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Sonriendo a la muerte » 04- No digno
Sonriendo a la muerte (R13)
Por Dak-knee33
Escrita el Miércoles 30 de Septiembre de 2020, 15:54
Actualizada el Sábado 17 de Octubre de 2020, 19:54
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04- No digno

¿Acaso ese pedazo de mierda estaba burlándose en su cara? ¿Robar un museo...? ¡Era patético! Porque, después que la batalla estalló, Matheo se ganó un par de enemigos oscuros, y se llevó la visión de los muertos con él. Nada era seguro, las cosas no podían controlarlas como quisiera, no todo estaba en sus manos. Matheo no tenía esas ventajas y libertad que otros jóvenes de su edad, o su generación estaban recuperando las libertades de vida y sueños. Él tuvo que mudarse a otro barrio, dejar a sus padres y abuelos fuera de su vida. Las cosas con Matheo Carpenter estaba jodidas. Mientras, sus enemigos codiciosos y fracasados quisieran pagarle las deudas, no quería que su familia sufriera por sus pésimas y estúpidas decisiones. Así se convirtió en un ratero, quitando los bolsos lujosos de las mujeres y metiendo su trasero en las casas, yate de los millonarios empresarios costeros. Muggles que desconocía la magia, o las almas que aparecían provocando una inestabilidad en Matheo teniendo que escapar de su robo.

Escucho sobre museos importantes, con obras maestras evaluadas en millones de libras que estaban muy vigiladas por esos aparatos electrónicos,  es decir, las cámaras de seguridad y otras cosas. Aunque, no fuera un lujo para él mismo, no se metería sin un plan ni un equipo de expertos de esas cosas, ¿Qué peor que la cárcel de los no maj? ¡Claro, Azkaban! Había sido cuidadoso el último año, aprendiendo por semanas a ser rápido y analizar a las mujeres distraídas con sus bolsos. Pagaba su pequeño departamento, a veces comía o pasaba por los albergues para comer con los carencias humanas. Usaba unas botas de militar para correr sin resbalarse. Siempre llevaba guantes de goma para no dejar huellas, unos bolsillos de su abrigo extensibles que guardaba el dinero, joyas y algo de interés como CD de blues, rock de los ochenta.

Al llegar a su pequeño departamento, donde la única habitación era el baño con un espacio reducido, solo cabia una persona. El resto de la casa tenía treinta metros cuadrados, una cama matrimonial, cubierta con una frazada blanca que robó en una tienda y una almohadón violeta aterciopelado que obsequió una joven vecina. Matheo no tenía mesa ni sillas, solo, se sentaba en el suelo comiendo fideos chinos y pizza, lo común. Tampoco, sabía cocinar. Su madre y su abuela eran las que cocinaban cuando vivía con ellos. A veces, los extrañaba pero era mejor huir y mantenerlos a salvo. No quería sorpresas, ni que sus almas le reclamen una salida. Tiró su túnica con las mangas sucias de sangre de Gordon, sacó el cinto donde tenía su varita mágica de una madera negra, rígida. Su núcleo era un pelo de una veela. Él pensaba que era una varita para mujeres, aun así, fue elegido por ella y nunca ha tenido problemas para la magia. No tenía derecho de quejarse. Abrió el mini refrigerador, donde una botella de agua y la mitad de pote de fideos chinos. Recogió ambos, moría de hambre y eso no sería suficiente para calmar su estómago.

-Deberías conseguir un empleo como la gente, Matheo-escuchó la voz rasposa de uno de sus profesores de Hogwarts-. No lograrás sobrevivir así, robando baratijas inútiles.

-Severus vuelve a tu ataúd, no necesito que me expliques qué hacer.

-Tu madre tenía razón. Estás desperdiciando tu vida por tonterías-continuó esa voz, la figura del hombre difunto no aparecía por ningún lado. Se escuchaba su voz, únicamente- ¡Qué decepción!

-¡Hable por usted, nos abandonó en la guerra!

-Tuve mis razones.

-Siempre dice eso, repite lo mismo como loro doméstico-le señaló fastidiado- Déjeme en paz, intento comer sin usted ni nadie del infierno.

-Estás ciego a tus aptitudes, te darás cuenta cuando todo sea tarde.

Luego de eso, no volvió a oírlo. Severus Snape era una de las almas que no buscaba la luz, el joven mago no entendía que buscaba exactamente en este lado de los vivos. Tampoco, decía su razón, casi nada de lo ocurrido, ni cómo murió. Nada más, lo regañaba, típico de Severus Snape.

Terminó de comer los fideos, arrojando la caja contra la pared delante de él, salpicando aceite y salsa de soja en esta. Matheo sacó todo el dinero que logró robar en el día sumando unas mil libras. Aquel matrimonio de ancianos, y el repartidor de comida. Un buen recaudo. Estaba mejorando. Tendría que robar a los chicos  de los recados que llevaban más billetes que los peatones. Guardó sus ganancias debajo del colchón, quedándose con unos billetes y pensó comer una pizza individual. Acomodó el cuello de su campera de cuero negro, con algunos cortes por saltar enrejados o, esconder entre los arbustos de sitios verdes. 

Salió, nuevamente. La noche era fría, no tardaría en llover y eso no le importaba tanto. Caminó unas dos calles, justo empezó a llover. Suspiró, tirando la capucha de su campera y siguió su camino, algunas personas abrían sus paraguas prevenidos del clima británico. Nadie se olvidab su sombrilla antes de salir, solo Matheo que mojarse o no, pues le daba igual. Finalmente, llegó a la casa de pizzas y cervecería. Se daría el gusto después de unas semanas comiendo lo mismo.




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