Historia al azar: REMUS.J LUPIN,TE AMO
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
Kalodria, Libro I - La Princesa Spika » Capítulo I - La llegada de una extraña
Historia terminada Kalodria, Libro I - La Princesa Spika (ATP)
Por Ayashi375
Escrita el Miércoles 1 de Agosto de 2007, 12:02
Actualizada el Jueves 18 de Octubre de 2007, 21:52
[ Más información ]

Capítulo I - La llegada de una extraña

Hiden dormía plácidamente. Tenía un sueño tranquilo, aunque posteriormente no lo recordaría. Era muy entrada la noche; desde su ventana se podía ver el cielo plagado de estrellas, donde la luna llena brillaba con intensidad.
Todo estaba silencioso. Los grillos no grillaban, los búhos permanecían mudos, no había ni un solo aleteo en el campo, ni tampoco en el bosque que había un poco más allá, ni al otro lado del barranco que partía el mismo bosque por la mitad y declaraba que esa otra parte seguía siendo virgen.
Había demasiada quietud. Demasiada paz. Era una tranquilidad pesada, tensa. Algo estaba a punto de ocurrir.
Pero Hiden no se daba cuenta de nada de eso. Él dormía, ajeno a todo.
Estalló un trueno, pero el cielo estaba despejado allá donde se mirara. No había nubes que presagiaran tormenta. Aún así, resonó otro, y luego otro.
Se empezó a oír un zumbido. El sueño de Hiden se vio turbado, pero no despertó. El ruido se hizo más fuerte, hasta parecer un enjambre de abejas furiosas.
Entonces…
¡PAM! Algo cayó sobre la cama de Hiden pesadamente, despertándolo de un sobresalto.
- ¡Wow! ¡Un aterrizaje perfecto, sí señor!
- ¿¡Pero se puede saber qué…?!
El rubio miró, incrédulo, la jovencita que había caído sobre él y que reía, sentada sobre las piernas del chico en una posición ridícula que la hacía ver adorable.
Era una muchacha que aparentaba la edad de Hiden, de larga melena gris oscuro, con el flequillo dividido en dos mechones plateados. Sus ojos eran de un profundo color azul, y su piel era blanca como la nieve. Tenía unos labios finos, carnosos y húmedos, y unos dientes perfectos e inmaculados. Vestía con un disfraz, al menos eso parecía, un vestido azul grisáceo que dejaba los hombros al descubierto, con falda larga hasta los pies. Llevaba un enorme aro en la muñeca, que milagrosamente no se movía de su sitio, pese a no tocar la piel de su dueña. Era una chica delgada, y su risa era dulce y carismática.
La jovencita al fin dejó de reír y lo miró, con los labios curvados en una sonrisa. Estudió a Hiden durante unos segundos, en silencio, y luego se levantó, se puso bien la falda y miró a su alrededor.
- ¡Por los dioses! – Exclamó, alarmada. - ¡Cielos, qué pocilga! – Se volvió hacia el rubio con enojo. – No esperarás que viva en un lugar tan sucio, pequeño y desarreglado, ¿verdad?
- ¿Perdón? – Hizo el chico, aún sin salir de la cama, con cara de pez.
- ¿Es que eres sordo? ¡No pienso consentir que tengas mi nueva casa en este estado, vasallo!
- ¿Vasallo? ¿Tu nueva casa? Eh, para el carro, tía. – Hiden se puso en pie, y comprobó que era bastante más alta que la chica, que se inclinó un poco hacia atrás. - ¿Quién demonios eres tú?
- ¿Esa es forma de hablarle a tu princesa, vasallo? ¡Muestra un poco de respeto!
- ¿Princesa? ¿Pero de qué vas? Esta es MI casa, así que EXIJO que me digas quién eres y cómo llegaste aquí.
- ¡Oh! ¡Maleducado! ¡Cómo te atreves…! ¡Tú eres mi siervo ahora, así que todo lo tuyo, y esta casa también, me pertenece!
- ¿Pero cómo que soy tu siervo? Oye, mira, tengo sueño, ¿vale? Así que…- Se dirigió a la puerta y la abrió, quitándole la cadena con la que la aseguraba. – Largo.
- ¡Oh, descarado! ¡Te haré azotar por esto! – La chica se cruzó de brazos, furiosa.
- Sí, sí, y yo te mandaré al loquero. Lárgate.
- No puedes echarme de mi casa.
- No, pero resulta que esta es MI casa. Ni siquiera me has dicho quién eres, y te sueltas todas esas paranoias de siervos y princesas…
- Oh, bueno. – La joven puso cara de resignación y se acicaló el pelo. – Supongo que aquí no me conocéis. Está bien, me presentaré. – Tosió levemente y alzó la cabeza. – Soy la princesa Spika, hija del rey Lord y la reina Senya, que gobiernan el apacible reino de Kalodria.
Hiden la miró fijamente, y estuvo en silencio un segundo. Luego rió, burlón.
- Sí, ya, muy bonito. ¿Se te ha ocurrido todo eso a ti solita? Bien, “princesita”, ¿y dónde está ese “Karotia”?
- Kalodria, siervo, Kalodria, no te equivoques, Karotia es el país vecino. Pues bien, Kalodria está en otro mundo, probablemente muy lejos de este.
- Sí, ya, otro mundo, claro. – Abrió más la puerta. – Largo.
- ¡Oh! ¡Ni siquiera tienes la decencia de presentarte! ¡Malcriado!
- No tengo por qué decirle mi nombre a una lunática como tú, “princesita”, así que te vas a ir si no quieres que llame al hospital para que te recojan.
- ¡Y sigue tan fresco! ¡Maleducado, estúpido, mocoso…! ¡Muy bien, tú te lo has buscado! ¡Voy a darte una lección!
La chica se acercó a él.
- Oh, ¿y qué me harás, golpearme? – Se mofó él.
- Algo mejor.
De algún lugar indeterminado, la que se hacía llamar Spika sacó una tira de algo parecido a cuero y se la ató a Hiden en el cuello. Parecía un collar. Tenía un broche dorado delante, en cuyo centro brillaba una piedra azul, como un zafiro.
- Ahora, siervo, dime tu nombre. – Ordenó la muchacha.
- Hiden.
El rubio dio un respingo. Se preguntó por qué le había dicho su nombre a esa loca.
- Oh, bueno, no es el mejor nombre del mundo, pero servirá. – Suspiró Spika. – Bien, Hiden, como entenderás, una princesa no puede vivir en una casa tan desordenada. Pasaré por alto lo pequeña que es, pero no la suciedad. Así que, vasallo, empieza a limpiar.
- ¿Pero de qué v…?
Hiden sintió que se le helaba la sangre cuando su cuerpo se movió por sí solo y empezó a guardar la ropa en los cajones y a limpiar el polvo.
- ¿¡Qué me has hecho?! – Exigió saber, sin poder parar.
- Nada. – Respondió ella, asomándose a la ventana. – El collar que te he puesto está conectado con mi pulsera. Cualquier orden directa que yo te de, te verás obligado a cumplirla. Y no intentes quitártelo, sólo yo puedo hacerlo. Así aprenderás a hablarle con más educación a tu ama y señora.
- …Debo estar soñando. Sí, esto tiene que ser una horrible pesadilla, porque es imposible. Sí, seguro que sigo durmiendo, es lo más lógico.
Mientras tanto, su cuerpo seguía moviéndose sin su consentimiento, arreglando su desaliñada habitación.


« Introducción Comenta este capítulo | Ir arriba Capítulo II - Amanecer »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.