Historia al azar: Luna
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Amores Extraños » La poción controladora de sueños (Parte 2)
Historia terminada Amores Extraños (R15)
Por Rowena
Escrita el Miércoles 2 de Agosto de 2006, 12:04
Actualizada el Jueves 30 de Julio de 2020, 01:03
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La poción controladora de sueños (Parte 2)

Capítulos
  1. El poder de una sonrisa
  2. La poción desatadora
  3. Un beso robado
  4. En medio del bosque
  5. La serpiente no es como la pintan
  6. A veces los amigos llegan cuando no los necesitas
  7. ¿Le importará?
  8. Motivos para celebrar
  9. La magia del silencio
  10. Los celos no son buenos consejeros
  11. El veneno de la serpiente
  12. Orgullo
  13. El dolor de perderlo
  14. La solución está en tus manos
  15. La poción controladora de sueños (parte 1)
  16. Planes Maquiavélicos
  17. Amistad a prueba de chicas
  18. Alcanzando las estrellas
  19. La dama de Rojo
  20. Regalos de vida
  21. Un lobo extraordinario
  22. Los Linuitos
  23. Una propuesta indecorosa (Parte 1)
  24. Entre la espada y la pared
  25. La poción controladora de sueños (Parte 2)
  26. Una propuesta indecorosa (Parte 2)
  27. Aunque no me puedas ver
  28. No me olvides
  29. Abrazos que curan
  30. Dicen por ahí...
  31. Complicaciones
  32. Una propuesta indecorosa (Parte 3)
  33. Decepcionado
  34. Validus Promissum
  35. Ángeles sin alas
  36. Llegando al límite
  37. Crimen y castigo
  38. Sanando las heridas
  39. Veredicto final
  40. Momento de decidir
  41. Regresa a mi

- Sí hay algo que me pidió- le dijo a la chica con una dura expresión en el rostro- quiere que le presente mi renuncia al profesor Dumbledore y que me vaya de Hogwarts. En cuanto le muestre a él la carta firmada por mí y aprobada por Albus, me devolverá la cadena.

 

Hermione no podía creer lo que oía. Sus ojos se llenaron de lágrimas, las cuales reflejaban un profundo odio hacia Malfoy.

- Soy una estúpida- dijo con voz temblorosa- Harry y Ron tenían razón, ellos desde el principio me advirtieron que si Malfoy trataba de acercarse a mí no era por nada bueno y yo siempre los ignoré, les decía que estaban paranóicos. Dios... Malfoy es un maldito tramposo, un engreído...

 

Remus no dijo nada. Le acababa de mentir a Hermione, pero ¿qué otra cosa debió haber hecho? ¿Decirle que Malfoy le había pedido una noche con ella, tal y como si de un trueque se tratara? No, definitivamente no. Había hecho lo correcto al no decírselo a Hermione.

 

- Cálmate, mi niña- le susurró al oído- te juro que voy a hallar la manera de recuperar mi cadena y silenciar a ese imbécil.

 

- Yo te ayudaré, juntos encontraremos la forma.

 

- Pero Hermione, creo que tú no deberías...

 

- ¿Por qué me quieres dejar fuera de esto? El tiempo se acaba, tenemos menos de una semana para la próxima luna llena y debemos darnos prisa. No sé, podríamos usar algún hechizo para confundirlo, encontrar algo con qué chantajearlo... algo se nos debe ocurrir. Remus, no te dejaré solo. No quiero que nada malo te pase.

 

 

 

***Antes de la media noche Ron y Hermione recorrían los pasillos que les correspondía vigilar para ver si no había nadie fuera de la sala común.

 

- Yo revisaré por este lado- dijo el pelirrojo cuando llegaron a una parte donde los caminos se separaban- luego regresaré a la torre.

 

- Está bien, yo iré un par de pisos más abajo. Te veo más tarde- contestó Hermione.

 

La joven gryffindor dejó que sus pies la llevaran, ella no prestaba atención al camino pues tenía muchas cosas en las que pensar. En su cabeza habían surgido ideas confusas y angustiantes, ni ella misma entendía el por qué de ésto. Esos pensamientos simplemente se habían introducido en su mente y le oprimían con furia el corazón.

 

Tal vez después de todo, sí había sido un error haberse involucrado con Remus Lupin. Una fuerza ajena a ella le decía que esa relación no tendría futuro.

 

- "Piensa"- le dijo una extraña voz en su interior- "es un hombre lobo sin dinero y sin nada que ofrecer. ¿Te dará amor? ¡Eso es ridículo! Él es sólo un pedófilo que busca tener una aventura con la primera chica ingenua que se atraviese en su camino, ¿acaso crees que un pervertido como él se enamoraría de ti? Tú eres únicamente su distracción temporal, en cuanto consiga llevarte a la cama y satisfacer sus más bajos instintos, se aburrirá de ti, te dejará e irá en busca de otra presa. Eres una tonta por haber caído en su juego, ¡abre los ojos!"

 

- Pero yo lo amo- dijo Hermione tratando de callar a la otra voz. Al doblar una esquina, se sobresaltó al toparse con otra persona.

 

- Tranquila, soy yo- le dijo una voz varonil que ella muy bien conocía.

 

- ¿Otra vez tú?- preguntó la chica con agresividad. La tenue luz de las antorchas que alumbraban el pasillo dejó a Hermione ver a un rubio sin camisa que mostraba una musculatura que dejaba boquiabiertas a las mujeres. Sus ojos grises estaban clavados en los de la castaña y una fina sonrisa adornaba su rostro- ¿qué es lo que quieres?

 

- Ayudarte a olvidar esa preocupación tan grande que traes contigo- le dijo. Ella retrocedió.

 

- ¿Cómo lo sabes?- trató de sonar dura, pero no pudo.

 

- Lo sé porque lo veo en tu mirada.

 

Inexplicablemente la angustia de la que Hermione era presa desapareció al instante. Ella retrocedió, se sentía débil estando frente a él pues de alguna forma que ella no lograba entender, él podía esquivar las barreras de la fortaleza, rudeza y agresividad que protegían a la mujer vulnerable que había dentro de ella. Al seguir retrocediendo, chocó contra la pared.

Draco se metió la mano en el bolsillo del pantalón y sacó una fina cadena de plata que se colgó al cuello. Hermione se quedó helada al verla. Él pareció no prestar atención a tal hecho, estaba más ocupado acercándosele de esa manera tan peligrosa. El aroma de su loción embriagó a la chica de cabello enmarañado, cuya respiración se había agitado un poco.

El rubio presionó su perfecto cuerpo contra el de ella, de modo que quedaron recargados contra la pared. Hermione alzó la mirada para ver el rostro de su acompañante. Entonces él se agachó un poco y con la punta de su nariz le rozó sensualmente la mejilla; luego bajó a su cuello.

Ella se estremeció al sentir la respiración del muchacho. Comenzó a acariciar su ancha espalda desnuda y de pronto sintió los labios de él rozar los suyos. Remus Lupin había desaparecido por completo de su mente, era como si fuera un completo extraño.

Lo que ahora ocupaba su lugar en la mente de Hermione era el magnífico beso en el que las lenguas de ella y el slytherin se acariciaban con infinita pasión.

 

Para Hermione esto era un sueño. Un sueño del que quería despertar pero no podía. Simplemente no podía hasta que...***

 

 

 

- ¡HERMIONE! ¡HERMIONE!

 

Al abrir los ojos vio tres rostros que la miraban con preocupación. Instantáneamente se enderezó. Tenía la vista borrosa y le dolía mucho la cabeza.

 

- Creí que no despertarías nunca- dijo Ron.

 

- ¿Te encuentras bien?- esta vez fue Harry el que habló.

 

- Ay amiga, nos preocupaste mucho- Ginny Weasley le dio un abrazo. Hermione tardó unos segundos en darse cuenta de que se hallaba en la sala común de Gryffindor, la cual ahora estaba totalmente desierta, solo ella, Ginny, Ron y Harry estaban ahí. Al parecer, ella no había salido del lugar. No entendía nada de lo que ocurría. Al ver que estaba tan callada, Ginny dijo:

 

- En cuanto venimos acá después de la cena, te acostaste en este sillón y te quedaste profundamente dormida.

 

- Sí, te veías muy cansada, por eso ni siquiera Ron se atrevió a despertarte cuando tenían que ir a hacer su ronda- dijo Harry.

 

- Tuve que ir solo- se quejó Ron.

 

- No entiendo... ¿he estado aquí todo el tiempo?- preguntó Hermione.

 

- Sí, junto con nosotros- explicó Ginny sin ocultar su preocupación.

 

- ¿Qué hora es?

 

- Casi las dos de la mañana- respondió Harry- lamento que te hayamos despertado pero ya nos queríamos ir a la cama y nos pareció que lo mejor sería que subieras a dormir a tu habitación. Además parecía que estabas teniendo un mal sueño.

 

-Sí Hermione, ¿qué estaba pasando por tu mente?- quiso saber Ron.

 

- ¡Ronald! ¡Eso no es tu asunto!- le reprendió Ginny.

 

- ¿Qué? Mírala cómo está; no creo que haya sido algo bonito- se defendió su hermano.

 

- Está bien, chicos- dijo Hermione sintiéndose más aliviada- gracias por despertarme, tienen razón, no era un buen sueño... - miró a Harry y a Ron- ¿saben una cosa? Lamento no haberlos escuchado antes.

 

- ¿De qué hablas?

 

- De Malfoy... ustedes trataron de advertirme pero yo no quise escucharlos...

 

- ¿Te ha hecho algo?- preguntó Harry.

 

- No, no...- dijo Hermione al instante- es sólo que... bueno, soñé que... les hacía algo a ustedes... durante un partido de quidditch. Sí, por eso me he dado cuenta de que no hay que confiar en él...

 

- Tranquila, ése idiota no nos hará nada- dijo Harry- y tampoco permitiremos que te lo haga a ti.

 

Hermione abrazó a sus amigos y se retiró a su dormitorio. Ese sueño había sido tan real... ella juraría que todo había pasado en verdad. Aún podía sentir sobre sus labios los besos de Malfoy, las sensaciones que le habían provocado e incluso llegó a creerse por un momento todas las cosas negativas sobre Remus que habían pasado por su mente.

 

- "No, no... solamente fue un sueño"- se dijo- "no has hecho nada malo."

 

 

 

**********

Unos pisos más abajo, había un hombre lobo bañado en sudor que también acababa de despertar. Su corazón latía con fuerza. Había sido tan real... era como si él hubiera estado ahí presente, en carne y hueso, y hubiera podido leer la mente de Hermione... ¿a caso creía ella en verdad todas esas cosas?

 

Remus había tenido a lo largo de su vida muchas pesadillas, ninguna como la de ahora.

- Yo te quiero, Hermione... y no soportaría que alguien se interpusiera entre tú y yo.

 

Con éste último pensamiento logró conciliar nuevamente el sueño.

 

 

 

 

*                                *                              *

A la mañana siguiente las plagosas voces de Lavender y Parvati despertaron a la castaña. Eran las nueve de la mañana, así que se levantó a darse una ducha. Después de arreglarse se dirigió al Gran Comedor y en el camino Ginny Weasley la alcanzó.

 

- Hola Hermione- saludó alegremente.

 

- Hola Ginny, buenos días.

 

- ¿Dormiste bien el resto de la noche?

 

Hermione se sintió un poco apenada.

 

- Sí Ginny...

 

Por el tono en que la chica le había contestado, la pelirroja captó que su amiga no quería hablar sobre el tema. Cuando llegaron a la mesa de Gryffindor, vieron que Ron y Harry ya estaban ahí, habían llegado mucho antes.

 

- Hola chicas- dijo Harry- lamento que no las hayamos esperado, pero Ron ya se estaba muriendo de hambre y amenazaba con comerme. Hubieran visto su seductora mirada posada sobre mí...

 

- Uy Ron... no sabíamos que tuvieras esa clase de apetitos... - dijo Hermione provocando las carcajadas de los que la habían escuchado. Ella también rió con ganas.

Sumidos en su conversación, los estudiantes degustaban de la comida preparada por los elfos domésticos.

 

- ¿Por qué no vamos más tarde a visitar a Hagrid?- sugirió Harry en cuanto vio al guardabosque entrar tapado con su grueso abrigo de piel de topo. Hermione fingió seguirlo con la mirada para poder ver a Remus sentado entre la profesora Sprout y el profesor Dumbledore. Un sentimiento de culpabilidad la invadió.

 

- "... en cuanto consiga llevarte a la cama y satisfacer sus más bajos instintos, se aburrirá de ti, te dejará e irá en busca de otra presa..."- la voz que le había hablado en su sueño volvió a resonar en su cabeza. Luego aquél beso... volteó hacia la mesa de Slytherin. Draco Malfoy estaba ahí, concentrado en su desayuno y hablando con Blaise Zabini. Lucía completamente normal.

 

La única explicación lógica que según ella lograba justificar el haber tenido ese sueño era el estrés que le había causado el saber que Malfoy estaba al corriente de lo que pasaba entre ella y Lupin y el hecho de que poseía la cadena de plata.

- "Eso debió haber sido y no dejaré que me afecte".

 

Volvió a mirar a Remus. Observó los estragos que el poco tiempo que faltaba para la próxima luna llena ya le había causado a aspecto físico. Aún a lo lejos y haciendo de lado los detalles de la mirada, la barba y demás, ya lucía cansado, más delgado y un poco demacrado.

 

Hermione sintió unas terribles ganas de tomarlo entre sus brazos, acariciarlo, mimarlo y cuidar de él. Lo que más la frustraba era que ni siquiera podía compartir con sus dos mejores amigos la gran alegría que llevaba por dentro. Remus por lo menos podía acudir a Sirius, pero ella no contaba con nadie en ese aspecto. Nuevamente miró a Malfoy.

- "No te saldrás con la tuya; Remus no se irá de Hogwarts."

 

- Harry, creo que será mejor que de una vez vayamos a la biblioteca a hacer la tarea de historia- dijo Ron después de comerse la décima tostada. Sus palabras sacaron a Hermione de su ensimismamiento.

 

- Cielos, ¿el desayuno te ha hecho daño?- dijo con una risita. Ron la miró con fingida indignación y Harry y Ginny rieron- nuca creí que te escucharía decir eso.

 

- Bueno, ya que últimamente tú no estás en tu papel de mandona, alguien tiene que hacerse cargo- se defendió. La castaña sonrió.

 

- Vaya, parece ser que el pequeño Ronnie por fin ha madurado.

 

 

 

**********

Él fue de los últimos en retirarse del Gran Comedor pues había acabado de aclarar los últimos detalles de las actividades que en un par de horas tendría que llevar a cabo.

- Bien, a las 12:30 te espero en mi despacho- le había dicho Dumbledore- viajaremos con polvos flu a Edimburgo, a la mansión de Constantine Rouvas.

 

- ¿Cuánto tiempo estaré ahí?- quiso saber Remus.

- Eso depende de lo que diga el doctor Psihas. Pero yo te recomendaría que lleves ropa suficiente para toda la semana, porque estoy seguro de que permanecerás ahí hasta después de la luna llena.

 

Aquello era lo que Dumbledore tenía que decirle la tarde anterior, cuando lo fue a buscar a su oficina y en lugar de encontrarlo a él, encontró a la profesora Monaghan.

Constantine Rouvas le había informado que el famoso alquimista Yraclis Psihas había aceptado estudiar el caso de Remus y tratar de buscar una solución, por lo que ya había viajado a Escocia y solicitó ver a Remus en persona.

Ahora el joven profesor de DCAO se dirigía apresuradamente a su dormitorio, todavía tenía un par de horas disponibles antes de irse. Debía terminar de empacar su maleta y luego quería buscar a Hermione para avisarle que se ausentaría al menos una semana.

 

- "Eres un tonto"- le dijo la voz de su conciencia- "si siguieras el consejo de Sirius y le confesaras a Dumbledore la verdad sobre Malfoy, Hermione y tú, evitarías todas las complicaciones que te estás causando a ti y a los demás."

 

Era cierto y Remus lo sabía, pero una vez más su necedad se interponía entre él y su madurez.

 

- Ya es demasiado tarde- dijo y trató de alejar esos pensamientos de su mente. Notó que la puerta de su despacho estaba mal cerrada; él no la había dejado así- ¿qué demonios pasa?

 

Tomó su varita mágica y cautelosamente entró. Todo estaba en orden; eso fue lo que por unos segundos creyó.

-¡Expelliarmus!- la varita se le escapó de las manos y la puerta se cerró- ¡sorpresa! Cariño, ¿dónde te escondes? Todo el tiempo te ando buscando y nunca doy contigo.

 

Esa plagosa voz que tanto odiaba...

- Lo siento Rita, tengo cosas importantes que hacer- dijo bruscamente.

 

- Pero si hoy es sábado; para los judíos es un día sagrado de descanso- replicó la mujer acercándose a él.

 

- Pues yo no soy judío y te pido que me devuelvas mi varita- ordenó éste.

 

- Remus, relájate... estás muy tenso...

 

Ella lo miraba seductoramente y mientras continuaba acercándose, se quitó la túnica.

 

- Diablos, entiende que no tengo tiempo para ti, el profesor Dumbledore me está esperando en su oficina- dijo Remus retrocediendo hacia la puerta con intenciones de abrirla.

 

- Mentiroso. Él te espera hasta dentro de un par de horas...- los botones de su blusa ya estaban desabrochados. Remus estaba sumamente nervioso. No porque fuera a ceder ante tales provocaciones, sino porque ¿qué pasaría si Hermione aparecía en ese momento ahí y malentendía todo? O peor aún... ¿si Malfoy lo veía?

 

Definitivamente la idea de arrojar a Rita Monaghan al pasillo en ese momento no era en lo absoluto inteligente, puesto que estaba semidesnuda.

- "¡Piensa algo!"- se ordenó Remus.

 

- ¿Por qué te quedas callado, Remsy? Tranquilo, hay tiempo de sobra, nadie vendrá a buscarte ahora.

 

En una fracción de segundo, aquella mujer se quitó la blusa y se le aventó encima al licántropo, quien ni siquiera reaccionar pudo. Ella había tomado ventaja de ese descuido para besarlo en la boca Remus sintió un infinito asco y se reprendió por no haberse anticipado a la situación.

 

- ¡Basta! - gritó y empujó a la mujer con fuerza. Por poco cayó al suelo. Remus estiró la mano y su varita regresó a él- Esto es ridículo, Rita. Por favor vete de aquí ahora mismo.

 

Temblaba. Ése era uno de los peores incidentes que había tenido. Con todo su ser rogaba que nada de esto se publicara.

 

La profesora Monaghan comenzó a sollozar incontrolablemente mientras tomaba su ropa del suelo. Una vez que se la puso, Remus abrió la puerta y se aseguró de que no había nadie en el pasillo para dejar que la mujer saliera. ¿Por qué se le tenía que complicar todo?

Una vez que se tranquilizó, entró a su habitación. Lo primero que vio fue una chica sentada en el sillón frente a la chimenea. Al instante se puso pálido.

- ¿Qué ocurre?- le preguntó la joven.

 

- Ah... lo mismo te pregunto... ¿ha pasado algo?

 

- Sí; quería verte. Eso es lo que ha pasado- Hermione le sonrió y fue a abrazarlo- lamento haber irrumpido así pero no hallé antes la forma de avisarte que vendría sin que nadie se enterara.

 

Remus suspiró aliviado.

- Pero te encuentras bien, ¿cierto?- preguntó.

 

- Sí, todo en orden.

 

- Me alegra.

 

Aparentemente Hermione no tenía idea de lo que acababa de pasar al otro lado de la habitación, Remus había corrido con suerte.

 

- Veo que tienes una maleta a medio hacer- dijo ella rompiendo el silencio.

 

- Sí, de hecho regresé para acabar de alistarla; luego pensaba buscarte para contarte la última novedad.

 

Remus se sentó en la cama y cargó a la chica en sus piernas.

- ¿Y cuál es esa?- dijo ella ansiosa por saber el misterio.

 

- Albus me dijo ayer en la noche que un conocido alquimista que se dedica al estudio de hombres lobo se interesó por mi caso; ha venido desde Grecia porque quiere verme, por eso tengo que ir a casa del profesor Rouvas, en Edimburgo- explicó.

 

- ¡Eso es fantástico, cielo! Realmente espero que progresen con tu tratamiento- dijo Hermione ilusionada.

 

- Yo también, pequeña...

 

- Y... ¿cuánto tiempo te ausentarás de aquí?

 

- Lo más seguro es que me quede allá hasta después de la luna llena.

 

- Me encantaría poder ir contigo y cuidar de ti.

 

Ambos se sonrieron con un poco de tristeza. Hermione acariciaba con dulzura le rostro de Remus, cuya tierna mirada dorada estaba fija en la de ella.

A pesar de sus cicatrices, Hermione lo encontraba tan bello, irresistible, tan tranquilizante... estar a su lado le daba una gran sensación de seguridad. Lo besó. A Remus le fascinaba que ella hiciera eso.

 

- Estoy seguro que ningún alquimista o médico me cuidaría mejor que tú- le dijo al oído.

 

- Mmmh... Podrías llevarme de contrabando en tu maleta...

 

Remus rió ante tal ocurrencia. Luego la expresión de ella se tornó un poco seria. Con eso él intuyó lo que la chica le iría a decir.

- No le he dicho nada a Dumbledore- se adelantó él. Hermione suspiró.

 

- Por favor Remus... no vayas a hacer lo que Malfoy te pide... no quiero que te apartes de mi lado.

 

Él no dijo nada, pues el remordimiento regresó. Pero, ¿qué es lo que debía hacer? ¿Confesarle a Albus Dumbledore que mantenía un romance secreto con Hermione y pedirle ayuda para que Malfoy le regresara la cadena? O tal vez... convertir la mentira que le había dicho a Hermione la tarde anterior en una verdad: ofrecerle a Malfoy su renuncia a cambio de la cadena y su silencio.

 

¿Aceptaría él la propuesta? Muy en el fondo, su intuición le decía que debía intentarlo, puesto que si quería estar con Hermione, tenía que estar saludable.

- Encontraremos la mejor solución; pero por favor, mientras no esté, trata de no quedarte a solas con Malfoy. Y si te pide algo o trata de chantajearte, no hagas caso.

 

Hermione asintió y se dejaron caer en la cama.

- Te amo, Remus.

 

Él acarició los labios de su novia con la punta de sus dedos. Luego las deslizó hacia su cuello, su torso, su cintura... y detuvo su mano cuando llegó a la cadera de la chica.

- ¿Y no te importa que parezca un lobo?- le preguntó. Ella negó con la cabeza.

 

- No... De hecho lo encuentro atractivo- dijo sonriendo. Remus besó su frente.

 

- Yo también te amo y no sabes cuánta falta me harás.

 

 

 

**********

Ya sólo faltaban tres días para la luna llena. Desde el sábado en que Remus partió a Edimburgo, Hermione no había recibido noticias de él. Eso la traía con los nervios de punta: estaba sumamente distraída y era fácil que se alterara por cualquier cosa. El pretexto que usaba para justificar su actitud era el estrés que le causaba el saber que sólo faltaban tres meses para los ÉXTASIS.

 

En esos días había estado tratando de planear una estrategia para recuperar la cadena de Remus sin necesidad de que él tuviera que renunciar e irse de Hogwarts. Pero en realidad su preocupación iba mucho más allá de eso.

 

Ella sabía que él corría un gran peligro, aunque él no se lo hubiera dicho abiertamente. Estaba perfectamente consciente de que existía la posibilidad de que no sobreviviera a la luna llena...

 

Y para agregarle aún más tensión al asunto, a cada rato imágenes del rubio slytherin y ella aparecían en su cabeza; cosas que solamente había considerado que podrían llegar a pasar con Remus en algún momento. Cosas más allá de un simple beso...

 

- Dios mío, me estoy volviendo loca. Ni siquiera me le he acercado ni he hablado con él y ya estoy pensando en eso...

 

Y es que tales pensamientos invadían también sus sueños. El que había tenido el viernes anterior se volvió a repetir las noches siguientes, e incluso siguió avanzando, teniendo distintas variaciones.

 

 

 

***Antes de la cena fue a la lechucería para enviarle una carta a Remus y de paso aprovechó para buscar a Malfoy en los pasillos. Nada. Nadie lo había visto. Pero tenía que encontrarlo y de una buena vez acabar con el asunto.

Como no lo hallaba poc ninguna parte, decidió ir a esperar a las escaleras que guiaban a los dormitorios de Slytherin.

A esa hora todo el mundo se dirigía al Gran Comedor. Entre toda la gente que al pasar le lanzaba miradas despectivas, distinguió a Crabbe y a Goyle.

 

- ¡Hey! - gritó- ¿han visto a Malfoy?

 

- Ahora viene- contestó el gordo con su áspera voz y se retiró.

 

Cansada de esperar, decidió adentrarse en la mazmorra. Siguió un estrecho pasillo alumbrado por antorchas con flamas verdes y entonces se topó con una chica alta y fornida, de aspecto poco femenino.

 

- Vaya, vaya... dijo mirando a Hermione con sus diminutos ojos- parece que la leona se ha desviado de su camino. ¿Qué haces aquí, sangre sucia? ¡Deberías mostrar más respeto y quitarte los zapatos! ¡Estás pisando territorio sagrado!

Hermione metió la mano en el bolsillo de su túnica y agarró su varita. Le daba miedo estar sola frente a ese mastodonte.

- No veo cómo puede ser sagrado un lugar habitado por serpientes rastreras- dijo en tono desafiante. Millicent Bulstrode se le iba a acercar con intenciones de dañarla pero ella rápidamente la apuntó con la varita- no te atrevas a tocarme...

 

- Hey, ¿qué pasa aquí?- dijo una voz detrás de la slytherin- ah, Granger...

 

- Déjame darle una lección a esta atrevida, Malfoy- pidió Bulstrode señalando a Hermione. Draco posó sus fríos ojos sobre ella y negó con la cabeza.

 

- Nada de eso- dijo- eso no te corresponde a ti. Ahora lárgate, desaparece de mi vista.

 

Claramente se veía que Bulstrode tenía ganas de replicar pero se las tuvo que aguantar e irse. No se atrevía a desobedecer una orden de Malfoy. En cuanto se quedaron solos, preguntó:

- ¿Qué haces acá?

 

- Necesito hablar contigo- la voz de Hermione era un poco temblorosa.

 

- Pero si creí que no querías que me siguiera acercando a ti- dijo él con indiferencia.

 

- Malfoy, por favor escúchame.

 

- Está bien, está bien- dijo él con su acostumbrada arrogancia- te daré unos minutos de mi tiempo... pero ven, será mejor que lo hagamos en otro lado.

 

La jaló de la muñeca y la condujo por el lúgubre pasillo, haciéndola entrar por una desvencijada puertecilla de madera.  La oscura habitación se iluminó al instante, dejando ver lujosos sillones, una gran chimenea con flamas verdes, un bar y muchas mesas de juegos. El lugar era un auténtico casino clandestino.

 

- ¿Te gusta, Granger?- Hermione se quedó atónita- bien, tomaré tu silencio como un sí. Y...- se quitó la túnica y se fue a sentar en uno de los sillones- supongo que tienes algo importante que decirme, siendo que te atreviste a venir hasta acá.

 

Hermione permanecía de pie mirando al rubio. Las palabras se habían ido definitivamente de su boca. Para disimular el nerviosismo, se fue a sentar frente a Malfoy. Estaba totalmente rígida. Él la miraba con expectación.

 

- ¿Me vas a decir qué es lo que quieres?- preguntó con fastidio- ¿acaso te han comido la lengua los ratones?-  soltó una carcajada. De un instante al otro, ya se hallaba sentado junto a ella.

 

- "Vete de aquí ahora mismo"- decía el cerebro de Hermione pero ni sus piernas ni ninguna otra parte de su cuerpo se movían. Solamente pudo voltear a ver al apuesto slytherin que se le aproximaba.

 

- Tal vez necesites ayuda para que se te suelte la lengua- le dijo al oído- y yo con gusto te la puedo dar, me muero por saber qué es lo que tienes que decirme.

 

Hermione cerró los ojos y contuvo la respiración. Unos fríos labios tomaron los suyos y el fuerte cuerpo del joven la obligó a recostarse en el sillón.

 

- No- Hermione volteó la cara y trató de incorporarse- basta, déjame... ¡no!

 

- ¿No?- cuestionó él impidiéndole separarse- ¿estás segura de que no?

 

Hermione trataba desesperadamente de oponer resistencia, quiso golpearlo e interrumpir el beso, pero él era demasiado fuerte y no podía quitárselo de encima.

 

- A ver... sígueme diciendo que no, nena... - la retó con voz entrecortada- dime que no te gusto... dime que no te agradan mis besos... dime que amas al viejo hombre lobo.

 

- Malfoy...

 

La lengua del rubio tomó posesión de la suya y la acariciaba salvajemente.

 

- Malfoy...- volvió a decir Hermione tratando de empujarlo.

 

- ¿Lo amas, Hermione? ¿Estás segura de que lo amas?

 

No paraba de besarla y aún la seguía sujetando.

 

- Malfoy- volvió a decir ella entre jadeos- déjame...

 

- Primero dime que lo amas- insistió.

 

Hermione no pudo seguir tratando de resistirse. Es que no podía pensar en otra cosa que no fuera lo mucho que le agradaban esos besos prohibidos que le causaban escalofríos de placer. Desistió de sus intentos y en lugar de empujarlo, se aferró a él, quien sonrió con satisfacción y comenzó a deslizar su lengua por el cuello de la chica y le metió una mano por debajo de la blusa. Pronto las ropas comenzaron a estorbarles, de modo que se fueron deshaciendo de ellas.

 

Hermione sentía que su temperatura corporal subía, ese beso la estaba prendiendo, sabía que estaba mal pero no le importaba; esas ardientes sensaciones que las caricias de Malfoy le brindaban eran más fuertes que su propia conciencia. Cerró los ojos y decidió dejarse llevar. Después de todo... si no puedes con la corriente, únete a ella.

 

Entonces Malfoy hizo lo suyo. Ella sentía que enloquecía, no podía más, no paraba de repetir el nombre del rubio, no quería que por nada del mundo se detuviera... ***

 

 

 

- ¡¡¡TRANSFORMACIONES!!!

 

La voz de Lavender Brown le dio un susto de muerte. Rápidamente se incorporó y quiso levantarse de la cama pero los pies se le enredaron en la revoltura de mantas que tenía y casi cae al suelo.

- Hermione, la clase empieza en diez minutos, ¡apúrate! Tienes suerte de que haya venido a buscar un libro que olvidé, sino aquí te habrías quedado.

 

La castaña sólo alcanzó a decirle "gracias" a su compañera y se apresuró a ponerse al menos presentable para salir corriendo a la primera clase del día. Se había perdido del desayuno y su estómago se lo reclamaría a media clase.

 

El hambre y los remordimientos no la dejaron concentrarse. Ya sólo faltaban dos días para la luna llena y ahora se sentía completamente incapaz de hacer algo para recuperar la cadena de Remus.

 

Cuando se dirigía junto a Harry a la siguiente clase (Ron había aceptado ir a buscar algo de comer para ella), se encontró con Millicent Bulstrode en el camino. Instintivamente tomó el brazo de Harry.

 

La otra joven ni siquiera notó su presencia. Luego aparecieron Crabbe y Goyle escoltando a Malfoy. Harry comprendió que su amiga se sentía incómoda ante la presencia del otro, así que tenía preparada su varita. Pero el rubio ni siquiera volteó a mirarla, sino que siguió caminando con paso firme y mirando hacia el frente.

 

Una vez que todo pasó, ella se separó de su amigo para ir al tocador. Saliendo se topó con una persona que la estaba esperando. Se le heló la sangre.

- ¿No te gustaría que ese sueño se volviera realidad?- le preguntó. A ella le entró una oleada de pánico y se fue corriendo. Draco Malfoy se quedó ahí parado, viéndola alejarse y riendo con ganas.

"Poción Controladora de Sueños: Esta poción abre una conexión telepática entre dos personas, denominadas 'Comando' y 'Víctima'. El comando es quien prepara e ingiere dicha poción, a la que deberá agregársele cabellos de la víctima para hacer posible la comunicación de las mentes. Tras esto, el comando formulará imágenes en su mente, dando formas a un sueño, que tiene la posibilidad de convertirse en pesadilla. Así, para transmitirla a la mente de la víctima, se ingerirá la poción mientras ésta duerma y se pronunciará después de cinco minutos de haberlo hecho el conjuro "Oneiros". La magnitud del realismo del sueño transmitido dependerá de la cantidad de polvo de alas de hada que se le agregue."

Eso es lo que habían aprendido durante una clase de pociones y Malfoy ya había comprobado que era cierto.


 



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