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Lágrimas de Otoño » Un Ángel poco amistoso
Lágrimas de Otoño (R15)
Por princess_black
Escrita el Jueves 18 de Octubre de 2007, 09:18
Actualizada el Viernes 19 de Octubre de 2007, 22:27
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Un Ángel poco amistoso

-Y el pronóstico para hoy: lluvi,a lluvia y lluvia. El primer día del otoño será bastante mojado y el temporal durará por el resto de la semana, será mejor que tengan su reserva de paraguas, por que tengo el presentimiento de que este será un otoño muy tormentoso –decía animadamente el sujeto del pronóstico de la televisión.
Fue aquella la primera voz que Abril escuchó aquella mañana del 21, segundos antes de entrar en la cocina, donde su madre Esther, como todas las mañanas, preparaba café para su hermano Martín y su padre Adrián.
Con un apenas audible “buenos días”, no dirigido a nadie en especial, tomó y miró por la ventana para ver con sus propios ojos el estado del tiempo. El cielo estaba negro y el barrio empapado, una leve, pero persistente lluvia seguía bañando las casas. Sin embargo había algo inusual en la calle, un camión de mudanza, del que bajaban unos pocos muebles y cajas a toda velocidad.
-¿Por qué hay un camión de mudanza enfrente? –preguntó sin dejar de mirar cómo unos hombres bajaban cosas a las corridas para evitar que se mojaran demasiado. Contemplando cómo trabajaban, estaba un chico parado bajo la lluvia, vestido con una campera de jogging color gris oscuro, jeans y zapatillas de lona; tenía los brazos cruzados y expresión ceñuda, sin embargo sus pensamientos parecían estar en algún lugar lejano.
-Generalmente los camiones de mudanza son contratados cuando alguien se muda –se burló su hermano mayor en tono de sabiondo.
-Muy gracioso –le espetó dándole un mordisco a su manzana.
-¿Los nuevos vecinos? Creí que no se mudaban hasta dentro de una semana –comentó su madre acercándose también a la ventana.
-Han de estar muy apurados por mudarse, por que con esta lluvia… se les arruinaran muchas cosas –dijo su padre sin siquiera moverse de su sitio.
Afuera, una mujer, al parece su madre, se acercó al chico y le dijo algo apoyándole las manos en los hombros desde atrás. El chico regresó a la realidad diciendo algo con mala cara y se zafó de ella, la mujer siguió hablando y haciéndole señas de que entrara en la casa, señalando el cielo sobre ellos, pero el chico la ignoró y se alejó de ella colocándose la capucha sobre la cabeza.
-Tal vez deberíamos ir a ayudarlos, creo que son sólo una mujer con su hijo –dudó Esther.
-Si hubieran querido ayuda la habrían pedido, además ¿Para qué contrataron a esos hombres si no es para ayudarles? –contestó Martín muy cómodo desde su silla.
-Levántate y ve a ayudarlos, ambos ¿Para qué son hombres? –exigió la mujer.
-Iré yo también –se ofreció Abril, sintiendo curiosidad sobre quiénes eran los nuevos vecinos.
-Muy bien, pero sólo un momento, tienes que ir al colegio
-Sui, si, como digas –accedió vagamente mientras salía por la puerta tras su hermano y su padre.
Al salir afuera Abril le sonrió a la lluvia, amaba los días lluviosos, no sabía por que, era como si le dieran una extraña paz a su alma, quizá por que reflejaban cómo se sentía, o quizá por que aquella frescura y la humedad de la tierra la despertaban de aquel aletargado sueño que era su vida. Pero a diferencia de su padre y su hermano, no intentó protegerse de la llovizna al cruzar al calle, al contrario, la dejó bañarla lentamente el rostro y cubrirle la cabeza de pequeñas gotitas que quedaban suspendidas en cada cabello hasta que se las quitaba con una mano, quedando este completamente mojado, para luego volverse a cubrir de gotitas.
Vio cómo su padre y su hermano se presentaban con la mujer que decía llamarse Clara, una mujer que de seguro había tenido mejores años, pero que ahora tenía una belleza apagada, triste, casi enferma. Algo alejado de ella, sentado en el cordón de la vereda, estaba su hijo, a quien Clara no dejaba de mirar con preocupación. Visto de cerca el muchacho tenía una mirada algo triste, con sus ojos increíblemente celestes clavados en la nada. Su rostro de facciones fuertes y algo angulosas estaba ensombrecido por una pequeña barba sin afeitar pero no parecía tener mucho más que ella.
Abril se acercó a él y le dedicó una amistosa sonrisa.
-Hola, soy Abril –se presentó mirándolo desde arriba.
Él tardó un momento e demostrar que la había escuchado, sin embargo no levantó la cabeza ni
Hizo el menor movimiento para mirarla.
-Angel –fue todo lo que dijo a modo de respuesta en un tono tan neutro que le resultó imposible a la chica descubrir si estaba enojado, triste o lo que fuera, por lo que continuó hablando.
-He escuchado que irás a mi misma escuela –comentó para rellenar el incómodo silencio que ya amenazaba con envolverlos, o al menos a ella, por que Angel parecía muy cómo con el silencio.
-¿Y dónde has escuchado eso? –preguntó aún sin mirarla, sino contemplando a Adrián y Martín que ayudaban a Clara con una cómoda de algarrobo que se veía muy pesada.
-Chismosas de barrio –contentó encogiéndose de hombros. No era algo muy extraño, aquellas mujeres sabían todo acerca de todos, y siempre agregaban algunos detalles para darle sabor a las historias, sin importarles demasiado que tan lejos llevaban algunas mentiras que terminaban manchando reputaciones.
-Pues ya me imagino la cantidad de cosas que dirán de mi, quien sabe, quizá me den un papel de delincuente, drogadicto y quien sabe qué más. Sólo por que vengo de un barrio bajo.
-No creo… -se interrumpió al escuchar un grito de su madre desde dentro de la casa.
-¡Abril! ¡La hora!
Soltó un resoplido.
-Bueno, supongo que te veré en el colegio, y será mejor que tú también te prepares –le recomendó.
-¡Abril! –volvió a gritar su madre.
-¡Ya voy! –respondió exasperada, se despidió con la mano de Angel y regresó a su casa, no tardó en alcanzarla su hermano que parecía feliz de tener una excusa para librarse del trabajo pesado.
-Te llevo en el auto, está lloviendo.
-Pero me gusta caminar en la lluvia –le llevó la contra casi con intensión maligna mientas entraban a la casa luego de secarse los pies con un trapo que había en la entrada.
-Si, pero sino estarás todo el día mojada y te enfermarás –excusó Martín con aquel irritante tono de sabiondo que solía adoptar con demasiada frecuencia –Vamos, tu buen hermanito te va a llevar al colegio.
-Arranca el auto, holgazán. Que solamente te ofreces para no tener que trabajar.
-Insultas mi alma generosa –se burló yendo al garaje riendo.
Ella puso los ojos en blanco y entró en la cocina para buscar su abrigo y la mochila que había dejado colgados en una silla.
-¿Tienes la mochila? –le preguntó su madre mirando un grueso papel blanco.
-Si ¿Qué es eso? –preguntó acercándose para ver el papel y para despedirse de ella.
-Las invitaciones para el casamiento de tía Rosa.
-¿Cuando es? –preguntó con una risa divertida. Su tía Rosa que en verdad era tía de su madre, tenía unos largos setenta años, pero aún así se había enamorado y se estaba por casar, para escándalo de muchos de la familia. A Abril le parecía perfecto que su tía, una persona amorosa y simpática hubiera vuelto a encontrar el amor luego de que su esposo falleciera, y mejor aun si enfurecía a el lado poco agradable de la familia, aquellos obsesionados con la imagen que los demás veían en ellos, en criticar al resto y en tratar de demostrar su “grandeza”.
Abril disfrutaba montones escandalizando a sus tías poco apreciadas, principalmente las del lado paterno. Si querían algo con lo que entretenerse, entonces ella las complacería.
-Es en unas semanas, aún tienes que buscar qué ponerte.
-Por supuesto, el problema será hacerlo con un límite muy estricto de dinero –se quejó tratando de tantear el terreno.
-No puedo darte más que ese dinero, no voy a quedarme pobre para que tú puedas tener un vestido lindo.
-Está bien, está bien –le dio un beso en la mejilla –Me voy –como si la hubiera escuchado, desde afuera se escuchó la bocina del auto, aún que claro, su hermano sólo lo hacia para fastidiarla -¡Ya voy! –gritó furiosa, odiaba que la apuraran.
-Te veo en la tarde –se despidió su madre cuando ella volvía a salir de la cocina con la mochila colgada al hombro y la campera colocada a medias.
Ene l auto su hermano continuaba con su recital de bocina probando el límite de la paciencia de su hermana menor, el cual no era demasiado prolongado.
-Al fin, creí que me volvería viejo –se quejó cuando ella entró al auto echando chispas.
-Pero si ya lo eres –respondió ácidamente.
-Muy graciosa –le dirigió una mueca y arrancó el auto.
El camino no era muy largo, pero las calles estaban empapadas y la avenida repleta de autos, por lo que el camino fue algo más lento de lo que esperaban. No habían avanzado mucho cuando vieron a Angel a un costado de la calle, una mochila negra colgada al hombro y caminando a un paso tranquilo. Martín se orilló a su lado y bajó la ventanilla.
-Vecino –lo saludó jovialmente – ¿Te llevamos?
Angel lo miró algo ceñudo.
-Si no hubiera querido caminar habría llamado un remis, creo que eso deja las cosas muy claras –contestó secamente, parecía muy molesto por la amistosa pregunta, sin embargo no dijo más y subió a la acera para alejarse del auto.
Martín subió la ventanilla, más asombrado y confundido que molesto.
-Con un simple no habría bastado –masculló y reanudó el camino hacia el colegio –Es oficial, nuestro nuevo vecino es la persona mas amable de la tierra –dijo con sarcasmo.
-Quizá sólo tiene un mal día. No parecía muy feliz de haberse mudado –lo excusó Abril.
-Si, como sea –dobló en la esquina del colegio y busco lugar entre los muchos autos.
-Gracias, nos vemos más tarde –se despidió Abril saliendo del auto.
Entró en el colegio y se dirigió directo a clase, esquivando a una preceptora para que no notaran que llegaba tarde. Subió las escaleras y entró a su salón prácticamente corriendo. Para su suerte no había ningún profesor a la vista, saludó a su amiga Gabriela quien ya estaba sentada con otra chica, por lo que ella tomó asiento en un banco junto a la ventana y sacó sus útiles en silencio.
No tenía muchos amigos en el colegio, no sabía muy bien por qué. No era muy tímida ni tampoco antipática, pero lo cierto es que le bastaba con la amistad incondicional de Gabriela, y luego de haber sido introvertida e increíblemente tímida durante toda su niñez, había aprendido disfrutar de la tranquilidad de los momentos de soledad, aprovechándolos para estar a solas con sus pensamientos, dedicarse a ella.
Un momento más tarde Angel apareció en la puerta, llamando la atención de todos, sin embargo no hizo ningún gesto de notar los ojos de sus nuevos compañeros clavados en él. Cruzó el aula sin mirar a nadie y se sentó en un banco vacío frente a Abril, el único que quedaba. Ella lo habría invitado, pero luego del incidente de hacía unos momentos, estaba más que claro que él no deseaba compañía.
Siguiendo a Angel entró el profesor, dando comienzo a la clase. El resto de la mañana transcurrió con normalidad, algunos profesores pidieron a Angel que les dijera su nombre o a qué escuela había concurrido antes de cambiarse. Las respuestas del chico eran secas y carentes de cualquier clase de detalles, por lo que ningún profesor alargó la charla sabiendo que no obtendrían respuesta de aquel hermético alumno. Abril observó que él tampoco parecía importarle demasiado la clase, parecía estar allí por el simple acto de dar presencia.
Pero todo se revolucionó en la última hora, en la clase de salud con la profesora Sayan, una mujer que siempre trataba de agradar a sus alumnos, hasta el punto de ser algo molesta, pero con buena intención. Apenas ingresó al aula, la mujer miró a Angel casi con compasión, lo saludó amablemente, le preguntó como estaba y demás cortesías ante las que el muchacho reaccionó de la misma fría forma que con el resto de los profesores.
-Muy bien, para la clase de hoy he decidido cambiar un poco el tema que estuvimos viendo –anunció con una amplia sonrisa, se escucharon algunos comentarios, alumnos en desacuerdo y otros felices de abandonar el tema anterior –Así que hoy hablaremos de una enfermedad en especial.
Abril vio que Angel parecía molesto por algo, no dejaba de tamborear los dedos sobre la mesa o flexionar los puños mientras clavaba la mirada en la pared tratando de serenarse.
-No hablaremos de la enfermedad en si, sino de sus tratamientos, las formas que puede curarse –continuó Sayan.
En aquel mismo momento Angel pareció explotar, por que se puso de pie de golpe, se colocó la mochila al hombro y tomó sus cosas para marcharse de la clase mascullando algo así como “No tengo por qué soportar esto”.
Todos se quedaron helados al verlo cruzar la puerta y marcharse furioso, ninguno comprendía tal reacción. La profesora en particular parecía demasiado pasmada como para siquiera reprenderlo. Luego de unos momentos, tiempo que les tomó a todos el comprender que en verdad el alumno nuevo acababa de abandona la clase sin dar ninguna explicación al respecto, los murmullos se elevaron como un enjambre de abejas. La profesora Sayan reaccionó finalmente y pidió que todos se quedaran en sus lugares, para luego salir del aula, de seguro en búsqueda de l director.
Abril no podía creer lo que había visto, sin duda Angel era un chico extraño, pero jamás se habría imaginado algo como eso. Por la ventana lo vio abandonar el colegio y momentos más tarde al director hablando con el guardia que se encogía de hombros diciéndole que ya se había marchado y que no podía ir a buscarlo.
La profesora no regresó, de seguro demasiado consternada para poder continuar con la clase, por lo que se les permitió irse media hora más temprano de lo habitual.
Apenas dejó el colegio, Abril se apresuró a ir en dirección a su casa, tenía que ver al chico y saber qué demonios le había sucedido, o al menos enterarse de alguna forma. Sin embargo no tuvo que buscar mucho, por que lo encontró apoyado contra una pared a pocas cuadras del colegio, la mirada perdida y un cigarrillo encendido en su mano.
Se acercó a él sin poder creer que estuviera tan tranquilo luego de escándalo que había armado.
-Has de creer que fue algo muy genial, salirte de clases –dijo en un tono algo enojado -El acto perfecto para ganarte buena fama entre los alumnos y mala entre los profesores ¿Planeas tomas el puesto del revoltoso del colegio?
- Planeo largarme de aquí sin tu molesta voz zumbándome en mi cabeza –le espetó molesto, lanzó el cigarrillo al suelo y se marchó tosiendo, dejándola nuevamente pasmada. Comenzaba a odiar aquella clase de actitudes del chico, no le gustaba que la dejaran con la palabra en la boca.


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