Historia al azar: Por un mito
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Next to me » 18. Patéticos berrinches
Next to me (R13)
Por Dak-knee33
Escrita el Lunes 17 de Agosto de 2020, 09:57
Actualizada el Domingo 25 de Octubre de 2020, 20:01
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18. Patéticos berrinches

Era mi primer dia de clases, volver a la academia era toda una emoción porque ver a los nuevos ingresantes que se maravillaban con los retratos de importantes aurores y una de ellas, estaba la imagen de Harry Potter, nuestro director era un tipo sensible que creía en la gente. Siempre estuvo a favor del niño que sobrevivió. Nuestro alumno destacado, estaba en el instituto y todos querían verlo, fotografiarlo y algunas chicas esperaban pedirle una cita. No me resultaba raro. Estaba esperando a Natasha Weber, mi compañera desde que empecé en la academia. Era una chica de piel oscura, de ojos verdes y la mejor luchadora de feminismo. Admiraba toda esa fuerza de espirítu en ella.


-No creía que él decidiera estudiar-comento mi amiga, colocándose a mi lado. No me di cuenta que estaba aquí, porque me quedó viendo las emociones de los estudiantes ante el nuevo héroe honrado-. Ya debe saber todo, no entiendo.


-No tiene el título, Nat-le dije, ella rodeo los ojos-. Y, estoy segura que no sabe todas las funciones del mundo mágico.


-Rompió miles de leyes...


-Con el objetivo de salvarnos-señale.


-Cierto, olvidaba que lo conoces tan bien. Eres su amiga.


-¡Por todos los magos, Natasha!-le corté irritada que quisiera dejar que todo fuera acto maléfico del joven mago-. Olvídalo, vamos a clases.


Natasha encamino al salón de rastreo, donde los pupitres formaban un semi círculo delante de una tarima negra, ubicado el escritorio del profesor y una pizarra de pie. Éramos las pimeras en llegar, por suerte, no tendría que cruzar palabras con algunos chicos que se creían perfectos en todo. Típicos aficionados, capaz que la mitad de ellos no terminarán la carrera para el último año. Mi amiga me condujó a nuestra mesa de siempre, debajo de las grandes ventanas victorianas y en medio del lado derecho de la tarima. Poco a poco, llegaron dos grupos y me sorprendió que Harry, estuviera aquí. Seguramente, tuvo que hacer algún tipo de prueba para ubicarlo en algún curso ideal a sus conocidas técnicas como joven mago.


-¿En serio, va estar en tercer año?-murmuró mi amiga indignada que el chico no tuviera que pasar por los anteriores.


-¿Cuál es tu problema, Natasha?-le dije agotada de sus quejas- Me sorprende que no valores los esfuerzos y sacrificios de los demás.


-Míralo, es un simple chico que quiere ser popular.


-No entiendo-le dije, me levanté del lugar. Recogí mi cuaderno, mirando a Natasha con desdén- Creía que no eras prejuiciosa.


Sin decir nada más, me fui de su lado. Busqué otra mesa para compartir, sentándome junto a Corine Thomas, la más reservada del grupo de segundo año. Acomodé mis cosas, sin fijarme en nada más. Pronto, llegó el profesor que nos saludó, creando un ambiente de chistes sobre duendecillos colados en su cabaña del norte de Londres y varios días, comiendo setas asadas.





Al final de la jornada, no pude hablar con Harry, desde la despedida del funeral, no logré decirle lo que pensaba de él. Muchos tuvieron la oportunidad de hablar, elogiarlo o mandarlo al demonio. Yo, solo que me escondí entre los recuerdos. Últimamente, mis emociones eran cambios espontáneos y me costaba desarrollarlos, porque me sentía confundida. Entré a la sede, dirigiéndome al ascensor ni siquiera tenía ánimos de subir las escaleras de incendios. Cuando, llegué. Los aviones de papel se chocaban entre sí, todos iban en diferentes direcciones a sus destinarios dentro del mismo piso, olvidaba lo genial que era la magia, pero lo extenuante de trabajar con ella. En ese momento, apareció Robbie acomodando su corbata azul correctamente, acercándose a los elevadores.


-Hola-le dije, él se detuvo a unos metros y volvió unos pasos hacia mí.


-¡Oh, Greta!-dijo sonriendo, extendió su mano, dudé en saludarlo- ¿Puedes esperarme en la oficina tres? Tengo que buscar unos archivos al subsuelo, y regreso en minutos.


-Está bien, te espero-correspondí. Tampoco, podía hacer gran cosa en la institución.


Robbie se metió dentro del elevador, dejándome en la entrada con los aviones de papel volando sobre mi cabeza y continuando su destino. Decidí buscar esa oficina, di un par vueltas hasta encontrarla a unos veinte metros de la entrada de los ascensores. Entré en silencio, estaba desocupado. Miré el escritorio, donde había una placa con el nombre del secretario principal. Robbie Bolt. Había dos archiveros extensibles, miles de expedientes designados a esta sede y las fotografías mágicas de Robbie con un chico muy lindo, abrazados en unas playas de aguas turquesas, lejos de lo cotidiano y típico de vacaciones. Me senté en una de las sillas de madera, me crucé de piernas, observando las demás cosas personales del secretario. Noté una revista que desconocía, se llamaba Crónicas Alox me resultó curioso que haya una nueva editorial mágica, seguramente fundada hace poco tiempo, capaz que unos dos años, desde el levantamiento del Innombrable.


La puerta se abrió, metiéndose un muchacho de unos veinti y tantos años, de gran cuerpo lleno de ejercicios de barras y pesas. Se giró, mirándome con desconfianza. No supe que decir, ¿debería saludar, o presentarme? El chico no mostraba algo que fuera correcto de hacer, asique dejé que él comenzará a hablar, ya que no estaba segura que estuviera haciendo su tarea en este lugar.

-Espero que tengas la capacidad de trabajar en equipo-dijo, solamente. Tomó asiento en la otra silla, arrastrándola para estudiar mis facciones faciales con mayor precisión-. Eres nueva en esto. No sé que vieron en tí, pero estoy seguro que no soportarás tu primer caso y querrás renunciar. Algo que no dudo que harás en menos de una semana, capaz que serán tres días para alejarte de este trabajo.

-¿Y, tú, quién demonios eres?-le dije molesta que estuviera analizándome con sus aparentes experiencias en novatos.

-Soy un auror de campo.

-¿Y, eso te permite objetar sobre el destino de los demás de tus compañeros?

-Confió en muy pocos. Ya sabes puede haber espías, aún.

Entrecerré los ojos, intentando comprender si las líneas de su comentario tenían alguna trampa para asustarme. Entendía que las cosas serían complicadas, aún no podíamos bajar los brazos y debíamos encerrar a los más peligrosos. Además, mi padre era uno de los auror a cargo de este proyecto, no estaba cómodo que entrará a este equipo.  Robbie se metió en la oficina, interrumpiendo la extraña bienvenida de este hombre. Al vernos, sonrió con nervios y se sentó del otro lado del escritorio.

-Bueno, me alegra que estén conociéndose-dijo el secretario, mientras acomodaba los archivos recientes en otra pila de carpetas, a punto de colapsar.

-¿A qué te refieres, Bolt?

-Greta Radford es tu nueva compañera, entiendo que no quieres tener a otros auror y no puedo ayudarte en eso. Debes discutirlo con el director, no es Takumi, por cierto.

-Bolt...

-En serio, son órdenes. No puedo contradecir, además están vigilando a toda la seguridad mágica.

-¡Demonios, eres un inútil!-le espetó el muchacho, levantándose de golpe y lo miró con rencor- ¡No haces nada bien...!

-Espera un momento, no es su culpa-interrumpí los patéticos berrinches del auror-. Así son los trabajos de este rango. Si quieres proteger, también deben protegerte a tí.

-Mejor no pude decirlo-murmuró Robbie mostrando sus ojos detrás de un expediente.







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