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Amores Extraños » Entre la espada y la pared
Historia terminada Amores Extraños (R15)
Por Rowena
Escrita el Miércoles 2 de Agosto de 2006, 12:04
Actualizada el Jueves 30 de Julio de 2020, 01:03
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Entre la espada y la pared

Capítulos
  1. El poder de una sonrisa
  2. La poción desatadora
  3. Un beso robado
  4. En medio del bosque
  5. La serpiente no es como la pintan
  6. A veces los amigos llegan cuando no los necesitas
  7. ¿Le importará?
  8. Motivos para celebrar
  9. La magia del silencio
  10. Los celos no son buenos consejeros
  11. El veneno de la serpiente
  12. Orgullo
  13. El dolor de perderlo
  14. La solución está en tus manos
  15. La poción controladora de sueños (parte 1)
  16. Planes Maquiavélicos
  17. Amistad a prueba de chicas
  18. Alcanzando las estrellas
  19. La dama de Rojo
  20. Regalos de vida
  21. Un lobo extraordinario
  22. Los Linuitos
  23. Una propuesta indecorosa (Parte 1)
  24. Entre la espada y la pared
  25. La poción controladora de sueños (Parte 2)
  26. Una propuesta indecorosa (Parte 2)
  27. Aunque no me puedas ver
  28. No me olvides
  29. Abrazos que curan
  30. Dicen por ahí...
  31. Complicaciones
  32. Una propuesta indecorosa (Parte 3)
  33. Decepcionado
  34. Validus Promissum
  35. Ángeles sin alas
  36. Llegando al límite
  37. Crimen y castigo
  38. Sanando las heridas
  39. Veredicto final
  40. Momento de decidir
  41. Regresa a mi

Sus palabras resonaron por toda la habitación. "Quiero pasar una noche con Hermione".

 

Eso era demasiado. Al instante el rostro de Remus enrojeció de furia. Una ira profunda lo invadió y lo impulsó para levantarse de donde estaba, saltar sobre su escritorio y avalanzarse contra Malfoy. Con desmedida fuerza lo empujó hacia la pared. El rubio se llevó un fuerte golpe en la espalda, pero no le importó; estaba más ocupado disfrutando la salvaje reacción del licántropo; le había pegado donde más le dolía.

 

- Vaya, vaya... ¿por qué la violencia? - dijo haciendo una mueca a causa del dolor de su espalda. Remus se acercó a él y le soltó un puñetazo en el estómago. Sabía que las consecuencias de golpear a un alumno serían fatales pero no le importaba. La furia lo cegaba. Se alejó lo más que pudo de Malfoy porque quería matarlo en ese momento.

 

- Escuche- dijo Malfoy en voz apenas audible ya que Remus lo había dejado sin aire- no es tan malo como parece. Cálmese y reconsidérelo. Hermione no tiene por qué saber nada de esto, será un secreto entre usted y yo. Yo me encargaré de seducirla; si ella acepta entregarse voluntariamente a mí por una noche, yo a la mañana siguiente le devolveré la cadena. Pero si ella no cae en mi juego, usted saldrá perdiendo. A Hermione la dejaré en paz si me rechaza, lo juro, pero en ese caso usted no tendrá la cadena.

 

Remus no podía creer que el descaro del muchacho llegara a tanto. Temblaba descontroladamente, quería agarrarlo y golpearlo hasta matarlo. Un fuerte viento comenzó a soplar en la habitación a pesar de que la puerta y las ventanas estaban cerradas. Había algo en él que le daba un aspecto animal; ya no era solamente la mirada dorada, sino que sus facciones comenzaban a verse un poco más toscas. Las emociones que traía dentro eran las causantes de eso.

 

Malfoy comenzó a asustarse pero no estaba dispuesto a tirar la toalla antes de tiempo, así que siguió:

 

- Aunque si en verdad a usted le urge recuperar lo que perdió, podría facilitarnos las cosas a ambos. Puede persuadir a Hermione para que se acueste conmigo, así yo no tengo que romperme la cabeza tratando de seducirla y usted recupera su pequeño tesoro. ¿Qué le parece?

 

- ¡NI LO SUEÑES, INFELIZ!- gritó Remus. Se acercó al rubio, quien seguía recargado a la pared y lo jaló por el cuello de la camisa- no te atrevas a meterte con Hermione porque te juro que si la tocas, yo mismo te mataré.

 

Eso último lo dijo en un susurro cargado de ira y tiró al chico al suelo.

 

- Está bien, no hay por qué enojarse- dijo éste- yo solamente le hice una oferta. Usted dirá si la acepta o no.

 

- ¡¡POR SUPUESTO QUE NO LA ACEPTO!! Hablo en serio, Malfoy; no te atrevas a provocarme porque te va a ir muy mal. Si me entero de que le hiciste algo a Hermione, te vas a arrepentir de haber nacido - Lo apuntó con su varita mágica- ahora lárgate de aquí.

 

Malfoy se encogió de hombros y con un gesto de indiferencia se levantó. Antes de salir, volteó a ver al profesor y dijo:

 

- Está bien... entonces dé por hecho que esa cadena ya está perdida. Ahora mismo la echaré por el retrete.

 

Y se fue. En cuanto el chico desapareció, Remus volvió a soltar un fuerte grito de enojo y volcó su escritorio.

 

 

 

**********

Por su parte ahora Draco corría por los pasillos lo más rápido que podía, debía alejarse lo antes posible del lugar donde acababa de estar. Una vez que se detuvo, las piernas le temblaban. De hecho todo él temblaba y lo peor del caso es que era por miedo. no obstante, se felicitó por haber logrado mantener la compostura cuando estuvo con Lupin.

 

- "Cielos, creí que ese lobo loco me iba a matar".

 

Escuchó pasos que se aproximaban a él. Era la profesora McGonagall, quien al ver al joven tan alterado, se detuvo.

 

- ¿Todo bien, señor Malfoy?

 

- Sí señora. Todo bien.- contestó con cierto dejo de arrogancia y se retiró. Decidió ir a tomar un descanso al baño de los prefectos, así al menos podría relajarse y pensar en su siguiente jugada.

 

 

 

**********

Remus Lupin salió de su oficina y como alma que lleva el diablo se dirigió hacia la salida del castillo. Iba al Bosque Prohibido. De alguna forma tenía que sacar la furia que llevaba dentro. Estando así no podría acercársele ni a Hermione ni a nadie.

 

Tenía que decirle, tenía que prevenirla acerca de las intenciones de Malfoy. Ese desgraciado ya había dado en el clavo y sabía cómo chantajearlo. Ahora tenía miedo por su novia, no soportaría la idea de que alguien le pusiera una mano encima.

 

- Primero muerto antes que permitir que ese maldito la toque.

 

Vaya problema en el que se acababa de meter. En el fondo sí sentía miedo por lo que podría pasarle si Malfoy hacía público lo que acababa de ocurrir. Ya se imaginaba el escándalo que se armaría: un profesor golpea a un alumno y lo amenaza de muerte a causa de una disputa por el corazón de una joven estudiante...

 

Tenía que hayar una forma de silenciarlo.

 

 

 

**********

El agua caliente de la piscina del baño de los prefectos logró calmarlo. Una carcajada salió de sus labios.

 

- Vaya... - se dijo a sí mismo- realmente hay que felicitarme. Hice un excelente trabajo, lo volví loco de rabia, lo he chantajeado y ahora lo tengo en mis manos; él no aceptó mi propuesta pero paciencia... eso fue lo que dijo él. Hay que ver si Hermione piensa lo mismo... si es cierto que ella ama a ese malnacido, habrá que ver qué tan lejos está dispuesta a llegar por él y por ese amor que supuestamente le tiene. De cualquier forma ella será mía. Da igual si me ama a mí o a él.

 

Una cosa sí tenía muy clara: ésta guerra era exclusivamente entre él y el hombre lobo. Había decidido que no metería a nadie más para lograr su objetivo. Ni siquiera a Snape aunque sabía que éste en dos patadas podría hacer trizas a su enemigo.

No. Draco era demasiado orgulloso como para aceptar compartir los créditos de tal hazaña con alguien más. Él ganaría esa guerra y lo haría solo, sin la ayuda de nadie.

 

 

 

 

*                                *                              *

Al despertar y mirarse en el espejo sintió un gran vacío por dentro. Sus ojos seguían con ese destello dorado que habían adquirido desde hace un par de días, una gruesa barba le cubría ya las mejillas, sus cejas estaban un poco más pobladas. Mechones blancos se mezclaban con sus cabellos castaño claro y sus orejas estaban cubiertas por unos finos pelos... además el vello de su pecho, brazos y piernas estaba más grueso. No era la primera vez que le pasaba; desde que se había sometido al tratamiento para sobrellevar su licantropía, había experimentado cambios de este tipo, a veces se hacían presentes poco antes de la luna llena. Eran esporádicos, a veces desaparecían después de unas cuantas horas o minutos. Pero esta vez sus emociones habían tenido bastante que ver. Tanto así, que incluso después de haber dormido seguía viéndose así; con un toque animal.

 

Los terrenos del castillo amanecieron cubiertos por una gruesa capa de nieve que había caído durante la noche, por lo cual es profesor Dumbledore le pidió que cancelara la visita al bosque que tenía planeada con los alumnos de séptimo grado.

 

- La seguridad de los alumnos es importante; ya sabes que cuando cae mucha nieve los Rismacolin salen de sus madrigueras y si se llegan a meter al área donde vas a trabajar con los chicos y ellos no los ven, podrían salir lastimados- le había dicho el anciano durante el desayuno- mejor empieza a estudiar con ellos el siguiente tema. Son los Patronus, ¿no?

 

Remus asintió pero no dijo nada. En ese momento su clase de DCAO no era precisamente lo que tenía en mente. Al notar su semblante de preocupación y el cambio en sus facciones, Dumbledore preguntó:

 

- ¿Qué te ocurre?

 

Remus soltó un cansado suspiro. Lo ocurrido con Malfoy la tarde anterior lo mantenía con el alma en un hilo. Aún no lo había comentado con nadie y sabía que la persona menos indicada para tratar el punto era Dumbledore. Pero tampoco podía mentirle. Simplemente no tenía idea de qué hacer.

- Sigo muy preocupado por mi cadena... -le dijo sabiendo que no le estaba mintiendo del todo. Dumbledore suspiró.

 

- ¿Y cómo te has sentido?- quiso saber.

 

- Pues... tan sólo mírame... me he tomado las vitaminas que me diste y tan mal no me siento, Pero ya te imaginarás cómo estoy por dentro.

 

El anciano le dio unas palmadas en la espalda.

 

- Ánimo- le dijo en tono paternal- ya veremos cómo salimos de ésta. Además, ese cambio en tu aspecto te hace ver más sexy; seguramente tus alumnas te pondrán más atención que de costumbre.

 

Remus rio ante la broma del anciano pero se le humedecieron los ojos. Se sentía miserable por no poder contarle a Dumbledore que ya sabía quién tenía la cadena hechizada y que no podía recuperarla. Realmente traía el ánimo por los suelos.

 

De todos sus alumnos, con los únicos que tendría que cancelar su clase era con los Ravenclaws y los Gryffindors de séptimo por lo del bosque. Ese día no tenía que ver a los de Slytherin. Estando como estaba no tenía ganas de verlos y tampoco tenía ganas de tratar un tema tan complicado como los Patronus con los otros alumnos.

 

Fue a su habitación y tomó de un frasco unos polvos color carmín que arrojó a la chimenea.

- Grimmauld Place- dijo y metió la cabeza en las llamas. Una desagradable sensación recorrió su cuerpo y pronto ante su vista apareció la cocina de la casa de Sirius. - ¡Hey! ¡Canuto! ¿Estás ahí? - no hubo respuesta- ¡Oye! ¡Sirius! ¡Necesito hablar contigo!

 

Entonces se escucharon unos pasos apresurados en las escaleras.

- ¡Voy! ¡Espera!

 

- Creí que no estabas- dijo Remus cuando su amigo llegó.

 

- Lo siento, estaba arriba y no escuché que habías llegado... - el animago se detuvo al ver el cambio de su amigo; prefirió seguir hablando y no hacer ningún comentario al respecto-Estaba preparando mi currículum: lo voy a entregar mañana en el Departamento De Planeación Mágica.

 

- Vaya, ésas son buenas noticias.

 

- Sí, tal vez me hagan una entrevista...

 

- Me alegro por ti, Canuto. Espero que te den el empleo.

 

- Y bueno... ¿qué te trae por acá?

 

Remus bufó.

- Ya encontré mi cadena.

 

Sirius lo miró sin entender.

- ¿Entonces por qué tienes esa cara? Es decir... no te ves contento- corrigió rápidamente.

 

- Porque no la puedo tener.

 

- ¿Qué quieres decir?

 

- Sé quién la tiene, pero no la puedo recuperar.

 

- Diablos, Remus, ¿quieres explicar qué pasa?

 

- Malfoy la tiene.

 

La cara de incredulidad que el animago puso fue indescriptible. Remus lo notó, así que sugirió que se vieran en Las Tres Escobas para terminarle de contar todo. Después de todo, tenía un par de horas libres.

 

 

 

**********

- Y bien... ¿qué piensas hacer?- le preguntó Sirius una vez que le contó los detalles de lo sucedido la tarde anterior.

 

- ¿Cómo que qué pienso hacer? ¿Cómo te atreves a preguntarlo? - soltó Remus totalmente indignado.

 

- No me refiero a la propuesta de Malfoy, no seas tonto. Lo que traté de preguntarte es que si tienes ya un plan para recuperar esa cadena y si piensas hablarle a Hermione sobre esto- explicó Sirius.

 

- Oh... bueno pues... no... lo que más me importa en este momento es Hermione. Tengo que alejar a ese estúpido de ella, no puedo permitir que le haga algo... que la engañe o... tú sabes...

 

- Hey amigo, por favor trata de no ponerte histérico y recuerda una cosa; Hermione es demasiado inteligente como para caer en un juego así. Además te ama. ¿Tú crees que ella cedería ante las provocaciones de Malfoy?

 

- Ahora tú piensa esto: mi pellejo está en manos de él. En cualquier momento puede delatarme frente a quien le dé la gana porque sabe lo mío con Hermione; tal vez no tenga pruebas pero no le harían falta. Además lo he golpeado.

 

- Cielos... tu caso en verdad es grave. Aunque por un lado, aquí hay algo que tal vez te tranquilice un poco; la palabra de Malfoy. Es un arma de dos filos, pero observa esto: si te juró que no forzaría a Hermione a nada, es porque lo cumplirá.

 

Remus soltó una irónica carcajada.

- ¡No seas ridículo! No entiendo cómo puedes ser tan ingenuo y creer eso.

 

- Oye: aunque no me guste, ese tipo es de mi familia y como tal, te puedo asegurar que es un hombre de palabra. Tanto para bien como para mal. En caso de conseguir lo que quiere con Hermione, te devolverá la cadena. Pero si ella no acepta, no tratará de abusar de ella o algo así... pero también sería un hecho que no te la devolverá...

 

- No sigas Canuto. - dijo Remus con un tono severo. El panorama no era en lo absoluto positivo. Parecía ser que la única solución era aceptar aquella "propuesta indecorosa".

 

Los dos amigos se quedaron un largo rato en silencio. Por lo menos el té tranquilizante que Madame Rosmerta le había servido a Remus logró relajar sus ansias. Sirius tomaba una taza de café con kahlúa y miraba la nevada que caía fuera del lugar.

 

- Tienes que decírselo a Albus - dijo.

 

- Imposible- contestó automáticamente Remus.

 

- No seas tonto- insistió el animago- no puedes hacerle esto. Él más que nadie debe saber la verdad; él ha arriesgado mucho por ti desde siempre y no merece que le ocultes las cosas.

 

- Precisamente debido a todo lo que él ha hecho por mí, no puedo llegar y decirle: "¿qué crees Albus? Malfoy tiene mi cadena pero no me la devolverá hasta que Hermione, quien por cierto es mi novia, se acueste con él". ¡Es una locura!

 

- No, locura es más bien que andes a escondidas con una alumna.

 

- ¿Entonces debería hacer público lo nuestro?- soltó Remus a la defensiva. Sirius bufó.

 

- Date cuenta, Lunático: estás poniendo mucho en riesgo por esa chica; tu nombre, tu empleo en Hogwarts y sobre todo, tu salud, tu vida...

 

Remus lo miró si fuera un bicho raro.

- ¿Insinúas que estar con Hermione es un error? ¡Si tú mismo me ayudaste a hacerla mi novia! Es más, tú fuiste quien acabó por metérmela más en la cabeza. ¿A caso ahora te arrepientes? ¿Pretendes que me eche para atrás y la deje? ¿Dices que ella es un peligro para mí?

 

- No, no y no- dijo Sirius alzando la voz un poco- yo no estoy diciendo eso, no es mi intención hacer que Hermione parezca la culpable de todo. Es cierto que yo te incité para que te dieras cuenta de que la amas y créeme que me alegra que hayan funcionado las cosas entre ustedes, pero trata de ser racional. Tu situación es realmente complicada, Malfoy está usando a Hermione para tenerte entre la espada y la pared. Si no le das lo que quiere, aparte de no devolverte la cadena, sería capaz de decirle a Albus sobre tu relación con ella. O a Snape y eso sería aún peor. Yo creo que lo que deberías hacer es poner al tanto a Albus sobre esto para no tener después desagradables sorpresas.

 

- Albus me matará, estoy seguro de que me despedirá.

 

- Por supuesto que se molestará. No es muy apropiado que digamos el hecho de que un profesor tenga un romance con una estudiante pero debes ser honesto con él. Si sabe sobre lo tuyo, podrá intervenir sin ningún problema para que Malfoy te devuelva la cadena puesto que ya estaría prevenido sobre lo que Malfoy diría para tratar de desacreditarte- al notar temor en el rostro de su amigo, Sirius agregó:- todo esto es por tu bien. Las cosas se han salido de control (acepto la parte de culpa que me corresponde) pero tu salud está en riesgo. Yo sé que no es fácil pero debes hacer lo que te digo. Por un momento haz de lado tu amor por Hermione.

 

- Es que no quiero perderla.

 

- No la perderás pero debes actuar maduramente, como el hombre que eres; no permitas que el estar con una chica mucho más joven que tú nuble el buen juicio que siempre has tenido.

 

Sirius tenía toda la razón y Remus lo sabía, se estaba comportando de manera inmadura, estaba permitiendo que Malfoy lo manipulara y estaba arriesgando hasta su vida pues algo terrible podría ocurrirle durante la siguiente luna llena.

 

- Tengo miedo, Canuto. No quiero defraudar a Albus y mucho menos a Hermione.

 

- ¿Por qué lo dices? Hermione lo comprenderá. Tú le importas demasiado y estoy seguro de que cuando se entere de la gravedad de las cosas, te apoyará para que hables con Albus. También me atrevo a decir que estará dispuesta a aceptar las consecuencias con tal de que nada malo te pase. Amigo, no sé por qué, pero presiento que tú desconfías de ella.

 

- No es eso, Canuto. Bueno, en cierta forma sí, sí desconfío de ella.

 

- Lunático, es lo más estúpido que he escuchado. No conocía esa parte de ti; sé que eres un poco celoso pero nunca antes habías desconfiado de alguna de tus novias.

 

- No sé cómo explicarlo... ella no es el problema, sino yo.

 

- Oh, vamos, no hables así.

 

- Estoy muy confundido.

 

- Pues... yo ya te he sugerido una solución a todo esto: hablar con Dumbledore y luego recuperar tu cadena. Tú debes decidir si me haces caso o no.

 

Muy en el fondo del corazón del joven licántropo estaba albergada la razón por la cual él desconfiaba de Hermione: temía que ella, con tal de ayudarlo a recuperar la cadena, fuera capaz de... ponerse en manos de Malfoy.

 

 

 

 

 

**********

Al sonar la campana, ella fue la primera en apresurarse a recoger sus cosas y salir de ahí. Esas dos horas de Aritmancia casi la vuelven loca.

- "Sólo dos horas más de pociones y comenzará el fin de semana"- se dijo a sí misma para animarse. Estaba ansiosa por salir corriendo a la oficina de Remus y estar con él. Sumida en sus pensamientos, caminaba en dirección a las mazmorras.

 

- ¿Me permites ayudarte con tus libros?

 

Esa voz la llamó. El rubio slytherin la alcazó y tomó los libros que ella llevaba en la mano. Ella sólo se limitó a esbozar una pequeña sonrisa, pensó que no era correcto ser descortés con él.

 

- Y bien- dijo Draco tratando de comenzar la conversación- ¿qué harás hoy en la tarde?

 

- Nada en especial- contestó Hermione sin mirarlo- quiero descansar. Esta semana estuvo pesada.

 

- Sí, a nosotros tampoco nos fue muy bien, ustedes gryffindors no son los únicos a los que los cargan con demasiadas tareas. Si quieres relajarte, te vendría bien ir un rato al baño de los prefectos. Ahí está tranquilo y nadie te molesta.

 

- Bien... lo tomaré en cuenta- dijo Hermione tratando de sonar indiferente. No le gustó el tono en que Draco le había dicho esto último.

 

- Oye Hermione- Draco la tomó del brazo e hizo que se detuviera- no me gusta andarme con rodeos así que te lo diré de una vez: ¿te gustaría salir conmigo?

 

- ¿Qué?- fue lo único que logró decir. No pensó que Draco fuera capaz de insistir sobre el tema.

 

- Sí, ¿te gustaría que saliéramos mañana en la tarde?- él la miraba directamente a los ojos y le sonreía- vamos, ¿qué opinas?

 

- Draco, yo... - ella sabía perfectamente que no podía ni debería aceptar aquella invitación, el problema era que no hallaba la forma de negarse sin tener que dar explicaciones. Por más que lo pensaba, no se le ocurría cómo hacerlo por las buenas, así que decidió de una vez por todas y quitarse a Draco de encima:- voy a ser sincera contigo: no acepto tu invitación.

 

El semblante de Draco se tornó duro al instante.

- ¿Por qué?

 

- Porque no puedo corresponder tus sentimientos; y no sería justo que estés con alguien que no te quiere de verdad, como lo mereces. Lamento decírtelo de esta forma pero quiero que las cosas queden claras.

 

- Yo sólo te pido una oportunidad para que me conozcas. Por favor: sal conmigo mañana en la tarde y déjame tratar de conquistarte.

 

El joven tomó su mano y la miró suplicante. Cualquier otra chica se habría derretido ante esa mirada, pero Hermione no. Se soltó de él y dijo con voz temblorosa:

- No Draco. Por favor no insistas más. - tomó sus libros y se alejó rápidamente. Draco no se molestó en seguirla.

- "Muy bien, Hermione... traté de convencerte por las buenas y no accediste. Ahora me conocerás por las malas."

 

 

 

**********

Remus observaba a sus alumnos hacer los ejercicios del libro que les había dejado. Había estado tan inquieto que no se sintió capaz de ponerse a explicar una clase, de modo que prefirió ponerlos a trabajar por su cuenta. Mientras ellos lo hacían, él ya había pensado mejor las cosas y había tomado una decisión.

 

Ya en la tarde, cuando todos disfrutaban del comienzo del fin de semana, Harry, Ron y Hermione estaban en la sala común. De pronto llegaron Seamus Finnigan y Dean Thomas a invitarlos a salir a jugar con la nieve en los terrenos, lo cual a Harry y Ron les pareció una buena idea, pero en cambio Hermione, poniendo de pretexto el frío y el cansancio, dijo que prefería permanecer adentro.

 

En cuanto sus amigos se fueron, ella se dirigió a toda prisa al despacho de Remus. Poco antes de llegar ahí, se topó con él. Obviamente percibió el cambio en el licántropo. Pero lejos de asustarla, le hizo sentir un revoloteo en el estómago.

- Te estaba buscando- le dijo el hombre en voz baja. Tras asegurarse de que nadie los veía, se fueron para poder estar a solas.

 

Remus cerró la puerta de su oficina con un hechizo y al instante Hermione saltó a sus brazos.

 

- Me hacía falta verte- le dijo. Por un momento Remus dejó de lado sus preocupaciones y besó sus labios con dulzura. Luego la tomó de la mano y del estante con libros que había detrás de su escritorio, jaló un pesado volumen azul y al instante el mueble se hizo a un lado, dejándolos pasar al dormitorio de Remus- no sabía que duermes aquí. Se ve acogedor.

 

Hermionse se fue a sentar al sillón que había frente a la chimenea del pequeño apartamento.

 

- ¿Quieres una taza de chocolate?- preguntó Remus.

 

- Sí, me vendría bien.

 

El hombre se tomó unos minutos para preparar las bebidas.

- Ven acá- le pidió Hermione haciendo un ademán para que él se sentara junto a ella- necesito un abrazo.

 

- Por supuesto, preciosa; te daré todos los que quieras.

 

El delgado cuerpo de la chica se acurrucó en él.

- Siento que voy a volverme loca- dijo.

 

- ¿Por qué? ¿Ocurre algo?

 

- Todo se reduce a una palabra: aritmancia. Hoy empezamos a tratar un nuevo tema y no entiendo nada; sólo son números y números y más números, fórmulas complicadas y cosas por el estilo. Fue horrible. Y lo peor del caso es que éste será uno de los principales temas en los ÉXTASIS.

 

- Lo sé. Cuando estaba en tercer grado tomé esa materia pero al siguiente año renuncié, nunca fue mi fuerte.

 

- A mí sí me gusta y se me da bien, pero he olvidado muchas cosas que ahora necesito saber.

 

- No te angusties, Herm... ya verás que lo lograrás.

 

Hermione sonrió. Remus la estrechaba y le acariciaba el cabello.

 

- Oye... ¿tú eres feliz conmigo?- preguntó con timidez.

 

- No entiendo por qué lo preguntas...- dijo Hermione confundida- por supuesto que soy feliz contigo. Es más, creo que hoy te ves más sexy que de costumbre...

 

Esto último se lo dijo al oído. Por alguna razón Remus se sentía ahora más inseguro. No quería hablarle a Hermione sobre aquello que tanto lo angustiaba.

 

- "Eres un tonto"- se dijo- "ella es en quien más puedes confiar, te lo está demostrando."

 

Cuando por fin él se había decidido a hablar, ella lo calló con un beso, profundo y apasionado que ni siquiera se esperaba recibir.

- Me encantas, Remus- le dijo en un susurro- a tu lado me siento la mujer más feliz del mundo, que no te queden dudas sobre eso...

 

Hermione pasó sus piernas a cada lado de la cintura de Remus mientras sus lenguas continuaban acariciándose. Ella no pudo resistir la tentación de acariciar esa rasposa barba y juguetear con su cabello. Era la primera vez que se besaban de esa forma y a Hermione le encantaba sentir esa punzada de excitación al ser correspondida por Remus, quien comenzó a acariciar sus piernas. Luego separó sus labios de los de ella y comenzó un recorrido de besos por sus mejillas hasta ir bajando poco a poco hasta llegar al cuello.

 

 

 

 

**********

Mientras tanto, Rita Monaghan había entrado a la oficina del licántropo con intenciones de esperarlo hasta que llegara. No tenía idea de dónde se había metido, pero esperaba que pronto se apareciera ahí.

- Ya es hora de dar el siguiente paso... si no me pide que salga con él, lo haré yo.

 

Dejó la puerta entre abierta, se sentó detrás del escritorio, subió los pies a éste y desabrochó parte de su túnica.

 

 

 

**********

El beso se fue calmando y Remus y Hermione se miraron a los ojos. Entonces ella recordó la charla que había tenido con Draco Malfoy horas antes. En un principio había pensado contarle a Remus sobre las intenciones del rubio pero ahora prefería no hacerlo. Confiaba en que ya le había dejado claro que no quería nada con él y además no quería que Remus tuviera una preocupación más a causa suya. Pero estaba a punto de descubrir que estaba equivocada.

 

- Linda... - Remus finalmente decidió comenzar aquella charla que deseaba no tener que tocar- debo decirte una cosa: sé dónde está mi cadena de plata.

 

Hermione esbozó una gran sonrisa.

- ¡Esas son excelentes noticias!

 

Remus rió amargamente.

- ¿Son buenas noticias el hecho de que Malfoy la tenga?

 

Ella lo miró confundida.

- ¿Podrías explicarme qué pasa?

 

Remus tomó la mano de Hermione y depositó un beso en ella.

- Malfoy estuvo aquí ayer en la tarde...

Y le contó cómo es que había visto la cadena colgando del cuello del slytherin cuando tuvo clase con él y lo que él había dicho acerca de cómo la había hallado.

 

- ¿Y no se la pudiste quitar?- preguntó Hermione- ¿has hablado ya con Dumbledore? Él debe saberlo, estoy segura de que puede hacer algo.

 

Remus negó con la cabeza.

- No te he dicho aún la peor parte.

 

- ¿Todavía hay algo peor?

 

- Malfoy sabe sobre nosotros.

 

- ¿Sobre... nosotros? ¿Sabe que tú y yo...?- balbuceó Hermione- ¿desde cuándo?

 

- Pues... hace un par de semanas lo empezó a intuir. ¿Recuerdas aquella vez que nos encontraste a él y a mí en mi oficina?

 

 

 

 

********* Flash Back *********

Dio un sorbo a su taza de café y se hundió en su sillón. Pasó los dedos por las ojeras que se le habían formado: no pudo pegar un ojo en toda la noche.

 

La última vez que la vio fue el día anterior y en circunstancias no muy favorables; ahora se preguntaba si ella no estaría molesta con él por la forma en que le había contestado.

- ¿Por qué no puedo dejar de pensar en ti?- se dijo en voz baja. De pronto alzó la vista y vio frente a él a un muchacho de cabello rubio y piel blanca que lo miraba fríamente con esos ojos grises que tanto gustaban a las chicas.

 

El chico negó con la cabeza y dijo:

 

- Las personas como usted dan lástima- Remus Lupin durificó su rostro dulce y con voz gruesa dijo:

 

- 20 puntos menos a Slytherin por insultar a un profesor.

 

- No lo estoy insultando - continuó Draco sin pizca de miedo, desafiante - digo la verdad... ¡anda detrás de una niña!

 

Draco Malfoy escupió las palabras con veneno y Remus sintió cómo su temperatura corporal subía a causa de la rabia que lo invadía. Se levantó de su escritorio y encaró al rubio.

 

- ¿Y eso a tí qué te importa Malfoy?- dijo con dureza y sin apenas razonar lo que decía- Hermione no es ninguna niña.

 

Malfoy lanzó una risa fría y cargada de victoria; el licántropo había mordido el anzuelo.

 

- A mi sí me importa - dijo tomando seriedad de repente - yo sé mi puesto y es hora de que usted conozca el suyo; además ya está bastante viejo como para andar en eso.

 

Remus apretó los puños conteniendo las ganas de darle un puñetazo a Malfoy en la cara. Draco sonrió maliciosamente al ver la expresión de Lupin.

 

- Tengo la seriedad y la madurez que a ti te faltan Malfoy - dijo Remus fingiendo tranquilidad, volviendo a su sitio.

 

Malfoy frunció el ceño y se acercó un poco al escritorio. Lupin lo miraba expectante.

 

- Usted sólo es un sucio licántropo... Hermione está cegada, y usted es un aprovechado.

 

- Tenga más cuidado con lo que dice, señor Malfoy... - amenazó el profesor.

 

- ¿Y si no, qué?- desafió el rubio - usted no puede hacerme nada a mi.

 

Remus se volvió a levantar y miró a Draco peligrosamente.

- Se equivoca señor Malfoy... es su palabra contra la mía, y créame, el director sabrá en quién confiar - Remus sonrió levemente - yo no he hecho nada malo si cree que de eso se podrá aprovechar...

 

- ¿Ah no? ¿Y qué le dice el cortejar a una de sus alumnas...?

- No hay ninguna ley que diga que un profesor no pueda enamorarse de una de sus alumnas... mucho menos cortejarla fuera del colegio, y créame señor Malfoy he buscado esa ley muchas veces.

 

- Pero créame que todos los padres estarán escandalizados cuando sepan que un sucio licántropo trata de tener algo con una chiquilla - dijo haciendo una mueca de asco- y si el asunto llega a oídos del ministerio... ¡Imagínese lo que podría sucederle! Sería peor que ser un hombre lobo- agregó.

 

- ¿Acaso trata de intimidarme, señor Malfoy?- dijo Remus tratando de no sonar alterado.

 

- No- dijo Draco con fingida prudencia- a lo que quiero llegar, es que le estoy advirtiendo que no le conviene tenerme como enemigo; Hermione es mía, y nadie, sobre todo un maldito licántropo sin futuro me la va a quitar.

 

- Pues no estés tan seguro de eso- dijo Remus alzando la voz- te costará trabajo.

 

- ¿Me está retando?

 

- Al contrario señor Malfoy, yo valoro a Hermione por lo que es y no creo que sea ninguna cosa... y si usted ha de ganarse su afecto, pues lo aceptaré... aunque dudo mucho que lo logre - lo último lo susurró.

 

Draco alcanzó a escuchar esto último y dijo:

 

- Pues ya lo veremos. Me muero de ganas de verlo retorcerse del coraje cuando nos vea besándonos y abrazándonos por todo el castillo, y peor aún, cuando escuche salir de sus labios palabras de amor dirigidas a mí.

 

Remus frunció el ceño una vez más y volvió a tomar asiento. Luego disimulando el coraje sonrió con hipocresía a Malfoy.

 

- Ahora si no tiene nada más que decirme, señor Malfoy... le agradecería que... - pero Remus no pudo terminar ya que por la puerta había entrado una Hermione bastante roja y muy despeinada.

 

- Remus, necesito preguntarte algo de... Oh, hola Draco.

 

Los dos hombres de la habitación se miraron desafiantes y miraron a la chica.

 

- Entonces creo que le voy a tener que pedir, señor Malfoy, que se marche- dijo Remus mirándolo burlonamente. Malfoy miró asesinamente al profesor y sin decir nada se marchó.

 

Hermione miró confundida a Draco salir del aula, algo no estaba bien.

 

- ¿Sucedió algo? - preguntó interesada.

 

Remus negó con la cabeza rápidamente.

 

- No, no pasó nada- mintió- ¿qué era lo que me querías preguntar?

 

- Oh, bueno - Hermione tomó aire como si estuviese fatigada -los chicos de séptimo me están preguntando si por fin para el jueves vamos a tener que entregar los 4 pergaminos de los vampiros...

 

**********  Fin Flash Back **********

 

 

- Ese día sus sospechas quedaron confirmadas.

 

- Es por eso que no para de rondarme- dijo Hermione más para sí que para el hombre que estaba a su lado, quien había logrado escucharla.

 

- Me temo que tienes razón. Incluso sabe que tú y yo abandonamos el castillo el día del baile aunque no tiene pruebas de nada.

 

- Maldito... - dijo Hermione sintiendo una gran aberración hacia Malfoy- y todavía ese cínico se atrevió a pedirme que saliera con él mañana.

 

Hubo un estallido en la chimenea que la sobresaltó. Remus no le dio importancia, sabía que eso fue causado por la ráfaga de furia que recorrió su cuerpo por un instante.

 

 

 

**********

Rita Monaghan alcanzó a oír el estallido.

- ¿Qué fue eso?

 

Miró su reloj. Ya llevaba poco más de una hora ahí sentada, incluso se había quitado los zapatos y la túnica.

 

- ¿Por qué tardas tanto en llegar? - dijo con impaciencia. Entonces escuchó pasos provenientes del corredor que se acercaban más y más.

 

- "¡Ahí viene!"- pensó con gran emoción- "¡por fin!"

 

Los pasos se detuvieron junto a la puerta. Ésta comenzó a abrirse. El corazón de Rita Monaghan latía con gran fuerza. La puerta se abrió más.

 

- Te estaba esperando, cariño... ¿por qué tardaste tanto en llegar?- dijo con voz seductora. Al instante deseó no haber hablado. Una infinita vergüenza la invadió, quería que la tierra se la tragara, ¿por qué todo le salía siempre mal? Su cara estaba totalmente roja.

 

El profesor Dumbledore la miró perplejo. Estaba parado en la entrada de la oficina. Eran de él los pasos que se habían escuchado.

- Vaya... es muy amable de tu parte... pero es con Remus con quien quiero hablar- dijo el anciano.

 

La profesora Monaghan al instante bajó los pies del escritorio y se puso la túnica, tomó sus zapatos y salió corriendo. Era lo más embarazoso que le había pasado en la vida, ni siquiera tuvo el valor para disculparse. Sólo quería desaparecer.

Dumbledore rió por lo bajo, pero a la vez no pudo evitar sentir cierto desagrado hacia la mujer que se acababa de ir. Le pareció un tanto grotesca la forma en que ella pensaba insinuársele a Remus. Sabía que ella se moría por él, pero "hay que tener dignidad", pensó.

 

Al ver que el joven no se encontraba ahí, decidió dejarle una nota pidiéndole que lo fuera a ver. Tenía algo que decirle.

 

 

 

**********

- ¿Te pidió que salieras con él?- repitió Remus.

 

- Sí... pero espero que le haya quedado claro que no quiero.

 

- Dios... Hermione, ¿ves por qué no le puedo decir nada a Dumbledore? Si le digo que Malfoy tiene la cadena y trata de intervenir, él dirá todo sobre nosotros o incluso se atreverá a seguirte molestando.

 

Hermione acabó por fin de entender la gravedad de las cosas. Pero aún había algo que la inquietaba.

 

- Cuéntame, Remus... ¿qué más pasó ayer? Estoy segura de que Malfoy te pidió algo a cambio de la cadena... no creo que te haya confesado que la tiene sin tener algo bajo la manga.

 

Remus le dio un gran sorbo a su taza de chocolate, el cual ya se había enfriado por completo.

 

- Sí hay algo que me pidió- le dijo con una dura expresión en el rostro a la chica que seguía sentada en su regazo- quiere que...


 



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