Historia al azar: Por que he de matar
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
Harry Potter y el Estigma del Fénix Sagrado » Capi 8
Harry Potter y el Estigma del Fénix Sagrado (ATP)
Por Parvati
Escrita el Sábado 27 de Marzo de 2004, 16:04
Actualizada el Domingo 15 de Abril de 2007, 21:03
[ Más información ]

Capi 8

Hello a todos! ¿Cómo están?

Aquí una nueva actualización. Oh, sí... Seguramente la mayoría se desmayará al solo ver que hemos tardado una mínima semana en escribirlo... Pero les seremos sinceros: no tardamos una semana. Un ataque de musa por mi parte y en tres días estuvo listo. ^^ Pero como no recibimos muchos reviews (gracias a quienes han opinado ^^) preferimos castigarlos de esta manera XD! Así que ya saben, si quieren rápidas actualizaciones, rápidos reviews tendrán que pagarlo...

Enjoy the fict!

Luis: Me alegro que te esté gustando y que mantenga tu intriga ^^! Ojalá el capi te guste... Personalmente, es uno de mis favoritos. xD!

PR Black: Muchas gracias! Lo seguiremos, no te preocupes. ^^!

CheP: Crees que es imposible? Yo creo que cuando actualice de LHP (el día bendito que la musa vuelva a mí...) lo superarás. Tus reviews siempre son enormes, muchas gracias xD! Si la anterior actualización te sorprendió, espero que aún sigas viva con ésta. xD! Me alegro que no h ayas tenido que releer. En el Expreso Draco atacó a Harry, y cuando Herm y compañía entraron en el compartimiento, Draco fue poseído por Voldie y le lanzó un crucio a Mione. ^^ Nosotros queremos un Harry inteligente, más... suave. Sabemos que es un gran cambio, pero creemos que el verano lo hizo madurar un poco (el golpe de Sirius y todo eso...) Guerra es fuego contra fuego y es lo que la Orden todavía no está preparada para hacer. En el próximo capi (o el otro...) verás un ejemplo. Sip, los capis no los hacemos muy largos... Lo sentimos... ^^’ XDDDD!! Sí, sé que es muy obvio qué parte escribo yo y cuál Romu. Sobre todo porque él usa el vosotros y yio no. ^^’ Oye, tía! XD! Hay veces que lo más insignificante es importante... Sólo que no lo ves. ^^ Cuídate y gracias!

~*~

Capítulo 8 – Un Regalo Peculiar

Cuando el trío dorado llegó al Gran Comedor, la mayoría del colegio estaba al tanto de los resultados de los duelos y de cómo se habían realizado. Así que se vieron envueltos en felicitaciones pomposas y en admiradores que deseaban escuchar sólo una vez más cómo todo había sucedido. Tanto Herm como Ron y Harry le restaron importancia al tema y se sentaron para comenzar a cenar en medio de un intranquilo clima.

- Me pregunto cómo habrán hecho para distribuir la noticia tan rápido. – Dijo Ron mientras se servía una pata de pollo.
- Los chismes vuelan en Hogwarts, Ron. – Sonrió Hermione, divertida. – Hasta las paredes escuchan.
- ¿Con quiénes nos tocará combatir? – Inquirió Ron.
- Seguramente lo harán por sorteo, como hoy. – Opinó Harry, el cual tenía sus pensamientos muy alejados del tema de duelos.
- Nos tenemos que asegurar que alguno de nosotros llegue a la final, ¿les parece? – Dijo Ron, quien parecía encantado con todo aquello.
- Gryffindor ganará. – Le corearon Harry y Hermione entre risas.

Tras un cuarto de hora de conversaciones animadas sobre el primer día de clases, Hedwig interrumpió. Se apareció en el Gran Comedor volando tranquilamente en dirección a Harry, quien junto a sus dos amigos observaban a la lechuza, sorprendidos y preguntándose mentalmente quién podría escribirle al Gryffindor y que no pudiera esperar a la mañana para entregarle la carta. Sólo tuvieron que esperar a que el ave blanquecina dejara un pergamino sobre el plato de comida de Harry para averiguarlo.

- ¿De quién es? – Cuestionó Hermione, frunciendo el entrecejo.
- De Hagrid. – Harry elevó la vista para buscar a su amigo en la mesa de profesores. Extrañamente no estaba allí. Volvió a fijar su atención en la carta y la leyó en voz alta para Ron y Mione.

Queridos Harry, Hermione y Ron:
Los espero luego de la cena en mi cabaña.
Hagrid


- Parece telegrama. – Murmuró Hermione.
- ¿Tele... qué? – Preguntó Ron confusamente.
- Papel normalizado en que se recibe escrito el mensaje telegráfico. Tecnología muggle. – Explicó Hermione pacientemente.
- ¿Y eso que tiene que ver? – Volvió a preguntar Ron.
- Se refiere a lo conciso del mensaje. – Decidió intervenir Harry, antes que Hermione saliera con otra explicación científica.
- ¿Para qué querrá vernos Hagrid? – Dijo Hermione tras terminar su postre.
- Uhm... Tal vez quiera entregarme su regalo. Eso dijo en el verano. – Harry se encogió de hombros.
- O tiene algo que contarnos sobre su misión. – Sonrió Ron, emocionado.
- Lo dudo. Recuerda que son temas restringidos de la Orden. ¿Vamos? – Dijo Hermione, poniéndose de pie.
- ¡Espera que yo no he terminado mi postre! – Exclamó Ron. Harry rió ante la escena.
- Es que eres un glotón. – Hermione le sacó la lengua al pelirrojo juguetonamente. Luego miró a Harry de reojo. – Y tú no has comido casi nada. ¿Estás bien?
- No tenía apetito. – Se excusó Harry.

***

Hermione, Ronald y Harry se dirigieron esa misma noche a la hogareña cabaña de Hagrid, al cual no habían visto en todo el verano. Se preguntaban qué habría estado haciendo su amigo todo aquel tiempo, ¿a qué nueva misión le había mandado Dumbledore?
Cuando finalmente llamaron a la puerta de la cabaña, Hagrid ya les esperaba con té recién preparado y galletas que presumía haber cocinado él. Las evitaron lo más discretamente posible, argumentando haber cenado demasiado. No le estaban mintiendo realmente...
Durante la primera media hora, conversaron jovialmente de temas intrascendentes. Como el verano de cada integrante del trío o cómo habían estado las primeras clases de la semana. Hagrid evadió todas sus preguntas sobre la misión, manteniéndose firme en su decisión de guardar el secreto, como el profesor Dumbledore le había solicitado.

- Vamos, Hagrid, ¿qué daño puede hacer que nos comentes tu verano? – Insistió Ron por quinta vez. – No se lo vamos a decir a nadie y lo sabes.
- Es orden directa de Dumbledore, Ron, y no voy a desobedecerle. Lo siento.
- No te preocupes, Hagrid, no hay ningún problema. Es comprensible que el profesor quiera mantener lo más secreto posible los movimientos de la Orden. Voldemort se deleitaría con tal información. – Dijo Hermione y luego prosiguió a terminar su té.
- Seguramente ya lo sabe, con las fuentes que debe tener... – Murmuró Harry. Mione le miró de reojo, levemente intranquilizada por su humor.
- Todo estará bien, Harry... – Dijo Mione en un tono suave. Hagrid elevó ambas cejas, cuestionando a Ron por lo que estaba sucediendo con una mirada de soslayo.
- No te han contado, ¿verdad? – Sonrió el pelirrojo pícaramente. Sus dos amigos se veían algo perturbados en sus asientos. – Este verano, se ha formado la pareja de oro de Gryffindor...
- ¡Cállate, Ron! – Exclamó Hermione, avergonzada.
- ¡Ya era hora! – Interrumpió Hagrid, emitiendo la primera verdadera sonrisa de felicidad en toda la conversación. – Pensé que nunca se darían cuenta... – Hagrid rió y despeinó el cabello del Niño que Vivió más de lo que ya estaba.
- Bien, Hagrid, ¿cuál es el regalo de Harry? Es que se nos está haciendo tarde y hoy nos toca ronda nocturna con Ron. – Comentó Hermione.

Hagrid dejó de molestar a Harry y prosiguió a sonreír misteriosamente. Se puso de pie y se encaminó a la chimenea encendida, en la cual el trío no había fijado demasiada atención. Resultaba extraño que estuviera encendida, ya que no hacía mucho frío todavía. Pero pronto averiguaron la justificación de esto.
Harry contuvo la respiración cuando Hagrid dejó delante de él un huevo puramente negro con diversas tonalidades grisáceas. Si bien no era demasiado grande, parecía pesar bastante. No faltaría mucho tiempo para que la criatura que se encontraba dentro saliera por el aspecto que mostraba. El trío se inclinó hacia delante, ninguno de ellos había visto un huevo similar.

- Feliz cumpleaños, Harry. – Sonrió Hagrid al ver cierto entusiasmo e interés en los ojos esmeraldas del joven. – Sé que serás el mejor dueño para este pequeño animal...
- No es un huevo de dragón. – Aseguró Ron, examinando superficialmente al huevo, sin tocarlo. – Es demasiado pequeño para eso.
- ¿Qué es, Hagrid? – Preguntó Hermione, titubeante. Recordaba perfectamente su primera experiencia con Norbert y estaba segura de no querer repetirla. – No otro animal ilegal, por favor.
- Si te soy sincero, no lo sé. – Contestó Rubeus. Al contrario de estar inquieto por eso, parecía encantando con el desconcierto que le invadía.
- ¿Dónde lo encontraste? – Preguntó Ron. Harry permanecía callado, como en un profundo trance, mirando fijamente al huevo.
- Como ya saben, estuve en una misión para Dumbledore este verano. Me tropecé con él distraídamente en una de esas ocasiones, en las montañas... Me pareció perfecto para ti, Harry. Ni idea por qué, supongo que fue mi intuición. – Hermione miró preocupada a su amado, viendo que no había reacción alguna en él.
- ¿Harry? – La muchacha estrechó la mano de Harry sobre la mesa. La percibió más fría de lo normal y empezó a asustarse.

***

La lluvia caía rebeldemente contra el suelo, dañando todo aquello que estuviera a su paso. Las sombras decoraban la escena, aferrándose a la protección que les brindaba la noche. De fondo se podía llegar a escuchar los gritos y los llantos de gente que era torturada por aquellas sombras, las cuales no tenían piedad, sólo buscaban poder sobre aquellos seres débiles e indefensos.
Diferentes matices de colores se mostraban frente a sus ojos. El color rojizo en representación de la sangre derramada; el negro en claro signo de incertidumbre; el blanco como agente de inocencia e ignorancia... Odio, Dolor, Tristeza... Abandonamiento. Gente que se rehusaba a seguir luchando, que caía de rodillas al suelo sin poder hacer nada para evitar aquella tenebrosa realidad. Muerte tras muerte incrementaba el vacío de los corazones. Corazones que pronto dejarían de latir.
Pero entre todo aquel caos, algo destacó su atención. Una persona que vestía una túnica negra con bordes verdes y plateados parecía ser el líder de todo aquel grupo de tortura. Caminaba con arrogancia y seguridad, y su varita se movía con velocidad, no dándoles tiempo a sus víctimas de reaccionar. Le rodeaba un aura oscura, regalo de la práctica de Artes Oscuras.
Harry frunció el entrecejo al calcularle una edad a aquel monstruo asesino. No tendría más de veinte años por su aspecto físico. Decidió acercarse un poco más tras percatarse que los hechizos que viajaban por el aire no le hacían daño. Era una especie de fantasma en aquella visión, no poseía participación alguna. Una vaga sensación de impotencia le invadió: ver a personas sin rostro morir frente a sus ojos y él no podía hacer absolutamente nada.
Por fin se encontró a pocos metros del Líder. Se percató que no era Lord Voldemort. Sus rasgos faciales eran muy jóvenes para eso y su forma de ejercer la magia era totalmente desigual. Era alto y de porte orgulloso. Sus sediciosos cabellos negros eran bastante largos y estaban atados con una coleta a un estilo muy varonil. Recalcaban sus ojos de un verde totalmente oscuro, sin brillo. Posiblemente podrían llegar a ser negros de tener menos color.
Fue entonces cuando el joven hizo un movimiento brusco, girando ciento ochenta grados, para eludir una maldición. Sus cabellos se corrieron, revelando una cicatriz en forma de rayo en la frente. Exactamente en el mismo lugar que Harry la tenía. Y allí todo cobró sentido.
Era Él. Tal vez con unos años más... Pero era él. Matando y torturando gente. Disfrutando del sufrimiento ajeno. Profesando un poder inimaginable. Convirtiéndose en el igual de su enemigo: un ser maligno, sin sentimientos, que no pensaba dos veces antes de asesinar... Asimilando el dolor de su pasado en el presente, culpando a los otros de todo y haciendo sentir lo mismo.
¡Pero no podía ser posible! ¡Él nunca apoyaría a la Orden Tenebrosa! ¡Nunca!
Harry retrocedió algunos pasos y cayó al suelo de espaldas al tropezar con un cuerpo. Eso era irreal. Otro juego de Voldemort con su mente... Sin embargo, eso no era posible. ¡Su mente estaba totalmente cerrada! ¿Capaz el vínculo que tenía con el asesino de sus padres era mucho más fuerte de lo que pensaba?
¿O sería aquello una futura realidad?

***

- ¿Harry? – Volvió a llamar Hermione, pero no hubo ninguna clase de reacción. Hagrid y Ron intercambiaron miradas alarmadas.
- Será mejor que vayamos a buscar al profesor Dumbledore. Él sabrá que hacer. – Sugirió Hagrid, cuyo rostro había perdido todo color.
- Yo iré. Llegaré más rápido. – Se ofreció Ron y sin esperar respuesta, salió de la cabaña con paso apresurado.

El pelirrojo recorrió el tramo de los terrenos de Hogwarts al Gran Comedor corriendo a la máxima velocidad que le permitían sus piernas. ¿Qué le estaba sucediendo a su amigo? Un miedo irracional había empezado a invadirlo cuando finalmente llegó al Comedor. Ya no había muchos alumnos cenando, pero por suerte el profesor Dumbledore no se había retirado. Estaba sentado allí, en el centro de la mesa de profesores, charlando animadamente con McGonagall.
Nadie advirtió su presencia cuando entró. Pero sí muchas personas se voltearon a verlo cuando se dirigió corriendo hacia el director, quien había fruncido el entrecejo y le observaba a través de sus gafas de media luna. Ron, casi sin aliento, se detuvo enfrente de él y respiró hondo, procurando encontrar al oxígeno necesario para hablar.

- Harry... Cabaña... No reacciona... – Consiguió decir. Ni Dumbledore ni McGonagall comprendieron lo que quiso decir.
- ¿Qué sucede, señor Weasley? – Preguntó su Jefa de casa. – Respire primero y responda después. – Ron, que no podía creer lo que se le estaba solicitando, miró a Dumbledore.
- Harry no reacciona... Está en la Cabaña de Hagrid. – Murmuró para que los oídos chusmas de sus compañeros no llegaran a captar sus palabras. Dumbledore sí lo hizo.

Albus se levantó de su silla rápidamente y junto con Ron salieron a los terrenos de Hogwarts. El sol ya había caído íntegramente y poco a poco las estrellas empezaban a iluminar el cielo. Una noche preciosa.

- Cuéntame lo que sucedió, Ron. – Pidió Albus mientras caminaban en dirección a la cabaña.
- Hagrid nos había carteado para pedirnos que hoy fuéramos a visitarle. Tenía que entregarle su regalo de cumpleaños a Harry. – Explicó Ron apresuradamente. – Fue entonces que sacó un huevo de la chimenea y lo colocó sobre la mesa. Tanto Hermione como yo empezamos a indagarle a Hagrid nuestras dudas, pero Harry... Harry estaba inmóvil. Hermione intentó reanimarle, pero no funcionó... Y está helado.
- Ya veo. – Por la expresión del rostro de Dumbledore, parecía tener algunas ideas en su cabeza al respecto pero no las compartió con Weasley.

Cuando arribaron en la casa del semi-gigante, éste les abrió la puerta y observaron que habían colocado a Harry en uno de los confortantes sillones. Seguía en su estado de trance.
Dumbledore caminó hacia su estudiante, no obstante antes de que pudiera llegar a tocarle, el joven pegó un salto en el sillón, que sobresaltó a todos los presentes. Sus ojos volvieron a tener instantáneamente el brillo de siempre, pero la palidez de sus facciones seguía patente.

- ¿Qué...? – Harry contempló los rostros de los presentes, aturdido y confundido.

Entonces su mirada verdosa se fijó en el peculiar huevo que estaba apoyado sobre la mesa, olvidado entre toda la confusión. Al instante, con un sonido fragmentado que les alertó, comenzó a quebrarse lentamente. La atención de todos los presentes se centró en él y se fueron acercando con cautela a la mesa para examinarlo más detalladamente.
Las cáscaras de huevo cayeron duramente contra la superficie, revelando a una pequeña criatura entre toda la membrana. El recién nacido se deslizó dedicadamente, con todo el esfuerzo que le implicaba en aquel estado, entre los restos de lo que había sido su hogar por algunos cuantos meses. Exclamaciones ahogadas le acompañaron.
El regalo de Hagrid era una serpiente. Pero no una serpiente cualquiera. A simple vista, se divisaba la fortaleza de sus escamas de colores oscuros. Verde y Negro. Los ojos eran chillones, de un rojo puro. Su cuerpo era largo y delgado, sobre todo para tratarse de un recién nacido.
Hermione y Ron se echaron para atrás mientras que Hagrid y Harry se irguieron hacia delante, interesados en el espécimen. Dumbledore se mantenía neutral entre las dos reacciones.

- ¡Nunca había visto una serpiente como ésta! – Exclamó Hagrid, emocionado.
- Lo que lo torna aún más peligroso, ¿no? – Dijo Hermione, titubeante, mientras intentaba jalar a Harry para atrás. El joven no cedía.
- Humanos... Lo único que me faltaba de espectadores... – Harry frunció el entrecejo al entender las palabras de la serpiente.
- La señorita Granger tiene razón, Hagrid... – Comenzó a decir Dumbledore, sin embargo fue interrumpido por los siseos del joven Potter.
- Lo sentimos, no era nuestra intención molestarte...
- ¡Humano que habla Pársel! ¿Cómo llegué a tus manos?
- Lo que sucede es que Hagrid – el de la derecha – te encontró en las montañas y decidió que serías un gran regalo de cumpleaños para mí.
– Sonrisa burlona. - ¿Tú qué crees?
- Uhm...


La susodicha serpiente se deslizó por la mesa hasta aproximarse lo máximo posible a Harry. Hermione soltó un semi grito por la impresión.

- ¡Harry!
- Esa humana es algo histérica, ¿verdad?
- Lo que sucede es que piensa que vas a atacarme...
– La serpiente se movió indignada al escucharle, como si le hubiese insultado gravemente.
- ¡Nunca atacaría a un Parselmouth! Aunque sea, no si éste no muestra razones como para tener que defenderme. (N/A: Parselmouth es la persona que habla pársel.)
- Entonces, ¿aceptas ser mi...?
- ¿...Serpiente? ¡Pues por supuesto! Es un honor servir a un Parselmouth.

- Harry, ¿podrías dejar de hablar con esa... esa... cosa? – Solicitó Ron, con evidente asco en la voz.
- ¿Por qué? – Preguntó Harry con inocencia, quitando por primera vez sus ojos del animal y dirigiéndolos hacia su amigo.
- Porque puede ser una serpiente venenosa, Harry... No sabemos qué peligrosa es... – Explicó Hermione insistentemente.
- No nos atacará. – Dijo Harry firmemente.
- ¿Cómo lo sabes? – Preguntaron sus dos amigos al mismo tiempo.
- Las serpientes le deben respeto a toda persona que hable pársel. – Informó Dumbledore antes de que Harry tuviera la oportunidad. – Igualmente, Harry... – sus ojos celestes se fijaron en los de su alumno. – No es seguro tenerla bajo tu custodia. Además que no está permitido...
- Pero muchos alumnos tienen animales no permitidos en el colegio, profesor. – Dijo Harry.
- Pero ninguno es verdaderamente comprometedor. Ninguno puede asesinar.
- Con el adiestramiento necesario, no tendría porqué ser una serpiente asesina. – Insistió el joven.
- No eres un adiestrador profesional, Harry. Puede salirse de tu control y las consecuencias serían gravísimas. No puedo exponer a mis alumnos a semejante riesgo.
- ¡Soy un Parselmouth, profesor! Hará todo lo que yo le indique.
- ¿Y si tú no estás presente?
- No la alejaré de mí, profesor.
- Harry... Te estás exponiendo innecesariamente... Hay gente experta que estará gustosa de adiestrarla y no estará en un ambiente malcarado.
- Nada será mejor que estar aquí, en Hogwarts. Además que el veneno no aparece en sus colmillos hasta por lo menos un mes después de su nacimiento, para entonces ya estará acostumbrada al ambiente.
- Hay otras formas de asesinar... – Intervino Hermione, dubitativa. Harry la miró de reojo y tras suspirar, respondió:
- ¿La ves preparada para estrangular?

Los ojos verdes de Harry dejaron de estar fijados en Hermione y se colocaron en el director de Hogwarts, quien le miraba seriamente. En esa batalla de voluntades, Dumbledore llegó a apreciar un brillo que oscureció momentáneamente las esmeraldas de su pupilo. Era una situación equivalente a la del año anterior, donde el profesor había notado una sombra de Voldemort en Harry. Sin embargo, la oscuridad de ahora era diferente. Más característica y potente.
Sólo fue un instante, pero resultó ser lo suficiente como para hacer fruncir el entrecejo a Albus.

- Si llega a suceder algo... – Comenzó a advertirle el director.
- Me haré cargo de las consecuencias. – Terminó Harry firmemente.
- Una única oportunidad, Harry. De otra manera, estoy seguro que encontraremos un lugar para ella. – El Gryffindor asintió, de acuerdo con el trato.

Dumbledore pasó su mirada de Harry al resto de los presentes. Tanto Ron como Hermione parecían ligeramente aterrados con aquella nueva mascota de su mejor amigo, pero callaron sus opiniones al instante al observar una extraña alegría en él. En cambio, Hagrid permanecía imparcial, entre emocionado y cohibido por la idea.
Tras otro suspiro, Albus cambió de tema.

- ¿Qué sucedió antes?
- ¿Qué? – Preguntó Harry, sin comprender.
- Cuando entraste en esa especie de trance. – Explicó Hermione, que sí había entendido a qué se quería referir el profesor. - ¿Viste, sentiste algo...?

Harry pensó rápidamente en las posibilidades que tenía. Comentarles sus miedos sobre aquella especie de visión, donde se había visto a sí mismo asesinando gente inocente, o mentirles, tal vez inventándose un sueño como en los que intervenía Voldemort.
En algo estaba firme: no quería llamar aún más la atención del profesor.

- No. – Frunció el entrecejo, sobreactuando todo.
- ¿Seguro? – Preguntó Ron. – Estabas tan... tan... frío. – Harry elevó las cejas, sorprendido.
- Tenías la mirada absolutamente perdida en la nada. – Apuntó Hermione. – Parecías metido en tus propios pensamientos. ¿No recuerdas nada?
- No.
- Bueno, entonces será mejor que cada uno vaya a descansar. Es muy tarde. – Recomendó Dumbledore (más bien, ordenó.) – La serpiente se quedará con Hagrid por hoy, ¿verdad? – Buscó soporte en el semi gigante, que asintió, encantado.
- ¡Lo que usted ordene, profesor Dumbledore!

***

Esa misma noche, un rato más tarde, Harry estaba tendido sobre su cama en la habitación de sexto año de Gryffindor. Las imágenes de la visión viajaban por su mente una y otra vez, buscándole alguna explicación. Era todo mentira. Él nunca se volvería como Voldemort. Pero entonces, ¿por qué esa maldita sensación de vacío, de... culpa, le irrumpía cada vez que pensaba en ello?
¿Por qué había insistido tanto en quedarse con la serpiente? Tal vez sería una compañía diferente, sólo suya. Además que podría serle de bastante utilidad, no sólo para conversar... No obstante, era el símbolo de su enemigo. Simplemente establecía otra conexión, otra semejanza, con el Innombrable.
Aunque era una situación desemejante. Voldemort empleaba a las serpientes para atacar, maniobrando su poder sobre ellas de forma eficaz. Al contrario, Harry no tenía ninguna clase de ambición de poder...
¿Verdad?
Odiaba esa incertidumbre, esa desconfianza en sí mismo. Se sentía inmenso en una interminable tiniebla, que no le dejaba ver el camino que tenía que seguir. Le daba la sensación de no poder pensar con claridad, de que toda la confusión provocaba unas consecuencias consignadas y no había vuelta atrás.
Maldición, ¿dónde estaba su sentido por la lealtad, la justicia, la valentía y la amistad cuando lo necesitaba? ¿Dónde estaba el héroe de Harry Potter? ¡Ahora no requería del adolescente con preguntas idiotas revoloteándole por la mente!
Si se podía calificar de idiotez a un tema tan importante como era su cordura...

***

En los terrenos de Hogwarts reinaba la armonía, algo inusual en período escolar. Pero se debía sobre todo a que apenas estaba amaneciendo y era demasiado temprano para que los alumnos y profesores se pusieran en movimiento.
Aquel clima de tranquilidad le colmó de una inaudita satisfacción. Nadie le vigilaba y podía hacer lo que quisiera, si bien sólo fuera por esa pequeña fase de tiempo entre la madrugada y la mañana. Se había levantado con un gran buen humor y estaba listo para enfrentar las complicaciones del día. Y sabía que serían muchas.
La Cabaña de Hagrid bullía en actividad. El semi gigante parecía estar hablando solo, aunque de vez en cuando daba la impresión de estar murmurando una canción. Harry llamó a la puerta e inmediatamente Hagrid le permitió entrar.

- No te esperaba tan temprano. Tal vez luego de la primera clase...
- Herm y Ron no parecían muy contentos ayer con la serpiente, prefería venir solo. – Harry se encogió de hombros.
- En fin, estaba intentando alimentarla. – Hagrid señaló un balde que contenía unas cuantas ratas vivas (por alguna razón no podían escapar.) Harry deseó por un momento que Colagusano fuera una de ellas. – Pero se niega.

Hagrid agarró una de las ratas por la cola y se acercó a la urna de cristal sobre la mesa, donde se encontraba la serpiente, que les miraba respetuosamente. Cuando Rubeus hizo amago de dejarle la rata en la urna, la serpiente se sacudió, rechazando la comida.
Harry advirtió inmediatamente que el reptil había crecido unos dos o tres centímetros en aquellas escasas horas. Cuando nació, mentalmente le calculó unos cuarenta y cinco centímetros de longitud y ahora se acercaba al medio metro. Le daba un aspecto de magnitud...

- ¡Amo! ¿A dónde ha estado?
- Procurando dormir en mi dormitorio. El profesor Dumbledore no quiso que me acompañases ayer, por eso tuve que dejarte con Hagrid. Confío que te haya tratado apropiadamente, es un buen amigo mío.
- Algo maniático, pero servicial.
- ¿A que sí?
– Harry soltó una risita. – A propósito, anoche olvidé preguntarte si eres macho o hembra... – La serpiente pareció deslizarse con orgullo por la urna antes de responder.
- Hembra.
- ¿Tienes nombre o...?
- A pesar que en mi especie los conocimientos se heredan raudamente, el privilegio de designarnos un nombre se lo permitimos a nuestros padres o en este caso, al amo...
- No soy tu amo, eres todo menos esclava mía. Soy sólo Harry para ti.
- Como desees, Harry.
- ¿Tienes algún nombre en mente?
- Cualquiera que elijas estará bien. Eres un Parselmouth.
- ¿Y eso hace honorable mi palabra?
- Algo así.
– Harry podía haber jurado escuchar cierta diversión en el tono de ‘voz’ del animal.
- Mmm... Skatha. ¿Te gusta?
- Me agrada. ¿Qué significa, Harry?
- No lo sé. Simplemente me vino a la mente.
- Los humanos son especimenes raros...
- ¿Con eso que quieres decir
? – El tono de Harry quiso imitar indignación.
- Absolutamente nada, Harry. – Ironía. Era curioso escuchar eso proviniendo de una serpiente. No obstante, no una serpiente cualquiera: era Skatha.
- Harry, el profesor Dumbledore me ha pedido que cuide de ella los primeros días y que te lo enseñe, así te vas familiarizando con la forma de atenderla. Supongo que a ti se te hará mucho más fácil, porque de tener alguna necesidad ella te lo podrá comunicar, pero...
- Está bien, Hagrid. – Aceptó Harry. Observó el balde de ratas nuevamente. - ¿Tienes hambre?
- Que bueno que lo preguntes, empezaba a pensar que no te preocupabas por mí.
- ¿Por qué no comiste lo que Hagrid te daba?
- No comeré nada que me dé otro humano que no seas tú, Harry. No me fío, nos tienen demasiado rencor a las serpientes como para confiar en lo que me den ellos. Todavía no tengo todos los conocimientos que debería tener, por eso no sé detectar si en la comida hay algo malo. Pero dentro de unos días no tendré porqué temer.


Harry confiaba en que Hagrid no le daría nada perjudicial a Skatha, por eso mismo tomó una de las ratas y se la colocó en la urna, donde posteriormente el pequeño animal fue comido por el ágil reptil.

- Veo que ya te ha aceptado como el dueño. – Sonrió Hagrid con genuina felicidad. - ¿Le has escogido algún nombre?
- Skatha. – Hagrid asintió, otorgándole su aprobación mientras Harry volvía a arrojar otra rata a su muerte.
- Sé que serás responsable con ella. – Dijo Hagrid, mostrando su confianza en él en cada palabra. – No te dará ninguna clase de problemas. Y si llega a suceder, sabes que puedes acudir a mí, ¿verdad? – Hagrid despeinó el cabello de Harry amigablemente.
- Por supuesto, Hagrid.
- Me alegro que el profesor Dumbledore te haya dado permiso. Hubiera sido una lástima enviarla a adiestrar, pierde la gracia... El profesor Dumbledore, un gran hombre... ¿No lo crees? – Harry rió sarcásticamente en su mente, pero en la realidad sonrió y asintió.
- No te cae muy bien el Vejete, ¿verdad? – Skatha habló mientras seguía con su caza programada de ratas.
- ¿Cómo lo sabes?
- Es fácil darse cuenta. Aunque no entienda lo que hablan los humanos, siento el desprecio que le tienes. ¿Cómo era que se llamaba el Vejete...?
- ¿El Vejete?
– Harry rió ante el seudónimo que Skatha le había puesto al director. – El Súper Vejete... Albus Dumbledore. Director de este colegio, líder de la Orden del Fénix entre otras cosas...
- ¿Orden del Fénix? –
Harry contempló la hora en su reloj de muñeca.
- Después te cuento. Tengo que ir a desayunar ahora.
- ¿No quieres una de mis ratas? Con gusto comparto algunas...
– Harry se asqueó ante la idea.
- No, prefiero comer comida humana.
- Si crees que es más saludable...
- Seguro.


***
- ¿Quién me puede decir la diferencia entre Invocación y Convocación? – preguntó Dafne.

Ya había llegado el jueves. El miércoles había pasado rápidamente, por la tarde Harry volvió a visitar a su nueva mascota, y ese mismo día por la mañana también había ido. Cada vez que la veía, Harry calculaba que su longitud iba incrementando, algo que le intrigaba de sobremanera. Pero una parte de él le preocupaba, la misma parte que creía que Dumbledore tenía razón. Siempre dos partes, ¿se estaba volviendo loco? O ¿le estaban volviendo loco? Harry no paraba de preguntárselo. Así, sumido en sus pensamientos se encontraba en la clase de Dafne, escuchando de fondo esa cuestión que había planteado la cual, por un extraño motivo, le había vuelto a meter en la realidad.
Varias manos se alzaron, la primera como siempre, la de su Mione. Harry sonrió irónicamente y a la vez con dulzura.

- A ver… Parvati. – dijo Dafne, sentada en su mesa.
- Invocar es hacer aparecer algo y convocar es atraer algo hacia ti.
- Vaya, vaya, esa era la respuesta que esperaba que me dijesen. – dijo Dafne, Parvati sonrió – Pero no es la correcta – Parvati cambió su sonrisa por una cara de estupefacción, al igual que la de la mayoría de los que habían levantado la mano, menos Hermione que seguía con la mano levantada. – No te preocupes, es normal esa confusión, magos más experimentados aún creen eso, Hermione, ¿sabes la respuesta correcta?
- El término invocación se refiere a hacer aparecer un animal, mágico o no mágico, con el cual se ha realizado un contrato mágico, por lo cual el animal tiene que existir. En cambio, convocar puede significar atraer mágicamente algo o hacerlo aparecer. – explicó Hermione montadamente y sonriendo.
- Yo no podría haberlo explicado mejor. Como muy bien ha dicho Hermione, para invocar un animal, antes se tiene que hacer un enlace mágico con él, cuanto más poderoso o con más propiedades mágicas tenga un animal, más difícil será invocarle, pero en este curso sólo aprenderemos las nociones básicas. – Un pequeño “ooohh” recorrió toda la sala, incluso Harry, tenia ganas de aprender a invocar. – Para la próxima clase, me traéis una pequeña redacción entre las diferencias invocar y convocar, como mínimo tiene que ser…de… - Dafne se puso la varita sobre los labios, pensativa. – Tres centímetros. – dijo sonriendo – Ahora os podéis marchar – dijo y al instante siguiente la campana sonó.

Harry, Ron y Hermione subieron poco a poco a la sala de Gryffindor comentando nuevamente una nueva clase estupenda de Dafne.

- Esta profesora cada vez me gusta más – dijo Ron – Creo que me estoy enamorando, ¿tú no, Harry?
- Sí, yo también estoy enamorado… León de Fuego – dijo la contraseña rápidamente y entró corriendo, tras ver la mirada asesina de Hermione.

Hermione entró rápidamente y le pegó un pequeño golpe en el hombro como reproche, pero Harry ni se inmutó, ya que se había quedado quieto, leyendo un pergamino que había en el tablón de anuncios. Ella se puso también a leerlo.

- Ron, lee esto. – dijo Hermione señalando el tablón de anuncios.
Ron también se puso a leerlo.

Torneo de Duelo en Hogwarts
Organizadores: Dafne Berkeley y el ED

Participantes:
Gryffindor: Collin Creevey, Hermione Granger, Harry Potter, Ronald Weasley.

Slytherin: Draco Malfoy, Theodore Nott, Pansy Parkingson, Blaise Zabini

Hufflepuff: Susan Bones, Justin Finch-Fletchley, Ernie Macmillan, Zacharias Smith

Ravenclaw:Terry Bott, Cho Chang, Michael Corner, Luna Lovegood

Emparejamientos:
Potter VS Smith
Bott VS Parkingson
Lovegood VS Macmillan
Finch-Flechley VS Granger
Malfoy VS Chang
Weasley VS Nott
Creevey VS Bones
Zabini VS Corner


- Vaya… me toca contra Nott en la primera ronda. – comentó Ron – ¡Qué fácil!
- A mí me toca contra Justin, es bastante bueno. – comentó Mione distraídamente – Vaya Harry, te ha tocado contra el mejor alumno de ED, Mr Smith. – dijo riendo.
- ¡Vaya! ¿Por qué tengo que ser siempre el primero? – exclamó Harry.

Y el día se fue apagando mientras Harry y sus amigos comentaban los futuros duelos, adelantaban deberes, y hacían una pequeña visita a Hagrid para ver a Skatha, a pesar de que Hermione y Ron no estaban entusiasmados con la idea, pero decidieron, intentar aceptar a la pobre serpiente.


« Cap 7 Comenta este capítulo | Ir arriba Capi 9 »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.