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Dulces Sentimientos » Capítulo 9
Dulces Sentimientos (ATP)
Por AliCe CUlleN
Escrita el Domingo 12 de Abril de 2009, 16:28
Actualizada el Viernes 26 de Febrero de 2010, 11:47
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Capítulo 9

"Vaya, ¿qué le pasará a la gente?"

 

En el college todo estaba muy agitado. Los estudiantes se movían de un lado para otro pegándose voces los unos a los otros y parecían muy tensos y preocupados. Normalmente, aunque no me prestaban demasiada atención, sí que solían girarse para mirarme, y la mayoría eran tan simpáticos que solían saludarme. Incluso había hablado con un par de ellos alguna vez. Además, en el college siempre había reinado un ambiente agradable y tranquilo. Esta vez, en cambio, los alumnos se desplazaban tan rápidamente que me dio la impresión de que tenían algo importante que hacer y andaban justos de tiempo, e incluso hubo una chica que me arrolló y ni siquiera se giró para mirarme.

 

"El mundo se ha vuelto loco…"

 

Había aprovechado la mañana: había limpiado la cocina, recogido mi habitación, tendido la ropa y había llamado a mi abuela, la que vivía en Irlanda. Después, me había duchado y había cogido el autobús de la una menos veinte para poder llegar aquí pronto. Bates me había invitado a venir cualquier día y me había asegurado que seguiríamos con mi "entrenamiento". Así que, había decidido dar las clases pronto, y luego quedarme a comer con mis amigos y hacer algo por la tarde.

 

-¡Bi!- me vi atrapada por una temblorosa mata de pelo rubio con mechones rosas que me abrazaba.

 

-¡Hola Layla! ¿Qué tal? Oye, cuando acabe supongo que podremos hacer algo… ahora voy a la sala de pruebas.

 

Al despegarse, me sorprendió ver en su cara una expresión de angustia y preocupación muy parecida al de los demás chicos.

 

-Layla, ¿qué naric….?

 

-Hola, ¿eres Bridget Wells verdad?- me giré bruscamente y vi a un tío de unos veinte años sonriéndome con educación. Era lo suficientemente atractivo como para que me quedase con la boca abierta como una imbécil durante los cinco segundos que tardé en reaccionar.

 

-Sí, hola…- increíble, ¿verdad? No hay nadie tan ingenioso como yo a la hora de contestar a un tío que está buenísimo. ¡Bien!

 

-Soy el profesor Bannet, aunque aquí me suelen llamar Dean. Encantado de conocerte- se presentó, alargando su mano derecha mientras mantenía su breve pero encantadora sonrisa-. Verás, hoy hay bastante movimiento por aquí y Bates y Constance me han encargado decirte que hoy no tendrás clase. Espero que no sea un inconveniente, pero los problemas que han surg…

 

-¿Qué clase de problemas?- le interrumpí, nerviosa al recordar la expresión de Layla.

 

-Layla, explícaselo, por favor- nos murmuró rápidamente Dean, fijando su atención en algún lugar detrás de nosotras-, y luego ir al comedor, tengo que reunir allí a todo el mundo. Encantado de conocerte, Bridget.

 

Y tras un simpático guiño de sus suaves ojos marrones, salió disparado.

 

-Ese tío es genial, muy simpático y agradable. Y está buenísimo. Además, sus clases son las que más me gustan… No sé por qué a Ian y a Josh les cae tan mal…- me chilló al oído. Sin duda estaba histérica, pero no quería que yo supiese el por qué y me intentaba cambiar de tema.

 

-Layla, ¿Qué está pasando?

 

-Está bien, te lo explicaré, pero vamos al comedor- susurró agitada, agarrándome del brazo con tanta fuerza que me hacía daño.

 

La seguí sin protestar, aunque mi intuición me decía que algo no iba bien. No había que ser un genio para saber eso, pero también me decía que ese algo tenía que ver con algo que era importante para mí.

 

Los estudiantes se seguían moviendo inquietos, y al salir a un gran pasillo, vi a tanta gente que me asombré. En mis excursiones por el college había visto a muy pocas personas, pero parecía que había bastantes alumnos, casi como en un instituto pequeño.

 

Llegamos enseguida al comedor, pero no me paré para analizarlo todo, como hacía normalmente debido a mi naturaleza observadora; no, quería llegar cuanto antes a las mesas del comedor y enterarme de lo que estaba pasando. Odiaba sentirme perdida, y además, estaba esa maldita sensación de ansiedad.

 

No me fijé en casi nada, solo en que el comedor se llenaba por momentos, y en que este era grande y de colores alegres. Había multitud de mesitas para cuatro personas que la gente se apresuraba a juntar para sentarse con sus amigos.

 

-Vale, te lo explicaré- repitió Layla, sentándose en una de las mesas libres-: los cazad…

 

Un tremendo escalofrío me recorrió de pies a cabeza. Y de repente, con la intuición gritándome con todas sus fuerzas, como el día del incendio, tuve un horrible presentimiento.

 

-¿Dónde están Ian y Josh, Layla?- la interrumpí por enésima vez, moviendo la cabeza en todas direcciones como si esperase ver en cualquier momento unos ojos azules y una despreocupada sonrisa.

 

-A ver Bi, escucha…

 

Retorcí las manos, pasando mis dedos por encima de la cicatriz de nacimiento tan curiosa que tenía en la muñeca con forma de estrella, gesto habitual en mí cuando estaba nerviosa, mientras observaba entrar a más y más gente. Todos ellos hablaban apurados y buscaban una silla cualquiera libre. Sí, algo gordo pasaba.

 

-Dos chavales del college, Cole y Dylan, han sido descubiertos por los cazadores. Han debido de cruzarse con un par de ellos, o algo así, el caso es que los cazadores les han visto y han pedido refuerzos a los suyos para atraparles. Por suerte, Cole y Dylan llevan bastantes años controlando sus dones, así que se han podido defender como han podido, y ahora mismo están resistiendo. Pero claro, se han visto rodeados por una docena de cazadores. En cuanto han tenido un momento, Dylan ha conseguido llamar al college para que fuésemos a ayudarlos y a sacarlos de allí, pero aquí también ha habido problemas; los profesores han pasado los últimos días en una conferencia en Alaska. No me preguntes de qué, no tengo ni idea; el caso es que en el college solo estaban Bates y Constance, el director y la subdirectora, y los demás profesores estaban fuera. Seguían siendo pocos contra los cazadores, y tenían que actuar rápido. Por eso, han tenido que recluir a ocho alumnos avanzados y voluntarios y que tuviesen experiencia. Y ellos son unos estúpidos cabezones. Además de que Ian es, probablemente, el alumno más viejo del college. Normalmente los poderes no se manifiestan cuando eres tan joven. Así que…

 

-¿Ian y Josh han ido a ayudarles?- pregunté en un susurró intentando asimilar su rápido cotorreo.

 

-Sí.

 

-¿Y son catorce contra doce?

 

-Humm bueno… eran Bates, Constance, Ian, Josh… seis chicos más, Dylan y Cole. Pero no sé exactamente el número de cazadores que había- contestó mordiéndose el labio e intentado controlar las lágrimas.

 

-¿Ha ocurrido más veces?- hubo un largo silencio entre nosotras, a pesar de que el ruido ensordecedor del comedor aumentaba por momentos.

 

-Normalmente no nos pillan por sorpresa… pero esta vez el chico que ve el futuro no ha visto nada. Probablemente haya sido porque ha sido de improviso. Es decir, que ni los cazadores buscaban a nadie, ni lo hacían Dylan y Cole. Y… bueno, no, no ha ocurrido nunca, cuando hay asuntos serios no nos dejan intervenir. Solo en algunas misiones de exploración, y eso casi nunca. Además, es muy raro que no haya profesores en el college… es una mierda, eso es lo que es- me explicó, cerrando la boca al quebrársele la voz.

 

Me levanté en silencio para abrazarla con fuerza. Enterró su cabeza en mi hombro y se convulsionó en pequeños y débiles sollozos. Al cabo de un rato, levantó la cabeza dejándome ver sus ojos enrojecidos y dijo:

 

-No sabes lo peligrosos que pueden ser, Bridget. Son mortales. Esto no es un juego para ellos. Están deseando acabar con todos nosotros, que les impedimos lo que ellos quieren. Si pueden cargárselos, lo harán. No les importa lo jóvenes que sean, solo pensarán en destruirles y no dudarán en hacerlo. Es casi imposible que salgan de allí sin ninguna baja. Bates pretendía llegar y marcharse en cuanto hubiese la oportunidad, pero… no será tan sencillo.

 

-Habrán… habrán llevado a algún escudo… ¿verdad?- pregunté con la voz algo temblorosa, horrorizada ante lo que me acababa de decir.

 

-No… no te entiendo.

 

-Alguien como yo. Alguien que los proteja mientras ellos luchan.

 

Negó febrilmente con la cabeza.

 

-No tenemos a nadie como tú, Bi. A pesar de lo que digan las películas y todos esos rollos, tu don es muy poco común, y muy, muy valioso. Por eso Bates está tan entusiasmado contigo. ¿Sabes lo que vamos a ganar contigo a nuestro lado? Con los cazadores tampoco hay nadie como tú. No hay escudos, como tú dices.

 

Hubo un breve silencio en el que mi corazón latía tan fuerte que me hacía daño. Literalmente. Tenía miedo por Ian, por Josh y por los demás. Más que nunca en mi vida. Este era un peligro real, no eran imaginaciones mías y algo grave podía ocurrir de verdad. Podían morir porque unos tíos asquerosos y sedientos de poder se los podían cargar.

 

Antes de que me diera algo, decidí mantenerme ocupada y darle a Layla un poco de la seguridad que ni siquiera yo sentía. Mi voz flaqueó al darme cuenta de que mis manos temblaban violentamente, pero conseguí decir:

 

-Ya verás como sale bien. Tiene que salir bien- le consolé con una pequeña y forzada sonrisa. Ella se limitó a apretarme la mano.

 

En ese momento, vi al atractivo profesor atravesar la puerta. Tenía el ceño fruncido y buscaba algo o a alguien con la mirada. Me giré bruscamente hacia mi amiga.

 

-¿Qué hace él aquí?

 

-¿Quién?- preguntó confundida.

 

-Dean. ¿No se supone que es un profesor? ¿Qué narices pinta aquí? ¡Tendría que estar ayudándoles!- contesté sorprendentemente calmada, teniendo en cuenta que notaba como un calor se iba apropiando de mi cuerpo y la ira luchaba por salir. El corazón, en cambio, latía enloquecido por el miedo, y me dolía. Casi tenía que sujetarme el pecho para estar segura de que no me desplomaría en dos trocitos.

 

-Justo cuando se marchaban se le han cruzado; al parecer ha vuelto dos días antes de la conferencia. Y alguien se tenía que quedar con nosotros. ¡Imagina que los cazadores eligen este momento para atacarnos!- se estremeció solo de pensarlo.

 

-Tienes razón- repuse, intentado tranquilizarme. Pero yo también estaba histérica y muerta de miedo.

 

Dean intentaba quitarse a dos chicas de encima, que también parecían bastante exaltadas. Aún así, me levanté de un brinco y me dirigí hacia el joven profesor.

 

-¿A dónde vas?- preguntó Layla, pero la hice un gesto con la mano, y con temblorosos pasos, me dirigí hacia él.

 

-¡Bridget!- me saludó con una brillante sonrisa que consideré algo fuera de lugar y no pude imitar. Luego me di cuenta de que intentaba infundir valor a la gente con sus gestos, y me tranquilicé un poco más.

 

-Hola. Layla me lo ha contado todo.

 

-¡Oh! Bien, bien…- murmuró para sí, abriendo sus grandes ojos castaños. Era guapísimo y bastante amable, como pude observar al ver que me ofrecía una silla para que me sentase a su lado en una mesa vacía. Me alegré que no me echara de su lado. Además, por otra parte, me infundía seguridad-. Por favor.

 

-Gracias.

 

Miró inquieto a sus estudiantes y se sentó fijando sus ojos en mí.

 

-Lo siento. He elegido un mal día para presentarme. Es un día terrible, sinceramente. Ahora he pedido a un alumno que haga un recuento de los alumnos con su don, muy curioso, por cierto, y después diré unas pocas palabras. Sin embargo, creo que querías hablar conmigo de algo específico, ¿no es así?

 

-Sí- clavé mis ojos verde esmeralda en los suyos y me incliné sobre la mesa para poder oírle mejor entre los gritos de la gente-. Me pregunto por qué han ido tan pocas personas. ¿No podríamos ir a por ellos y ayudarles? Puede que estén en desventaja y…

 

-Shh, Bridget, espera. ¿Te imaginas lo que sucedería si fueses tú, que por lo que sé, has practicado solamente un día? Sí, es excepcional que hayas obtenido resultados la primera vez, pero…

 

-Sí, ya, sería un estorbo- estallé sin preocuparme de si eran o no formas de hablar a un profesor-. Pero dos de mis amigos están allí y aquí lo único que veo son estudiantes y un adulto. Y ellos no vuelven. ¿No deberíamos hacer algo?

 

-No he dicho que seas un estorbo- dijo con paciencia y sonriendo levemente, con tristeza-. Pero no estás preparada. Eso es todo. Y no podemos ir otro grupo, porque debemos ser cautos, y los cazadores lo saben. La gente normal nos podría descubrir, y ahora mismo están en pleno parque en una batalla. Sin duda llamaríamos la atención si aumentásemos el número de combatientes, ¿no crees?; y yo… me gustaría ayudar, pero conociendo a esos mal nacidos, atacarían el college. Lo siento, Bridget, no podemos hacer nada. Nos tendremos que limitar a esperar.

 

Asentí mientras asimilaba la información, cada vez más ansiosa y preocupada. Dios mío, Ian…

 

-Volverán- afirmó con firmeza y una gran seriedad-. Ahora, discúlpame un momento.

 

Me levanté en silencio y me deslicé hacia Layla, que nos había estado observando en todo momento. Mientras tanto, Dean se aclaró la garganta y, milagrosamente, se hizo oír entre la multitud:

 

-Chicos, me gustaría deciros un par de cosas- dijo rascándose la cabeza para concentrarse. "Es un chaval. Debe tener veinte años" volví a pensar. También era duro para él, comprendí-. Para empezar, me gustaría pedir calma. Sé que estáis preocupados por vuestros tutores y compañeros, pero mi intuición me dice que todo irá bien. Sé que no estamos acostumbrados a este tipo de situaciones; normalmente tan solo podéis participar en expediciones, y no a todos os es posible tomar parte de ellas. Y aún así, aunque supuestamente estas expediciones no son peligrosas y no corremos riesgos, siempre nos queda el miedo de toparnos con los cazadores. Está vez ese miedo es real. Aún así, no debemos de temerles, sino enfrentarnos contra ellos y defender nuestros derechos e ideales.

 

Continuó con la voz más grave y el semblante algo sombrío:

 

-No hemos vuelto a saber nada de ellos desde que Dylan llamó para pedir refuerzos. Es cierto, no os voy a mentir: probablemente vuelvan heridos, y con gravedad; por tanto quiero que cuando lleguen haya calma. Por favor, es importante; seguramente se materializaran en el vestíbulo. Si no lo han hecho aún será probablemente porque no han tenido ocasión de juntarse todos al mismo tiempo, y eso es porque los cazadores estarán presionando.

 

-¿Materializarse?- cuchicheé, inclinándome hacia el oído de Layla. Me sorprendí de notar la voz rota y del efecto que tenían las palabras de Dean en mí. Llevaba luchando por mantenerme serena desde que me había enterado de la gravedad del asunto.

 

-Nívea Rosdown tiene el don de la teletransportación- contestó en el mismo tono de voz. Es muy útil para casos como este. No como yo…- repuso con tristeza, bajando la cabeza. La miré sorprendida y recordé que desconocía sus poderes y los de Josh.

 

-¿Qué…?

 

-… Por lo tanto me gustaría que en el vestíbulo solo estuviesen Francisco Yuman, Stephanie Declan y Layla White.

 

Ambas dimos un respigo al oír su nombre. Las mejillas de Layla se colorearon y me lanzó una mirada aterrada. Se movió un poco en la silla, su única reacción y miró como los otros dos chicos se levantaban y salían del comedor atravesando las grandes puertas.

 

-¿Por qué me llaman?

 

-Te necesitarán- repuse con una sonrisa que pretendía infundirle valor. Recordé su comentario de antes, el de que su don no servía para nada, y mi curiosidad aumentó.

 

-Ya…- contestó, aunque estaba casi segura de que no sabía a qué respondía.

 

-Vamos, te acompaño- decidí en ese mismo instante.

 

Noté como las miradas se fijaban en nuestra espalda. Bueno, más bien en la mía. No había sido llamada y lo sabía, pero no podía quedarme sentada…

 

Atravesamos las anchas puertas para llegar al vestíbulo y noté las miradas de sorpresa que nos dirigieron Francisco, Cassy y el profesor Bannet.

 

-Por favor, déjame quedarme aquí- supliqué antes de que pudiese decir nada.

 

Sus ojos brillaron durante un segundo y me miró seriamente. De repente, su rostro se tornó en una mueca de simpatía y sacudió la cabeza en un asentimiento.

 

-Siempre he deseado que mis protegidos sean valientes y decididos.

 

Debí de mirarle algo perdida, y estuve a punto de preguntar a qué se refería cuando Stephanie dijo:

 

-¿Qué hacemos aquí?

 

-Esperar a que lleguen, claro- contestó sorprendido Bannet, que tardó un segundo en trasladar su mirada desde mis ojos hasta la muchacha-. Os necesito aquí.

 

-Fran es mellizo de una de las chicas que han ido a luchar; Cassy y yo tenemos un don curandero…- explicó mi amiga con amargura al referirse a ella misma. Me prometí que le preguntaría acerca de aquello.

 

-Está bien, yo puedo ayudar con el botiquín- contesté con seguridad antes de que el profesor Bannet cambiase de idea. Le vi retener una sonrisa y asentir con la cabeza, por lo que recogí del suelo la caja blanca- y si puedo hacer algo más…

                                                      

-Puede, Bridget, que seas de nuestra necesidad- dijo, pensativo-. A veces, la teletransportación tiene sus inconvenientes. Nívea es capaz de materializarse con las personas que estén en contacto con ella, por eso, puede que en el último instante un cazador se aferre a ellos y aparezca aquí. No es la primera vez que sucede. Ahí es donde deberías intervenir tú: tendrías que crear una celda con un campo de fuerza e impedir que escapase…- de repente, se interrumpió bruscamente y sacudió la cabeza. Luego, se puso a murmurar-: ¿pero qué estoy diciendo? Sé que tienes un gran talento, ya que tu don es poderoso y además has conseguido controlarlo un poco rápidamente, pero estoy diciendo locuras…

 

-No. Puedo hacerlo- aseguré con rapidez.

 

-¿De verdad eres capaz de hacer eso?- preguntó Fran con absoluta incredulidad.

 

-No lo sé- contesté con cansancio-. Creo que sí…

 

-Ya, claro. Típico- comentó con desprecio una fría voz. Me giré hacia Cassy, que me observaba con una mueca de superioridad tan clara que me dejó perpleja.

 

Segurísima de que no había oído bien, pregunté:

 

-Perdona, ¿cómo dic…?- pero un ruido ensordecedor me hizo enmudecer. Me giré a la vez que todos y vi como en medio de una luz cegadora comenzaban a aparecer siluetas de todos los tamaños.

 

-¡Ya están aquí!- gritó Dean Bannet. Parpadeé un par de veces y vi como la luz desaparecía. En su lugar había un grupo de personas, algunas de las cuales cayeron al suelo.

 

Oí el griterío de la gente en el comedor, ya que ellos también habían escuchado la explosión. Noté como Layla me aferraba el brazo inconscientemente y me volvía a clavar las uñas. Ignoré de nuevo el dolor y tiré con fuerza de ella para acercarnos corriendo al grupo.

 

-No hay… no hay ningún muerto- oí decir con alivio pero temerosa de esas palabras a la chica que había en medio del círculo. Supuse que era Nívea.

 

Mis ojos recorrieron con ansiedad al grupo, a la vez que mi corazón palpitaba tanto en mi pecho como en mis oídos. La adrenalina recorría mis venas, y el cerebro ni siquiera me recordaba lo que tenía que hacer. Todo mi ser se centraba en el grupo y, egoístamente, en las personas a las que conocía.

 

Vi como Fran echaba a correr hacia un chico tambaleante que se parecía tanto a él que los habría confundido de no ser por el aspecto demacrado de este último. También encontré a Thomas Bates y a Constance. El hombre vestía de una forma muy peculiar y estaba lleno de barro y con aspecto cansadísimo. Tenía varios arañazos y quemaduras por su traje. La mujer, en cambio, no tenía el aspecto impecable y elegante que la caracterizaba, si no que su cara se deformaba en una extraña mueca y llevaba los pantalones desgarrados y sucísimos, y su cara estaba llena de sangre.

 

Me sentí horrorizada al ver a los adultos en ese estado. Paralizada, no pude apartar la mirada siquiera cuando vi a Constance limpiarse la boca sangrienta con el brazo.

 

-¡LAYLA, BI!- me giré como un resorte y, en la parte más alejada de la sala, vi a Josh, con un terrible aspecto. El corazón me chilló con júbilo de encontrarle sano y a salvo. Noté como Layla rompía en sonoros sollozos y se tambaleaba. La sujeté y rompí a reír entre la histeria y el alivio que me embargaba- ¡LAYLA!

 

Gritó de nuevo, con urgencia. En ese momento, todas las miradas se clavaron en su cara. Como fondo, el griterío de los estudiantes y los enloquecidos y dolorosos latidos de mi corazón parecieron pararse durante un segundo. Algunas personas, tan solo se sostenían de pie con cortes por el cuerpo y aspecto de estar muy cansados. Otros, yacían en el suelo, con heridas sangrientas aunque no fuesen demasiado profundas. Pero los gritos de Josh no se debían a esas personas, sino a la que yacía inerte en sus brazos.

 

Todos nos pusimos en movimiento. Llegué hasta él la primera, seguida de Layla. Le dije que le dejase en el suelo, y él obedeció. Con una rápida mirada, vi que tenía heridas profundas en los brazos y en las piernas, un corte sobre la ceja izquierda y la ropa algo chamuscada. Se había desmayado, puede que por el dolor o puede que por la falta de fuerzas. Pero, sin duda, era el que peor parado había salido de allí.

 

Reprimiendo el miedo sentía y el sentimiento de desesperación, actué con rapidez (con el corazón encogido y en un puño, y todas las expresiones que signifiquen más o menos lo mismo… juro que las experimentaba en esos momentos). Ignoré a Dean Bannet, que se había acercado y daba instrucciones a Cassy y a Layla, y me arrodillé junto a Ian. Ian. "Por favor, por favor, que no sea nada grave, que no haya perdido mucha sangre, por favor, por favor…", supliqué interiormente, abriendo rápidamente el botiquín de emergencias con manos temblorosas. Procedí a lavarle una fea herida que tenía en el muslo, y que se veía ya que tenía rajado el pantalón por esa parte, para que no se infectase.

 

-¡Layla! ¡Haz lo que se supone que tienes que hacer!- grité sin volverme. Noté que se arrodillaba junto a mí y ponía sus manos sobre el abdomen de Ian, sin rozarlo.

 

-Quita, inútil- dijo una voz desdeñosa. No necesité mirar para saber que se trataba de Cassy y que Layla se movía un poco para dejarla espacio, pero eso no pareció ser suficiente para ella-: Oye, ¿me has oído?

 

-O dejas en paz a Layla y nos ayudas o te vas a atender a los demás- la espeté. No estaba dispuesta a tolerar a una imbécil como esa, había gente grave-. Cuando acabes si quieres vuelves, pero la tratarás como se merece. ¿Has entendido?

 

-Niñata, tú no me vas a dar órdenes- siseó, levantándose de golpe y dirigiéndose a una chica que aullaba de dolor al mover la pierna.

 

-Gracias- dijo Layla con voz temblorosa. Levantó la mano y hasta yo noté como la energía abandonaba su cuerpo en forma de poder curativo.

 

-¿También le han dañado en el estómago?- preguntó Josh arrodillándose junto a la cabeza de Ian. Al levantar la mirada, vi también el horrible aspecto de Ian y apreté los labios con fuerza, tratando de no llorar de lo asustada y preocupada que estaba.

 

-Parece que le dieron un golpe o algo así, tiene una costilla rota- explicó Layla, que parecía conocer todos los daños que padecía nuestro amigo. Para nuestro alivio agregó-: no es grave, no le ha atravesado ningún órgano, pero el dolor le ha hecho desvanecerse. En realidad, todos han salido muy bien parados; solo que Ian tiene muchísimas heridas.

 

-¿Puedo ayudar?- preguntó una voz algo tensa. Los tres levantamos la mirada y vimos al guapo profesor con el ceño fruncido. Me pareció ver que Josh entrecerraba los ojos, pero luego asintió enérgicamente.

 

-Claro- murmuré-. Aplicad esto, detendrá la hemorragia.

 

Josh y Bannet se pusieron manos a la obra en seguida.

 

-¿Cómo están los demás?- pregunté. Me temblaban las piernas y no habría podido ponerme de pie si lo hubiese intentado, estaba segura. Pero podía respirar acompasadamente ahora que sabía que Ian no estaba tan mal como podría decirse por su aspecto. Layla no nos habría engañado.

 

-La mayoría tan solo tiene heridas que les duelen y poco más; sin embargo, hay una chica que tiene una pierna rota, varios huesos se le han partido- nos contó Dean. Recordé a la muchacha y reprimí un escalofrío-, pero dice Cassy que se pondrá bien; Dylan tiene una herida con muy mal aspecto en la cabeza que ahora mismo le está haciendo delirar, y Samantha tiene alguna quemadura, pero nada que no se pueda curar. La verdad es que lo han hecho mejor de lo que esperaba- dijo en voz baja.

 

Asentí y procedí a limpiarle la herida de la cabeza; me frustraba no poder hacer nada más por él, pero lo dejaría en manos de Layla, y supongo que de esa odiosa de Cassy;

Además, yo no sabía demasiado acerca de heridas, solo ponía en práctica lo que me habían enseñado.

 

-Oh, díos…- susurré, acariciando suavemente los definidos pómulos de Ian, pasando los dedos por encima de multitud de arañazos-. ¿Cómo le han hecho esto…?

 

-Es un cabezón- respondió duramente su compañero. Levanté la vista, sorprendida, y vi los ojos preocupados de Josh, que no concordaban con el tono de su voz-: esto no deja de sangrar, Bi- comentó, angustiado y con la voz ronca.

 

-Cámbiame el sitio- le propuse. Miré a Layla que tenía los ojos cerrados, y me puse al otro lado, junto a Dean- ¿qué le pasa?

 

-Está concentrada- me explicó Dean-. Necesita gran parte de sus energías para curarle todas las heridas, y para ella es más fácil si se sume en un estado cercano a la inconsciencia. Eh, Bridget…

 

Seguí su mirada, y mi vista cayó en mis manos, recubiertas de sangre de repente. Gemí y busqué entre los utensilios, buscando la manera de detener la sangre de ese horrible tajo que tenía en el pecho.

 

-¡Está perdiendo mucha sangre!- chillé. Me había relajado al oír decir a Layla que Ian se encontraba bien, y no me había fijado en esa herida.

 

-Déjame a mí- dijo de pronto Layla, saliendo del trance y arrastrándose por el suelo hasta llegar junto a mí; apenas le quedaban fuerzas.

 

-No- repuso firmemente Josh, agarrándola del brazo- sigue con la costilla, es más importante. Si se coloca de determinada manera, puede dañarle un pulmón.

 

-Ya he acabado con ella, está perfectamente- protestó ella, deshaciéndose de su mano.

 

Y silenciosamente, Cassy se agachó de nuevo, no sin antes lanzarme una mirada cargada de odio. Me alejé de Ian y la dejé espacio, comprendiendo que ya no podía ayudar más allí. Josh y Dean me imitaron, al igual que las demás personas del vestíbulo que se hallaban cerca y que ahora nos miraban, algunas sobre camillas, y otras de pie. Fran aferraba por el hombro a su hermano y la chica de la pierna dormía sobre una camilla. Las demás escenas eran similares e igual de sobrecogedoras, como en una película. Era obvio que acababan de salir de una lucha.

 

-Eh- dijo Josh, apretándome cariñosamente el brazo- se pondrá bien. Le he visto salir de todas.

 

Alcé la mirada y me topé con sus ojos avellana. Estaba tan pálido que parecía un muerto, aunque Josh era muy blanco por naturaleza. Me dirigió una pequeña sonrisa y se sentó con la espalda junto a la pared. Le imité y miramos el vestíbulo hombro contra hombro. Pero él al menos había ayudado a rescatar a Cole y a Dylan. Yo no podía hacer nada.

 

-¿Tú qué tal?- le pregunté, mirándole en busca de heridas.

 

-Bien, pero no me ha dejado hacer nada- contestó fastidiado, moviendo la cabeza en dirección a Ian-. Me costó convencerles de que yo debía de ir, y finalmente lo conseguí, aunque Ian estaba en contra. Ya sabes, solo puedo atacar en luchas cuerpo a cuerpo- al ver que lo interrogaba con la mirada, me lo explicó-: sí, mi don es la fuerza sobrenatural.

 

Se echó a reír, pero no me engañó: tenía que estar débil y cansado, y además seguro que había pasado mucho miedo, y eso también te deja K.O. Yo misma estaba temblando como un flan.

 

-¿Cómo Superman y Mr. Increíble?- vale, sí, soy una friki. Pero la verdad es que me intentaba concentrar en la conversación para no pensar en cosas más horribles como lo que le podría haber pasado a Ian.

 

-Y Hulk- añadió con otra carcajada. Luego se puso serio y me siguió contando-: pero eso tiene sus problemas. Hoy querían llevar a gente que pudiese "disparar" desde lejos; por ejemplo, como Ian, que puede dar a sus oponentes desde varios metros de distancia. La verdad es que da miedo cuando tiene una bola enorme de fuego en las manos.

 

-¿Por eso se ha chamuscado la ropa?

 

-Ajá. Menos mal que como vive aquí le pagan las cosas y eso, porque debe de gastar más ropa que ningún adolescente en el mundo. Bueno, pues yo me intentaba acercar para acabar con ellos. No, no soy tan idiota, no me mires así. Primero les lanzaba una roca o algo, les dejaba idiotas y entonces me acercaba. Pero a Ian no le molaba eso, así que intentaba protegerme a mí también. Y a Nívea. Necesitaba concentrarse para poder teletransportarnos en cuanto pudiésemos, y estábamos todos encargados de guardarles las espaldas. Y en una de esas, le han dado…

 

-¿Cuántos eran ellos?

 

-Quince. Pero de todas formas…

 

-Hola- saludó interrumpiéndonos una exhausta Layla, dejándose caer a mi lado y escondiendo la cara en las manos.

 

Levanté la mirada en busca de Ian, pero había desaparecido.

 

-¿Dónde está?- pregunté con urgencia.

 

-Tranquila- sonrió mi amiga con calidez-. Está como nuevo, pero se le han llevado a la cama para que descanse.

 

La abracé impulsivamente y la estreché contra a mí.

 

-Eres genial, genial, genial…-canturreé.

 

-Ya, claro- contestó riendo mientras abrazaba también a Josh con alivio. Noté cuánto tardaron en separarse y la dulce mirada que compartieron y evité una sonrisa.

 

-¡Tú don es una maravilla!

 

-Mi don es una mierda- me corrigió, con la voz triste.

 

-¿Qué?- pregunté estupefacta- ¿por qué dices eso?

 

-A ver…- dijo enumerando con los dedos-: Primero, es muy común; segundo, no me sirve para luchar ni para nada, solo para esperar a que lleguen los valientes y curarlos; tercero, es una mierda notar el dolor de la gente, porque aunque lógicamente no lo sufra como el enfermo, sí que lo siento; y cuarto… ni siquiera soy como Cassy, que sí, hace lo mismo que yo, pero también puede causar lo contrario.

 

-¿Cómo? ¿Puede hacer daño a la gente?

 

-Sí.

 

-Bueno, ¿y qué? Tú no eres una bruja como esa estúpida- sí, me había tocado las narices con dos frases que había dicho. ¡Imbécil!-. ¡Y menos mal que no lo eres! Además, gracias a ti Ian está curado, y tu don es tan grande que…

 

-Vale, vale- me cortó con una amplia sonrisa. Se la devolví y le di un golpecito-. Ah, y gracias por lo de antes… por lo de Cassy.

 

-Bah, ya ves. No me ha pillado en mi mejor momento…

 

-Lo sé- dijo riendo.

 

En ese momento, sonó la voz de Thomas Bates por todo el vestíbulo.

 

-Agradezco vuestra ayuda, muchachos; debéis saber que habéis actuado con la cabeza fría y con precisión, y no os habéis dejado llevar. He de felicitaros y premiaros por ello. Ahora, los que queráis podéis subir a los dormitorios, y los demás podéis ir al comedor y os servirán algo de comer. Pero mejor reservamos el banquete de agradecimiento para mañana.

 

Nos levantamos en silencio, aún con las piernas temblando por el miedo.

 

-¿Me acompañas a mí habitación?- me pidió Layla-. Quédate a dormir, mañana no tienes clase porque sigue siendo puente, ¿no? Sé que son las dos de la tarde, pero podemos picar algo allí y así no te tienes que marchar a casa por la noche…

 

-Sí, me parece perfecto. ¿No compartes la habitación con nadie?

 

-Que va- dijo con una sonrisa cansada-. Para mí, y para ti cuando quieras.

 

-Os acompaño- decidió Josh en medio de un gran  bostezo.

 

No se me olvidó ni tan solo un instante que en esos momentos Ian dormía profundamente en su cama, en medio de un sueño reparador de heridas y de sus terribles vivencias ocurridas aquella misma tarde. "Que descanses…" 

 

 

 

 

 

 




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