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Harry Potter Después de la Guerra (Vol. 1) » 12- Sherwood
Harry Potter Después de la Guerra (Vol. 1) (R15)
Por eagle
Escrita el Viernes 4 de Septiembre de 2020, 15:51
Actualizada el Miércoles 21 de Octubre de 2020, 15:33
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12- Sherwood

—12—
Sherwood

Antes de comenzar a buscar a los prófugos, Harry y Ron se escaparon y se dirigieron a la casa de los padres de Hermione. Ron sabía que aquellos últimos que se fugaron tenían un gran desprecio hacia ellos tres, incluso quizás más que los demás mortífagos al haber sido torturados por Voldemort. Y entonces, creyó que esa era razón suficiente para llegar a dañar a sus familias, por lo que se vio en la obligación y necesidad de proteger a sus suegros de un posible ataque, quienes eran los más desprotegidos al ser muggles. Y aunque la probabilidad de que los mortífagos conocieran si quiera la casa de los Granger fuera pequeña, Ron no estaba dispuesto a correr ese riesgo. Al instante en que llegaron, Harry y Ron se situaron en el patio trasero, para evitar ser vistos por cualquier vecino e incluso de los señores Granger. 

—Harry, tratemos de hacer el encantamiento Fidelio.

— ¿Estás seguro? Me refiero a que no lo hemos practicado nunca y…

—Amigo no hay otra forma. —Dijo mirándolo con preocupación. — No quiero que los ataquen, son inocentes. Sé que Hermione se encuentra a salvo en Hogwarts y que mi familia también está segura, pero ellos no. ¿Qué tal si supieran que viven aquí o algo?

—Muy bien, entonces comencemos. —Aceptó no muy convencido.

Los chicos estuvieron varios minutos intentando hacer el encantamiento, ya que era difícil de concebir, alternándose entre ellos las oportunidades de hacerlo.

—Seguramente Hermione lo habría hecho a la primera, es la mejor en hechizos y encantamientos.

—Es probable, —Reconoció, algo cansado. — pero ella no está aquí Ron. Tratemos una vez más.

—Tienes razón. —Afirmó Ron un poco decepcionado. — ¡Fidelio!

A diferencia de las veces anteriores, que sólo lograban que saliera apenas una luz blanca espesa de las puntas de sus varitas, esta vez, el pelirrojo consiguió que esa luz blanca y espesa saliera en su totalidad paulatinamente, formando una especie de gran domo sobre la casa de los Granger. Al terminar de crearse por completo susurró:

— ¡Nombro a Harry James Potter como el Guardián del Secreto!

Al acabar de decir esto, Harry sintió algo raro dentro de él. Era como si algo se le apegara a su ser y su amigo notó que algo extraño le pasaba, al ver que Harry inconscientemente llevó su mano a su pecho, como si algo le caminara por debajo de su ropa.

— ¿Te encuentras bien Harry? —Preguntó preocupado.

—Sí, de maravilla. —Afirmó, aun sintiendo un leve cosquilleo que poco a poco, desaparecía.

—Bueno, —decía su amigo mientras miraba a los alrededores, con cautela. —ahora sabes que no tienes que revelar esto a nadie.

—Obvio que lo sé Ron. —Respondió con una media sonrisa de lado. —Debemos ir al bosque Sherwood donde están los demás. —Le recordó.

—De acuerdo.

Antes de irse, Ron miró por última vez la casa y pudo ver a través de una ventana cómo los señores Granger estaban bailando, al juzgar por sus suaves movimientos, una canción lenta. Ahora que los Granger estaban protegidos, se sintió más tranquilo y relajado.

Cuando llegaron al bosque Sherwood, varios chorros de luces se estrellaron entre sí en el lugar donde antes se encontraban parados, que con una gran agilidad lograron eludir, estampándose con rapidez contra el suelo.

— ¡Ehh! ¡Somos nosotros! —Bramó Ron a sus compañeros.

—Disculpen, pero no pueden aparecerse así sabiendo que estamos en busca de mortífagos. —Se quejó Jacob Hamilton, tendiéndoles una mano junto con Neville para ayudarlos a levantarse. —A demás, nos deben una grande. Brooks preguntó por ustedes y tuvimos que mentirle. Por poco nos descubre.

—Está bien, lo sentimos. —Intervino Harry con calma. — Y gracias. ¿Han encontrado algo?

—Nada aún. —Respondió con decepción Neville.

—Vaya que eres bueno. —Le comentó Ron a Jacob. —Apenas nos aparecimos y…

—Saqué la puntación más alta en sigilo y rastreo. —Contó con una sonrisa orgullosa. —Por lo que me es fácil detectar cuando alguien está cerca, tengo una especie de sexto sentido. 

—Y según tu sexto sentido… ¿hay alguien en este bosque? —Jacob soltó una carcajada. 

—A parte del mejor escuadrón de todo el Cuartel General de aurores… y unos cuántos animales… —Añadió, mirando hacia la derecha donde la oscuridad de los frondosos y largos árboles impedían cualquier visión clara. —no, no hay nadie. 

Después de varios días de internación en el bosque, sin noticias ni nuevas órdenes de Austin, el grupo de aurores seguía buscando a los prófugos que no dieron ningún tipo de señal en todo ese tiempo. A varios del grupo ya les parecía absurda su presencia allí, muchos eran los que opinaban que seguramente los mortífagos habrían escapado a los países vecinos y lo que hacían en ese bosque, en realidad, era perder el tiempo valioso que tenían para capturarlos. Y francamente Harry comenzó a pensar lo mismo con el correr de los días, porque lo único que hacían era internarse cada vez más en las profundidades, y cada día era casi igual al anterior. Aprovechando la luz del sol, caminaban horas para rastrillar el bosque, tomando muy pocos descansos. Sin embargo, en el octavo día, encontraron rastros de magia en un claro de tiernas hiervas, por lo que la presencia allí no se sintió tan en vano como antes. Por las noches se turnaban para hacer guardias fuera de la tienda de campaña que instalaban y desarmaban cada día. El hecho de vivir de esa manera, a Harry y Ron les hizo revivir lo de hace casi un año atrás, pasando esos días y noches de incertidumbre buscando horrocruxes, pero a diferencia de aquella memorable situación, se encontraban con un buen grupo de aurores que se habían convertido en buenos amigos, y ya no pasaban ni hambre ni tanto frío. El escuadrón nueve, estaba constituido por diez personas, sin contar al jefe. El resto de los aurores estaban distribuidos en otros escuadrones y en diferentes bosques de Londres, ya que Brooks no aprobaba la idea de que los fugitivos hayan abandonado el país como la mayoría sí creía, y mantenía firme la hipótesis de que se encontraban escondidos en diferentes bosques del país.

En la décima noche le tocaba hacer guardia a Harry junto a Vincent Taylor, Jeremy Harrison, Adam Blair y Kevin Armstrong. Ron se encontraba dentro de la carpa con Neville, Richard Jones, Joseph Clayton y Jacob Hamilton. La mayoría de sus compañeros eran jóvenes, entre unos veintitrés y veintisiete años, a diferencia de los demás compañeros que estaban en otros grupos, que eran mayores que todos ellos. Reunidos alrededor de la fogata, Harry y sus compañeros compartían historias tenebrosas referidas a los bosques. El encargado de aquello era Kevin, que solo se sabía un par y en la quinta noche comenzó a inventar relatos disparatados que ya no eran tan graciosos como antes ni causaban temor como él se lo proponía. Desilusionado por aquello, decidió alejarse del círculo y, como era costumbre, comenzó a largar a la distancia varios chivatoscopios.

—Es una noche fría, ¿no te parece Potter? —Preguntó Jeremy, frotando sus manos acercándolas más al fuego. 

—Sí, bastante. —Concordó mientras se frotaba las manos, haciendo un hueco entre ambas y, a continuación, exhaló exageradamente para que el calor de su aliento las calentara.

—Dinos, ¿cómo pudiste hacer tantas hazañas siendo tan chico? —Le preguntó Kevin, que se encontraba parado fumándose un cigarrillo.

—Pues…no lo sé.  —Contestó con simpleza, considerando que jamás quiso sobresalir tanto del resto, pero su destino estaba marcado.

—La verdad es que no nos sorprende que tú y tu amigo estén aquí. Todos nosotros entramos a los veinte, es la edad mínima requerida. Yo lo hice hace dos años. —Contó Vincent, esbozando una sonrisa al recordar aquello. — Creo que soy muy bueno en lo que hago. —Opinó, sintiéndose satisfecho. —Tú no necesitas entrenar, venciste a…

— ¿Escucharon eso? — Los interrumpió Jeremy. Harry, que no le había prestado atención, fijó su vista en él. El joven se encontraba parado en el extremo opuesto de donde estaba Kevin. Vincent creyó que sólo le estaba haciendo alguna broma pesada a Kevin por haberse quedado sin historias de terror, pero su rostro se contorsionó al ver la mirada preocupada de Jeremy, que estaba mirando a un punto fijo en la oscuridad, con la varita en alto, sujetándola firmemente.

Kevin y Adam se miraron entre sí. Adam se levantó al igual que Harry y Vincent y lo imitaron, apuntaron sus varitas a cualquier dirección, quedándose en silencio y muy atentos ante la aparición de cualquier ruido o ser, alumbrados únicamente por la tenue luz de la luna. Kevin permaneció expectante, confiaba ciegamente en los chivatoscopios y estos estaban en silencio. Unos segundos más tarde, apareció un hermoso ciervo, no muy lejos de donde se encontraban, los observó temeroso con sus enormes y redondos ojos. Al ver al animal, todos bajaron sus varitas a excepción de Harry, quien la sostenía con fuerza.

—Muy buen oído, Jeremy. —Se burló Kevin, soltando una carcajada. —Pero no es más que un simple…

— ¡Desmaius!

Una voz desconocida acababa de atacar al grupo, logrando darle de lleno a Kevin que voló por los aires. Rápidamente se separaron y Jeremy se acercó a su amigo recientemente aturdido, lanzándole el hechizo Rennervate para que se recuperara. Dentro de la carpa comenzaba a haber movimiento, lo cual era señal que los restantes aurores se despertaron por el estruendo ocasionado y comenzaban a salir con las varitas en alto apuntando a cualquier dirección, sin comprender lo que ocurría.

— ¡Impedimenta! —Gritó Vincent apuntando al sujeto que se encontraba entre unos árboles de la izquierda, pero éste fue más veloz y sólo le dio a la rama que ocupaba segundos antes.

— ¡Imperio!

Otra voz desconocida salía de la parte derecha, dándole a Adam, y comenzó a aturdir a sus propios compañeros. Los atacantes no dejaban verse, puesto que se movían entre la oscuridad.

— ¡Expelliarmus! — Gritó Harry apuntando al sujeto de la derecha, pero no pudo darle.

— ¡Petrificus Totalus! —Bramó Jacob a un nuevo lugar donde creyó oír algo.

— ¡Crucio!

Una nueva voz salía, dándole a Richard, quien comenzó a retorcerse del dolor.

— ¡Harry! ¡Son los Carrow! —Le informó Ron a su amigo. — ¡Hay que ayudar a Richard!

—Creo que son más Ron, —Dijo mientras seguía atento al bosque. —sé que hay uno más.

Segundos después, pudieron ver a las tres personas que los atacaban: eran los Carrow junto a Walden McNair. Harry apuntó a Amycus, quien era el que estaba torturando a Richard, logrando darle de lleno en el pecho. Su compañero dejó de retorcerse.

Todos los aurores estaban pelando contra los dos restantes y tratando de no herir a Adam, que aún se encontraba bajo la maldición Imperio. Amycus a pesar de estar herido, se incorporó nuevamente a la lucha. Los mortífagos eran muy agiles y los jóvenes aurores al no tener tanta experiencia, se les complicaba bastante dar en el blanco, sin contar con los árboles rodeándolos que algunas ramas cargadas de nieve los hacían confundir, y que se encontraban en plena oscuridad alumbrados solamente por la luna.

— ¡Obscuro! —Neville acababa de darle a Adam para que dejara de atacarlos. Éste ya había malherido a Vincent, Joseph y Jacob. — ¡Expelliarmus! —Gritó, desarmándolo y dejándolo a ciegas.

— ¡Petrificus Totalus! —Esta vez era Jeremy quien consiguió darle a uno de los mortífagos.

— ¡Incarcerous! —Después de petrificar a McNair, Ron lo encadenó para asegurarse de que no escapara.

— ¡Expelliarmus! —Richard logró desarmar a uno de los Carrow.

— ¡Avada Kedavra!

— ¡No! —Exclamó su mejor amigo, Jeremy.

Luego de eso, los Carrow se desaparecieron, pero Harry pudo ver al autor del último maleficio: Alecto Carrow. Ella acababa de matar a Kevin Armstrong, de veintitrés años. Todos se acercaron a ver al reciente caído y Jeremy estalló en llanto al ver el cuerpo de su mejor amigo tendido en las tiernas hierbas del bosque de Sherwood.

— ¡Kevin dime algo! —Fue lo primero que gritó, zamarreándolo, a pesar de saber muy bien que nunca más lo escucharía de nuevo. — ¡Despiértate por favor! ¡No te vayas! —Jeremy se abalanzo al cuerpo y lo movía con fuerza esperando alguna respuesta. — ¡Tienes que quedarte! ¡Grace te está esperando en casa! ¡Por favor! ¡Grace te está esperando!

—Jeremy, déjalo. No hay… nada más que hacer. —Intervino Richard, posando su mano derecha en el hombro del rubio. Jeremy con un movimiento brusco hizo que Richard apartara la mano, y siguió llorando, arrodillado, aferrándose al uniforme de su amigo.

—Sé cómo te sientes. —Le confesó Ron con suavidad en su voz, se arrodilló a su lado y le dio unas palmadas de consuelo en la espalda. —Encontraremos al responsable, ¿sí? Haremos justicia por él. Tras un par de minutos, Jeremy Harrison logró articular las palabras otra vez.

—Se iba a casar. —Le contó con un hilo de voz. —Dentro de poco iba a casarse…

—Debemos avisarle a Brooks. —Comentó Jacob. —Jeremy, tú atrapaste a uno y lo mismo haremos con los otros. Todos los vieron, ¿no? Eran…

—Los Carrow y él —Dijo Harry señalando al hombre encadenado. —Alecto mató a Kevin, fue ella y la atraparemos. —Aseguró, mirando a Jeremy.

Rápidamente levantaron el campamento y se aparecieron a la entrada secreta del Ministerio que, al descender, quedaban directamente en la segunda planta, exclusivamente para los aurores. Ingresaron y buscaron apresuradamente al jefe. Éste se encontraba reunido con otro escuadrón de aurores, quienes consiguieron atrapar a Yaxley minutos atrás.

—Señor, hemos atrapado a Walden McNair. —Informó Vincent, quien sujetaba con fuerza a Walden.

— ¡Muy bien chicos! ¡Así se…!

—Y hemos perdido a Armstrong, señor. —Le comunicó Joseph.

— ¡Oh! ¡Maldición! —Exclamó Brooks, con dolor. Luego vio a Jeremy, quien traía el cuerpo de su amigo. Al ver esto, empalideció.

—No quería dejarlo allí señor. Era mejor traerlo aquí para sus familiares y…

—Está bien, Harrison. Daremos aviso inmediato a sus familiares.

—Fue Alecto —Intervino Harry. —Nos atacaron los Carrow y él. —Dijo mirando a McNair.

—Bueno Potter, estoy seguro que los encontraremos. Ya sólo quedan cuatro, este grupo atrapó a Yaxley en el bosque Wistman's Wood —Decía señalando a sus otros compañeros. —Y el otro grupo no ha encontrado nada. ¿Qué le pasó a Blair? —Preguntó luego de ver al muchacho con una cinta negra en sus ojos y atado de manos.

—Ha estado bajo la maldición Imperius y se está recuperando. —Explicó Neville.

— ¿No hemos practicado ya esa parte, Blair? —Le reprendió Brooks, mientras liberaban al moreno.

—Lo siento señor, —Dijo mirando al suelo. —quise imponerme, pero era muy poderoso. —Se excusó Adam.

—Muy bien…tendremos una semana de descanso si quieren llamarlo así. ¡Lo que haremos es más entrenamiento! No queremos que nos cueste otra vida, el grupo de Potter es el que hará el doble de ejercicios. Y en cuanto a estos dos… —Dijo mirando severamente a Yaxley y a McNair. — volverán a donde pertenecen. Ahora vayan a descansar, han sido dos semanas difíciles muchachos.

— ¡No! —Gritó Harrison. —Con todo respeto, debemos salir ya a buscarlos. No pueden estar lejos, de seguro…

—De seguro, entenderás, Jeremy, que el que da las órdenes aquí soy yo. —Advirtió en tono autoritario. —Y entiendo que has perdido a un amigo, pero tú —Dijo señalándolo, mientras se acercaba al rubio. — debes comprender que, si digo que vayan a descansar, lo harán. —Se puso cara a cara con el joven auror, que era diez centímetros más alto que él. —Y te prometo, que tendrás el honor de torturar a esa perra. Pero la venganza es un plato que se come frío.

Jeremy asintió con dolor, comprendiendo lo que decía. Todos se dirigieron a sus habitaciones, Harry, Ron y Neville compartían la suya con Jeremy, Kevin, Adam y Jacob. Resultaba extraño ver la cama de Kevin vacía, los chicos ya se habían hecho amigos de casi todos. Jeremy se tumbó en su cama, dándole la espalda a todos y no paraba de sollozar, nadie encontraba la manera de consolarlo. Harry y Ron comenzaron a escribirles a sus novias, que sabían que estarían muy preocupadas al no recibir noticias de ellos casi por dos semanas. Esta había sido la primera misión en la que podrían considerarla como peligrosa viendo que uno de sus compañeros fue asesinado. Experiencia de batalla, se podría decir que tenían, pero revivir aquello en el puesto que estaban, era como volver ocho meses en el tiempo. Las misiones anteriores fueron relativamente fáciles, en las que solo atraparon a un par de carroñeros.

Como todos estaban agotados, pronto apagaron la luz. Harry envió inmediatamente su carta y ya se encontraba tendido en la litera de abajo, pensando en la escena que acababa de ocurrir. Ron, en cambio, tardó más tiempo por buscar las palabras adecuadas para su carta. Sostuvo la varita entre sus dientes, apuntándola al pergamino para poder iluminarse, y como pudo, comenzó: 

Hermione

¿Cómo estás mi perfecta? Acabamos de llegar de una misión que salió repentinamente y no tuve tiempo de avisarte. Lo siento mucho. ¿Cómo te está yendo en tus estudios? Seguramente te va excelente como siempre. Con Harry y Neville estamos bastante cansados, pero bien, no tienes que preocuparte por nosotros. Estamos con un buen grupo y nos cuidamos entre todos, como hermanos.

Se detuvo un momento. Tuvo deseos de contarle lo de su compañero, pero al mismo tiempo sabía que si lo hacía, la preocuparía más de lo que seguramente ya estaba. Omitió esa parte y siguió:

Espero poder verte pronto. Ya ha pasado un mes desde la última vez que te vi y te extraño muchísimo. En estos días siempre miré al cielo y me preguntaba si tú estarías haciendo lo mismo. No olvides de la tarea más importante que tienes: cuidarte siempre. Cuando ya estemos juntos otra vez, me dejas ese puesto como te dije, ¿entendido? Te amo Hermione Granger...

En ese momento recordó lo que Jeremy le dijo en el bosque Sherwood sobre su amigo Kevin <Iba a casarse>. Por unos instantes se imaginó a su futura esposa Grace que lo esperaba ansiosa, tranquila en casa, y por culpa de alguien, en tan solo un segundo, terminó con sus sueños, con su vida y su futuro esposo nunca llegaría. No pudo evitar que unas pequeñas lágrimas traviesas corrieran por su rostro e inmediatamente pensó en Hermione. Sabía que ella estaba a salvo, pero se dio cuenta del verdadero temor al que se refería Hermione. Pero no dejaría que nadie los separara y mucho menos un asqueroso mortífago, sin embargo, no se detendría hasta encontrar al causante de la muerte de Fred. No descansaría hasta ver a la persona responsable metida en Azkaban y ahora, había alguien más por el cual seguir y hacer justicia: Kevin Armstrong. Antes de que lo venciera el sueño siguió con su carta:

Eres la persona más importante para mí, por favor cuídate siempre. Eres…

Volvió a detenerse. ¿Cómo terminaba esa frase? Pues ella lo era todo para él, pero nunca se lo dijo y aun no llegaron a la parte de la relación en que se decían cosas melosas, ni él se creía una persona así, pero por una extraña razón sentía la necesidad de serlo. Y mejor serlo ahora antes que alguien le quitara la oportunidad. Como pensó antes, no dejaría que nadie los separara, pero seguramente Kevin pensó lo mismo y alguien terminó haciéndolo. Por cuarta vez, volvió a escribir:

Eres mi vida Hermione. 

Con cariño

Tu terco Ron


Ya no le importaba si era meloso o no, solo tenía la necesidad de decírselo. Despertó a Pig, el cual se encontraba calentito dentro de su jaula, exento a todo lo que pasaba en su alrededor, ató la carta a su patita y lo envió. Miró a Harry que dormía en la cama contigua, o al menos eso parecía. Miró hacia la cama de Jeremy y también parecía dormido, pero sabía que, por su respiración, aún estaba despierto. Por último, se enfocó en Neville. Él estaba muy afectado con la partida de su compañero, y aquello era recordar la Batalla constantemente. Ron sabía que su amigo no estaba cómodo con el puesto, pues bien era conocido que su abuela lo había obligado y a pesar de desarrollarse de una manera excelente, y que su jefe Brooks le dijera a diario que era muy parecido a sus padres, los Longbottom, sabía que solo sería cuestión de tiempo para que se alejara. Ron se acostó en su cama y antes de acomodarse no pudo evitar volver a mirar la cama vacía que estaba frente a la suya. Dio un largo suspiro, se giró, quedando mirando a la pared y cerró los ojos, tratando de poder conciliar el sueño que, sabía, esa madrugada no llegaría. 



Dedicado a la memoria del excelente auror Cristian C. 

Varita en alto

Lumos 


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