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Harry Potter Después de la Guerra (Vol. 1) » 9- La Gran Noticia
Harry Potter Después de la Guerra (Vol. 1) (R15)
Por eagle
Escrita el Viernes 4 de Septiembre de 2020, 15:51
Actualizada el Miércoles 21 de Octubre de 2020, 15:33
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9- La Gran Noticia

—9—
 La Gran Noticia


Llegó el día de partir. Los chicos mientras caminaban a la salida del castillo, hablaban sobre sus exámenes:

—Espero que me haya ido bien en mi EXTASIS. —Comentó Seamus un poco preocupado.

— ¿Fueron muy difíciles? — Preguntó Ginny.

—No mucho, pero creo que me equivoqué en Pociones 

—Bueno, pero ya está, ¡seguro aprobarás! — Exclamó Hermione, animándolo positivamente.

—Espérenme un momento, ya vuelvo. — Interrumpió Ginny, quien comenzó a correr antes de terminar de salir de los terrenos.

— ¿Qué le sucede? —Preguntó intrigado Seamus.

—Va a despedirse de Fred. —Respondió Dean, dándole un codazo en las costillas a Seamus.
Luego de unos minutos, Ginny regresó mostrando una sonrisa, sus ojos se veían rojizos, pero la expresión en su cara era contradictoria.

—Ya está. ¿Vamos? 

— ¿Estás bien Ginny? — Preguntó Luna examinándola.

—Sí, muy bien, pero debemos darnos prisa si no queremos que las carrozas nos dejen. — Pidió para evitar tocar el tema.

Los chicos subieron a las carrozas, llegaron a Hogsmeade y abordaron el escarlata que estaba a punto de partir.  Se sentaron todos en un compartimiento y hablaron durante todo el viaje acerca de lo que querían hacer en sus vidas.

— ¿Qué hay de ti, Luna?

— Aún no lo sé, creo que ayudaré a papá con sus ediciones del Quisquilloso, le está yendo demasiado bien, ¡hemos tenido que triplicar nuestras producciones! —exclamó con ojos soñadores. —Todos están interesados en conocer las cosas de Azkaban, lo encerraron allí luego de… 

—Sí, lo sé. —afirmó Hermione apenada. 

—Tal vez después haga algunos viajes. —Siguió. —Con papá siempre que podíamos viajábamos para encontrar nuevas criaturas. 

—Es una buena idea. Yo quiero entrar al Ministerio, en el Departamento de Deportes y Juegos Mágicos, en el Cuartel General de la Liga de Quidditch de Gran Bretaña e Irlanda. —comentó Seamus alegremente. —Realmente espero poder hacerlo, ¡sería emocionante! Tal vez conocería así a todos los jugadores famosos del Quidditch profesional, y sin contar que seguramente deberé organizar los partidos, y estoy seguro en que me esforzaré para hacer un gran entretenimiento cuando le toque ingresar a Irlanda en la Copa Mundial de Quidditch, seguramente para dentro de cuatro años sí se pueda jugar.

—¡Bien pensado, amigo! —lo felicitó Dean. — Yo también estoy deseando que llegue ya el próximo mundial. Tienes grandes ambiciones. Yo aún no me decido, he estado concentrado con las tareas que nos dejan. Estar un año fuera ha hecho que pierda el ritmo escolar un poco. —Comentó, haciendo una mueca. — ¿Qué hay de ti Ginny? —Preguntó con interés. A pesar de que tenía una relación estable con Harry, Dean Thomas aún sentía cosas por ella. Solo el tiempo haría que la olvidara. 

—Ella será jugadora profesional de quidditch. —Anunció Luna, como si fuera lo más obvio del mundo. Ginny se sonrojó, su amiga Luna a veces parecía que podía leerle la mente como si lo que estaba pensando lo tuviera escrito en su frente. —Ha logrado formar el equipo de Gryffindor desde cero, y han ganado el primer partido contra Slytherin, y no dudo en que se hagan con la Copa este año. 

—¿Los de tu casa no te dicen nada por apoyarnos todos los partidos? —Inquirió Seamus. 

—Sí, pero no me interesa en lo absoluto. Apoyo a mis amigos, siempre. Y tú Hermione, no quisiste el puesto de auror, entonces…

—Intentaré entrar en el Departamento de Regulación y Control de Criaturas mágicas —respondió con rapidez. —Quiero estudiar para hacer un cambio en…

—En los elfos domésticos —dijeron al unísono Seamus y Dean. 

—No quiero que te molestes, pero lo veo un poco bastante difícil — Dijo Seamus, haciendo énfasis en las últimas palabras.

—Bueno, eso ya lo veré. — Contestó con naturalidad.

Al llegar a Londres, se despidieron de sus amigos y prometieron juntarse por lo menos una vez al año para no perder el contacto. La señora Weasley le había dicho a Ginny que no podría ir a buscarlas porque estaba muy ocupada organizando una reunión de último momento. Hermione y Ginny, con facilidad, se desaparecieron en el mismo anden antes de cruzar la barrera al mundo muggle, para por fin, llegar y descansar en la Madriguera. Hermione pasaría allí la primera semana de vacaciones, pues sentía que debía aprovechar el tiempo para ver a su novio y a Harry antes de volver al colegio. 

Tuvieron una cena amena, más Molly estaba nerviosa, porque al día siguiente, para el almuerzo, Bill y Fleur junto con sus padres, irían a comer y reunirse, para compartir una comida entre familias como hace tiempo no hacían. Molly estaba disgustada debido a que su hijo le avisó demasiado tarde, puesto que tenía que arreglar muchas cosas aún, un almuerzo familiar con los Delacour no le parecía que fuese tan sencillo como sonaba. Debía asegurarse de que todo estuviera en orden, y se había pasado toda la tarde acomodando la casa, por lo que a la noche estaba sudada, sonrosada y completamente agotada. Al día siguiente llegarían Ron y Harry, por lo que esperaba que todos los recién llegados, incluidas Hermione y Ginny, pudieran ayudarla para tener todo listo a tiempo.  

A la mañana temprano, Harry y Ron casi tropiezan al salir de la chimenea, junto con sus bolsos. El estrépito hizo que las mujeres de la casa llegaran asustadas a la sala. En el instante que vislumbraron sus rostros, las tres corrieron a abrazarlos, aunque Ron tuviera un poco de ceniza en su cabello. Cuando se separaron, las tres mujeres se miraron entre sí, con el ceño fruncido. Volvieron a mirarlos, sin decir nada por un momento: Harry tenía la nariz un poco torcida, el cabello más largo de lo habitual y varias heridas asomaban por debajo del abrigo que llevaba. Ron tenía un aspecto totalmente diferente a la última vez que lo vieron. El chico al igual que su amigo, tenía el cabello bastante largo y al caminar lo notaron un poco rengo y una tupida barba cubría todo su rostro.
 
— ¿¡Qué demonios les pasó!?  — Preguntó Ginny, rompiendo el silencio. Molly negó con la cabeza, dejando que fueran ellas quienes les hicieran ver las cosas, y de ser necesario, intervendría.  Los chicos se miraron extrañados entre ellos.

—Pues, nada. ¿Por qué lo dices? — Preguntó su hermano con naturalidad.

—Pues nada. — Lo imitó Hermione. — ¿A caso no se han visto? ¿Por qué cojeas cuando caminas? ¿Y esa barba? 

— ¿Y esas heridas que tienes? ¿Por qué tu nariz está así? — Ginny examinaba a su novio e inspeccionaba sus heridas.

— ¡Niños! Apresúrense, suban y dejen sus cosas. Espero que antes del almuerzo, te hayas sacado esa… —Molly lo miró disgustada, haciendo muecas desaprobatorias. — barba que tienes, Ronald. Y un corte de cabello no te vendría mal. A ti también, Harry. Ginny, arréglale la nariz. Ya les he dejado las camisas y los pantalones limpios y planchados sobre sus camas. ¡Y no olviden peinarse! Les comenté que los Delacour también vendrán, ¿cierto? — Antes de girarse para ir a la cocina, farfulló —Arthur minimizó los detalles sobre los aspectos de estos niños. —Negó con la cabeza. Volvió su mirada a la sala, donde los cuatro aún se encontraban de pie, sin moverse. —¡Vamos, andando! Aún falta alimentar al ghoul. 

—¿Los Delacour también verán al ghoul? —Preguntó Ron con sarcasmo. 

—Es bueno volver a tenerte en casa, Ronnie. —Dijo su madre para no reprenderlo, pero su mirada fue suficiente para que la obedeciera de inmediato.  

Los cuatro subieron las escaleras hasta la habitación de Ron. Una vez cerrada la puerta, ellas comenzaron con las preguntas. 

— ¿Se puede saber por qué se han dejado el cabello tan largo? — Hermione fue la primera en dar el inicio al interrogatorio. 

—En el Departamento todos nos dijeron que nos quedaba bien, ¿qué opinas Herms? — Contestó su novio con una sonrisa.

— ¡Oh claro! ¡Les queda de maravilla! —Ironizó. Ron no lo captó.

—Gracias mi pequeña…

— ¡Y la barba ni qué hablar! —Siguió. Ron entendió. — Ven aquí ahora mismo Ronald. —El chico obedeció como un niño pequeño al que estaban reprendiendo y se sentó en la silla que le señalaba la castaña. — ¡Accio tijera!

— ¿Tijera? —Preguntó alarmado. — ¿Qué vas a hacer? ¡No! ¡Aleja eso de aquí! — Exclamó, agitando los brazos.

— ¡Claro que no Ronald! ¡Quédate quieto! — la chica trataba de cortarle el cabello y tras luchar moviendo los brazos de un lado a otro, sólo logró cortar algunos mechones, lo cual le quedó peor de lo que estaba antes.

Mientras tanto, Ginny y Harry observaban la escena y ella no se quedó atrás.

— ¿Por qué tu nariz está chueca?

—Eso ha sido en uno de los entrenamientos, pero… Ron dice que me queda bien, que mi aspecto es más rudo y hasta me hace ver mayor y… — La pelirroja ya estaba con su varita en mano cuando…

— ¡Episkey!

— ¡Diablos! —Harry volvía a tener la misma nariz ordinaria de siempre.

— ¿Por qué le haces caso a mi hermano? Si sigues sus concejos terminarás como él — Decía mientras señalaba el cabello alborotado de Ron.

—Ron ya he comenzado así que será mejor que termine. —Hermione siguió con su tarea y volvió a dejarlo como antes, ahora sólo restaba la barba.

— ¡Creí que te gustaba como lo tenía! —Exclamó un poco molesto. — ¿Y qué me dices de la barba? — Preguntó inocentemente.

—Como dijo tu madre, espero que para el almuerzo te la hayas sacado Ronald. — El tono de voz de ella le hacía acordar a su madre de la manera en que lo estaba regañando.

—Está bien. — Aceptó aun estando en desacuerdo. La cara de su novia ligeramente seria, hizo que inevitablemente le pidiera algo. — ¿No puedes darme un beso?

—Después de que te saques eso. — Dijo divertida, mirando su barba, para luego salir con prisa de la habitación.

— ¿Con qué te lastimaste tanto, Harry? — Ginny seguía inspeccionando el brazo a su novio.

—No podemos contártelo Ginny. —Intervino su hermano.
— ¡Oh! Veo que ahora hay dos Harry en la habitación. —Comentó enfadada. — Y tú también deberías cortarte el cabello. — Advirtió mirando a su novio mientras le acariciaba la cara. Le dio un ligero beso y salió de la habitación.

Los chicos ante tal escena sólo se quedaron mirando, ligeramente aturdidos.

         —Mujeres. — Dijo Ron, poniendo los ojos en blanco.

Para cuando los chicos terminaron de alistarse y ayudar con los pocos preparativos que faltaban, la mesa para comer estaba lista, las chicas acomodaban las últimas cosas cuando Percy y George entraron por la puerta de la cocina.

— ¡Hola familia! — Saludaron los recién llegados.

— ¡Hijos! Llegan a tiempo. —Molly besó la mejilla de sus hijos seguido de un fuerte abrazo.

— ¿Papá dónde está? — Preguntó George.

—Fue a buscar a los padres de Fleur. — Les explicó su madre. —Creo que allí vienen. — Dijo mientras se asomaba por la ventana, al divisar el auto que bajaba de entre las nubes.
Hermione se acercó al pelirrojo y en voz baja le preguntó:

— ¿Por qué andas rengo? —Insistió.

—Porque hace unos días me quebré la pierna en la última misión. Tomé crece-huesos, pero tengo que seguir bebiéndola un poco, no hace mucho efecto todavía.

Hermione lo miró preocupada, con el ceño fruncido. Inconscientemente se llevó una mano al pecho, tocando el relicario de oro, como si intentara comprender algo. Varias preguntas comenzaron a llegarle a la mente, y estaba casi segura que tenía una respuesta coherente para todas ellas, pero una no tenía respuesta. ¿A caso el relicario la conectaba de alguna manera con Ron? ¿podía percibir por medio de él, lo que le sucedía a Ron? Eso no podía ser posible, después de todo, solo era un relicario. El recuerdo del relicario de Salazar Slytherin se le vino a la mente, transformado en un horrocrux… ¿sería su nuevo relicario alguna especie de joya perturbada por la magia, haciendo que tenga efectos extraños en ella? 

—No sé qué se trae entre manos este Bill. —Comentó extrañado George en voz baja acercándose a ellos, sacándola de sus pensamientos. — Nunca hace este tipo de cosas.

—Almuerzo familiar, Georgie, están casados. —Le recordó su hermano menor. 

—Ya, sí, pero ¿tan apresuradamente? ¿de un día para otro? 

Ron se encogió de hombros. Pues a aquello no le veía nada raro como sugería su hermano. En pocos minutos entraron a la casa el matrimonio Delacour con su pequeña hija Gabrielle, y el joven matrimonio Weasley. Los Delacour, como los recordaban, se veían como una familia muy refinada y con muchos modales, y esto consecuentemente hacía que Molly estuviese nerviosa y preocupada casi la mayoría del tiempo, pero debería acostumbrarse a ello si eventualmente tendrían más de ese tipo de reuniones familiares, aunque agradecía que vivieran en Francia y esperaba que aquello no se diera tan seguido. Entre besos y abrazos se saludaron entre todos. Gabrielle miró con una gran admiración a Harry y Ron, pues para ella los muchachos habían sido sus grandes héroes cuando tan solo tenía ocho años.

Cuando por fin todos se sentaron a la mesa para disfrutar del exquisito pollo rostizado con ensalada y puré de patatas que había realizado Molly con tanto esmero, al cabo de unos minutos, Bill y Fleur se levantaron de sus asientos y todos los presentes los miraron expectantes ante su repentina acción.

—Familia, ahora que nos hemos reunido todos -exceptuando a Charlie- tal vez les ha causado curiosidad saber por qué. — Comenzó Bill muy sonriente.

—Bill, no empieces con tu discursito de precalentamiento y larga ya lo que tienes que decir. —Le exigió George entre divertido e impaciente. Todos rieron ante tal comentario. 

—No te alteres Geogge, es algo aggadable. —Lo tranquilizó Fleur con un tono de voz suave.

—Bien, iré al punto. La razón por la que los hemos reunido aquí es porque… ¡Fleur y yo seremos padres!

Todos se sorprendieron muchísimo por aquella maravillosa noticia y comenzaron a felicitar a los futuros padres:

— ¡Que hermoso! —Exclamaron Ginny y Hermione a la vez.
— ¡Hijo felicitaciones! — Gritó Arthur, mientras se paraba de la mesa para luego darle un beso en cada mejilla a la nueva madre y un abrazo muy fuerte a su hijo.

— ¡Seré abuela! —Exclamó Molly emocionada.

— ¡Mi niña nos daggá un hegmoso bebé! —Comentaba la madre de Fleur.

— ¡Oh mi hija! ¡Ya segá madgue! — El padre de Fleur estaba tan emocionado como Molly.

— ¡Seremos tíos! —Percy, Ron y George corrían a abrazar a su hermano y a su cuñada.

— ¡Muy bien Bill! —Lo felicitaba Harry.

Luego de un gran brindis, la señora Weasley preguntó:

— ¿De cuánto estás querida? 

—Estoy casi de cinco meses, Molly. Fuimos a San Mungo hace dos meses, pogque seguía con las descompostugas matutinas y el cansancio constantemente. Bill estaba muy pgeocupado. Luego de unas pguebas que me hiciegon, llegagon gecién el mes pasado pogque están muy ocupados ¡y decían que estaba embagazada! Clago que yo tenía mis sospechas, pego hasta que no estuviegan esas pguebas, no podía decig nada.

— ¿Y por qué se tardaron en decirnos? — Preguntó Percy.

—Porque queríamos que estén todos. Aunque falta Charlie, pero él casi nunca puede faltar a su trabajo. Así que esperamos a que salgan de vacaciones para decirlo.

— ¡Es hermoso hermanito! ¡Seré tía! Creo que voy a malcriar a ese pequeñín. —Dijo Ginny muy emocionada.

— ¿Y cómo estás con esas descompostugas hija? —Preguntaba la madre de Fleur.

—Muy bien mamá, ya pasagon pog suegte. Nos dijegon que seguian los pgimegos meses, y así ha sido. Ya no me siento tan cansada como antes.

—El único problema que tenemos es que no podemos aparecernos como antes, le haría mal a nuestro pequeño o pequeña. —Comentó Bill. — Por eso tengo que aprender a usar los vehículos muggles, papá dice que lo hago bien.

El almuerzo fue muy placentero, todos estaban felices por aquella maravillosa noticia. La pareja se fue, seguidos por los familiares de la chica quienes pasarían un tiempo con ellos. La señora Weasley y las chicas terminaron de limpiar a órdenes de sus varitas, mientras Percy les alardeaba a sus hermanos y a Harry sobre cómo ayudaba a Kingsley desde que asumió como ministro, y eso les resultaba bastante irritable. Luego, Molly le cortó el cabello a Harry, y Ron se sacó la tupida barba de su rostro y al fin, sin que su madre lo viera, pudo besar a su novia como tanto quería. George decidió subir a su cuarto y se quedó encerrado allí por horas, pidiendo que nadie lo molestara.

Los días transcurrieron y dieron la llegada de la Nochebuena. Había mucha nieve acumulada y la Madriguera, en cambio, estaba muy cálida y acogedora como de costumbre, dando aires agradables para todos y se festejó como casi todos los años: Molly preparó diversos platos deliciosos como siempre. La mesa estaba repleta de aperitivos. Pero la ausencia de cierto pelirrojo se hacía notar demasiado. La señora Weasley trataba de mantener al máximo su cabeza ocupada con todos los preparativos que aun debía terminar para no pensar en su hijo que, por primera vez, no iba a estar con ellos en la Navidad. Sí, pasaron siete meses. Perdió a sus hermanos, pero nada se comparaba con el inmenso dolor de la pérdida de su hijo. Siete meses, y aun no eran suficientes para reparar su dolor, ese hueco que sabía, nunca se llenaría.

Se sentaron a la mesa. Toda la familia Weasley estaba presente. Comenzaron con la cena, y a pesar de que intentaban que todo sea alegre como los años anteriores, se podía notar una pesada nostalgia en el aire. George tenía sus ojos rojos, éstos delataban el llanto que había tenido momentos antes. Hubo conversaciones aquí y allá. Pero nada podía hacer que esos rostros tristes escondidos detrás de falsas risas y carcajadas se desvanecieran. Toda la familia estaba afectada por igual. Harry tampoco podía dejar de pensar en la ausencia de los miembros de la Orden, e inconscientemente en Severus Snape. 

Hicieron un brindis y George que no soportó más la situación, dedicó unas palabras para su hermano y Harry lo siguió, hablando sobre sus amigos, Lupin y Tonks. Al parecer, hablar sobre lo que los afectaba era la solución y la respuesta para que el dolor se haga más ligero que antes, puesto que terminado aquello, todos pudieron finalmente sonreír con sinceridad y continuar con la celebración. Todos recibieron su jersey, hasta el bebé tuvo uno: era pequeño de color amarillo con una doble u por el apellido. La pancita de Fleur pasaba bastante desapercibida, pero solo era cuestión de tiempo para que se le notara levemente sobre su túnica. Sin dudas, era la Navidad casi perfecta para los Weasley, con ese nuevo pequeño integrante creciendo.

Al día siguiente, en pleno día festivo, los chicos decidieron ir a las Tres Escobas a festejar. La nieve era profunda y una ventisca de aguanieve caía paulatinamente dándole el aire pintoresco al día de Navidad. Al entrar, el contraste del calor de la taberna hizo que a Harry se le empañaran inmediatamente los lentes. Ginny con un movimiento de varita se los limpió. En pocos segundos se toparon con muchos magos y brujas que los saludaban y vitoreaban, y no podían evitar que estas acciones les incomodara un poco. La señora Rosmerta les ofreció cervezas de mantequilla gratis, según ella, era lo menos que podía hacer por ellos. Las aceptaron con un deje de culpa y se ubicaron en la mesa más alejada que pudieron.

—Es increíble lo de Bill y Fleur, ¿no? —Dijo Ron mientras tomaba un sorbo de su cerveza de mantequilla, haciendo que su cuerpo se sintiera mejor con la bebida caliente.

—Sí, no puedo creerlo. Ni me lo imaginaba. Ahora creo que tendré que tratarla diferente a como lo venía haciendo. —Comentó su hermana con una leve risita pícara. —Aunque seguramente seguiré llamándola Fleggrr. —Ante esto, los tres comenzaron a reír, menos Harry, quien estaba hundido en el mar de sus pensamientos.

— ¿Harry, te sucede algo? —Inquirió Ron.

—Es…ya sabes el por qué…

— ¡Oh! Cierto, no dejes que eso te preocupe, ¿sí? Ya sabes que lo resolveremos.

— ¿A qué se refieren? —Intervino Ginny mirándolos intermitentemente.

—Luego te cuento amor. No es seguro con tanta gente alrededor. 

—Técnicamente no podemos. —Negó Ron. —Son órdenes directas de Kingsley y hemos prometido nunca decir nada sobre nuestras misiones, pero no hicimos el juramento inquebrantable así que…

—¿Una especie de código de honor? —Inquirió Hermione. 

—Algo así. Ven aquí —El chico comenzó a hacerle cosquillas, haciendo que se retorciera y riera muy fuerte.

— ¡Basta Ron! ¡Ya… ya entendí!

—Miren quién acaba de entrar. — Los interrumpió Harry, clavando sus ojos esmeraldas en la nueva persona que acababa de entrar a la acogida taberna.



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