Historia al azar: El Sueño De La Princesa
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Next to me » 08. Cae el trueno
Next to me (R13)
Por Dak-knee33
Escrita el Lunes 17 de Agosto de 2020, 09:57
Actualizada el Miércoles 16 de Septiembre de 2020, 13:51
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08. Cae el trueno

El verano londinense traía un clima de veintisiete grados celsius, y lo normal es que no ha dejado de llover desde la tarde. Eran las tres de la mañana, me desperté por las pesadillas y los truenos que rompían en toda la ciudad. Temía que algún árbol fuera portador de uno, ya que estos truenos caían muy cerca de mi casa. Estaba comiendo un cuenco de avena y leche fresca, a un lado tenía un viejo manual de aritmancia de cuarto año de Hogwarts. En una página, coloque mis iniciales y el interrogante  de; si mi apellido sería cambiado tras declararme a Humbert Jensen de quinto año, un Ravenclaw.

-Eh, hola.

Una voz masculina provocó que saltará de la silla, tosí con fuerza escupiendo la avena en mi mano y mire con odio a ese muchacho de cabello rojizo, mojado de cuerpo entero. Lo mire, nuevamente, extrañada que estuviera en mi casa a estas horas.

-Continuas gritando como una mandrágora bebé- se burló él.

-¿Acaso no era que mi grito se oía como un sirena pariendo?-le dije, limpiando mi mano.

-Eso decía Fred...-corrigió, dio unos pasos hacia mí.

-¿Qué pasa, Greta? ¿Estás bien?- se sumó una tercera persona en la cocina. Era mi padre en pijama. Sus ojos estaban tan abiertos y sus manos buscaban los interruptores de luz.

-Estoy bien, papá. No puedo dormir.

El hombre descubrió al muchacho de veintitrés años y pasó su mirada por ambos. Sus ojos verdes se regresaron a George duramente, que sonrió apenado de la situación y la manera de conocer a mi papá por primera vez. Sam avanzó unos pasos, acorralando al chico contra la pared. Negué con la cabeza sin preocuparme, pero estuve atenta que el hombre no hiciera algo estúpido. Típico de auror, quería intimidarlo y hallar algo sospechoso. Nadie venía a mi casa estas horas de la noche, encima apareciendo por magia. Sabíamos que un grupo de mortifagos estaban ocasionando secuestros y falsas noticias por otros opresores políticos. Y, Sam Radford se encargaba de este caso hace una semana. Vi la incomodidad de George ante la mirada fría de mi padre. Decidí intervenir, alejando al hombre corpulento con un pijama gris de mi amigo.

-Voy a vigilarte- Le amenazó mientras se volvía a la salida.

Mi padre se fue. Tomé el asiento en mi silla, y le indiqué a George que podía ponerse cómodo. Tardó en reaccionar.

- Perdón. Mi papá está preocupado en el trabajo y todo eso que está pasando. Ahora, le dicen "Inversa" al cambio que dejó El Innombrable en la comunidad.

- Entiendo. 

Sabía que George estaba angustiado, preocupado y lastimado más que todos. No podía decirle que todo iba a estar bien. En realidad, no estaba segura que alguien pudiera tomar más esperanzas luego de haber ganado, pero estábamos todos juntos. A pesar, que quienes hayan dado todo por nosotros, estuvieron en un momento importante, grabado en nuestras mentes.

Preparé chocolate caliente para los dos, mientras George me contaba sus frecuentes recuerdos con su hermano gemelo y lo mucho que sentía el silencio en la habitación, o todo lugar donde estuviera necesitaba, desesperadamente, que Fred soltará alguna risa o un buen chiste para calmar los nervios de la batalla entre las personas participantes. Le presenté mi dormitorio, no era algo adecuado siendo un hombre a las tres y media de la mañana. George Weasley era diferente, había sido un buen chico y lo seguía siendo, claro. Su dolor era constante, no pensaba dejarlo solo en estos momentos, porque él haría lo mismo por mí, lo sé.

-¿Seguís leyendo estos chismes, Greta?-se burló, viendo mi escritorio donde tenía unas cajas para donar con revistas o libros de Hogwarts.

-¡Bah, que te importa!

-Importa el nivel de creencia que tenías hace siete años.

-¿Disculpa?-dije, levemente ofendida-. No tuve planes para construir un negocio independiente en los años de estudios-le recalqué, él sonrió de lado.

-No podrías haber hecho algo propio, si leías Corazón de bruja.

-Llamaré a mi padre-le advertí, levantándome de mi lugar y caminé hacia él.

Noté que el cabello rojo del chico estaba hecho un nido de pájaros, deposité la taza a un lado y tomé un cepillo rosa para peinarlo, no se quejó mientras seguía estudiando mis cosas sentado. Los truenos habían dejado de oírse hace minutos, solo quedó una leve llovizna en el exterior. El calor seguía presente, logré ordenar la maraña de pelos rojos de George y me recargue contra el escritorio. Observé las sonrisas de burla del chico leyendo algunas de mis frases de autores preferidos, negué con la cabeza y le di un golpe en la coronilla.

-¡Eu!-se quejó, mirándome inocentemente.

-No te rías de mí, Weasley.

-¿Acaso tus padres no jugaban contigo de niña?-preguntó divertido. Me quedé callada, bajando la mirada a otro lugar del entorno- No jugaban...

-No lo hacían directamente-le dije apenada por mi niñez-. Mi padre recién conseguía un puesto de rastreador en el Departamento de Seguridad Mágica, llegaba muy cansado y mi madre solo se ocupaba de mantener la casa y los gastos.

- ¿Por qué nunca nos dijiste de esto?

-George no puedes cambiar el pasado, no llegarías nunca a mejorar el estilo de vida que conservas en el presente. Tendrías más consecuencias, que logros mejorados.

Hubo una pausa entre ambos. El chico se reincorporó, viendo el entorno por segunda vez y se encontró con mi panel de corcho donde tenía cosas importantes, se acercó contemplando todo con determinación, sonriendo ante fotos mágicas y postales de lugares que me gustaría conocer, algún día como mis primeras experiencias de aventura.

-Siento mucho lo de Fred, ¿sabes?-le dije, finalmente. Caminé hasta él, que no me miró solamente, se quedó viendo una foto de su hermano y yo en una Navidad compartiendo nuestros regalos, suéters tejidos por la señora Weasley-. Pero, todos tenemos un tiempo en este mundo. Fred cumplió su mayor sueño y vivió con la persona que más amaba en el mundo. 

George suspiró con pena, agachó su cabeza manteniendo una posición inclinada frente al tablero. Crucé mis brazos, a los segundos, el chico me abrazó contra su pecho, caliente y olía a tierra húmeda.

-Lo sé-dijo, simplemente.




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