Historia al azar: El misterio detrás de ti
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
Tu historia en Hogwarts » Septiembre
Tu historia en Hogwarts (ATP)
Por Infoharry
Escrita el Martes 31 de Marzo de 2009, 07:57
Actualizada el Jueves 25 de Junio de 2009, 14:39
[ Más información ]

Septiembre

Martes 1/09/2009

 

¡Llegó el día! Normalmente me suelen despertar a mi, pero los desperté yo a base se gritos. Inmediatamente me cambie de ropa, me lave la cara y demás. Baje las maletas bajando las escaleras de dos en dos. Estaba tan nervioso que notaba el corazón en el pecho. Nos montamos en el coche mis padres, mi hermana y yo con rumbo a King's Cross que por cierto se me hizo muy largo. Aparcamos en el parking y subimos por los ascensores hasta la planta baja. Íbamos como locos buscando el muro. Cuando llegamos al muro me quede quieto unos segundo mire a todos lados, mire hacia el muro sin pensar en nada, nervioso, cogí aire y corrí hacia la pared. Al atravesarla noté una fuerte sacudida y una fuerte ventisca que me empujaba hacia adelanta. Después de 2 segundos en penumbra, abrí los ojos y ahí estaba, el famoso tren que todos conocemos, El Expreso de Hogwarts. Caminamos entre una enorme multitud de padres, hermanos, tíos, primos, etc. que despedían a sus familiares saludándolos y lanzando besos. Entregue mi equipaje para que lo guardaran y fui caminando despacio hacia mis padres y los abracé, me acerque a mi hermana y le di un beso en la mejilla ya para despedirme. No es mucho tiempo, además, las vacaciones de Pascua las pasaré en casa. Muy nervioso, fui caminando hasta agarrar con las dos manos la puerta. Al tocar la fría madera de la puerta me recorrió un escalofrió de pies a cabeza con intención de avisarme que tendré reencuentros con mis amigos. Entré en el pasillo y me topé un amigo, Borja, el típico amigo que no para me molestarte pero aun así te cae muy bien. Sucesivamente me encontré a Daniel, apodado Suti por su apellido. Fuimos buscando a los demás. Estaban en el camarote nº 65 y nos sentamos con ellos. Aparte de nosotros estaban Víctor (el que me quemó la túnica), Alberto y Christian. De pronto sonó un fuerte pitido y el tren comenzó a moverse, a lo lejos divisé a mi familia que agité mi brazo con todas mis fuerzas para despedirme. Poco a poco los veía menos hasta que salimos de la estación. Me senté al lado de la ventana para poder mirar por la ventana y contemplar esos hermosos paisajes, pero eso es lo de menos, estaba con mis amigos.

-¡BUENAS!- gritó propinándome una fuerte palmada en la espalda Borja.

-Bien, ¿sabes qué he estado todo el verano aprendiendo nuevos encantamientos para que dejes de molestarme?- dije, haciendo una mueca.

-JAJA, ya ves, espero que este año te controles un poco que por tu culpa nos quitaron casi 150 puntos el año pasado- saltó Christian entre carcajadas.

-Joder Franco (mi apodo, por mi nombre), vas a tener que enseñarme unos cuantos porque estoy a reventar con Borja- me suplicó Alberto con intención de reírse de Borja.

-Vale, vale, tranquilo- dije, con afán de tranquilizarlo.

Al cabo de unos 5 minutos se oyó un fuerte silbido y un fuerte estruendo. Miré al reloj de la estación, eran las 11:00. La locomotora del tren ya estaba en marcha. Me levante del asiento para poder ver a mi familia y darles un último adiós hasta la Pascua. Al fondo los encontré y saludé con todas mis fuerzas y viendo a mi madre lanzándome besos con energía. Mi hermana, algo apenada me decía adiós y agitando la mano, y mi padre igual. Con el corazón a 100 pulsaciones por segundo me despedía con más fuerza. El tren empezó a moverse, poco a poco más rápido…más rápido. Poco a poco empezó a salir de la estación y antes de no poder ver más a mis padres les lancé un beso. Ya salimos de la estación y a lo lejos se veía un precioso paisaje con extensas praderas verdes y algún que otro árbol. De pronto nos miramos todo y gritamos ¡SIN PADRES! Claro que a nadie le aria mucha gracia dejar a sus padres varios meses.

Poco después, a la pandilla se unieron José Llamas (su apodo es Llamas), Adri, Juan y Álvaro. Al rato apareció "La mujer del carrito", vamos la encargada de transportar toda la mercancía de todo tipo de chuchearías magias para que el viaje se haga mas divertido.

Entre todos los 9 nos gastamos más o menos 7 galeones, una cantidad considerable. Lo bueno fue que a Borja le toco una grajea con sabor a madera y puso una cara de asco que nos hinchamos a reír. Al rato, me ofrecí voluntario a ir a por unas cervezas de mantequilla. Claro que cada uno me iba a dar dinero para pagarle su cerveza. Reuní el dinero necesario para comprarlas y salí del camarote. Recorrí todos los vagones hasta llegar al último, donde se encontraba el restaurante. Me acerqué al mostrador, y a una señora bajita, rechoncha y con carita de abuela le pedí las 9 cervezas. La señora fue a traérmelas y esperando me di cuenta de que había un grupo de chicas sentadas entorno a una mesa hablando. Eran un grupo de chicas de Gryffindor y había una en particular que me miraba y cuando se cruzó su mirado con la mía, ella cerró los ojos y fingió hablar con la chica de su derecha. De pronto la señora apareció con las botellas.

-Hijo, ¿quieres que te lleve las cervezas en una bandeja a tu camarote?- dijo la señora con una dulzura increíble.

-De acuerdo, el camarote es el nº 65. ¿Cuánto es?- pregunté con el mínimo interés.

-Son 2 galeones y 65 sickles por favor- dijo con un tono alegre.

Le entregué el dinero, no se como me las voy a apañar para devolver el dinero que ha sobrado. Me dio el cambio y me dijo que volviese al camarote, que enseguida me lo llevan. Al salir me giré para cerrar la puerta la vi y me volvió a mirar.

Recorriendo los vagones me topé con Lorena, una amiga de toda la vida.

-Buenas Franco ¿qué tal?- me preguntó dándome un par de besos.

-Muy bien. JAJA. ¿Y tú? Por cierto, ¿Qué tal el verano?- le pregunte con una risa floja.

-Muy bien, oye, luego hablamos que tengo unos asuntillos que tratar- me dijo apenada.

-Vale, bien. Hasta luego- le dije mientras me iba al camarote.

Mientras caminaba podía ver por las ventanas que ya empezaba a anochecer. De pronto oí un fuerte estruendo y la puerta del camarote que tenía a mi izquierda reventó y calló sobre mí. Aturdido, me incorpore y me levante. Me quité los cristales y los trozos de madera del cuerpo. Dentro del camarote, como no, Chacón, el chico (si se pudiese llamar chico). De Slytherin, creo que es indeseado nº 1 de los de Gryffindor. Este crío lleva los 4 últimos años jodiendome. Salió del camarote y sacó tan rápido la varita del bolsillo que no me dio tiempo a llevarme la mano al bolsillo. Vi un destello de luz azul turquesa y salté por los aires. Caí hacia arriba y antes de levantarme saque la varita.

-¡DEPULSO!- grité.

Este saltó por los aires y se golpeo la espalda con la pared. Y antes de que sus compinches me aturdiesen, salí corriendo hasta llegar al camarote.

Cuando llegué me preguntaron por las cervezas y luego que me había pasado. De pronto la puerta del camarote se abrió. Envainé la varita y apareció la señora del restaurante. Al verme apuntándola soltó un grito, inmediatamente guardé la varita y actué con normalidad. Nos entregó las cervezas y se marchó.

-¿Por qué has tardado tanto en volver?- preguntó con mucha curiosidad Adri.

Les relate lo sucedido y como no,  no se sorprendieron de que fuese él quien rompió la puerta a propósito para fastidiarme. Me acerque al cristal de la ventana y en el reflejo me quite los trozos de cristales clavados.

Al cabo de un rato ya era de noche. A lo lejos pude ver la luna y el cielo estrellado. Después de tomarnos las cervezas de mantequilla, nos pusimos los uniformes. Esa es la peor parte del viaje, por así decirlo, siempre las bromas de que te quiten la ropa.

Al poco tiempo el tren empezó a reducir la marcha. Por la ventana se podía ver a lo lejos las luces de las casas de Hogsmeade. De pronto el tren freno en seco y a lo lejos se oyó un silbato. Agarré el equipaje que tenia en las literas de encima de los asiento y salimos al pasillo del vagón. Poco a poco empezamos a salir del tren. Al final pude salir y respire el aroma a bosque que tanto echaba de menos y que me recordaba a Hogwarts. A lo lejos vi unas pequeñas lucecitas procedentes de Hogwarts. Dejé la maleta en el suelo y me abroché la túnica, que hacia bastante frío. De pronto oí una voz grave que decía: <<¡Los de primer año que vengan hacia aquí! ¡Estudiantes de primero, por aquí!>> Como no, Hagrid, llamando a los de 1º año. Se dio la vuelta y se fue andando y detrás de él unos niños de estatura baja le seguían con caras de miedo.

Empezamos todos a andar para a coger los carruajes para ir a Hogwarts. Caminamos hasta una zona de pocos árboles y a la espera de que viniera un nuevo carro. De pronto apareció un carro del fondo del bosque. Nos subimos al carro y pusimos las maletas entre los pies. Claro es que ya los elfos se encargaran del resto del equipaje.

-¡UF! ¿Es que nadie tiene hambre?- preguntó con mala pronunciación.

-¡CALLATE YA! Que llevas todo el viaje diciendo que tienes hambre- gritó Álvaro para intentar que se calle.

El carro nos condujo por un sendero con pocos árboles. Por la derecha se podía ver el Lago Negro, hay gente que afirma a ver visto el Calamar Gigante. Cada vez se veía Hogwarts mas cerca. El mejor viaje es en bote por el lago, es realmente precioso ver Hogwarts con esa perspectiva. Atravesamos la puerta de los exteriores. Son dos grandes muros, uno a cada lado con dos Jabalíes en la parte alta. Esto quiere decir que ya estamos en los terrenos de Hogwarts. Poco tiempo después el carro se detuvo y bajamos de él. Delante de nosotros había un enorme casillo.

Caminamos por el césped contemplando las murallas de piedra, subimos unas escaleras hasta llegar al patio de entrada. Delante de nosotros había una enorme puerta de hierro que empujándola con el mínimo esfuerzo y se abrió. El hall estaba lleno de equipajes, dejamos nuestras pertenencias en una esquina. En frente había otra puerta de hierro, que esta se abrió automáticamente y contemplé con asombro las extensiones del Gran Comedor. Era una sala alargada con cientos de velas flotando en el aire y cuatro largas mesas, cada una de una casa. Las mesas todavía estaban vacías. Caminamos hacia la mesa de Gryffindor y nos hicimos un hueco entre los estudiantes para poder sentarnos.

-¡Oh! Esta igual que la última vez- dije para sacar un tema.

-JAJA, ya ves. ¡UF! que hambre- repitió Borja otra vez.

-¡QUE TE CALLES!- gritamos todos a la vez.

-JAJA, vale, vale- dijo Borja con cara de ángel.

Al rato cesaron de venir mas estudiantes. Poco después la puerta se abrió y entro la profesora McGonagall, directora de la escuela y detrás de ella un enorme grupo de niños de 11 años preparados para que el Sombrero Seleccionador les hable. Enfrente de la mesa de los profesores había un taburete marrón oscuro arañado y encima un sombrero de cuero de más de mil años. Se presento, con voz muy ronca y como no, cantó la canción de todos los años.

 

Hace tal vez mil años
que me cortaron, ahormaron y cosieron.
Había entonces cuatro magos de fama
de los que la memoria los nombres guarda:
El valeroso Gryffindor venia del páramo;
el bello Ravenclaw, de la cañada;
del ancho valle procedía Hufflepuff el suave;
y el astuto Slytherin, de los pantanos.
Compartían un deseo, una esperanza, un sueño:
idearon en común acuerdo un atrevido plan de estudios
para educar jóvenes brujos.
Así nació Hogwarts, este colegio.
Luego, cada uno de aquellos cuatro fundadores
fundó una casa diferente
para los diferentes caracteres
de su alumnado:
Para Gryffindor
el valor era lo mejor;
para Ravenclaw,
la inteligencia
y para Hufflepuff el mayor mérito de todos
era romperse los codos.
El ambicioso Slytherin
ambicionaba alumnos ambiciosos.
Estando aún con vida
se repartieron a cuantos venían
pero ¿cómo seguir escogiendo
cuando los cuatro estuvieran muertos
y en el hoyo?
Fue Gryffindor el que halló el modo:
me levanto de su cabeza,
y los cuatro en mi metieron algo de su sesera
para que pudiera elegirlos a mi manera a la primavera.

Ahora ponme sobre las orejas.
No me equivoco nunca:
echaré un vistazo a tu mente
¡y te diré de qué casa eres!"

 

Así de divertido fue el monologo del sombrero. Uno por uno, McGonagall fue llamando a todos los nuevos estudiantes para ser seleccionados. Este año tenemos 23 estudiantes más de Gryffindor.

Después de que todos los muchachos hallan sido seleccionados apareció en las mesas cantidades enormes de manjares: cordero, pudín, patatas, pollo, hortalizas, pasta y un largo etcétera. Sin apenas poder hablar comimos y comimos hasta hartarnos. Poco después apareció el postre: montañas de fruta, helados, todo tipo de chocolates,…

Mientras nos tomábamos el postre se oyó el golpe de una cuchara con un vaso de cristal y todos callamos. La directora, McGonagall, se puso en pie.

-Bienvenidos nuevos y antiguos alumnos una vez más al colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Espero que este año sea tan maravilloso como años atrás. He de anunciar unas normas de principio de curso. El Bosque Prohibido esta terminantemente prohibido para todos los alumnos. Y nuestro vigilante, el señor Filch me a pedido que os recuerde que la magia esta prohibida en los pasillos y leed con suma atención la lista con las leyes colgadas en la puerta de su descacho. He de anunciar dos cambios nuevos en el profesorado para este año. Demos la cordial bienvenida al nuevo profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, Grondil Dinstrum y al nuevo profesor de Herbologia, Neville Longbottom. Buena suerte profesores- recitó la directora con sumo orgullo.

De pronto los dos nuevos profesores se pusieron de pies y todo aplaudimos. Grondil Dinstrum es un profesor joven con pelo marrón que le cubría las cejas. Viste una túnica de cuero negro y un sobrero de punta negro con unos signos extraños. Neville Longbottom es también un profesor joven, muy tímido y que descuida su vestimenta, ya que viste ropa muggle.

Continuamos comiendo hasta que la directora aviso a los prefectos para llevarse a los alumnos nuevos. Poco después, nos levantamos y fuimos en dirección a los dormitorios. Salimos del Gran Comedor y nos dirigimos al Gran Torreón y subimos por las escaleras hasta el 7º piso, claro que ha costado ya que las escaleras cambian a placer. Ya en el séptimo piso buscamos el retrato de la Señora Gorda. Nos acercamos al cuadro y dijimos "dêvênus  fortûna" que significa "divina suerte". La Señora Gorda asintió con la cabeza y el retrato se desplazó como una puerta y apareció un recoveco por donde pasamos hasta la Sala Común de Gryffindor. Atravesamos un corto pasillo, a la izquierda estaba la sala de estudio y a la derecha una sala llena de objetos antiguos. La sala común tenia forma semicircular con 4 grandes sofás de cuero rojo y dos sillones iguales. Una gran chimenea con una leve llama de fuego. Las paredes estaban repletas de cuadros de personajes míticos. Había un gran tablón, mas conocido como Tablón de Anuncios y en los extremos de la sala varias sillas y mesas. En la pared había imágenes de leones, escudos de Gryffindor y hombres y mujeres sosteniendo unas espadas plateadas con rubíes incrustados. Del techo colgaba una enorme lámpara con muchísimas velas y candelabros repartidos por toda la sala. La Sala Común estaba repleta de estudiantes que charlaban entre risas. Ahí estaba ella, la misma chica que vi en el Expreso de Hogwarts y me observaba de reojo. Subimos a los dormitorios de los chicos, ya que la sala común estaba repleta de estudiantes. Atravesamos la puerta y vimos una sala circular enorme, llena de camas con baúles. Las camas tenían unas cortinas de terciopelo rojas y un edredón con el emblema de Gryffindor. Entre dos camas siempre había una pequeña ventanita semiabierta. El techo, de madera, tenia forma de cúpula, terminada en pico. En el centro de la sala había una estufa con brasas que daban un ambiente agradable al dormitorio. Me acerque a mi cama y me puse el pijama, igual que todos. Saque todo el material necesario y solo deje en el baúl ropa y pocas pertenencias mías. Agarré las mantas y las hice hacia atrás.

Nos reunimos todos en la cama de Llamas, al lado de la mía. Y sacamos chuchearías que habíamos guardado del Expreso de Hogwarts. Apenas comimos ya que estábamos hinchados de la cena. Estuvimos poco tiempo hablando de nuestras vacaciones, hasta que Álvaro aviso de acostarse ya que son las 0:00 y a esta hora Princel Steeld, jefe de la casa Gryffindor y profesor de transformaciones revisa los dormitorios para ver si dormimos. Inmediatamente en silencio nos metimos en nuestras camas y poco después se abrió la puerta. Entró Steeld, un hombre alto, muy serio. Llevaba una bata azul oscuro. Entró, se quedó quieto unos segundos y se marchó. Ya nadie hablaba, estábamos muy cansados de este día. Mire al techo y pensé quien era esta chica que no me quitaba ojo…Zzzzzzzz



« Lunes 31/08/2009 Comenta este capítulo | Ir arriba


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.