Historia al azar: Fruto de una obsesión
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Harry Potter Después de la Guerra (Vol. 1) » 1- La Madriguera
Harry Potter Después de la Guerra (Vol. 1) (R15)
Por eagle
Escrita el Viernes 4 de Septiembre de 2020, 15:51
Actualizada el Viernes 25 de Septiembre de 2020, 21:24
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1- La Madriguera

 

―1―

La Madriguera

 

Eran las cuatro de la mañana. Ron despertó sudando frío y alterado, apuntando con su varita hacia la oscuridad de la habitación, todo este tiempo durmiendo aferrado a su varita era una costumbre que tal vez nunca perdería. Una pesadilla, una maldita pesadilla mostrándole una y otra vez lo ya vivido. Calmándose ligeramente, se fijó en Harry y vio que, a diferencia de él, éste parecía tener un sueño placentero. Daba la sensación que era la primera vez que dormía tan bien en años.

La imagen de Fred volvió a su mente y no pudo dejar de pensar en él, ni concentrarse en otra cosa. Necesitaba de alguien. Los minutos pasaban y cada vez la tentación de ir a buscarla era más grande. Dejando salir un pesado suspiro, salió del cuarto y caminó hacia el pie de la escalera que conducía al cuarto de las chicas. Con un movimiento de varita abrió la puerta y desde allí comenzó a su susurrar su nombre, era la única forma, pues conocía perfectamente las consecuencias si intentaba subir: las escaleras serían un tobogán.

Hermione se asomó cautelosa después de unos minutos, y se sorprendió al verlo allí. A medida que bajaba pudo apreciar las profundas ojeras del pelirrojo.

―No podía dormirme. —se precipitó. — Siento haberte despertado Herms.

―No te preocupes. ― Le tomó la mano y lo condujo hacia los sillones. ― Tranquilo Ron.

―Tuve una pesadilla. De la Batalla y… luego pensé en…

―Ya pasó, estamos aquí. —dijo frotando su brazo. — El castillo es seguro, y cualquier lugar ya es seguro, la Batalla terminó, ganamos. Trata de tranquilízate ¿sí?

 El chico asintió y la abrazó. Lentamente, le acomodó la cabeza sobre su pecho, y se dejó caer. Le dio un beso en la cabellera mientras la acariciaba y luego de unos minutos, las imágenes de la guerra se disiparon y ambos entraron en un sueño profundo.

Los rayos de luz traviesos entraron por las ventanas de la torre, iluminando toda la sala común. Hermione fue la primera en abrir los ojos. Sintió cómo aún el brazo del pelirrojo seguía en la misma posición, sobre su espalda. Lentamente sin despertarlo intentó quitarlo, pues éste le impedía su salida, pero su tentativa fracasó. Ron despertó y comenzó a sentir un fuerte calor que le recorría por toda su cara.

            —Buenos días. —Lo saludó, quedándose congelada.

—Buenos días. — Saludó tímidamente. — Iré a despertar a Harry. —dijo, liberándola. — Es hora de ir a casa. Y… gracias por acompañarme. Nos vemos luego. ― Se despidió, ligeramente sonrojado y subió de dos en dos los escalones a su dormitorio.

Hermione no pudo decir nada. Estaba un poco anonadada por lo sucedido. Segundos después, Ginny apareció con grandes ojeras. Al parecer, Ron no había sido el único que no podía conciliar el sueño. Sus ojos denotaban una pesada tristeza, y su cara no reflejaba ningún tipo de expresión.

―Ya debemos irnos, ¿no? — Inquirió la pelirroja.

―Sí Ginny. Es hora.

La pelirroja se dirigió a la salida, cuando inesperadamente volteó a mirar a su amiga, formándose una leve sonrisa.

            —Me alegro por lo de ustedes. Tardaron bastante. — Ante la cara de confusión de su amiga, siguió. — Los vi durmiendo juntos cuando bajé en la madrugada. —Y sin más que decir, se fue por el hueco. Hermione quedó sin palabras. 

En el dormitorio de los chicos, Ron seguía fracasando en despertar a su amigo.

―Harry despiértate, ya es hora.

― ¿Eh?… ¿qué? 

― ¡HARRY! — Gritó, tirándole con una almohada por la cabeza. ― ¡Despiértate!

―Sí, lo siento. ¿Qué decías? —preguntó incorporándose, afirmándose sobre sus codos. La cabeza le dolía, aun sentía punzadas, pero sabía que pronto cesarían.

―Que te prepares, ya es hora de irnos. —le avisó, mientras formaba bollos de ropa y los metía apresuradamente en una bolsa.

―Ah sí, claro, está bien. ― Harry comenzó a pensar y no pudo evitar preguntar algo que lo tenía preocupado. ― Eh… Ron…

― ¿Qué sucede amigo? — dijo mientras su cabeza desaparecía debajo de la camiseta que se estaba cambiando.

― ¿Estás seguro que yo vaya con ustedes también?

―Estás bromeando, ¿verdad? —Ron se estiraba la ropa para que no pareciera arrugada.

―Ron, todo esto fue mi culpa, sabes que si yo…

― ¿Otra vez con lo mismo? Hermione me había comentado algo de eso, pero no creí que fuera cierto. Sabes perfectamente que nada de esto fue tu culpa. Deja de acusarte por cosas que no hiciste.

― ¡Exacto! Son cosas que no hice. Si me presentaba antes ante Voldemort, no habría sido tan…

― ¡Hey! ¿Cómo sabías que debías entregarte? ¿Cómo sabías eso? ¡Lo supiste gracias a Snape! ― Tomó aire, se tranquilizó y continuó. ― Lo que quiero decir, es que las cosas pasaron así por algo, ya pasaron, ya está. No te culpes por las muertes de ayer. No olvides que cada uno estaba allí por decisión propia, cada uno eligió estar aquí esa noche. Sabíamos que podíamos morir, pero fue un riesgo tomado por nosotros, Harry. No nos obligaste. —Remarcó— ¿Lo entiendes?

Harry pensó en sus palabras. Aún no estaba convencido.

―Sí Ron, lo entiendo. ― Aceptó aún pensativo.

Ron notó que su amigo seguía vacilando. <> Pensó para sí.

―Harry, escucha. ― Tomó aire nuevamente y siguió. ― Sabíamos todo el riesgo, estuvimos dispuestos a correr eso, pero lo que no sabíamos en realidad fue… fue cómo afrontar el dolor cuando uno de nosotros se fuera, y eso es lo que pasa ahora Harry, pero sé que podremos salir. Si quieres culpar a alguien, culpa a Voldemort, culpa a todos esos dementes que lo apoyaron siempre. Esto comenzó mucho antes de nuestra existencia, y ahora, lo hemos terminado. —Harry se sintió mejor. — Ahora cámbiate y vamos. ―Lo alentó, dándole un fuerte abrazo.

Las charlas con Hermione habían influido en el pensamiento de Ron notablemente. Ella había sido la única que logró cambiarle su estado de ánimo, sus pensamientos y ahora estaba totalmente convencido de sus palabras.

Cuando bajaron a la Sala Común, las chicas ya los estaban esperando desde hace ya varios minutos.

            ― Buenos días. ― Saludó Ginny con una triste sonrisa. ― Mamá nos estará esperando y será mejor que nos apresuremos.

Antes de irse, les dejaron flores a Fred, Lupin y Tonks. Se despidieron de sus amigos y de los profesores. Varios agentes y aurores del Ministerio se encontraban en el lugar, inspeccionando la estructura del colegio y a movimientos de varitas, recomponían algunas paredes de piedra. Hagrid abrazó tan fuerte a Harry que casi no lo dejó respirar. Se había llevado un enorme susto al verlo tendido en el suelo, aparentando estar sin vida. Cuando llegaron a las rejas del colegio, se encontraron con la Sra. Weasley.

― ¡Hola niños! ―Saludó Molly. ― ¿Ya están listos?

            Todos asintieron.

―Bueno, apresúrense. El traslador se activará en… diez segundos.

Esos fueron los diez segundos más largos para Harry. La señora Weasley había perdido ese carisma y brillo que tenía diariamente. Era lógico que estuviera así, pero jamás había imaginado verla de esa forma.

Unos segundos más tarde, se encontraban en La Madriguera. La Sra. Weasley ya había preparado el almuerzo, y todos se encontraban en la mesa, esperándolos. Era la primera vez para Harry ver a la familia Weasley tan calmada durante una comida con todos reunidos. En ocasiones surgían conversaciones minuciosas, pero la mayor parte del tiempo transcurrió en silencio. 

Pronto George se retiró a su cuarto, mientras que Bill y Fleur decidieron irse a su casa, acompañados por Charlie. Percy comentó en la mesa que se quedaría unos días, ya que se había alejado varios años de su familia. Al ver a su hermano alejarse, minutos después fue a hacerle compañía, no le parecía conveniente dejar a George solo. Ginny se quedó en la sala hablando con Harry, mientras que los Sres. Weasley fueron a visitar a Dromeda para que no se sintiera tan sola. Ron y Hermione salieron a conversar jardín.

El pelirrojo se sentía un poco más animado. Se sentaron bajo un árbol, ella se apoyó en Ron, y él la abrazó como siempre.

―Es lindo estar aquí. ― Comentó la chica en un susurro.

Le agradaba todo de allí, sobre todo ese particular aroma que contenía esa casa, el aroma a un verdadero hogar, las habitaciones, la hierba… aroma a familia.

―Sí, es agradable. ¿Estás bien? Te noto un poco rara.

―Sí Ron, todo está bien. ― Mintió.

Pensar en la familia de Ron, le hizo recordar a la suya. Quería salir corriendo a buscar a sus padres, pedirles perdón por lo que había hecho, explicarles lo que había sucedido, el porqué de todo y sobre todo cómo había estado acompañada por sus amigos… pero para eso tendría que prepararse. Durante todo este tiempo lejos de ellos, cada vez que podía, planeaba su viaje de búsqueda… y sabía perfectamente que debía ir sola. Sabía que al finalizar todo, sus amigos debían permanecer unidos y en familia, esto era algo que sólo ella debía resolver.

― ¿Y tú cómo estás? ¿Te sientes mejor? ― Preguntó, fijando su vista en esos ojos azules profundos. Al parecer, él se encontraba en el mundo de los pensamientos que lo inundaban constantemente.

―Sí, un poco mejor. —afirmó, volviendo en sí. — Todo va a ir mejorando, ya me convenciste con eso. —dijo con una media sonrisa.

—Sí Ron, ya verás.

―Realmente me hiciste pensar diferente y eso me ha calmado un poco. Todos están…ya sabes.

―Sí, lo sé, lo vi hoy. Creo que tu madre quiere ocultar cómo se siente y no creo que eso le haga bien.

―Sí, verás…mamá siempre ha sido así. Tiende a ocultar sus emociones cuando está triste, pero no engaña a nadie y menos a papá. Él es el que siempre de alguna u otra forma la hace sentir mejor, pero ahora…ahora no estoy seguro.

—El tiempo no puede curar el dolor. Es algo que siempre permanecerá, solo… que el tiempo ayuda a que puedas convivir con él y también, pierde su intensidad.

            Los chicos pasaron la tarde conversando de cómo sería el nuevo mundo que despertaba con la tranquilidad que les había sido arrebatada. A la noche, cuando todos se fueron a dormir, Hermione estaba en el cuarto con Ginny.

― ¿Cómo te sientes Ginny? No hemos tenido mucho tiempo de hablar.

―No, porque ahora te la pasas con mi hermano. ― le sonrió pícaramente, para cambiar los temas de conversación.

―Y tú con Harry, no eres ninguna inocente Ginevra. ― Se defendió la castaña. Ambas soltaron unas risitas y la pelirroja se sonrojó. ― Bueno, ya basta Ginny, ahora dime, ¿cómo estás?

―Mejor Herms, es difícil, ya sabes. Es difícil acostumbrarse que ya no esté. ― Su voz comenzó a quebrarse. ― Siempre volvían loca a mamá. Lo extraño ― Confesó entre sollozos

―Lo sé Ginny, yo también lo extraño. ― Afirmó, dándole un fuerte abrazo mientras las lágrimas brotaban de sus ojos.

―El que más va a tardar en recuperarse va a ser George. ― Reconoció Ginny aún entre sollozos.

―Creería que sí, ya había pensado en eso. Debemos ayudarlo entre todos.

―Sí, Harry me había dicho lo mismo hoy.

―Y… hablando de Harry… ¿quieres contarme cómo van las cosas con él? - inquirió para tranquilizarla.

―Hablar con él…es —comenzó con ojos brillantes. —bueno, me despeja un poco. ―Reconoció.

―Y sabes si… ¿ya dejó de culparse?

―Sí, dijo que Ron lo había ayudado a entender las cosas.

― ¿Cómo? ¿Qué le dijo? ― Cuestionó sorprendida.

―Verás, al comienzo me pidió perdón, ¡como si él me hubiese lastimado! ― Exclamó sobresaltada, sin poder creer lo que acababa de decir. ― Pero le expliqué que nada de esto tenía que ver con él, que sólo él era la pieza final para terminar con todo, y ahí fue cuando me confesó que Ron le había dicho algo parecido y se quedó más convencido cuando volví a decírselo. Creo que Ron ya había ayudado bastante.

―Eso es algo que me deja muy aliviada. —dijo soltándose, pensando en que las cosas habían sido un efecto dominó. —Al fin lo entendió, ¿no crees?

―Sí. Me gusta estar con él, ambos nos ayudamos mucho y hoy hablamos bastante.

―Me alegro mucho Ginny, en serio. Y ya que hablaron… ¿Pasó algo? O… ― La cara de la pelirroja se transformó con esa pregunta. Comenzó a ruborizarse. Primero tuvo una mirada que desbordaba de esperanza y a los segundos perdió ese brillo. ― ¡Ay Ginny, lo siento! ― Se disculpó, penosa. Podía tener la certeza que su pregunta no fue la más acertada.

―No, no, está bien, tú vas al mismo interrogatorio. ― Ambas comenzaron a reír. ­ ― Pero… no. ― Negó, dejando salir un desalentador suspiro. ― No ha pasado nada aún. Sabes, no sé si quiere estar realmente conmigo. Tal vez sólo quiere que seamos amigos, como lo hemos sido siempre.

―No digas tonterías Ginny. Harry es mi mejor amigo, es un hermano, y lo conozco muy bien para darme cuenta cuando le pasa algo.

―Y… entonces… ¿Qué crees?

―Lo que creo es que hay que esperar supongo. De a poco las cosas van a acomodarse.

—Como lo tuyo con mi hermano, ¿no?

— ¿Qué? —preguntó, incrédula.

― ¡Harry me contó lo de la Sala de los Menesteres! No lo puedo creer… ¡Al fin lo hicieron!

La castaña vio la alegría que tenía su amiga. No se le había ocurrido en ningún momento que estuvieran hablando de eso precisamente. Ya casi se había olvidado que Harry vio toda la escena. Para ella en ese momento no había otra persona más que Ron. Ginny siguió:

― Y verlos así en la Sala Común fue…

―Mira, te voy a explicar… lo de la Sala de los Menesteres…creo que me dejé llevar por lo que sentía. Para ser sincera… tu hermano me gusta desde hace bastante. Nunca se lo dije a nadie porque me parecía que estaba equivocada. Temía a que se enterara por alguien o algo y…obvio que con algo así todo cambiaría. No podía permitirlo. Después de tantos años de amistad y de momentos compartidos, una revelación como ésta estropearía nuestra amistad. Luego llegó Lavender y … traté de darle celos, pero no pasaba nada. Pronto me volvió a dar esperanzas y… aquí estoy, enamorada de él como siempre. Últimamente me ha sorprendiendo, ha cambiado mucho.

― Todo eso ya lo sabía. -Le confesó, y por la cara que puso Hermione supo que la había sorprendido. -¿En qué ha cambiado? ― Preguntó Ginny interesada.

―Con otra mentalidad, como más…maduro. Cada vez me gustaba más en este último tiempo y en la Sala de los Menesteres ya no aguanté. Me dejé llevar, y el hizo lo mismo… creo. ―  Se detuvo un momento. ― O tal vez… lo hizo para no rechazarme y dejarme como ridícula. En fin…no hemos hablado de eso todavía. Y lo de la Sala Común, él no podía dormir y fue a buscarme. Lo tranquilice y nos quedamos dormidos, pero no pasó nada.

―Mira Herms, conozco muy bien a mi hermano y estoy segura que no te devolvió el beso para no dejarte en ridículo. Estoy segura que sienten lo mismo, pero tienen que hablarlo, de eso no hay dudas.

―Lo sé, pero no es el tiempo adecuado aún. -comentó con aprensión.

―Ya lo sé. Lo de la Sala Común te lo creo, él es así.

― ¿Así cómo?

―Cuando tiene pesadillas suele levantarse en la madrugada. —dijo con naturalidad. —Lo he escuchado algunas veces cuando se levantaba de noche en casa. Una vez bajé para ver que le pasaba y prácticamente me echó, así que no pude ayudarlo. Pero veo que contigo es diferente. ― Comentó divertida.

―No lo sé Ginny, sólo somos amigos por el momento y la verdad es que no sé qué sucederá. Con lo que tienen ustedes, Harry y tú, tengo muchas esperanzas. Sé que él te quiere Ginny.

―Lo mismo digo de mi hermano Herms, lo he visto…en ciertas situaciones… —rápidamente miró hacia otro lado y comenzó a jugar con un mechón de cabello. —La cosa es que sé que te quiere y mucho, solamente es un poco lento. Ten paciencia con él.

― ¿Situaciones? ¿En qué situaciones dices?

―No puedo decírtelo Herms, lo siento. Él no sabe que lo he visto así. Con el único que habla es con Bill… si hay alguien que sabe bien las cosas es él. Yo no me atreví a preguntar. Además, conociéndolo cómo es conmigo, no iba a decirme nada de todas formas. —se encogió de hombros. —Supongo que a su debido tiempo te lo contará, y si no lo hace, lo haré yo.

― ¿Y no puedes decírmelo ahora?

―No Herms. —hizo una pausa. — Seguramente con Harry están esperando a que pasen las cosas.

―Te gusta mucho dejarme con la intriga, ¿no, Ginevra?

―Lo siento, no fue mi intención. Si no te lo digo es porque le estoy dando una oportunidad a ese bobo de que te lo cuente todo. Sé que lo hará.

―Está bien, si estás tan segura de eso esperaré a que salga de su propia boca. Ginny… ―Dijo en tono de cansancio. ― ¿Vamos a dormir? Ya es muy tarde.

―Claro. ― Luego de unos minutos, preguntó: ― ¿Herms?

― ¿Qué pasa Ginny?

―De verdad quiero que estén juntos y espero que mi hermano no lo arruine.

Hermione sonrió.

―Buenas noches Ginny.

La pelirroja se durmió al instante, estaba cansada pero no lo había demostrado. En cambio, Hermione, no podía conciliar el sueño. Eso que le contó su amiga la había dejado muy curiosa. ¿A qué situaciones se refería? ¿Qué cosas había hecho Ron?  Todo era muy confuso, no podía dejar de pensar en ello. Lo único que le quedaba era esperar a Ron para que le confesara todo. 



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