Historia al azar: Sacrificio
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Madison » Capitulo 11
Madison (R13)
Por sakua_chan
Escrita el Lunes 14 de Diciembre de 2009, 20:04
Actualizada el Martes 31 de Marzo de 2015, 20:45
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Capitulo 11

MADISON
Original
Por Sakua-chan
Capitulo 11


-No prometo ponerme bonita, te lo advierto…

-Estés como estés será suficiente para poder presumirte a mi lado. Para mí siempre estarás bonita.

-¿Aunque este en los huesos?

-Por eso iremos a cenar juntos más seguido… para que consigas más carnes -rió pícaro.
-Idiota. Solo piensas en "eso"

-Solo pienso en ti haciendo "eso"

Por alguna extraña razón ambos sabían que el significado de esa conversación no era precisamente uno vulgar. Ella se sonrojó.

*****

Pocos sabían al respecto. No era algo de lo que la familia Nichols se hubiese alegrado que se llegase a divulgar. Inclusive el matrimonio Nichols se había encargado de dejar aquel secreto como un simple rumor de la sociedad jamás confirmado, y vaya que se había especulado mucho. Katherine, su hermana había sido la más desconsolada después de todo, mucho comentó y habló acerca de la ilusión que le hacía el convertirse en tía, pese a lo prematuro que sería su hermano como padre de una criatura.

Eran por aquellos tiempos en que comenzó a ponerse de "moda" el ver por aquí y por allá parejas jóvenes con bebés en brazos, padres jóvenes de no más de dieciocho años. Pero él era Ethan Nichols, el mayor de los hijos de ese matrimonio adinerado gracias a su línea editorial que imprimía libros de todo tipo e inclusive algunas revistas también se les adjuntaban para la impresión de sus artículos y reportajes, así de importante era el apellido de este jovencito de catorce años. Este jovencito de catorce años, que al salir de la escuela secundaria tuvo su primera perdición: Una mujer. Una chica, una compañera del colegio, mas no de clases. Pero no cualquier chica, una chica pobre, pero una chica que no lo miraba hacia arriba gracias a su dinero, como todos sus demás compañeros hacían.

Eran esos tiempos en que las "Ciencias Naturales" y el "Civismo" aún aparecían en su tira de asignaturas del colegio. Esos tiempos en que aún tenía que preocuparse por tener que llevar un estúpido uniforme escolar, un gafete para ingresar al colegio y claro, todos los libros y cuadernos que se exigían, aunque pocas veces les daba utilidad gracias a la terrible distracción que llegaban a ser sus "amistades" de aquel entonces. Eran días en que el "volarse" una clase, ir a la "conquista" de niñas que no pasaban de los catorce, "comparar" resultados de los exámenes con el compañero de al lado y por supuesto "irse de pinta", eran como el pan de cada día para un chico de secundaria.

Nathalie, fue el nombre de la que hubiera podido arruinarle la vida por completo, eso había dicho Alice de Nichols, su Madre. Si, ahora que lo pensaba podría haber sido así, o tal vez no… tal vez y solamente tal vez, Nathy podría haber sido la que por ese entonces le hubiese quitado lo mimado e irresponsable que era la mayoría de ocasiones.

Nunca supo de Nathy nada más allá de su nombre y su edad. Nathy tenía trece años recién cumplidos cuando la conoció. Llevaba un vestido de una tela con un estampado bastante horrible y un delantal sucio que al no ser de su talla rebasaba incluso el largo del vestido.

Siempre fue su costumbre verla en el colegio, más no en clases, su misión no era la de ir a estudiar a ese plantel y comenzar a conocer acerca de los cosméticos que podía usar a su temprana edad, sus padres eran los encargados de la limpieza de aquella escuela secundaria para hijos mimados con familias adineradas, y ella… ella se encargaba de la limpieza del gimnasio. Ahí fue donde la conoció.

Encargada de limpiar a como diera lugar la duela de la cancha de basquetbol techada, tan arduamente y con ese pobre trapo viejo, casi sintió pena de verla agachada a cuatro puntos luchando por borrar esas horribles huellas que él junto con sus amigos se habían encargado de dejar grabadas con ayuda de sus zapatos deportivos... con toda saña. Nunca se había preguntado realmente quien era el encargado de limpiar después esas "travesuras".

-Nathalie, así me llamó, joven - esas habían sido las primeras palabras que ella le había dedicado cuando por fin se había decidido a dirigirle la palabra. Algo prohibido por todos sus profesores y prefectos, ella era inferior, pero sus amistades le habían retado a intentar mirarla siquiera, a esa pobretona, a esa don nadie, a esa basura que no servía más que para limpiar el camino por el que ellos pasarán. Que crueles podían ser los mocosos que nunca en su vida se habían esforzado por nada que de verdad les importase o ya de menos asear la habitación en que dormian.

A un metro de distancia, en el momento en el que se decidió a aceptar el reto por fin pudo apreciar lo hermosa que era la niña en cuestión. Su blanco rostro a pesar de estar llenó de sudor y polvo dejaba ver unos pómulos sonrosados, unas largas  y curveadas pestañas adornando sus verdes ojos y unos labios rojizos que para nada llevaban brillo labial, cosa que hacían todas sus compañeras de clase.

Era menuda, no muy alta, y con un cabello a medio rizar de un rubio quemado que ya muchas otras niñas habrían envidiado, esas niñas cuyo mayor cómplice eran ni más ni menos que las planchas rizadoras de cabello. Y no fue sino hasta el momento en que llegaron a entregarse juntos que notó también lo curtidas que se encontraban sus manos gracias al trabajo duro al que era sometida.

-Yo te voy a sacar de aquí…

-… - ella gimió por última vez, de manera lastimera, casi parecía dolerle lo que ese chico ricachón le estaba suspirando al oído.

Tal vez había sido un error brindarle su amistad a escondidas, más aún entregarle su amor incondicional, su confianza y ahora también su cuerpo y alma. Desde la primera vez en que habían cruzado palabra ya había pasado casi un año, y ahora ella estaba ahí entregándosele por completo dentro de la bodega del gimnasio escolar donde se guardaban las colchonetas para la clase de Acondicionamiento físico.

Tal vez ese era su destino, simplemente ser utilizada de ese modo; ella  jamás saldría del hoyo donde se encontraba, y no esperaba que Ethan fuese su salvación, él chico había aprendido a dejar atrás su lado engreído gracias a ella, estaba dispuesto a sacrificarlo todo por ella, al menos eso le decía, e ilusionadamente ella quería creer que era así, él se lo juraba siempre con el corazón.

-Tan solo dime que si, Nathy. Robaré algo del dinero de mi padre y nos fugaremos juntos…

Lo sintió tan dentro de ella. ¿Por qué tenía que escoger este momento para hablar de esas cosas que parecían un sueño? Aunque si tenía que ser sincera, ese castaño de ojos color caoba era lo mejor que le había pasado en la vida, todos estos sueños e ilusiones que le contaba en medio de suspiros y gemidos sobre su piel, no podían sonar mejor en ninguna otra situación. Quería creerle, ansiaba creerle, no quería parecer ninguna abusona, pero de verdad lo quería, ansiaba que él y solamente él fuese su salvador.

-Quédate conmigo, Ethan.

-Te lo prometo, Nathy…

La mayoría de las veces en que uno hace una promesa, resulta ser muy complicado hacerlas una realidad, muchas otras personas optan por convertirlas mejor en un compromiso interno, tal vez el hecho de no proclamarlas con nadie es lo que no te ata a que se conviertan en una obligación y por ende se te hace menos difícil llevarlas acabo.

-He vomitado, hace poco me desmaye, Ethan… no quiero imaginarme lo que eso significa…

-No te preocupes, ya falta poco y yo cuidaré de ti y me haré cargo de lo que sea que ocurra…

A sus diecinueve años, Ethan Nichols siempre ha dicho que no se meterá más nunca en problemas de faldas, ha dicho que no necesita estar con una sola mujer cuando puede estarlo con más de dos, tres o las que sean. Si ellas se le ofrecen tan tranquilas de la vida, si no se hacen las difíciles es porque ni a ellas ni a sus mismos progenitores les interesa lo que ocurra con sus vidas. Y por ende no le interesaría compartirlo con otras tantas candidatas. Ninguna de ellas querría nunca nada en serio.

Perdió su virginidad a los quince años, más de una vez se ha mofado de ello, nunca ha dicho con quien ni como fue, Katherine, su hermana ha sido siempre su confidente y la única junto con sus padres que sabe aquel secreto. "Algo" paso, y "algo" lo cambió. En su época de secundaria, mucho se le relaciono con la hija de los señores de limpieza de su colegio.

Cuando Ethan estaba por cumplir dieciséis años, esta chica desapareció quedando en el plantel solamente ese pobre matrimonio a quien si se les preguntaba por su hija, una pequeña chica rubia de ojos verdes, siempre respondían: Nosotros nunca hemos tenido hija alguna.

Después de un tiempo desaparecieron sin dejar rastro. Un matrimonio viejo y sin hijos.
Pero él lo sabe. Ethan lo sabe. Él siempre supo de lo que pasó con esa única chica a la que nunca le intereso su dinero, esa chica que sin importar nada se enamoró de él, esa pequeña que le robó el corazón y algo más que eso.

Él sabe acerca de lo que pasó en aquel consultorio clandestino al que la obligaron a asistir los padres ambos, él sabe de la cuantiosa indemnización que sus padres pagaron a esos desalmados encargados de limpieza luego de que su hija falleciera por una hemorragia en medio de esa maldita técnica de aborto a la que ni él ni Nathy habían aceptado, pero que sin embargo asistieron luego de aquella promesa por parte del señor Nichols "No es momento para que arruinen sus vidas, nosotros correremos con los gastos de la cirugía, y podrán estar juntos, siempre y cuando tu termines la escuela y ella por lo menos la empiece".

Las promesas siempre son algo complicado de llevar a cabo. Si se quedan como un pequeño compromiso interno y se tiene toda la voluntad puede que se hagan una realidad. Y en esa ocasión, la vida de dos personas fue el precio a pagar por esa absurda promesa que jamás se realizaría.

No volvería a tomarse a nadie así de en serio. Tal vez había sido un romance de niños que se torno más complicado que eso a final de cuentas. Pero prefería abstenerse.



-Vaya… es la primera vez que te veo tan pensativo, hasta pareciera que de verdad traes algo interesante en la cabeza, Nichols.

-¿Te encuentras mejor, Miller?

Rumbo a la clase de Cálculo se había encontrado con esa extraña chica, por más que quería no conseguía dejar de desear molestarla. Sin embargo, el día anterior había presenciado algo que le había atraído más a su engreída y presuntuosa actitud: Su debilidad.

-Gracias por esto.

La chica le extendió un trozo de papel, el lo recordaba de aquella mañana, casi sin quererlo y sin poder controlarse, había decidido a quedarse en vela cuidando a esa chica con extrañas y peligrosas crisis nerviosas, más de una vez había tenido que ayudarla a no morderse la lengua y también a remojarle los labios con agua tibia, no se explicaba cómo había podido sobrevivir todo este tiempo sola y lidiando con las que parecían ser continuas pesadillas nocturnas; el papel era algo que él le había dejado al lado de su almohada "Tengo que irme a casa. Cuídate bien. Descansa. Ethan".

Era algo que le había escrito por ahí de las seis de la madrugada cuando Madison había parecido apaciguarse por fin. Él debía regresar a casa y tal vez y solamente tal vez habría ocurrido el milagro de que Dave no hubiese notado su ausencia.

-De nada - respondió quedo llevándose el papel al bolsillo trasero de sus jeans.

-No esperes un trato especial solo por lo que viste ayer, chico

-No lo esperaba para nada, Miller -no pudo evitar sonreír ante esa respuesta.

¿Qué tipo de gesto era ese? Más aun después de lo que había visto, tal y como ella decía. Le causaba incluso un poco de ternura su actitud todavía terca y temeraria pese a que ahora mismo podía ser ella la presa después de que ahora él conocía su precaria situación.
En silencio continuaron encaminándose al aula de clase.


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