Historia al azar: Usted se me llevo la vida
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Madison » Capitulo 10
Madison (R13)
Por sakua_chan
Escrita el Lunes 14 de Diciembre de 2009, 20:04
Actualizada el Martes 31 de Marzo de 2015, 20:45
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Capitulo 10

NOTAS:

¬¬ jejeje… que les digo? Pues hoy esta historia sale de esta página n_n interesados de que les vaya enviando los capítulos paulatinamente favor de dejar su correo en un review, igualmente pueden enviarme un mail a ahiru_gazenyappy@hotmail.com y ahí los atenderé con gusto n_n

 

 

 

MADISON
Original

Por Sakua-chan

Capitulo 10

-Hoy me quedaré hasta tarde en la editorial…

-Sabes que no podre esperarte con la cena

-Es mero pretexto para que salgamos a cenar, nena

Era sorprendente la facilidad con la que ahora la hacía sonrojar, era una chica que solo necesitaba amor.

*****

Desde que habían salido de clase había notado muy extraña a Miller. En realidad había sido desde el momento en que el tal Nicholas llegó al salón de clase  muy campante de la vida hablándole de la familia y el vecindario a la chica, a pesar de que parecían conocerse podría asegurar que el hombre aquel no era muy del agrado de Miller, recordaba haberla visto incluso tomar un color más o menos verdusco en la cara. Por un segundo sus ojos marrones se cruzaron con los suyos a la expectativa de la situación y habían vuelto a desorbitarse con el nerviosismo que al parecer ese profesor le causaba.

Un café. El nuevo profesor de Calculo la había invitado a tomar un café, pero después de que la chica hubiese salido a, lo que él suponía, era la invitación… no había regresado a tomar ninguna clase más.

Estaba consciente de lo tarado que había quedado al preguntarles a sus amigas por su paradero. La blanquita de aspecto fúnebre le había mirado con cara de "Piérdete, imbécil", gracias al cielo la rubiecita que siempre le daba los buenos días y de quien ni su nombre sabía, si que le había dado una respuesta "Nos llamó, dijo que estaba aburrida e iría a la Biblioteca de su vecindario, ¿La necesitabas para algo, Nichols?"; a ciencia cierta no la necesitaba para nada, pero le picaba la curiosidad ¡¿y a quien no?! Era la primera vez que veía a Miller tan nerviosa, tan sin saber cómo actuar, tanto tonta, tan idiota, tan a la merced de cualquiera; de hecho le extrañaba que nadie más estuviese investigando como hacía el ahora.

La última clase había terminado más allá de las cinco de la tarde, el sol estaba comenzando a ocultarse y el viento a arreciar un poco, su clase había sido de las últimas en abandonar el plantel en este día viernes; le habían invitado por lo menos a tres "Party´s" unas cuantas chicas de clases menores, no estaría nada mal asistir.

David había salido casi corriendo a casa, algo le decía que tenía que ver con el hecho de que Katherine telefonearía hoy cuando la noche estuviese por caer, su hermana siempre aprovechaba cuando su madre estaba en la hora del té para llamar sin permiso a su hermano y primo respectivamente, aunque también tenía la idea de que llamaba más por el segundo que por él mismo. Dave podría ser más o menos un casanova casual, pero extrañamente a Kathie siempre la mantenía en algún tipo de raro pedestal, no era difícil de imaginarse porque.

Pero las fiestas colegiales comenzaban su buen ambiente alrededor de las nueve o diez de la noche en adelante, sería estúpido intentar llegar desde esas horas; podría haber ido a dejar los libros a casa para perder tiempo, pero precisamente ese día se le había ocurrido dejar todo en el casillero.

Caminar sin rumbo no estaría mal, aunque era tonto decirlo cuando ya llevaba más de media hora en esa tarea y sin desearlo ya iba rumbo a su hogar, estaba tan solo a un vecindario de llegar… un vecindario bastante feo por el que nunca había pasado, cabía destacar, los edificios eran asquerosamente feos, de ladrillo rojo, basureros a los lados de la calle atestados de desechos que se desbordaban ¿hacia cuando que no transitaba en camión basurero por esos lugares? Deseaba con todas sus fuerzas que las cuatro ratas que había visto correr a sus pies eran mero producto de su imaginación, lo mismo deseaba para las cucarachas tamaño jumbo que recorrían las paredes de dichas edificaciones de vidrios rotos y gente ebria o drogada en sus puertas.

Vaya… tal vez eso de perderse caminando sin rumbo no había sido la mejor opción. Estaba seguro de que en cualquier momento alguno de esos sujetos le pondría una navaja en el costado para poder vaciarle los bolsillos de cualquier objeto de valor que pudiese traer consigo. ¿Y después con que cuentas le iría a su padre? "Papá, pase por uno de los lugares más horribles de Chicago, me partieron la cara, me quitaron todo lo que llevaba conmigo para poder contonearme en la escuela como típico niño rico. Dame más dinero", sí, claro, sobre todo después de lo enojado que de por sí ya estaba su progenitor, a según qué porque era igual de despilfarrador que su madre.

¡Bien! Una tienda de autoservicio. Sería su lugar de resguarde hasta que pudiese llamar a un taxi a que pasará a recogerle seguro. Se preguntaba cómo era que semejante lugar siguiese con vida en medio de un sitio como ese. El tendero debía de tener valor, o a saber cuántas veces no robaban la caja llevándose lo poco que tuviera dentro.

Estaba contemplando los paquetes de goma de mascar como si fueran la octava maravilla del mundo, mientras buscaba en el teléfono celular el número del sitio de taxis que siempre solicitaba luego de sus parrandas que ahora tenía en Chicago, cuando, sin querer golpeó a alguien en el hombro al darse la vuelta en su caminata desesperada dentro del local.

-¡Vaya…!- exclamó restándole importancia a su teléfono. La persona con la que había chocado había salido corriendo al momento que con su velocidad y descuido había dejado caer unos cuantos paquetes de la sección de dulcería. Los reclamos del tendero no se hicieron esperar, y el no dudo en ir detrás de esa persona… jamás se imagino que esa persona fuera de esas…

-¿Así que ahora robas caramelos de las tiendas, Miller?

Había corrido detrás de esa chica. Era una cerebrito, pero una cerebrito muy poco decente. Poco le había importado que la castaña se profundizara aun más en el horrendo vecindario, mucho menos se sorprendió de que ingresara a uno de los edificios más viejos que no tenían ni puerta ni portero de entrada por salida mucho menos. Pudo capturar a la ladrona justo cuando esta se atoró con la puerta de lo que suponía era su hogar.

-¿Te ayudo?

No dijo ni si, ni no. Nichols tomó las llaves, las cuales no sirvieron de mucho puedes terminó abriendo con un fuerte empujón.

-Pasa si quieres, a no ser que el lugar sea demasiado pobre para tus sacrosantos pies

No era precisamente una invitación muy cortes, aun así la aceptó. Optó por no cerrar completamente la puerta, tanto podía caerse o dejarlo encerrado ahí de por vida.

-No se te da mucho la limpieza, ¿cierto, Miller?- acotó menospreciando sin querer el desordenado departamento. Las ventanas por fuera parecían tener capas y capas de suciedad. Todo estaba tirado y mal puesto, sin embargo al pasar el dedo por cualquier superficie este no se ensuciaba, lo cual daba a entender que a pesar del aspecto horrible el lugar estaba aseado.

-¿Y a ti si, Nichols?- golpe bajo, considerando que tenía servidumbre incluso en el hogar que compartía con Dave.

Miller había cruzado el reducido departamento hasta llegar a una habitación sin puerta, parecía ser su habitación, ella permanecía ahí un buen rato ¿era acaso una invitación a seguirla? Las chicas a las que había conocido hacían eso solamente cuando deseaban encamarse, pero esta chica parecía estar ordenando cosas, no había ni oportunidad alguna para pensar en cosas sucias con ella… sorprendentemente no le parecía aburrida.

-Y… ¿Como porque has robado en esa tienducha?- inquirió luego de que la alcanzo en esa pequeña habitación, ¡La suya debería de ser por lo menos cinco veces más grande que eso!

-No he robado caramelos, necesitaba azúcar - respondía Madison mientras recogía unas cuantas prendas de vestir del suelo para arrojarlos en un cesto, tal vez ese era su día de lavado ¿querría que la acompañase a la lavandería? ¿Habría lavanderías por ahí? - Samantha insiste en que es malo tomar café con los granos solamente.

-Ya veo… - ahora la perseguía de cerca hacía otro lugar aun más reducido… ¡un mini-cuarto de lavado! Y… ¡¿eso era una lavadora?! ¡ni siquiera parecía tener sistema de centrifugado, ese del que siempre se quejaban las lavanderas en su casa! -¿vas a echar a lavar tu ropa?

-La lavadora no funciona desde hace siglos, mi hermana la descompuso cuando estuvo viviendo aquí de recién casada - tuvo que asomarse aun poco más, el lugar era tan pequeño que o entraba Miller o entraba él - siempre he lavado a mano, pero lo haré mañana, ya es demasiado tarde para hacerlo hoy - sin nada de culpa pasó haciendo a un lado al muchacho. Regresó a su dormitorio para echarse sobre el intento de cama que tenía.

-¿Vives sola?

-¿Piensas aprovecharte de eso con tu mente sucia, como la otra vez que estuvimos en tu casa? - había tomado un libro, al parecer debajo de su cama habían bastantes, a penas y había levantado la mirada para preguntarle aquello?

-No… -¿Por qué era que le avergonzaba ahora aquello? - es una simple pregunta, no tienes porque responder - Miller había inclinado el rostro a modo de hacerle ver que podía tomar asiento en la silla que hacia juego con su mesita-escritorio de tareas.

-Pensé que eso ya lo sabía todo mundo. El mundo me fisgonea y no sé porque - era increíble, la chica podía hablar y leer perfectamente al mismo tiempo, y algo le decía que si le preguntaba la última línea que había leído podría decírsela de memoria, prefería abstenerse de ello - desde hace un poco más de cuatro años que vivo aquí.

-El sujeto que da Cálculo ahora dijo algo de que no eres de Chicago.

-¿Eres oficial de policía o a que se debe este interrogatorio? Son más de las ocho de la noche, no son horas para que un muchacho este en casa de una jovencita que está sola - se mofó regresando a su lectura. No le dio oportunidad ni de respuesta alguna a su burla cuando continuo hablando - antes vivía en San Francisco con mi familia, en Ashbury, ese lugar donde están las casitas graciosas que todo mundo quiere ir a fotografiar.

-Entonces tus padres siguen allá ¿no? ¿Vas a visitarlos?

Estaba disfrutando la velada a pesar de todo. Madison no era de las chicas bobas que hacían de todo por mostrarle su habitación, como si le importase, que se desviviese por atenderlo con té o café, o que buscase el mejor asiento para ofrecérselo. Solo lidiaba con su compañía en una conversación interesante y casual al mismo tiempo, la media luz que les daba ese foco viejo en el techo hacía todavía más placentero el momento.

-Yo no tengo dinero para eso. Mi hermana, es la que va a dejarles flores cada que se acuerda de ellos - sorpresivamente la chica se levanto y se dirigió a la salida, en menos de dos minutos regreso con una taza de café - si quieres uno ve y prepáralo tu mismo -completó.

Hizo caso omiso de la bebida ofrecida, pese a que sus labios cada vez estaban más secos ¿sería la curiosidad la que provocaba eso?

-¿Flores?

-A Sarah, mi mamá,  siempre le gustaron los… crisantemos blancos, por lo regular eso es lo que se le compra.

-Pero ¿no sería más fácil para ellos comprarlos allá?

-¿Y tu estas tonto o todavía no entiendes que mis padres no viven conmigo porque están muertos?

No sabía que le había dejado más helado, si la mirada penetrante que le observaba detrás de esa taza de café frío, porque era evidente que ni el agua había alcanzado a calentar, o la información que no había estado seguro de haber estado preparado para recibir.

-¿Ya te comió la lengua alguna de las ratas de allá afuera, Nichols? -aquella era la primera sonrisita que soltaba la castaña. Era una muy cruel, si se detenía a pensarlo ¿Quién podría hablar con tanta soltura de eso? Ni siquiera él que tanto detestaba a su padre y su estúpida idea de heredarle su aburridísima editorial, o a su madre que nunca se había ocupado de él y de su hermana, siempre dejándolos con las nanas y las niñeras, ni siquiera con todo eso podría haber hablado así referente a la posible muerte de sus progenitores.

-Tú no puedes ser humana…

-¡Y tu siempre me has parecido un animal en brama ¿y qué?! - Rezongó cual niña pequeña - no sé qué haces aquí con tu cordial visita sin invitación ¡lárgate de una buena vez, estúpido fisgón! - Estaba de más mencionar la sorpresa que se llevó cuando también cual chiquilla caprichosa comenzó a tirar de su brazo para levantarlo de la silla en total plan de correrlo de su morada - ¡te estoy diciendo que te largues, imbécil! ¡No necesito la piedad ni la misericordia de nadie! ¡No quiero la lastima ni el cuidado de nadie ahora que ya no lo necesito! ¡Cuando los necesite todos me abandonaron, pensaron que Susan era su salida de emergencia y me dejaron aquí rodeada de ratas y cucarachas obligándome a valerme por mi misma!

-¿Mi-Miller? - era evidente que la chica no podría con semejante peso que él se cargaba. Parecía padecer algún tipo de bipolaridad.

-¡Yo que iba a saber lo que significaría quedarme huérfana!

El agarre en su brazo se aflojo y la muchacha se deshizo en sus brazos. Pequeños golpes desesperados se sintieron en su pecho, y solo con esa cercanía pudo apreciar el modo en que pequeñas lágrimas pendían peligrosamente de las largas pestañas de Miller. Los golpes cesaron y la puerta de la entrada se abrió de par en par. Una replica muy parecida a la de su histérica compañera, solo que con cabello entintado en negro y un rostro cansado y acabado, ingresó sin pudor alguno.

-¿Quién es usted? - se encontraba anonadado y con la castaña en brazos, había perdido el conocimiento, eran demasiadas cosas para un solo día ¿Esa chica verdaderamente era tan débil pese a como se mostraba en la escuela?

-¿Tuvo una crisis de nuevo?

No le había respondido a su pregunta más que con otra cuestión que nada tenía que ver con lo que él había planteado. Prácticamente le arrebataron a la chica cerebrito de sus brazos para arrojarla en su colchón mal puesto con unas cuantas sabanas. Bastó con un par de bofetadas y Miller despertó, un par de píldoras que la mujer mayor sacó de su bolso, bastaron para que Miller dejase de hipar y de enterrarse las uñas en las palmas de las manos.

-Susan…

Suspiró Miller con suavidad. Él permaneció en silencio todo el rato pegado a la pared, la chica había estado como una loca.

-Nena, vengo de rápido. Te he dejado debajo del tapete de la entrada la mitad de tu mesada. Lo siento, quisiera que hubiese sido más, pero me surgió algo…

Un rápido beso en la frente, y la mujer que respondía al nombre de Susan salió sin reparar en el hecho de que la menor se quedaba indefensa en compañía de un extraño.



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