Historia al azar: Red Flu Navideña
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
Harry Potter Después de la Guerra (Vol. 1) » 5- Flourish y Blotts
Harry Potter Después de la Guerra (Vol. 1) (R15)
Por eagle
Escrita el Viernes 4 de Septiembre de 2020, 15:51
Actualizada el Miércoles 21 de Octubre de 2020, 15:33
[ Más información ]

5- Flourish y Blotts

―5―

 Flourish y Blotts

 

George decidió reabrir el negocio "Sortilegios Weasley" y no le fue difícil encontrar ayudantes, muchos querían trabajar allí, en la tienda más grande, gloriosa y divertida del callejón Diagon. De esto lo habían convencido sus padres y sus hermanos, para que no pasara tanto tiempo encerrado en su habitación y lograra entretenerse con algo. Realmente apreciaba el gran apoyo que tenía de sus seres queridos, y eran el motor que lo motivaba a seguir adelante con su vida, viviendo por los dos.

Últimamente Arthur y Percival llegaban un poco más tarde de lo habitual, ya que en el Ministerio de Magia se estaban ultimando los detalles para que el nuevo ministro asumiera como tal. Momentáneamente Kingsley Shacklebolt era quien ocupaba dicho lugar, hasta que el candidato elegido asuma su puesto. En el Ministerio de Magia eran varios los postulados a ocupar el cargo, pero era un secreto a voces que estaba casi asegurado que Shacklebolt asumiera de manera permanente.

Pasaron tres semanas y media desde la última vez que Ron vio a Hermione. Se enviaban lechuzas todo el tiempo, y ya no podía esperar al día de mañana en donde saldrían a realizar compras para el último año de Hogwarts. No importaba la cantidad de veces que él le sugirió de hacerlo más adelante, pues eran compras muy anticipadas, pero ella estaba muy emocionada de volver al castillo y disfrutar del último año de clases completamente normal.

Aquella noche luego de la cena, su hermana y su mejor amigo se volvían a escabullir en el jardín de la casa, como lo hacían habitualmente. Sólo le restaba sonreír, intentando no pensar en las cochinadas que estarían haciendo su mejor amigo y su hermana menor. Lo ponía de buen humor ver a Harry ser tan feliz por primera vez. 

A media tarde del siguiente día, fue a esperar ansioso a su amada novia, quien se quedaría nuevamente en su casa por una grandiosa semana entera. Pasaron el resto del día entre charlas amenas y besos que le robaba a la castaña inesperadamente, haciéndola sonrojar temiendo a ser vista por algunos de los presentes de la hermosa Madriguera.

Una mañana, Harry y Ginny los invitaron al Callejón Diagon a realizar un par de compras y comer algo en el Caldero Chorreante. Era momento de intentar comenzar de nuevo, de nada servía que se siguieran ocultando en la casa para evitar a algunos molestos periodistas que los perseguían de un lado a otro intentando obtener un poco de información sobre sus vidas. Los cuatro se aparecieron en el Callejón Diagon, y solo bastaron un par de segundos para que todos comenzaran a agradecerles una vez más por sus hechos heroicos, y los vitoreaban a cada instante. Si bien era grato de escuchar, realmente ya los estaba sacando de quicio. En un momento, Harry y Ginny les dijeron que irían a buscar una lechuza para el ojiverde.

—Debo reconocer que mi hermana está completamente loca por Harry. —mencionó, mientras caminaban paulatinamente tomados de la mano.

—También hay que ponerse en su lugar… no han estado juntos por un buen tiempo. —opinó, mientras observaba la tienda de Madame Malkim

—Puede ser... ¿tú harías lo mismo si no me vieras por mucho tiempo?

— ¿Qué quieres decir? —Preguntó preocupada.

—Solo intento saber cómo te comportarías. —Dijo intentando no levantar sospechas.

—No lo sé, y no quiero averiguarlo. —dijo dándole un casto beso en los labios.

— ¿Te molesta si voy a visitar a George? Elegiré un regalo para Harry, su cumpleaños se aproxima y seguramente mi hermano tiene algo que valga la pena.

—Claro, ve. Mientras iré a dar un vistazo a la librería. Ven a buscarme cuando termines.   

  Hermione se dirigió a Flourish y Blotts, lugar en donde cada año compraba sus libros escolares. Extrañaba sentir el aroma exquisito de las hojas recién impresas, a medida que avanzaba, el olor se le impregnaba cada vez más en sus fosas nasales. Dio un suspiro, se sentía bien volver allí. Tomó un libro y comenzó a inspeccionarlo con curiosidad, estaba segura que se trataba de un ejemplar necesario para el último curso, aunque aún no le llegara la lechuza con la lista de artículos para ese año. De pronto, un aliento tibio en su oído hizo que se sobresaltara, dando un respingo.

—Buenos días, Granger.

 Cormac McLaggen se hallaba recargado contra la estantería, de brazos cruzados y una sonrisa soberbia adornaba su rostro.

—Hace tiempo que no te veía.

—McLaggen. —susurró a modo de saludo.

—Oh, vamos Hermione, no seas tan cortés conmigo. Sabes que puedes llamarme por mi nombre. —dijo tocándole un brazo. Ella lo apartó. Ante su negativa, continuó.

― ¿Qué te parece si… tenemos una cita, Granger? —preguntó con voz seductora. Su sonrisa de ganador aún no se borraba de sus labios. —Ya sabes… por los viejos tiempos. Y ¿quién sabe? Quizá hasta podremos arreglar lo que pasó entre nosotros.

McLaggen la sujetó de la cintura, intentando acercarla a su frondoso cuerpo. Ella intentó separarse poniendo su mano contra su pecho, pero él era más fuerte. En milisegundos, y sin saber cómo, Ron se encontraba detrás del muchacho y con un rápido movimiento, lo apartó de un tirón, haciéndolo tambalear y que casi cayera.

― ¡Qué diablos te sucede Weasley! ― Se quejó el agredido, acomodando su ropa una vez que pudo vislumbrar al colorado.

—Oh, nada, solo saco a idiotas de mi camino. —dijo tratando de calmarse, pues su sangre le hervía. — ¿Te encuentras bien, bonita? —Hermione aun conmocionada, sólo asintió. — ¿Qué demonios tratabas de hacer, McLaggen? ¿A caso no tienes respeto con las mujeres?

Cormac los miró intermitentemente. Un grupo de personas se les acercó y observaban muy cómodos el espectáculo que éstos hacían.

―A sí que ahora sales con este perdedor, ¿eh Granger? ― Cormac los miraba de manera arrogante mientras se terminaba de acomodar la túnica.

―No es ningún perdedor para tu información. —dijo con valentía. —No sé qué te hace pensar que saldría con alguien como tú. ― Le reprochó con desdén.  

―Te recuerdo que tú eras la que estaba atrás mío en el colegio, Granger, no lo olvides. Pero si prefieres estar con la zanahoria ― Dijo mirando de forma burlona a Ron. ―, está bien, no hay remedio para los malos gustos. Después no quiero que vengas a pedir que salga contigo otra vez, porque te aseguro que no lo haré.

― ¿¡Y qué carajo te hace pensar que ella haría algo así!? ¡Vete, imbécil y déjanos en paz! No creo que quieras ver de lo que soy capaz. ― Bramó el pelirrojo con una mirada desafiante.

― ¿Y qué podrías hacerme, Weasley? Sabes que soy mejor que tú en todos los aspectos.

― ¡Sí, claro! Se ve que ya olvidaste la vergonzosa derrota por la que nos hiciste pasar contra Hufflepuff.

Tras ese recuerdo, Cormac se vio aturdido, y por primera vez, bajó la mirada y se fue sin decir nada, no sin antes lanzar una mirada de repugnancia. Era evidente que el muchacho seguía muy avergonzado por aquello. Los presentes comenzaron a aplaudir al héroe de la castaña. Él la tomó de la mano y, avergonzados, salieron de ahí rápidamente.

― ¿Te encuentras bien Hermione? —preguntó abrazándola.

―Sí, claro que sí Ron. Gracias a Dios que apareciste. Menudo espectáculo. Creo que tendré que comprar mis libros en otra tienda. —ambos rieron.

―No quiero que se sobrepase contigo. —dijo besando su coronilla. —Y no fue un espectáculo, estaba defendiéndote. Te amo Hermione Granger. ― Susurró en su oído.

La piel de la castaña se erizó por completo. Su aliento cálido la hizo estremecer.

―Yo también te amo Ronald Weasley.

Intentando apagar su fuego interior, y pese a que cada músculo no quería salir de su pecho, lentamente se separó de él y comenzaron a caminar tomados de la mano, y se dirigieron a Emporio de la Lechuza, donde supuestamente se encontraban sus amigos.

―Creo que deberías venir a casa. ―comentó pensativa.

― ¿Tus padres quieren volver a verme?

―Sí, además, es la oportunidad perfecta para que puedan conocerse más.

Ron tragó grueso.

―Sí, conocernos más. —Dijo pensativo. — Aún les caigo bien, ¿verdad?

Hermione soltó una risita.

—Claro que sí, tonto. Eres el primero que llevo a casa. ―le apretó levemente la mano a su novio, sonriendo.

—Y espero ser el último.

Ambos rieron. Unos minutos después, llegaron a su destino. Abrieron la puerta del local, pero sólo se encontraron con un par de personas desconocidas, que, al percatarse de su presencia, les pidieron que firmaran unos trozos de pergaminos. Una vez complacidos sus fanáticos, salieron del lugar, confusos.

― ¿Dónde se habrán metido Harry y Ginny? No están aquí, además no nos tardamos tanto ¿o sí?

―Mejor dejémoslos. Tal vez necesitan un poco de… privacidad. —dijo con énfasis.

― ¡Hermione! ¡Es mi hermana! ― Exclamó molesto.

― ¿Y qué tiene? ¿A caso nosotros no hacemos lo mismo?

―Sí, pero prefiero no pensar en eso. Aunque, si me pongo en el lugar de ellos, me odiaría si interrumpiera algo.

―No es para menos. ― Ambos rieron por unos instantes. ― ¿No es lindo que vuelvan a estar juntos?

―Sí, mi hermana lo quiere mucho, ya te dije que está loca. Personalmente creo y sé que nunca dejó de amarlo. Y de todos los chicos del colegio… sé que Harry es el indicado y que la cuidará bien. Sabes… él me pidió permiso para salir con ella, a diferencia de la primera vez que lo hicieron. ―Confesó con tranquilidad.

― ¿Lo dices en serio?

―Sí. ¡Fue genial! No es que si no me lo pidiera me enojaría, pero es como una especie de respeto, código entre hombres, no entenderías. —dijo sonriendo. Hermione rodó los ojos, como si aquello del código de hombres fuera algo antiquísimo.

Caminaron hasta casi el final del largo y alborotado callejón. Miraron los escaparates de las tiendas incomodados por los constantes ojos que se clavaban a sus espaldas, inclusive estaban quienes lo hacían sin disimulo. Si antes llamaban la atención, ahora era incontrolable. Seguramente no podrían volver a caminar por ese callejón como solían hacerlo desde niños.

A pesar de que a cierto pelirrojo le gustara un poco la fama que había adquirido, esto comenzaba a fastidiarlo. Al fin comprendía a Harry cuando mencionaba en algunas ocasiones que era molesto ser el centro de atención cuando era lo que menos quiso en su vida. Impaciente por irse de allí, preguntó a su novia en tono divertido:

― ¿Pudiste siquiera ver algo de la librería antes que el Rey baboso te molestara?

―Sólo uno. —dijo con pesar. — ¿No es increíble que ya entremos al último curso en Hogwarts?

―Sí, recuerdo a mi madre decirnos lo orgullosa que se sentiría cuando nos graduáramos. —Sintió una punzada de culpa. ― ¿Quieres ir otra vez a Flourish y Blotts?

―Después de esa escena, prefiero volver cuando estemos por ir a clases. ― Respondió fingiendo estar molesta. Ron sonrió.

— ¿Y arriesgarte a quedarte sin un ejemplar? —Ella lo miró preocupada. —Tranquila, en serio. —dijo besándole la frente. —Yo lo haré por los dos si te sientes cohibida.

—Gracias Ron.

— ¿Quieres un helado antes de volver?

— ¡Claro! Pero es lo último, ya me están cansando esas miradas. ― Comentó, haciendo señas con los ojos a un par de hombres que los observaban desde la tienda de Ollivander.

Los chicos se desaparecieron después de disfrutar una deliciosa paleta helada, cortesía de Dhalia, la hija de Florean. Cuando por fin ingresaron a la sala de estar, se encontraron con sus desaparecidos amigos.

— ¿Dónde se habían metido? — Se quejó el ojiazul. — ¡Los buscamos por el callejón y no estaban en ningún lado!

— ¿Quieres bajar la voz hermanito? — Musitó su hermana molesta.

—Está bien, está bien. — Aceptó, recordando que su madre no aprobaba mucho que las parejas estén tanto tiempo a solas.

— ¿Qué han comprado? — Preguntó la castaña, mientras se acercaba a ver una jaula situada en la esquina. Dentro de ella, se encontraba una lechuza de tamaño promedio. Su plumaje era oscuro y presentaba unas manchitas blancas. Sus ojos amarillo ámbar se movían con rapidez, inspeccionando cada rincón de la casa.

—Éste es Snowflake, la nueva lechuza de Harry. — Presentó Ginny.

— ¡Es muy bonita! — Opinó Hermione mientras le acariciaba su suave plumaje a través de las rejas.

—Fue Ginny quien la eligió. — Comentó Harry.

Los últimos cuatro días habían sido muy placenteros para todos excepto para los hombres de la casa que trabajaban en el Ministerio de Magia. Después de mucho esfuerzo, George inventó un nuevo dulce. Éste hacía que, al comerlo, las orejas se agrandaran diez veces más de lo normal. Con este nuevo invento, George se sobre exigía todo el día tratando de encontrar la forma correcta para poder tener una oreja decente, aunque sea, por unos minutos.

Luego de que Hermione volviera a su hogar, Harry, Ginny y Ron fueron a visitar a Teddy, el cual estaba más hermoso que antes y el cabello esta vez estaba de color azul. Harry no dejaba de pensar en el día en que ese pequeño se enterara de la causa de la muerte de sus padres. Sabía que sería algo muy duro, y sentía la responsabilidad de ser él quien le cuente todo, sabe Merlín el momento y modo que elegiría para hacerlo. Por el momento, decidió alejar aquellos pensamientos amargos y concluyó que era mejor disfrutar del niño en el presente, y quien aparentemente, cada vez que él lo cargaba, se tranquilizaba con mucha facilidad.

Al instante de finalizar los juegos de toda la tarde, Teddy se quedó dormido en los brazos de Ginny. A Harry le resultaba muy placentero ver cómo la pelirroja disfrutaba tener al bebé en sus brazos. Podía ver que su mirada era muy dulce y tierna. Esa imagen, le producía una sensación extraña que no había sentido antes, pero tal vez con el tiempo, lo entendería.

Ron, sin percatarse del paso de los días, llegó rápidamente el momento de la cena familiar Granger. Harry y Ginny se encargaron de elegir la ropa más adecuada para asistir al evento. Se hicieron las seis de la tarde y el ojiazul estaba listo para irse. Se veía más nervioso que nunca. Su novia lo esperaría en un callejón cerca de su casa. Se despidió de todos y se apareció en el lugar acordado. Caminaron ocho cuadras, Hermione lo encontró muy bien vestido a la manera muggle. Éste llevaba una camisa manga corta roja, jeans azules y zapatillas blancas.

—Tranquilo, no pasará nada. — Le aseguró, tratando de calmarlo al ver su rostro muy pálido y al notar su mano un poco sudorosa. — Estas muy bien vestido Ronnie.

—Gracias, Harry me ayudó. Las primeras apariencias son importantes, ¿no?

Llegaron a la entrada. Era una hermosa casa de dos plantas, de madera color blanco y tejas rojas. La castaña abrió la puerta y había una larga mesa lista para la cena. Desde la cocina provenía un delicioso aroma a carne de cordero.

—Vamos. — la chica lo condujo hasta la sala de estar.

Al entrar, había relucientes sillones blancos, una chimenea en el centro con varios trofeos encima, una alfombra amarilla cubría casi todo el piso y a la izquierda se situaba una gran biblioteca repleta de libros. Seguramente la chica pasaba mucho tiempo allí, pensó Ron. Junto a ésta estaba parado un hombre alto, de cabello castaño y ojos marrones, llevaba puestas unas gafas cuadradas y sostenía un libro entre sus manos. Sin dudas era el señor Granger, quien no se percató de que los jóvenes entraron a la sala.

—Hola papá.

— ¡Hola chicos! ¿Cómo has estado Ronald? — Preguntó mientras le tendía la mano.

—Buenas noches señor Granger. Muy bien ¿y usted?

—Bien Ronald, gracias por preguntar

—Tiene una casa muy hermosa señor. — Afirmó con nerviosismo.

—Oh, gracias, eres muy amable. — La cara de Hugo Granger era un poco grande. Su cabello era castaño y ondulado, y éste se veía medianamente invadido por algunas canas. Parecía estar alegre.

— ¡La cena ya está lista! — La melodiosa voz provenía del comedor y era agradable escuchar eso, ya que el chico tenía un poco de hambre.

Los tres se dirigieron al comedor. Allí estaba una mujer, de estatura media como su novia, cabello liso azabache con algunas canas al igual que su marido y de ojos marrones. Era como ver a Hermione con varios años más, con la diferencia del cabello.

— ¡Hola Ronald! ¿Cómo te encuentras? —Saludó alegremente.

—Muy bien señora Granger.

—Nos alegra que vinieras a cenar Ronald, tal vez esto compense lo que has hecho por nuestra hija. — Comentó Hugo.

Cuando se sentaron a la mesa, la señora Granger sirvió el platillo principal, el cual consistía en una carne de cordero con puré de patatas. Ésta se asemejaba mucho a una comida que hacía la señora Weasley.

La cena transcurrió animadamente. Los señores Granger hacían todo tipo de preguntas para conocer más del muchacho, ya que tenían muy poca información. Lo único que sabían era que asistía a la misma escuela que su hija, que había estado de viaje junto con ella y su otro amigo en busca de cosas importantes y que participó de la Batalla de Hogwarts y que todo ese tiempo cuidó de su hija y que la apoyó en todo momento.

Al finalizar la comida, el chico estaba bastante tranquilo, al contrario de otras veces, se cuidó en cuanto a la forma de comer y notablemente entró en confianza con los padres de su novia. Hermione, a diferencia de él, estaba bastante inquieta y repetidas veces durante la cena se levantó de la mesa a refrescarse la cara. Luego, la señora Granger sirvió el postre que consistía en un flan casero, que a Ron le pareció muy delicioso.

—Ronald… nos alegra mucho que salgas con nuestra pequeña niña. —dijo Jean dulcemente. — ¿No, cariño? -Preguntó, dándole una pequeña mirada furtiva a su marido.

—Sí querida. Siempre y cuando… ya saben…

—Nosotros también tuvimos la edad de ustedes, además que ya están grandes, digo… no es necesario especificar eso, querido. —Dijo mirando fijamente a su marido.

—Sí, pero comenzamos a salir cuando teníamos veintidós años…no diecisiete. ¿Mira si…?

—No señor, le aseguro que eso no sucederá. — Negó rápidamente al interpretar su pregunta.

—Creo que Ronald es muy cuidadoso querido, no creo que tengan un niño siendo tan jóvenes.

Hermione sintió que su cara estaba de un rojo tan intenso como un tomate.  

—Bueno, eso lo veremos. Adelante Ronald, puedes salir con nuestra pequeña.

—No tan pequeña, en unos meses cumplo dieciocho, papá. —Intervino, más calmada.

—Siempre serás mi pequeña. —Reafirmó el padre, dirigiéndole una tierna mirada.

Al finalizar, el muchacho se despidió de sus suegros y en la acera se despidió de su novia.

—Todo terminó bien, ¿no crees? — Inquirió.

—Sí, más de lo que esperaba. — Confesó con tranquilidad. —Me puse muy nerviosa por ser la primera vez.

—Más que yo. — Comentó mientras le tomaba la mano.

            —Sí, tú estuviste muy tranquilo Ronnie.

—Sí, porque tus padres me cayeron muy bien. Y por como dijo tu padre, entiendo que eres su pequeña y sé que debo cuidarla bien, como siempre lo he hecho e incluso más. Pero creo que nunca se esperó que un día llegara alguien reclamando a su hija, ¿no? Opino que debe compartirte y eso lo tomó por sorpresa. —comentó divertido. —Pero eso sí… sólo conmigo. — Los chicos comenzaron a reír y de repente se abrió la puerta.

— ¿Todo está bien? — El señor Granger los miraba intrigado.

—Sí señor, de hecho, ya me iba.

— ¡Papá! —Gritó molesta.

—Solo me aseguraba. —Dijo Hugo, volviendo a entrar a la casa.

—Oye… lamento mucho eso. —dijo apenada. —Y también con eso de los bebés… —hizo una mueca de disgusto.

 —Tranquila, lo entiendo. Buenas noches. —le dio un suave beso en la frente—Te estaré escribiendo. —Dijo. Por el rabillo del ojo notó un movimiento extraño en la ventana y juró que, por un instante, vio asomados los ojos curiosos de Hugo Granger.

—Adiós Ron. ¡Mándame a Pig cuando puedas!

El chico caminó felizmente las ocho cuadras dirigiéndose al callejón más cercano y se desapareció. Esa había sido la mejor de las noches a pesar de las incómodas preguntas que sin querer sus suegros hacían, pero creía que era normal, ya que la castaña era su pequeña hija como lo era Ginny en su familia y tomaban sus precauciones. De pronto, pensó en lo afortunado que era Harry, porque la familia Weasley no tuvo ningún problema que saliera con su hermana y todo fue más alegre y sencillo, a diferencia de él, pero sabía que realmente valía la pena. Todo por Hermione Jean Granger valía la pena para él.



« 4- Experimentos Indeseables Comenta este capítulo | Ir arriba 6- Caminos Separados »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.