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Sin Nada En Mi Lengua » Primeras Notas
Sin Nada En Mi Lengua (R15)
Por ontzilore
Escrita el Sábado 9 de Enero de 2021, 17:22
Actualizada el Martes 12 de Enero de 2021, 17:13
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Primeras Notas

Abril de 1969

Cokeworth, Norte de Inglaterra

La voluble brisa primaveral finalmente cerró la distancia entre su mano y los brillantes mechones de cabello burdeos de ella, y le tomó toda su fuerza de voluntad no envolver el sedoso material alrededor de sus dedos mientras le hacía cosquillas suavemente en la palma. Había estado acercándose durante casi veinte minutos a la búsqueda de tocarlo; Lily no se preocupaba por sus movimientos mientras jugueteaba con un palito y un cordel, parloteando sobre algún drama de patio de juegos.

Yacían en su claro especial junto al canal, disfrutando del sol como un par de lagartijas en las cálidas temperaturas impropias de la estación. Aunque había una roca afilada bajo su espalda, y Severus podía sentir un poco de humedad arrastrándose a través de la manga de su chaqueta, no le preocupaba. Todo lo que importaba era la sensación de su cabello en su piel; podría jurar que podía sentir el emocionante hormigueo de su magia mientras se ondulaba a la luz del sol.

De repente, ella rodó de su espalda a su costado, el cabello rojo echado sobre su hombro cuando se volvió para encararlo. Mordiéndose el labio con ansiedad, lo miró fijamente.

"Sev…" dijo ella titubeante, y luego extendió la mano para agarrar la de él. "Llegará, ¿verdad?"

Él parpadeó, casi abrumado por su simple toque. "¿Eh?"

"Mi carta. Llegará en mi cumpleaños…"

"Sí," dijo Sev ferozmente, de repente seguro y lleno de resolución. "Eres una bruja, y las brujas pertenecen a Hogwarts. Recibirás tu carta, y luego nos marcharemos juntos al colegio. Lo prometo."

Ella lo miró, a partes iguales esperanza y miedo. "Sólo estoy asustada. ¿Y si no llega, o si no soy buena con la magia? ¿Y si no le gusto a nadie?"

Severus se sentó, haciéndola incorporarse con sus manos entrelazadas. "He visto tu magia, Lily. Es brillante y fuerte y tan encantadora…" se interrumpió, sintiendo sus mejillas arder. "Eres una bruja. Serás buena en la magia. Y me gustas a mí, así que, ¿por qué importa lo que piensen los demás? Siempre seré tu amigo."

Lily sonrió entonces y le estrechó la mano. "Sé que estoy siendo una gansa tonta…"

Un crujido los sobresaltó a ambos, y Petunia entró en el espacio intimidando; su ceño parecía absorber toda la alegría del aire. "Serás una gansa cocida si no vas a casa ahora mismo. Mamá ha estado esperándote durante casi media hora."

Lily gimió. "¡Oh, no, olvidé que se suponía que debía practicar hoy!"

Tunie sonrió burlona. "Está muy enfadada contigo…"

Lily se puso en pie, sacudiéndose la tierra. Severus hizo lo mismo, fulminando con la mirada a Petunia. ¿Por qué siempre tiene que interrumpir? Leyendo correctamente su expresión, la hosca chica lo miró con el ceño fruncido.

"Vamos," llamó Lily, haciéndole señas para que avanzara. Volvió a tomar su mano, tirando de él hacia al camino. "¿Vienes, Tunie?"

"No. Ya he practicado por hoy. Mamá dijo que podía hacer lo que quisiera, y ciertamente no quiero pasar el rato con él." Petunia hizo una fea mueca y un gesto teatral, despectivo, con sus manos huesudas.

"Bien, yo tampoco quiero pasar el rato contigo," lanzó Severus en respuesta.

Lily puso los ojos en blanco. "Ignórala, Sev. Sólo está celosa." Tiró de su brazo y él comenzó a seguirla obediente. "Como está decidida a ser inútil, puedes ayudarme a practicar volviendo las páginas de la música."

"¿Practicar qué?" preguntó él, sintiendo una punzada de inquietud ante la idea de entrar en casa de los Evans.

"El piano, tonto. Tengo un recital en dos semanas."

*********

Antes de que pudiera pensar en cualquier objeción coherente, Severus se encontró parado incómodo en el salón de los Evans. La Sra Evans se sentaba ante un piano, hojeando un gran montón de papeles. Le dirigió a Lily una mirada levemente reprobatoria por su tardía llegada.

"Cariño, te esperaba en casa hace bastante rato."

"Lo siento, Mamá. Estaba tan ocupada contándole a Sev todo sobre el recital que olvidé la hora."

Severus asintió, tratando de aparentar que la excusa de Lily no era nueva para él. La Sra Evans suspiró y palmeó el banco. "Lily, tienes que ser más consciente de cómo tu comportamiento afecta a los demás. Yo también tenía planes esta tarde, lo sabes."

"Mamá, lo siento. Practicaré más tiempo para compensar, ¿vale?"

"Ésa no es la cuestión, cariño."

Lily se acercó a su madre y pasó un brazo enjuto, pecoso, alrededor de sus hombros. Dándole a la mujer mayor un rápido beso en la mejilla, sonrió. "¿Tocarás algo para Severus antes de que empiece? Le conté cuánto talento tienes, y cómo incluso te pidieron que tocaras en el Covent Garden cuando eras niña…"

La atención de la Sra Evans cambió hacia él, y Severus intentó no revolverse bajo su aguda mirada. "Eso me gustaría," murmuró él. "Si no es demasiada molestia. Nunca he oído el piano excepto en la iglesia."

Un destello de humor apareció en la expresión de ella. "Bueno, no podemos consentir eso, ¿verdad? Hay mucho más para piano que himnos de mano pesada." Apartó a Lily, y señaló un lugar en el suelo. "Quiero que escuches con atención; comenzaré a enseñarte algunas de las secciones más sencillas de esto después de tu recital."

Lily sonrió ampliamente y le hizo un gesto a Severus para que se sentara a su lado. Él lo hizo con cautela, dolorosamente consciente de cuán andrajosos eran sus pantalones junto a los finos muebles y alfombras.

"Os ofreceré el 'Rondo Alla Turca' de Mozart."

La Sra Evans tomó una inspiración lenta, y de repente sus manos estaban deslizándose grácilmente sobre el piano como un par de golondrinas. El salón se llenó de música como nunca antes había oído; Severus ni siquiera pudo encontrar las palabras para describirla para sí mismo.

Era rítmica y marcial, pero al mismo tiempo, llena de luz, recordándole la floreciente primavera de afuera. Partes de ella eran ruidosas y rimbombantes, haciendo resonar sus oídos; otras secciones eran tentadoramente delicadas e intrincadas. Todo lo que Severus podía hacer era mirar, todo su cuerpo fijado en la gloriosa música creada por la Sra Evans. Desde la primera vez que había conjurado un hechizo correctamente no había estado tan cautivado.

Con una floritura teatral, la Sra Evans terminó la canción, girándose hacia atrás para mirar a los niños. Lily aplaudió con entusiasmo, y él copió el movimiento robóticamente, todavía aturdido.

"¡Eso fue maravilloso, Mami!" Lily le dio un codazo y él se sacudió. "¿No, Sev?"

Con la boca seca, él asintió. "Lo fue. Gracias, Sra Evans."

Al ver su reacción, Lily ladeó la cabeza, algo cercano al cálculo destellando a través de su brillante mirada verde. "¿Puedes enseñarle a tocar algo?"

"Lily, basta de evasivas…" comenzó su madre.

Ella sacudió la cabeza en negación desenfrenada, el cabello rojo volando salvaje. "¡No, no lo hago! Mira lo mucho que a Sev le gustó escucharte tocar. ¡Apuesto a que le encantaría aprender! ¿Por favor?"

La Mamá de Lily volvió a suspirar, y luego miró a Severus. Él bajó la mirada a sus manos, luchando arduamente para ocultar el anhelo en su rostro; no tenía lugar en esta sala, y ni siquiera era asunto suyo tocar el piano. Pero, oh, si sólo pudiera…

"Bueno, joven, ¿qué dices? ¿Quieres intentarlo?"

Sobresaltado, echó un vistazo codicioso al instrumento. "Sí, señora. Me gustaría intentarlo."

Ella cedió grácilmente. "Ven aquí y te enseñaré lo básico. Y Lily, no creas que no practicarás una hora entera cuando terminemos."

Lily sonrió alegremente, levantándose y enganchando un libro de una mesa baja. "Lo sé, Mamá."

Sobre piernas temblorosas, Severus se levantó y se sentó rígidamente en el banco junto a la Sra Evans. Ella olía dulcemente a lilas, y él fue consciente de repente de que sus manos estaban sucias por sus exploraciones anteriores. Comparado con el sereno esplendor de ella, se sintió particularmente mugriento.

Si la Sra Evans se dio cuenta de su incomodidad, no lo demostró. Con paciencia, le mostró todas las partes del piano y cómo colocar las manos sobre las teclas. Él escuchó atentamente, tratando de grabarlo en su memoria.

"…Ahora, sólo quiero que experimentes presionando las teclas y aprendiendo cómo suenan. No te preocupes por hacer que suene como música, sólo siéntete cómodo con el instrumento."

Inclinándose hacia adelante con anticipación, Severus presionó una única tecla blanca. La vibrante resonancia de la nota pareció persistir en el cálido aire de la habitación, y casi sonrió. Luego presionó una tecla tras otra, haciendo una mueca ante el sonido discordante que se estaba produciendo.

"Eso es, cariño. Prueba los pedales ahora."

Pero eso tampoco ayudó; no importaba cómo encadenara las teclas, sólo había momentos fugaces de armonía. Se detuvo, frustrado.

"¿Tocará una parte de la canción de antes?" preguntó él.

Ella alzó una delicada ceja rubia ante la petición, pero le siguió la corriente. "Observa con atención, tocaré la primera sección despacio."

Lo hizo dos veces, y Severus hizo todo lo posible para memorizar los complejos patrones que sus manos estaban haciendo. Fijando firmemente la imagen en el ojo de su mente, colocó los dedos sobre las teclas e intentó repetir los movimientos.

El esfuerzo fue entrecortado e insoportablemente aficionado, pero se reconocía la misma melodía. Mordiéndose el labio, volvió a inclinarse sobre las teclas, esforzándose por escuchar los errores y aumentando la velocidad a medida que ganaba más confianza. Lo practicó una y otra vez, hasta que estuvo tocándola correctamente; con una sonrisa orgullosa, se volvió hacia la Sra Evans.

Ella estaba observándolo con una expresión extraña, casi herida, y Severus apartó las manos de las teclas como si se hubiera escaldado. Le lanzó una mirada cautelosa a Lily, que estaba completamente absorta en su libro.

¿Qué he hecho mal?

La suave voz de la señora Evans lo trajo de vuelta. "Parece que tienes un don para la música, Severus."

Severus no dijo nada, se quedó sin palabras. ¿Está enfadada conmigo? ¿Eso es malo? Después de todo, la primera vez que había mostrado accidentalmente su aptitud para la magia a Papá, sus padres se habían puesto furiosos. ¿Podría ser esto lo mismo?

"¿Te enseño un poco más?"

Él asintió, abriendo las manos. Quizá no está enfadada conmigo después de todo…

La música volvió a llenar el aire, y Severus dejó de preocuparse por nada más que por el hechizo del piano.

*********

En el transcurso de varios meses, la Sra Evans le enseñó a leer partituras. Enseguida saltó por encima tanto de Lily como de Petunia en términos de habilidad, y Lily gradualmente dejó de tocar. A menudo, ella leería junto al piano mientras él practicaba, y llegó a amar esos raros días en los que podía vaciar su mente de todo salvo la música y la amistad.

Una tarde, justo después de su décimo cumpleaños, oyó por casualidad una conversación muy peculiar. Lily había corrido escaleras arriba para buscar un nuevo libro cuando el Sr Evans entró inesperadamente. Severus se sobresaltó; había visto al hombre sólo un puñado de veces y se preguntó si debería marcharse. Pero él simplemente le dirigió un brusco asentimiento y continuó hacia la cocina.

Severus continuó tocando, esforzando los oídos para captar la conversación.

"¿Y bien?" preguntó la Sra Evans.

"No sirve de nada. He hablado con el Director, y no tienen vacantes para becarios abiertas para el próximo año."

"¿Hay alguna manera…?"

"No, Mary. No es que podamos permitirnos pagar para que vaya. Las cosas son demasiado inestables con las fábricas cerrando. Además, dijiste que su madre no prestaría oídos a intentar enviarlo a St. Cecilia, no importa solicitar."

"Es un desperdicio. El chico tiene mucho talento, y es un programa de música tan excelente. ¡Si hiciera una audición, sé que le ofrecerían una plaza!"

"No sirve de nada enfrentarse a molinos de viento, querida. Con talento o no, has hecho todo lo que puedes."

Severus sintió que su estómago daba una sacudida extraña; estaban hablando de él. Vagamente, recordó que St. Cecilia era una escuela pública católica en el pueblo de al lado.

Pero soy mago, y voy a ir a Hogwarts, pensó. No a una estúpida escuela secundaria local…

Se le ocurrió entonces que una vez se marchara a Hogwarts, puede que tuviera que dejar de tocar el piano por completo. Puede que Hogwarts ni siquiera tuviera un piano; Mamá nunca había mencionado nada por el estilo.

La idea le dolió. Severus había llegado a valorar tocar el piano casi tanto como sus lecciones de magia clandestinas. En realidad, tocar era simplemente un tipo diferente de magia.

Pero Lily va a ir a Hogwarts. Incluso si yo fuera a St. Cecilia, ella no vendría conmigo…

Miró fijamente la superficie brillante, perfumada de limón del piano, un pequeño pedazo de su corazón rompiéndose.

No importa. Soy mago. Y Lily y yo vamos a ir a Hogwarts juntos. Siempre puedo tocar cuando vuelva a casa en verano. De todos modos, probablemente ni siquiera me gustará el piano una vez comience a aprender magia de verdad.

Lily se precipitó escaleras abajo, jersey en mano. "Vamos, Sev. Quiero ir afuera. Por fin dejó de llover."

"Sí, de acuerdo."

*********

Severus no olvidó la conversación que había oído. Como resultado, tocar el piano se convirtió en un ejercicio de contención agridulce. En el transcurso del siguiente año, comenzó a limitar conscientemente la frecuencia con que practicaba hasta que no lo hizo más que una vez por semana; después de su próximo undécimo cumpleaños, se juró reducirla todavía más.

Cada vez más, soñaba con huir a Hogwarts con Lily. Papá había perdido su trabajo, y rara vez era capaz de encontrar trabajo diario; en consecuencia, sus padres se peleaban casi todo el tiempo, y Severus se hizo el propósito de no ser visto por el Snape más viejo para que la violencia no lloviera sobre él, también.

No es necesario decir que se perfilaba una Navidad miserable, tanto materialmente como en espíritu. Severus se sentaba sombríamente en su minúsculo salón, cortando copos de nieve de un viejo diario mientras Mamá tejía un par de calcetines nuevos.

Un destello verde fuera de la ventana le llamó la atención. Medio levantándose, vio un Morris Minor familiar aparcar en la acera. Para su incredulidad, la Sra Evans salió del coche, Lily y Petunia siguiéndola como patitos desconcertados. La mujer mayor llevaba un abrigo de lana rojo brillante, el vivo color en firme contraste con el triste vecindario.

Mamá había visto igualmente a las visitantes subiendo la escalera delantera, y le lanzó a Severus una mirada severa. "¿Has hecho algo que no deberías, muchacho?"

Severus arrugó el pedazo de periódico en su mano, sintiéndose enfermo. "No… no, no lo creo."

La Sra Evans llamó a la puerta y Mamá le dirigió otra dura mirada antes de levantarse. Sin decir nada más, abrió la puerta.

"Hola, Sra Snape," dijo la Sra Evans alegremente. "Sé que esto es una molestia, pero, ¿podemos entrar sólo un momento?"

"Más bien podrían hacerlo, o se congelarán en el asfalto y nos darán un espectáculo a todos."

La Sra Evans rio como si fuera una broma y atrajo a las chicas tras ella. Ambas llevaban su mejor ropa de domingo; Lily un abrigo verde cazador, y Petunia púrpura. Resueltamente, Severus no demostró nada de su vergüenza mientras Petunia observaba con desdén a su alrededor. Lily fue mucho más neutral en su apreciación, y él se preguntó si sería sometido a una ronda de preguntas la próxima vez que estuvieran solos.

Ellas parecían terriblemente fuera de lugar, pero la Sra Evans al menos parecía bastante cómoda en su entorno. "Vaya," comenzó, señalando grácilmente el gastado mobiliario y el desvaído papel de las paredes. "…Ciertamente mantiene la casa ordenada. Ésa debe ser una batalla con un hijo tan activo, y sólo puedo imaginar que su padre no es muy diferente."

Eileen le ofreció una fina sonrisa. "Mi marido me acusa regularmente de usar magia."

La Sra Evans volvió a reír entre dientes, y Severus hizo una mueca, sabiendo que Mamá no estaba tratando de ser graciosa o amigable.

"Los maridos siempre creen que cualquier cosa que no saben hacer es brujería, ¿no?"

"Oh, sí. Eso o inútil."

Sin desanimarse por la ausencia de calidez, la madre de Lily continuó. "Bueno, como decía, no quiero molestarles, pero tengo un extraño favor que pedirle. Ya ven, Philip - eso es, el Sr Evans - se las ha arreglado para hacer su propio milagro navideño. Nos ha sorprendido con un viaje de último minuto a París durante la semana. Partimos esta noche - volaremos en avión, si pueden creerlo. Estoy bastante nerviosa. ¿Han volado en uno antes?"

Mamá miró a la otra mujer fijamente. "No, no he volado en avión."

"Tampoco yo… de todos modos, eso es irrelevante. Ya ve, el problema es que ya he hecho las compras y una buena cantidad de cocina para Navidad, pero ahora no la necesitamos. Se echará a perder si no podemos encontrarle un lugar. Estaba preguntándome si podrían incorporarlo a su propio festín, o averiguándolo, dárselo a quien que de otro modo pasaría sin ello."

El semblante de Mamá se volvió pétreo, y Severus sintió un rubor de vergüenza arrastrarse por sus rasgos. Necesitaban la comida, y la Sra Evans tenía que saber eso. Era tan claro de ver como la nariz de los Prince que se asentaba en su rostro. Pero, ¿aceptar la caridad como tal? Era inconcebible.

Retorciendo un guante en una mano, la Sra Evans continuó con voz suplicante. "Sé que es terriblemente anticuado por mi parte, pero después de pasar tantos años sin tener suficiente comida debido a la guerra o el racionamiento, no puedo soportar la idea de que toda esa comida se desperdicie. Francamente, me arruinará todas las vacaciones."

Como si fuera una señal, el estómago de Severus retumbó sonoramente; el desayuno había sido una escasa ración de judías y tostadas, y no había habido nada para almorzar. El rostro de su madre empalideció, pero no hizo ningún otro reconocimiento del ruido.

"Incluso hay los ingredientes para el pudín de Yorkshire," intervino Lily de repente, dando un paso adelante. Le lanzó a mamá una sonrisa anhelante. "Sev dice que usted hace el mejor pudín de Yorkshire de toda Inglaterra. Prácticamente se le cae la baba cuando habla de él."

Por un momento, el único sonido en la casa fue el tictac del reloj de la sala. Entonces mamá lanzó un resoplido impropio de una dama, poniendo los ojos en blanco. "Intentará comerse toda la cazuela si no se lo impido."

La Sra Evans le dirigió a él una mirada irónica una vez más. "De la manera que está creciendo últimamente, prefiero imaginar que probaría la cazuela, también."

Eileen sonrió burlona, pareciendo genuinamente divertida por primera vez. "Sí, seguido poco después por la mesa, y luego las sillas."

"Permítame proponerle un intercambio, entonces. Usted se queda la comida, y cuando regresemos, me enseña a hacer un pudín de Yorkshire correctamente. Estoy desesperada - o se quema o cae completamente plano. Mi marido se desespera de que alguna vez tengamos un verdadero asado de domingo."

La boca de Severus comenzó a hacerse agua sólo de pensar en la posibilidad de toda esa comida en su mesa, y no pudo evitar mirar a Mamá con esperanza.

A ella no le gustaba, pero la idea de la Sra Evans salvaba las apariencias lo suficiente para ser apetecible. "Como desee, aunque le advierto que no soy una maestra natural. Podríamos quemar una o dos ollas hasta que lo hagamos bien."

La Sra Evans sonrió radiante. "Oh, eso es simplemente maravilloso, no puedo agradecérselo lo suficiente…"

*********

Llevó tres viajes al coche acarrear dentro las cajas. No sólo había un gran trozo de carne para asar, sino todo lo necesario para completar la cena, desde fruta enlatada hasta un paquete de galletas navideñas de lujo. Una vez las Evans se hubieron marchado, Mamá volvió a sentarse en su silla, mirando aturdida el regalo.

"Ve a buscar a Papá," dijo finalmente con la mirada vacía, sosteniendo una bolsa de chirivías. "Dile que habrá cena."

Cogiendo su maltratada chaqueta de la percha, Severus salió por la puerta de la cocina y bajó por el callejón trasero hacia la plaza. Pudo oír el ruido del pub donde Papá era el centro de atención antes de que pudiera verlo. Al entrar por la puerta trasera, hizo una mueca ante el persistente olor a orina.

La abarrotada sala estaba turbia de hombres y humos, el suelo cubierto de cáscaras de cacahuete. Dejando que sus ojos de adaptaran, se quedó parado en el rincón por un largo momento. Un maltratado piano negro a pocos pies de distancia llamó su atención, y se dio cuenta con una sacudida de que con la ausencia de los Evans, probablemente pasarían varias semanas antes de que pudiera volver a tocar.

Sin pretenderlo, derivó más cerca y se detuvo ante las teclas astilladas. Con cuidado, presionó el do central. El sonido no era medio malo. Salido de la nada, alguien le apretó el brazo con fuerza. "¡Toca algo, muchacho!" ordenó un borracho, tambaleándose contra la pared. "Ya me oíste. ¡Toca!"

Mecánicamente, Severus comenzó a tocar suavemente la primera melodía que le vino a la cabeza, un viejo villancico popular que la Sra Evans había estado enseñándole la semana anterior.

Para su horror, el pub se quedó en absoluto silencio ante el sonido de las notas.

Papá se materializó como un dios vengador, y Severus se interrumpió, tragando saliva. Con los ojos negros entrecerrándose mientras asimilaba la visión de su hijo parado ante el piano, Toby Snape se adelantó, pinta en mano.

"¿Crees que sabes tocar?" preguntó su padre, un indicio de algo desagradable acechando en el desafío.

"Sólo un poco, señor," respondió Severus, la voz quebrándose.

"Continúa, entonces. Danos un espectáculo."

Severus se volvió hacia el piano con manos temblorosas; si arruinaba esto, sabía que Papá lo azotaría con la correa de manera terrible. Cerró los ojos, tratando de imaginar que estaba en la seguridad de la sala delantera de los Evans y no en el bar abarrotado.

Los primeros compases de 'El Acebo y La Hiedra' fueron menos que perfectos. Con el corazón latiendo como un tambor fuera de control, Severus luchó por dominarse, y la música gradualmente se estabilizó. Se las arregló para terminarla con una pequeña floritura, trabajando los pedales pegajosos con fuerza para lograr el efecto.

El pub había permanecido en silencio, y pareció que pasó una eternidad mientras llegaba su juicio.

"Bueno, mira eso, Toby…" anunció uno de los camareros. "…Tu chico es sólo una astilla del palo, ¿eh?"

Severus miró a su padre, confundido. Su viejo dejó su pinta y agarró el delgado hombro de Severus con fuerza.

"Tócala otra vez," ordenó. "Sin errores esta vez."

Regresó a las teclas con más confianza, el comienzo de la canción saliendo fuerte y verdadero. Tan concentrado estaba en el piano que Severus se sacudió de mala manera cuando el encantador, profundo barítono comenzó a acompañarlo.

Era su padre.

"El acebo y la hiedra," cantó el hombre, la resonante voz en perfecta armonía con el piano. "…Cuando ambos están crecidos, de todos los árboles que hay en el bosque, el acebo lleva la corona…"

La voz ascendente y descendente de su padre tejió un hechizo alrededor de los hombres reunidos. Los malos olores y la atmósfera húmeda desaparecieron; había algo casi sagrado en la forma en que su canto y la melodía se unían. En el tercer estribillo, un hombre de pie junto a la ventana delantera se unió, y de manera constante, el resto de parroquianos siguieron su ejemplo.

Severus terminó la canción con una sonrisa; ya no era la mano carnosa en su hombro una amenaza. Por una vez, se sentía bien. Su padre también parecía satisfecho, especialmente cuando las peticiones de otras canciones comenzaron a llover.

"¿Conoces alguna de las melodías que están pidiendo?" preguntó, observando a Severus con una sonrisa francamente amigable.

"No, señor."

Papá se encogió de hombros con buen humor. "Bueno, supongo que tendré que enseñarte."

Severus sonrió ampliamente, sintiéndose mareado ante la inesperada respuesta.

"¿Qué quiere Mamá?" preguntó Toby más hoscamente.

"Me mandó a decirte que la cena está esperando."

Una ceja suspicaz se alzó ante eso; Toby sabía que se encontraría poca comida en el hogar de los Snape. La presencia de espectadores evitó que preguntara más, sin embargo.

"No puedo hacer esperar a la señora entonces, ¿verdad?" anunció, y hubo un murmullo general de risas varoniles. Toby arregló sus cuentas enseguida, y acompañó a Severus fuera del bar casi antes de que pudiera recuperar el aliento.

Severus se preparó para un interrogatorio, pero su padre permaneció en silencio hasta que estuvieron a medio camino de casa.

"Mi Padre - tu Abuelo - sabía tocar el piano, y los instrumentos de una banda además," finalmente le contó a Severus en tono contemplativo. "Siempre decía que los Snape descendíamos de una larga línea de bardos del norte, y que cualquier Snape que valiera la pena tendría algo de música en él."

Sin saber cómo responder, Severus asintió. "No sabía que sabías cantar así. Fue… alucinante."

"Phhh," escupió él. "…Siempre he tenido un tono perfecto. Deberías oírme cuando no haya pasado una noche bebiendo en un pub lleno de humo. Mi viejo solía decir que podía quitarle las bragas a una monja cantando."

"¿Me enseñarás?" preguntó Severus de repente. "¿Esas canciones que los hombres del pub estaban pidiendo?"

Papá asintió bruscamente. "Sí, lo haré. No sirve de nada ser un Snape si no conoces tu música."

*********

Incluso sin Lily, resultó ser la Navidad más dulce que Severus podía recordar. Mamá se las arregló para racionar la comida hasta Año Nuevo, y Papá lo llevó al pub cada mañana para aprender las canciones populares que su propio padre le había enseñado a él.

Toby era un intérprete indiferente en el mejor de los casos, pero Severus sólo necesitaba oírlo cantar la melodía para ser capaz de descifrar la digitación. Papá estaba orgulloso de esa habilidad, y se jactaba de ello ante sus amigos. La fanfarria resultó en un concierto improvisado una noche, y Severus se encontró sonriendo radiante de oreja a oreja mientras ellos se emborrachaban con pinta tras pinta; era un tipo de aceptación que nunca había experimentado antes.

Su cumpleaños amaneció frío y claro, y bajó las escaleras corriendo para encontrar sólo a su madre en la cocina. Le daba la espalda, volteando varias crepes de avena sobre la encimera.

"Buenos días," dijo él con cautela, notando lo tensa que estaba.

"Feliz cumpleaños," respondió ella desapasionadamente. "Has recibido tu carta." Golpeó la mesa junto a su mano. Severus miró fijamente el pesado sobre blanco y el fino blasón, emocionado y aterrorizado a la vez. Lo tocó suavemente, pero no rompió el sello de cera.

"¿Dónde está Papá?"

"Fuera." Ella puso hábilmente las crepes calientes en un plato y luego abrió una lata de melocotones. Colocando varias rodajas doradas encima, deslizó la comida a través de la mesa hacia él.

"¿La vio?" preguntó Severus con voz apagada, comprendiendo que las cosas se habían deteriorado irrevocablemente… y por qué.

"Sí." Mamá tomó una taza de té del banco y salió de la habitación, dejando a Severus comer solo.

Su padre nunca volvió a llevarlo a tocar al pub. Tampoco hablaron nunca de música.

*********

Veintiún días después, Lily Evans recibió su carta de Hogwarts. Sus padres estaban absolutamente atónitos, pero muy orgullosos de tener una bruja en la familia.



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