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Harry Potter Después de la Guerra (Vol. 1) » 7- La Revelación
Harry Potter Después de la Guerra (Vol. 1) (R15)
Por eagle
Escrita el Viernes 4 de Septiembre de 2020, 15:51
Actualizada el Miércoles 21 de Octubre de 2020, 15:33
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7- La Revelación

—7—

 La Revelación

 

Luego de una hora, la castaña seguía tumbada en la cama. Se había quedado dormida de tanto llorar, hasta que unos golpeteos suaves en la puerta la despertaron.  Lentamente se incorporó, y con la voz más normal que pudo, habló.

— ¿Quién es? — Preguntó despreocupada.

— ¿Puedo pasar?

Era la voz que menos quería escuchar en ese momento. Tardó en responder. Se miró al espejo y su imagen no era la más bonita. Intentó acomodarse un poco el cabello, pero lo dejó más enmarañado que antes.  Frotó sus ojos y entreabrió la puerta.

— ¿Qué quieres?

—Quería saber si podemos hablar.

En su voz sintió dolor y pena. Ante esto, sucumbió.

—Está bien. —Aceptó.

De mala gana dejó entrar al pelirrojo. Éste pudo ver sus ojos hinchados y el rostro rosado y su mirada decaída, que por más que ella lo intentara, no logró ocultar. Sintió un dolor en el pecho, pues sabía que él era el causante, pero allí estaba firme para intentar justificarse, y con suerte, ella lo entendería.

—Hermione… hay una razón por la que quiero ser auror. — Dijo tomando sus manos con las suyas. Él buscaba su mirada, más ella sólo se limitaba a mirar el suelo.

— ¿Y bien? Dime cuál es Ronald. —Preguntó molesta, esquivando sus penetrantes ojos azules. Él dio un pesado suspiro.

—Quiero serlo para vengar a Fred. —ella dejó de esquivarlo, castaño y azul se encontraron. —No es venganza, si no que quiero encontrar al culpable de su muerte… y pretendo que se quede en Azkaban por siempre. —Hizo una pausa y la examinó. Su mirada era indescifrable… ¿Pena? ¿Dolor? ¿Temor? No lo sabía, pero supo que podía continuar con aquello. —Te lo quería decir antes de Hogwarts, solo que… ya vería el momento y la forma de hacerlo, —reconoció. — era algo que ya lo tenía decidido, independientemente de que llegara esa carta. Pero, lo que recibimos hoy fue una señal, algo del destino…al ver esa carta fue… una especie de iluminación. Es algo que debo hacer.

Al terminar de decir esto, permaneció con el semblante serio, pero se podía ver a través de sus ojos que una gran nostalgia en lo profundo de su ser se apoderaba de él lentamente. Hermione se soltó de sus manos y lo abrazó lo más fuerte que pudo, y logró comprender que no se trataba de mostrarse como un chico malo, ni mucho menos de perseguir sueños, se trataba de sed... sed de justicia. Y con esto sabía que no habían alcanzado la paz como ella creía. Se avecinarían tiempos difíciles, como lo había sido siempre, pero también sabía que la necesitaba ahora más que nunca. No era el momento de ponerse los zapatos de juez, sino de ser empática y compañera, ser su sostén. Y por Ronald Weasley sería cualquier cosa que él necesite, como él lo era con ella. Su amor y aliento era recíproco.

— ¡Oh Ron! —Exclamó apenada. —Lo siento, lo siento, lo siento. —dijo, besando su rostro por cada palabra. — Solo temo perderte. —se lamentó, acurrucándose en su pecho, sintiendo seguridad.

—Te amo Hermione. —comenzó a acariciar su cabello cuidadosamente como si de una pequeña niña se tratase. —No me perderás, te lo prometo. —dijo apretándola más contra él. —Seguiremos adelante, como siempre lo hicimos, ¿sí?

Elevó su vista para encontrarse con él. Necesitaba decírselo a los ojos, como si intentara llegar a su alma.

—Yo también te amo Ron. Te apoyaré en todo lo que decidas. —Una lágrima rodó por su mejilla, pues ya no tenía fuerzas para seguir conteniéndola.

—No llores mi bonita—dijo limpiándola. —No me pasará nada, ¿sabes por qué? —ella negó triste. —Porque tengo que cuidar de alguien a quien amo muchísimo en esta vida. Y esa eres tú.

Comenzó a besarla con todo el amor que pudo, llenándola de besos tiernos, intentando compensarla por el mal momento.

— ¿A sí que soy tu bonita ahora? — Preguntó con una sonrisa.

—Sí, siempre lo has sido. — confesó, acariciando su rostro

—Y tú eres mi terco.  —Dijo divertida.

—No pasará nada, te lo prometo, —aseguró, retomando el tema. —Pero también… tú tienes que prometerme algo.

— ¿Qué cosa? —Preguntó con asombro.

—Mientras estemos separados, deberás cuidarte hasta que volvamos a estar juntos, —ella asintió con una débil sonrisa. —Luego me dejas ese hermoso deber a mí. No permitas que nada malo le pase a mi bonita.

—Ron, sabes que sé cuidarme sola. —dijo jugando con el cabello zanahoria.

—Sí, lo sé, pero solamente quería recordarte que debes hacerlo. Nos comunicaremos, ¿está bien? Te enviaré a Pig todas las semanas y te contaré cómo va todo. Créeme que lo que menos quiero es separarme de ti. Será muy difícil para mí.

— ¡Y para mí también Ron! ¡Te extrañaré muchísimo!

—Y yo a ti mi pequeña perfecta, pero ya verás que podremos. Juntos superaremos esto, juntos saldremos adelante, como me lo dijiste. —Hermione comenzó a besarlo con ímpetu.

De pronto, la puerta se abrió sin previo aviso.

—¡Vaya que ahora resuelven sus peleas más rápido y de una manera muy personal!

Esa voz tan particular terminó por separarlos de un respingo

— ¡Ay Ginny! —Se quejó su hermano enojado. —Tenías que entrar, ¿no? —rodó los ojos y bufó. Hermione se sonrojó. —Además, no me importa si mamá nos viera, ella de seguro hacía lo mismo a su edad, ¿no?

— ¡En lugar de enfadarte tanto, deberías estar agradecido! ¡Sabes cómo se pone!

—Está bien Ginny, —aceptó, aún molesto. —no empieces a gritar ¿sí? —Pidió, haciendo muecas, como si su voz tan aguda le perforara los oídos.

El chico salió de la habitación, un poco irritado. Su hermana acababa de arruinar una escena que le estaba provocando un calor interno, haciéndole desear los labios de Hermione un poco más… incluso su exquisito aroma lo invitaba a saborear su cuello. Ante ese fugaz pensamiento llevó ambas manos a su rostro ruborizado. ¿Qué aún no conocía todos los efectos que causaba en él Hermione Granger? Tal vez en algún momento averiguaría aquello un poco más en profundidad.

Una semana después de que les llegaran las solicitudes, a Harry y Ron les llegó otra carta más, la cual les anunciaba que empezarían la semana entrante, exactamente una semana antes de que las chicas comenzaran su último curso en Hogwarts. Sin tiempo que perder, las parejas aprovecharon de los últimos días juntos y estaban más unidas que nunca. Visitaban diferentes lugares, viajaban a Hogsmeade, y todas las tardes sin falta veían a Teddy. Disfrutaron tanto que no se percataron de lo rápido que corrían los días, pues su nueva etapa como Aurores estaba a punto de comenzar.  

Era la última semana de agosto de 1998. Harry y Ron se encontraban en La Madriguera, listos para irse al Ministerio de Magia. No regresarían hasta Navidad, pues el mismísimo Kingsley fue muy específico al advertirles que días ajetreados se vivían en el Área de Defensa. Aquella fecha de reencuentro se veía como una eternidad, y ya sentían que la mensajería no sería suficiente. Ambos muchachos vestían con el uniforme correspondiente, el apellido bordado a la derecha del mismo les hacía inflarse el pecho de orgullo. Molly no podía evitar seguir viéndolos como unos pequeños adolescentes metidos en esos trajes tan importantes. Sabía que no lo eran, más bien se habían convertido en hombres fuertes, la guerra se lo había demostrado. Pero para ella, siempre serían sus pequeños niños a quienes ayudó a cruzar la plataforma 9 y ¾ cuando apenas tenían once años.

La pelirroja abrazaba a su novio una y otra vez, y repetidas veces le pedía que sea muy cauteloso.

—Lo has prometido Harry, no lo olvides. —Le recordó mientras le acomodaba el cabello.

—Tienes que estar tranquila Ginny, nada pasará, lo sabes. — Y tomando sus manos y sin que Molly los viera, la besó tiernamente. —Extrañaré esto sin dudas. —Le murmuró sobre los labios. Ginny sonrió y le susurró.

—Te amo Harry.

Esas palabras tan sinceras le hacían reconsiderar su partida, pero sabía que debía hacerlo.

—Te amo Ginny —Dijo besándole la mejilla — Tengo una sorpresa para ti, —la chica lo miró intrigada, con una sonrisa pícara. —pero no la sabrás hasta estar en Hogwarts.

— ¿Hasta Hogwarts? —preguntó confundida.

—Es sólo una semana, tranquila, no tendrás que esperar tanto. —La calmó, acariciando su pecosa cara.

—Está bien. —Aceptó sonriente y divertida.

En la habitación de Ron, él y Hermione hacían lo propio. Él la sostenía de la cintura, mientras ella estaba encadenada a su cuello con ambos brazos, permaneciendo cara a cara.

—Cuídate mucho Ron.

—Tú tienes que cuidar de mi bonita, no lo olvides. —Comenzó a besarla dulcemente. — Te amo mi perfecta.

—No soy perfecta, lo sabes.

—Lo eres para mí. —sonrió al ver las mejillas sonrosadas de la chica. — Será raro —dijo pensativo. —Tú vuelves a Hogwarts… sin nosotros. —ella hizo una mueca de disgusto. —Pero verás que cuando quieras darte cuenta, estaré besándote nuevamente. —dijo plantándole otro beso en los labios. Se le era difícil poder dejar de besarla.

—Te extrañaré Ron — Confesó mientras lo abrazaba muy fuerte.

—Y yo a ti Hermione… y no sabes cuánto. ¿Sabes algo? Si quieres, todas las noches podríamos mirar las estrellas. Así sé que tú estarás haciendo lo mismo y no te sentiré tan lejos.

—Está bien Ronnie, me gusta tu idea. —dijo, volviendo a unir sus labios.

— ¡Ronald! ¡Baja en este instante! ¡Llegarás tarde a tu primer día!

La amplificada voz de su madre los interrumpió. Por más que no quisiera, el momento había llegado. El chico bajó apresuradamente con su bolso al hombro, seguido por la castaña. En la sala, los chicos se despidieron de todos, dándoles otros fuertes abrazos a sus novias. Se dirigieron a la chimenea, tomaron un poco de Polvos Flu y gritaron: "¡Al Ministerio!" y en un milisegundo, desaparecieron entre las verdosas llamas.

 

En los días siguientes, Hermione le pidió a Ginny que comprara por ella los materiales necesarios de Flourish y Blotts, pues como dijo, sentía vergüenza de ingresar nuevamente al local. Recordó la conversación con su novio en donde él le había prometido comprar los libros de ambos… sintió un pequeño dolor en el pecho. Una ligera tristeza la invadió, pero sabía que tal vez su decisión de ser auror calmaría un poco su herido corazón, en la búsqueda de justicia.

Llegó el primero de septiembre. Hermione se encontraba en la plataforma 9 y 3/4 junto a sus padres, quienes aún no estaban seguros de dejarla volver por todos los riesgos y peligros que inundaron al mundo mágico, pero ante las insistencias de la chica lo aprobaron a duras penas. Luego de unos minutos, llegó Ginny acompañada por su madre.

— ¿Has visto a Harry? ¿Has notado alguna situación extraña? — La interrogó impaciente.

—Hola Ginevra. —Saludó con enfado ante el saludo de su amiga. —, y no, claro que no. No noté nada raro… ¿por qué debería estar Harry? Sabes que él y Ron se encuentran en el Ministerio. — Respondió confundida.

—Lo siento, hola Herms. Lo que sucede es que antes de irse me ha dicho que tiene una sorpresa para mí, y que debía esperar hasta ir a Hogwarts.

—Mmm… a lo mejor te dejó algo en la Madriguera y tú no lo encontraste a tiempo. — dijo creyendo que era lo más sensato. Sus padres se acercaron a ambas— Ginny, te presento a mis padres.  

— ¡Hola señores Granger! — saludó, estrechando sus manos. —Soy Ginny, la hermana de Ron.

— ¡Hola Ginny! ¿Cómo estás? Sabemos quién eres. — Afirmó el señor Granger muy animado. —Hemos oído mucho de ti y en algunas ocasiones te hemos visto con tus hermanos.

— ¡Hola señores Granger! ¡Hola querida! —Saludó amablemente Molly que acababa de llegar. —Soy Molly Weasley, la madre de Ron. Nos hemos visto antes, pero no hemos tenido el placer de conversar mucho aún.

— ¡Hola Molly! — Saludó la señora Granger. —Yo soy Jean y él es mi marido, Hugo. Es cierto, no hemos hablado mucho. — Concordó con una sonrisa. — ¡Felicitaciones por su hijo! Hermione nos contó que entró a un puesto importante como Autor.

— ¡Gracias! estoy muy orgullosa de él. El puesto es Auror, se encargan de buscar… a magos malos, por así decirlo. Es como un… eh… ¿cómo le dicen…? ¡Ah sí! ¡Es como un pocresía!

— ¿Pocresía? —Preguntó Hugo extrañado. — ¿Qué es un…?

—Policía, papá, quiso decir policía. —Le aclaró su hija entre risas.

— ¡Oh ya veo! —  Comentó el señor Granger. —Creo que son valientes tu amigo y tu novio, ¿no? —  Le susurró al oído a su hija, la cual sonrió.

—Sí, eso. — Continuó Molly. — Y en cuanto a Hogwarts, bueno, eso era una decisión de los chicos. —Les explicó

El silbato del expreso de Hogwarts chilló, dando anuncio a que pronto partiría. Las chicas se despidieron y rápidamente subieron al tren. Al entrar, buscaron lugar entre los compartimientos del escarlata. Muchas miradas eran de curiosidad, otras de felicidad, pues sin dudas entrar al tren no había sido muy diferente a otras veces, pertenecían al círculo de Harry Potter, y eso era suficiente para que todas las personas quisieran saber más sobre ellas. Ignorando completamente aquello, se enfocaron en su búsqueda y fue cuando encontraron a Luna.

— ¡Hola! —saludaron ambas a la rubia.

—¡Hola chicas! Es lindo volver a verlas.

—Veo que Neville aceptó la propuesta de Kingsley. —Comentó Ginny, percatándose de la ausencia del chico mientras comía una rana de chocolate.

—Sí, seguramente ahora esté con Harry. —hizo una mueca. —Su abuela fue quien lo obligó a ir, él no deseaba completamente ser un auror, y desde mi perspectiva, yo tampoco. Espero que no lo quieran involucrar en la Conspiración Rotfang.

—¿Qué? —Preguntó Hermione confundida. —¿De qué hablas?

Luna comenzó a explicarles sobre la teoría conspirativa, pero ni Ginny ni Hermione le llevaron el apunte, pero, de todas formas, la escuchaban con atención.

—Sé que no me creen. —finalizó, con una sonrisa. —Pero estoy muy segura de ello.

—Así que Nev no está seguro sobre ser auror…

—No, de hecho, él quería volver conmigo a Hogwarts, planea especializarse en herbología. —comentó feliz. —Pero ya saben, su abuela siempre se entremete en su vida.

—Sí, lo sabemos. Seguramente quiere que siga los pasos de sus padres. —comentó Hermione.

—Y es por lo mismo que él no quería ir. Quien sabe, tal vez algún día se revele y pueda hacer lo que realmente le gusta. —opinó Luna. —A su abuela no le simpatizo. —hizo una mueca.

—¿Conociste ya a la abuela de Neville? —Preguntó Ginny, asombrada.

—Sí, durante el verano fui varias veces a tomar el té por las tardes. Neville me invitaba siempre, pero sé que, con el simple hecho de verme allí, no le agradaba para nada. Se burló de mi colgante de corchos. Dijo que era ridículo. —Comentó, con un deje de enfado. —Y Neville no dijo nada, se quedó callado.  

—Debería haber dicho algo, lo sé. —Intervino Hermione, comprensiva. —Pero su abuela es muy cargosa con él.

—Lo sé. Y espero que no se entrometa tanto en nuestra relación, porque si no, no sé realmente hasta cuándo lo pueda soportar.

—¿Segura que no estás exagerando? —Preguntó Ginny.

—Sólo llevamos un mes. —exclamó, en tono de obviedad. —Recién comenzamos, y actúa así conmigo. —se quejó.

Un muchacho flacuchento, rubio y alto abrió la puerta del compartimiento de las chicas, llamando la atención de todas.

—¡Buenos días! Soy el prefecto de Hufflepuff, ¿vendrán al vagón de prefectos? —Preguntó a Hermione y Ginny. —Comenzaremos con los horarios para este año.

Ambas asintieron y se despidieron de Luna, la emoción y adrenalina de volver al colegio hizo que olvidaran que debían ir a su reunión de prefectos como era costumbre. El resto del viaje, se la pasaron en los pasillos del escarlata, controlando a los niños de primer año y a todos los estudiantes, confiscando bombas de olor, y otros artículos que estaban prohibidos. Al bajar del tren, vieron a Hagrid como todos los años, quien estaba esperando a los nuevos alumnos como siempre.

— ¡Hermione, Ginny! ¿Cómo están? ¡Qué alegría verlas de nuevo!  —el semi-gigante les dio un fuerte abrazo.

— ¡Hola Hagrid! Estamos bien, ¿y tú? —Preguntó Ginny.

— ¡Bien, muy bien! Ya verán como esta Hogwarts… ¡Les encantará! — Aseguró. —Y…Harry y Ron están en el Ministerio de Magia, ¿no? — Preguntó mientras inconscientemente los buscaba entre los demás alumnos que seguían bajando del escarlata.

—Sí, ¿lo has leído de El Profeta? — Intervino Hermione.

—Kingsley nos lo dijo… es una lástima no verlos este año. — Comentó. — Bueno, sigan chicas, tengo que guiar a este grupo. ¡Nos vemos en el Gran Comedor! — Hagrid se alejó a grandes zancadas al ver que algunos alumnos de primer año comenzaban a dispersarse del lugar.

Las chicas se dirigieron a las carrozas que las esperaban con los Thestrals, todos los que habían participado en la Batalla pudieron ver a las criaturas por primera vez en sus vidas. Al aproximarse al castillo, pudieron observar la maravillosa restauración que le habían hecho. Nadie podría imaginar que allí hubo una gran Batalla hace tan solo cuatro meses, de hecho, se veía más reluciente que antes. Bajaron de las carrozas, y en grupo se dirigieron al vestíbulo. Allí estaba Peeves, quien empezó a molestarlos tirándoles varias frutas por la cabeza, las cuales robó de la cocina. Una de ellas golpeó fuertemente contra Hermione y de repente se escuchó la voz de McGonagall.

— ¡PEEVES!

Éste salió disparado a toda velocidad, burlándose y riéndose, soltando alguna que otra palabrota. Entraron al Gran Comedor y éste se veía igual que antes. Todo el castillo tanto por dentro como por fuera estaba completamente perfecto. Se sentaron en la mesa de Gryffindor y esperaron a la Ceremonia de Selección. Al mirar a la mesa de los profesores, como era de esperarse, McGonagall ocupaba el asiento del director, a la derecha se encontraba Slughorn, luego le seguía la profesora Trelawney, y posteriormente un hombre que parecía ser alto y de cabello castaño. Los chicos lo conocían, pero no reconocían de dónde. A la izquierda de la directora, se encontraba la profesora Sprout, el profesor Flitwick, y una silla vacía, que supusieron, era la de Hagrid. Una vez que todos los alumnos se acomodaron, la profesora McGonagall dio la tradicional bienvenida. Aún se sentía extraño no ver a Dumbledore dando la apertura del curso.

— Alumnos, ¡bienvenidos a Hogwarts! —A continuación, todos aplaudieron muy animados. — Como verán, el castillo recibió una excelente restauración. Esperamos que este sea un buen año escolar, tranquilo, ameno y que estén a gusto. Debo decirles, como ya habrán notado, soy la nueva directora de Hogwarts. —Hubo más aplausos, ovaciones y algunos silbaban en señal de apoyo. — También debo darle la bienvenida al nuevo profesor Percival Graves, ex Auror del Ministerio de Magia — el aludido sonrió. —quien dictará la materia Defensa Contra las Artes Oscuras, cuyo nombre anterior era Artes Oscuras. — hizo una mueca al recordar aquello. Todos los presentes aplaudieron en señal de bienvenida. — Como jefe de la Casa de Slytherin tendrán al ya conocido, profesor Slughorn. Ahora, procederemos con la Ceremonia de Selección. Los nuevos, cuando diga el nombre de cada uno, se acercarán y se pondrán el Sombrero Seleccionador y se ubicarán en la mesa correspondiente, ¿entendieron?

El Sombrero Seleccionador tenía un aspecto viejo y descolorido. Este había sido cocido nuevamente, ya que en la Batalla sufrió algunos incidentes a causa de que Voldemort lo prendiera fuego, sin embargo, a pesar de su aspecto, sus canticos eran tan cálidos como siempre. Se sentía bien volver a la normalidad.

La profesora sacó un largo pergamino y comenzó a llamar a los nuevos alumnos que formaban una fila. A medida que los nombraban, pasaban y se ubicaban en las mesas. Ravenclaw quedó con siete estudiantes, Hufflepuff y Gryffindor con nueve y Slytherin con ocho. Todos esperaban a que McGonagall diera inicio al banquete, pero ésta dio otro anuncio:

—Queridos alumnos, hoy tenemos un invitado al que todos conocen. — los presentes se miraron entre sí. — Ha venido a hablarnos de lo que ha pasado y a darnos una explicación sobre una persona que ha sido mal juzgada… — Los alumnos estaban boquiabiertos y comenzó un leve barullo en donde todos se preguntaban quién sería. Hermione miró a Hagrid en busca de respuestas, pero éste se veía igual de desconcertado que el resto. — Pasa, por favor. — Ordenó al invitado.

Las puertas del Gran Comedor se abrieron en par. Un muchacho de cabello azabache, con anteojos redondos y una cicatriz en forma de rayo caminaba entre las mesas. Todos aplaudieron eufóricamente de pie y sus amigos estaban impresionados, ya que él no le había revelado a nadie que iría allí. Los alumnos de primer año quedaron boquiabiertos. Era la primera vez que veían en persona a aquel personaje tan importante. Con un poco de nervios, subió a la tarima, hasta donde estaba la directora, la saludó con una mirada agradable y comenzó:

— ¡Hola a todos! —Rebuscando con la mirada en la mesa de Gryffindor, encontró la cabellera pelirroja que tanto esperaba ver. —He venido para hacerles una revelación, algo que creo que deberían saber. Es sobre el anterior director… Severus Snape. —Comenzaron a haber abucheos por parte de la mesa de Ravenclaw y Hufflepuff, en la mesa de Gryffindor, su amiga y su novia dedujeron lo que haría y los demás estaban sorprendidos, mientras que en la mesa de Slytherin prestaban atención. —Cuando Dumbledore murió, les dije que Snape fue quién lo mató, lo vi con mis propios ojos. Pero Snape me reveló algo muy importante en la noche de la Batalla. Él siempre estuvo de nuestro lado. —Todos lo miraron con los ojos muy abiertos, algunos fruncían el ceño, pues aquello era muy difícil de creer. —Sé que sonará extraño y muchos de ustedes no lo creerán, como tampoco me creyeron que Voldemort había vuelto, como tampoco creyeron la vez que salió el basilisco de la Cámara, como esas veces y muchas más que no me creyeron, no dudaría que tampoco lo hagan ahora. Pero les diré la verdad, como siempre lo he hecho. —Hizo una pausa. Tomó aire, y siguió. — Él apoyaba a Dumbledore tanto como lo hacíamos nosotros, pero también, estaba al servicio de Voldemort y lo engañaba. —Todos cambiaron sus miradas y se transformaron en asombro. — Él fingía estar de su lado. Él mató a Dumbledore porque Dumbledore se lo pidió, todo ya estaba planificado por el mismísimo profesor. Si no fuera por Snape, muchas cosas que hicimos no habrían sucedido. Profesora McGonagall… — dijo mirándola suplicante. — es justo que su retrato esté en el despacho del director.

Cuando finalizó, nadie salía de su asombro. No podían siquiera emitir una palabra.

—Potter me lo ha mostrado y es cierto. — continuó Minerva. —Severus Snape a pesar de todo lo que ha pasado, era un excelente mago… que ha expuesto su vida, siendo un doble agente, para poder darnos protección y seguridad. En la vida, siempre hay caminos que elegir. Algunos son buenos, y otros… no tanto. Severus no es un gran ejemplo, pues en su vida no ha tomado las mejores decisiones… y ¿quién puede juzgarlo? Hable aquí y ahora quien nunca ha tomado una mala decisión que no haya perjudicado a otros o a ustedes mismos. Era humano, y los humanos no siempre vamos por el camino correcto, cometemos errores. Pero aquí lo importante es… que nunca es demasiado tarde para cambiar, nunca es tarde para enmendar los errores que hayan hecho. Y Severus no fue excepción de esto. Tal vez —Dijo mirando a Harry. — Severus Snape ha tenido que llegar a los límites para darse cuenta de su error, pero el amor… el arma más poderosa que -quiero pensar- todos tenemos, fue completamente suficiente para que él, esta vez, pudiera tomar el camino correcto, a pesar de no poder evitar ciertos… hechos lamentables que han ocurrido. —tragó grueso. — Y es por esto y por todos los actos que este hombre hizo, — Dijo mientras entraba flotando al Gran Comedor para luego situarse frente a todos los alumnos para que pudieran visualizarlo completamente, un cuadro de Severus Snape. — que éste cuadro debe ocupar un lugar en mi despacho, junto a los directores del Colegio. —Severus Snape los miraba a todos con un semblante serio. Por unos segundos, sus ojos se posaron en los de Harry, y en sus finos labios se le formó una pequeña curva, una sonrisa, sonrisa que solamente pudo ser vista por Harry. Todos los alumnos y profesores comenzaron a aplaudir, con más énfasis lo hacían los de Slytherin, ya que el nombre de su ex Jefe de Casa había sido limpiado ni más ni menos que por el mismísimo Harry Potter. — Por favor, quédate a cenar. — Le susurró al muchacho, y éste aceptó.  —Ahora sí, ¡que disfruten del banquete!


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