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Harry Potter Después de la Guerra (Vol. 1) » 2- El Escondite
Harry Potter Después de la Guerra (Vol. 1) (R15)
Por eagle
Escrita el Viernes 4 de Septiembre de 2020, 15:51
Actualizada el Viernes 25 de Septiembre de 2020, 21:24
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2- El Escondite

―2―

El Escondite

 

Un mes después…

La familia Weasley se recuperaba de a poco, uniéndose más que nunca. Y por más que desearan en sus corazones permanecer juntos físicamente, para algunos ya era hora de volver a sus respectivas rutinas. Charlie acababa de irse a Rumania otra vez. Percy debía volver al Ministerio, su presencia de nuevo en la familia animó notablemente a la señora Weasley.

            Los chicos, por otra parte, habían acompañado a Harry a devolver la varita de Saúco. Él no se sentía bien teniendo esa varita cerca y, aunque Ron le demostraba gran admiración e insistía para que la conservara, estaba decidido a regresarla a donde pertenecía, como se lo dijo a Dumbledore. También fueron a visitar a Dromeda y al pequeño Teddy, que cada vez estaba más grande y hermoso. Según la señora Tonks, su cabello parecía cambiar de acuerdo a su estado de ánimo que tenía en el momento. Todos lo cargaban y Harry lo mecía hasta hacerlo dormir en sus brazos.  

Hace unas semanas, Harry y Ginny volvieron a salir y lo hicieron oficial. El azabache estaba seguro de su decisión, él ya no representaba ningún peligro para ella ni su familia. A diferencia de él, Ron aún no sentía que fuera el momento indicado con Hermione.    

Una noche, después de la cena, Hermione se encontraba en la habitación que compartía con Ginny. Ya tenía decidido ir a buscar a sus padres. Todos los días indagaba la manera de localizarlos, esto le estaba llevando más tiempo del que había estimado. Leyó innumerables libros para encontrar algún contrahechizo que le permitiera implantarles la realidad a sus padres, pero por el momento, no había ninguno. Y otra vez, el miedo la invadía. A la única que le contó todo, pues sintió que su corazón no aguantaría solo con tanta pena, fue a su amiga, haciéndole prometer que no dijera nada y ésta aceptó no muy convencida. No quería molestar a sus amigos con sus problemas, aun sabiendo que ellos la acompañarían si se los pidiese. Llevaba un buen tiempo allí sentada, estaba comenzando a guardar sus pertenencias en su bolsito de cuentas, cuando alguien llamó a la puerta:

― ¿Sí?

―Soy yo, ¿puedo pasar?

La voz menos pensada se encontraba parada, delante de la puerta.

―Sí, adelante Ron, pasa.

 Cuando el chico entró, se encontró con todas las prendas desparramadas y libros por doquier. No entendía nada, la imagen lo desorbitó y no pudo evitar preguntar por el desorden. Sabía que ese no era el estilo de ella.

― ¿Qué pasó aquí? ― Inquirió muy sorprendido.

―Eh… nada, —dijo cautelosa. — solamente estoy ordenando un poco.

―Sí, ya veo. ― Concordó irónicamente, dándole un vistazo rápido por segunda vez a la habitación­. ― ¿Quieres que te ayude? Es mejor hacerlo con magia que a tu manera muggle.

―Sí…tienes razón. ― Aceptó dubitativa.

Sabía perfectamente que podía hacerlo con un simple movimiento de varita, pero su manera muggle le permitía distraerse de la realidad. Su presencia en el cuarto la ponía nerviosa y en cada movimiento trataba de ocultar cosas que creía la iban a delatar.

― ¿Te sucede algo? ― Preguntó él, mientras comenzaba a ordenar algunas cosas con su varita.

―No, todo está bien. —dijo moviendo un conjunto de remera y pantalón.

―Es que te noto un poco… ¿Qué es esto?

El muchacho comenzó a fruncir el ceño cuando de dentro de un libro cayó un boleto de avión con destino a Australia, y por la fecha, sería la semana entrante. Su presión comenzó a subir, y su corazón comenzó a doler.

― ¿Te irás?

―Ron yo…

― ¿Te pensabas ir sin avisar? —el dolor en su pecho se sentía más profundo.

Sin quererlo, su tono de voz comenzó a elevarse. La chica no emitía ningún sonido, las palabras no salían. Su corazón palpitaba tan fuerte que sentía que podía escucharse retumbar por toda la casa.

― ¿Por qué te irás? ¡Y tan lejos! ¿¡Ya no te sientes cómoda aquí!?― El chico seguía elevando el tono de voz, en vano intentaba controlarse. —Dime qué sucede por favor.

― ¡Ron ya basta! ― Gritó exasperada. ― No quiero…

―No quieres que se enteren todos, ¿verdad? —dijo en tono más bajo. Una sensación de amargor recorrió su cuerpo. —Ahora entiendo por qué tardaste tanto cuando salimos de la casa de la señora Tonks…­- Mencionó pensativo. ― Y cuando fuiste a comprar un libro… ¿Era mentira? ¿Y por eso no querías que te acompañe?

― ¡No Ron! Te puedo explicar.  

― ¡No hace falta que me expliques nada! —sus mentiras le dolían como dagas incrustadas en su alma.

― ¿¡Qué sucede aquí!? ― Intervino Ginny­. ― ¡Se escuchan sus gritos desde la planta de abajo!

― ¡Lo que sucede es que se irá! —dijo señalándola acusadoramente. —Al parecer, no está cómoda con nosotros. ―Comentó entre dientes.

―No Ron ― Negó su hermana. ―, no es eso…

― ¡RONALD BILIUS WEASLEY! ― Gritó la castaña fuera de sí, haciendo que los hermanos se sobresaltaran. ― ¿¡QUIERES DEJARME HABLAR DE UNA VEZ!?

Ron quedó petrificado. Disimuladamente movió su dedo meñique para comprobar que no estaba bajo ningún hechizo. Por un segundo rió para sus adentros, pues sus gritos y sermones aún lo dejaban inmovilizado.

—Ginny, déjame a solas con tu hermano por favor. -Pidió más calmada.

La aludida se fue mirando con enfado a su hermano. Nuevamente estando solos, la castaña preguntó:

― ¿Vas a dejar que te explique?

―Sí. ― Aceptó de mala gana.

―Tengo que viajar, Ron.

―Sí, eso ya …

― ¡Déjame terminar! ― Se quejó. El chico dejó de resoplar, los ojos de la castaña parecían que iban a asesinarlo. ―Tengo que viajar porque voy a buscar a mis padres.

El chico quedó en silencio. El dolor en su corazón comenzó a disminuir.

―Antes de irme de casa, transformé el anillo de mamá en un localizador. ¿Recuerdas que los convencí para que se vayan a Australia? ― El chico asintió. ― Pues… ya sé exactamente en qué parte del país están.

La presión bajó, y se dio cuenta de la forma estúpida en la que había reaccionado.

― ¿Y por qué no nos dijiste? ―Le preguntó con calma, pero al mismo tiempo le dolía que ella no le confiara su misión.

―Porque quiero que descansen. — La tensión entre ellos se había disipado, ambos hablaban más calmados. —Harry lo necesita y tú debes estar con tu familia y...

― ¿Y tú?

―Y yo tengo que buscarlos. Sola.

― ¡No! ― Gritó con desesperación.

― ¡Tengo que ir a buscarlos!

― Pero no irás sola. —Y aunque no lo quisiera, sus palabras sonaron a imposición más que a una petición.

― ¡Sí Ron! Ya lo decidí. Es algo que ya está tomado.

― ¡HE DICHO QUE NO!

Y otra vez, comenzaron la discusión, como hace tiempo no tenían.

― ¿¡Y por qué no quieres que vaya sola!? ¿¡Qué piensas Ronald!? ― La actitud del chico comenzaba a irritarla.

―Porque… porque… podría pasarte algo. ― Opinó nervioso.

― ¿¡Qué puede pasarme Ronald!? ¡Nada! Ahora sal de aquí ¿quieres? ¡Y ni se te ocurra decirle algo a Harry!

Mientras le ordenaba salir, trataba de sacarlo a empujones con todas sus fuerzas de la habitación.

― ¡No! ¡No me iré! —gritó, aferrándose al marco de la puerta.

― ¡Claro que sí Ronald!

Comenzaron a forcejear: Hermione consiguió sacarlo, pero él no estaba completamente fuera para poder cerrar la puerta, mientras, Ron trataba de quedar adentro, pero haciéndolo con cuidado ya que no quería hacerle daño a Hermione.

― ¡Iremos juntos!

― ¡No Ronald! Te he dicho que…

― ¡TE AMO! ― Confesó en un grito.

Esto la tomó completamente por sorpresa. No podía creer lo que escuchaba. Dejó de empujarlo y comenzó a sentir un calor que se apoderaba de su cuerpo, llegando a todas sus extremidades. Notó cómo su amigo se sonrojaba, poniéndose casi del mismo color que su cabello.

―Que… ¿qué dijiste? ― No pudo evitar tartamudear. El chico cerró la puerta para más privacidad y continuó:

―Que te amo Hermione.

A Ron el nerviosismo le hacía desear salir corriendo de allí, pero ya se lo había confesado y no había vuelta atrás. Debía continuar, estuviera o no preparado, sea ese el momento oportuno que estaba aguardando, o no.

―Siempre lo he hecho… ¡Por Merlín! Nunca me animé a decírtelo. Siempre quise protegerte, cuidarte, defenderte de todo y de todos. No soportaría que te traten mal o que te hagan daño y…aquel que se atreviera ¡Se las verá conmigo! —dijo, apretando sus puños. —No…puedo estar sin ti. Me moriría si algo malo te pasara, no lo toleraría. Hemos estado en tantas situaciones de peligro que… ― Dio un largo suspiro. ― Mi mayor temor era perderte.

Hermione comenzó a tener sensaciones extrañas en su estómago y su corazón palpitaba como un torbellino.

—Te amo desde siempre. —siguió. —Sólo que me costó darme cuenta de las cosas, de lo que eras para mí. Eres la única que me conoce bien y la verdad… nunca estuve metido en este tema… del… amor —dijo arrastrando las palabras. —Y por eso fue tan difícil lidiar con esto.

Hermione permanecía inmóvil. Él no entendía qué pasaba, le dijo todo y ella no hacía nada. Tal vez se había apresurado al decirle. Debió esperar más, seguro era eso.

―Perdón Hermione, lo tenía guardado desde hace tiempo y tenía que decirlo. Podemos seguir siendo amigos si así lo deseas.

―No Ron. ― Negó entre lágrimas abalanzándose sobre él. ― ¡Yo también te amo! Sólo que no estaba segura si tú también…

El chico no aguantó a que terminara de hablar y la besó apasionadamente, levantándola un poco, tal como lo había hecho en la Sala de los Menesteres. Ansiaba estar con ella así desde hace tantos años, pero nunca tuvo el valor para decírselo. Ahora jamás querría separarse de su lado y estaba seguro que siempre la cuidaría. Más y mejor que antes, si es que eso era posible. Después de este apasionado beso, se separaron, se miraron por unos instantes y Ron ofreció nervioso:

―Hermione… ¿quieres… ir a caminar un rato?

―Sí, claro. ― Aceptó gustosa.

Cuando bajaron, Harry y Ginny se encontraban conversando en la sala de estar. Se sorprendieron de lo rápido que habían solucionado la discusión ese par, y más aún al verlos con una sonrisa boba y con sus dedos entrelazados.   Harry sabía perfectamente que en cualquier momento aquello sucedería con las charlas que tenía con su amigo por las noches, y solo les pudo dar una sonrisa pícara, sintiéndose cómplice.

Sin decirles una palabra, Ron y Hermione salieron al jardín, y comenzaron a recorrerlo lentamente.

― ¿A dónde me llevas Ron? ― Preguntó extrañada, al ver que se estaban alejando más de lo habitual de La Madriguera.

―No te preocupes, ya casi llegamos. ― Respondió con tranquilidad. ― ¡Lumos!

Estaban llegando a un enrome árbol frondoso, parecía llevar allí un siglo.

― ¡Arletpasum! ― Al terminar de pronunciar esto, se formó en el árbol una abertura similar al de una puerta mediana. ― ¡Vamos! ― Exclamó.

Una vez que se metieron, un poco apretados y agachados, Ron volvió a agitar su varita apuntándola hacia el suelo.

― ¡Descendo!

Comenzaron a descender a una velocidad normal, ni muy fuerte ni muy lento, hasta llegar a una especie de cuarto.

― ¿Qué es este lugar Ron? ― Inquirió, mirando con detenimiento aquel pequeño, pero acogedor espacio. Parecía que aquello era una especie de sala de estar común, como si de una casa se tratase. De ninguna manera podía asimilar que aquello sólo era el interior del árbol frondoso del jardín.  

―Éste es mi escondite. ― Confesó orgulloso, con una amplia sonrisa. ― Verás, cuando era pequeño, Fred y George no dejaban de asustarme con las arañas. —Un nudo en la garganta se le formó al recordarlo. Tragó saliva y siguió como pudo. —Un día salí corriendo sin detenerme y llegué hasta este árbol. Me apoyé en él para descansar y caí por un agujero y… ¡lo descubrí! Nadie sabe de él, excepto Bill y Fleur.

Hermione rió.

 —Mamá no los dejaba andar por ahí cuando eran novios y se lo mostré a Bill cuando necesitaba estar a solas con ella, así mamá no los regañaba. Ya sabes, para hablar, no lo malinterpretes. Él me ayudó a mejorarlo. Pusimos una contraseña por si acaso, y bueno, todo lo que ves es gracias a él y sus hechizos. ¿Te gusta?

Mientras Ron le contaba la historia, ella no podía dejar de mirar todo alrededor. El suelo, como era de esperarse era de madera. Había una pequeña mesa circular con un par de sillas y bajo ésta, una bellísima alfombra roja de hilo Egipto. En ese momento recordó cuando los Weasley hicieron su viaje a aquel lugar. Un delicioso aroma entre una mezcla de dulce y rosas invadía el lugar, casualmente eran sus favoritas. En un rincón se veía un cómodo sofá individual y unas diminutas luces cálidas suspendidas alumbraban aquel lugar en el que sólo podían caber dos personas.

―Me encanta. ―Exclamó muy entusiasmada. ― ¡Me encantan las rosas!

―Lo sé… no es una coincidencia que estuvieran aquí. ― Admitió muy satisfecho.

―Y… ¿por qué me trajiste?

El chico comenzó a sentirse nervioso, pero no dejaría que se apoderen de él. Era hora de revelar sus intenciones.

―Bueno…en realidad… te fui a buscar para conversar. Y si veía que todo iba bien y me sentía listo, te traería. Pero te vi ocupada y luego pasó lo que pasó y… - sintió que se estaba viendo como un idiota parado allí, intentando explicar lo mejor que podía la situación mientras le costaba y balbuceaba lo que decía. Tomo aire, y suspiró. -en fin, era para esto… ¡Visibilium! ― Gritó apuntando con su varita a un rincón.

Luego, apareció un enorme cartel, decorado con brillos dorados. Cintas rojas comenzaron a llover. En aquel cartel podía leerse claramente la siguiente frase: "TE AMO ¿QUIERES SER MI NOVIA?"

 Todo era tan sorprendente, que la chica no pudo evitar que unas traviesas lágrimas resbalaran por sus mejillas.

―Hermione Jean Granger… ¿quieres ser mi novia? —Dijo más decidido que nunca.

― ¡Claro que sí Ron! ― Aceptó muy emocionada. Lo Abrazó lo más fuerte que pudo.

Sintió como sus brazos la apretaban contra su cuerpo. Pudo sentir el fuerte palpitar de su corazón, ella se sentía de la misma forma.

―Ven Herms. ― Dijo luego del abrazo.

La llevó hacia la sala y se sentaron frente a frente y tomándole las manos, le confesó:

― Siempre quiero estar contigo.

―Y yo contigo Ron. ― Vaciló unos segundos para luego preguntar: ― ¿Desde cuándo te interesaste en mí?

Aquella pregunta lo tomó por sorpresa. Aclaró sus recuerdos en su mente y comenzó.

―Bueno… es difícil… sabes que no descifro estas cosas, pero… creo que fue en cuarto año. No soportaba verte con Vicky. ― Dijo entre risas.

― ¡Ron! ¡No le digas así! ―Protestó, mostrando un falso enojo, y luego comenzó a reír también.

―Bueno, estaba celoso. —Admitió. —Nunca había sentido eso por alguien y me tomó tiempo darme cuenta de lo que me estaba pasando... todas esas emociones y sentimientos de pronto estaban en mi interior y para ser honesto, me sentí abrumado. Después cuando por fin se fue, nunca me había sentido tan feliz. Su partida fue como una especie de regalo.

―Sabías que podías haberlo evitado…

―Sí, lo sé. Lo siento. ― Reconoció. ― Fue de algo que me arrepentí muchísimo después. Al siguiente año, Ginny me contó… bueno eh… que te besaste con él. Fue un golpe muy, pero muy bajo de la enana e hizo enfurecerme. No pude soportarlo.

Pudo notar por la expresión de sus ojos que la estaba incomodando al recordar viejos años, pero también vio en sus ojos un deje de sorpresa y molestia.

―Lo siento, no era mi intención inquietarte. Creí que debía ser honesto con lo que me pasó. Es a día de hoy que pienso en que tuve todo a mi disposición para poder impedir todo ese rollo… aún me sigue fastidiando.

―Ron —dijo haciendo una mueca. —ya pasó tiempo de eso, no tiene caso que lo sigas recordando.

―Sí, es sólo que no puedo evitarlo. ¿Cómo reaccionarías estando en mis zapatos?

Hermione se asombró. Al parecer sería una noche de sacar de una vez por todas las cosas guardadas en los recuerdos. Viejos reproches y preguntas que iban a ser resueltos en ese momento, por primera y única vez. 

―Así que… ¿tu hermana te contó eso? -Él asintió sonriendo, recordar aquello le terminó por causar gracia y no enfado. -Yo esperaba a que tú me invitaras al baile de Navidad… pero no lo hiciste. ¡Me dejaste como último recurso!

―Lo siento mucho Herms. ― Dijo muy apenado, acariciando el dorso de su mano. ― Si esperabas a que te invite al baile… eso quiere decir que… ¿tú estabas…?

―Sí, creo que sí. Me estabas comenzando a gustar. ― La castaña comenzó a ruborizarse. ― Sé cómo te sentiste… creo, porque lo mismo sentí cuando salías con Lavender.

―Oh, bueno… —dijo levemente ruborizado, con una sonrisa adolescente. —lo de ella fue…no lo sé. Sólo quería probar que yo también podía estar con alguien.

― ¿Es en serio?

―Sí, —afirmó, encogiéndose de hombros. —tú y Harry ya habían estado con alguien… y quería probarles que yo también podía. Es lo que pensaba en ese momento ¿sí? no me juzgues —Hermione fingió enfado. —Fue algo tonto, lo sé. —ambos rieron. —Y… tú con eso te pusiste… ¿celosa? ―Pregunto con una pequeña sonrisa.

―Sí, lo admito.

―Somos iguales. ― Comentó, comenzando a reír otra vez.

―No es gracioso Ronald. ― Replicó ligeramente molesta.

―Cuando estabas con Vicky… yo… ―Exhaló un pesado suspiro. ― No lo soportaba. Había algo dentro de mí, algo como… como si fuera fuego. Sentía que me quemaba por dentro. Me daban unas ganas terribles de romper todo lo que estaba a mi paso. Creo que nunca me había sentido así, y tampoco creía que alguien hiciera que reaccionara de esa manera. Después de que me enteré que te seguías escribiendo con él… ¡Por Merlín! No había día en que no deseara haber ido contigo a ese bendito Baile de Navidad en cuarto año.

Hermione se dio cuenta de lo mucho que lo había afectado su pequeña relación con el búlgaro, a tal punto que aun el muchacho no lo superaba. Sabía que a su debido tiempo lo haría, aunque ya había pasado algunos años. Cada corazón es distinto, y cada cual necesita su tiempo.

― ¿Tu hermana te vio reaccionar así? -él asintió, confundido. Y en ese momento ella entendió lo que no le quiso contar Ginny hace un tiempo. - Ron, ya es tarde y dejé mis cosas por toda la habitación. — Mencionó, intentando cambiar la conversación y terminar por zanjar aquel tema.

Se sentía bien poder de una vez por todas hablar sobre cosas que los había herido en el pasado. Escucharse, comprenderse, y a fin de cuentas reconocieron que habían sido unos completos idiotas, que podrían haber estado juntos Merlín sabe desde cuándo. Pero el hubiese y hubiera ya no importaba. El pasado no podía cambiarse y sólo restaba disfrutar del presente. Ahora estaban probándose como pareja, y únicamente eso contaba. 

―Sí, y con respecto a eso…debes prometerme una cosa. —dijo muy serio.

― ¿Qué cosa?

―Que me dejarás acompañarte a buscar a tus padres.

Hermione sonrió.

—Nada de lo que diga podrá hacerte cambiar de opinión, ¿cierto Ronnie?

―Puedo asegurarte que eso es una completa negativa. Absolutamente mi decisión está tomada.

—De acuerdo señor Weasley, entonces no veo otra alternativa que dejarlo acompañarme a mi pequeña aventura.

Salieron tomados de la mano, en unos pocos metros llegarían a La Madriguera.

― ¿Mañana damos la noticia?

            — ¿Sobre el viaje y sobre nosotros?

Ron asintió

—Mañana estaría bien.

―Herms, no olvides que tenemos que sacar un boleto para mí. ¿En dónde dices que se obtiene?

―En el aeropuerto ― Decía sonriendo. ― Mañana lo haremos.

―Está bien. ­ ¡Espera! ― Pidió, y antes de entrar a la casa la besó otra vez, presionándola delicadamente contra su torso. ­ ― Tengo que aprovechar antes de que entremos. ­ ― Comentó divertido. ― Y ahora puedo confesarte que no me esperaba en absoluto lo de la Sala de los Menesteres, pero me gustó muchísimo.

―Bueno…te estabas tardando bastante, ¿no crees?

 Ambos rieron. Al entrar, la sala estaba vacía. Ron hizo una mueca de disgusto al deducir que su amigo también se escapaba con su hermana a hacer cosas que ni quería pensar.

El día siguiente sería un día muy activo. Viajarían en cuatro días y tenían que notificar las noticias de su relación, el viaje, empacar las cosas de Ron y…. sabe Merlín cuántas cosas más tenían pendientes por hacer.




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