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Harry Potter y el Estigma del Fénix Sagrado » Capi 10
Harry Potter y el Estigma del Fénix Sagrado (ATP)
Por Parvati
Escrita el Sábado 27 de Marzo de 2004, 16:04
Actualizada el Domingo 15 de Abril de 2007, 21:03
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Capi 10

Contestación de reviews:

Evix Black:
Muchas gracias! ^^ Me alegro que todos mis ficts te hayan gustado. Pues... Sí, suelo tardar en actualizar porque tengo demasiados ficts en proceso y muy poco tiempo para escribir, con todo el tema de fin del segundo trimestre en el colegio muggle y eso... Laguna Estigia? Ah, bueno... Hace poco subí el tercer capi XD El cuarto no lo he empezado y tardaré, pero prometo que la espera valdrá la pena. Gracias!

CheP: Sep, soy única e irrepetible XD Pues.. Sí, eso que ni Herm le haya seguido es preocupante, pero lo que dijo lo hizo de tal manera que los dejó a todos shockeados y sin saber qué opinar. Es importante, sin duda alguna, pero no tanto como lo será este. Está muy bien que te traiga mala espina... XD Skatha, sí... Un gran personaje que todavía no ha mostrado toda su luz XD Ni lo hará en los próximos tres o cuatro capis... Cuando lleguemos a la parte central central del fict. Okay, digamos un día y una hora y te traigo todas mis acusaciones para el vejete manipulador y tú das tus réplicas... XD Oye... lo de Katie.. O.O Ella sigue en el colegio en HP6? O.O A mí me parece que no... Porque empezó en 1989 Hogwarts... Por lo tanto... Uhmmm... U.U Hoy no estoy de matemáticas... Bah, en caso de que nos hayamos equivocado... pues sorry XD Espero que este capi te guste (el tan esperado “Verás que la Orden...” XDD)

-*-*-*-

Capítulo 10 ~ Caída a la Realidad

El aire le azotaba la cara con suavidad, un aire que le hacia sentir libre como hacia tiempo que no lo sentía, ahí estaba sobre su Saeta de Fuego después de que el primer partido de quidditch de la temporada hubiera comenzado hacia escasos segundos.

Durante semanas atrás había estado enfurecido con todo, incluso consigo mismo, desde el incidente con la serpiente en ED. Muchos de sus alumnos le miraban con recelo a pesar de la disculpa formal que hizo delante de toda la clase, otros siguieron sin más, sin ningún problema, pero la noticia de la serpiente de Harry se había extendido, por lo que al resto del alumnado le parecía muy extraño. Los murmullos incesantes volvían a estar sobre él, ¿Por qué no podía ser un chico normal?

Pero ahora nada importaba mientras surcaba el viento, y observaba a sus compañeros jugar contra el equipo de Hufflepuff, pero prestando atención a todo por si acaso la pequeña snitch le daba por aparecer.

La profesora McGonagall comentaba el partido a falta de otro comentarista, esto le quitaba mucho de la euforia que Lee Jordan le daba.

- Weasley conduce la quaffle, mientras Rittle golpea una bludger – decía McGonagall – que logra esquivar sin problemas, lanza la quaffle hacia McDonald, pero Smith logra interceptar la quaffle y marcha a toda velocidad en dirección a la meta de Weasley, va a lanzar… ¡no! La pasa a la derecha hacia Philip que remata con la mano plana y…¡¡¡Weasley logra despejar!!! Smith levanta la escoba por encima de su cabeza, remata y Gol… - dijo con un deje de tristeza en su voz – el cazador de Hufflepuff ha realizado a la perfección el lanzamiento Finbourgh.

Harry veía el partido, mientras vigilaba de reojo al buscador de Hufflepuff, y por otra parte estaba atento a cualquier aparición de la snitch.

- Weasley saca desde los aros, la agarra Euan, que finta a Rittle, y se deshace de él, da un pase hacia Weasley, pero Price intercepta y lanza desde lejos…Weasley la va a atrapar y… ¡No! A Weasley le pasa entre los brazos y marca Gol…20 a 0 a favor de Hufflepuff.

Harry se puso la mano en la frente y bufó exasperado, tenía que hacer algo sino perderían de mucho. Pensó en intentar cazar la snitch rápidamente, pero eso no animaría a Ron ni al resto del nuevo equipo, pero entonces se le ocurrió una idea. Se acercó rápidamente a las gradas de Gryffindor y comenzó a gritar:

- ¡A Weasley vamos a coronar! – gritó Harry a todo pulmón.

Al principio todo el mundo se quedo callado en la grada, pero poco a poco lo fueron comprendiendo y empezaron a cantar tras levantarse, primero una persona (que resultaba ser Mione) y como una reacción en cadena, todos los Gryffindors comenzaron a cantar…

A Weasley vamos a coronar
A Weasley vamos a coronar
La quaffle consiguió parar.
A Weasley vamos a coronar


Harry sonrió. Era exactamente lo que quería, así conseguiría animar a Ron, para que vuelva a coger confianza. Dio la vuelta con la escoba, pero de repente escuchó el sonido parecido al de un fuego de artificio cuando emprende el vuelo, y entonces en el cielo de aquella tarde-noche de octubre, un flamante león brillante, iluminó todo el cielo. Harry se volteó y vio a Hermione guiñándole un ojo.

Weasley las para todas
Y por el aro no entra ni una sola pelota
Por eso los gryffindors vamos a cantar
A Weasley vamos a coronar


Genial, Hermione había captado la idea de animar al equipo. Harry aceleró y llegó hasta donde estaban todos los miembros del equipo y dijo:

- Bueno chicos… ¡Que comience el partido! – dijo eufóricamente.
- ¡Les machacaremos! – continuó Ron.
- ¡Vamos allá! – dijo Dean.

Ron lanzó la quaffle a su hermana, quien recibió sin problemas, mientras harry volvía a su posición de búsqueda y captura, de la pequeña y halada esfera dorada. Ginny comenzó a volar en dirección a la meta contraria, entonces McDonald y Euan, se colocaron en ambos lados.

- El equipo Gryffindor encarama los aros contrarios con la formación cabeza del halcón, capitaneada por Ginny Weasley que mantiene la quaffle, a su defensa llegan los tres cazadores de Hufflepuff… - comentaba con más entusiasmo McGonagall - …pero Rittle y Price son derribados por los Golpeadores de Gryffindor, Smith encara a Ginny, Euan y Natalie se adelantan por los costados, Ginny se la pasa a Nat… ¡no! Amaga y la recibe Euan y Ginny pasa por encima de Smith dando un luping…
- Nos vemos – comentó riendo Ginny mientras pasaba boca abajo por encima de Zacharias.
- …Natalie la recibe, la envía al centro, donde Weasley tiene que saltar para cogerla…lanza mientras cae y…¡¡¡Gol!!! De Weasley 20 a 10 a favor de Hufflepuff.

Harry levantó el puño en señal de victoria, mientras rondaba por todo el estadio. Los gryffindors seguían sumidos en la alegría, y la fiesta, cantando. El brillante león seguía iluminando en la ya oscura tarde de ese día.

- Cauldwell saca rápido para que controle Price…pero Euan pasa por encima de Price boca abajo para arrebatarle la quaffle, ejecutando así a la perfección el “Salto D’Orazio” encara el área y…. ¡GOL! Euan empata el partido.

Harry celebró el gol, pero entonces vio como Laura Madley, la buscadora de Hufflepuff bajaba en picado, y él comenzó a volar, mientras buscaba la snitch con la mirada, pero entonces comprendió que sólo intentaba engañarle, por lo que cambió de dirección y él también bajó en picado, pero a la dirección contraria…Como él pensaba, Madley también alternó su dirección y se dirigió hacia donde en teoría tendría que estar la snitch, y justo cuando Harry y Laura se iban a chocar, por tanta velocidad, Harry frenó en seco consiguiendo que Laura se estrellara contra las gradas de los Slytherins.

- ¡¡Tercer Gol de Gryffindor!! Ginny repite.

Entonces Harry la vio la pequeña pelota dorada, cerca de la grada ravenclaw, entonces comenzó a volar a gran velocidad. Pero Zacharias Smith, tras ver que Harry estaba apunto de coger la snitch, intentó chocarse con Harry, éste al esquivarlo perdió de vista la snitch, mientras Zach sonreía maliciosamente.

- La bludger golpea en Price que suelta la quaffle, que recupera Euan, éste hace un pase en largo, Natalie recibe, tira cruzado y… ¡Marca! ¡Cuarto tanto de Gryffindor! 40 a 20.

Harry ya estaba completamente centrado en la búsqueda de la snitch, mientras, Euan, en pocos minutos, conseguía el quinto tanto para Gryffindor.

- Price…se la pasa a Smith…Smith golpea con la mano de bolea…la recibe Rittle…Rittle lanza…y… ¡la coge Weasley! Weasley se la pasa a Euan, que es custodiado por Thomas y Creevey que se van pasando una bludger, impidiendo así que se acerquen los contrarios, tira a los aros Euan…bastante desviado se va a ir fuera… ¡No! Ginny estaba ahí detrás y recibe la quaffle, que se la pasa a McDonald, McDonald remata con el pie…y… ¡Gol! 60 a 20…pero…

Toda la gente se había volteado ya que parecía que la snitch había sido vista por Laura Madley, que la perseguía. Harry que estaba en la otra punta, volaba a máxima velocidad hasta donde estaba Laura… ésta comenzaba a estirar el brazo, estaba a menos de un metro. Harry estaba a punto de cruzarse y Laura sabía que Harry no fallaría por lo que intentó acelerar más su Barredora 9... Estaba a punto de cogerla, Harry no iba a llegar, pero en su intento desesperado, cogió impulso con los brazos y se lanzó hacia delante con la mano izquierda estirada, arrebatándole el casi seguro triunfo de la otra buscadora y cogiendo la snitch. Pero Harry no había pensado en las consecuencias; se encontraba a unos tres metros del suelo, Harry pensó que iba a dar un buen golpe, se coloco de espalda cuando estaba a punto de colisionar. Y colisionó.

***

La oscura tarde londinense dejaba ver perfectamente la bonita iluminación que tenía el Big Ben, que en esos momentos estaba a punto de señalar las siete de la tarde, mientras los ciudadanos caminaban despreocupados por las calles.

La mancilla larga llegó al número doce…

- Llegó la hora… - dijo el eco de una maligna voz.

La poca luz que quedaba pareció desparecer, el cielo se oscureció por completo.

Entonces un chillido de una mujer desgarró el cielo, consiguiendo cambiar el ruido de una ciudad…por el del miedo. Tras el chillido, hubo una gran explosión, la parte superior del Big Ben había explotado.

Una bandada de murciélagos pasó por delante del reloj, que ya no se movía. Los murciélagos, al llegar al suelo, cobraban forma de humanos…o mejor dicho…humanoides, la gente comenzó a correr despavorida para escapar de aquel infierno.

Licántropos.

Las salidas estaban todas custodiadas por una horda de Licántropos, que estaba consiguiendo reunir a una cantidad inmensa de personas alrededor del Big Ben. Seguramente más de un centenar.

Tal cantidad de personas condenadas a la muerte o quizás a algo peor, los vampiros se acercaban por un lado, los licántropos por otro, parecía que esperaban algo para atacar.

En el tumulto de personas había niños y niñas, que nunca iban a ver más la luz del sol.

De pronto alrededor del Big Ben comenzaron a sonar chasquidos, pequeñas explosiones que anunciaban la aparición. Una veintena de Caballeros del Walpurgis, Una Veintena de Mortífagos rodeaban la gran torre, símbolo londinense. Uno de esos Mortífagos apuntó al cielo con la varita.

- Morsmordre – gritó la voz, retumbando por toda la ciudad, que en pocos minutos quedaría reducida.

Una gran calavera luminosa apareció en el cielo, una calavera, que de la boca salía una gran serpiente que sacaba los colmillos.

Sangre.

Un festival de sangre comenzó, los vampiros comenzaron a morder cuellos, desgarrar la piel de esos inocentes, con sus venenosos colmillos, un Veneno que simplemente era la malvada personalidad, unos colmillos que te sentenciaban a la eterna condena, a la muerte en vida.

Por otra parte los Licántropos mordían, arañaban, degollaban, arrancaban todo lo que podían, cubriéndose al completo de sangre, y bañando absolutamente todo el ahora rojo suelo de Londres.

Los mortífagos lanzaban poderosos hechizos a la gran torre, la cual resistía los hechizos como podía. Poco a poco, le quedaba menos a ese gran símbolo londinense.

Un licántropo se acercaba lentamente hacia un pequeño niño de no más de cinco años…éste lloraba, sin parar... la criatura oscura parecía disfrutar y saltó para atacar. Una estela roja golpeó en el pecho de éste, tirándolo al suelo.

Unos magos con túnicas blancas con motivos fogosos en tonalidades doradas y rojas, La Orden del Fénix, capitaneadas por Dumbledore. Por otro lado otro grupo de magos, los Aurores del ministerio.

La desigualada batalla comenzó, la orden del fénix apenas llegaba a una veintena de magos, los licántropos eran casi cincuenta. Los aurores no llegaban a treinta, los vampiros eran casi sesenta.

El baño de sangre continuó, la orden intentaba llegar hasta los mortífagos, pero era obstaculizada por varias de las horrendas criaturas.

Durante casi diez minutos la batalla siguió, el grupo de los aurores acabaron reducidos a menos de la mitad, la orden también tenía varios heridos…cada vez había más licántropos y vampiros. Pero hubo una última explosión que derrumbó por completo la gran torre. Estallidos anunciaban la desaparición de todos los mortifagos intactos, salvo uno que había recibido un rayo aturdidor y estaba inconsciente. Nadie importante al parecer, ya que desaparecieron sin él. Los vampiros se transformaron y comenzaron a volar, y los licantropos empezaron a correr a cuatro patas.

Entonces pudieron apreciar la carnicería, toda la calle roja de sangre, llena de cuerpos por todos lados, cuerpos sin vida, o peor, cuerpos heridos con vida, que estaban sufriendo mientras la maldad les consumía.

El gran símbolo de Londres había quedado reducido a un gran vertedero de escombros.

- Qué preciosa vista, sangre, muerte…es perfecto – y tras estas palabras, unas carcajadas comenzaron a sonar, una risa maligna donde las haya.

***

Abrió los ojos, encontrándose de repente en una realidad completamente diferente a la anterior. El ambiente era tranquilo y silencioso; todo a su alrededor era blanco o de colores claros... No como antes, donde rojos y negros habían bañado su visión. No había ninguna clase de caos ni dolor...

Pero en su mente aún retumbaban los gritos de aquellos muggles inofensivos, siendo desgarrados por los licántropos y vampiros... Los mortífagos matando sin piedad y la torre del reloj desmoronándose junto a toda clase de paz.

Cerró los ojos con fuerza, intentando borrar el recuerdo. Primero tenía que recordar porqué estaba en la enfermería y le dolía todo el cuerpo, dejando de lado la cicatriz que ardía con fervor.

Tal vez todo tuviera que ver con aquella zambullida aérea que había hecho en el partido de Quidditch... Ah, sí... Había colisionado contra el suelo. Uhm... Eso significaba que lo que le esperaba sería duro. Hermione iba a asesinarle junto con Skatha... Bueno, si veía el punto positivo... De esa forma, las dos podrían llegar a ser socias en la Causa, ¿no?

Gimió. Hizo una nota mental: nunca más arrojarse de la escoba directo a la Snitch para luego caer al suelo. Por mucho sentimiento Gryffindor que tuviera, el dolor de su cuerpo era demasiado. Seguramente se había quebrado un par de huesos. Confiaba que Madam Pomfrey hubiera hecho un gran trabajo...

- No sirve de nada que quieras hacerte el dormido, Harry. – Escuchó que una voz femenina le decía. Abriendo los ojos y examinando con mayor atención, se dio cuenta de que tenía compañía.
- ¿Mione?

La muchacha le colocó sus anteojos, permitiéndole de esa forma observar perfectamente la enfermería. Igualmente, no había mucho que ver. Hermione le miraba reprochadamente, sentada a su lado, y el resto de la Sala estaba vacía. Debía ser de noche...

- Harry James Potter, ¡¿cómo se te ocurre hacer semejante locura?! – Empezó ella.

Esos hermosos ojos castaños le miraron con furia. Se veía tan hermosa cuando estaba enfadada... Oh, sí. Sus mejillas levemente sonrojadas, sus cabellos ensortijados y una postura digna de la señora Weasley. Aunque si se detenía pensarlo, daba miedo...

- Verás, Mione... yo...
- ¡¿Podrías alguna vez en tu vida pensar antes de hacer?!
- Lo siento, yo...
- ¡Podrías haberte matado! – Estalló ella, pero Harry notó que se le quebró la voz. Ella sufría por él, temía por él... Ahora sí que se sentía verdaderamente culpable. – Pensé... pensé...

El joven Potter observó, sorprendido, como su novia empezaba a derramar algunas lágrimas, que se apresuró a disimular. En su opinión, Hermione estaba exagerando un poco... Sólo había sido una jugada de Quidditch...

Ella se lanzó a sus brazos y le abrazó con energía. Harry le devolvió el abrazo, aunque ella se aferraba a él con tal fuerza que estaba empezando a hacerle daño. Pero no podía negarse. No sólo porque sería extremadamente cruel, sino también porque necesitaba ese cariño... La necesitaba a ella de su lado en aquel momento.

Quería olvidar las imágenes de muerte. Por un momento, saber que pertenecía a alguien y que allí encontraría la calma que tanto requería...

- Eres un tonto. – Murmuró Hermione.
- Gracias. – Dijo en tono burlón. Pero Hermione le miró seriamente de nuevo.
- ¿Podrías prometerme algo, Harry?
- Dime.
- Nunca vuelvas a poner una estupidez como esa por delante de tu vida, ¿sí? Sé que a ti no te importa, pero hazlo por mí, ¿vale? – Harry le sonrió lo más convincentemente que pudo en aquel instante.
- Lo prometo.

Se acercó lentamente a Mione y la besó con suavidad.

- Bien, que ella no te haya castigado no significa que yo haga lo mismo.

Harry miró pasmado a su alrededor, en busca de Skatha. Allí estaba, enrollada a los pies de la cama y contemplándole con aquellos ojos rojos amenazantes. Realmente poseía dos compañeras temibles de su lado.

- Vamos, Skatha... No seas tan antipática. ¡El Quidditch es fantástico!
- Pero matarte por él es demasiado exagerado, Harry. Deberías pensar un poco más fríamente antes de lanzarte a la merced de la nada...
- Ya...


La inmensa serpiente se deslizó por toda la cama hasta llegar a donde estaba Harry y subir hasta su cuello, donde se envolvió. Harry sabía que sólo lo hacía para destacar sus palabras, pero Hermione, que no estaba al tanto de la conversación, se asustó muchísimo.

- ¡Harry!
- A propósito, ¿se puede saber porqué te levantaste tan agitado?
- No creo que ahora sea el mejor momento para contártelo, Skatha. Mira lo que has hecho... Hermione ahora tiene dos razones para asesinarme...

- No pasa nada, Herm. Skatha sólo está destacando unos puntos... – La Gryffindor le miró aún asustada, por lo que Harry intentó sonreírle para calmarla. – Si quisiera asesinarme, tiene mejores métodos que estrangulamiento...
- No es gracioso. Aún no me acostumbro a ella. Pero bueno... La decisión es tuya al fin de cuentas. – Harry le sonrió, agradecido por su comprensión.
- Ah, Harry... Me olvidaba. El profesor Dumbledore me dijo que te informara cuando despertaras que mañana por la noche hay reunión de la Orden. Han pasado muchas cosas mientras estabas inconsciente. – Harry frunció el entrecejo y el rostro de Hermione se entristeció. – Hubo un ataque al Big Ben.

***

Harry ingresó al despacho lo más silenciosamente posible, pero resultó difícil no ser desapercibido por la sencilla razón que estaba llegando tarde a la reunión y que, seguramente, ya la habían empezado sin él. Tenía razón. Pares de ojos se fijaron en él ante la interrupción y Harry no pudo menos que avergonzarse.

Al igual que en la reunión pasada, una larga mesa atravesaba el despacho. Todas las sillas estaban ocupadas, salvo la situada al lado de Bill y enfrente de Remus. En la cabecera estaba Dumbledore, quien no se mostró molesto por su tardanza sino que le sonrió al verle. Sonrisa que fue respondida con una cordial inclinación de cabeza de Harry.

Harry logró convencer a Skatha a último momento de no acompañarle a la reunión; no quería armar más jaleo del necesario mientras pudiera. La serpiente se mostró ofendida por el comentario de Harry, pero comprendió sus razones y aceptó permanecer en la torre de Gryffindor hasta que volviera... O eso esperaba el joven.

- Siempre llegando tarde, Potter. – Murmuró Snape a unos cuantos metros de él. Harry hizo caso omiso al comentario del profesor.
- Lamento la tardanza, pero es que Madam Pomfrey insistía en revisarme una vez más... – Dijo Harry, haciendo una exasperación con los ojos al mismo tiempo que se sentaba en su lugar.
- ¿Cómo estás? – Preguntó Remus en un susurro, pero Harry se limitó a sonreírle en respuesta para no interrumpir de nuevo al director.

Dumbledore empezó con un discurso preciso para dar inicio a la reunión, donde el punto a discutir sería principalmente el ataque a Londres, con sus fatales causas y terribles consecuencias. Los aurores que trabajaban en el ministerio empezaron a relatar cómo había sido la situación la tarde del día pesado mientras que otros presentaron la lista de heridos y fallecidos. Números horripilantes, que dejaban ver bajas importantes en su bando... y menores en el de Voldemort.

Los habían atacado mortífagos, vampiros y licántropos, manifestando en ello el triunfo de Voldemort con la alianza de los últimos. Las pócimas habían funcionado a la perfección y ahora... El bando de la luz estaba desprotegido a esos masivos ataques, porque los licántropos eran rivales complicados. Demasiado.

Muy pocas personas que no pertenecieran al grupo de aurores aportaron comentarios. La mayoría de ellos se silenció, analizando la situación con su propio sentido crítico. Habían perdido muchos aurores, había algunos gravemente heridos y otros marcados de por vida... También gente inocente había sido involucrada, porque Londres es una ciudad de movimiento... Muggles indefensos...

¡Nadie había avisado nada! ¡Nadie pudo hacer nada! ¡¿A qué punto habían llegado?!

Harry recordó las imágenes de su visión del día anterior... Los gritos, la sangre, la gente corriendo despavorida en todas direcciones... Fuera de control. Todo había sucedido rápido y hubo pocos contraataques. La desesperación y la malicia impregnados en el aire... ¡Pero nada de justicia!

- Nosotros nos dirigimos hacia allí en cuanto sonó la alarma, pero cuando llegamos... El desastre ya estaba presente. – Explicó Tonks, cuyo rostro se había oscurecido y tenía vendado los brazos. – Y los vampiros usaron técnicas que nunca había visto...

¡¿Qué tan inútiles podían llegar a ser?!

- ¿Qué tan inútiles pueden llegar a ser? – Cuestionó Severus con voz susurrante.

Muchos fruncieron el entrecejo y le observaron con desafío. Pero Harry le miró con una expresión pasmada colocada en su cara. ¿Estaban pensando lo mismo...?

Fue entonces que el joven Potter rememoró la primera reunión de la Orden, semanas atrás, cuando Snape prácticamente les advirtió que iban por el camino de la derrota, que eran débiles en comparación a las fuerzas de Voldemort y que había que aplicar otros términos más... efectivos.

- ¿Perdón? – Replicó Tonks, pestañando, aturdida por semejante pregunta.
- ¿Cómo que no pudieron hacer nada? – Volvió a preguntar Snape, en locuciones más claras.
- Yo a ti no te vi defendiendo Londres, Severus. – Murmuró Moody, casi asesinando a Snape con la mirada.
- Al contrario que tú, Alastor, no soy auror. – Dijo Snape con desprecio.
- Eres un sucio mortífago. ¡Por eso no nos previniste del ataque! – Acusó Kingsley. Harry percibió la tensión en la mesa.
- Soy un espía, Kingsley... Y sino lo recuerdas, el Dark Lord sospecha que lo soy. Por lo tanto, es bastante obvio que no cuente conmigo en estos ataques.
- ¡Sin embargo, no tienes derecho a reclamar, Snape! ¡Te quejas de nuestro “pésimo” trabajo, cuando tú estás sentado tras un escritorio en Hogwarts, corrigiendo deberes de chiquillos! – Snape no recibió tan bien aquella ofensa proveniente de un auror. Sus ojos negros brillaron peligrosamente.
- Eso es lo que tú piensas.

En ese momento, Dumbledore carraspeó sonoramente, dando entender que la discusión terminaba allí. Los aurores hicieron un ademán de querer seguir discutiendo, pero el director les advirtió de no hacerlo con aquella característica mirada azulina. Snape, por su parte, se recostó en su asiento y miró indiferentemente a Dumbledore.

Harry inspeccionó las reacciones del resto de la mesa. Remus, la persona más cercana que tenía, parecía mantener una postura neutral, aunque se inclinaba por los ideales de los aurores. No estaba en sus costumbres de merodeador apoyar a Snape.

La familia Weasley miraba escandalizada al susodicho profesor de pociones, como si acabara de herirles arduamente el orgullo. Minerva intercambiaba opiniones con Dumbledore en susurros, pero Harry dedujo que su postura estaría con los aurores. Haciendo un resumen, Harry se dio cuenta que el debate era la totalidad de la mesa contra Snape.

Bueno... Harry no estaba incluido en esa totalidad, si llegaban a preguntarle. Él había presenciado el ataque y sabía que se podrían haber hecho muchas cosas para evitar tantas bajas... La actuación de los aurores había dejado muchísimo que desear y... No estaban Preparados para afrontar una guerra de semejante magnitud. Voldemort sólo había atacado con sus reservas populares, ¿qué sucedería si decidía atacar Hogwarts con todos sus aliados? ¿De qué magnitud sería la masacre?

Antes de empezar, ya estaban muertos...

Conectó miradas con Snape en un cruce imprevisto. Ambos se observaron inquisidoramente hasta que Severus se percató que en los ojos verdosos existía un brillo de aprobación. Si se extrañó por ello, no lo demostró en absoluto. Es más, éste pareció confidente con el gesto. Situación que sólo logró confundir a Harry. La última vez que había revisado, Snape le odiaba...

- Tenemos problemas con el gobierno muggle. – Informó Kingsley, quebrando el intranquilizador silencio. – Un ataque de tal potencial fue advertido por miles de muggles... Y modificar las memorias de todos será complicado, ya que el gobernador muggle no está de acuerdo... Dice que hemos fallado el tratado de convivencia.

Harry frunció el entrecejo. ¿Había escuchado mal o Kingsley acababa de decir que existían muggles que sabían de la presencia de la magia y que encima, formaban parte de la alta jurisdicción? Bueno, si se lo ponía a pensar, no resultaba tan ilógico. Era una forma efectiva para encubrir los accidentes mágicos, ya que contaban con el apoyo del gobierno. No obstante, también podría tener sus consecuencias a largo plazo... ¿Y si el gobernador muggle les traicionaba, publicando el secreto de la comunidad mágica por los medios de comunicación? Aunque pensándolo mejor... ¿Cuántos muggles creerían que el gobernador estaba cuerdo?

Tampoco tenía que ser genio para deducir en qué consistía el tratado de convivencia...

- Le hemos explicado la guerra que estamos sufriendo y que, a pesar de hacer nuestro mayor esfuerzo, no hemos podido evitar las muertes y heridos que hubo... Somos independientes de los movimientos del Dark Lord.
- A la primera sazón que se presentó, el gobernador decidió pedir una actualización de las cláusulas del tratado, para que se ajusten al tiempo de guerra. – Finalizó un miembro del ministerio.
- Déjame adivinar: las condiciones nos favorecerán de sobremanera. – Acotó Snape sarcásticamente, recibiendo como resultado varias miradas desaprobatorias que pasó por alto.

Y Snape tenía razón. Si bien Harry no entendía del todo la política muggle, ya que no era su especialidad realmente, pudo saber que las condiciones no les beneficiaban. El gobierno muggle quitaría el soporte político y económico que aportaba al Ministerio de la Magia, y eludiría los problemas sociales, lo cual significaba que en presencia de ataque, los policías no participarían. Harry tenía que admitir que eso era una desventaja, aunque tal vez los muggles no pudieran hacer mucho contra los mortífagos, mucho menos las criaturas oscuras... Eran un pequeño grano de arena a la Causa. Ahora había desaparecido.

- ¿Cuántos mortífagos fueron capturados? – Preguntó Remus, cambiando repentinamente de trópico.
- Una cantidad mínima. – Respondió Tonks.

¿Cantidad mínima? ¡¿Aquella era la forma de tomar justicia por los muertos?!

- Oh... Los magos oscuros son mejores que nosotros, ¿verdad? Uhm... Creo que eso ya lo había dicho en algún momento... – Comentó Snape a la nada.
- ¿Podrías hacernos un favor, Snape? Cállate. – Masculló Remus.
- “Nosotros sabemos qué hacer, cuándo y cómo.” – Parodió Snape a Moody, haciendo caso omiso del pedido de Lupin. – Eso no está reflejado en los números, según mi opinión...


Aquello causó una gran revolución en la sala. Los aurores que se habían estado conteniendo para no picar el anzuelo de Snape no pudieron resistirse más y sacaron sus varitas, apuntando con ellas al profesor. Algunos de ellos produjeron hechizos que, para la sorpresa de Harry y muchos otros, fueron hábilmente bloqueados por Snape.

Por otro lado, Dumbledore intentó volver a calmar el problema, sin embargo había llegado a un nivel crítico. La mayoría miraba con odio a Severus. Harry dedujo que les había afectado tanto por la moral tan baja que estaba teniendo la Orden esos días. Necesitaban probar lo que valían.

Aunque Harry no creía que maldiciendo a Snape fuera la forma. Observó como los hechizos viajaban por la habitación. ¿Cuántos hechizos Snape ya había bloqueado? ¿Unos siete simultáneos? Y lo había hecho tan prolijamente... Espectacular sería la palabra para definirlo. Harry no sabía que Snape pudiera luchar de aquella forma...

Los encantamientos dejaron de realizarse cuando Snape convocó un escudo muy poderoso alrededor de sí que absorbía todos los ataques. Los ojos negros del profesor relucían en amenaza y cautela, tan precisos y determinados que produjeron un estremecimiento a Harry.

- Lo diré lo más directo posible, a ver si de esa forma logran comprender... – Susurró Snape, quien mantenía su varita lista por si alguien decidía atacarlo inesperadamente. – Perderán la guerra porque los métodos que aplican son erróneos e inservibles...
- ¿Qué métodos propones entonces, Severus? – Preguntó Alastor.
- Fuego contra fuego. – Respondió Snape como si fuera lo más obvio del mundo. – Si ellos asesinan a gente inocente, hay que evitar que eso se repita. Y como no cambiarán de ideales, pues... La solución es matarles de la misma forma que hacen con nosotros.
- Hay que entrenarse. – Continuó. – Estar preparado para ataques sorpresa, saber convocar satisfactorios escudos y no aquellos de juguete que últimamente he visto que utilizan... Atacar frente a frente y programar estrategias que no tenga puntos débiles.
- Poner los sentimientos detrás del pensamiento racional. No hay que permitir que la dignidad y el temperamento intervengan en un duelo, porque innegablemente te jugarán de desventaja. Hay que pensar frívolamente en cada movimiento que se realiza, porque puede costarte la vida.
- Acuérdense de la gente que ha perdido familiares, ya sean padres, hermanos... incluso hijos... – Snape miró directamente a Amos Diggory, sentado no muy lejos de él. – Que los perdieron por culpa de aquellos asesinos con sed de poder... No creo que exista una familia afectada por la guerra que no odie a los mortífagos o al mismo Voldemort. Hay que usar ese odio a nuestro favor. Es ese odio el que nos da el poder de victoria.

Sus palabras causaron conmoción en la sala. Algunos reaccionaron con indignación mientras que otros permanecieron pasmados ante sus palabras, afectados directa o indirectamente por ellas. Harry no pudo evitar mirar al padre de Cedric y sentir nuevamente aquel vacío en su ser; aquel lugar donde residía el odio hacia Voldemort y los suyos, y que había controlado por tantos años, simplemente porque le habían dicho que aquel sentimiento no conducía a nada. ¿Y si Snape tenía razón y era la base de la victoria...?

Porque si él no odiaba a Voldemort, sería incapaz de asesinarle tal cual tenía destinado a hacer. Cerró los ojos por un momento, al percatarse que recordando a Cedric también había tocado una parte demasiado sensible de sus memorias...

“Acuérdense de la gente que ha perdido familiares, ya sean padres, hermanos... incluso hijos...”

Sirius, su padrino... Aquel que hubiese llegado a ser un padre sustituto, un hermano mayor con el cual compartir momentos, un incondicional amigo... Había sido arrojado a aquel extraño velo, en un camino sin retorno. En un camino que le alejó de él, de la vida, y de todo aquello que le preocupaba... Odiaba a Bellatrix, la causante de todo el daño. La odiaba con cada célula de su organismo. Y fue ese mismo odio el que le ayudó a hacerle frente en el Departamento de Misterios, ¿no?

También con Sirius, nombres sepultados en su memoria volvieron a surgir. Sus padres y los Dursley... El dolor era inmenso... pero no se comparaba con el odio guardado debajo.

Sus esmeraldas brillaron raramente. Una mezcla entre lágrimas y el sentimiento de venganza. Estaba cansado de llorar, no llegaría a nada con eso. No podía dejarse caer, tenía que luchar por aquellos que se habían ido. Perdurar mientras fuera posible sólo para matar a los causantes de todo el dolor y agonía.

Preservarse en aquel castillo, sin ni siquiera entrenarse, era inútil. Tenía que hacer algo. Por él, por aquellos que le rodeaban y le habían rodeado; no importaba cuáles fueron los resultados.

- El odio no lleva a nada, Snape. – Contestó Remus, haciendo despertar a Harry de su ensoñación. – Hablaste de pensamiento racional... ¿Tú crees que el odio es un pensamiento racional?
- Es lógico que quieras justicia por las pérdidas indebidas que has sufrido. – Respondió Snape con naturalidad. – No es cegarse con odio, Lupin, sino dejar que el centro de nuestros poderes residan allí... Incrementarán los frutos.
- Pero nos volveríamos exactamente iguales a Voldemort, Severus. – Interrumpió Dumbledore por primera vez.
- Por si lo has olvidado, Dumbledore, esto es una guerra y es imposible que todo sea justo para ambos bandos. Voldemort ha desarrollado sus armas y aliados, tal vez con movimientos sucios, pero eso no le quita que esté en posición vencedora en este preciso instante. La historia la cuenta quien sobrevive, Dumbledore. El perdedor no tendrá esa oportunidad. Hay que jugar con todas las armas que se tengan al alcance. Fuego contra fuego.
- Un mortífago como tú no debería estar aquí. – Dijo Moody, mirando a Snape con asco. – No debería de tener ese honor... Aquí trabajamos con dignidad. Si perdemos, lo haremos de esa forma. – Miró desafiantemente al espía. – Sólo intentas corrompernos con esos pensamientos homicidas que tienes... Y lo más patético de todo es que fallas, porque ninguno de nosotros es un mago oscuro como tú. Vejatorio.

Otro silencio. Esta vez fue el turno de Snape de mirar repulsivamente a cada integrante de la Orden del Fénix, como si temiera contagiarse de una alarmante enfermedad. Sus ojos brillaron en un sentimiento que Harry no pudo identificar. ¿Victoria, tal vez?

- Perderán.

Una palabra tan sencilla y que pudo llegar a romper algo en lo profundo de Harry. Se dio cuenta que Snape tenía razón... Todas sus esperanzas estaban situadas en algo fallido...

Pero nadie opinaba igual que él en aquella sala. Todos miraban a Snape, acusándolo macizamente de traición.

- Si esta es la tan proclamada Orden del Fénix que planeas para esta Guerra, Dumbledore, renuncio a seguir siendo parte de ella. Búscate otro espía que haga el trabajo duro y unos aurores competentes... Bah, ¿qué estoy pidiendo? Un auténtico milagro. – En un último momento, Snape fijó sus ojos en Harry quien le mantuvo la mirada. - Si de verdad quieres vengarte por todo lo que Voldemort te ha quitado... tarde o temprano vendrás conmigo.

Y antes de que alguien llegara a contestarle, salió del despacho sin mirar atrás, con su túnica negra zarandeándose dramáticamente detrás de él.



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