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Harry Potter Después de la Guerra (Vol. 1) » Prólogo
Harry Potter Después de la Guerra (Vol. 1) (R15)
Por eagle
Escrita el Viernes 4 de Septiembre de 2020, 15:51
Actualizada el Viernes 25 de Septiembre de 2020, 21:24
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Prólogo

Prólogo

 

El trío salió vacilante y cansado del despacho del Director. Bajaron a las ruinas que quedaban del Gran Comedor y se encontraron con todos los chicos malheridos, agotados; algunos tristes por perder a algún amigo, y otros con una gran sonrisa al saber que todo el mal había acabado. Ron al ver a su familia, corrió con desesperación hacia ellos, aferrándose del primer brazo que tenía a su alcance, el de Ginny.

Harry vio cómo su amigo se alejaba y por unos segundos, dudó en hacer lo mismo, hasta que alguien llamó su atención. Junto a los Weasley se encontraba una mujer con un bebé en brazos, a la que reconoció perfectamente como a la madre de Tonks, y por supuesto que ése pequeño bebé debía ser su ahijado, Ted. La alegría lo invadió por un instante, más aún no se atrevía a acercarse. La alegría fue suplantada por culpa… sintió culpa por la muerte de todos, y pensar en el pequeño Ted que había perdido a sus padres como él, era algo que tal vez nunca se lo perdonaría a sí mismo. Tenía la esperanza de que la vida no fuera tan áspera para un niño, pero nunca se puede tener certeza en eso.

Desvió su mirada al tumulto pelirrojo y comenzó a pensar con qué cara miraría otra vez a aquella familia que desde sus once años le habían dado tanto amor y que, por su culpa, habían perdido a un hijo. Volteó su cabeza buscando la mirada de su amiga. Esta le regaló una sonrisa triste y, de a poco, se acercaron a los Weasley. El ojiverde, con cautela, analizó el rostro de todos y comprobó que George era quien estaba más devastado. Cuando se unieron al círculo, la castaña posó su mano en el hombro de Ron, el cual soltó a su hermana y, para su sorpresa, la abrazó con todas sus fuerzas. Sólo bastaron unos segundos para que rompiera en llanto. Un llanto demasiado silencioso, que lentamente comenzó a cesar mientras se acurrucaba en su cuello.

Ginny observó a Harry y, tímidamente, le rozó la mano con sus dedos. El chico sentía como el contacto con ella se estaba terminando a medida que sus dedos acababan el recorrido y, para evitarlo, la sujetó con fuerza. Esto hizo que ella se acercara más y, por fin, pudo descansar su cabeza en su hombro. Unos minutos después, el silencio fue interrumpido por un anuncio de la profesora McGonagall:

―Sé que es un momento muy difícil para todos. Hemos perdido a muchas personas valiosas, personas que lo dieron todo para defender a este castillo y sobre todo para que el mundo en el cual estábamos viviendo sea incluso mejor a lo que era antes. Queremos honrar a cada uno de ellos, y… ― Dijo mirando a sus colegas. ― … lo que les proponemos es hacer un velorio en conjunto, en el santuario que construiremos aquí, en Hogwarts, para nunca olvidar su gran esfuerzo, valentía y honor que tuvieron al enfrentarse contra Voldemort, defendiendo sus principios, su lugar, su libertad y, sobretodo, sus derechos. Nos sentiríamos muy honrados que ustedes estuvieran dispuestos a dejar aquí a sus seres queridos.

Tras esto, pasaron unos segundos en los cuales todos los presentes se miraban los unos a los otros, y finalmente, aceptaron.

         ―Gracias a todos, de corazón. —agradeció con una débil sonrisa. —En unos minutos comenzaremos con la ceremonia.  

         Molly se acercó a Harry, quién parecía no haberse dado cuenta de su presencia, y lo estrechó con toda la fuerza que fue capaz.

         ― ¿Te encuentras bien, querido?                     

         ―Señora Weasley yo… en verdad lo siento.

         ―Gracias, Harry.

         ―No quería que esto terminara así… Fred no debía estar allí. No tenían que hacer esto… realmente lo siento mucho.

         ―Él sí quería estar ahí, Harry. ― Lo interrumpió George, con voz ronca. ― Le tocó a él, pero debes saber que todos estábamos dispuestos a esto. Y ahora…

         ―Fue muy noble por su parte pelear esto y es un héroe de guerra. ― Sentenció el azabache. ― Todos lo somos y siempre estará…

         ―Presente en nosotros. ― Completó Ginny, entre lágrimas.  

         El azabache abrazó a George, y al resto de la familia. Cuando terminó de abrazar a Arthur, Ginny lo apartó y le susurró al oído:

         ―Creo que alguien quiere conocerte, Harry.

         El chico miró hacia donde ella le indicaba y vio que sus amigos hablaban con Andrómeda Tonks, mientras que Hermione sostenía a un pequeño bebé. Con cuidado se acercó y por primera vez, vio a su ahijado. Tal como lo había dicho Lupin, era metamorfomago como su madre, ya que tenía el pelo tan amarillo como el sol que había salido hace unas horas. Andrómeda en cuanto lo vio, entre sollozos, le dio un fuerte abrazo.

         ―Señora Tonks… lo… siento.

         ―Nos has librado, Harry. Nos has librado de una vez por todas. Es una desgracia que terminara de este modo, pero debes saber, que ambos quisieron participar. Nunca te dejarían solo en algo como esto, muchacho. —Dijo un poco más calmada. —Lo único que puedo ofrecerte es un simple gracias, porque por ti, y por Nymphadora y Remus, Ted podrá tener un futuro mejor.  

         ―Sí, Remus… -se detuvo antes de decir que había tenido una pequeña charla con Lupin mientras sostenía la piedrita de la resurrección. Sabía que el hombre le había dicho lo mismo que la mujer decía. - Remus quería una mejor vida para él y Dora también, desde luego. Usted debe saber que cuenta conmigo para lo que necesite y, si me permite, estaré siempre con Ted. Y me encargaré de que sepa lo que hicieron sus padres.

         ―Gracias, Harry. Yo también quería que seas el padrino de mi nieto. ¿Quieres conocerlo? ― Propuso con una débil sonrisa. Hermione, quien estaba a sus espaldas, se situó a su lado.

         ―Y éste… es Teddy Lupin. Teddy, te presento a tu padrino, Harry. ― Con cuidado se lo pasó y el azabache sonrió.

         ―Hola Teddy. —Saludó, dándole un suave beso en su frente. —Tienes los ojos de tu padre y las facciones de tu madre. Sé que tu vida no será como la de los demás niños, pues por mí te has quedado sin padres y si algún día quieres culparme por eso, lo…

         ―No, Harry. ― Negó la mujer, anticipándose. ― No es tu culpa. Nymphadora siempre fue así. Mi niña siempre estuvo expuesta al peligro, y aunque a mí no me convencía del todo, siempre la apoyé y sé que eso la hacía feliz, y contra la felicidad no hay nada, lo sé por experiencia propia, créeme. Quería apoyar a su marido y así lo hizo. Así que te pido, que no le digas eso a Teddy por favor.

         ―Lo siento. ― Mirando nuevamente al bebé, siguió: ― Siempre estaré contigo, Teddy. Así como mi padrino estuvo conmigo y me apoyó cuando pudo, yo lo haré contigo. Tus padres no estarán físicamente, pero te acompañarán en todo momento. — El bebé lo miraba en completa calma, como si pudiera entender cada palabra que decía. — Lo sé, porque los míos también me acompañan, ahora y siempre. Serás feliz, Teddy. Te lo prometo. ― Se acercó a la cabecita del niño y le depositó un suave beso otra vez.

         ―Ya es hora. ― Anunció la profesora. ― Ayúdenme, por favor.

         Con movimientos de varitas y con sumo cuidado, al unísono elevaron todos los cuerpos y siguieron a los profesores quienes dirigían a la muchedumbre. En el camino, Harry recibió innumerables felicitaciones y, sinceramente, no se sentía a gusto con ellas. Eran muchos los que se habían ido a causa de esa Batalla, y justamente era lo que menos quería. Pronto, comenzaron a adentrarse en el Bosque Prohibido hasta llegar a un claro, lugar del que sólo los profesores conocían hasta ese entonces. Era muy bello y espacioso, había hermosas flores de diferentes colores. Incluso la hierba era más clara, el sol iluminaba todo a su paso y le daba al lugar más vida. Detuvieron la marcha y todos los profesores sacaron sus varitas y comenzaron a hacer una hermosa construcción, muy amplia, de un blanco marfil brillante e inminente, con varias columnas y en el centro gravaron lo siguiente: "Aquí descansan los Valientes de Hogwarts". Prosiguieron dejando con sumo cuidado los cuerpos con sus respectivas placas y la profesora dio un pequeño homenaje a todos los caídos. Después de eso, realizaron un largo silencio.

Al finalizar la ceremonia, todos regresaron al castillo, quedando solamente Ginny, Ron, Hermione y Harry. Éstos últimos querían apoyar a sus amigos. Los hermanos aún no caían en la cuenta de todo lo que había ocurrido. Era momento de procesar y digerir lo acontecido y, aún más desafiante, relacionarlo con la realidad. Ginny se aferró al brazo de Harry y entre sollozos, pidió

― ¿Podemos irnos? Esto es muy difícil, ya no lo soporto, por favor.

Harry entendía perfectamente cómo se sentía, ya que pasó innumerables veces por esos sentimientos de tristeza, y con suerte, quizá esta sería la última. El chico sólo asintió con la cabeza, la abrazó y se la llevó al castillo. Él estaba muy cansado, toda la adrenalina comenzaba a desvanecerse y comenzaba a sentir todos los dolores de su cuerpo, incluido hasta el más mínimo rasguño dolía como el infierno. Antes de irse, su mirada se cruzó con la de su amiga. Ella asintió, confirmándole que estarían bien.

Después de unos minutos, Ron se percató de que todos se habían ido, pero rápidamente notó que una persona seguía allí, acompañándolo en su dolor, entendiendo su silencio. Era ella, la chica que más quería. Él sólo pudo levantar la cabeza y su amiga entendió todo. Apresuradamente lo abrazó y así permanecieron por unos minutos, hasta que el chico pudo emitir un pequeño "gracias". Fue lo único capaz de decir, las palabras no salían. Un nudo amargo en la garganta se lo impedía. Hermione sabía cómo acompañar, entendía sobre silencios y miradas de dolor. Con una ligera vergüenza le tomó la mano y lentamente lo llevó a un lugar en donde a ambos les gustaba ir para tener un momento de paz: el lago.

Se sentaron a orillas del mismo. Ron permaneció quieto. Su cuerpo estaba tensionado y rígido, y mantenía su mirada en el horizonte hasta llegar el ocaso, observando los últimos destellos del sol. Hermione afirmó la cabeza sobre su hombro. Sentía punzadas en su corazón, sabía que a su mejor amigo le llevaría tiempo sanar ante tan inmensa pérdida, y se prometió a sí misma que siempre estaría para él, atravesándolo todo, juntos. Minutos después comenzó a acariciarle dulcemente el dorso de la mano y no dejaba de repetirle en un susurro casi inaudible "Todo irá bien". Luego, el silencio fue interrumpido.

―No es justo que esto pasara.

―Lo sé Ron, lo sé.

―Sabes, —dijo con semblante frío. — él tenía muchos planes. No sé cómo nos vamos a recuperar de esto. Creo que… a pesar de saber que todos corríamos con un gran peligro, y aun sabiendo que existían las probabilidades… no estábamos preparados para lo peor. Es completamente diferente de pensarlo y hacerte la idea a… — hizo una pausa. — a que termine pasando.

―Ron, sé que es difícil, y nunca nada será igual, por supuesto, pero saldremos adelante. ― Le dio un leve apretón de manos. ― Siempre estaré contigo, vamos a ayudarnos, no te dejaré solo.

Hubo otro silencio, algo incómodo.

―Eres increíble. ― Susurró.

― ¿Qué dijiste?

―Que eres increíble ― Repitió, con seguridad. ― No sé cómo agradecerte por estar aquí conmigo, es increíble cómo me haces…

―Ron, no tienes nada que agradecerme, sabes que siempre voy a estar — lo interrumpió. — para eso son los amigos, lo sabes, ¿no?

 Una punzada en el pecho le generó la última frase. Desvió su mirada de dolor al suelo. Era justo que lo llamara de esa manera, sabía que el tiempo, de a poco, le daría el momento oportuno para aclarar las cosas entre ellos. El hoy y ahora… no era ese día.

―Sí, amigos. ― Titubeó ligeramente. ― Yo también estaré para ti. —Dijo mirándola nuevamente.

Hermione le dio un fuerte abrazo, una vez más. Recargó nuevamente su cabeza en el hombro de él, y seguidamente, Ron la rodeó con su brazo derecho. Permanecieron así hasta que la oscuridad comenzó a apoderarse del cielo. Ambos regresaron en silencio para asearse, pues seguían vistiendo de la misma manera desde que escaparon del dragón hace tan sólo dos días.

Cuando subieron al séptimo piso, la señora Gorda no estaba.

― ¿Señora Gorda? ― Inquirió el chico. ― ¡Señora Gorda!

― ¡Oh, Weasley! ― Gritó la mujer desde otro cuadro. ― Estamos festejando, ahora bajo. ― Una vez que llegó, preguntó: ― ¿Contraseña?

―No la sabemos. ― Respondió la castaña. ― Pero creímos que…

―Lo siento. Sin contraseña no pasan.

― ¡Pero sólo queremos…!

― ¡Ya, Weasley! ¡Es una broma! Potter subió hace rato, con tu hermana. No parábamos de felicitarlo. ― Comentó. ― ¡Son nuestros salvadores! Cuéntenme, ¿es cierto que irrumpieron en Gringotts?  Nigellus Black dijo que…

―Señora Gorda… ― La interrumpió la castaña. ― ¿Puede dejarnos pasar? Estamos algo…

― ¡Oh! Claro, lo entiendo. Lo siento mucho. ― Dijo avergonzada. ― Pasen.

Ambos entraron y cada uno se dirigió al cuarto correspondiente. Luego de asearse, volvieron a bajar a la Sala Común. Como era obvio, estaban agotados y ojerosos, pero, aun así, se quedaron sentados en los polvorientos sillones.

―Es una suerte que la torre no esté demasiado dañada. ― Comentó la chica.

―Es verdad. ―Reconoció él. ― Harry duerme como un tronco. Deberíamos hacer lo mismo, ¿no?

―Ginny no está. Seguro ya bajó y… no quiero dormir. —se apresuró a decir. — de hecho… quería ayudar a reparar un poco el castillo o… a la señora Pomfrey.

―Sí… cierto. Hay muchos heridos. Oye… ― Dijo entrecerrando los ojos. ― ¿qué tienes en tu brazo?

― ¡Ah, esto! Sólo es un raspón. ― Reconoció, restándole importancia a la roncha rojiza de su brazo izquierdo.

― ¿Te duele? ― Inquirió, acercándose hacia su amiga para examinarla mejor.

―Un poco, no mucho en verdad.

―Creo que… deberíamos bajar y que te pongan una venda.

―No Ron, no es nada, en serio.

―Herms… bajemos. Sólo será una venda. ― Insistió.

Sin conseguir zafarse, la castaña obedeció y una vez abajo, buscaron a la señorita Pomfrey, la cual estaba muy atareada con todos los heridos. La sala de enfermería estaba completamente ocupada. Hermione sintió que su presencia allí era absurda, puesto que había muchos con heridas graves. Al final del pasillo, vio a Parvati en la orilla de la cama de Lavender. Al parecer, la muchacha era muy fuerte. 

 ―Señorita Pomfrey… Hermione tiene una herida, ¿podría curársela?

― ¡Señorita Granger! ―Exclamó la enfermera, dándoles un examen visual rápido. ― ¡Señor Weasley! ¡Están demasiado delgados!

―No hemos estado comiendo muy bien los últimos días. ― Reconoció Ron. ― ¿Podría ponerle algo…?

―Sí, escuché a la primera Weasley. ― La mujer con mucha rapidez, puso una especie de gasa sobre la herida, no sin antes untarla en una crema apestosa. ― Eso te curará pronto. No saben cuánto me alegro que estén bien. ― Dijo regalándoles una sincera sonrisa. ― Parece que tú también necesitas un poco de esto, Weasley.

―No, estoy bien.

―La sangre seca que tienes en tu cabeza no dice lo mismo.

—Puede que no sea mía. —Dijo en una mueca.

Haciendo caso omiso, la mujer rebuscó entre los bolsillos de su sucio uniforme. El tintineo de los frascos chocando unos contra otros resonó por un par de segundos, hasta que sacó uno con un líquido rosa. Empapó un poco un trapo rasgado y se lo pasó por la herida del chico.

―Reconozco una herida cuando la veo. Mucho mejor. ― A continuación, siguió examinando al resto de los heridos.

―Vaya que es buena. ― Comentó el pelirrojo. ― Ahora te calmará el dolor.

―Ron, no me dolía mucho. Y ¿qué hay de tu cabeza? ¿Te sientes mejor?

―Ni siquiera me di cuenta que lo tenía. El dolor físico no es primordial para mí ahora.

Pronto salieron de la enfermería, entre tantas personas moviéndose de un lado a otro se sentían un estorbo.

— ¿Quieres comenzar a reparar algunos cristales? -dijo mirándola a los ojos.

―Sí, claro.

Ambos se dirigieron al Gran Comedor, pues era la sala más dañada. Repararon ventanas, elevaron las velas… remediaron los relojes de las casas incrustando cada piedra preciosa ayudados por Ginny y Luna, hasta que todo estuviera un poco más presentable para el inicio del banquete.

Todos los alumnos que se encontraban allí estaban mezclados entre sí y no organizados como la última vez que disfrutaron de una comida y sólo un puñado pertenecía a Slytherin. Harry regresó un poco más animado. Su siesta no fue algo como tal, en realidad fue un casi desmayo, la adrenalina en su sistema estaba completamente ausente. Sus amigos estaban idolatrándolo por cuarta vez y trataban de averiguar dónde había estado todo este tiempo, cuando resonó el agudo sonido del golpeteo de un utensilio contra una copa de McGonagall, en una petición de silencio:

―Alumnos, sabrán entender que el colegio permanecerá cerrado hasta el siguiente curso, ya que ha sufrido innumerables daños. Dos meses serán de duelo, y los restantes para su reconstrucción. —hizo una pausa. —Quiero proponer un brindis por todos ustedes, por los que se han ido y que permanecerán en nuestros corazones por siempre y por Harry Potter.

Se hizo un gran brindis con euforia, seguido de muchos aplausos y esto dio por finalizada la cena.

Todos los alumnos que quedaban fueron a sus respectivas Salas Comunes, las cuales estaban un poco destruidas, pero estables; y al día siguiente, partirían a sus hogares, comenzando una nueva vida.

En la sala común de Gryffindor, solo quedaban cuatro. Ginny se retiró al cuarto de las chicas, no sin antes darle un tierno beso en la mejilla al azabache, y un fuerte abrazo a Hermione y Ron.  Éstos últimos permanecieron en la Sala Común, luego de que Harry se despidiera, en silencio. Ron seguía con una mirada perdida. Sus ojos rojizos e hinchados a causa de su llanto privado comenzaban a arder y doler, y a pesar de no emitir palabra y parecer estar en otro mundo, la presencia de Hermione lo hacía sentir un poco mejor.

― ¿Cómo te sientes? ― Preguntó Ron, volviendo en sí.

―Podría decirse que bien, ya se terminó todo.

―Sí, así es. Espero que esto dure. ― Hermione lo miró confusa, y se explicó: ― Quiero decir, ya que se terminó todo, se supone que todo va a ser mejor, más tranquilo. Eso es lo que espero que dure.

La castaña tuvo una extraña sensación en su estómago. Sin poder evitarlo, tuvo por unos minutos una breve imagen de su futuro a mediano plazo con cierto pelirrojo acompañándola. Fueron demasiadas emociones por ese día, y esa última la terminó consumiendo.

―Tienes razón. ¿Vamos a dormir, Ron? —dijo ligeramente nerviosa. —Mañana seguramente saldremos temprano a la Madriguera.

―Sí, claro. ― Aceptó no muy convencido. Cuando estaban a punto de separarse, preguntó: ― ¿Hermione?

― ¿Sí?

―Te quería agradecer por estar siempre. Sobre todo, hoy… significa mucho para mí.

—Sabes que no tienes que…

—Sí, lo sé. Pero quería decírtelo. —sonrió de lado. —Y… otra cosa…  contigo me siento… mejor.

De nuevo la sensación en el estómago de Hermione vuelve a emerger, dejándola sin palabras.

—Sólo quería que lo supieras. —dijo ligeramente incómodo ante el silencio. —Hasta mañana.

 Acortó la distancia entre ellos y le dio un cálido beso cerca de la comisura de sus labios. Ella se sonrojó y agradeció la poca luz en la sala para no quedar al descubierto. Al separarse, se miraron intensamente. El terminó por desviar la mirada y dar media vuelta a su habitación con un sentimiento agradable, y aunque sabía que era algo pequeñito, le permitiría descansar la primera de muchas noches en armonía.




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