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Harry Potter y el Estigma del Fénix Sagrado » Capi 11
Harry Potter y el Estigma del Fénix Sagrado (ATP)
Por Parvati
Escrita el Sábado 27 de Marzo de 2004, 16:04
Actualizada el Domingo 15 de Abril de 2007, 21:03
[ Más información ]

Capi 11

Hola a todos! ¿Cómo están? ^^

Antes que nada, muchísimas gracias por seguir leyendo en el fict y en el caso de los que dejen reviews, por hacerlo.

Lamentamos informarles que a partir de ahora las actualizaciones se realizaran con demora prolongada. XD Ejem. No, es que Rómulo vuelve a empezar el colegio y ya saben... En este ciclo escolar tiene planteado batir el record de demoras... ¿Qué tal 12 meses sin escribir? No, no, no! Era broma, lo prometemos! XD Esperamos por lo menos llegar a hacer un capi por mes... Todo dependerá del tiempo disponible de ambos (recuerden... Uno de los escritores vive en el hemisferio norte y la otra en el sur!) XD

Rómulo ha realizado dos fanarts basados en el fict (un hermoso regalo de cumpleaños... muchísimas gracias, socio! ^^):

Dark Harry (visión del capi 8/9) ^^ --> http://www.harryargentino.com.ar/FanartsHA/details.php?image_id=217

Voldemort --> http://www.harryargentino.com.ar/FanartsHA/details.php?image_id=218

Ojalá disfruten de este capi (el más largo hasta el momento... Pero estamos intentando superarnos en cada capi)
Besos!


-.-.-.-

CheP: Gracias! XDD No te gusta el rumbo que está tomando? Te da mala espina, entonces... XD Oh, a mí me encanta como me ha quedado la reunión (no soy para nada modesta, y Romu me lo recuerda constantemente XD) La manera de Snape es un tanto... sádica, pero bueno... Cada uno tiene sus ideales. No tiene porqué ser la única opción. Tendremos que hacer pronto ese debate XD Cuídate y espero que te guste el capi!

Sara Radcliffe: Gracias por el review ^^ El ataque al Big Ben no fue para nada sádico, no te preocupes XD A todos nos da mala espina esa visión tan dark... Veremos que sucede. Haces bien en tener sospechas, aunque tampoco tomes a Skatha como la mala de la película XD Muchas gracias por los elogios, nos esforzamos para que el fict sea lo más ‘real’ posible. Lo de Snape... Pronto lo averiguarás. Lamento no poder decírtelo, pero no tendría gracia XD Espero que disfrutes del capi.

-.-.-.-

Capítulo 11 – Duelos del Corazón

El fin de semana había llegado sin más contratiempos. La Comunidad Mágica aún continuaba shockeada por los acontecimientos de los días anteriores. Y Harry debía admitir que él también.

Snape, tras haber salido del despacho del profesor Dumbledore, desapareció del mapa. Por más que la Orden se esforzara en hallar su localización actual, estaban muy lejos de dar con él. Había rumores entre los miembros de que había vuelto a las filas del Dark Lord y éste le estaba ofreciendo refugio a cambio de su renovada lealtad. Otros decían que huía de ambos bandos y estaba viajando por los recónditos lugares de Europa...

Harry dudaba que Snape hubiera regresado con Voldemort. Algo dentro de él se lo comunicaba y confiaba más en su intuición que en lo que decían las demás personas. Al fin de cuentas, los mismos que acusaban a Snape de traición eran los que le habían censurado el año anterior de loco y de niño que busca atención...

Suspiró con resignación, tomando una de las piedras de las orillas del lago y lanzándola contra la superficie de agua enfrente de él. Habían sucedido muchas cosas en poco tiempo y no conseguía organizar sus pensamientos. Sus principios parecían estar retorcidos; no le encontraba ni pies ni cabeza a la realidad.

Sintió las miradas desconfiadas y altaneras de los alumnos que al igual que él, aprovechaban la mañana del sábado para pasear por los terrenos. Eran las mismas miradas que le seguían desde que la presencia de Skatha a su lado se había hecho pública. Hasta algunos periodistas le habían mandado cartas, solicitándole una cita para charlar del tema.

Oh, claro. Cómo si él estuviera de ánimo como para hacer semejante estupidez. No. Esta vez no sería como los demás querían. Esta vez sería él el que manejara la situación. ¿Qué importaba si ninguna persona del alumnado confiaba en él? ¿Qué importaba lo que la sociedad opinase de él? Desde la muerte de Sirius que todo aquello había dejado de concernirle. Al fin de cuentas, mientras él y los suyos supieran la verdad, no habría de qué preocuparse.

Lo que en verdad le inquietaba eran las últimas palabras que Snape le había dirigido antes de desaparecer. “Si de verdad quieres vengarte por todo lo que Voldemort te ha quitado... tarde o temprano vendrás conmigo.”

Por supuesto que él quería vengarse... Voldemort le había quitado su infancia, había arruinado su vida y seguía haciéndolo. Le amenazaba en cada paso que daba y le pisaba los talones cada vez que tenía la oportunidad. No podía irse a ninguna parte sin tener que pensar primero en su seguridad. Eso le irritaba. Dependía de Voldemort, de sus planes y movimientos.

Quería dejar de depender de él. Quería estar lo suficientemente preparado como para poder defenderse a sí mismo y a aquellos que le importaban. Por sus propios medios. Nada de Orden del Fénix siendo escoltas ni barreras de seguridad... Nada. Simplemente su propio poder y capacidad.

Pero no estaba seguro a lo que se refería Snape... Ni tampoco qué implicaría esa elección. Seguramente tendría que irse de Hogwarts y eso sería auténticamente doloroso... Dejar a Mione y a sus amigos... Donde sabía, residía su verdadera felicidad.

No. No podía. Además, ¿qué tan seguro estaba de que Snape era la persona adecuada para enseñarle lo que necesitaba? Tal vez sólo se estaba precipitando... Era demasiado pronto. O tal vez...

Además... ¡estaba pensando en irse con Snape! Snape... Snape... Necesitaba recordárselo a sí mismo. Ese detestable y horrible profesor de pociones que había tenido a lo largo de sus seis años en Hogwarts y le había hecho la vida imposible. ¡Ambos se odiaban! ¡¿Por qué iría con él por su propia voluntad?! ¡Sólo borracho, enfermo o loco! Y ni en esos estados sería capaz de esa paranoia...

Se sentó a orillas del lago y observó la inmensidad de éste. La tranquilidad que inspiraba... Ojalá esa sensación durara en su ser por siempre. Sabía que pedía demasiado, que volvería a ver a gente sufrir y morir, hasta tal vez seres muy queridos para él... Pero era simplemente uno de sus anhelos más profundos: vivir en paz y feliz. ¿Acaso no lo merecía?

- Últimamente estás muy callado, Harry.

Sorprendido, volteó a mirar. Allí estaba Hermione, de pie a su lado, y mirándole pensativamente. Se la notaba totalmente despierta y vestía ropas muggles, ya que dentro de unas horas visitarían Hogsmeade. A Harry no le asombraba verla de aquella forma, sino que estuviera en el lago tan temprano. La mayoría de las veces ella permanecía en la Sala Común, esperando que Ron y él bajaran de los dormitorios para ir a desayunar. Y Hermione no tenía forma de averiguar que estaba allí, ¿verdad?

- Mione, ¿qué haces aquí? – Preguntó él, lo más discretamente posible.
- Sabía que estabas aquí y quería hablar... Porque he visto que necesitas hablar con alguien y como eres tan cabeza hueca, no te animas a pedirlo.
- Eso no contesta a cómo sabías que estaba aquí. – Replicó Harry mientras Hermione se sentaba a su lado. Ella le sonrió suavemente.
- Tengo mis métodos. Pero eso no importa. ¿En qué pensabas?

Harry volvió a fijar su atención en el lago. No le había comentado a nadie sobre la visión que había tenido del Big Ben ni les había contado a Ron y a Hermione sobre la reunión de la Orden. De hecho, muy pocas personas que no pertenecieran a la Orden sabían que Snape había desaparecido. Suponía que el alumnado de Hogwarts terminaría de enterarse el lunes, cuando tuvieran que asistir a una clase de pociones y no tuvieran profesor...

Skatha se había quedado en la torre de Gryffindor, durmiendo plácidamente. Ella era la única que estaba al tanto de la visión de Harry y no había podido discutirlo seriamente con ella, porque la reunión de la Orden le había cortado la posibilidad. Y cuando había vuelto a la torre, la serpiente ya estaba dormida...

Hablando de dormir, él apenas había descansado. Entre todo lo que tenía que pensar y hacer... La noche se le había escapado y el sueño con ella.

- En nada. – Respondió Harry, tras un tenso silencio.
- No me mientas. – Le recriminó su novia. Él suspiró, maldiciendo la eficacia con la cual Hermione le conocía.
- No importa.
- No lo creo. Algo te tiene mal y quiero saberlo.
- No es verdad.
- Sí, Harry. No intentes evitarme. Ayer hubo una reunión de la Orden y de ella volviste muy introvertido... Me gustaría saber por qué. Además, he visto a Dumbledore hace unos minutos y parecía consternado. ¿Qué pasó?
- No importa...
- ¡Por supuesto que sí! – Chilló Hermione, comenzando a exasperarse por la actitud terca de Harry. - ¡Recientemente nos ocultas muchas cosas! Necesito saber para poder ayudarte, Harry. De otra forma, me será imposible...
- ¡Es que no sucede nada! – Harry elevó el tono de voz también. Cerró los ojos, intentando tranquilizar su temperamento. No lo consiguió. - ¡No necesito nada!

Hermione le miró herida. Tan herida que de repente Harry se dio cuenta de lo que había dicho y lo mal que había reaccionado al hacerlo. Se sintió avergonzado de sí mismo y se odió por ser tan idiota... Hermione sólo quería apoyarle, estar allí para él... Y la estaba rechazándola con brusquedad... Como sino la quisiera. Como sino le importara. Y eso era mentira. Hermione era lo más importante que tenía en aquella vida.

Y allí estaba él... tratándola cruelmente...

- Hermione, lo siento... No sé qué me pasa últimamente...

Los ojos marrones de la chica le observaron lagrimosos y sintió su estómago revolverse ante la imagen. No le gustaba ver a Mione llorar, y menos por su culpa...

- Es sólo que no sé lo que quiero... No sé lo que me sucede... Estoy confundido... Perdido. Y no es tu culpa, no tiene que ver contigo... pero soy tan idiota que toda mi bronca te la echo a ti, porque eres la única en preguntar, y eso no es justo... Lo siento.

Hermione no le miró. Es más, Harry se preguntó mentalmente si ella le estaba escuchando, porque no daba ningún indicio de hacerlo. En las últimas semanas, le había causado más dolor que alegría... Todavía no entendía como una persona tan maravillosa como lo era Mione podía estar enamorado de él, un ser tan indiferente y reservado, que tenía tendencia a hacer sufrir a aquellos que le querían. ¿Qué clase de pareja era?

- Es mentira que no necesito nada. Te necesito a ti de mi lado... Es lo único... Si sé que cuento con tu apoyo, todo irá bien... Pero estoy arruinando todo. Estoy siendo egoísta... Desinteresado. Y eso no te lo mereces.

Esta vez, ella correspondió su mirada. En ella vio solamente cariño. Un inmenso cariño dirigido a él y se sintió el ser más afortunado en la faz de la tierra en ese pequeñísimo segundo... porque la tenía a ella. A su Mundo.

- Puedes hacerme llorar con tanta facilidad... Pero vale la pena. Nunca me habías dicho algo tan tierno... – Dijo Hermione, sonriéndole ligeramente. Harry le devolvió la sonrisa y le quitó las lágrimas que se habían escabullido de sus ojos y recorrían su rostro.
- Eres hermosa. – Las mejillas de Mione cobraron un poco de color.
- No lo creo.
- ¿Dudas de mi palabra? Si digo que eres hermosa, es porque lo eres.
- Eres un mentiroso. – Le reprochó Hermione.
- ¡Que te digo que es verdad! – Exclamó Harry.
- Hay muchas chicas más lindas que yo...
- La belleza no habita en el exterior, Mione. Y tú eres mucho más bella que todas ellas juntas, no sólo por tu físico sino también por tu persona. Nunca encontraré alguien como tú... Eres impar. – Los ojos castaños brillaron en emoción al escuchar sus palabras.
- Eres un tonto sentimentalista. – Dijo ella, riéndose y toda roja. Él le sonrió tiernamente y besó sus labios con ímpetu.
- Te amo.

***

- Ron... Ey, Ron... te estoy hablando... ¡Ron!
- ¿Qué? Ah, sí... ¿Qué me decías, Harry?
- Ya no importa...

Estaban caminando por la callejuela principal de Hogsmeade, discutiendo dónde sería la siguiente parada. Hermione había comprado varias cosas en la librería mientras que Harry había chequeado en la tienda de Quidditch y había comprado también un par de libros para tácticas de juego y ED. En cambio, Ron simplemente se había limitado a seguirlos y a asentir en sus conversaciones. Harry podría pedirle un millón de galeones, que Ron aceptaría.

Harry no sabía que le sucedía a su amigo hoy. En cambio, Hermione lucía una mirada confidente y por más que su novio le preguntara una y otra vez qué sabía respecto al tema, ella le sonría misteriosamente y cambiaba de tema. Harry definitivamente se sentía ignorado.

- ¿Qué tal si vamos a las Tres Escobas? Tal vez allí nos encontremos con Luna, Neville y Ginny... – Sugirió Hermione.
- Eh... No, mejor no. – Herm y Harry miraron extrañados a Ron. – Es que es un día muy lindo para pasear, ¿no lo creen?

Harry pestañó, no creyéndose lo que el pelirrojo había dicho. Elevó los ojos al cielo y encontró unas nubes grises oscureciéndolo. Y si tenían en cuenta la brisa fría... Se podría deducir que no era un día lindo. ¡¿Qué rayos estaba sucediendo?!

- Ron, ¿te sientes bien? – Escuchó a Hermione riéndose disimuladamente a su lado.
- Por supuesto que no está bien, Harry. ¿Acaso no lo ves? Está nervioso. – Potter elevó una ceja ante este comentario.
- ¿Nervioso? ¿Por qué?
- A veces eres tan ingenuo, Harry. – Sonrió Hermione. – Y lo mejor de todo, es que lo veo como una cualidad. – Más risas.

Frunció el entrecejo. Hermione riéndose constantemente y Ron perdido en sus pensamientos. Se había perdido de algo. O ellos habían enloquecido en los últimos días o él estaba muy cuerdo... o viceversa. Inspeccionó desconfiadamente a los alumnos que pasaban a su lado.

¿Por cuáles razones Ron debería estar nervioso? El partido de Quidditch ya había pasado y no habría otro hasta febrero... No había exámenes... No había clases de Snape... ¿Qué podía estar mal?

Volvió a mirar a Hermione y ella, al ver que no comprendía, rió aún más fuerte. Ron se sonrojó potentemente ante la mirada sugerente de la castaña y esquivó como pudo su indirecta acusación. Harry miraba todo como en un partido de tenis, solamente que no veía dónde estaba la pelota.

- ¿Alguien podría explicarme qué sucede?
- Sólo si me cuentas en qué andas pensando... – Dijo Hermione. Ron les observó de reojo.
- Andas chantajista, Hermione.
- Se siente bien. Además que se obtienen buenos resultados, ¿no crees?
- No.

Harry suspiró. Estaban ignorándolo, oh sí... Tenía que descubrir por sus propios medios lo que pasaba allí. Hermione lo sabía y Ron había hablado de chantaje. Uhm... ¿No habían mencionado algo así en una reunión del ED? Sep... Pero... ¿con qué podría Hermione sobornar a Ron? ¿Una calificación que Ron no quería contarle a su madre? No, no estaría tan nervioso en una visita a Hogsmeade...

Maldición. ¿Acaso se reunirían con Fred y George? Bah. Si él fuera Ron, estaría contento de hacerlo, no nervioso. ¿Qué rayos podía ser?

- ¡Me rindo! – Exclamó, luego de diez minutos pensando y pensando, y no llegando a nada. Hermione y Ron, que estaban a su lado hablando de cualquier cosa, le miraron sin comprender por unos instantes.
- Qué rápido, Harry. – Dijo Hermione, burlándose de él. – Vamos, tú puedes adivinarlo... Bah, con la clase fantástica de adivinación que has tenido en los últimos años no debería costarte tanto...
- No seas tan franca, Mione. – Ironizó Harry. – Debería haber traído a Skatha... Seguro que ella lo adivina. – Suspiró, resignado. A Hermione le atacaron nuevamente las risas.
- Estás dependiendo mucho de esa serpiente últimamente, Harry. – Dijo Ron, mitad en broma, mitad serio. – Parece ser tu guía en todo. – Harry se encogió de hombros.
- Ya. Vayamos a las Tres Escobas... Tal vez una buena cerveza de mantequilla reviva mi intuición.
- Así que solamente borracho puedes tener intuición... Es bueno saberlo... Siempre tener una cerveza de mantequilla a mano en caso de peligro. – Bromeó Hermione, haciendo como si escribiera una nota mental.
- Pero...
- Vamos, Ron. ¿Qué puede pasar? – Dijo Hermione, guiñándole un ojo a Weasley.

Sin que Ron pudiera volver a protestar, ingresaron en las Tres Escobas, pidieron tres cervezas y tomaron asiento en una de las mesas más lejanas a la concentración de gente. Harry se percató que todos los presentes tenían caras solemnes y vestían de luto. Se sintió algo incómodo, vistiendo los colores de Gryffindor, que eran bien llamativos y alegres, mientras toda la comunidad mágica rememoraba los fallecidos en el ataque al Big Ben.

Pero el trío dorado no solía estar tan unido y feliz desde hacía semanas. No era que ninguno tuviera problemas, solamente aquel día se habían levantado con la intensión de divertirse y despejarse como no lo habían hecho durante el nuevo periodo escolar... Privarse un único día de toda la agonía y la atmósfera caótica que se respiraba.

- ¿Ves que no estaba, Ron?
- Ya.
- ¿Quién no estaba?
- ¿Sigues sin entender, Harry? Es demasiado obvio a estas alturas...
- ¿Qué?
- ¿No viste como la miraba en ED?
- ¿A quién?

Fue entonces que los cabos sueltos encontraron su lugar en la mente de Harry. Ron estaba nervioso, Hermione lo sabía y le había chantajeado para no publicarlo al enterarse... Era por eso que Ron actuaba tan estúpidamente en las clases de ED... Y se la pasaba observando a...

¡Pero era imposible! ¿Ron, enamorado? ¿Y no había confiado en él aquel secreto? ¡Ahora sí que tenía razones para ofenderse!

- ¿SUSAN BONES? – Chilló Harry.

Ron pegó un salto y Hermione estalló en carcajadas histéricas. Las personas de las mesas de alrededor se voltearon a mirarlos y un grupo de jóvenes de Hogwarts que estaban del otro lado del bar echaron un vistazo hacia ellos, interesados.

- Gracias por publicarlo al mundo, Harry. – Masculló Ron entre dientes.
- Pero... pero... ¿Bones, Ron? – Titubeó Harry. Ron se sonrojó completamente, aunque encaró a Harry.
- ¿Hay algo de malo en ello?

Harry podría decir que sí. Apenas la conocían y por muy simpática que pareciera en ED... Seguía siendo una desconocida, Hufflepuff y familiarizada con un miembro importante del Ministerio. Una muchacha que iba a su mismo curso, verdad... Aparentaba cierta inteligencia, no obstante...

- No, está bien. – Harry sonrió forzosamente. Se alegraba de que Ron estuviera enamorado y feliz, pero...

Se dio cuenta que estaba tomando una postura muy Slytherin, discriminando a la muchacha por su familia y casa. Después de todo, ella no había hecho nada malo y confiaba en él, como lo hacían el resto de los miembros del ED. Salvo Zacharias, sin embargo ese era un caso interminable.

El grupo de jóvenes que anteriormente se habían girado, comenzaron a caminar hacia ellos, intercambiando comentarios entre ellos. Ron ocultaba su rostro de la mejor manera posible y Hermione contenía sus risas, camuflándolas en toses.

Cuando finalmente el grupo estuvo suficientemente cerca, el trío dorado pudo distinguir sus rostros. Era Susan, con sus amigas de Hufflepuff, Hannah y Wayne.

No era necesario definir la reacción de Ron; por su expresión facial se notaba que quería estar en cualquier lugar menos en las Tres Escobas. Hermione ya no podía resistirse y se mecía en la silla, riéndose sonoramente. Y Harry sentía un grandísimo sentimiento de culpabilidad, aunque... eso de poner en aprietos a Ron tampoco estaba tan mal... Debería hacerlo más seguido.

- Ron, Herm, Harry... ¿Me llamaban? – Preguntó Susan, con demasiada inocencia para el gusto de Harry.
- Ehh... – Vaciló Harry. Ron, por debajo de la mesa, le pegó una patada que fue una suficiente indirecta. – Sip. Te queríamos avisar que... bueno...

No se le ocurría cómo encubrir la verdadera razón y el cerebro del trío estaba demasiado ocupado intentando recobrarse del ataque de risa.

- La clase de ED del martes se suspende. – Terminó Ron por él. Harry y Hermione se miraron y se mordieron el labio inferior, al ver las caras pasmadas de las chicas de Hufflepuff.
- ¿Ah, sí? – Preguntó Harry, con un toque de malicia en los ojos. Hermione se tapó la boca para no estallar de risa.
- Sí. – Dijo Ron, mirando a su amigo fulminantemente. – ¿No recuerdas que de eso estábamos hablando?
- ¿Por qué? – Preguntó Hannah, interesada. Ron se puso blanco, al no ocurrírsele una razón valedera.
- Porque tenemos los primeros duelos del Torneo, ¿recuerdan? – Explicó Hermione mientras se limpiaba las lágrimas que salían de sus ojos.

Susan, Hannah y Wayne charlaron un rato más con ellos antes de decidirse a irse a comprar otros utensilios para el colegio. Ron le agradeció a Hermione su ayuda en el engaño y casi asesinó a Harry, amenazándolo con pedirle colaboración a los gemelos en la venganza.

- Pero oye... ¿Por qué estabas tan nervioso? – Cuestionó Harry, cuando emprendían su camino de regreso a Hogwarts. – No creo que haya sido por el riesgo de cruzarte con ella, ¿verdad?
- No, Harry. – Contestó Hermione. – Es que Ron se ha decidido a decírselo, en Halloween, dentro de tres días, ¿sabes? ¿Ves el último local antes de los carruajes?
- Ajá...
- Es una bisutería. Quiere comprarle algo... ya sabes, para tener una “muestra” de afecto que regalarle si llega a aceptar. – Dijo Hermione en tono diplomático. Harry la observó de reojo.
- ¿Es eso una indirecta?
- ¿De qué? – Preguntó ella, sonriendo con ingenuidad. Él suspiró.
- ¿Tú también quieres una muestra de afecto material?
- Tal vez...

Hermione se aferró al brazo derecho de Harry, que la observó con curiosidad, y luego se sonrieron. Ron ya se les había adelantado, cansado de tantos cuchicheos entre sus dos mejores amigos.

Cuando llegaron a la tienda, Harry sospechó que era una de las más costosas que existían en Hogsmeade, aunque las joyas que estaban a la venta eran realmente valiosas e irrepetibles. Hermione le comentó que se rumoreaba que todas las joyas que se ofrecían allí tenían un secreto guardado o una leyenda en su haber.

Entraron en el local. Había muy pocas personas dentro y no era una sala muy grande. Tenía un ambiente lujoso, de colores vivos. Las joyas se exhibían tras librerías de cristal. Ron se encontraba examinando unos anillos mientras que Hermione se dirigió inmediatamente a los collares de plata.

- ¿No te gustan los anillos? – Preguntó Harry, acompañándola.
- No. Me molestan para escribir y hacer actividades... Además que no estoy acostumbrada. – Dijo Herm, inclinándose para contemplar mejor.

Pasaron más de veinte minutos dando vueltas por la tienda. Ron no terminaba de decidirse, porque el anillo que más le gustaba era demasiado caro y no deseaba aceptar el dinero que Harry le había ofrecido. Decía que si iba a comprarle algo a Susan, sería por sus propios medios.

En cuanto a Hermione... ella se debatía entre dos medallones. Uno con una extraña figura, una estrella de cinco puntas según pudo ver Harry, y otro con unas inscripciones japonesas. Terminó preguntándole a la vendedora qué significaba cada uno para decidirse.

- La inscripción significa amor. – Reveló la mercadera, de ojos llamativos y grises. – Y la estrella... Tiene varias interpretaciones. Todo depende que cultura tomes.

Harry suponía que la idea de investigar fue la que entusiasmó a Hermione a elegir el medallón con la estrella. Era atractivo. Tenía cinco piedras de colores entre las puntas de la figura: amarilla, celeste, verde, azul fuerte y rojo. El precio era alto, pero valía la pena pagarlo por Hermione.

Tras comprarlo, se lo colocó a su novia en el cuello. Le quedaba realmente precioso.

- Gracias, Harry. – Le agradeció Hermione, dándole un beso en la mejilla, cuando caminaban por la calleja nuevamente. Harry le sonrió.
- Ya he elegido. – Anunció Ron, alcanzándolos en el camino.
- ¿Sí? ¿Cuál?
- No tendría sentido que te lo mostrara, ¿verdad? – El pelirrojo les guiñó un ojo y se adelantó a ellos.
- Esto de estar enamorado le ha caído mal... – Opinó Harry, viendo a su amigo mezclarse entre la multitud de alumnos.
- ¿A quién no? – Se burló Hermione. Harry le miró de reojo y rió, abrazándola por la cintura.

***

Dumbledore se levantó de su silla. Había llegado el viernes veintinueve, era el tan esperado día del comienzo del torneo de duelos.

La noticia de la huida de Snape había causado conmoción en el colegio, aún no habían encontrado ningún sustituto honorable para el puesto, cosa que alegraba a la mayoría de los estudiantes ya que tenían más tiempo libre, y no tenían que aguantar más a Snape.

Dumbledore carraspeó para que le prestaran atención, enmudeciendo a todo el mundo y volteó para mirar a la mesa de los profesores. Junto a Dumbledore se encontraba Dafne, con una elegante túnica en tonalidades azul oscuro y plata.

- Queridos alumnos, la profesora Dafne quiere comunicarles un par de cosas. Por favor mantengan el silencio – dijo Dumbledore solemnemente.

El trío de Gryffindor, que se encontraba desayunando en la mesa, prestaba total atención a las palabras de los profesores, ya que los tres tenían que batirse a duelo.

- ¿Dónde crees que se realizarán los duelos? – preguntó Ron a Hermione.
- Pues ni idea, no sé si volverán a utilizar el Gran Salón... – dijo Hermione pensativamente.

Dafne comenzó a hablar desde la mesa.

- Bueno… sólo quería deciros que… ¡Queda Inaugurado el torneo de duelo! Entre hoy, mañana y el domingo se realizarán los duelos. – dijo Dafne con su dulce voz – Se llevarán a cabo en los terrenos del colegio, una zona que ha sido preparada especialmente para este torneo. Hoy se ejecutarán los octavos de final y lo inaugurarán Harry Potter y Zacharias Smith. El primer duelo comenzará dentro de media hora.

Harry, que estaba bebiendo un vaso de zumo de calabazas, se atragantó con él y lo escupió todo encima de la mesa.

- ¡¿Qué?! – exclamó Harry en voz alta, lo que provocó algunas carcajadas por parte de sus compañeros de Gryffindor.
- Los duelos acabarán cuando el otro queda fuera de combate o salga del ring, o que su contrario se quede con su varita. – Continuó hablando Dafne. – En caso de algún accidente… mortal, el productor del accidente quedará totalmente descalificado. – Dijo Dafne con una voz lúgubre, pero dibujó una sonrisa en la cara y dijo: – ¡Era una broma! ¡No ocurrirán semejantes accidentes! Bueno, recomiendo que los participantes comiencen a dirigirse al pequeño estadio que se ha improvisado.

Harry no lo pensó dos veces, se aseguró que tenía la varita consigo y salió corriendo del comedor, llegando al Gran Hall. Salió del castillo y entonces vio el “pequeño” estadio. Estaba situado en la misma explanada donde se había realizado la prueba de los dragones hacía ya dos años. Tenía la forma del coliseo romano, pero bastante más pequeño. Sin embargo, con la suficiente capacidad para que todos los alumnos de Hogwarts tuvieran sitio.

Harry se acercó lentamente y entró por un gran arco ubicado en la parte posterior del estadio. A los lados había dos escalinatas que llevaban a las gradas, pero él siguió recto hasta que llegó al terreno de juego, el cual estaba alzado medio metro del suelo, contaba las dimensiones de un campo de fútbol pequeño y en el terreno había pequeños montículos que se situaban en cada esquina. Dos pequeños lagos que se situaban a los lados. Justo en cada esquina se encontraba una columna con motivos greco-romanos.

Harry quedó verdaderamente impresionado con el terreno. Estaba tanteándolo, cuando se dio cuenta que no estaba solo, sino que Zacharias acababa de llegar.

- Bonito estadio, eh ¿Potter? – dijo Zacharias, acercándose poco a poco hasta donde se encontraba Harry.
- Sí, está muy bien. – dijo sin prestarle mucha atención a Smith. El público comenzó a llegar, vio como Hermione y Ron se colocaban en primera fila.

Entonces Harry se fijó en Smith. Llevaba puesta la túnica de Hufflepuff, pero debajo de ésta se podían ver unas zapatillas deportivas, algo desgastadas, un pantalón de chándal y una camiseta blanca. pensó Harry se dijo. Con esa ropa tendría más facilidad de movimiento, en cambio Harry llevaba la ropa de siempre.

- No te lo pondré fácil – dijo Zacharias, alejándose.

Harry levantó una ceja escéptico, pero entonces se dio cuenta de que tenía una postura demasiado Slytherin y se riñó a sí mismo.

Poco a poco se fue llenando el estadio y se consumió el cuarto de hora que restaba para el comienzo del duelo. Observó como los profesores se colocaban en un lugar preparado especialmente para ellos.

Dafne se acercó al centro del terreno y les hizo acercarse.

- Cuando diga ya, comenzaremos el duelo. Caminad diez pasos para atrás.

Así lo hicieron los dos alumnos. El joven Hufflepuff sonreía con suficiencia mientras que Harry permanecía impasible. Dafne esperaba para dar comienzo al primer duelo. En la zona de profesores, Dumbledore y el resto de los profesores se encontraban expectantes, al igual que los invitados. Remus quería volver a ver a Harry en acción.

- Este duelo está cantado. – comentó Ron a Hermione, que se encontraban entre el público.
- No sé… espero que mi… que Harry lo haga muy bien, Zacharias nunca me dio buena espina. – comentó Hermione.

El grupo de Gryffindor animaba a Harry ferozmente al igual que el de Hufflepuff a su componente, Slytherin abucheaba a los dos.

- ¡Que comience el Duelo! – gritó Dafne dejando salir chispas rojas de su varita.

Los dos adolescentes se miraban fijamente, Zacharias Smith con una mirada de furia y Harry con una aparente tranquilidad.

- Expelliarmus – comenzó atacando Zacharias, Harry con un movimiento de varita, disolvió el chorro de luz que se le avecinaba. – Rictusempra.

Otra luz anaranjada cruzó el terreno, Harry sólo tuvo que mover la cabeza para esquivar el hechizo. Smith parecía que se estaba enfureciendo, avanzó rápidamente un par de pasos y lanzó otro hechizo.

- ¡Desmaius!

Harry tuvo más problemas para esquivar éste, tuvo que saltar y rodar por el suelo, debido a que Zacharias se encontraba muy cerca.

- Lacarnium Inflamarae

Las llamas le rozaron el hombro, pero no prendieron. El público se impacientaba, quería ver al niño que vivió en acción.

- ¡¡¿Qué pasa, san Potter, ¿no quieres dañar a nadie?!! – Gritó Draco Malfoy desde la primera fila del público.
- Sanctus Averno – gritó Zacharias, tras el despiste de Harry.

Harry se sorprendió de que utilizara ese hechizo, más sabiendo de que no era de los que mejor supiera utilizar. Sólo unas pequeñas llamas quedaron rodeando a Harry. Por fin éste, levantó la varita, apuntó a Zacharias y gritó:

- ¡EXPELLIARMUS!

Una esfera luminosa de color rojizo cruzó el terreno de duelo como un obús, golpeando a Zacharias en el pecho, quien salió volando varios metros atrás, dejando caer la varita y retirándose él mismo del terreno: Había Perdido.

Los Gryffindors estallaron en vítores, tras la demostración de poder mágico que había manifestado Harry, todos estaban verdaderamente sorprendidos por la potencia del Expelliarmus realizado.

Entonces Harry cruzó el terreno caminando rápidamente y llegó hasta donde se encontraba Zacharias, aún tirado en el suelo. Éste echó una furiosa mirada a Harry, pero entonces Harry alargó la mano para ayudarle. Zacharias miró la mano de Harry, luego miró al joven que tenía una sonrisa en su cara, y entonces Smith sonrió, dándole la mano. Ahora fueron los Hufflepuffs los que ovacionaron a los duelistas.

- Lo has hecho muy bien. – dijo Harry, levantando a Smith.
- Ese Expelliarmus ha sido impresionante. – Respondió Smith.

Ambos cruzaron el terreno, Zacharias cogió su varita hasta llegar a las gradas de sus respectivas casas, y se perdieron entre la multitud.

- ¡Harry, has estado genial! – dijo Ron dándole unas palmadas en la espalda
- ¡Muy bien, amor! – dijo Hermione abrazándose a Harry.

En el terreno, se vio como Dafne se aplicaba un hechizo en la garganta y un segundo después su voz ampliada mágicamente dijo:

- Bueno, ¡Harry Potter gana el primer duelo, descalificando a Zacharias Smith! El próximo duelo enfrentará a Terry Bott y Pansy Parkinson, ruego que se presenten en el terreno.

En pocos minutos, Parkinson y Bott subieron al terreno.

- Este duelo sí que está cantado – dijo Ron.
- No subestimes a Parkingson – dijo Harry.

Hermione y Ron le miraron asustados.

- ¡Vamos! No me miréis así, si ha llegado a ser una de los cuatro duelistas de Slytherin algo bueno sabrá hacer ¿no?
- También puede ser que no haya nadie mejor, ¿no? – dijo Ron, Harry y Hermione rieron.
- Ya ha empezado – dijo Hermione, señalando el terreno.

Parkinson había comenzado a la ofensiva, lanzando un Desmaius que desvió Bott sin ningún problema.

- Aqua Afflatus – dijo Bott, y de pronto su varita comenzó a atraer chorros de agua que provenían de las lagunas. Cuando se hubo formado una burbuja del tamaño de un balón de fútbol, salió disparada contra Parkinson.

Era un hechizo de elemental de agua bastante básico, pero efectivo, pensó Harry.

- Protego – Se defendió Parkinson, a la que sólo le llegaron cuatro refrescantes gotas de agua. – Glacius

Terry dio un pequeño salto para esquivar el hechizo, aunque le dio en la pierna, que quedó sepultada en una capa de hielo a la vez quedando inmovilizada al suelo.

- Parece que no es tan mala como creía. – comentó Ron.

Terry estaba entre la espada y la pared intentando sacar la pierna del hielo, mientras esquivaba como podía los hechizos que Parkinson utilizaba.

- Tarantallegra – gritó Parkinson.

Terry recibió el hechizo de pleno, y la pierna que no estaba sujeta comenzó a moverse descontroladamente, y al parecer, también la que estaba dentro del hielo lo intentó, ya que Terry dio un grito de dolor.

- Oh, no. – dijo Herm – Creo que se ha torcido el tobillo...
- O algo peor, por la expresión de Terry – comentó Harry.
- Me parece que va a perder.

Pero Terry no se dio por vencido, levantó la varita y gritó ferozmente:

- Flame Solaris – De la varita salió una luz dorada en dirección a Pansy. La luz producía tanto calor, que derritió el hielo que aprisionaba la pierna.
- Protego – la luz quedó a pocos centímetros de Pansy, como si de un cristal transparente se tratara, pero como cualquier cristal, no resistió mucho tiempo y se rompió, desviando el haz de luz, y enviando a Parkinson fuera del terreno, como había hecho Harry minutos antes contra Smith.

Terry después de bajar la varita, se apoyó en su pierna derecha, pero flaqueó y se cayó al suelo dolorido mientras todos los espectadores aplaudían la actuación del joven Ravenclaw. Madame Ponfrey llegó pronto trayendo una camilla flotante, y en pocos segundos, salieron del estadio en dirección a la enfermería.

Dafne volvió al centro del terreno, y con su dulce voz amplificada mágicamente, pidió que los próximos participantes se acercaran, estos eran Luna Lovegood y Ernie MacMillan.

- ¿Quién crees que ganará? – preguntó Ron a sus compañeros.
- Sinceramente, no tengo ni idea – dijo Harry. Ernie y Luna más o menos tenían el mismo nivel en ED.

Luna subió al terreno despistadamente, mientras que Ernie estaba con los ojos cerrados, intentando recordar algo.

Los dos integrantes del ED se saludaron, y Ernie se colocó en una postura demasiado formal para el comienzo del duelo, parecía más una pose de esgrima, en cambio Luna se encontraba…como si no se encontrara en este estadio, posiblemente como si se encontrara en la Luna.

Las chispas rojas salieron de la varita de Dafne.

- Lacarnium Inflamarae – gritó Ernie.
- Pluvius – dijo Luna, quien parecía haber aterrizado.

Las llamas se extinguieron, gracias al hechizo de Luna que creaba un pequeño chorro de agua.

- Oculus Nebula – dijo Ernie acercándose, Luna no pudo hacer nada para esquivar la maldición.

La maldición creaba una alta miopía temporal. Luna se tambaleó, luego cerró los ojos y levantó la varita. Se apuntó a sí misma y gritó:

- Auris Vespertifors – las orejas de Luna comenzaron a brillar y pronto comenzaron a cambiar de forma, hasta convertirse en unas grandes y picudas orejas, recubiertas de vello rubio.

Hermione la miró sorprendida y exclamó:

- ¡Ha transformado sus orejas en las orejas de un murciélago!
- ¡Qué inteligente! – exclamó Ron sorprendido.
- Es como si hubiera vuelto a ganar otra visión... – explicó Hermione.

Harry miraba el duelo bastante interesado.

Ernie entonces comenzó a lanzar hechizos ofensivamente, pero Luna los pudo esquivar fácilmente, además gracias al potente oído de un murciélago había adquirido un equilibrio sobrehumano, por lo que podía moverse con más facilidad. Ernie parecía agotado, ya que cada vez estaba haciendo los hechizos con más potencia. En unos momentos Ernie paró y sus latidos y jadeos se intensificaron, entonces Luna comenzó a la ofensiva. Luna apuntó con la varita a Ernie, y un pequeño viento rodeó a Luna, señal de que estaba apunto de utilizar un hechizo bastante poderoso.

- Nocturna Supressio.

La punta de la varita de Luna brilló débilmente, y Harry se percató que los ojos de Ernie también habían brillado con la misma intensidad. Harry frunció el entrecejo. Entonces observó que Ernie comenzaba a comportarse extrañamente

Comenzó a retroceder, poco a poco y a sudar visiblemente, parecía nervioso, con mucho miedo. Tropezó cayendo al suelo, comenzó a retroceder avanzando hacia atrás, apuntando con la varita a algo invisible, pero de la varita simplemente salían chispas rojas. Entonces tiró la varita al suelo, y salió corriendo del terreno.

Luna bajó la varita, y entonces Ernie dejó de correr, volviendo a la realidad, pero ya era demasiado tarde, había perdido. Luna se encontraba jadeante, agachada, con los ojos cerrados.

- ¿Qué demonios ha pasado? – dijo Ron.
- Ni idea, no he escuchado el hechizo. – dijo Harry.
- Pero seguro que es un hechizo de magia muy avanzada – dijo Hermione muy sorprendida.
- ¿Ahora a quien le toca? – preguntó inocentemente Ron.

Entonces la cara de Hermione pasó del asombro absoluto, a una de miedo y de absoluto terror.

- Harry… Harry, me toca…me toca…Harry – dijo ella completamente histérica.
- Mione…
- Harry, que lo voy a hacer fatal…
- Mione.
- Harry, voy a perder...
- ¡Mione! – dijo Harry tapándole la boca – lo vas a hacer genial, eres la mejor bruja del colegio – por último Harry le dio un suave beso en los labios.
- ¡Ey! Tortolita, te recomiendo que vayas bajando, que Justin ya está ahí abajo. – dijo Ron señalando el terreno – ¡Suerte! – dijo mientras Hermione bajaba como una exhalación.

Cuando llegó al terreno de juego, saludó como de costumbre, y se dispuso a comenzar el duelo en cuanto Dafne quisiera.

De la varita de Dafne salieron las chispas rojas que anunciaban el inicio del duelo.

Hermione susurró un hechizo dos veces, pero los dos salieron desviados a la izquierda y derecha de Justin, este sonrió con superioridad y se preparó para atacar.

- ¡Pero cómo pudo haber fallado! – exclamó Ron – ¡Pero sí le ha dado a las columnas de las esquinas!
- ¡Mira las columnas! - Exclamó Harry.

Justin estaba dispuesto a atacar hasta que escuchó detrás de él un extraño rugido. Justin se dio la vuelta poco a poco, para encontrarse con dos Dragones, de poco más de un metro de altura, de color verde negruzco.

Justin apuntó al Dragón de su derecha, que sacaba humo por sus orificios nasales.

- ¡Glacius! – gritó Justin

El rayo de luz azul lo único que consiguió fue que el Dragón se enfureciera, ya que el hechizo rebotó. La criatura lanzó una gran llamarada escarlata y fue cuando Justin reaccionó.

- Aqua Paries – gritó Justin. Un pequeño muro de agua que había atraído de los estanques se interpuso entre el fuego y Justin, pero no contaba con el otro Dragón...

El segundo Dragón también llameó a Justin, que intentó esquivar la llamarada, pero se prendió su túnica.

Rápidamente Justin se quitó la túnica y la tiró al primer Dragón, otra mala idea, el pequeño Dragón (al menos pequeño para su especie) intentó embestir a Justin con los cuernos de la cabeza, pero con el hechizo Incarcero, consiguió detenerle quedando entre unas gruesas cadenas que lo inmovilizaban completamente.

Quedaba el segundo Dragón, que en pocos segundos se propuso embestir también.

- Reducto – gritó Justin.

El haz de luz azulado golpeó en el pecho del Dragón, pero no lograba hacerlo flaquear. Justin mantuvo el hechizo, aunque sólo lograba detener el avance del Dragón, entonces comenzó a subir el haz hasta que llegó a los ojos. Hubo una pequeña explosión y el Dragón quedó en el suelo, inconsciente.

Justin había quedado muy tocado mágicamente, pero estaba dispuesto a ganar el duelo, se dio la vuelta y mantuvo la mirada de una sonriente Hermione, que mantenía la varita en alto.

- ¡DESMAIUS! – gritó Justin con todas las fuerzas que le quedaban.
- Visio Reddo – murmuró Hermione.

La varita de Hermione sólo brilló fugazmente, el hechizo se precipitaba sobre ella, parecía que no lo podría esquivar pero…

- ¡El hechizo le ha traspasado! – gritó Ron eufórico y asombrado.

Harry en cambio había visto qué hechizo había utilizado, y sonrió.
Lo que sucedió seguidamente dejó más perplejo a Justin, si eso era posible. Hermione comenzó a desvanecerse en sus narices, pero lo que él no sabía era…

- Aquí atrás – exclamó Hermione, y en cuanto Justin se giró - ¡EXPELLIARMUS!

Justin voló varios metros por los aires, y la varita llegó a las manos de Hermione. Había ganado.

- ¿Qué puñetas ha hecho? – exclamó Ron
- Ha utilizado un hechizo ilusorio, dejando una imagen reflejada de si misma y haciéndose ella invisible, y se colocó detrás de él. - dijo Harry muy contento por la victoria. - En cuanto se ha desvanecido la imagen, ella ha aparecido.
- ¡Hermione Granger gana! – exclamó la voz de Dafne.


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