Historia al azar: Harry el Portero
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Doce razones para decirte " te quiero" » El inicio del final
Doce razones para decirte " te quiero" (ATP)
Por mei
Escrita el Viernes 13 de Abril de 2007, 14:28
Actualizada el Viernes 13 de Abril de 2007, 14:28
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El inicio del final


Capítulo 1: El inicio del final

Era una calurosa mañana de Septiembre, James Potter aún estaba roncando cuando el despertador sonó a las 8 en punto. Lo paro al instante para seguir durmiendo un rato más, pero por su desgracia alguien se encargó de despertarle con rudeza, sin duda ese era su gran amigo Sirius Black.

- Levántate de una vez, ¡perezoso!- dijo éste último mientras sacudía a James.- ¿O es que quieres que perdamos el Expresso a Hogwarts?
- Mmmmm..poco más…- dijo James sin abrir los ojos y con cara de satisfacción.
- ¡Un poco más te voy a dar!- Sirius hizo un gesto con la varita y un chorro de agua salió de ella, directa en la cara de James. Éste se despertó en seguida, su camiseta mojada se pegaba a sus músculos.- ESO no hacía falta que lo hicieras… -decía mientras se incorporaba y se ponía sus gafas.- Por cierto, se dice buenos días.
- Buenos días Cornamenta.- Sirius sonreía ampliamente.

El chico ya tenía hecho el equipaje y ya había desayunado. Ese verano, se había fugado de casa y gracias a una pequeña fortuna que su tío Alphard le dio, podía mantenerse. Aún así, los Potter habían insistido en que pasase el verano con ellos.
- Ya sabes que no quiero perder el tren, ¿o es que no te acuerdas lo que nos ocurrió en cuarto? Por culpa tuya tuvimos que llegar a Hogwarts en escoba y suerte que conocíamos…
- ¡Ya vale Canuto! Te entendí perfectamente, no me hinches la cabeza tan temprano…
James hizo un gesto con su varita y toda la ropa y libros que había escampados por la habitación se metieron en su baúl. Al igual que sus amigos, ya había cumplido la mayoría de edad en el mundo mágico, y por lo tanto, ya podía hacer magia fuera de Hogwarts, lo cual era una gran ventaja. Ese verano lo había pasado muy bien hechizando contenedores que perseguían muggles cuando estos no tiraban bien la basura.
Los abuelos de James, que eran encantadores, los llevaron a la estación de King’s Cross en su coche particular para no llamar la atención. Al llegar, le hicieron una gran despedida a su nieto además de Sirius. No sabían cuando lo volverían a ver a éste último, puesto que al terminar el curso, tenía la intención de irse a vivir en un lugar muy lejano.

Cuando se fueron, aún faltaba media hora para que saliese el tren, pero muchos alumnos ya estaban en la estación. Reconocieron muchos amigos y enemigos al instante. Otro gran amigo estaba esperando el tren en la andana. Ese era Remus Lupin.

- ¡Hola chicos!- gritó el prefecto de Hogwarts cuando los vio acercarse.- ¿Que tal el verano?
Sin duda a Lupin no parecía que el sol le hubiera favorecido, su tez estaba más pálida y dañada que nunca. Aún así estaba muy sonriente.
-¡¡ Perfectamente Lunático!!- Sirius se le echó encima dándole un cálido abrazo, mientras hacía esto, y con una sonrisa macabra le dijo al oído: añoraba los días de luna llena, ¿sabes?
Pero James olvidó por completo quién le rodeaba, quien era él mismo, qué hacía allí… porqué vio a la chica más increíble, más preciosa y extraordinaria que podía conmover su corazón. Su pelo era de un rojo intenso, largo y sedoso, sus ojos eran verdes como dos esmeraldas y su sonrisa la más noble y encantadora del mundo. Esa chica, de quién estaba perdidamente enamorado era Lily Evans. A pesar de todos sus esfuerzos para salir juntos, ella no soportaba a James, y a menudo le trataba de engreído e idiota. James aún no se había rendido y de ánimos no le faltaban.
-¿James, me estás escuchando?- Lupin le paso las manos delante de los ojos del chico para sacarle de su ensimismamiento.
- ¿Uh?.- dijo James mientras se tocaba acaloradamente el pelo, revolviéndolo por detrás.
- Oh, vaya, ¿ya estas con esas de nuevo eh? Tú nunca pierdes el tiempo.- Petter Pettigrew, el último de los Merodeadores había llegado.- ¡Hola a todos!

-¡Devuélveme la revista ELLEN RICHS!- Gritaba una chica llamada Hanna.- ¡¡Quiero terminar de leer esa encuesta de una vez!!…- estaba encima de la otra chica intentando quitarle la revista, pero Ellen no se dejaba de ninguna manera. La hoja de le encuesta era rosa y llena de corazoncitos.
-¡De ninguna forma!- dijo la chica llamada Ellen muy animada.- No volverás a leer esta encuesta repipi nunca más.- y mientras decía esto, consiguió romper la hoja en mil pedazos. – Además, para qué la quieres si sabes hacer babear a todos los chicos, especialmente a ese tal…mmm ¿como se llamaba?- puso cara de concentración.- ¡a sí! Billy Zockerman. Como no podía acordarme de él… si el año pasado sólo hablabas de él cada minuto, quiero decir, cada segundito.

Hanna estaba ruborizada, sus mejillas estaban rojas como tomates, iba a discutir de nuevo con Ellen, pero una tercera chica entró en ese mismo compartimiento del Hogwarts Express.
- ¿Ya están discutiendo de nuevo?- preguntó Lily cansada de tantas discusiones entre sus mejores amigas.- ¿Es que no pueden estar tranquilas unas horas? Siempre tengo que poner paz entre ustedes dos.
- ¡Ha sido culpa suya!.- dijo Hanna señalando a una Ellen haciéndose la despistada.- Me rompió la encuesta de chicos guapos, ¡Lily! Estoy harta de que siempre haga lo que quiera con los demás.

Lily puso los ojos en blanco pero no dijo nada. Ellen estaba sentada en su asiento con los brazos entrecruzados y con una sonrisa misteriosa en los labios. Lo que más adoraba en el mundo era hacer enfadar a su querida amiga e inocente Hanna. Aunque no lo hacía con mal intención, por supuesto, solo se divertía un poco a su cuesta.

Ellen y Hanna eran como el día y la noche, como la luz y la oscuridad, como el blanco y el negro…

Hanna era una chica muy refinada, meticulosa, sociable, cariñosa y dulce. Le gustaba el color rosa, y era extremadamente femenina. Físicamente le gustaba mucho cuidar su pelo, era castaño, largo (media espalda) y ondulado. Su tez era blanca y fina, al igual de su pulcra dentadura. Sus ojos eran pardos como el de un halcón. Siempre estaba risueña y muy tranquila, aunque a veces enloquecía con los chicos. Era una chica normal y corriente.

Ellen era todo lo contrario a ella, no era nada femenina, de hecho, siempre había querido ser un chico y por esa razón, su pelo que era de un negro brillante, lo llevaba corto a la altura de los ojos como cualquier chico. Era una rebelde sin causa. Muchas veces había estado a punto de ser expulsada de la escuela, pero por suerte, su padre que tenía muchas influencias, siempre conseguía que eso no ocurriera. Tenía muchos problemas familiares, y por eso, se resguardaba en su carácter fuerte que parecía tener. Sus ojos eran grandes y de color gris, lo que hacía de su mirada fría, penetrante y triste.

No era nada sociable, de hecho, solo se relacionaba con sus dos amigas, y con nadie más.
- Chicas por favor, compórtense… y por cierto, ya pueden empezar a ponerse el uniforme, estamos llegando a Hogwarts, seguiré la guardia de prefecta, nos vemos en el gran comedor ¿de acuerdo?
- ¡De acuerdo Lils!.- dijo Hanna alegremente.

Ellen empezó a ponerse el uniforme y como siempre, pantalones.
- Otra vez así Ellen?- dijo Hanna.- ¿Cuando te pondrás falda de una vez?
Siempre le contestaba lo mismo a esa pregunta: Cuando los chicos dejen de mirarte el culo cuando lo meneas delante de ellos. Entonces creo que seré capaz de ponerme falda.

Por la ventana, al fin, divisaron el castillo de Hogwarts, en el otro lado de la orilla, lo desvelaba todas las lucecitas que salían por todas las ventanas, dándole un aire lúgubre y de cuento de hadas.
- Por fin en casa.


Al terminar la cena de celebración de bienvenida, Los Merodeadores subieron a la sala común para encontrarse con los nuevos y viejos compañeros de Gryffindor.
James Potter y Sirius Black en seguida tuvieron diversión asegurada con los chicos de primero.
- El profesor de encantamientos es un vampiro, y cada año desaparece un alumno de primero.- James sabía mentir muy bien y los niños de primero estaban boquiabiertos.
- - Yo de ustedes no iría en ninguna de sus clases, además tiene un temperamento terrible.- agregó Sirius.
- ¡Pero bueno! ¡¿Se puede saber qué les están contando a los niños?!- Lily llegó enfurecida como siempre.- Como no Potter y Black, era de esperar… ¿Qué sacan ustedes de contarles estas mentiras si se puede saber? ¿Es una apuesta o algo así? Por qué no me extrañaría nada.
- Pues veras mi Lily….
- ¡NO ME LLAMES POR EL NOMBRE PO-TTER! Ni se te ocurra tomarte esas confianzas…- gritó la pelirroja, estaba muy ruborizada y sus mejillas ardían.
- Bueno… vale….- James se resignó.- Sólo estábamos contándoles unos pequeños secretos a los chavales, ¿hay nada malo en eso?- su tono intentaba ser inocente, pero no convenció a la chica.
- ¡Por supuesto que hay algo de malo! Es otra de sus ESTUPIDAS chiquilladas y ya estoy ¡HARTA! Voy a llamar a la Sra. McGonagall ahora mismo…
- Oh Evans…por favor, hoy es el primer día del curso, no podemos empezar tan mal…dijo el pelo azabache.
- Estás muy equivocado POTTER, TÚ empezaste mal. Chicas, esperadme aquí, voy a por la Sra. McGongall, ¿ok?

James intentó detenerla, pero la pelirroja no le hizo ni caso. Hanna y Ellen, que también visualizaron la escena, se hicieron miradas de complicidad y sin palabras llegaron a una conclusión.
- Veras Lily, creo que deberías dejar las cosas tal y como están.- empezó Hanna.- La situación se te irá de las manos y además esto no es de nuestra incumbencia.
- ¡Claro que es de nuestra incumbencia Hanna!- Lily bajó los humos.- Hay dos prefectos en Gryffindor los cuales somos Remus y yo, si Remus no es suficientemente valiente para encararse con sus amigos lo tendré que hacer yo, y si creo conveniente hacerlo, lo haré.
Remus se puso rojo como un tomate y bajó la mirada a los pies.
- Creo que estas exagerando mucho Lils.- dijo Ellen.- Lo que te pasa es que odias tanto a Potter que cualquier excusa es suficiente para regañarle, y eso tampoco es correcto como prefecta.
Cuando Ellen hablaba era como si cayera una sentencia. Su sinceridad era tan directa que hacía daño a cualquier persona con quien hablaba, sin ni siquiera quererlo hacer.
Lily miró a Ellen estupefacta, su rostro se enfureció segundo a segundo, hasta que la chica, sin saber qué contestar, dio media vuelta y se fue a través del retrato de la señora gorda.
Ellen hizo una mueca. Todos se quedaron en silencio.

-¿Y el profesor de Pociones también es un vampiro?- preguntó un niño de primero ilusionado.


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