Historia al azar: EL DUELO INESPERADO
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Amores Extraños- Entre la Serpiente y el Lobo » Ayuda inesperada
Amores Extraños- Entre la Serpiente y el Lobo (R15)
Por Rowena
Escrita el Jueves 30 de Julio de 2020, 13:31
Actualizada el Sábado 27 de Febrero de 2021, 02:15
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Ayuda inesperada

Capítulos
  1. Nace un sentimiento
  2. Valentía Líquida
  3. Un Beso Robado
  4. Encuentro Incómodo
  5. ¿Sirius?
  6. Un Héroe Inesperado
  7. Admítelo, Lunático
  8. Motivos para celebrar (parte 1)
  9. Motivos para celebrar (parte 2)
  10. Por debajo de la mesa
  11. Orgullo y Prejuicio
  12. Paranoias de un lobo celoso
  13. El Veneno de la Serpiente
  14. Los celos no son buenos consejeros
  15. El temor de perderlo
  16. La razón detrás del odio
  17. La solución está en tus manos
  18. Amistad a prueba de chicas
  19. Alcanzando las estrellas
  20. La dama de rojo
  21. Reencuentro en la casa de los gritos
  22. La Poción Implantadora
  23. Disimulo
  24. Los Lykógenos
  25. Insidia
  26. Ardientes provocaciones
  27. Ayuda inesperada
  28. Aunque no me puedas ver
  29. El último beso
  30. Abrazos que curan
  31. Dicen por ahí...
  32. Una propuesta indecorosa (Parte 1)
  33. Entre la espada y la pared
  34. Una propuesta indecorosa (Parte 2)
  35. Decepcionado
  36. Ángeles sin alas
  37. Llegando al límite
  38. Crimen y castigo
  39. Sanando las heridas

26. AYUDA INESPERADA


Acostado en una reconfortante cama, Remus acababa de recuperar el sentido. Estaba muy confundido... tal parecía que había dormido casi 24 horas. Tenía sensación de vértigo, hambre, sed y sentía presión sobre el pecho.

Vio que estaba conectado a un par de aparatos, uno que señalaba sus signos vitales y otro que le suministraba suero.

- Maldición... - descubrió que a sus piernas, brazos y a su abdomen estaban adheridos unos bichos negros que tenían un aspecto viscoso. Eran sanguijuelas- lo que me faltaba...

Definitivamente la estaba pasando mal. Y sabía que la noche de luna llena sería aún peor. Por primera vez en meses volvía a experimentar auténtico miedo.

Los fantasmas de su pasado invadieron nuevamente su mente. La noche en que fue mordido, su primera transformación… tan sólo tenía cuatro años cuando eso sucedió. El dolor tanto físico como espiritual que recorría su ser cada vez que eso pasaba, las heridas que él mismo se hacía; el sufrimiento de sus padres, la soledad, el rechazo, la vergüenza, las humillaciones, las burlas... tantas lágrimas derramadas a lo largo de esos años.

Fue hasta el verano pasado que vio una luz de esperanza para su condición, cuando Albus Dumbledore se propuso estudiar su caso y sus transformaciones de cada mes se volvieron más controladas. Pero por haber perdido su amuleto hechizado, esa llama de esperanza se veía amenazada.

Suspiró con pesar.

- Si le hubiera dicho a Albus desde el principio la verdad...

Definitivamente no podía seguir ocultando así las cosas. Tenía que confesarle a Dumbledore toda la verdad aunque eso implicara irse de Hogwarts. Por una parte eso no era tan malo como parecía; si se iba de ahí dejaría de ser un profesor, por lo tanto ya no habría impedimentos para que él y Hermione se amaran libremente. Con ese pensamiento se volvió a quedar dormido.

 

 

**********

Hermione hizo grandes esfuerzos para mostrarse animada y ocultar que estuvo llorando durante un largo tiempo porque de lo contrario levantaría las comprometedoras interrogantes de Harry, Ron y Ginny. A las que más miedo les tenía eran a las de la pelirroja. Se conocían demasiado bien y si Hermione se descuidaba, su amiga descubriría la verdad. Hermione se moría por contarle lo que estaba viviendo, sabía que Ginny la escucharía y tal vez le daría un buen consejo o en el peor de los casos unas palabras de consuelo.

Lo único que detenía a Hermione era que a veces la extrovertida pelirroja tenía cierta tendencia a hablar de más; si por alguna razón se le escapaba decir frente a alguien que Remus y Hermione tenían un romance, el chisme se esparciría por todo el castillo y ese sería el fin. El otro impedimento era ¿cómo reaccionaría Ginny al saber que su amiga estaba involucrada con un hombre mayor? El hecho de que fuera un profesor era tal vez irrelevante, la cosa es que él aparte de ser un hombre lobo, tenía veinte años más que ella.

- "¿Ves?"- pensó Hermione viendo a la despreocupada pelirroja sirviéndose un poco de leche- "por eso no te digo nada."- Una linda lechuza parda llegó junto a ella y le dejó un sobre.- "¿Una carta de Remus? Por favor que sea de él..."

- ¿A dónde vas?- le preguntó Ron cuando la vio levantarse- ni siquiera has terminado tu desayuno.

- Olvidé mi libreta de historia- dijo Hermione cortantemente y escondiendo el sobre, el cual abrió cuando se alejó lo suficiente para poder estar sola.

"Hermione: tengo un plan. Si quieres que lo llevemos a cabo necesito que me mandes ahora mismo un itinerario que explique a detalle todas tus actividades rutinarias durante el día, así como una lista de datos básicos sobre ti, cosas que todo el mundo sepa, en especial Harry y Ron. Para hacerla debes basarte en ésta que te mando yo, es preciso que te la aprendas de memoria. Te espero a la seis de la tarde en la Casa de los Gritos, confía en mí.

Tonks"

 

Hermione se apresuró a desdoblar el otro pergamino con el corazón latiéndole rápidamente.

 

Nombre

Nymphadora Andrómeda Tonks

Fecha de nacimiento

23 de junio

Edad

26 años

Profesión

Auror

Comida favorita

Pizza y lasaña

Palabras favoritas

Aeronave, televisión, internet, bolígrafo, automóvil

Hobbys

Jugar videojuegos muggles

 

Y a la larga lista se sumaban cosas como frases más dichas, estado de ánimo más común y reacciones típicas ante ciertas situaciones. ¿Por qué era Tonks quien le enviaba esa carta? Hermione no tenía la más remota idea pero durante la aburrida clase del profesor Binns se apresuró a hacer la lista que la metamorfomaga le pedía para mandársela lo antes posible.

Para cuando llegó la hora de encontrarse con Tonks ya había logrado aprenderse la lista.

Al arribar al vestíbulo de la Casa de los Gritos a través del pasadizo debajo del Sauce Boxeador encontró a la joven bruja esperándola.

- Hola Hermione.

- ¿Qué haces aquí?- preguntó ella sin ocultar su confusión.

- Vayamos arriba, ya lo sabrás- dijo la metamorfomaga guiando a Hermione a la ya conocida habitación del piso superior. Sirius aguardaba sentado en el sillón en el que ella y Remus habían compartido momentos románticos el día de San Valentín.

- Hola- le dijo tímidamente Hermione sin siquiera mirarlo. No se atrevía a hacerlo después del altercado de la tarde anterior. Al parecer él aún también seguía con el mal sabor de boca porque  simplemente contestó de mala gana con un gesto- ¿de qué se trata todo esto?

Tonks notó desde el principio la tensión en el ambiente, así que se apresuró a tomar la palabra.

- Verás: Sirius habló con Dumbledore hoy en la mañana para pedirle que le permitiera ir a  ver a Remus con el pretexto de darle apoyo moral durante su transformaicón y él accedió; de hecho lo citó a las ocho para que vaya a casa del doctor Schulz desde su oficina mediante polvos flu. Veremos si tú también puedes ir siendo yo. ¿Me entiendes? Tú irás siendo yo y yo me quedaré en Hogwarts siendo tú.

Hermione bufó un poco molesta.

- Así que lo sabes todo.

- Bueno...- balbuceó Tonks.

- Obvio que lo sabe- intervino Sirius con brusquedad- no podía venir a tomar tu lugar sin saber por qué.

- Está bien, Sirius- interrumpió Tonks con intenciones de calmar los ánimos- no te pongas así. ¿Podrías hacernos un favor? Sal de aquí, Hermione y yo necesitamos hablar en privado.

Sirius chasqueó la lengua y de mala gana se retiró. Esto puso a Hermione de malas. ¿Por qué se comportaba como si estuviese ofendido, cuando fue él quien dijo cosas inapropiadas la tarde anterior? Tal vez a ella se le había pasado la mano con la bofetada que le dio pero la tenía más que merecida.

 

- No le hagas caso- le dijo Tonks despreocupadamente, sin embargo Hermione no dejaba de sentirse incómoda. Seguía bastante avergonzada por la manera en que Tonks los había encontrado en la cocina de Grimmauld Place.

- Escucha, sobre lo que viste ayer en casa de Sirius…- comenzó a decir con voz temblorosa y sintiendo cómo sus mejillas se ruborizaban.

- No me tienes que explicar nada- interrumpió Tonks tranquilamente al tiempo que se sentaba en el lugar donde había estado Sirius- Sí, sé que Remus y tú están juntos. Sirius me lo dijo porque lo obligué. Sabes, a veces puedo llegar a ser demasiado fastidiante cuando quiero averiguar algo- esto último lo dijo con una risita.

- ...- por alguna razón a Hermione no le agradaba que alguien más se estuviera metiendo en el asunto. Simplemente frunció los labios y miró hacia otro lado.

- Oye- la llamó Tonks- lamento haberme entrometido en esto; es sólo que no pude evitarlo. Yo aprecio mucho a Remus, él es para mí como el hermano que nunca tuve; lo considero mi mejor amigo y por eso me interesa que sea feliz. Sabes, me encanta la idea de que Remus haya encontrado a alguien como tú. ¿Qué importa que él sea mayor? Yo siempre he sido de la idea de que para el amor no hay edades.

Hermione comenzó a bajar la guardia. Esbozó una sonrisa y miró a Tonks.

- Me agrada cómo piensas- le dijo.

- Hermione, desde que tú y yo nos conocimos nos hemos llevado bien y me gustaría que así siguiéramos. Sólo quería venir a decirte que si alguna vez te hace falta alguien con quien platicar sobre lo tuyo con Remus, puedes confiar en mí ya que lo sé todo. Te juro que seré como una tumba y que siempre que necesites apoyo te lo daré.

- Es... muy amable de tu parte- Hermione en verdad se sentía agradecida. Tonks siempre le había caído bien, incluso le parecía gracioso el hecho de que fuera un poco torpe.

Nuevamente se sonrieron.

- Bueno, ahora terminaré de explicarte el plan de Sirius para que puedas ir a verlo.

Era simple: con la poción multijugos que Sirius había logrado conseguir a última hora Hermione se haría pasar por Tonks y así saldría del castillo; en cambio Tonks se quedaría en su lugar. Ella no necesitaba tomar poción multijugos; gracias a sus habilidades como metamorfomaga podría fácilmente adoptar la apariencia de la castaña.

- Para eso era la lista...

- Sí, era para eso; espero que te la hayas aprendido.

- Así lo hice. ¿Tú ya sabes cuáles son mis actividades?

- No te preocupes, creo que sí. Hasta me aprendí lo que le dices a Ron cuando no hace su tarea.

- ¿En verdad fue de Sirius la idea de hacer esto?- quiso saber Hermione.

- Lo convencí de hacerlo. Sabes, amo las historias felices, al final Sirius no pudo negarse a ayudarlos.

- Vaya... gracias otra vez. Aunque supongo que por mi culpa faltarás al trabajo al menos un día.

- Bah, no te preocupes, eso no será problema- dijo Tonks despreocupadamente- mi novio me solapará y nadie notará mi ausencia. Además será divertido volver a Hogwarts.

Hermione suspiró aliviada. 

- Cielos, Tonks, gracias… Por fin voy a poder estar con Remus... tengo miedo de que algo malo le pase.

- Roguemos al cielo para que todo salga bien. Y... - se ruborizó un poco- cuéntame, ¿cómo es que se fueron dando las cosas entre ustedes?

Hermione esbozó una tímida sonrisa y un poco apenada dijo:

- Creí que Sirius te lo había contado todo…

- Él no sabe contar las cosas con los detalles interesantes...

Hermione adquirió un aire soñador. Nunca antes había hablado de esto con alguien más.

- Creo que comencé a sentirme atraída por él en algún punto del verano pasado…

Tonks la miraba alegremente y con interés. Sentía genuina alegría al saber que su mejor amigo por fin había encontrado el amor. Hermione iba a continuar su relato cuando la voz de Sirius proveniente de la planta baja la interrumpió:

- ¿Sería mucha molestia pedirles que interrumpan su amena charla? Dentro de poco tengo que estar en la oficina de Dumbledore, así que si quieren seguir el plan, apúrense.

Hermione se mordió la lengua. La mala actitud de Sirius definitivamente la molestaba.

- ¡Ya vamos!- replicó Tonks- dame la poción multijugos.

Sirius regresó a la habitación donde se encontraban ambas brujas y se sacó del bolsillo una botella pequeña.

- Esta botella está reducida con un hechizo, en realidad contiene suficiente poción para los próximos días- explicó Tonks- que hay que beber un trago cada hora.

Casi una hora más tarde los tres se encontraban en los pasillos de Hogwarts, en dirección al despacho del director. Ambas brujas ya se habían intercambiado. Para Hermione era extraño verse a sí misma como si de alguien más se tratara. Por eso mismo se movía con torpeza, lo cual de hecho la hacía parecer la auténtica Nymphadora Tonks. Llevaba una pequeña maleta que Tonks le había preparado con ropa y artículos personales.

-Por cierto- recordó Hermione- en mi mochila hay un folder azul que tiene mi horario de clases y otro pergamino que especifica cuándo y dónde tengo que hacer mis rondas de prefecta. Ah, y aún tengo algo importante que decirte; por lo que más quieras, no permitas que Draco Malfoy se te acerque.

- ¿Por qué lo dices?- preguntó la verdadera Tonks con curiosidad. Hermione dudó en seguir hablando; no sentía adecuado platicarle sobre los sueños eróticos recurrentes que últimamente había tenido con él.

- Bueno, Nymphadora, será mejor que nos separemos ya- dijo Sirius cortando la conversación de las chicas, ya se encontraban en la entrada de la oficina de Dumbledore. La Tonks con apariencia de Hermione lo miró molesta.

- No me llames así- luego dirigiéndose a la verdadera Hermione- espero que todo salga bien. Dale mis saludos a Remus.

- Gracias... esto es algo que jamás podré pagarte.

Tras sonreírse por última vez, tomaron caminos diferentes. La supuesta Hermione se dirigió al Gran Comedor mientras que la verdadera subía en la silenciosa compañía de Sirius las escaleras hacia el despacho de Dumbledore.

 

 

 **********

- Sirius, qué bueno que llegas- le dijo en anciano en cuanto entraron.

- Hola Albus. Me preguntaba si también podría venir Nymphadora.

- No me llames así- interrumpió Hermione de mala gana. El director la miró- buenas noches, profesor Dumbledore. Lamento haber llegado sin avisar pero me acabo de enterar de que Sirius visitaría a Remus: me gustaría mucho poder ir yo también a apoyarlo en estos momentos tan difíciles.

El director se movió un poco incómodo en su asiento.

- Mmm... esto es inesperado… pero supongo que no habrá problema- dijo finalmente.

- Dime Albus, ¿cómo ha estado Lunático?- preguntó Sirius.

- El pobre lo está teniendo difícil- respondió Dumbledore- recientemente sufrió un infarto.

Al escuchar eso, Hermione sintió como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago.

- ¿Y cómo sigue?- preguntó sin ocultar su angustia.

- Tuvieron que trabajar mucho para estabilizarlo, afortunadamente está un poco mejor. Ya lo verán ustedes mismos.

Les indicó que caminaran tras él hacia la chimenea de la majestuosa oficina. Tomó un puñado de polvos flu del pequeño recipiente que estaba en la repisa y volteando a ver a ambos hechiceros, soltó los polvos dentro de la chimenea, provocando que las llamas adquirieran un tono verde esmeralda. Entonces dijo con voz fuerte y clara:

- Mansión Schulz, Edimburgo.

Entró en la chimenea y en una fracción fue succionado por la red flu. Con un gesto Sirius le indicó a Hermione que ella era la siguiente.

La red flu no era su medio de transporte favorito pero sin duda era de los más eficaces.

- Mansión Schulz, Edimburgo- repitió tras echar los polvos en las flamas.

Segundos después, tras una molesta sensación de vértigo, cayó a los pies de una joven bruja. Se trataba de la asistente e hija del doctor Yraclis Psihas. Era alta, esbelta, de piernas largas, usaba lentes, sus ojos eran oscuros y sus labios pintados de rojo combinaban con su cabello pelirrojo, el cual era lacio, sedoso y no muy largo, le llegaba a la altura de la barbilla. Le tendió una mano a Hermione para ayudarla a levantarse.

- Gracias.

El profesor Dumbledore se reunió con ella.

- Vamos Tonks, te presentaré a mis colegas. Deja aquí tus cosas, la señorita Psihas las llevará a tu habitación.

En ese momento apareció Sirius en la chimenea y siguieron a Dumbledore a la sala contigua, la cual era el laboratorio.

Ahí estaban Yraclis Psihas, Darius Schulz y Constantine Doskas. Hablaron con Dumbledore acerca de la poción de polvos de luna y la forma en que el organismo de Remus reaccionaba al ingerirla. También el tema del amuleto perdido y sus consecuencias salió a flote, cosa que a Hermione le provocó una sensación de culpa.

- Pero tan sólo nos queda esperar hasta mañana para ver qué pasa- concluyó Doskas.

- ¿Podemos verlo ahora?- preguntó Dumbledore- tal vez se anime cuando sepa que sus amigos están aquí.

- Sí, será una buena idea- concordó el doctos Psihas- el pobre ha estado algo desanimado.

La casa era bastante grande. Al igual que en Hogwarts, había una gran cantidad de retratos encantados colgados en las paredes. La habitación donde Remus se hallaba estaba en el segundo piso.

- Doctor Prescott, buenas noches- Dumbledore saludó al sanador de San Mungo- espero que no estemos siendo inoportunos.

Sirius, Hermione y los demás alquimistas pasaron al cuarto. La sensación que invadió a Hermione cuando vio a Remus dormir con aquellas asquerosas sanguijuelas adheridas a su pecho y brazos fue indescriptible. Tuvo que hacer grandes esfuerzos por contener las lágrimas.

- "¿Qué te están haciendo?"- pensó horrorizada. Sirius le puso una mano en el hombro a modo de empatía.

- ¿Podemos despertarlo, doctor Prescott?- preguntó Dumbledore.

- Sí, de hecho estaba a punto de hacerlo porque ya es hora de que coma algo.

Sirius y Hermione estaban parados a los pies de la cama y vieron a Remus sumamente confundido cuando fue despertado.

- Hola muchacho- le dijo el profesor Dumbledore sentándose una silla que había a un costado de la cama- ¿cómo te sientes?

 El licántropo miró hacia el techo tratado de aclararse la vista.

- Un poco mejor- alcanzó a decir con un cansado suspiro. Su voz estaba ronca- pero creo que estos bichos me hacen sentir más enfermo...

Dumbledore rió mirando paternalmente al licántropo.

- Dentro de poco te los quitaremos. Por ahora absorben tu sangre para aminorarle la carga a tu cuerpo y así evitar que sufras otro infarto.

- Mmm...

- Oye, arriba ese ánimo- le dijo Dumbledore- no querrás que Sirius y Tonks te vean así de apagado.

- ¿Cómo?- Remus creyó no haber entendido. Dumbledore les pidió a ellos dos con una seña que se pararan junto a él para que Remus pudiera verlos.

Hermione sintió una inmensa ternura al ver una cansada pero sincera sonrisa dibujarse en el demacrado rostro de Remus. Su barba estaba bastante crecida, su cabello completamente despeinado y sus ojos eran grises.

- Hey Lunático- dijo Sirius tratando de sonar tan alegre y bromista como de costumbre- ¿cuántos días llevas sin bañarte?

- El récord de no bañarse por dos semanas sigue siendo tuyo- contestó el licántropo haciendo que todos rieran y que Sirius se ruborizara al recordar aquella vez en su juventud. Finalmente los ojos de Remus se posaron en la supuesta Tonks- Dora, qué agradable sorpresa.

- Siempre hay tiempo para los amigos- acertó a decir ella- "mírame bien, soy yo..."

Eso era lo que trataba de decirle con la mirada porque de otra forma era imposible.

- Me alegra verlos, chicos... gracias por traerlos, Albus.

- Todo sea por ver contento a nuestro muchacho- le contestó el anciano con la paternidad con la que siempre se dirigía a él.

- "Todo sea por verte feliz, amor"- pensó Hermione. El doctor Psihas tosió para hacerse notar.

- Señor Black, señorita... ¿por qué no van con mi hija Adhara para que les muestre sus habitaciones y les dé algo de cenar? Nosotros necesitamos tener una pequeña charla con su amigo antes de que cene y se vuelva a dormir.

 

**********

Adhara Psihas rápidamente les mostró dónde se hallaban las habitaciones y les dijo todo lo que debían saber de la cocina para que se sirvieran lo que apetecieran. Era una mujer de pocas palabras.

Sirius tomó sopa de la olla que estaba en la estufa. Hermione prefirió una taza de té y un poco de ensalada. Ni siquiera se miraban, sin embargo ella notó que él tenía intenciones de terminar rápido y retirarse. Pero definitivamente debían hablar sobre lo ocurrido en Grimmauld Place.

- Sirius...

El animago se levantó, dejó el plato vacío en el fregadero y sin más se fue, dejando a Hermione con la palabra en la boca.

- Genial... sigámonos comportando como críos- masculló con sarcasmo.

En cuanto Hermione acabó su cena, también subió a su habitación. Quería dormir, tal vez así lograría olvidar por unas cuantas horas sus angustias y calmar un poco el dolor que sentía por ver a Remus en condiciones tan deplorables.



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