Historia al azar: La otra cara de la moneda
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Madison » Capitulo 5
Madison (R13)
Por sakua_chan
Escrita el Lunes 14 de Diciembre de 2009, 20:04
Actualizada el Martes 31 de Marzo de 2015, 20:45
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Capitulo 5

MADISON
Original

Por Sakua-chan

Capitulo 5

La sábana no cubría más que la mitad de su cuerpo desnudo, opto por arroparla mejor, un gesto de reconforte adorno el rostro de la chica. Exceptuando su cabello ahora más largo y el hecho de que no se encontraba en los huesos como hacia un tiempo, continuaba teniendo ese rostro de chiquilla de siempre.

*****

-Y la señorita sigue en búsqueda de su príncipe azul…

-Quien como ella…

-La verdad no le envidio en nada el estarle persiguiendo desde los cinco años y que el muchacho no haga más allá de contestarle el saludo.

Era algo así como la distracción de las mañanas, esas escasas mañanas en que Miller llegaba incluso antes de que iniciara la primera clase. Ver por la ventana del aula de Cálculo, ver por la ventana los desesperados intentos de Samantha Davidson por llamar la atención de Ian Kenneth, quien como todas las mañanas siendo de los hijos de proletarios que llegaban a Northside montado en su grandioso bólido rojo sangre también llamado "Bicicleta", rodada veinte seguramente, aceleraba el paso una vez que veía venir por el estacionamiento a cierta rubiecita de coloridas ropas.

-Espera, creo que esta vez sí lo alcanzará -observaba Isabella McCain desde su "tribuna" también llamada "pupitre".

-No… el chico ya se quedo a platicar con ese grupo de chicos, será difícil que Sam trate de abordarlo ahí - Madie bajo hasta la punta de su nariz sus gafas estilo Lennon para mirar mejor.

-¡Vaya! ¡La ha encarado! - exclamó Bell pegándose al vidrio como cual mosquito estrellado contra un parabrisas -se ha seguido de nuevo.

Sam permaneció ahí en medio del estacionamiento cerca de diez segundos en total quietud, a saber que le había dicho el chico en cuestión. "Ian", el principie azul de Sam. Aún no comprendían el porqué no se rendía, de haber sido cualquiera de las otras dos chicas y ya le habría mandado al diablo en más de un idioma.

Aproximadamente se conocían desde los cinco años, eran vecinos en la misma manzana, de hecho eran a penas y unas tres casas las que separaban sus hogares, sus madres eran intimas amigas, de esas que conversaban de las intimidades de todos exceptuando las propias, en varias ocasiones ambas familias habían celebrados juntos las pascuas o la navidad… e incluso se sabían que de niños habían sido buenos compañeros de juegos, "el bote pateado", "las escondidillas" entre otros juegos eran de sus mayores diversiones por las tardes después de hacer la tarea de la escuela primaria.

Y uno se preguntaría: ¿Qué fue lo que ocurrió entonces?

La respuesta era clara para cualquiera: Llegó la pubertad para ambos.

Él huyendo y ella tratando de salvar su amistad, para luego declararlo oficialmente su amor platónico, su "príncipe azul" al que sin lugar a dudas, según ella, conseguiría conquistar.

¿Y entonces porque aún no lo hacía?

El marcador no estaba a favor de ninguno: cero a cero…

Una preparándose inconscientemente para ser una esplendida ama de casa, con esposo y un par de hijos regordetes y sonrosados, escondiendo ese vergonzoso anhelo detrás de la facha de una coqueta estudiante de preparatoria, que como muchos, decía no saber qué hacer con su futuro…

El otro, agradeciendo a todos los cielos porque la muchachita esa hubiese quedado en un grupo distinto al de él durante todo el tiempo que llevaba estudiando en Northside. Tratando de salir lo más posible con sus amistades, y nunca saliendo en serio con ninguna amiga, pese a todo no deseaba hacer sentir más mal a su vecina y a según "amiga de la infancia".

-Tal vez debería aceptar salir con ella un par de veces y luego terminarla -sugeria Bell- después si no le gusta podría terminarla. Sam lloraría unas semanas y después podría dejar de estarlo persiguiendo como ahora que se la pasa de soñadora empedernida.

-Eso es cruel -respondía Madie con los anteojos acomodados y frunciendo el seño a la par de sus delgados labios en una graciosa mueca - al estar dolida nos hablaría más de lo idiota que fue el chico y demás. Al final no se para quien sería peor la tortura, si para ella o para nosotras…

-Buenos días - la sonrisa de Sam era igual de radiante que todos los días cuando entro a clase y lo hizo saludándolas como de costumbre.

 

"-¿Quién lo diría? Parecía que esa familia estaba la mar de bien… ¿Por qué los padres de Zack decidirían divorciarse?

-Lo grave es que será el padre quien se quede con la custodia del muchacho…"

El entretenimiento para el día de hoy sería su pequeña pelota roja de goma. Recordaba tenerla desde que era estudiante de primaria. Siempre que botaba nunca hacía ruido alguno, eso era algo muy conveniente considerando que Willie, su profesor de cálculo comenzaría a ponerse dramático e indignado por no tener el honor de atraer su precia atención… se encontraba más concentrada en el insano botar de su pelota, no parpadeaba, botaba contra su pupitre y la palma de su mano, no era una distancia mayor de unos treinta centímetros…

"-Madie no lo ha tomado muy bien ¿cierto?

-Siento tener que dejarla esta semana sola, cariño… se ha deprimido bastante con la noticia…

-Tiene trece años, y lo quieras o no, Susan ya se ha comprometido a venir a echarle un ojo a diario…"

Otra vez esas integrales estúpidas, podría inventarse toda una tesis acerca del problema psicológico que estaba ocurriendo en su mente en esos momentos por culpa de esa estúpida bola roja y seria más interesante que repasar ese tema de calculo que ya dominaba… no hacia ruido, sin embargo la fuerza era tal que conseguía mover aunque fuera un poco el pupitre… sintió la mirada de Bell encima, un tanto intrigada… la ignoró…

"- Cielo, tal vez debería quedarme…

-Prometiste acompañarme a este viaje, cariño. Todos irán con sus esposas, te prometo que regresaremos antes de lo que te imaginas…"

-Mad…

Continuo ignorando el llamado de su pelinegra amiga…

-Mad… es Willie…

El bote comenzó a hacerse un poco pausado…

"-¿Susan Miller?

-Así es…

-¿Es este su domicilio?

-Por así decirlo, en realidad es casa de mis padres y mi hermana…

-Necesitamos que nos acompañe, señorita

-¿Estan mal? Yo no les acompañaré a ningún sitio"

Un viaje… ¿Qué hacia precisamente en Chicago?... ella era nativa de San Francisco, ahí era su lugar: Haight Ashbury, ahí estaban sus padres. Sarah, su querida Sarah que siempre tenía un extraño y amargocito, pero delicioso, aromita a levadura, como adoraba ser ama de casa su madre, siempre protegiendo a sus niñas, pese a que la mayor fuese tan rebelde y en cierta manera desquiciada y libertina, mientras que la menor no dejaba ni dejaría de ser su pequeña "Baby Madie". Richard Miller… su padre, quien trabajase en una Oficina de Correos en San Francisco, en el centro; el tráfico vehicular siempre le hacía que se demorara mucho en llegar a su empleo y un tanto más en regresar a casa, sin embargo siempre estaba ahí para resolverle sus dudas de la escuela… quien sabe, tal vez antes era mucho muy estúpida a comparación de ahora, todos los días tenía dudas escolares… eso, o tal vez lo único que deseaba era verlo antes de irse a la cama.

-Mad… Willie ya te tiene fichada de nuevo…- los impacientes susurros de Isabella llamaron la atención de Samantha también. Le observaban preocupadas.

-Haremos un trabajo en equipo, muchachos. Y no me pongan esas caras largas, que no toda la vida serán individualistas - aunque daba su clase para todo mundo, el rostro de ese anciano no dejaba de estar inclinado en dirección a la jovencita Miller, quien ahora optaba por realizar una extraña técnica de masajeo con una pelota de goma que rodaba por todo su pupitre, incluso por sobre las hojas de su cuaderno de notas -comenzaré por hacer los equipos por mi propia mano. No acepto replicas.

Susan, su hermana mayor, hacia no menos de medio año que se había ido de casa, tenía entendido que en unas pocas semanas contraería matrimonio con ese chico que para ella era todo, menos un muchacho de bien. Era holgazan, y mujeriego aunque Susie no lo aceptará… pero en fin… si ella quería seguir ignorando el hecho de que una de las noviecillas de ese sujeto vivierá cerca del hogar de sus padres, era su problema… su madre estaba cansada de tratar de soltarle la venda de los ojos. Susie era hermosa, y muy linda cuando quería serlo… ¿no habrían muchísimas otras tantas opciones para ella allá afuera?

-Davidson con el joven Wentworth…

-Miller…

Pero no todas las familias tenían que ser perfectas ¿o sí? Y aunque la mayor de las Miller no llevase el mejor rumbo de sus vidas, todos intentaban ser lo más felices que les fuese posible.

"-¡¿Ahora porque se supone que vienen a buscarme, oficiales?! ¡James no ha hecho nada!"

Todavía recordaba lo estúpida que había sonado Susan en aquella ocasión, en aquella ocasión hace más de cinco años, luego de que sus padres se hubiesen a un viaje con los compañeros de trabajo de su padre unos tres días atrás…

"-No es por el joven Anderson por lo que venimos a buscarla

-…"

Todavía recordaba claramente el careto de impaciencia que su hermana se cargaba, todo eso se le fue abajo en cuanto el oficial continuo con su discurso, incluso su fastidio por el hecho de que hacía unos minutos había llegado quejándose acerca de que el dinero no le alcanzaba… se fue directamente por el caño.

"-Necesitamos que identifique los cuerpos de sus padres…"

-¡Miller!

-¿Ahora qué, Willie? -respondió escueta como acostumbraba, guardo la pelota de goma en su bolsillo, ignoro por completo el hecho de que media clase le observaba, seguramente llevaban buen rato mirándole, siendo el centro de atención… como si no estuviesen ya acostumbrados a esos extraños transportes mentales que tenía a veces a través del tiempo…

"-El auto quedó hecho trizas pero conseguimos rescatarlos, aunque no a tiempo" - se preguntaba si esos hombres ignoraban que ahí se encontraba una menor de edad todavía.

-Miller, te observo, más te vale no seguir pasándote de lista - advertía como por milésima ocasión el pobrecito del profesor Williams de Calculo Diferencial - te he dicho que te toca trabajar con Nichols.

-¿Trabajar en equipo? - Pregunto incrédula - Willie, sabes que yo no trabajo en equipo, aun cuando en individual no me des calificación máxima, no pienso hacer equipo con nadie -replicó, y es que, ya anteriormente había realizado trabajos individuales pese a que le dieran calificaciones poco arriba de la calificación mínima aprobatoria. Esta vez no sería la excepción…

-Trabajas en equipo, o no lo haces. Y si no lo haces, no podrás presentar ningún otro examen en adelante -parecía burla, pero era verdad, no podría hacer nada en contra de la autoridad del anciano… no podría ir a la Dirección general puesto que de por si no la tenía en el mejor concepto- me he cansado de que las cosas se hagan del modo que a ti se te antoje, Miller. Ahora, haces las cosas como las he establecido o… sería una lástima que comenzaras a tener problemas académicos ahora que estas en la racha final de tu último semestre en Northside...

Odiaba que las cosas no salieran como lo planeaba.

Ahora odiaba a Willie.

Odiaba el Cálculo Diferencial… bueno, a ese no, la endemoniada asignatura no tenía la culpa.

Y Nichols… Nichols no merecía su atención, le diría que haría el trabajo por su cuenta y que no importaba si le daban una calificación aún sin mover un solo dedo. Prefería eso antes de ampliar su ya de por si reducido círculo social.

"-Nos vamos a Chicago, Madison… no tienes que aguantarme si no quieres, nena… pero prometo que haré lo posible por cuidarte. En San Francisco ya no nos queda nada."

Odiaba su vida, y ahora lamentaba recordar esas últimas palabras cariñosas por parte de Susie… la última persona en la que confió verdaderamente para realizar algo en "equipo"…

 

 



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