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Harry Potter Después de la Guerra (Vol. 1) » 3- Australia
Harry Potter Después de la Guerra (Vol. 1) (R15)
Por eagle
Escrita el Viernes 4 de Septiembre de 2020, 15:51
Actualizada el Viernes 25 de Septiembre de 2020, 21:24
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3- Australia

―3―

Australia

 

Ron estaba acostado en su cama con sus manos debajo de su nuca, con una estúpida sonrisa en su rostro. La sonrisa más grande que podía tener. Aun no podía creer lo que había hecho, lo que hablaron y no dejaba de pensar en su futuro con la mujer más inteligente y hermosa de todas. Minutos más tarde Harry entró e interrumpió sus pensamientos.  

― ¿Y? ¿Ya se lo dijiste? —inquirió el azabache sonriendo. Por la cara de su amigo, ya sabía la respuesta.

― ¡Sí! ¡Todo resultó perfecto! Más de lo planeado.

― ¡Te felicito! Al fin están juntos. —dijo dándole unas palmaditas en la espalda. —Cuida bien de mi hermana.

―Sabes que siempre lo he hecho.

―Sí, lo sé.

El ojiverde se sentó en su cama y comenzó a quitarse las zapatillas.

―Harry, hay algo que tengo que decirte. Lo diremos mañana, pero tienes que saberlo ahora. En unos días iremos a buscar a los padres de Hermione.

― ¿Qué? Sabía que estaban en Australia, pero creí que lo resolveríamos juntos.

―Quiere que descanses y pretendía que me quede con mi familia y la dejara ir sola. -Negó con la cabeza- Se ve que aún no se da cuenta cuánto me importa. —dijo sonriendo.

―Ella es muy independiente y sabemos que es capaz.

―Sí, obvio que puede hacerlo sola porque es muy inteligente, siempre tiene un buen plan y es excelente en ruanas y… —Harry rodó los ojos. Ron se dio cuenta que hablaba como muchacho enamorado. — pero no la dejaría ir por su cuenta.

―Lo sé. ¿Cómo sabe dónde están? No creía que fuera posible encontrarlos tan pronto. Me refiero a que Australia es bastante grande…

―Harry, ¿no prestaste atención a lo que acabo de decirte? Estamos hablando de Hermione, sabes lo lista que es. Me dijo que transformó un anillo de su madre en un localizador, así es como los encontró.

―Cierto, eso no debería sorprenderme. -Reconoció. La actitud de Ron le hacía pensar que estuviera bajo los efectos de un filtro de amor, pero sabía que sólo era su corazón hablando, y de cierta manera, le sorprendió saber que su amigo pudiese ser así de romántico, cosa que, con Lavender en aquel tiempo, no ocurría. Volvió sus pensamientos a lo que él le decía, y recordó algo sobre los problemas de implantar realidades en la memoria. -Aunque… Ron… hay un problema.

― ¿Qué cosa?

―Ella dijo que había implantado una realidad distinta a esta y… por lo menos, que yo sepa, no hay un contrahechizo para eso.

La cara de Ron comenzó a transformarse en preocupación.

­            ― Yo tampoco escuché nada de un contrahechizo. —Recordó boquiabierto. Caer en la realidad que había ignorado sobre ese tema se sintió como bofetada.

―Tal vez ella conozca alguno, pero…

― ¡Por Merlín! Y… ¿Qué si no hay uno?

―No tengo idea. Quizás pedirle ayuda al Ministerio sea una buena opción. —Ron dejó salir un sonoro suspiro.

―No lo creo. Confío en el Ministerio de Magia de ahora, pero hasta no saber quién es el próximo ministro…

―Tal vez en la biblioteca haya algo, ¿no crees? Después de todo, sabemos que si tiene alguna duda va allí.

―Conociéndola… seguramente revisó todo. No mencionó nada sobre eso, espero que tenga alguna respuesta. —Dijo volviéndose a recostar. —Intenta dormir, buenas noches Harry.

―Que descanses. ― El azabache dejó sus gafas en la mesita de noche y apagó la luz.

En el piso de abajo, Ginny interrogaba como un investigador a su amiga.

―Y… ¿A dónde fuiste con mi hermano? ¿Y por qué iban tomados de la mano? ― La mirada de la castaña desbordaba felicidad.

― ¡Ginny! ¡Se me declaró! ¡Lo ha hecho!

― ¡Al fin! ― La pelirroja daba saltitos y gritos de felicidad. ― ¡Cuéntamelo todo! ¿Cómo fue? ¿¡Qué hizo!?

―Fue cuando te fuiste, ¡lo confesó! Y… fue muy dulce y tierno. Realmente no me lo esperaba, ¡no creía que lo fuera a hacer!

―Creo que no es tan bobo después de todo. —Dijo entre risas. — Te confesó sobre cómo…

Hermione asintió y recordó que Ginny había sido la causante de las acciones tan frívolas de Ron hacia ella en el sexto año.

-No tenías derecho de contarle sobre el beso con Krum. -Le reprochó, molesta. ―No creí que le había afectado tanto. Es decir, cuando él salía con Lavender… yo también estaba dolida, pero ya lo olvidé.

Ginny hizo una mueca.

—Lo de Krum… se me escapó en una discusión que tenía con él. -Se excusó, intentando que su amiga no creyera que lo había hecho para perjudicarla. -Tan solo quería molestarlo. -Hermione la siguió mirando con un semblante serio y los labios apretados. -Supongo que cada uno tiene distintas maneras de lidiar con esas cosas. -Agregó, para intentar calmarla.   

―Sí, puede ser. -Aceptó, tras unos minutos. No tenía caso traer al presente asuntos del pasado. -Y… ¿tú y Harry?

—Creo que al fin vamos a estar bien. Ya sabes, como una pareja normal.

—Pues, no sé qué tan normales sean nuestras vidas ahora. —Ginny se vio confundida. —Siempre sale algo sobre nosotros en el Profeta, no sé cuánto durará todo esto.

—Bueno, entonces seremos una pareja casi normal.

Ambas rieron. Eran los primeros momentos en los que por lo menos ellos cuatro habían encontrado algo de felicidad.

―Dime, esto con mi hermano… ¿cambia algo en tu viaje?

―Lo cambia todo en verdad. ― Ambas soltaron unas risitas a la vez, volviendo a tener una charla amena. ― Quiere ir conmigo, así que mañana sacaremos su boleto y le contaremos todo a tus padres.

― ¡Me parece perfecto! Yo no quería que vayas sola de todas formas.

―Por algo ustedes son hermanos. ― Susurró.

― ¿Por qué lo dices?

―Él me dijo lo mismo… buenas noches Ginny.

―Que descanses Herms.

Pero Hermione no descansó por completo. Se avecinaban días difíciles, y quién sabe cómo lidiaría con ellos.

Al día siguiente, en la mitad del almuerzo, Ron cruzaba miradas furtivas con la castaña, quien estaba sentada a su lado. Ella asintió y el pelirrojo se puso de pie y dio el anuncio.

―Familia tengo que comunicarles algo.

Todos los presentes lo miraron sorprendidos.

― ¿Qué sucede hijo? ― Inquirió Molly preocupada.

― Hermione y yo somos… novios. ― Declaró con una enorme sonrisa. No existía distinción alguna entre sus orejas y su cabello.

― ¡Chicos! ¡Felicitaciones! Nos alegra muchísimo. ―Felicitó Molly mientras agitaba su varita sirviendo zumo de calabaza para todos.

― ¡Muy bien hijo! ― Secundó su padre.

―Pues ya era hora. ― Comentó Ginny graciosa.

― ¡Bien hermanito! Creía que no te aceptaría. Con Fred….

Con la mención del nombre, se produjo un silencio. George no podía evitar hablar de su hermano, no se acostumbraba a su ausencia y siempre recordaba las cosas que hacían juntos.

― Con Fred ―Siguió. ―, habíamos apostado a que nunca te le declararías. ¡Bien hecho!

Molly ocultó ágilmente una traviesa lágrima que quería derramarse por su mejilla.

―Bueno, ¡hagamos un brindis por la nueva pareja! Querida -Molly elevó su copa y miró a Hermione. ―, siempre has sido de la familia, lo sabes. Pero ahora… ¡lo eres oficialmente! ¡Por Hermione y Ron!

― ¡Por Hermione y Ron! ― Dijeron al unísono.

―Gracias señora Weasley. ― La castaña estaba muy ruborizada. ―Y…hay algo más que debemos decirles.

― ¿Qué sucede, querida? ― Preguntó su suegro.

­            ―Tendremos que viajar a Australia en cuatro días. Iremos a buscar a mis padres.

―Oh, está bien, —Molly le dio unas suaves palmaditas en su hombro. — pero deben cuidarse mucho, el mundo sigue un poco revuelto. ― Respondió Arthur.

―Tal vez sea mejor que un grupo de aurores vaya, ¿no te parece querida? ― Sugirió Molly preocupada.

― ¿Cómo que está revuelto? ― Inquirió Ron con asombro.

―Sí, en el Ministerio, Kingsley se está haciendo cargo de todo. No hay un ministro oficial aún, pero él está ayudando muchísimo y se dice que podría ser el próximo. Si bien el Señor Tenebroso ha sido vencido, todavía quedan mortífagos, aunque creemos que están escondidos. Kingsley está tratando de capturarlos junto con un grupo de aurores, por eso deben tener cuidado. Y la forma muggle creo que es la más segura por ahora, se podrán camuflar entre ellos.

Los chicos se miraron entre sí y asintieron.

―Por eso querida, ¿no crees que sería mejor que un grupo de aurores vaya por ellos? ― Preguntó Molly, tratando de persuadirla.

―Mamá hemos estado en una misión muy importante todos estos meses, vencimos a Voldemort y ¿no crees que seamos capaces con un par de mortífagos?

― ¡Ronald! ¡Ten un poco de respeto a tu madre! ¡Sé que son capaces, pero no quiero que les pase nada! ― El tono de Molly era severo y amenazador.

―Señora Weasley, creo que mejor voy sola, no hay problema. ― La castaña intentó tranquilizar la situación.

―Claro que no irás sola. ― Protestó Ron. ― Mamá debo acompañarla.

―Lo decidiremos con tu padre ahora mismo.

Ron rodó los ojos y bufó. Su madre le dirigió una mirada amenazante, por lo que sólo se limitó a asentir, pues no quería generar una discusión. Fuere cual fuere la respuesta de sus padres, él iría de cualquier manera, de eso no había dudas. 

Después de varios minutos de plática, Molly se fue a desquitar con unos papines sucios a órdenes de su varita y dejó que su marido diera el veredicto. Ella no estaba nada conforme. Sabía que eran capaces, pero temía que les pasara algo y suficiente tenía lidiando con el dolor de Fred.

―Chicos. ― Comenzó Arthur mirando a su hijo. ― He convencido a tu madre. ― Ron empezó a esbozar una sonrisa y al ver esto, Arthur agregó con dureza: ― Pero —dijo con énfasis. — deben cuidarse. No sabemos dónde se encuentran. Por el momento están escondidos, pero podrían atacar en pequeños grupos. Deben ser precavidos.

―Papá no te preocupes, estaremos bien. Te enviaré un patronus para que sepan que estamos a salvo, ¿sí?

―De acuerdo hijo, pero insisto en que tengan cuidado.

A la tarde, los chicos fueron al Aeropuerto de Londres a sacar el pasaje para Ron. En el camino de vuelta, el chico le presentó sus dudas.

―Hermione…he hablado con Harry y… sabemos que no hay un contrahechizo para lo que hiciste con tus padres. ― Comentó preocupado.

―Ya… ya lo sé Ron. He estado leyendo muchos libros y ninguno dice nada.

Hermione comenzó a sollozar sin que pudiera evitarlo. Su novio la abrazó dulcemente.

―Tranquila, ¿sí? Ya hallaremos la forma de hacerlo.

―He estado pensando que…si no podemos hacer que tengan la vida de antes, por lo menos quiero verlos.

―No Herms, no. ― El chico puso su cara entre sus manos. Con la yema de su pulgar le limpió una lágrima que caía. La miró directamente a los ojos, tratando de transmitirle toda la seguridad que tenía por ella. ― Eres Hermione Jean Granger, la bruja más inteligente y capaz que conozco. Eres brillante, perfecta, la mejor en hechizos y en todo lo que te propongas. Y tengo que volver a decir que eres muy inteligente. ― Repitió mientras le besó la frente con dulzura. ― No pienses en eso, hallaremos la forma juntos.

 

Llegó el día del viaje. El avión salía a las once de la mañana; la señora Weasley quería que utilizaran la poción multijugos, pero no tenían ninguna provisión y tampoco había tiempo para prepararla. En los días anteriores, pudieron encontrar al señor Ollivander, al cual le intentaron comprar dos varitas, pero el hombre, recordando el rescate de la mansión Malfoy, se las obsequió: una para Hermione, quien seguía teniendo la de Bellatrix hasta el momento y no estaba a gusto con esta, y otra para Ron, la varita del carroñero funcionaba bien, pero no se sentía cómo sospechando que tal vez en algún momento se utilizó para torturar o incluso matar. Se despidieron de todos en La Madriguera y se aparecieron en un callejón, a pocas cuadras del aeropuerto.

Cuando ingresaron, algunos muggles los miraban extrañados. Por lo general, cuando ellos viajaban, llevan una hilera de infinitos equipajes y los chicos sólo tenían un bolsito de cuentas y una mochila. Ron quiso ser más precavido, por lo que llevó una bolsa repleta de comida como para un batallón completo, que estaba en el bolsito de cuentas junto a varias botellas de zumo de calabaza. No estaba dispuesto a pasar hambre otra vez como lo habían hecho en su anterior viaje bajo ninguna circunstancia.

Mientras esperaban el vuelo, Hermione le explicó cómo funcionaba la aeronave y lo dejó maravillado, y sin dudas a su regreso le transmitiría el conocimiento a su padre, que sabía que era un aficionado por las cosas muggles y más aún con el tema de las aeronaves. Finalmente subieron al avión y después de quince horas de viaje, llegaron a Victoria, un estado australiano. Según el localizador, los padres de la castaña vivían allí. Guiados por un mapa, fueron al Parque Nacional Errinundra, les pareció el mejor lugar para acampar. Apenas llegaron, el pelirrojo comenzó a armar la tienda de campaña que Bill les había prestado, mientras que Hermione ponía encantos protectores alrededor de la misma, sólo por si acaso. A penas terminaron con eso, se acomodaron para descansar, siendo de madrugada y sumando el cansancio del viaje, lo más sensato sería comenzar con la búsqueda en unas horas más.

 Apenas iniciaron el día, se dirigieron a un restaurante en donde sabían que estaban almorzando los padres de la castaña.

― ¡Mira Ron! ¡Están allí! —dijo señalando a una pareja que se encontraban en una mesa junto a la ventana del local.

― ¿Esos son tus padres? Ya había olvidado cómo se veían.

Hermione era igual a su madre, pero tenía el mismo color de cabello que su padre.

― ¡Sí son ellos! Ven, vamos a sentarnos. ― Invitó la castaña.

Se ubicaron dos mesas detrás de ellos. La chica quería observarlos de cerca. Tuvo que contener el impulso de ir a abrazarlos. Sabía que sería raro que una extraña los abrace sin razón. Si tan sólo supieran lo mucho que le hacían falta.

― ¿Puedo tomarles el pedido? ― Preguntó un joven mozo.

―Sí. Yo quiero una eh…carne asada con una gaseosa sabor cola por favor. ― Respondió Hermione.

― ¿Y usted qué va a pedir?

―Lo mismo que ella. ― Dijo sintiendo curiosidad por saber qué seria aquello de gaseosa, que luego de probarla, se arrepintió por completo de beber aquel líquido gaseoso marrón. El gas terminó yéndose por la nariz, y sin evitarlo hizo un espectáculo al salirle la bebida por una fosa nasal. Luego de eso, sintió un ardor profundo, y se prometió a nunca jamás en su vida volver a probar un líquido marrón de muggles.  

Los chicos se quedaron hasta que los señoes Granger se fueron. Los siguieron disimuladamente unas cuadras hasta que los vieron entrar a lo que se suponía, era su nuevo hogar.

―Creo que viven ahí Herms.

―Sí, creo que sí. —dijo nerviosa. —Bueno, espero que pueda hacerles recordar todo, no he planeado nada aún.

Sin nada más por hacer, los chicos volvieron al parque, y en el camino pensaron en mil formas de cómo devolverles la memoria.

― ¿Cómo haremos Herms?

―Bueno… he leído mucho y... ― Sacando un libro de hechizos de su bolsito de cuentas, continuó. ― aquí dice que cualquier gran mago o bruja puede devolver la memoria a aquel que se la han arrebatado… pero no dice nada más. En casi todos dice algo similar. —finalizó, frustrada.

―Con que cualquier gran mago o bruja, ¿eh? —dijo perspicaz. —Pues, yo creo que eres una gran bruja y sé que puedes hacerlo. ― Opinó mientras la abrazaba de la cintura.

―No lo sé, no lo he hecho con nadie.

Faltaban unos metros a la tienda. El pelirrojo iba muy atento, observando cada lugar que pasaban: las tiendas, los muggles, entre otras cosas. Unos minutos más tarde notó que alguien los estaba siguiendo. Lo notó unas cuadras después que dejaron la casa de los Granger, pero quería creer que estaba equivocado. Tenía que contárselo a su novia.

―Herms, no quiero preocuparte, pero creo que nos están siguiendo. No mires hacia atrás.

― ¿Estás seguro?

―Eso creo…

Llegaron a la entrada del parque, no había señales de muggles, puesto que ya era un poco tarde. Los chicos sentían las pisadas a sus espaldas. Eran rápidas, fuertes hasta que en un momento se detuvieron. Quedaron extrañados y de repente escucharon una voz muy familiar.

― ¡Ah! Pero miren quiénes están aquí, ¡nada más y nada menos que la sangre sucia y su noviecito, el traidor a la sangre!

― ¡Típico de los Weasley! ­-chilló otra voz.

― ¡Protego! ― Gritó la chica sin pensarlo, con rapidez.

Se giraron de inmediato y comprobaron que sus dudas eran correctas: eran Travers y Selwyn. Los identificaron al instante. Eran los mortífagos que habían ido a inspeccionar la casa de Xenophilius Lovegood cuando éste quiso entregar a Harry.

― ¿¡Qué quieren malditos!? ¡Ya todo terminó! ― Bramó Ron.

― ¡Sí! Pero no para nosotros. —dijo sonriendo con malicia. — ¡Por culpa de tu amiguito y tu noviecita el Señor Tenebroso nos castigó severamente al no encontrarlos en la casa de ese viejo loco! ― Se quejó Travers.

― ¡Te vimos a ti, sangre sucia, y a Potter, pero él no nos creyó! — exclamó con ira. — Y ahora tendrán su merecido ― Declaró Selwyn. ― ¡Impedimenta!

Éste rebotó a causa del hechizo protector de la castaña, pero ya se estaba terminando y era hora de luchar.

― ¡No la llames así! ¡Desmaius! ― Gritó Ron apuntando a Selwyn, logrando que éste cayera.

Mientras él hacía esto, Hermione lanzaba un hechizo al otro mortífago.

― ¡Petrificus Totalus! ― Travers logró esquivarlo.

― ¡Desmaius! ― Contraatacó Travers apuntando a la castaña.

Ron fue más rápido y se lanzó sobre ella, haciendo que el hechizo diera contra él. Esto hizo que volara por los aires, golpeándose fuertemente contra un árbol.

― ¡Obscuro! ― Esta vez, la chica logró darle a Travers, bloqueándole la visión y lo mismo hizo con Selwyn desmayado. Corrió hacia el pelirrojo quien estaba tirado varios metros atrás. ― ¡Ron! ¿Te encuentras bien? ― Exclamó acariciándolo dulcemente.

―Herms, duérmelos un rato, hazlo o los mataré, lo juro. —advirtió. — Y no te preocupes, estoy bien. ― Afirmó jadeando mientras le besaba la mano. La chica asintió y fue hacia los atacantes.

― ¡Petrificus Totalus!

Con esto, dejó a ambos mortífagos inmovilizados y a continuación, con otro movimiento de varita, los hizo caer en un sueño profundo.

Su novio se encontraba ya a su lado. Sujetaba su brazo izquierdo con fuerza, daba la sensación que si dejaba de sostenerlo, se le caería y lo perdería completamente como si del brazo de un juguete se tratase. Seguramente tenía el húmero dislocado, o peor aún, quebrado.

― ¡Incarcerous! ― Gritó el chico, haciendo que unas cadenas ataran a los mortífagos. Hermione lo miró. ―Dormidos o no, hay que asegurarse. Debemos avisarle a Kingsley o…

De pronto, una idea llegó a su mente.

―Estaría bien entregarlos. —dijo Hermione observándolos disgustada. —Los están buscando.

Ron comenzó a esbozar una sonrisa mientras hacía muecas de dolor.

―No, tengo una idea mejor. Vamos a llevarlos cerca de la tienda, confía en mí.

Hermione frunció el entrecejo.

― ¿Qué? ¿Estás consiente de lo que estás diciendo o el golpe te afectó la cabeza? —dirigió su mirada al hombro de éste. — ¡Ron! ― Gritó. ― ¡Oh Dios mío! Déjame ver…

Se sentaron en una roca que había cerca y le examinó el brazo dañado. Con mucho cuidado, le sacó la cazadora y pudo ver cómo los huesos amenazaban con salir. Se había quebrado el húmero. Era casi una quebradura expuesta, le asombraba que él estuviera parado, haciendo solamente muecas y no gritando de dolor.

― ¡Ferula! ― Exclamó apuntando el brazo, formando una tablilla con varios vendajes. ― Cuando lleguemos a la tienda trataré de mejorarlo, ¿está bien?

―Gracias Herms. ― Ella lo besó. ― ¡Mobilicorpus!

Ron hizo que los mortífagos se elevaran, para luego llevarlos cerca de la tienda que habían armado, tal como él lo propuso. La castaña no estaba muy convencida de esto, pero tal vez, él tenía alguna idea brillante.



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