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No es casualidad que 'amor' rime con 'dolor' » Capítulo 1
No es casualidad que 'amor' rime con 'dolor' (ATP)
Por Abagon
Escrita el Miércoles 19 de Septiembre de 2007, 12:45
Actualizada el Miércoles 19 de Septiembre de 2007, 12:45
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Capítulo 1

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  1. Capítulo 1
No es casualidad que ‘amor’ rime con ‘dolor’

1
La primera mirada, el primer silencio




Bajo un cielo de artificial tono oscuro y nubes que auguraban pronta lluvia, Hogwarts daba la bienvenida una vez más a Druella Malfoy. La muchacha cruzó las grades puertas dobles del Gran Comedor, sin mirar apenas el mágico y singular techo. Solo los novatos de primer año, aún sin casa, alzaban la mirada boquiabiertos y murmuraban entre ellos. El firmamento se mostraba negro y contra él una pálida luna creciente parecía sonreír desde las alturas, quizá con un toque algo picaresco.

Druella rió el chiste de su amiga, mientras, a su espalda, su larga cabellera rubia bailaba con su paso. Sus ojos verdes se erraron, divertidos un momento. Sin duda Monik tenía buenos chistes en su repertorio y, aunque los repitiera, a su mejor amiga siempre le hacían gracia. Al otro lado de Monik se encontraba Ingrid riendo también.

Las tres alumnas vestían el uniforme del colegio: túnica negra, corbata verde y plata, marca de su casa: Slytherin; zapatos negros y jersey bajo la túnica. Se habían conocido en primero, cinco o seis años atrás ya, y, desde entonces, eran inseparables. Iban juntas a todos los sitios.

Abrió los ojos tomando aire tras su ataque de risa. Percivió en ese momento, pasos por delante de ella, a su primo Draco. Este iba escoltado, como de costumbre, pro Crable y Goyle. Además, con él iba su perrito faldero particular: Pansyl. A Dru nunca le había caido especialmente bien.

“Creida”, pensó para sí, tratando de que no amañara su buen humor. Observó que los dos fortachones, a los lados de su primo, parecían más sumisos y asustadizos que de costumbre. “¿Ya les has enseñado la marca?”, continuó meditabunda, para si misma, la muchacha. “Que prisa te has dado, primito…”

Draco no le caía mal, aunque tampoco podía decirse que su relación fuera la mejor del mundo. Druella lo consideraba un farsante tan creído como pansyl, o incluso más. Pero era parte de su familia, de modo que, en el fondo, aunque fuera muy muy en el fondo, lo apreciaba.

En su interior se encontraban sentimientos opuestos.

- ¡Dru! – la llamó Ingrid.

- ¿Si? – se sobresaltó la malfoy.

- ¿Estás aquí? – inquirió su tercera compañera, Monik, dejando de lado (temporalmente) los chistes -. ¿En el mundo real?

- Si, claro que…

Iba a continuar, con una respuesta ciertamente indignada, cuando lo vio.

Estaba sentado en la mesa de Slytherin y parecía tener su edad: dieciséis años. Pero no lo había visto nunca antes por el colegio. De eso estaba segura. Sino, lo recordaría. Jamás podría olvidarse nadie de alguien como él.

Miraba a su alrededor con despreocupación. Su cabello era corto y negro como el ébano, rebelde, pero con u toque personal al cubrirle parte de la casa. Contrastaba con su piel, blanca cuán mármol puro de una estatua, y de mayor belleza incluso. Las fracciones de su rostro eran suaves y algo afiladas, podrían definirse como asexuadas sin equivocaciones, pues, desde lejos, costaba decidir si se trataba de un varón o de una mujer. No obstante, Dru apreció rápidamente que no poseía las formas propias de una muchacha. Tenía los labios finos y claros, sin fruncir. No había ninguna marca en su rostro, imperturbable. Tan solo sus ojos se movían con desdén casi por el Gran Comedor.

Dos ojos rojos como la sangre misma.

Dru se detuvo al instante, atontada y anonada por aquella figura de porte indudablemente superior, casi aristocrático.

Sus amigas iban a seguir avanzando cuando percibieron que ella no andaba. Se volvieron hacia ella y la vieron mirar fijamente la mesa de su destino. Volvieron hacía allí la vista y descubrieron al muchacho. Las dos sonrieron y rieron por lo bajo, volteándose una vez más hacia la rubia.

- Te gusta, ¿eh?

- Es muy mono – comentó Ingrid.

- Acércate, Dru – aconsejó Monik.

- ¡No! – exclamó la aludida al momento, sonrojándose de pronto. Algo que era extraño de ver en ella y menos por un chico.

Las otras dos la empujaron en dirección al misterioso chico, pero ella, completamente roja se resistió y logró sentar varios metros más allá. Lo más lejos posible.

Se sentía incapaz de mirarlo, pues solo eso ya la perturbaba y atontaba.

Ingrid y Monik cruzaron una mirada antes de sentarse con ella. Dru nunca se había enamorado, o al menos nunca en el colegio, pero parecía que aquello cambiaría con aquel sexto curso.



Continuará...


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