Historia al azar: La Magia Del Amor
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Kalodria, Libro I - La Princesa Spika » Capítulo XIV - Recuerdos
Historia terminada Kalodria, Libro I - La Princesa Spika (ATP)
Por Ayashi375
Escrita el Miércoles 1 de Agosto de 2007, 12:02
Actualizada el Jueves 18 de Octubre de 2007, 21:52
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Capítulo XIV - Recuerdos

- ¡Mamá, mamá! ¿Puedo salir a jugar, mamá?
- No, tesoro.
- ¿Y mañana?
- Tampoco, mi amor.
- ¿Por qué, mami? Me aburro mucho aquí.
Los ojos verdes de la mujer se empañan de lágrimas. Se arrodilla junto a su hijo de cinco años y lo abraza con fuerza.
- Perdóname, hijo mío…Lo siento tanto.
- ¿Mamá? ¿Por qué lloras, mamá?

- - -

- Tío Kerim, tío Kerim.
- ¿Qué?
- ¿Por qué no me llevas fuera?
- No, cachorrillo, no puedo llevarte.
- Pero…¡Tío Kerim, ya tengo seis años, y aún no he salido nunca!
- Quizá cuando te hagas mayor.
- ¡Yo quiero salir ahora!
El hombre de larguísimo cabello negro se arrodilla junto a su sobrino y le pone las manos en los hombros.
- Si sales, Hiden, tu madre correrá peligro. Y no quieres eso, ¿verdad?
- No, claro.
- Entonces, hasta que consideremos que puedes salir, quédate en casa, ¿de acuerdo?
- …Sí, tío Kerim.

- - -

- Kerim, estoy preocupada.
- ¿Qué ocurre, Kerena?
- Es la gente…Murmura, ¿sabes? Rumores, chismorreos, pero…
- ¿Qué dicen?
- Que escondemos un niño en tu casa.
- ¿Alguien lo ha visto?
- Tal vez. No podemos impedir que Hiden se asome a las ventanas en busca de algo de luz, alguien debió verlo un momento y…
- Bueno. Bueno. Cálmate. Mientras los sacerdotes no sospechen nada…
- ¿Y si Jarred lo dice? ¿Y si lo explica?
- En esto también va su honor y su carrera, no sólo la vida de su hijo.
- Ya, pero…Sabes que no siente nada hacia Hiden, siempre se ha negado a verlo. Supongo que, si la culpa lo carcomiera demasiado…
- No te preocupes, Kerena. Callará. Por la cuenta que le trae.

- - -

- ¡Kerim!
- ¡Kerena! ¿Qué pasa? Me has asustado.
- Lo saben, Kerim, lo saben. Jarred se debe haber ido de la lengua.
- ¡Imposible!
- Si no, es que han hecho caso de los chismorreos. Sea como fuere, no creo que tarden en venir a registrar la casa. ¡Oh, Kerim, ¿qué haremos?!
- Comportarnos con naturalidad, por ahora. Ya planearemos algo.

- - -

- ¿Estás segura, Kerena? ¿Sabes lo que haces?
- Sí, Kerim. Es la única opción. No puedo mirarles a la cara y decirles que no escondo a mi hijo en tu casa. Lo sabrán tarde o temprano, y sin importar que ya sea mayor o sea aún un niño, lo matarán. Debo llevármelo.
- ¿Adónde?
- No puedo decírtelo, porque no lo aprobarías. Pero estará a salvo. Estoy segura.

- - -

- ¡Bien, bien, de paseo!
- Sh, Hiden, no grites tanto.
- Perdón. ¿Adónde vamos?
- Te llevaré a un lugar muy bonito, ¿te parece?
- ¡Sí, un lugar bonito!
- Vamos, Hiden, que ya tienes nueve años…
Caminan durante horas por lugares poco transitados. Nadie se fija en ellos. Al fin, se detienen a la sombra un altísimo roble, probablemente centenario. La mujer se arrodilla junto a su hijo y lo abraza con fuerza.
- ¿Mamá? ¿Estás…llorando?
Kerena se aparta un poco y sonríe. Tiene las mejillas mojadas de lágrimas.
- Cariño. Oh, tesoro. No te preocupes por nada, ¿vale? Todo está bien…
- ¿Mamá…?
- Te gusta mucho mi cinta, ¿verdad? – Se desata la cinta del pelo y se la da a Hiden, que no comprende lo que ocurre.
- Mamá, me estás asustando…
- No, no, mi vida no tengas miedo. Quítate la ropa, anda, mi amor.
- ¿Por qué?
- Porque tu ropa es extraña allí donde vamos.
Él titubea un momento, pero obedece.
- Muy bien, cariño, muy bien.
La mujer repasa la marca de la frente de Hiden con un dedo.
- Pica. – Murmura él.
- Lo sé, mi amor.
- Mamá, pica mucho…Ay…Duele…Mamá…Ma…¡Mamá, me duele!
Kerena lo abraza fuertemente.
- Lo siento. Lo siento, cariño.
- ¡Mamá! ¡Mamá, me duele, duele!
El niño empieza a llorar, y trata de librarse de los brazos de su madre.
- Perdóname, tesoro, corazón mío…Ojalá hubiera otro modo…
- ¡Mamá! ¡Mamá, me quema! ¡Por favor, páralo, páralo!
- Lo siento tanto…Ojalá encuentres un hogar, cariño…
Cuando el niño calla, ya ha caído inconsciente. Kerena se seca las lágrimas y empieza a pronunciar un cántico, meciendo a su hijo desnudo entre sus brazos. Al fin, la puerta se abre, y deja que el niño vuele al otro lado.
- Rezaré por ti, mi amor. Rezaré por la felicidad que yo no puedo darte.


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