurda idea en la cabeza. Mamá aun estaba en la puerta llamando mientras papá la intentaba convencer de que me dejara tranquila, que hablarían conmigo al amanecer. Me concentré en convencerlos de que me quedaría dormida y que no les convenían entrar a la habitación hasta mañana, tomé unos centavos que tenia dentro de una gaveta de mi peinadora y me acerque a la ventana sin soltar mi peluche. Debía actuar con sigilo para que papá no me escuchara salir por la misma ventana que rompí horas antes, no sería difícil, no era la primera vez.

Bajar el edificio fue pan comido, casi más sencillo que escalarlo. Una vez afuera respire profundamente, como si fuera la primera vez que lo hago en años; y luego mire a ambos lados de la calle; no era muy concurrida por lo que solo había un hombre pasando por allí.

Mire a ambos lado de la calle repetidamente, esta vez con miedo ¿Qué pasaría si notaban que no estoy? ¿Y si me pasaba algo? Ya antes me había escapado de noche, pero nunca sola; creo que por eso me aferre fuertemente al Sr. Leoncio para que me cuidara, solo entonces me sentí capaz de dar el primero de muchos pasos.

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Jacob Black

Las palabras de Nessie me habían hecho sentir pésimo ¿Cómo podía pensar que quería que estuviese sola? Al contrario, no había nada que nos mortificara a Bella y a mí que eso: que no tuviese a nadie, además de nosotros claro, para hablar de sus cosas, para que la acompañaran a salir o hacer cualquier cosa. Pero aun más nos mortificaba imaginar que nuestra niña pudiera correr algún peligro si su existencia llegaba a oídos de los asquerosos vampiros italianos que amenazaron a Bella en una oportunidad.

Miré a Bella quien seguía sin despegarse de la puerta, llamándola para que saliera. Suspire acercándome a ella.

- Vamos mi amor, Nessie está enojada, nos abrirá luego - Intente convencerla; sabía que Nessie tendría que abrir algún día pero ahora estaba muy molesta con nosotros; y si, debo admitirlo, quizás nos pasamos con lo de Steve, pero lo que era a mí, me había invadido un instinto sobreprotector con ella: Nessie es una niña inocente y no quiero que deje de serlo, aunque debo admitir que Steve no es de esa clase de chicos y que por sobre todas las cosas respeta a Nessie y a Kelsey ¿Pero qué sentido tiene llorar sobre la leche derramada?

- Bella, déjala - Insistí. Ella me miró y por fin se separó de la puerta, me pasó por un lado y se metió en nuestra habitación, fui tras ella al escuchar su sollozo.

- ¿Qué estoy haciendo mal, Jacob? - Me preguntó con la voz quebrada acostándose sin cuidado sobre la cama cubriéndose el rostro con la almohada - ¿Qué hago mal para que mi hija no quiera abrirme la puerta?

- Está enojada - Dije subiéndome a la cama, alargándome para besarle la coronilla - Cuando se le pase hablaremos con ella, le explicaremos que no queremos que esté sola.

- ¡Soy una mala madre! - Exclamó sacándose la almohada de encima y sentándose; me senté a su lado viendo con tristeza el dolor de sus lágrimas.

- Por supuesto que no lo eres Bella - Le aseguré.

- ¡Si lo soy! - Gritó - Nessie está así por mi culpa, porque le he ocultado muchas cosas…

- Nessie está así porque es una adolescente - La contradije abrazándola, haciéndole caricias en la espalda para calmarla, Se aferró a mí.

- Es solo una niña - Me contradije entre sollozos - ¿Cómo se supone que debo saber ser madre de una niña adolescente cuando yo apenas estoy saliendo de esa etapa? ¿Cómo Jake?

No le respondí, continuamente yo me preguntaba lo mismo; nos movimos un poco para que quedara acunada en mi pecho, sentí sus lagrimas mojando mi franela y llegando a mi piel; bese con ternura su cabello, como me dolía verla así.

- No lo sé Bella - Le dije en un susurro - Pero sabremos descubrirlo juntos.

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Edward Cullen.

- Necesito verte

- ¿Te pasa algo Nessie?

- No importa… ¿Puedes venir a la costa?

- Claro, ahí estaré en diez minutos. - Y colgó tras mis palabras.

Esa corta conversación no salía de mi mente mientras corría en dirección al malecón, que Nessie me llamara a esa hora, desde un teléfono público y con tanta urgencia era muy extraño; pero lo que más me inquietaba era es voz afectada, algo le había pasado y quería saber que… solo esperó que no tuviese que ver con su padre o si no… gruñí con enojo y aceleré el paso hasta llegar al malecón donde jugamos con las palomas aquella vez.

Reduje la velocidad a medida que me acercaba, por lo que cuando entré en su campo de visión, corría como un simple humano preocupado. Ella estaba sentada en una banca ella un ovillo, aferrada a un peluche. Al levantar la mirada para verme, noté sus ojos rojizos por las lagrimas; apenas me vio de puso de pie y corrió en mi dirección aferrándose a mi cintura hundiendo el rostro en mi pecho.

Me descoloque unos segundos, no había esperado eso por lo que hubo un efímero instante en el que estuve inmóvil sin saber qué hacer, aunque luego me recompuse abrazándola también. Podía oír como intentaba reprimir débiles sollozos; y al mismo tiempo podía oler su esencia, algo más humana que hacía unas horas en la boutique, y aun así, sin serlo totalmente.

- ¿Qué pasó, Nessie? - Pregunté en un susurro no queriendo incomodarle con mi pregunta, ella me soltó un poco pero no se separó de mi - ¿Por qué estas así?

- Mis padres no me quieren - Sollozó.

- ¿Por qué piensas eso? - Pregunté sin cambiar el tono, a cualquier niña le afectaría semejante afirmación, y en cierta forma me costaba creer que alguien le hubiese dicho eso; ni siquiera puedo concebir que exista un ser que no pueda quererla.

- ¡Porque les gusta verme sola! - Gritó soltándose y separándose completamente de mí - No culparía a Steve si no quiere volver a casa después de cómo mamá y papá lo trataron y… Jamás me he sentido tan sola.- Balbuceó sentándose de nuevo en la banca, hundiendo su rostro en sus peluche.

Si otras fueran las circunstancias, me parecería tierno e incluso graciosos que una joven de dieciséis años abrazara de esa forma a un león de peluche; pero lejos de gracia, lo que sentía era tristeza.

- No creo que quieran verte…

- ¡Si lo quieren! - Balbuceó sin mirarme - Lo que pasó esta tarde en la Boutique… a veces pienso que se avergüenzan de mí y mis reacciones poco comunes.

- No puedo imaginar a uningun ser en el planeta que pueda avergonzarce de ti - Le dije aganchandome frente a ella, obligándola a levantar la mirada para que nuestros rostros quedaran frente a frente - Muchos menos tus padres. Estoy seguro que todo ha sido un mal entendido porque nada puede enorgullecerlos más que tu.

Ella sonrió de forma extraña, la sonrisa no llegaba a los ojos, pero se acercó para besar mi mejilla con dulzura, y debo decirlo, jamás había sentido un acto tan dulce y puro.

- Gracias - Susurró unos segundos después, en los cuales yo me había quedado estático - Gracias por todo.

- No hay nada que agradecer Nessie - Le dije aun sin moverme.

- En cualquier caso… - La vi indecisa; ninguno de los dos había cambiado de posición: ella sentada y yo agachado. Ni cambiamos durante el minuto que estuvo en silencio al parecer decidiendo algo hasta que al fin sonrió, esta vez sí completamente, volviéndose aun mas radiante de lo que, de por sí, ya era.

- ¿…Quieres ser mi ángel? - La pregunta me tomó desprevenido, parpadeé un par de veces viéndola fijamente… ¿Su qué?

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Mike Newton.

El silencio en el auto era abrumador, aun no entiendo como Bella nos había convencido de eso, y estoy seguro que Ángela, a mi lado, pensaba lo mismo mientras veía por la ventana del lado del copiloto de la suburban.

El ambiente a nuestro alrededor era oscuro, lleno de tupidos arboles que impedían el paso de los rayos de la luna, provocando que el camino que seguíamos solo fuera alumbrado por las luces del carro. Ángela se removió incomoda y giró a verme.

- Vamos, hacemos lo que vamos a hacer y nos devolvemos de inmediato… este lugar no me agrada.

- A mí tampoco - Le respondí a Ángela, escrutando lo que teníamos al frente: una enorme y vanguardista casa en medio del claro del bosque. Estacionado afuera, en todo el frente de la casa, había un Jeep completando la imagen imponente de la casa.

Ángela y yo nos bajamos del auto y nos dirigimos a la casa; ella susurró algo como "magnifica" y realmente estaba de acuerdo, la casa era magnifica, pero había algo en ella que me hacía no querer entrar.

Nos detuvimos en el umbral de la puerta y estuvimos un par de minutos sin atrevernos a llamar a la puerta.

- Toca - me pidió Ángela, suspiré y alce la mano dispuesto a hacerlo, después de todo ¿Qué es lo peor que podían hacer los Cullen? ¿No abrirnos la puerta?

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Como acabo de terminar el capitulo, no me ha dado chance de revisarlo u.u Cualquier error de redaccion, ortografia o lo que sea, avisenme y yo lo arreglo.

El proximo capi se llama: Indagando

Ya veremos que buscan Mike y Ángela en casa de los Cullen n.n

Nos leemos pronto

Besos =D



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