Historia al azar: La Luna y el Rayo
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Harry Potter Después de la Guerra (Vol. 1) » 8- Cartas
Harry Potter Después de la Guerra (Vol. 1) (R15)
Por eagle
Escrita el Viernes 4 de Septiembre de 2020, 15:51
Actualizada el Miércoles 21 de Octubre de 2020, 15:33
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8- Cartas


  

—8—

Cartas


Harry se sentó junto a su novia, quien estaba muy asombrada de verlo allí, frente a ella. Saludó a sus amigos, quienes aún seguían asimilando todo lo que había dicho. Harry se vio inundado de preguntas de todo tipo: Cómo Severus Snape se lo había dicho, si estaba seguro que él no modificó su memoria, si de verdad apoyaba a Dumbledore, si valía la pena que su retrato esté en el despacho con los demás respetables directores de Hogwarts, y otras tantas más. Una vez que logró explicarles todo, y no sin antes tener una pequeña conversación con Sir Nicholas que no dudaba de su palabra, pero quería más información para divulgarla con el resto de los fantasmas, Harry pudo sentarse tranquilo y por fin hablar con Ginny.

— ¿Cómo llegaste hasta aquí? ¿Te apareciste y caminaste hasta llegar al castillo? Porque en el tren no te vi…

—Vine en la moto. —Le contó mientras la tomaba de las manos. — Sólo ha pasado una semana y te he extrañado muchísimo.

—Y yo a ti. —Le besó la mejilla. —Y por cierto…amé tu sorpresa.

— ¿Cómo va todo? Aún no nos escribieron —Reprochó Hermione que estaba del otro lado de la mesa.

—Sí, Ron me pidió que te explicara eso. Esta semana ha sido de entrenamiento sin parar. —Comentó mientras se servía unas costillas de cordero con patatas asadas. — Son lecciones de vuelo, pero eso lo tenemos bien controlado gracias al quidditch, también nos están enseñando más a defendernos, a protegernos y todo eso. Y con tantos entrenamientos hemos estado bastante cansados. —Hermione estuvo a punto de replicar, pero no la dejó. —Ya sé, recién ha pasado una semana, pero han sido entrenamientos duros. Luego empezaremos con las misiones, —Dijo bajando la voz para que solo ellas pudieran oírlo. — pero de eso no les puedo hablar mucho. 

—Está bien, pero adviértele a Ronald que no se olvide o pagará las consecuencias. —Todos rieron. —Me alegro que les esté yendo bien Harry… ¿y Neville? 

—Nuestro jefe Brooks es un poco duro con él, pero… le va bastante bien. Como sus padres tuvieron tan buena trayectoria, creo que Brooks pretende que Neville alcance el mismo rendimiento que ellos… aunque es lamentable que esté allí por presión de su abuela. 

—Sí, Luna nos comentó. —afirmó Ginny. 

—Tal vez pueda salirse en un futuro. —Opinó Hermione, mientras se servía un poco de ensalada para acompañar a su filete. 

Los chicos siguieron hablando como siempre, daba la impresión de que sería un año más en Hogwarts como todos los anteriores, con la ausencia de cierto pelirrojo. McGonagall miraba a la mesa de su Casa y ésa era la impresión que le daba, ver a todos allí, tan tranquilos y tan crecidos. No dejaba de mirar a Harry, que siempre la había impresionado y le tomó mucho cariño, pero ese año no sería como los anteriores, ya no lo tendría más como un alumno. Con mucha nostalgia, dio por finalizado el banquete, lo cual indicaba que Harry debía irse. 

El azabache se despidió de todos sus amigos, le dio un fuerte abrazo a Hermione que pronto se perdió entre la gente para ayudar a los nuevos prefectos de quinto año. Harry miró al techo encantado, y las estrellas relucían en el cielo despejado, sería un buen viaje de regreso al Ministerio de Magia. Miró a Ginny con nostalgia, no volvería a verla hasta diciembre. Se acercó lentamente y la besó, sintiendo la mirada de varios alumnos clavada sobre su espalda, pero ya nada de eso le importaba. Se hicieron paso entre todos los alumnos, giraron a la izquierda y llegaron al vestíbulo, donde podían hablar más relajados sin tanto alboroto. 

—Dile a Hermione que este fin de semana les enviaremos las cartas, olvidé decírselo. —Pidió mientras le acariciaba su cara. —Si no matará a Ron, ¿no crees? —Los chicos comenzaron a reír.

—Está bien, le diré —Tomó la cabeza del chico entre sus manos y le dio un dulce beso, el último hasta Navidad. —Te amo.

—Te amo Ginny —Le dijo muy sonriente. La chica comenzó a reír. Estaba a punto de besarla otra vez cuando fueron interrumpidos, sobresaltándolos.

— ¡Potter! Creo que ya debes irte, ese comportamiento no es correspondiente aquí en Hogwarts. —McGonagall llegaba al vestíbulo donde ellos se encontraban. Los chicos se sonrojaron al extremo. — Y felicitaciones por su relación—dijo en un tono más sereno. —, suerte en tu nueva carrera, Potter. —La profesora le dio unas palmaditas y se alejó rápidamente hacia su despacho. 

—Adiós Ginny. —Harry le dio un beso en la mejilla y salió con paso firme hacia las verjas, donde había dejado su motocicleta. 

Pasaron dos semanas desde que las chicas volvieron a Hogwarts, la mayoría de los alumnos que estaban en séptimo eran los mismos del año anterior, que estarían hasta diciembre como Seamus para terminar de completar sus EXTASIS, que, debido a la Batalla, no pudieron concluirlos como era habitualmente. Mientras tanto, Harry y Ron no habían cumplido con su palabra sobre enviarles la mensajería cada fin de semana, porque ellas solo recibieron a las lechuzas Pig y Snowflake una sola vez. Hermione y Ginny los comprendían, de acuerdo al único par de cartas que habían recibido, se encontraban siempre en entrenamientos constantes y duros, haciendo que quedaran completamente exhaustos. Ni siquiera tenían días de descanso, puesto que el Cuartel General de Aurores luego de la batalla había sufrido varias bajas, y el nuevo reclutamiento de Kingsley era esencial. Pero, a pesar de todo esto, Hermione y Ginny no podían evitar sentirse un poco enfadadas. Fuera de la mensajería, no tenían ningún tipo de comunicación con ellos, y el desapego tanto físico como emocional se sintió más abrupto de lo que ya era. 

Las clases en el colegio marchaban tan bien como antes. Hermione y Ginny se sentían extrañas al ser dos mujeres prefectas en el séptimo año, y no una pareja de hombre y mujer como era costumbre, pero McGonagall había decidido tomar a Ginny como reemplazo de su hermano mayor, Ron. Y saber aquello era razón suficiente para que la chica no se sintiera demasiado merecedora de la insignia que llevaba reluciente sobre su túnica a diario, pero Hermione la había persuadido de que, si ella no era completamente calificada para ese puesto, seguramente Minerva no la habría elegido solo por ser parte de la familia Weasley. Y la verdad era, que Minerva McGonagall era consciente de la extraordinaria bruja en la que se había convertido la menor de los Weasley, y el hecho de haber luchado contra Bellatrix Lestrange le había demostrado que era tan merecedora de ese puesto como lo era cualquier otro chico de Gryffindor. Las constantes rondas de prefectas, sumadas a las reanudadas cenas del Club de las Eminencias del profesor Slughorn, hacía que ambas estuvieran un poco cansadas. Ginny, además de todo aquello, era la capitana de quidditch, y eso conllevaba más responsabilidades que otros años. Maldijo internamente el hecho de que el capitán de Slytherin le haya ganado la primera fecha de reservación del campo de quidditch, en donde llevaría a cabo la selección de los nuevos integrantes del equipo. Ese retraso hacía que las prácticas que había ideado durante el verano a modo de distracción se demorarían más, y aún debía entrenar todo el equipo completo. La ambiciosa Copa de Quidditch era algo que le mantenía la mente más ocupada, se había convertido en una meta que estaba empeñada en conseguir a como diera lugar, aun siendo consciente de que debía formar el equipo desde cero. 

La mañana del sábado en el ala femenino de la Torre de Gryffindor se encontraba muy silenciosa. La mayoría de los estudiantes estaban en los jardines disfrutando de la agradable brisa otoñal, optando por realizar sus actividades al aire libre aprovechando uno de los últimos meses que no eran tan gélidos antes de que llegara el invierno con el frío que les calaba los huesos. Ese sábado no era un día cualquiera, ya que era el cumpleaños de Hermione. A media mañana aún se encontraba durmiendo plácidamente en su cuarto, debido a la extensa ronda de prefectos que había tenido la noche anterior, pues la dejó exhausta. De pronto, algo la despertó. Cuando pudo abrir los ojos, vio a un terrier parado a los pies de su cama, más bien, el patronus de éste. Se despertó por la intensa luz que emanaba de él, ya que el cuarto estaba en completa oscuridad. Acto seguido, el terrier comenzó a hablar:

— ¡Feliz cumpleaños mi pequeña perfecta! Siento no haberte escrito este tiempo, pero estábamos en una misión importante y recién llegamos, justo a tiempo. Acabo de enviar a Pig, supongo que tardará en llegar, así que espérala para la tarde o noche más menos, sabes que es pequeña y no tiene mucha fuerza. Me encantaría estar a tu lado ahora y llenarte de besos, y verte reír. En este tiempo todas las noches he visto las estrellas y si tú también lo hacías, entonces no estábamos tan lejos. Te amo Hermione y espero que pases un lindo día. No sabes cuánto te extraño.

Al finalizar, el patronus se desvaneció tan rápido como había llegado, dejándola a oscuras nuevamente. El deseo de abrazarlo, sentir su calor y poder besarlo la abrumó. Quedó pensativa en lo que le dijo Ron, ella cada noche sin falta veía las estrellas, tal como acordaron y no podía evitar susurrar su nombre, esperando a que él estuviera haciendo lo mismo. El patronus despertó a Ginny y a Parvati, esta última escuchó la mitad del mensaje y, con un movimiento de varita, corrió las cortinas. 

—Felicidades, Hermione. —le dijo con una leve sonrisa. — También… me alegro por lo de ustedes. —confesó nerviosa, caminando lentamente hacia su cama. —Creo que nunca encontraré las palabras para agradecerte por salvar a Lavender. —dijo abrazándola fuertemente. 

—Gracias, Parvati. —sabiendo que Lavender fue la única que no regresó, no pudo evitar preguntar por ella. —¿Sabes cómo se encuentra?

Hubo un pesado silencio. Ginny observaba la escena desde su cama.

—Aún continúa en San Mungo. Todo lo que hizo la señorita Pomfrey después de la guerra… ese es el motivo por el que ella aún sigue con vida. Dicen que tardará un tiempo más en recuperarse por completo, pero luego de eso necesitará asistencia de profesionales para… poder… —Parvati miró al suelo. —Para que pueda controlar la lincantropía. —dijo penosamente. 

Hermione la miró apenada y puso su mano en el hombro de la chica. 

—Tranquila, ella es una mujer fuerte. Ha conseguido sobrevivir, ya verás cómo superará eso. El profesor Lupin lidiaba con ello cada mes, y pudo formar una bella familia. —dijo esperanzada. —Verás que ella podrá hacer lo mismo. 

—Eso espero. — ante esas palabras, a Parvati se le iluminaron los ojos. —Que disfrutes tu día. —se despidió con una sonrisa, desapareciendo al cuarto de baño.  

Ginny se levantó y abrazó a la castaña lo más fuerte que pudo.
— ¡Feliz cumpleaños Hermione!

— ¡Gracias Ginny! 

—Toma, espero que te guste. —Ginny le entregó su regalo, el cual era un libro sobre la aritmancia, su materia favorita.

—Gracias Ginny, me encanta.

—Me da pena Lavender. —Comentó.

—A mí también. Espero que pueda recuperarse pronto. 

—Le has salvado la vida, Hermione. —dijo frotándole el brazo. —Estoy orgullosa de ti. 

Las amigas bajaron al Gran Comedor, desayunaron y se juntaron con Luna, quien también felicitó a Hermione por su día. En ese momento, algunas lechuzas entraron a repartir el correo. Hermione logró divisar una hermosa lechuza blanca que se destacaba entre las demás oscuras, y con gracia y elegancia se posicionó entre ambas, cerca de la azucarera. Snowflake llevaba consigo dos cartas, una para cada una. Ginny y Hermione se las quitaron y la lechuza agitó las alas y se marchó, sin esperar una respuesta. Ginny ansiosa, fue la primera en abrir la suya.  

Ginny

Siento no poder escribirte, estábamos en una misión importante y no podíamos enviar lechuzas, podrían interceptarlas o revelar nuestra posición. No puedo contarte lo que estamos haciendo aquí, es secreto. ¿Cómo te encuentras? ¿Cómo vas con las clases? Cuéntame cómo las está tratando Percival Graves, según Kingsley es muy bueno y de fiar. Te amo pequitas, te extraño, cuídate y en cuanto pueda mandaré de nuevo a Snowflake. Es bastante rápida creo. 

Te ama,

Harry

Hermione mientras abría la suya, vio la emoción en los ojos de la pequeña Weasley, a lo que solo pudo sonreír y negar con la cabeza. Ella era su confidente, y sabía que Ginny estaba enamorada de Harry desde sus doce años, por lo que verla de esa manera hacía que se sintiera feliz por ambos. Y Ron tenía razón en algo: Ginny estaba loca de amor por Harry. 

Hermione

¡Feliz cumpleaños!  No creas que me olvidé de tu cumpleaños, espero que estés pasando bien tu día. Es raro no estar allí para festejarlo como siempre. Siento no enviarte un regalo, pero en cuanto nos veamos te lo daré, no te enojes. Cuéntame como estas, si es fácil este año, pero tú eres muy inteligente y seguro te está yendo muy bien. Te deseo lo mejor, siempre.

Te quiere, tu amigo,

Harry

Volvieron a subir a la torre de Gryffindor para escribir las respuestas a las cartas y luego se dirigieron a la lechucería para enviarlas a Harry. Posteriormente salieron a los terrenos para encontrarse nuevamente con Luna, y mientras buscaban un lugar para sentarse, Hermione recibió una nota de un niño de segundo año que tenía la cara colorada por correr. Era de Hagrid, y la invitaba a ella y Ginny a tomar el té esa tarde. Ante la caligrafía y la nota de Hagrid apretó los labios. A Hagrid le quería, pero sabía que sólo la estaba invitando a su cabaña por su cumpleaños porque ya no podría tener esas citas con Harry. Las tres pasaron el día entre pergaminos resolviendo las actividades de la semana y sugiriéndole tácticas a Ginny para que empleara en su próximo entrenamiento. En la tarde cerca de las cinco, fue a visitar a Hagrid junto con Ginny. No tuvieron tiempo a tocar, puesto que Hagrid les abrió la puerta felizmente y las invitó a entrar, ofreciéndoles un bizcochuelo que había horneado para ella. Tomaron el té en los grandes tazones, haciendo fuerza para tragar el líquido tan amargo y fuerte que les había servido. El bizcocho era tan duro que Hermione temió dejar sus incisivos clavados en él, por lo que disimuladamente examinó la porción para comprobar que aquello solo se trataba de una sensación y no de una realidad. Y tal como lo pensó, no hicieron más que hablar sobre Harry y Ron en sus puestos de aurores, y de alguna que otra materia para no ser tan monótono en el tema de conversación. El sol se estaba poniendo cuando encaminaron el camino de regreso al castillo. Se metieron en varios atajos para evitar que algunos alumnos las interrogaran por Harry y pronto llegaron al séptimo piso. Tras decir la contraseña, se metieron por el hueco y llegaron a la Sala Común. Hermione vio en el tablero de anuncios la próxima salida a Hogsmeade programada para el mes siguiente. Suspiró al saber que la idea de que Ron y Harry las esperaran en el pueblo no pudiera llevarse a cabo. Fueron en busca de sus mochilas y bajaron, haciéndose espacio en un par de mesas para finalizar los deberes de encantamientos. Hermione escribió el título de su redacción para el trabajo del profesor Flitwick y no pudo evitar mirar con nostalgia hacia los mullidos sillones junto al fuego chisporroteante, el lugar favorito de los tres, que estaba siendo ocupado por unos niños de primer año.

Antes de cenar, se dirigió a la torre de Astronomía como solía hacerlo diariamente para contemplar las estrellas como había quedado con Ron. Se había convertido en su lugar favorito a pesar de recordar que allí ocurrió la muerte del mejor profesor que pudo conocer: Dumbledore. Consultó la hora en su reloj de pulsera, puesto que le parecía extraño que Pigwidgeon aún no se apareciera, pero quizás, tal como dijo Ronera pequeña, y los vientos del otoño comenzaban a ser más fuertes, motivo por el cual sería sensato pensar que era suficiente para que ella se retrase.

Las pequeñas pintitas blancas comenzaron a aparecerse en el cielo azul oscuro que se estaba tornando negro, cuando de pronto vio un puntito oscuro que se movía, y cada vez se acercaba más y más. Y en efecto, se trataba de Pig. Tenía un vuelo muy pesado y mientras aleteaba, subía y bajaba paulatinamente. Aparentemente el viaje le resultó muy agotador, no tenía casi ni fuerzas para ulular. Estaba decaída, y no alegre como siempre. La chica la tomó entre sus manos formando un hueco y notó un peso bastante considerable, que para dicha lechuza podía ser demasiado. El pequeño mochuelo no hizo más que quedarse quieto mientras Hermione corría hacia la sala común.

— ¡Ranas de chocolate! —Tras decir esto, la Señora Gorda la dejó pasar.

Pasó por el hueco, chocándose a unas niñas de quinto que se dirigían a cenar, y subió a toda velocidad hacia el cuarto de chicas, que para su suerte se encontraba vacío. Llegó a su cama y con un movimiento de varita cerró las cortinas de dosel y se alumbró con la punta de la varita. Una vez sentada en su cama mullida y calentita, sacó la carta. Era extraña porque en contraste con las demás, tenía un peso diferente. Le dio a Pig un poco de golosinas para lechuzas que sacó del primer cajón de su mesita de noche, y se dispuso a leer el pergamino. Al abrirlo, cayó a su cama un colgante dorado muy brillante. Antes de verlo, prefirió primero leer la carta.

Mi pequeña Hermione

¡Feliz Cumpleaños! No sabes cuánto te extraño, no puedo estar sin ti, pero tengo que aguantar. Seguramente vas a recibir primero mi patronus, porque Pig es muy lenta y más con lo que la he cargado. Sé que no debí hacerlo, pero era necesario, quería darte tu regalo. Espero que te guste, es para que no me olvides en este tiempo. Siento no escribirte, acabamos de llegar de la misión que te mencioné, no nos dejan mandar mucho correo porque la mayoría del tiempo estamos entrenando o en las misiones, y así será por ahora, lo dijo Kingsley. No puedo contarte de las misiones, es lo que más haremos, pero son secretas. Estamos bien y bastante cansados, pero bien, no te preocupes. ¿Tú cómo te encuentras? ¿Cómo la estás pasando? Espero que no te quedes encerrada en la biblioteca. Sal a los terrenos, ve al lago, despéjate y disfruta este día. Seguro que cuando envíes la respuesta no tardará tanto en llegar. No sabes cómo me gustaría estar contigo. Es raro no estar en Hogwarts, todo me resulta extraño si no estoy contigo. Siento si soy un poco meloso y creo que me estoy extendiendo en esto, si fuera por mí te seguiría escribiendo, pero Pig me odiará si sigo después de lo que pondré dentro. 

Te amo y cuídate, no lo olvides.

Ron

A Hermione se le iluminó el rostro, tenía mucho brillo en los ojos, una amplia sonrisa se le dibujó en los labios, y las mejillas estaban más rosadas que antes. Tomó el colgante y lo miró detenidamente: éste tenía en la superficie algo grabado. Lo escudriño detenidamente y pudo comprobar que se trataba de sus iniciales: H & R. Creyó que eso era todo, pero se dio cuenta que se podía abrir. Después de un clack se abrió y dentro tenía una foto de ellos dos sonriendo, él la tomaba por su barbilla y la besaba. Esto se repetía una y otra vez. Esa foto se la tomaron en una de las veces que fueron a Hogsmeade en el verano. Ella sólo pudo sonreír, estaba muy feliz. Rápidamente, buscó en su mochila un pergamino, sacó la pluma y el tintero y le respondió:

Mi terco Ronnie:

¡Gracias por el regalo! Me ha gustado mucho, y te aseguro que siempre lo llevaré conmigo. Efectivamente recibí primero tu patronus, y fuiste el primero en saludarme. Ya anocheció y Pig acaba de llegar cuando me encontraba mirando las estrellas, como acordamos. Eso definitivamente hace que no te sienta tan lejos. Ahora Pig está descansando y comiendo un poco. Entiendo que las misiones sean secretas, pero ¿no puedes decirme, aunque sea un poco de lo que hacen? Presiento que es algo peligroso, de por sí el puesto lo es, pero ya sabes cuál es mi temor.

Me alegro mucho de que estén bien Ron. Te echo mucho de menos, quiero que ya sea Navidad para poder verte. Te cuento que en la mañana salimos al jardín con Luna y Ginny, y en la tarde Ginny y yo fuimos a tomar el té a la cabaña de Hagrid. Los extraña demasiado. Como sabrás, tenemos un nuevo profesor en DCAO, parece ser bueno, nos enseña bien. Nos están dando muchos deberes como de costumbre, pero podemos con eso, es la práctica para el EXTASIS. Ginny y yo somos prefectas y es algo que nos cansa un poco. Tu hermana ha armado un excelente equipo desde cero, y tengo la confianza para que este año nos hagamos con la Copa. 

Sigue cuidándote, siempre que puedas mándame a Pig, no lo olvides. Vuelvo a pedirte que te cuides por favor, sigue las normas de Kingsley, siempre síguelas, ¿sí? No lo desobedezcas, te conozco Ronald. Y no sé si sigo siendo pequeña Ronnie, ya cumplí un año más. 

Te ama,

Hermione

Dobló el pergamino, y antes de ponerle la carta en la patita de Pig, le dio un beso en su pequeña cabeza:

—Eres fuerte Pig. Te han cargado mucho esta vez, pero aun así lo lograste ¡Te felicito! — Pig comenzó a ulular fuerte y salió de la mano de la chica, atravesando el dosel y comenzó a dar vueltas por toda la habitación, en señal de agradecimiento. — ¡Ven aquí Pig! Tengo que darte la respuesta. —  El mochuelo se acercó nuevamente, extendió su patita y una vez que le pusieron la carta, salió volando y Hermione abrió a tiempo una ventana de la habitación para que saliera.

Bajó al Gran Comedor más feliz que nunca, con cara embobada, con el bello colgante reluciendo en su cuello, posando delicadamente sobre su sweater de mangas anchas y largas tejido por la señora Weasley, que en lugar de vestir el que le había regalado por la navidad pasada entregado antes de partir a Hogwarts, decidió usar el de Ron, por lo que una enorme R blanca se lucía sobre el negro. Disimuladamente agachó su cabeza para sentir el olor del sweater, y sonrió de satisfacción al comprobar que el aroma de Ron seguía impregnado en él. Se sentó junto a Ginny y ésta notó inmediatamente lo que traía.

— ¿¡Y eso!? ¡Es hermoso! 

—Me lo ha regalado Ron. — Respondió sonrojada.

—Bueno, creo que tiene buen gusto después de todo, ¿no crees? — Ambas soltaron unas risitas. 

A mediados de octubre emprendieron el viaje programado de visita a Hogsmeade. Pasaron por Honeyduckes y Ginny se llenó los bolsillos de golosinas, caminaron frente a la tienda de té de Madame Tudipié y observaron que dentro había varias parejas de enamorados riendo y felices, lo cual hizo que pasaran refunfuñando del escaparate y pasaron a la Casa de las Plumas para tener un par extra. Hermione siempre llevaba con ella el relicario, y cada vez que se sentía agobiada y sobrecargada de nostalgia por Ron, lo apretaba fuertemente contra su pecho, como si de esa manera pudiera abrazarlo. Últimamente estaba teniendo una sensación extraña. En ocasiones un escalofrío le recorría por toda su espina dorsal haciendo que su piel se le erizara, y esto la asustaba, porque sin poder evitarlo, lo relacionaba con Ron y creía que él estaría en peligro. Pero con un fuerte poder de concentración, se convencía a sí misma de que todo estaba bien y solo se trataba de sus sentimientos que le hacían pasar por un mal momento.

Las semanas transcurrieron paulatinamente. Los árboles habían perdido todas las hojas, los vientos se hacían más intensos y fríos, el cielo era gris la mayor parte del tiempo y algunas lloviznas acompañaban los días. En noviembre volvieron a recibir noticias de ellos. Prácticamente todas las cartas eran similares: estaban en misiones que les llevaban semanas, luego seguían con más entrenamiento y estaban muy agotados, pero lo más importante para ellas era que estaban a salvo.

        Se acercó el primer partido de Quidditch a finales de noviembre: Gryffindor contra Slytherin. Ginny era la nueva capitana del equipo y ganaron 190 a 50, cuando Ginny atrapó la snitch dorada. El festejo duró toda la noche en la Sala Común de Gryffindor, todos estaban más que felices por la victoria contra las serpientes y creían fervientemente en que el nuevo equipo armado por la capitana podría llevarlos a ganar la Copa ese año. 

Las siguientes semanas transcurrieron rápidamente, para cuando reaccionaron, el primer trimestre estaba finalizando, diciembre ya había llegado, y aquello que para Ginny y Hermione se veía tan largo y eterno, había arribado casi de un día para otro y por fin ya sería hora de volver a casa. Ya hacían dos semanas desde que no recibían noticias sobre Harry y Ron, pero suponían que estaban en otra misión importante, podían comprobar aquello bajo algunos minuciosos titulares que salían de vez en cuando en El Profeta. Sin embargo, a pesar de que se autoconvencían de que todo estaba bien, Hermione constantemente tenía escalofríos que la hacían estremecer. El hecho de no recibir noticias sobre ellos periódicamente la afectaban más de lo que quería, y en el momento en que recibían noticias, lograba apaciguar sus pensamientos y miedos. Las últimas cartas que recibieron llegaron dos días antes de partir y en ellas les anunciaban que llegarían a la Madriguera en la mañana próxima a la noche que ellas arribaran, y eso no podía hacerlas sentir más emocionadas. Al fin había llegado la hora de verlos otra vez después de tanto tiempo de separación.



N/A: ¡Hola a todos! Espero que estén disfrutando de esta historia tanto como yo al escribirla.
Últimamente he tenido problemas para subir este nuevo capítulo, por lo que me parece importante contarles que también la estoy subiendo a las plataformas de Fanfic.es y Wattpad bajo el mismo nombre. Se los cuento en el caso que a futuro vuelva a surgir algún error en esta plataforma, lo cual sería una lástima porque le he tomado mucho cariño. 
Gracias por seguirla y espero que puedan quedarse hasta el final.
¡Espero tengan buen fin de semana!
Nos leemos en el próximo
Clarii



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