Historia al azar: La muerte es un suplicio
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Harry Potter y el Estigma del Fénix Sagrado » Cap 13
Harry Potter y el Estigma del Fénix Sagrado (ATP)
Por Parvati
Escrita el Sábado 27 de Marzo de 2004, 16:04
Actualizada el Domingo 15 de Abril de 2007, 21:03
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Cap 13

Capítulo 13 – No tengas miedo


El 29 de octubre era una tarde gris. El bosque prohibido se agitaba bruscamente por el viento frío de otoño, mientras todo el alumnado de Hogwarts se concentraba en el campo de Quidditch, donde ahora había un estadio preparado para los duelos. Los Cuartos de Final estaban a punto de comenzar.

Harry y Terry se dieron la mano antes de colocarse en su lugar correspondiente en el terreno. Los dos estaban colocados en posición ofensiva.

Harry esta vez se había puesto unos pantalones más cómodos para el duelo, así en cuestión de agilidad había ganado, y ese era uno de sus puntos fuertes debido al Quidditch.

Ambos observaban detenidamente la varita de Dafne.

Luz Roja.

- Saxum Igneas
- Aqua Afflatus

Terry volvió a utilizar el hechizo que usó contra Pansy, lanzando una gran bomba de agua, en cambio Harry había utilizado un hechizo Ígneo, una esfera candente del mismo tamaño. Los Dos hechizos chocaron creando una gran nube de vapor de agua que cubrió parcialmente el terreno.

Harry sonrió.

Una roca de gran tamaño se dirigía hacia Terry, este reaccionó rápidamente rodando por el suelo.

- ¡Harry no había convocado una Bola de Fuego! – exclamó Hermione – sino una roca magmática – Ron puso una cara de sorpresa.
- ¡Por eso la bola se transformó en una roca! ¡Terry la enfrió!
- Fluctuo Pes – gritó Terry, su varita hizo un resplandor azul, pero no pasó nada más.


Su sonrisa se llenó de suficiencia mientras esquivaba un expelliarmus de Harry.

Harry frunció el ceño, este duelo iba a ser interesante.

- Mare Apertum


Harry abrió mucho los ojos, todo lo que le rodeaba se fue convirtiendo en agua dejándolo encerrado en un pequeño circulo de terreno. El terreno se había convertido en un gran lago, entonces se fijó en Terry… ¡estaba flotando! Entonces comprendió el hechizo que había hecho antes, era un hechizo de flote, el Ravenclaw estaba aventajando a Harry y ambos lo sabían.

Terry comenzó a correr en dirección a Harry con la varita en alto, Harry miraba a un sitio y a otro intentando buscar una salida, una gota de sudor le caía por la mejilla.

- Liquo Redditto – dijo, frenándose a un par de metros de harry

Dos pequeños torbellinos se comenzaron a formar detrás de Harry y poco a poco fueron cogiendo la forma de Terry, Harry se dio la vuelta al ver los dos clones acuáticos de Terry. Los dos clones sonrieron y se lanzaron a atrapar a Harry.

- Hydrantropus – gritó Harry justo antes de recibir el impacto de las dos replicas

Las dos replicas explotaron en agua cuando chocaron con Harry…pero Harry también había estallado en agua.

Terry y todos los espectadores se habían quedado perplejos. Terry giró 180 grados y miró a ambos lados, hasta que vio tres remolinos de agua que iban cogiendo la forma de Harry

~Bien…uno real y dos clones…esto se pone difícil – pensó Terry~

Pero dos de los Harrys tenían el cabello largo atado en una coleta.

Harry frunció el ceño. ~Mierda…– pensó frustrado.~ Terry en cambio sonrió, apuntó con la varita y gritó:

- Flame Solaris – un potente rayo de luz solar se dirigía hacia Harry, pero ambos clones saltaron interponiéndose entre el rayo y Harry. Ambos estallaron, dejando empapados a ambos contrincantes

~No ha salido del todo mal – pensó Harry – vamos a acabar ya~

Harry apuntó a sus pies, que flotaban en el agua como efecto secundario de uno de sus hechizos, y gritó:

- Geos orogenum

Las aguas comenzaron a moverse y justo debajo de sus pies comenzó a salir una porción de roca que cada vez iba emergiendo más y más, hasta que realizó un pilar de roca de unos dos metros de altura. Terry lo miraba con preocupación. ~¿Qué se le habrá ocurrido? – pensó.~ Entonces apuntó a la columna y se dispuso a lanzar un hechizo, pero Harry se le adelantó.

- Troneasphero– gritó Harry apuntando al agua.

Una pequeña esfera de luz amarillenta rodeada por relámpagos azules se fundió a toda velocidad con el agua. Terry abrió mucho los ojos antes de que una descarga eléctrica le recorriera todo el cuerpo y la superficie del terreno.

Terry salió por los aires, su pelo medianamente largo había quedado completamente de punta, su piel se había oscurecido ligeramente, y estaba apunto de caer al agua inconsciente, en una posición bastante peligrosa.

- Wingardium leviosa – Gritó Harry, y el cuerpo de Terry se frenó poco a poco sin dejarlo hundir en el agua. Luego, con otro movimiento de varita, depositó al Ravenclaw fuera del ring, dando así por finalizado el duelo.

- Ganador: Harry Potter – dijo Dafne con su voz mágicamente ampliada.

~Bien… ahora, ¿cómo bajaré yo de aquí? – pensó Harry.~

Entonces sintió como una fuerza que lo arrastraba levitando hasta fuera del terreno mágicamente modificado. Había sido el pequeño profesor Flitwick que estaba ayudando a la recomposición del terreno.

- Gracias – murmuró Harry mientras se acercaba a comprobar el estado de Terry.

Junto a éste se encontraba Madame Pomfrey, que al acercarse, lo miró con recelo.

- ¿Cómo está Terry, señora Pomfrey? – preguntó educadamente Harry.
- Está durmiendo plácidamente, pero eso no justifica la utilización de un hechizo tan peligroso. – Recriminó Madame Pomfrey.
- Lo siento, pero medí mis fuerzas para que no fuera humanamente peligroso. – dijo Harry mientras se frotaba la nuca avergonzado.

Pomfrey se levantó, le miró por ambos lados y cuando vio que no sufría ningún tipo de daño, le mandó a su asiento.

Ya habían anunciado los nombres de los dos nuevos oponentes, Hermione y Luna, y el terreno estaba completamente adecentado. Harry se encontró con Hermione cuando él subía y ella bajaba.

- Lo has hecho muy bien, cariño – dijo Hermione.
- No ha sido nada. – dijo él, avergonzado – Mucha suerte – dijo, dándole un suave beso en la mejilla. Entonces ambos siguieron su camino, pero cuando estaban a unos dos metros Harry exclamó: – ¡Ah! Y no tengas miedo – dijo mientras guiñaba un ojo y seguía adelante.

~¿De qué puedo tener miedo?, Pensó Hermione mientras se acercaba al terreno.~ Tanto Luna como Dafne ya se encontraban allí, el duelo estaba apunto de comenzar.

La castaña miró fijamente a su oponente, ésta lucía con una boba sonrisa de… ¿no encontrarse en este mundo? Y sus ojos perdidos tampoco ayudaban.

Dafne les puso en previo aviso del comienzo del duelo, y pocos segundos después, las chispas rojas inundaron la visión de los participantes.

Hermione se colocó en una posición ofensiva, manteniendo su varita en alto, Luna por otra parte seguía en su mundo de fantasía, parecía que no se había percatado del comienzo del duelo.

- Expelliarmus – gritó Hermione, pensando que siempre era preferible empezar por un hechizo básico.

Luna no salió de su subconsciente hasta que el haz estaba a pocos centímetros.

- Incantatem genus – Exclamó Luna, y la varita pareció absorber el rayo de luz, sorprendiendo así a todos los presentes y luego exclamó – Incarcero.

La varita brilló más intensamente de lo normal, y dos gruesas cadenas como las que había conjurado el año pasado golpearon en Hermione y la dejó completamente inmovilizada.

- Desmaius – gritó Luna, ahora mostraba un rostro concentrado.

Hermione consiguió esquivar a duras penas el hechizo de Luna, y como pudo, se colocó la varita apuntando a las cadenas y exclamó:

- Coluber Morphus

Las gruesas cadenas negras se fueron transformando en dos gruesas serpientes del mismo color, que se fueron deslizando poco a poco hasta dejar libre a Hermione. Ésta hizo un gesto, y las dos serpientes se acercaron velozmente a atacar a Luna.

La primera serpiente inició un ataque saltando para intentar morder a Luna, ésta lo esquivó rotando noventa grados a su izquierda y saltando, y justo al caer gritó:

- Sectio Iugulum

Una luz verde seccionó el cuello de la serpiente, pero al haber dejado descuidado una de las serpientes, ésta se había enroscado alrededor de su pierna izquierda.

- Ficta imago – gritó Hermione, y una luz blanca golpeó a la serpiente enroscada transformándola en mármol, y por lo tanto dejándola inmovilizada.

Hermione seguía con la varita en alto, en guardia para el contraataque de su adormilada compañera, ahora contrincante. La pierna de Luna estaba completamente inmóvil, pero ella decidió no hacer nada, sólo bajó la varita y cerró los ojos. Hermione tras esta actitud los abrió por la incomprensión. Un viento se arremolinó alrededor de Luna, haciendo así que su cabello ondease de una forma algo tenebrosa, sus ojos seguían cerrados y su varita apuntando al suelo.

De repente abrió los ojos a la misma vez que daba un golpe con la varita en el aire y de la punta se escapó un pequeño resplandor.

Hermione frunció el entrecejo, mientras que el resto del público miraba sin comprender la situación.

Pero poco a poco el cielo de esa tarde gris se fue oscureciendo, dando paso a unas grandes nubes negras, que por el rugir de sus truenos y el resplandor de sus relámpagos, anunciaban una tormenta.

Hermione miró al cielo sorprendida.

¿Luna sería capaz de hacer un hechizo climatológico de tal intensidad? Lo dudaba, entonces volvió a mirar al frente, con su varita aún alzada, y se encontró con los ojos azules de Luna. En aquel momento Hermione abrió los ojos de una forma desorbitada, y su boca mostraba una mueca de asombro…y terror. Los ojos de la Ravenclaw, de un azul cobalto se habían tornado de un color rojo, más rojo que la sangre en estado puro. La pupila se había estirado verticalmente hasta ser una finísima línea de oscuridad. Hermione conocía esos ojos, y posiblemente todos los presentes también.

La clara tez de Lovegood había sido reemplazada por una escamosa piel blanca como la tiza. Hermione poco a poco vio como la altura de su compañera Ravenclaw había sido dejada atrás, para encontrarse de frente con el mismísimo Lord Voldemort.

Voldemort sonreía, una macabra media sonrisa.

- ¿Tienes miedo, maldita sangre sucia? – Escupió el señor tenebroso.

Hermione, no respondió, se había quedado completamente paralizada, y eso fue suficiente respuesta para el Lord.

La varita de Hermione había caído al suelo de la impresión, y Hermione retrocedía poco a poco, era incapaz de reaccionar.

Voldemort apuntaba a Hermione al corazón acercándose poco a poco a ella.

- ¡Mataré a todos los sangre sucia! – dijo Voldemort, levantó la varita como si blandiera un látigo gritando: – Avada Kedavra

El rayo verde salió disparado de la varita del Dark Lord a gran velocidad.

Pero a Hermione le pareció una eternidad, la luz verde se acercaba hacia ella, su cuerpo no reaccionaba.

- ¡¡¡Hermione!!!

Un cuerpo se interpuso entre el rayo verde y ella, el mismo cuerpo que había gritado su nombre hacia escasos segundos, el cuerpo de la persona que ella más quería en ese mundo... el cuerpo de Harry.

A Hermione se le cayó el mundo a los pies en ese instante, se derrumbó de rodillas al suelo, perdiendo toda clase de fuerza, y sus lágrimas decayeron sobre Harry... Sobre el cuerpo inerte que ahora sostenía en sus débiles brazos, olvidándose del mundo, olvidándose de Voldemort, olvidándose de todos los que los observaban. Sólo conseguía recordar los momentos junto a Harry…la vida de su amado pasaba a gran velocidad por su mente, y junto a la vida de Harry, también su propia vida. El rescate de la piedra filosofal… la liberación de Sirius con Buckbeak… las riñas por los deberes… las felicitaciones por los partidos de Quidditch… su primer beso… su último beso… sus últimas palabras.

…Sus últimas palabras…

~¡Ah! Y no tengas miedo – dijo mientras guiñaba un ojo y seguía adelante.~

…No tengas miedo…


- ¡Claro! – exclamó abriendo los ojos.

El hechizo del duelo entre Ernie y Luna, el viento y el resplandor en la varita. La reacción de Ernie, sensación de miedo intenso. El viento y el resplandor de su varita minutos antes.

Hermione se levantó, dejando a Harry en el suelo, se secó las lágrimas y cogió la varita con determinación. Por ultimo se colocó en posición ofensiva enfrente de Voldemort.

- Adelante, Luna, sigamos con el duelo – exclamó Hermione.

El cielo volvía a ser gris, Harry había desaparecido del suelo, se encontraba en la grada, como pudo comprobar echando un vistazo en un leve segundo, y Voldemort…volvía a ser Luna, había sido todo un hechizo ilusorio.

~Gracias, Harry – pensó Hermione.~


- ¡Bombarda! - Gritó Hermione.
- Impedimenta. – Contraatacó Luna.

La explosión creada por Hermione fue reducida por el escudo de Luna, pero ella no consiguió aguantar con su varita en la mano.

- Accio varita. - Exclamó Hermione.

El utensilio comenzó a flotar, no obstante la Ravenclaw, haciendo acopio de sus últimas fuerzas, alargó la mano y se volvió a apoderar de su propia varita. Jadeaba y sus brazos temblaban por causa de la energía mágica pérdida.

Hermione se puso de nuevo en guardia, pero Luna bajó la varita y gritó:

- Me rindo. - dijo luna entre incesantes jadeos.

Hermione se acercó a Luna y la ayudó a salir del terreno para llevarla junto a la exaltada enfermera. Tras comprobar que no corría ningún peligro, y que el pequeño Flitwich volviera a reformar el campo, Hermione subió para encontrarse con Harry.

Mientras subía se cruzó con Ron, el siguiente duelista.

- Mucha suerte, Ronald. – Dijo, dándole unos golpecitos en la espalda.

Ron no respondió, se encontraba muy tenso y temblaba ligeramente, pero consiguió esbozar una pequeña sonrisa de agradecimiento y siguió con su camino.

- Lo has hecho muy bien, preciosa. - Dijo el moreno dándole un pequeño beso en la mejilla cuando llegó hasta las gradas.
- Sí, pero he ganado gracias a ti. Gracias por ayudarme contra el hechizo pesadilla. - Dijo la castaña, apoyando su cabeza en el hombro de Harry, quien simplemente le sonrió.


En el terreno de juego, Malfoy y Ron se miraban intensamente, con profundo odio, observando de reojo a la profesora de defensa.

Harry contemplaba intranquilo el campo de duelo, pensando que Ron tenía poco que hacer. Malfoy había cambiado, irradiaba un aura negativa... un aura que sólo había visto en mortífagos.

- Venga, Ronald. - Gritó Hermione. - Harry, sinceramente, ¿Ron puede ganar?
- No... - dijo el Gryffindor, desesperanzado.

La luz roja se alzó en el cielo gris.

- Torus flammo - gritó el rubio. Un destello azul oscuro inundó la punta de su varita.
- Fucuo dermis - Exclamó el pelirrojo mientras su varita se iluminaba en un color naranja.

Los dos rayos chocaron produciendo una pequeña explosión. Ambos contrincantes cerraron los ojos, pero en pocos segundos volvieron a ponerse en guardia.

- Vamperis glads. - Exclamó Malfoy. Un haz rojo cruzó el terreno.

Ron consiguió esquivar el haz, pero éste le rozó el brazo izquierdo, creándole un profundo corte.

Draco sonrió y haciendo un movimiento de varita, del corte de Ron salió una pequeña cantidad de sangre, luego de que el Gryffindor gritase de dolor. La sangre comenzó a coger forma, hasta formar una afilada hoja de sable, completamente roja. Ron no sabía cómo reaccionar, se había quedado anonadado por la magnitud del hechizo. Pero tuvo que reanimarse cuando aquel sanguinario sable le atacó.

Draco controlaba aquella arma. Ron esquivaba el sable cómo podía, no obstante estaba perdiendo mucha sangre. Tras un sablazo vertical, el instrumento golpeó con tanta fuerza en el suelo que se quedó clavado.

~Me llega a dar ese golpe y me mata - Pensó Ron.~

- Taenia obligo - una luz blanca recubrió el brazo de Ron, vendándolo.

~Ahora me toca a mí - pensó Ron.~

- Geos carcerum - Gritó él.


Una pared de roca emergió alrededor de Draco hasta cubrirlo por completo. No obstante, pocos segundos después, una explosión desde su interior dejó al Slytherin libre.

- Wingardium leviosa - Gritó Ron antes de que las rocas cayeran al suelo.

Éstas quedaron flotando en el aire. Ron hizo un movimiento brusco con la varita para que se desplomaran sobre Malfoy.

- Wingardium leviosa - Gritó también Malfoy.

Las rocas quedaron suspendidas. Ron hacía presión hacia abajo mientras que Draco hacía presión hacia el lado opuesto. Pero éste último parecía poseer más fuerza, y las rocas se iban acercando cada vez más a Ron, quien flojeaba. Había perdido mucha sangre tras el último hechizo.

Finalmente Ron desistió y las rocas se dirigieron peligrosamente hacia él. Las primeras las consiguió esquivar, pero igualmente el resto le golpearon en diversas partes del cuerpo, dejándolo tirado en el suelo.

Malfoy sonrió con la victoria en el bolsillo, o eso pensaba.

Se giró y comenzaba a marcharse, Dafne estaba a punto de proclamarle ganador cuando Ron comenzó poco a poco a moverse. Se levantó lentamente. Sus ropas estaban rotas por varios sitios y la venda que había convocado se había roto, dejando brotar la sangre por todo el brazo izquierdo.

Ron tosió, escupiendo sangre. Una roca le había golpeado en el pecho. Él era conciente de que estaba perdiendo, y sus opciones de vencer eran mínimas.

~Sólo me queda una opción. – pensó Ron.~

Ron alzó su varita. Draco se detuvo y se giró lentamente para mirar fijamente a su adversario. Draco quería ver lo que podía hacer Ron en su estado.

- Beatus … - comenzó a decir Ron, la punta de su varita brilló con un resplandor dorado - …Vinculorum…

Alrededor de Draco se formó una circunferencia de dos metros de radio que resplandecía en la misma tonalidad que la varita de Ron. Draco miró a ambos lados con los ojos muy abiertos.

- …¡Intereo! – concluyó Ron gritando.

Su varita resplandeció segadoramente, y donde estuvo la circunferencia, unas brillantes paredes se habían alzado hasta crear una cúpula donde Draco se quedó encerrado.

En la grada, tanto Harry, como Hermione e incluso el mismísimo Dumbledore se habían quedado asombrados.

- ¡Este es un hechizo de nivel de auror! – exclamó Harry, levantándose de su asiento

Draco se acercó a las paredes de la cúpula, pero cuando estuvo a punto de rozarla con las yemas de los dedos, Ron dijo:

- Yo de ti no haría eso, si lo tocas explotará y morirás – dijo Ron que se había acercado poco a poco a la cúpula. – Ríndete y la quitaré.

Draco gritó frustradamente, frunciendo el ceño de una manera terrorífica.

- Desmaius – gritó Draco hacia la pared. Ésta pareció absorber el rayo rojo y a la vez la cúpula disminuyó.
- Sigue así, Malfoy – dijo Ron entre jadeos. – Cada vez que intentes hechizarla o maldecirla se hará más pequeña, sólo te queda una alternativa: ríndete.


Ron deseaba ver la expresión de rabia en el rostro de Draco, pero ésta nunca apareció. Todo lo contrario: el rubio platino sonrió y apuntó con la varita al suelo.

- Foramen Furvus – gritó Draco.

Lo que ocurrió a continuación pasó a una velocidad que pocos de los presentes lograron apreciar. Pero Harry lo vio como si de una pesadilla se tratase: a cámara lenta.

Draco desapareció de la cúpula, apareciendo detrás de Ron mediante un agujero negro, como el que había utilizado el día anterior contra Cho. Ron no tuvo tiempo a darse la vuelta cuando un haz naranja le golpeó en la espalda y salió despedido directamente a la cúpula de su creación.


- ¡¡RON!! – gritó Harry. ¡Tenía que hacer algo!

Lo único que sucedió después fue que todos quedaron cegados luego de una gran explosión de luz.


***


Hermione se había quedado en estado de shock, aun no podía verse lo que había ocurrido debido al humo, pero ella estaba temblando con los ojos muy abiertos. Poco a poco se giró para buscar consuelo y alguna explicación a Harry, pero éste no se encontraba en su asiento. Hermione se volvió a girar en dirección al terreno de juego. El humo comenzaba a dispersarse y se entreveían dos figuras. La primera de las figuras era la de Draco Malfoy, con una sonrisa de suficiencia. Enfrente, la segunda figura comenzó a divisarse, Hermione se dio cuenta que esa persona estaba sosteniendo en brazos a otra persona…la segunda figura era…

- ¡¡Harry!! – exclamó Hermione.

Harry estaba enfrente de Draco y sostenía a Ron en los brazos. Su expresión era de profundo odio al mago que tenía enfrente. Una pequeña aura blanca rodeaba a Harry.

- Esto no quedará así, Malfoy. – Exclamó con furia el moreno.

Todo el mundo creía que Harry se abalanzaría sobre Draco, pero no lo hizo. Se dio la vuelta y se dirigió hasta donde se encontraba Madame Pomfrey. La enfermera también estaba totalmente shockeada por lo sucedido.

- Sólo está inconsciente. – dijo Harry.

Madame Pomfrey pareció salir de su anonadamiento y conjuró una camilla para llevarse a Ron, pero hubo algo que le llamó la atención: todas sus heridas habían cicatrizado.


***


A pesar de todo lo ocurrido, el siguiente duelo se realizó tras que algunos de los profesores lograran reparar la tarima.

En ese duelo se enfrentaban Susan Bones y Blaise Zabini. Los dos se encontraban uno enfrente del otro, aunque uno de los participantes no tenía la mente allí.

Por cuarta vez en la tarde, la luz roja dio comienzo al enfrentamiento entre la Hufflepuff y el Slytherin. Éste último fue quien inició el duelo.

- Expelliarmus – exclamó Zabini.
- Impedimenta – dijo Susan.

Desde la grada, Hermione y Harry observaban silenciosamente el duelo. Desde lo ocurrido con Ron ninguno de los dos había articulado palabra, Hermione simplemente se había apoyado en él y Harry había puesto su brazo arropando a la chica.

- Sismo – gritó Zabini.

El suelo comenzó a temblar y se formó una gran grieta en el suelo que hizo tropezar a Susan, pero su varita no se cayó.

- Reducto – gritó Susan desde el suelo.

El haz de luz azul claro golpeó a Zabini en las piernas, tirándolo al suelo, pero al igual que Susan, no soltó la varita.

- Carcero Stirpa – gritó Susan, ya en pie.

Unas gruesas raíces surgieron del suelo y aprisionaron por completo al Slytherin.

- Ríndete. – Ordenó Susan en una clara posición de ventaja
- Nunca. – Dijo Blaise por su orgullo Slytherin, aunque quedaba gravemente mermado al encontrarse en el suelo frente a una Hufflepuff.
- Tú te lo has buscado, ¡vepresis! – Un haz verde oscuro golpeó a las raíces que mantenían sujeto el brazo de Blaise y comenzaron a salir unas grandes espinas.

Blaise estalló en un grito de dolor, soltando su varita. Susan sonrió.

- Accio Varita – exclamó, y cuando tuvo la varita en la mano dijo: – Marcidus Sertorum.

Y poco a poco la raíz fue desapareciendo, se marchitó al igual que la andadura del Slytherin en el torneo.

- Ganadora: Susan Bones.
- Los duelos de mañana serán Harry Potter contra Hermione Granger, y Draco Malfoy contra Susan Bones.


***


- Señor Potter, ¿puede venir un segundo? – Escuchó que le llamaba la profesora McGonagall entre todo el montón de alumnos.

Suspiró, imaginándose que la profesora simplemente sería intermediaria en su relación con Dumbledore; indudablemente, el director todavía no había reunido la valentía para dirigirse directamente a él y necesitaba de personas como ella para hacerle conocer sus intenciones.

Hermione le miró de reojo, ligeramente preocupada. Ella intuía que algo malo había ocurrido hacía poco tiempo en la Orden y, a pesar de que Harry no había dicho absolutamente nada al respecto, sabía que la desaparición de Snape tenía algo que ver. Asimismo, su agilidad para conectar ideas le llevó a deducir que esto último tenía un vínculo estrecho con Harry... y eso era lo que tenía agobiado a Dumbledore.

Además, por supuesto, el profesor Dumbledore estaría interesado en escuchar de boca de Harry su testimonio sobre los extraños sucesos recientes, tales como su actuación en los duelos y cómo logró salvarle la vida a Ron...

- Te alcanzaré luego en la Sala Común, Mione. – Tras darle a Hermione un suave beso en la mejilla, Harry se encaminó hacia McGonagall, cuidando de que la expresión de su rostro no mostrara nerviosismo ni desconcierto.
- ¿Me llamaba, profesora? – Cuestionó, una vez estuvo frente a frente con ella; la profesora le examinó con cautela tras sus anteojos de marco cuadrado.
- El profesor Dumbledore me pidió que le comunicara que desea hablar con usted.
- ¿Ahora?
- Lo más pronto posible. – Harry apretó sus labios.

No tenía ganas para hablar con Dumbledore, no obstante cuánto antes se llevara a cabo esa conversación tan anhelada, cuánto antes podría deshacerse del problema. Tenía que practicar un par de hechizos que le serían útiles antes del duelo con Hermione. Sabía que ella no sería una oponente fácil: habían estado hablando al respecto y habían prometido ponerse serios, olvidarse de la relación que mantenían y realizar el duelo con objetividad. Sin embargo, Harry se creía incapaz de levantar la varita contra ella y necesitaría mentalizarse sobre ello.

Se preguntaba de qué quería conversar Dumbledore. Había tantos tópicos graves que podrían ser mencionados, pero no tenía la seguridad de que fueran los elegidos. Bah. Algo le decía que el vejete sólo había esperado hasta tener una excusa lo suficientemente válida para conducirlo a su despacho para luego dirigir el diálogo a dónde le interesara realmente.

- Está bien, profesora. Ahora mismo iré a verlo. – Se esforzó en mantener el tono calmo de su voz, y no convertirlo en irritabilidad. Ella asintió y se volteó para luego perderse en el pasillo del primer piso.

Respiró hondo antes de ponerse en marcha él también.


***


Tocó la puerta antes de ingresar al despacho. Escuchó la voz del profesor invitándolo a entrar y así lo hizo. El cálido ambiente de la sala le dio la bienvenida. Nada había cambiado desde la última vez que había estado a solas con el profesor en el lugar, pero nada de eso le interesó. Su vista se fijó instintivamente en Fawkes cuando el pájaro emitió una suave melodía que le inspiró confianza y tranquilidad. Luego, desvió sus ojos hasta la ventana que permitía ver el estadio de Quidditch, actualmente transformado en un estadio para los duelos. Tras eso, inspeccionó cada uno de los cuadros de los antiguos directores de Hogwarts. Era demasiado obvio que estaba tratando de ganar tiempo antes de mirar directamente a Dumbledore.

Pero ese momento llegó y las esmeraldas quedaron centradas en los ojos azules del profesor; ambas mentes estaban correctamente cerradas a los agentes externos y sus expresiones eran ilegibles, aunque Dumbledore tenía una sonrisa bonachona en su rostro. Nada que lograra engañar a Harry.


- Buenas tardes, Harry. Me alegra que hayas decidido venir tan pronto. ¿Cómo te encuentras? – Saludó Dumbledore al mismo tiempo que le señalaba la silla dispuesta enfrente de su escritorio.

Si bien el muchacho hubiera preferido permanecer de pie, eligió aceptar la oferta y sentarse cortésmente.

- Bastante bien, profesor. – La sonrisa de Dumbledore se ensanchó levemente.
- Has tenido una excelente actuación en los duelos, Harry.
Sino fuera por viejas experiencias, Potter hubiera pensando que aquellas palabras estaban cargadas de un orgullo paternal y no de un doble sentido.
- Gracias, profesor, aunque mis compañeros también lo han hecho genial. Lástima la derrota de Ron, pero... – Harry quiso desviar el tema central lo más delicadamente posible.
- El señor Malfoy tiene potencial. – Dumbledore terminó la frase por él.
- No obstante, es muy fácil tener ventaja sobre los demás cuando se utilizan las Artes Oscuras. – Harry lanzó una indirecta casual, que el profesor no obvió.
- Pero las Artes Oscuras tampoco tienen tantas ventajas. – Replicó Dumbledore. – Si bien son fáciles de aprender y desarrollar, la magia blanca también posee sus beneficios, mucho más puros y concretos.
- Pero esas Artes Oscuras fácilmente podrían haber matado a Ron. – Harry fulminó a Dumbledore con la mirada mientras expresaba su opinión. – Y que usted haya permitido que alumnos como Malfoy se luzcan con semejantes habilidades homicidas... – El profesor suspiró, con cierta resignación.
- Sé que fue un error haber permitido las Artes Oscuras, Harry. Pero no necesariamente son homicidas. Todo depende de la intención detrás del hechizo. Asimismo también nos ha ayudado a detectar quiénes entre el alumnado las practican.
- Aunque cueste la vida de otros alumnos... – Murmuró Harry. Dumbledore continuó hablando, omitiendo su comentario.
- Por otro lado, has demostrado estupendamente en el duelo de hoy que la magia blanca también tiene grandes beneficios, Harry. – El profesor, al ver que Harry no iba a añadir nada a su comentario, prosiguió:
- Me has sorprendido gratamente. Hacia tiempo que no veía tal demostración de dominio de poder en dos alumnos de sexto año. He de suponer que Terry pertenece al ED, ¿verdad?
- Así es.
- Y que has estado enseñando hechizos elementales, porque la mayoría de los duelistas han aplicado hechizos de esa clase, cuando no es lo que han estado estudiando últimamente. – Harry volvió a asentir, para nada sorprendido de que Dumbledore supiera eso. – Lo que no argumenta que hayas podido elaborar dos réplicas de agua con el Liquo Redditum, un hechizo muy antiguo. Me sorprende que tengas conocimiento sobre él.
- He estado investigando a fondo sobre hechizos elementales. – Se justificó Harry rápidamente.
- También me asombra que lo hayas hecho casi perfectamente. Eso indica que posees un gran poder para tus dieciséis años...
- Usted mismo lo ha dicho, profesor. Casi perfectamente.


Harry se abstuvo a ejecutar una mueca, al recordar ese visible fallo en su copia y la conexión que tenía con el sueño de unas semanas atrás.


- Ah. Ya que hemos caído en el tema, ¿sabes a qué se debe el fallo? – Los ojos de Dumbledore brillaron secretamente y Harry supo que había caído en lo que sería el principio de un largo interrogatorio.
- No lo sé, señor. Al principio, las réplicas se producían perfectamente, pero a partir de un momento... Cambiaron de aspecto.
- ¿No sabes de qué momento específicamente?


Harry observó al suelo calladamente. Por supuesto que lo sabía: desde que había tenido ese sueño. Era como si esas realidades alternas se hubieran fusionado en una sola, y ahora ese Harry le estuviera persiguiendo constantemente. Pero definitivamente no podía decirle la verdad a Dumbledore: eso significaría revelarle su sueño y el mayor de sus miedos, además de brindarle más razones para controlarlo y protegerlo. Ante todo, quería evitar ese futuro.


- No lo sé. – Fingió pensar detenidamente, frunciendo el entrecejo. Por un instante, pensó haber visto como los ojos de Dumbledore perdían su brillo, pero al instante siguiente volvían a la normalidad.
- A pesar de todo, lo que más me ha sorprendido fue la forma en la cual le salvaste la vida a Ronald, Harry. Ninguno de los profesores fue tan ágil como tú...


A decir verdad, Harry tampoco sabía cómo había logrado salvarle la vida a Ron. Lo único que supo en el momento de la culminación del duelo fue el peligro que corría Ron, antes de que el hechizo masivo le alcanzara, y que debía ayudarle o su amigo moriría. No pensó coherentemente en ese momento, sólo sintió una corriente de poder recorrer todo su cuerpo y consecutivamente...


- Yo... – El desconcierto de Harry debió de haberse reflejado en sus ojos, porque Dumbledore sonrió cálidamente, indicándole que él comprendía lo que sucedía.
- Ese es el poder del cual te hablé el curso pasado, Harry.


Las esmeraldas se abrieron en auténtica sorpresa y examinó el rostro del profesor para asegurarse de que no estuviera jugando una broma con él. No obstante, el rostro sereno le indicó que estaba hablando en serio. Por un segundo, todos sus pensamientos se detuvieron a la hora de intentar comprender lo que aquello significaba.

¿Aquella corriente de poder que había sentido era el arma para destruir a Voldemort? ¿Sería tan poderosa como para conseguirlo? ¿Por qué se había manifestado en ese momento? Miles de preguntas recorrieron su mente en segundos y sintió una leve sensación de mareo. Aquella información había sido inesperada y... demasiado pesada.

¿Por qué no podía tener un momento de paz?


- No te abrumes, Harry. Con tiempo, hallarás las respuestas que buscas. – Dijo Dumbledore suavemente.


Con certeza el vejete sabía porqué se había manifestado justo cuando Ron estaba por morir, pero que no le diría ni una palabra al respecto. Además, sabría las respuestas a muchas de sus preguntas, pero como todo... “a su debido tiempo.” Maldito Dumbledore...


- Debes encontrar las respuestas por ti mismo, Harry. Sólo entonces entenderás la magnitud de tu poder. – Harry cerró los ojos momentáneamente, respirando hondo para intentar contener la rabia que le invadía.
- Harry... – La voz de Dumbledore sonó apaciguada. – Sé que has estado muy confundido desde la partida del profesor Snape. – Así que era eso de lo que quería hablar el profesor. – Pero quiero que sepas que esta guerra todavía no está perdida. Nuestros métodos siempre han sido los mismos y es la forma en la cual le hemos ganado a Grindelwald y a Voldemort en la primera guerra; que en este momento estemos en desventaja no significa que la situación siga así.


~Sí, claro. En la primera guerra lo único que consiguieron fue perder miembros. Si Voldemort desapareció, no fue gracias a ellos. Una maldita profecía, prácticamente un milagro...~ Pensó Harry mordazmente, aunque prefirió no decir nada sobre ello.


- ¿Qué piensa hacer al respecto, profesor? – No pudo eludir que el tono de su voz sonara discriminatorio.
- Estamos intentando recuperar viejas alianzas. – Contestó Dumbledore con serenidad. – Sin embargo, te pido que seas prudente. No te arriesgues innecesariamente. Tu papel en esta guerra todavía no es precisado.
- ¡¿Y cuándo lo será?! – Fawkes, que dormía sosegadamente en su percha, abrió los ojos sobresaltadamente ante el grito de Harry.


Se puso de pie bruscamente. Sólo furia recorría su ser. Un sentimiento irracional e incontrolable: un terrible odio y sinsabor. Las palabras de Dumbledore resonaban en su mente, tan calmas y calculadas, que le hirieron en lo más profundo de su ser. Le hizo sentir nuevamente manipulado, como si su participación en la guerra fuera el último as bajo la manga del vejete. Un as que debería ser usado sólo en el último momento... cuando tal vez fuera demasiado tarde o hubiera perdido ya demasiadas cosas.


- No malinterpretes mis palabras, Harry. – Dijo Dumbledore, contemplando atentamente las reacciones de su alumno predilecto. – Esta guerra es de todos y cada uno tiene que luchar por lo que cree y quiere proteger. Sin embargo, la juventud debe prepararse y estar lista para cuando el momento de su intervención sea el idóneo. No antes, Harry. Por eso te pido que no te obsesiones con la profecía: todavía no es el momento.
- ¡No puede conservarme apartado de la realidad hasta cuando lo crea conveniente! ¿Acaso no recuerda lo que eso causó? ¡Si usted está dispuesto a perder más vidas, vale, pero yo no!
- Harry...
- No soy un niño. – Los ojos de Harry brillaban peligrosamente. – Estoy listo para afrontar lo que tenga qué. Si necesito estar preparado para participar en esta guerra, ¿por qué no me ofrece la posibilidad? ¡Todo esto es tiempo perdido!
- Harry...
- ¡Es muy fácil para usted decirme que tengo que estar tranquilo, pero no es usted el que por las noches, ve a la gente sufrir a manos de un monstruo! ¡El mismo monstruo que me quitó a mi familia y lo seguirá haciendo! – Dumbledore se irguió, sus ojos infundiendo advertencia.
- ¿Sigues soñando con Voldemort, Harry? – Harry se mordió la lengua. Eso le pasaba por descontrolarse.
- Hay sueños que no puedo evitar tener a pesar de que mi Oclumancia esté perfeccionada. Es como si mi conexión con Voldemort fuera mucho más potente, mucho más profunda...
- ¿Y qué sueñas? – Los ojos de Harry se cerraron por un segundo.
- Soñé con el ataque a Londres cuando sucedió. – Dumbledore abrió más los ojos, sorprendido.
- ¿Lo...? ¿Lo viste?
- Ajá. Los sueños que he tenido a partir de ese momento son como ecos de ése... Como si Voldemort quisiera recordarme que yo tengo el poder para detener toda la situación y no lo hago...
- Sabes que no es tu culpa, Harry. – Dumbledore parecía más tranquilo desde que Harry dejó de gritarle. – No puedes enfrentarte a él ahora y salir victorioso. Las posibilidades son escasas, por no decir nulas: una cosa es huir y otra intentar vencerlo. Por algo es el mago tenebroso más poderoso de los últimos tiempos. No quiero que te precipites a tomar decisiones, Harry. Sé que quieres vengarte por todo lo que te ha hecho, pero...
- ¿Usted me cree capaz de irme con Snape? – Harry se animó a preguntar lo que en aquel momento invadía su mente, a partir del mini discurso que le estaba dedicando Dumbledore.
- No, Harry, no ahora. Pero conozco tu tendencia a no pensar detenidamente cuando algo grave pasa...
- Bajo ninguna circunstancia dejaré a Hermione sola en Hogwarts. – Los ojos verdes de Harry se oscurecieron. – Y si algo le llega a suceder a ella, le juro que Voldemort se arrepentirá por el resto de su existencia, profesor. Ella es lo único que me importa dentro de toda esta porquería.
- Harry, piensa bien lo que dices...
- Le aseguro, profesor, que lo vengo pensando desde hace mucho tiempo. – Sus pasos se encaminaron hacia la puerta, decidiendo que había pasado demasiado tiempo junto a Dumbledore. – Sino tiene nada más que decir, creo que es momento de retirarme. Buenas noches, profesor.


Y ante el silencio permisivo del director, salió de allí sin mirar atrás; sin percatarse de la expresión inquietada que lucía el rostro del vejete y de la preocupación en la cual fulguraban sus ojos azules. Un suspiro cansado se escapó entre sus secos labios: todo se le estaba yendo de las manos, pero esperaba que Harry meditara un poco más sus palabras y actos.

Si esto continuaba así...



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