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Harry Potter Después de la Guerra (Vol. 1) » 11- El Juicio
Harry Potter Después de la Guerra (Vol. 1) (R15)
Por eagle
Escrita el Viernes 4 de Septiembre de 2020, 15:51
Actualizada el Miércoles 21 de Octubre de 2020, 15:33
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11- El Juicio

—11—

El Juicio


Los chicos acompañaron a sus novias a la estación King´s Cross, las vacaciones para ellas habían terminado y esto significaba estar otros cuantos meses más alejados de ellos. A Harry y Ron les quedaban una semana más de descanso en donde podrían escribirles tranquilamente. Al llegar a la estación, se encontraron con Neville y Luna.

— ¡Hola! ¿Cómo están tanto tiempo? —Saludó Luna a Harry y Ron. — Definitivamente Hogwarts es diferente sin ustedes.

—Hola, Luna. —Saludó Harry, mirando pícaramente a Neville, quien tenía una sonrisa nerviosa en sus labios. — Así que es tiempo de regresar… —Comentó con un tono de nostalgia, mirando al escarlata. 

—Así es. —Respondió con su tuno soñador. —El tiempo de aquí a los EXTASIS pasará rápidamente, tendremos que prepararnos muy bien. —Dijo mirando a Hermione y Ginny. El escarlata chilló dando aviso a su partida. —Bueno, nos vemos. —Se despidió de sus amigos y luego se giró hacia Neville, quien le plantó un beso de despedida como Harry solía ver en los comerciales de la televisión de los Dursley. Al separarse, Neville tenía la cara bordó, mientras que Luna solo tenía las mejillas coloreadas y de un salto, subió al tren. 

Harry y Ron abrazaron fuertemente a sus novias, Harry le robó un beso a Ginny, y Ron en el abrazo se atrevió a besarle el cuello a Hermione, haciendo que a ella se le erizara la piel con el roce y el aliento cálido sobre su piel. Ginny subió rápidamente y a Hermione y Ron les costó separar sus manos, y se sintió demasiado abrupto para Ron cuando por fin Hermione se subió al escarlata. En el momento en que ella subió, las puertas se cerraron y comenzó a moverse, volviendo a chillar. Harry, Ron y Neville corrieron con los brazos extendidos, agitando las manos fervientemente hasta el final del andén, y vieron con nostalgia como el expreso se perdía en la primera curva. Harry tuvo una sensación extraña en su estómago. El monstruo en su interior que sintió en el sexto año volvió a aparecer por ver a Dean Thomas a través de la ventana del tren. Estar tan concentrado en sus misiones y entrenamientos le habían hecho olvidar que él era un cazador en el equipo que Ginny había armado, lo cual implicaba prácticas y entrenamientos exhaustivos juntos. No desconfiaba de ella por nada en el mundo, no se trataba de celos, sino una especie de molestia dentro de su ser que hacía que por unos instantes se replanteara el estar en el ministerio y no en el campo de quidditch entrenando con su novia y pasando tiempo juntos en los jardines del colegio.

De regreso a la Madriguera, Harry dejó de lado ese monstruo en su interior, y lo reemplazó por el problema que tendría que enfrentar al volver al Ministerio. Ron se dio cuenta de esto y en los siguientes días trataba de animarlo y mantenerlo ocupado para que su mente se enfocara en otras cosas. Practicaron sus nuevas destrezas en vuelo, jugaron al nuevo ajedrez mágico de Harry, pero Ron siempre terminaba ganándole todas las partidas, y las veces que no ganaba, era porque se dejaba ganar. 

Un día, se encontraban sentados en la sala junto al cálido fuego de la chimenea cuando George bajó repentinamente. Se lo veía decaído, y una expresión indescifrable tenía en el rostro. Molly quien se encontraba en la cocina leyendo "Corazón de bruja" vio a su hijo en ese estado y no pudo evitar preguntar:

— ¿Qué te sucede hijo? —dijo acercándose a él.

—Mamá, he tomado una decisión y…. —Dio un profundo suspiro. —Cerraré la tienda.

— ¡No puedes hacer eso! —Exclamó Ron, poniéndose de pie. — ¡Eres un experto en eso! ¡Es tu salsa!

—Lo siento Ron, pero… no puedo seguir. Voy a pedirle a papá para entrar al Ministerio y trabajaré allí.

—Hijo ¿estás seguro de lo que estás diciendo? —preguntó, acariciando su mejilla como si fuera un niño pequeño.

—Sí mamá. Es lo que quiero hacer. —Dijo en un tono muy apagado. 

—¿Quieres contarnos por qué? —Inquirió su madre. 

—Tienes muy buenas ventas. —Opinó Ron. —¿Es Lee que no te está ayudando como debería? 

—No son las ventas, no son los empleados… Lee es un excelente vendedor. —Sentenció. —Es que es… el lugar. —confesó tristemente. —No puedo seguir allí. —Su madre lo abrazó con fuerza. 

—Si no les molesta… iré a mi habitación.

—Quédate con nosotros George. —Lo invitó Harry. — Quédate a jugar con Ron, yo iré a acomodar algunas cosas y…

—Gracias Harry, pero prefiero estar solo.

Los chicos y Molly quedaron extrañados ante esa petición, pero preferían darle espacio, cada quien llevaba el duelo a su manera, y creyeron que quizás el estar solo lo ayudaría a reflexionar y ver bien lo que quería, y si su deseo era entrar en el Ministerio, lo respetarían.

Finalmente llegó el día de volver al trabajo. George logró tener un puesto junto con su inseparable amigo Lee, en la Oficina de Patentes Descabelladas, en el Departamento de Deportes y Juegos Mágicos. Arthur fue ascendido como jefe del Departamento de Seguridad Mágica, lo cual implicaba que tuviera muchas más responsabilidades y presiones que antes, pero amen de ello, sus horas estaban reducidas, ya que contaba con un equipo de apoyo para asesorarlo en todo momento. Cuando los Weasley y Harry llegaron al Ministerio, subieron juntos al mismo ascensor, pero en la séptima planta, George se despidió de ellos e ingresó a su Departamento, mientras que las rejas doradas se cerraban. En la segunda planta, el señor Weasley junto con Ron y Harry se bajaron, pero Arthur dobló a la derecha para ir a su nueva oficina mucho más amplia y en la parte central del Departamento. Harry y Ron siguieron caminando, pasando por entre los cubículos de algunos compañeros conocidos que los ocupaban.  

El Departamento se dividía en dos secciones: la primera parte era la central, en donde estaban los cubículos y las restantes oficinas del sector, incluida la de Arthur Weasley. En esta primera parte, se llevaba a cabo todo el papeleo: las investigaciones de todos los casos, los registros, se tenían los archivos y todos los datos de los magos que se encontraban prófugos y también, archivados los casos resueltos. La segunda sección la adicionaron después de la guerra, temporalmente, hasta que los casos considerados de mayor riesgo bajaran en las estadísticas al menos entre un cinco y diez por ciento. De esta manera, los grupos armados de aurores salían inmediatamente ante una misión eminente, y no desperdiciaban tiempo valioso entre llamarlos y que finalmente se presenten. Esta sección estaba compuesta por habitaciones que les correspondían a todos los aurores que debían cumplir con las misiones y con los entrenamientos constantes, repartidas por número de escuadrón. Los superiores trabajaban en la parte administrativa, en las oficinas y cubículos, y para poder llegar allí, sólo debían demostrar un excelente desempeño en destreza física y, de esta manera, ascenderían a nuevos cargos.

Cuando terminaron de acomodar sus cosas en las literas asignadas y de ponerse al día con Neville, entró Kingsley sin previo aviso.

—Chicos—los llamó, haciendo que se sobresalten. —Mañana será el juicio contra los Malfoy. Harry, Narcissa ha pedido que tú testifiques a su favor. —Harry lo quedó mirando incrédulo, creyendo oír mal.

— ¿Cómo se encuentra Lucius, Kingsley? —Preguntó rápidamente, preocupado.

— ¡Oh! Él está bien, Harry. —dijo con calma. —En las semanas que no estuvieron, se recompuso muy bien y por eso podremos hacer el juicio mañana. Harry… ¿hay algo que deba saber? —Harry asintió, y le contó cómo aquella noche en el Bosque Prohibido la mujer que ahora pedía su ayuda, logró burlar al mago más temido de todos. Kingsley lo miró asombrado, permaneció un par de minutos en silencio, procesando la información. —Entonces… ¿testificarás? ¿Testificarás a su favor? 

—Sí, se lo debo. —Afirmó con convicción. 

—Entonces… quizás… —Le puso una mano en el hombro derecho, y mirándolo fijamente, agregó—de ti depende enviarlos o no a Azkaban, de acuerdo con tu declaración. —desvió su mirada penetrante a los otros muchachos. —En cuanto a ustedes, pueden acompañarlo si quieren, no creo conveniente que Harry esté solo en una situación como ésta. —Los dos chicos asintieron. —El juicio será a las ocho en punto, no se retrasen por favor. —Los tres volvieron a asentir, en silencio. Al terminar de decir esto, Kingsley inclinó su cabeza a modo de saludo y se fue del lugar tan rápido como cuando llegó. 

— ¿Ves Harry? Te dije que no te preocuparas, ya todo está bien. —lo animó Neville. 

—Sí, lo sé.

—En cuanto al juicio… ¿Qué harás? —inquirió Ron, mientras pegaba unas fotografías de su familia y Hermione en la pared.

—Ron si analizo todo lo que ha pasado en estos años… digamos que tenemos más argumentos contra ellos que a favor, —exhaló pesadamente— pero todo se reduce a una simple acción que cometió Narcissa en la Batalla. Te he contado que gracias a ella no me mataron por segunda vez.

—Tercera querrás decir. —Lo corrigió Ron. Harry hizo una mueca de dolor. —Sí, es verdad, pero… ¿qué quieres decir?

—El punto es que, viéndolo de alguna forma, les debo mi vida. —su amigo entrecerró los ojos, frunciendo el ceño. —Si Narcissa le decía a Voldemort que yo estaba vivo en ese momento, ¡me habría matado!

— ¿Y tú cuántas veces salvaste a Draco en la Batalla? ¡Y aun así te habrían liquidado la otra noche en el bosque! —exclamó Ron sin comprender a Harry. Neville permaneció en silencio.  

—Estoy seguro de que no me ha reconocido esa noche. Estaba muy oscuro. —Razonó.

—Vamos muchachos, ¡Al entrenamiento! ¡AHORA! —La voz de Austin resonó fuertemente, interrumpiendo su conversación. Neville hizo una mueca de disgusto.

Austin Brooks -edad alrededor de cincuenta, alto, fornido, de espalda ancha, cabello castaño claro con pequeños reflejos, de rostro rectangular con la quijada bien enmarcada y ojos color miel- era el nuevo jefe del Cuartel General de aurores. Todos lo respetaban y obedecían sus órdenes sin dudar, pues era un hombre que con solo su mirada podía infundir miedo. Las numerosas cicatrices en su rostro y la ausencia de su mano izquierda reemplazada por una de metal, le terminaban de dar el aspecto de jefe y lo hacía más respetable de lo que ya era por su cargo.   

Los chicos estuvieron ejercitando todo el día en un predio alejado de la ciudad, exclusivamente para los aurores, perteneciente al Ministerio. Practicaron una y otra vez cómo esquivar maleficios, pruebas de carreras, de resistencia, todo tipo de flexiones, esquivar obstáculos y pruebas de vuelo. Quedaron muy cansados ante toda esa práctica y añoraban acostarse y relajarse por varias horas. Como pudieron les escribieron a las chicas y antes de dormir, comenzaron a hablar como lo hacían casi todas las noches.

—No te preocupes Harry, si vas a dejar a esos malditos fuera de Azkaban, es porque les estás dando una segunda oportunidad y te lo deberán de por vida, eso es seguro.

—Ron no me interesa si me deban o no, sólo es hacer lo justo y…

—Lo sé Harry, te entiendo. Solo no debes olvidar que ellos no son iguales que tú. —el azabache permaneció en silencio. —Descansa amigo, mañana nos espera un gran día.

A Harry se le hizo difícil poder conciliar el sueño, prácticamente la vida de los Malfoy estaba en sus manos, como había estado la de él en la batalla final. A la mañana siguiente, muy temprano antes del juicio, llegaron las lechuzas con las respuestas de las chicas. La carta de Ginny era muy alentadora, lo cual hacía que cada día la amara más, ese amor que nunca sintió por nadie. Su belleza tanto interna como externa era inigualable con cualquiera que haya conocido, siempre lograba comprenderlo, lo animaba… simplemente era perfecta. 

Se hicieron las siete y media, los chicos desayunaron y rápidamente se dirigieron a la sala de juicios del Wizengamot, aquella sala en la que Harry tuvo su vista con tan solo quince años, para asistir al de los Malfoy. Al entrar, Kingsley los hizo ubicar en el estrado, sentándolos al lado de varios magos y brujas vestidos con túnicas de color ciruela y una gran doble u estaba bordada en ella. Desde allí, podían tener una vista completa hacia las tres sillas que estaban abajo, en el medio de la sala que serían ocupadas por los acusados. Percy, como era de esperarse, estaba fiel al lado de Kingsley haciendo anotaciones en la primera fila. Tras unos minutos, en donde todos hablaban entre ellos con varios pergaminos esparcidos sobre las mesas, ingresaron con un caminar lento, toda la familia Malfoy. Harry sabía lo que ocurriría al instante en que ellos se sentaran en esas sillas que no eran para nada ordinarias. A penas se acomodaron, unas gruesas cadenas se les enroscaron a las muñecas como serpientes, sujetándolos con fuerza. Narcissa soltó un chillido, y la cara de Draco denotaba un inmenso pudor, sobre todo por la expresión de sus ojos grises y saltones. Harry contempló con detenimiento el rostro de Lucius, y se lo veía muy deteriorado con grandes ojeras marcadas, era como si se tratase de un libro viejo, desteñido y maltratado. A su izquierda le seguía Draco, que estaba más delgado que de costumbre y blanco como la cera, y, por último, Narcissa, que, a diferencia de los otros, estaba algo relajada, pero su semblante seguía siendo serio y frío como de costumbre, miraba con nerviosismo a las cadenas que la tenían sujetas tanto a ellas como a las de su hijo. Luego de unos minutos, Kingsley dio inicio a la sesión.

—Lucius Malfoy, Draco Lucius Malfoy y Narcissa Black Malfoy están gravemente acusados de servir y participar en la Batalla de Hogwarts a favor de Voldemort. De huir del Ministerio y por resistirse y atacar a un grupo de aurores hace tres semanas y cuatro días atrás. Hemos reunido pruebas suficientes para estar seguros de aquello y de que no estuvieron bajo ninguna maldición Imperius para la participación que hicieron con el enemigo. 

Los tres quedaron en silencio. Lucius y Narcissa mantenían la mirada en alto, en cambio Draco, estaba completamente interesado en la punta de sus zapatos. 

—¿Es esto cierto? —Preguntó el ministro. 

—Sí. —Respondió casi inaudiblemente Lucius. 

—Estábamos bajo amenaza. —Dijo Draco, levantando la vista por primera vez, diciendo aquello de forma clara y concisa. —Si no lo hacíamos, nos mataba. Mataba a toda mi familia. 

Kingsley lo miró fijamente por unos instantes, pensando. Varias brujas y magos comenzaron a hablar en susurros entre ellos. Otros sacudían la cabeza, sin creerse aquello. 

—Desde su regreso… no hemos tenido opción. —Continuó Lucius. —Mientras pasaban los años, cada vez estábamos más amenazados porque se daba cuenta que yo… que yo… 

—¿Qué usted qué, Lucius? —Preguntó Kingsley con impaciencia. 

—Que no tenía toda mi lealtad. Estaba… asustado. —Admitió con dificultad. —Y eso le enfurecía más. Y desde que fallé en su misión…—Hizo una pausa. —Hemos estado en el ojo de su ira. Mi hijo Draco… él pudo haber… muerto. —Finalizó, con ojos ligeramente acuosos. 

—¿Hay testigos de toda esa… historia? 
—S-sí. —Afirmó, titubeando. —Pero creo que no han sobrevivido para corroborarlo. —Harry vio que a Narcissa se le escapó una lágrima.

—Si no hay testigos entonces… 

—Potter. —Exclamó la mujer, rebuscándolo entre la tribuna. 

Los miembros del Wizengamot comenzaron a susurrar cada vez más alto, la bruja que estaba a la derecha de Harry lo miró entre confundida y horrorizada. Otros magos en cambio, volvían a hacer movimientos negativos con su cabeza, no daban crédito a ninguna palabra que salía de los labios de los Malfoy. 

—Potter. —Volvió a gritar la mujer, más alto. —Solicité que él sea testigo. Él puede decir que la noche de la batalla yo… lo ayudé. 

Kingsley sabía que eso ocurriría, pero no pudo evitar fruncir el ceño y apretar los labios, como si intentara de esa manera poder evitar que otra palabra saliera de sus labios. Las voces de la tribuna comenzaron a elevarse, entonces el ministro de magia hizo un movimiento con la mano, firme y decidido, haciendo que todos guardaran silencio. 

—Bien… entonces… que pase el testigo. Harry Potter, baja, por favor. 

Harry se levantó de su asiento, sintiendo todas las miradas clavadas en su espalda. Narcissa y Draco lo observaban en todo momento, sin apartarle los ojos de encima, como si de esa manera evitaran que el chico por alguna razón se desvaneciera. Harry se situó en un lateral, alejado de los Malfoy. Con un movimiento de varita, hizo aparecer un taburete y se sentó en él. Al invocarlo, no pudo evitar recordar a Dumbledore haciendo lo mismo cuando tuvo su vista. Lucius mantuvo su mirada al frente ignorándolo, mirando fijamente a Kingsley.  

—Bien, Harry, ¿es cierto que viste a los acusados en varias situaciones extrañas años antes de la Batalla Final? —Le preguntó el ministro. Percy movía constantemente su pluma de un lado a otro.

—Sí señor, es cierto.

—Muy bien, entonces como dijimos antes, no hay ninguna duda de que también ayudaron al regreso de Voldemort, ¿no es así?

—Sí, es correcto. Lucius estuvo en el cementerio cuando vi a Voldemort regresar.

—Y… también participaron en la Batalla Final, fueron vistos por todos, y estaban en busca de su hijo. Pero cuéntame Potter, ¿qué fue lo que ellos hicieron cuando fuiste a encontrarte con Voldemort en el Bosque Prohibido?

Algunos magos y brujas al escuchar aquello, se inclinaron hacia adelante, expectantes. El mago bajito que estaba detrás de Ron se inclinó tanto que tuvo que sostenerse de la cabellera pelirroja para evitar caer hacia abajo. Kingsley pidió silencio en un tono tan autoritario que resonó en todo el recinto, cortándole el aliento a varios. 

—Había muchos mortífagos. —Comenzó Harry, recordando aquella noche, pensando cuidadosamente en las palabras que utilizaría para contar aquello. — Después de que Voldemort me lanzara el maleficio…—Tragó grueso al recordar ese suceso. —ordenó a Narcissa Malfoy inspeccionar si realmente había logrado su cometido. Ella notó rápidamente mi pulso y… lo que hizo en ese momento fue salvarme la vida. Le dijo a Voldemort que había muerto.

La sala estalló. Nadie podía creerse lo que Harry estaba contando. Muchas mujeres ahogaron un grito, tapándose la boca con asombro. Todos comenzaron a hablar entre sí, haciendo que el lugar se transformara en un gran revuelo. Algunos de la sorpresa, tiraron los pergaminos que tenían sobre las rodillas, otros derramaron toda la tinta sobre los pergaminos, un chorro de tinta manchó a Neville a la altura del hombro. Rita Skeeter parecía que rompería su pergamino por la velocidad de la pluma, que iba de una punta a otra, con fuerza. Kingsley tuvo que pedir silencio dos veces. Él también quedó impactado aun sabiendo aquello de antemano.

— ¿Cómo dices? —Preguntó nuevamente, para que todos escucharan.

—Narcissa Malfoy me salvó la vida aquella noche. —Repitió con seguridad. — Ella le mintió a Voldemort y dio aviso de que me encontraba muerto, arriesgó su vida con esa acción. Si no fuera por ella, es muy probable que no estuviera aquí, ahora.

Todos los presentes estaban más turulatos que antes. Les costaba creer en sus palabras, no por desconfianza, sino por el hecho de que un miembro Malfoy, y más tratándose de la hermana de la mujer que seguía a Voldemort hasta el final de los tiempos, decidiera poner en riesgo su vida al mentir sobre Harry. La voz de Harry volvió a resonar muy fuerte e hizo que varios magos se sobresaltaran.

—Narcissa es inocente en todo esto… y Draco… creo que sólo estaba asustado por todo lo que ocurría a su alrededor. 

Shacklebolt exhaló fuerte y profundo. Harry volvió a su asiento. Las miradas volvían a clavarse sobre él, sin embargo, las ignoró por completo

—Escuchando los hechos realizados por Narcissa Malfoy… y dado que Draco Malfoy podía ser fácilmente manipulado y torturado… —Dijo aúno no muy convencido de aquello. —Procederemos a la votación. Levanten la mano quienes opinen que los Malfoy no deban cumplir una condena en Azkaban. 

Para asombro de Harry, Kingsley levantó su mano. Percy lo miró perplejo, acto seguido, él también levantó la suya. Harry y Neville los siguieron, pero Ron la mantuvo en su regazo. Harry le hincó el codo en las costillas de él, haciendo que su amigo maldijera por lo bajo y finalmente hizo lo mismo que los demás. De a poco, la sala comenzó a ser una marea de manos elevadas, votando a favor de que los Malfoy quedaran libres. 

—Ahora levanten quienes estén a favor de que cumplan una condena en Azkaban.

Sólo un cuarto había quedado con la mano baja, por lo que en ese momento procedieron a levantarlas, y aunque con las miradas intentaran incitar a otros a que los acompañen con su voto a favor de una condena en la cárcel, no fue suficiente, quedando así la votación finalizada. 

—En vista que todos hemos votado, entonces, la familia Malfoy queda exenta de cumplir una condena en Azkaban, —Los acusados comenzaron a esbozar una pequeña sonrisa de triunfo. —pero. —Dijo el ministro, rápidamente, haciendo que las sonrisas se les borrara tan rápido como habían llegado. — deben procurar que no volverán a pertenecer ni a participar nuevamente en ninguna actividad, sociedad o junta que sea considerada sospechosa y que sea una amenaza para todo ser vivo de nuestra comunidad. De lo contrario, recibirán una sentencia eterna en Azkaban. ¡Se cierra la sesión!

La sala volvió a estallar.  Las cadenas en las sillas se deshicieron. Narcissa se levantó y abrazó fuertemente a su hijo, mientras varias lágrimas comenzaron a brotarle de los ojos. Lucius se les unió poco después, pero un auror los apartó, llevándolos apresuradamente fuera de la sala para evitar que los reporteros, y en especial Skeeter, les hicieran notas para las portadas de los periódicos. Antes de desaparecerse, la mirada que le dedicaron Narcissa y Draco a Harry era realmente extraña para él. Jamás los vio con esa expresión en sus rostros, eran de una especie de…. ¿agradecimiento? Era difícil descifrarlo y no estaba muy seguro de eso. 

A penas los acusados, ahora ciudadanos libres, se fueron, Harry junto con Ron y Neville, salieron muy apresurados de ese lugar. Muchos ya se habían parado de sus asientos, tratando de alcanzar al azabache sin éxitos. Skeeter estuvo a punto de resbalar para alcanzar a Harry por el codo, pero falló debido a que una bruja la empujó sin intención. Los chicos subieron las escaleras corriendo y se dirigieron a toda velocidad a la segunda planta para tocar un traslador y aparecerse en el campo de entrenamientos en donde los esperaban sus compañeros.

—Les salvaste el pellejo sin dudas Harry. —Comentó Neville.

—Es lo que ellos hicieron por mí. —Le aclaró Harry.

—No, no. Fue exactamente Narcissa. —Especificó Ron.

—Sí, pero… en fin. Creo que ella nunca tuvo elección de no estar rodeada de los mortífagos, más allá de sus ideales, y Draco… creo que no tuvo otra alternativa tampoco. 

—No olvides a su hermana, ella era…

—Lo sé Ron, pero también mira a Andrómeda… es raro asociar que las tres sean hermanas, ¿no te parece? Andrómeda es muy buena, lo puedo ver en sus ojos cada vez que visitamos a Teddy, y tal vez Narcissa no era tan mala, al contrario de Bellatrix.

—Es verdad, nadie diría que son hermanas. —Reconoció Ron, pasando por alto el comentario sobre Narcissa. — Son tan diferentes.

Los chicos entrenaron todo el día sin parar, eso al menos distrajo a Harry, quien seguía pensando en lo que había ocurrido en la mañana. Al final del día era muy relajante poder recostarse en la cama mullida y calentita y descansar tranquilamente después de un día tan agotador.
Una semana después, los aurores se encontraban en sus habitaciones, cuando Austin Brooks apareció corriendo en busca de todos.

— ¡Ha habido una fuga en Azkaban! ¡Vamos, rápido, alístense! Tenemos que encontrar a esos prófugos.

Todos los hombres corrieron rápidamente a cambiarse. Al salir de las habitaciones, el trío de amigos estaba listo para la siguiente misión. Esos meses que habían tenido de duro entrenamiento, sin dudas los habían fortalecido al máximo, pero de igual manera, les faltaba seguir aprendiendo y mostrar más sus habilidades. Al salir, en el pasillo se encontraron con Austin y comenzaron a caminar junto a él para dirigirse al nuevo destino.

—Señor, ¿cómo que ha habido una fuga en Azkaban? —Preguntó Ron a su jefe con voz entrecortada. — ¡Es el sitio más seguro y fuerte! Es imposible…

—No, no lo es. Años atrás, si no lo recuerdan, Sirius Black escapó, por lo tanto, no es tan segura como se cree.

A Harry le dieron unas terribles ganas de golpear a su jefe, en la forma en que pronunció su nombre... con tanta frialdad y repugnancia. Neville al ver la cara de su amigo, colocó su mano en el hombro y trató de tranquilizarlo. El azabache se calmó y trató de enfocarse en el nuevo caso.

— ¿Se sabe cómo han escapado? 

—No exactamente Longbottom… esto ha sido hace unos momentos nada más.

— ¿Y quiénes fueron? —Intervino Ron preocupado.

—Me han dado esta lista…—Dijo Austin caminando a grandes zancadas, extendiendo el pergamino. —fueron… Alecto y Amycus Carrow…Yaxley… Walden McNair…Selwyn y…Travers. ¡Andando!

Ron al escuchar esos nombres, empalideció ligeramente y su paso se fue aminorando, cayendo en la cuenta de lo que eso significaba.

— ¡Maldición! —Exclamó entre dientes.

— ¿Qué sucede? — Preguntó Harry, con preocupación.

— ¿Recuerdas que cuando fuimos a Australia te conté que nos topamos con unos mortífagos? —Su amigo asintió. —Pues… ¡eran Selwyn y Travers! Estaban bastante enojados y… ¡Por Merlín!

—Tranquilo Ron, los atraparemos, lo sabes.

—Los padres de Hermione… ¡están en Londres! ¿Qué tal si…? No, no, no. —Comenzó a repetir, desesperado. —¡Diablos!

— ¡Ron! No les pasará nada, para eso estamos nosotros. —Le aseguró Harry, tratando de tranquilizarlo sin éxito.

—Sí, lo sé, pero… —De repente, algo llegó a su mente. Era una brillante idea caída del cielo. —Harry, debes acompañarme ahora mismo. —Pidió, esbozando una sonrisa. —No dejaré que los dañen estos malditos. —Sentenció con firmeza

Un gran grupo de aurores salió y comenzaron a dividirse para buscar a los prófugos. No sería una misión fácil, desde luego, pero tampoco sería imposible. Al menos eso pensaba Harry, tratando de darle consuelo a su amigo... y a él mismo.


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