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Next to me » 23. ¿Qué está bien, qué está mal?
Next to me (R13)
Por Dak-knee33
Escrita el Lunes 17 de Agosto de 2020, 09:57
Actualizada el Viernes 23 de Octubre de 2020, 14:19
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23. ¿Qué está bien, qué está mal?

George Weasley me besó, ningún otro momento hubiera sido tan inesperado como esto. Si no estaría en una situación desesperante por las mentiras de mis padres, capaz que no lo habría echado de mi casa. O, eso creo.  Había tantas cosas que estaban pasando en estas dos semanas, que nadie sería tan valiente para defenderse de todas, porque la paciencia se termina cuando todo parece volverse más complejo. Asique, George se volvió mi límite. Me tiré sobre mi cama, plantando mi agotado rostro en la almohada que olía jazmines. Mamá. Quería hundirme en un profundo sueño que no me despertará para enterarme dentro de unas horas cómo seguiría su enfermedad, había notado que el medimago había ocultado unos detalles dificultosos de su cirugía para remover ese nuevo  tumor, ¡Era el peor día que me toco! No podía con todo, tenía que elegir que era mejor y que soltar- tampoco, sería tan fácil-, me gire y me quedé viendo el techo con el ventilador girando lentamente. Confundiendo sus alas de madera con un águila acechando la comida, o sea, yo nadando en tantos problemas que mi cabeza iba a explotar.

-Mierda, George...-suspiré, tapé mis ojos para no mirar el mundo, no mirar nada más. Me arrancaría ambos para no ver a las personas a la cara y sentirme estúpida- ¿Qué carajos voy a hacer?

Hablaba conmigo misma, dado que no tenía respuestas, era un discusión sin sentido. Me senté sobre la cama, busqué mi varita en mi largo chaleco por debajo de la cintura y tenía bolsillos internos, accioné mi guitarra acústica que aprendí a tocar a los diez años con mi tío Joshep. Rasgué las cuerdas, dejándome llevar por la melodía y arrastrando las lágrimas de incertidumbre. Me temblaban las manos, pero no dejé de tocar el instrumento. Sentí como las cuerdas dañaban mis dedos, como escuché quebrarse una de las uñas y solté un gruñido, llevándome el dedo herido a mi boca para aguantar el dolor. El sabor de la sangre era horrendo, como un tóxico que quema en los labios. Suspiré, dejé la guitarra sobre una silla y me acerqué a la ventana, viendo a través del cristal que las estrellas me regalaban una noche noble, cálida y perfecta para pasarla afuera. Solo, que no quería pasarme por los pubs nocturnos porque terminaría borracha y acostándome con un desconocido. En otras ocasiones, no lo hubiera pensado así. Ahora, era diferente tenía que hacerme cargo de las consecuencias de seguir adelante, no hundirme en dolor...Creo que George tomó la decisión de seguir adelante, con errores o victorias.

Al día siguiente, terminé de darme una ducha a las siete de la mañana, dónde dentro de dos horas debía pasarme por la delegación. Acomode mí chaleco negro con  grandes botones y solapas italianas. No quería pensar en los problemas que me perseguían como palomas pidiendo migajas del pan. Solo, quería que fuera un día normal como todos. Fingir que todo estaba bien, todo estaba bien. Agité la varita mágica, dos veces, acomodando todo el interior del baño y secando los charquitos de agua del suelo debido de la ducha. 

Bajé a la cocina, donde no encontré a nadie. La cafetera se encendió cuando chasquee los dedos, me acerqué a la nevera sacando algunas cosas y también, de las alacenas. Con magia, preparé unas tortitas dulces, con jalea de fresa y mantequilla. Mientras, bebí de mi café y comía, viendo perdidamente algún punto del lugar. Escuché la puerta abrirse con un golpe seco y cerrarse detrás de mi padre. Pasé al salón, preocupada que fuera tan bruto para entrar a la casa. Sam se sentó sobre el sillón con necesidad de hundirse en sus lamentos, lo miré con cuidado y me senté sobre el brazo del mueble, a unos pocos metros lejos de él. No quería alterarlo aún más.

-¿No tendrías que irte a tu empleo?-dijo él, cortando la tensión.

-En unos minutos.

-Llega a tiempo, las buenas impresiones es cuando somos responsables de nuestras obligaciones.

-Sí, entiendo-dije, en realidad, no entendía porqué decía este consejo. Sam se levantó sin mirarme, pero noté que sus ojos estaban hinchados y enrojecidos desde lejos. Estuvo despierto casi toda la noche, esperando respuestas y ocupándose de los cuidados de mi madre.

¿Será que mi padre se sentía culpable de no poder hacer más que estar acompañándola, mientras ella sufría todo el proceso? Sam había soportado tanto de Fátima, no quería seguir escondiendo la verdad a toda la familia. Era la impotencia de no poder llevarle la contra a los deseos inseguros de mi madre, ni enfrentarse a ella para que aceptará su verdadero estado. No era fácil, por supuesto. No podía entender su punto de vista, nada más que mi mamá quería mostrarse invulnerable a sus dolores y usar su hostilidad ajena para no lamentarse de lo real.




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