Historia al azar: La última profecía
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Next to me » 02. El cielo no tiene límites
Next to me (R13)
Por Dak-knee33
Escrita el Lunes 17 de Agosto de 2020, 09:57
Actualizada el Miércoles 16 de Septiembre de 2020, 13:51
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02. El cielo no tiene límites


A medida que la despedida del difunto avanzaba entre familiares que seguían llegando, amigos de la infancia que, George no reconoció a un tal Calmus Luckgood y se distrajo por unos minutos con este muchacho, con una experiencia en Estados Unidos como empresario de moda. Al menos, un poco de humor le quedaba al pelirrojo porque sonreía con tristeza, aun esa chispa de diversión seguía latiendo, viviendo dentro de su destrozada alma que no soportaba el dolor.

Estaba acalorada, asique pensé salir al jardín donde dos hombres vestidos de negro entraron mientras comentaban sobre el clima gris. Tenía una teoría desde niña; cuando el sol se oscurecía de repente, era un llamado para que alguien valioso y merecedor partía del mundo de los vivos, y llegará al Edén. Así se encontraba el cielo hoy, en la despedida de mi mejor amigo. Sentí una fría brisa que merodeaba por el lugar, los campos sembrados y las copas de los árboles más cercanos se mecían ante la fuerza. Levanté mis ojos hacia el cielo gris donde un hueco de nubes dejaban bajar los rayos débiles del sol hacia la zona. Recordé todas las charlas con Fred, las bromas hacia los demás y cuando una Navidad me besó de sorpresa, ese había sido nuestro secreto. Había sentido una atracción por él, pero no fui valiente para confesarle que me gustaba, y apreciaba estar con él.

- ¿Qué haces aquí sola?- preguntó el hermano menor de mi amigo. Ron Weasley.

-Estoy bien, no te preocupes-le dije con respeto, él vaciló en irse o quedarse conmigo viendo el cielo.

-No hay barrera para pasar al universo, ¿cierto?

-¿Eh...?

-Digo, que el cielo no tiene límites. Todos podemos cruzarlo con trasporte; los muggles usan aviones y nosotras escobas.

-Ah, entiendo-le respondí, suspiré por lo bajo-. Si podemos volar por la tecnología y la magia, Ron. El cielo no tiene límites ni el universo tampoco, es cierto.

Ron sonrió, se colocó a mi izquierda notando que el cielo estaba oscureciendo más desde donde mirabamos, y el atardecer pintaba un rosado mezclado de dorado desplazándose por todos lados. Las luces del jardín se encendieron, miré a Ron que observaba los colores del cielo con una mirada tranquila, como si fuera que necesitaba un tiempo para adaptarse al duelo. Como todos.

-Me voy-le dije al pelirrojo de espaldas ancha y su rostro lleno de pecas-. Mañana empiezo mi primer día en la academia.

-Claro, estás en el tercer año de auror-recordó, bajando hacia mí.

Asentí. Volvimos juntos dentro de la Madriguera, la mayoría no estaban más. Algunos se despedían de la familia Weasley, no vi a George pensando que estuviera en su habitación desahogándose con la almohada o, recorriendo las memorias de su gemelo. Saludé a todos, la señora Weasley me sugirió dejar a George a solas y le dejaría mis saludos cuando estuviera más calmado. Me pareció bien, no quería hacerlo sentir peor.

 Hice aparición en un parque con pocas personas caminando por el lugar, algunos iban con niños jugando o paseando a sus perros. Me senté sobre una banca cercana, donde dejé que mis lágrimas corrieran sin voluntad ni ganas de detener mi llanto por la pérdida de Fred. Mi mejor amigo, mi compañero de estudio y capaz que el último año estuviera conociendo más sentimientos hacia él. Y, no pude descubrir si era correspondido.

        


***

**

*

Al llegar a mi casa, encontré a mi madre preparando la cena, olía delicioso y despertó mi apetito. Mis ojos se veían cansados, tristes y la fuerza interior que forzaba para que todo fuera disimulado. Solo, que no funcionaba con mi mamá porque teníamos una buena relación que cualquier cosa que intentaba esconderle, lo terminaba descubriendo. Era una mujer de unos cincuenta años, de piel mate y ojos negros con una expresión de seriedad aunque, era más dulce y gentil que su aspecto. Trabajaba como terapeuta de niños, ella era muggle y mi padre era mago. Me senté a la mesa, esperando probar esa tarta de calabaza y la ensalada de zanahoria con trozos de manzana. Veía los movimientos lentos, una canción sonaba en la radio sobre la nevera, y mi mamá cantaba algunas partes, porque no recordaba todo. Era divertido, no era buena con lo creativo ni nada. Solo, sabía escuchar y tratar de resolver los problemas de los demás.

-Tu padre llamó cuando no estabas-empezó diciendo, mientras agregar condimentos a la ensalada.

-¿Qué dijo?

-Quiere verte luego de clases, creo que tiene algo para tí y no me dijo nada.

-Estoy segura que te comentó, pero no quieres arruinarlo.

-Bueno, eso es verdad. Prometí no decir nada.

-Está bien, voy a esperar-dije rendida.

Mi mamá no sabía guardar secretos, se escapaba las palabras con un simple juego de dialogo y lo soltaba sin darse cuenta. Así arruinó muchos de mis regalos de cumpleaños. Cenamos juntas, entre preguntas no muy incómodas sobre la despedida de Fred y el dolor que aún me causaba no poder olvidar mis sentimientos por él, no tener el tiempo necesario anteriormente para declararme, aunque rompiera la amistad. Ya pasó, y él nunca lo sabrá. Solo, éramos mejores amigos.




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