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Madison » Capitulo 4
Madison (R13)
Por sakua_chan
Escrita el Lunes 14 de Diciembre de 2009, 20:04
Actualizada el Martes 31 de Marzo de 2015, 20:45
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Capitulo 4

MADISON
Original

Por Sakua-chan

Capitulo 4

Ese cuerpo subía y bajaba una y otra vez por la acompasada respiración que acompañaba al sueño de la ahora "Chica dueña de sus quincenas"… los labios entreabiertos incitándole a besarlos. Lástima. A fuerza de buenas y duras lecciones había aprendido a no aprovecharse de las señoritas, pese a las circunstancias… nadie como su pequeña Madie para enseñarle eso. Ni aun cuando esa adormilada dama se encontrase en su séptimo sueño justo a su costado en su cama revuelta.

*****

-Una dona azucarada para la señorita, por favor…

¿Qué se suponía que hacia ese sujeto? No lo había tratado para nada, justo como hacía con todos a su alrededor… momento, sí que lo había tratado una vez y no había sido precisamente para decirle "Buenos días", le había llamado "imbécil" y ahora él venía a darle de limosna ¿una dona azucarada?

-Solo tomo café, chico

Bien, no había sido grosera ¿verdad?... lo había llamado "chico" en esta ocasión, eso debería de ser suficiente disculpa por aquello de su primer accidentado encuentro en el estacionamiento ¿no? En fin… que se conformase con eso. Pero… ¡Rayos! Había dejado a Betty con la dona en mano, solo esperaba que para la próxima no estuviese molesta por ese pequeño detalle, o que de al menos el nuevo cocinero le alegrase el día como a últimas fechas había hecho. Era hora de ir con Bell y Sam a su jardinera favorita.

-¿Dona azucarada, Nichols? - se mofaba el primo del aludido una vez que este llegó hasta la mesa del comedor que varias chicas habían reservado para ellos, aunque realmente no era mucho merito considerando que aún no era hora para que el lugar estuviese atestado de gente hambrienta -tu no comes esas cosas…

-¡Ya sé que no como estas cosas!- recalco la obviedad el muchacho con el seño fruncido y los labios retorcidos en una mueca de disgusto - la mujer esa me la ha enjaretado muy a la fuerza.

-¿Betty? - inquirió extrañado Dave- pero si esa mujer prefiere no mover ni un dedo para nada ¿Cómo podría ella siquiera moverse para tomar las pinzas… coger una dona y dártela?

- Al parecer se ofendió de que la hiciera moverse para darle la dona a Miller -de mala gana la dona fue comida en unas cuantas seis mordidas del chico de gran mandíbula y perfil envidiable -¿puedes creer que se negó a aceptármela porque "no toma más que café"? - se explayaba mientras hacia un ridículo intento por imitar a la chica en cuestión.

-Así es ella, a pesar de que es raro verla en el comedor, siempre que viene es solo por café- habría sido bueno que nuevamente el comentario de Wentworth fuese más oportuno, tal parecía que había hecho el ridículo por culpa de su querido primo - es muy gracioso eso, no sé si lo notaste, pero era la única en la fila que no llevaba charola de comida.

-Lo que sea… -espeto un cortante Ethan.

-El nuevo quiso humillarme

Eso fue lo que llegó informando la pequeña sabelotodo, Madie...

Tiró al contenedor de basura su vaso de café ya vacio, el cual había tomado como si de agua pura se hubiese tratado y fue a recostarse a "tomar el sol" junto a Bell a la cual los rayos de sol de hacían los mandados aún y con su ropa oscura ya acostumbrada.

-¿Nichols?- pregunto Samantha dejando de lado la tarea de Biología de ese día que había dejado pendiente la noche anterior - ¿Te hizo algún gesto? Me parece algo presuntuoso y tal vez hasta creído, pero parecía respetuoso.

-Me invito una dona azucarada, según…

-A mí a duras penas me ha contestado el saludo un par de veces - comentaba la rubia entrando más en materia.

-Será que eres muy insistente, chica rosita - bromeaba Bell, de sus pocas y bromistas sonrisas que poseía, solo con esas dos chicas a las que les llevaba más de dos años de longevidad era con quienes las compartía - porque yo no he necesitado ni mirarlo dos veces para que me salude o se despida de mi. Tampoco es que me interese pero…

-Pero tú le infundes miedo a cualquiera, Bell… - completaba Madie, quien ya se había colocado sus gafas de sol.

-Ni yo pude haberlo dicho mejor, Mad. Y aun no entiendo el porqué de que sea así - y las bromitas y risitas continuaban incluso en medio de ese grupo extraño de amigas.

Hablar de Isabella McCain, era hablar de la chica de ropas negras y largos cabellos del mismo color, la chica que fumaba cerca de diez cigarrillos al día y todos de sabor "Vainilla intensa", como lo marcaban sus cajetillas. Era hablar de aquella chica que únicamente vivía con su padre, un ex-alcoholico al que se la pasaba presionando para que no perdiera los trabajos fortuitos que de repente encontraba de plomero o electricista, que era lo único que sabía hacer. Era hablar de la chica que todos los ciclos escolares reprobaba las asignaturas enteras y las acreditaba en los exámenes extraordinarios con decentes calificaciones.

Hablar de Isabella McCain, era hablar de una de las pocas verdaderas amigas de Madie… una persona que conocía a la castañita matada, la chica que junto con Sam sabía a la perfección que si Nichols intentaba ser amable no le sería una tarea fácil, y que si seguían intentándolo… debería descubrir eso a la mala. Pobre chico, seguramente con ese desplante sería suficiente.

 

-Recuerda que debo regresar a química… ¿De qué querías hablarme?

Aquella mañana era como todas, con la única novedad de que eran cerca de las siete y ahora no había tenido la necesidad de utilizar a su "siempre confiable" despertador. Había experimentado uno de esos no muy agradables sueños que le hacían tener unas regresiones también un tanto desagradables.

-Nuestros horarios son tan diferentes…

A su mente regresaba la imagen de esa linda casita victoriana en el barrio de Haight Ashbury en San Francisco. Podía recordar con total claridad sus paredes forradas con papel tapiz de unas extrañas manchitas rosa pálido. Un cuando estuviera por cumplir los dieciocho y esos recuerdos dataran de hacía casi cuatro años, todos seguían dolorosamente nítidos en su cabeza.

-Confórmate… hemos sido amigos desde los cuatro años, Zack…

Necesitaba café, los ojos aún le pesaban y el cielo todavía no estaba completamente iluminado a esas horas… pero no era su deseo volver a dormir. Esas ligeras ojeras por debajo de su delineado negro no tenían porque desaparecer.

-Ok, si tanta prisa tienes te llevo a tu clase…

-¡Ahora me dices porque tanto misterio!

Su pijama del día constaba de la misma playera que había llevado todo el día anterior, exceptuando la parte de abajo donde solo portaba su ropa interior. Le urgía un café bien cargado, era lo único que le tranquilizaba cuando pasaba por esas crisis nerviosas… hacía frío en Ilinois, tanta era su turbación que ni con su escaza vestimenta conseguía tener ni el más mínimo escalofrío.

-Nos vamos, Madie. Mi familia y yo nos vamos de San Francisco.

El apartamento no era muy extenso. Constaba de dos habitaciones y una de ellas era ocupada como bodega y estudio también, una pequeña cocineta, el recibidor y un baño pequeño. No tuvo que dar más de quince pasos para llegar a la cocineta.

Una…

Dos…

Tres…

Y cuatro…

Cuatro cucharadas, una más pequeña que la otra, o tal vez más grande… no importaba, tan solo necesitaba cafeína. Azúcar no tenía desde la semana anterior y las galletitas con forma de animalito que tenia de reserva para los desayunos se habían terminado hacía unos dos días.

-¿Lloras? No llores, Madie…

 

Northside continuaba igual de escandaloso que todos los días. Aunque la clase 5202 no podía darse semejantes lujos, las tareas para el presente día estaban bastante pesadas. A Gordon se le había pasado la mano con su dichoso ensayo sobre Historia del Arte Contemporaneo y ni que hablar de Willie y sus tres páginas completas de ejercicios. La biblioteca era el lugar más absurdo para intentar terminar tus tareas, siempre te daba somnolencia y por ende tu rostro terminaba pegado sobre la mesa… ¡Nada como el ruido del comedor! Todo activo y el olor a comida te mantenían con los ojos bien abiertos.

-¿Qué te falta, Sam?

-El ejercicio siete, el catorce, el quince, el dieciocho, y el veinte -respondía la rubia sonrosada.

La mirada de reprobación de Isabella fue de lo más oportuna, la rubiecita había realizado precisamente los ejercicios de calculo que parecían un chiste para cualquier matemático, eran precisamente los ejercicios que le faltaban con los que medio mundo se estaba quebrando la cabeza.

-Madie ¿Cuáles te faltan a ti?

La aludida parecía demasiado concentrada con lo suyo, hacía rato que no habían visto que su lápiz se despegase de la hoja de papel. Según sabían, había terminado ya la unidad obligatoria que Willie siempre le enjaretaba de más a diferencia de los demás compañeros, pero de la tarea estrictamente obligatoria no sabían nada.

-¿Madie?

¿Era normal que alguien se demorase tanto en responder?

-¡Madison Miller! - exclamo preocupada Davidson, quien se levanto de su asiento para zarandear a su amiga del otro lado de la mesa.

-¿Qué te ocurre, Mad?- Bell se veían preocupada también, cosa extraña para su rostro aún más inexpresivo que el de ninguna persona. Había dejado de lado el cuaderno para enfocarse bien en Madison, que todavía atontada dejaba en claro que pese a tener el lápiz en mano, y la cara gacha en dirección a los números en sus notas… se había quedado ida.

-¿Qué? Perdón, Sam ¿qué me decías?

Intento parpadear varias veces para desperezarse y hacer el ridículo intento de hacerles ver que se encontraba bien. Samantha e Isabella no creerían semejante mentira.

-Cariño, ¿qué desayunaste hoy a parte de café?

Samy en definitiva sería una excelente ama de casa, esa simple pregunta y nuevamente se había enjaretado a las dos chicas para comer algún rico guisado de la rubiecita en su apartamento.

Se preguntaba si eso era bueno… ¿No se provocaría un desorden alimenticio aún más grave?

¿Cuánto más aguantaría ese ritmo de vida?

Por ello era que su futuro profesional no le preocupaba…

¿Cuántas posibilidades habría de que eso se hiciera una realidad?

 



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