Historia al azar: La flor de la Nada
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Amores Extraños- Entre la Serpiente y el Lobo » Insidia
Historia terminada Amores Extraños- Entre la Serpiente y el Lobo (R15)
Por Rowena
Escrita el Jueves 30 de Julio de 2020, 13:31
Actualizada el Sábado 6 de Marzo de 2021, 01:48
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Insidia

Capítulos
  1. Nace un sentimiento
  2. Valentía Líquida
  3. Un Beso Robado
  4. Encuentro Incómodo
  5. ¿Sirius?
  6. Un Héroe Inesperado
  7. Admítelo, Lunático
  8. Motivos para celebrar (parte 1)
  9. Motivos para celebrar (parte 2)
  10. Por debajo de la mesa
  11. Orgullo y Prejuicio
  12. Paranoias de un lobo celoso
  13. El Veneno de la Serpiente
  14. Los celos no son buenos consejeros
  15. El temor de perderlo
  16. La razón detrás del odio
  17. La solución está en tus manos
  18. Amistad a prueba de chicas
  19. Alcanzando las estrellas
  20. La dama de rojo
  21. Reencuentro en la casa de los gritos
  22. La Poción Implantadora
  23. Disimulo
  24. Los Lykógenos
  25. Insidia
  26. Ardientes provocaciones
  27. Ayuda inesperada
  28. Aunque no me puedas ver
  29. El último beso
  30. Abrazos que curan
  31. Dicen por ahí...
  32. Una propuesta indecorosa (Parte 1)
  33. Entre la espada y la pared
  34. Una propuesta indecorosa (Parte 2)
  35. Decepcionado
  36. Ángeles sin alas
  37. Llegando al límite
  38. Crimen y castigo
  39. Sanando las heridas
  40. Veredicto final
  41. Decisiones en puerta
  42. Nota de autor final
INSIDIA

Remus aprovechó los minutos de pausa entre una clase y otra para ir al lavabo y echarse agua fría en el rostro. Alzó la mirada al espejo para encarar nuevamente al hombre lobo que esa mañana había amanecido con un aspecto bastante desmejorado; sintió un gran vacío por dentro. Sus ojos habían adquirido un destello dorado, la barba estaba ahora más crecida que en días anteriores y seguía negándose a desaparecer sin importar cuántas veces se afeitara. Sus cejas estaban un poco más pobladas, mechones blancos se mezclaban con sus cabellos castaño claro y sus orejas estaban cubiertas por unos finos pelos... además el vello de su pecho, brazos y piernas estaba más grueso. No era la primera vez que le pasaba; desde que se había sometido al tratamiento para sobrellevar su licantropía había experimentado cambios de este tipo, usualmente se hacían presentes poco antes de la luna llena pero eran por lo general mucho más sutiles que ahora y desaparecían después de unas cuantas horas.

 

Pero esta vez la falta de su amuleto y el aumento de lykógenos en su sangre tenían que ver con que estos cambios físicos estaban más descontrolados. Dumbledore ya lo había puesto al tanto del diagnóstico emitido por el doctor Schulz, lo cual no ayudaba en nada a su estado de ánimo.

 

Con desgano regresó al aula de DCAO. Estaba tan fatigado que no se sentía capaz de ponerse a explicar una clase, de modo que prefirió poner hacer que los estudiantes a trabajaran por su cuenta.

 

- "Un par de horas más y comenzará el fin de semana"- se dijo para alentarse.

 

 

 

**********

Después de comer Harry y Ron quisieron ir al campo de Quidditch a practicar algunas jugadas, lo que Hermione aprovechó para dirigirse a toda prisa al despacho de Remus, quien ya la esperaba.

 

Remus cerró la puerta de su oficina con un hechizo y al instante Hermione saltó a sus brazos.

 

- Me hacía falta verte- le dijo.

 

- A mí también, mi niña- por un momento Remus dejó de lado el cansancio y sus preocupaciones y besó sus labios con dulzura. Luego la tomó de la mano y del estante con libros que había en el despacho jaló un pesado volumen azul; el mueble se deslizó hacia un lado, dejándolos pasar al dormitorio de Remus, al cual Hermione nunca había entrado.

 

- Se ve acogedor- dijo y se fue a sentar al sillón que había frente a la chimenea del pequeño apartamento.

 

- ¿Quieres una taza de chocolate?- preguntó Remus.

 

- Sí, me vendría bien. Pero primero ven acá- le pidió Hermione haciendo un ademán para que él se sentara junto a ella. 

El delgado cuerpo de la chica se acurrucó en él.Remus la estrechaba y le acariciaba el cabello.

 

- Oye... ¿tú eres feliz conmigo?- preguntó con timidez. Hermione pareció confundida.

 

- Por supuesto que soy feliz contigo. No entiendo por qué lo preguntas...- dijo- es más; creo que hoy te ves más sexy que de costumbre...

 

Esto último se lo dijo al oído. Por alguna razón Remus se sentía ahora más inseguro. No quería hablarle a Hermione sobre lo que había ocurrido unos días atrás en el despacho de Dumbledore.

 

- "Eres un tonto"- se dijo- "ella debe saberlo".

 

Cuando por fin él se había decidido a hablar, ella lo calló con un beso profundo y apasionado que ni siquiera se esperaba recibir.

 

- Me encantas, Remus- le dijo en un susurro- a tu lado me siento la mujer más feliz del mundo, que no te queden dudas sobre eso...

 

Hermione se colocó encima de él a horcajadas mientras sus lenguas continuaban acariciándose. Ella no pudo resistir la tentación de acariciar esa rasposa barba y pasar sus dedos a través del cabello de Remus. Era la primera vez que se besaban de esa forma y a Hermione le encantaba sentir esa punzada de excitación al ser correspondida por él, quien comenzó a acariciarle las piernas.

 

Pero él no tardó en ir bajando sutilmente la intensidad del beso. Reconoció que aunque deseaba dejarse llevar, en ese momento simplemente no tenía energía.

 

- Nos prepararé un poco de chocolate, ¿está bien?- dijo suavemente. Hermione sonrió y asintió.

 

- Por supuesto…- respondió en un susurro y se levantó del regazo de él. Se sentía un poco cohibida ya que nunca antes había besado de esa manera a un hombre y en el fondo agradeció que Remus decidiera no seguir adelante. No es que ella no lo deseara, simplemente no se sentía lista para ir más allá.

 

Remus se dispuso a preparar las bebidas y a fin de entablar conversación, ella preguntó:

- ¿Ya me dirás qué fue lo que Dumbledore te comentó la otra tarde que fuiste a verlo?

 

Él soltó un suspiro y le extendió una taza. Ya era hora de hablar.

- Sí… - respondió titubeando un poco- sucede que…

 

Y comenzó a poner a Hermione al tanto de la situación de su salud y todo lo que el profesor Dumbledore le había dicho hasta el momento.

 

 

 

 

 

**********

Rita Monaghan miró su reloj. Ya llevaba casi una hora ahí sentada tras el escritorio de Remus Lupin, incluso se había quitado los zapatos y la túnica. Estaba decidida; esa noche lograría meterse en la cama de su apuesto colega.  

 

- ¿Por qué tardas tanto en llegar? - dijo con impaciencia. Se levantó de la silla que habitualmente ocupaba Remus y se aproximó a uno de los cuadros que estaban colgados en la pared- ¿será este el acceso a su dormitorio…?

 

Y tontamente comenzó a tratar de adivinar contraseñas para ver si el cuadro le permitía la entrada a la habitación. Estaba tan absorta en lograr su objetivo que no se percató de que alguien acababa de abrir la puerta del despacho y la observaba.

 

- Buenas tardes Rita- llamó la voz de la profesora McGonagall, dándole a la bruja un susto de muerte.

 

- ¡Minerva!- exclamó ésta sin poder ocultar el sobresalto- estaba… y-yo estaba buscando a Remus…

 

Minerva McGonagall levantó una ceja, miró a su compañera de manera desaprobatoria y dijo:

 

- Yo también. Si lo ves dile que el profesor Dumbledore necesita hablar con él, se trata de un asunto urgente y no debe demorar.

 

- Claro… yo le digo- aseguró Rita Monaghan aún azorada.

 

La profesora McGonagall hizo un ademán de retirarse de ahí pero se detuvo.

 

- No deberías de estar aquí si el profesor Lupin no se encuentra presente. Creo que es una falta de respeto invadir el espacio privado de nuestros colegas- dijo manteniendo su severo tono de voz. A Rita Monaghan no le quedó más remedio que marcharse de ahí.

 

 

 

***Antes de la media noche Ron y Hermione recorrían los pasillos que les correspondía vigilar para ver si no había nadie fuera de la torre de Gryffindor.

 

- Yo revisaré por este lado- dijo el pelirrojo cuando llegaron a una parte donde los caminos se separaban- luego regresaré a la torre.

 

- Está bien, yo iré un par de pisos más abajo. Te veo más tarde- contestó Hermione.

 

La joven gryffindor dejó que sus pies la llevaran, no prestaba atención al camino pues tenía muchas cosas en las que pensar. En su cabeza habían surgido ideas confusas y angustiantes, ni ella misma entendía el por qué de ésto. Esos pensamientos simplemente se habían introducido en su mente y no la dejaban tranquila.

 

Tal vez después de todo, sí había sido un error haberse involucrado con Remus Lupin. Algo en su cabeza le decía que esa relación no tendría futuro.

 

- "Piensa"- habló una extraña voz en su interior- "Él es sólo un lobo en busca de carne fresca, ¿acaso crees que un pervertido como él se enamoraría de ti? Tú eres únicamente su distracción temporal, en cuanto consiga llevarte a la cama y satisfacer sus más bajos instintos, se aburrirá de ti, te dejará e irá en busca de otra presa. Eres una tonta por haber caído en su juego, ¡abre los ojos!"

 

- No, no es así…- dijo Hermione tratando de callar a la otra voz. Al doblar una esquina, se sobresaltó al toparse con otra persona.

 

- Tranquila, soy yo- le dijo una voz varonil que ella muy bien conocía.

 

- ¿Otra vez tú?- preguntó la chica con agresividad. La tenue luz de las antorchas que alumbraban el pasillo dejó a Hermione ver a un rubio sin camisa que mostraba una musculatura bien formada. Sus ojos grises estaban clavados en los de la castaña y una fina sonrisa adornaba su rostro- ¿qué es lo que quieres?

 

- Ayudarte a olvidar tus preocupaciones- le dijo. Ella retrocedió.

 

- ¿Cómo sabes lo que me preocupa?- trató de sonar dura, pero no pudo.

 

- Lo sé porque lo veo en tu mirada.

 

Inexplicablemente la angustia de la que Hermione era presa desapareció al instante. Ella retrocedió, se sentía débil estando frente a él... Al seguir retrocediendo, chocó contra la pared.

 

Draco se metió la mano en el bolsillo del pantalón y sacó un collar de caucho negro del cual colgaba un relicario de plata que se colgó al cuello. Hermione se quedó helada al verlo. Él pareció no prestar atención a tal hecho, estaba más ocupado acercándosele de esa manera tan peligrosa. El aroma de su loción embriagó a la chica de cabello ondulado, cuya respiración se había agitado un poco.

 

El rubio presionó su perfecto cuerpo contra el de ella, de modo que quedaron recargados contra la pared. Hermione alzó la mirada para ver el rostro de su acompañante. Entonces él se agachó un poco y con la punta de su nariz le rozó sensualmente la mejilla; luego bajó a su cuello.

 

Ella se estremeció al sentir la respiración del muchacho sobre su piel. Comenzó a acariciar su ancha espalda desnuda y de pronto sintió los labios de él rozar los suyos. Remus Lupin había desaparecido por completo de su mente, siendo reemplazado por el magnífico beso en el que sus lenguas se acariciaban con infinita pasión mientras Hermione pasaba una pierna alrededor de la cadera de Draco y él en respuesta deslizaba una mano por su muslo, debajo de la falda, hasta tomar el borde de su pantaleta...

 

Para Hermione esto era un sueño. Un sueño del que quería despertar pero no podía. Simplemente no podía hasta que...***

 

Un sonoro ronquido la sobresaltó. Al abrir los ojos se percató de que no estaba en su habitación. Volteó y vio a Remus profundamente dormido a su lado; entonces todo tuvo sentido. 

 

Después de haber estado charlando un rato, él admitió que se sentía muy cansado y deseaba dormir un poco.

 

- Claro cariño, te entiendo- concordó Hermione- entonces me voy para que descanses.

 

- No, espera… - él la detuvo- ¿me acompañarías un rato?

 

Hermione sonrió con ternura ante tal petición.

 

- De acuerdo…

 

Se levantaron del sillón, únicamente se despojaron de sus zapatos y se tumbaron en la cama.

 

- Gracias por entender, mi niña- dijo él. Hermione en respuesta le besó la frente y al cabo de unos minutos él cayó en un profundo sueño. Ella sólo lo observaba y meditaba acerca de lo que Remus le había platicado momentos antes.

 

- "Tal vez podría pedir ayuda a los elfos domésticos para buscar el amuleto"- pensó antes de quedarse dormida también. Entonces tuvo ese extraño sueño.

 

Se levantó a servirse un poco de agua.

-"¿Qué rayos sucede conmigo?"- se preguntó en alusión al sueño que acababa de tener con Malfoy; había sido tan real…

 

Sacudió la cabeza y dio un gran sorbo de agua para tratar de olvidarse de aquello. A través de la ventana notó que ya había oscurecido, pasaban de las ocho de la noche.

- "Será mejor que vaya ahora mismo al Gran Comedor o Harry y Ron comenzarán a preguntarse dónde estoy."

 

Miró a Remus y prefirió dejar que siguiera durmiendo. Parecía que en verdad lo necesitaba.   

 

 


 

*                                *                              *

A la mañana siguiente las plagosas voces de Lavender y Parvati despertaron a la castaña. Eran las nueve de la mañana, así que se levantó a darse una ducha. Después de arreglarse se dirigió al Gran Comedor y en el camino se encontró con Ginny Weasley, quien le dijo que los chicos ya se habían adelantado a desayunar.

 

- Hola chicas- dijo Harry cuando la castaña y la pelirroja se unieron a ellos- lamento que no las hayamos esperado pero Ron ya se estaba muriendo de hambre y amenazaba con comerme. Hubieran visto su seductora mirada posada sobre mí...

 

- Uy Ronnie... no sabíamos que tuvieras esa clase de apetitos... - dijo Hermione provocando las carcajadas de los que la habían escuchado. Ella también rió con ganas.

Sumidos en su conversación, los estudiantes degustaban de la comida preparada por los elfos domésticos.

 

- ¿Por qué no vamos más tarde a visitar a Hagrid?- sugirió Harry en cuanto vio al guardabosques entrar tapado con su grueso abrigo de piel de topo. Hermione fingió seguirlo con la mirada para poder ver a Remus sentado entre la profesora Sprout y el profesor Dumbledore. Un sentimiento de culpabilidad la invadió. El tórrido sueño que había tenido con Draco Malfoy la tarde anterior volvió a repetirse en la noche cuando subió a dormir a su habitación en la torre de Gryffindor.

 

- "... en cuanto consiga llevarte a la cama y satisfacer sus más bajos instintos, se aburrirá de ti, te dejará e irá en busca de otra presa..."- la voz que le había hablado en su sueño volvió a resonar en su cabeza. Luego aquél beso... volteó hacia la mesa de Slytherin. Draco Malfoy estaba ahí, concentrado en su desayuno y hablando con Blaise Zabini. Lucía completamente normal.

 

La única explicación lógica que según ella lograba justificar el haber tenido ese sueño era la preocupación por mantenerse alejada del Slytherin, especialmente después de que él la cuestionara sobre el motivo por el que lo abandonó el día del baile.

- "Eso debió haber sido y no dejaré que me afecte".

 

Volvió a mirar a Remus. Observó los estragos que el poco tiempo que faltaba para la próxima luna llena ya le había causado a su aspecto físico. Hermione sintió unas terribles ganas de tomarlo entre sus brazos, acariciarlo, mimarlo y cuidar de él. Lo que más la frustraba era que ni siquiera podía compartir con sus dos mejores amigos la gran alegría que llevaba por dentro. Temía que no tomaran a bien la noticia. Sabía que ellos tendían a ser demasiado sobreprotectores con ella y posiblemente no les caería en gracia el hecho de que ella estuviese con un hombre mayor.

 

- Harry, creo que será mejor que de una vez vayamos a la biblioteca a hacer la tarea de historia- dijo Ron después de comerse la quinta tostada. Sus palabras sacaron a Hermione de su ensimismamiento.

 

- Cielos, ¿el desayuno te ha hecho daño?- dijo con una risita. Ron la miró con fingida indignación y Harry y Ginny rieron- nunca creí que te escucharía decir eso.

 

- Bueno, ya que últimamente tú no estás en tu papel de mandona, alguien tiene que hacerse cargo- se defendió. La castaña sonrió.

 

- Parece ser que el pequeño Ronnie por fin ha madurado.

 

 

 

 

**********

Él fue de los últimos en retirarse del Gran Comedor debido a que había acabado de aclarar con el Director los últimos detalles de las actividades que en un par de horas tendría que llevar a cabo.

- Bien, a las 12:30 te espero en mi despacho- le había dicho Dumbledore- viajaremos con polvos flu a la mansión de Darius Schulz.

 

- ¿Cuánto tiempo estaré ahí?- quiso saber Remus.

 

- Eso depende de lo que diga el doctor Psihas pero estoy seguro de que permanecerás ahí hasta después de la luna llena.

 

Ése era el motivo por el cual el director había mandado a la profesora McGonagall a buscar a Remus. Constantine Doskas le había informado que el famoso alquimista Yraclis Psihas había aceptado estudiar su caso y tratar de buscar una solución, por lo que ya había viajado a Escocia y solicitó ver a Remus en persona.

 

Ahora el joven profesor de DCAO se dirigía apresuradamente a su dormitorio, todavía tenía un par de horas disponibles antes de irse. Debía terminar de empacar su maleta y luego quería buscar a Hermione para avisarle que se ausentaría al menos una semana.

 

Entró a su habitación y lo primero que vio fue una chica sentada en el sillón frente a la chimenea.

- Buenos días, guapo- saludó ella sonrientemente al verlo entrar- lamento haberte dejado anoche sin avisar pero estabas tan dormido que no te quise despertar… ¿cómo te sientes hoy?

 

Remus le devolvió la sonrisa.

- Mucho mejor ahora que estás acá…

 

Se abrazaron y ella depositó un suave beso en sus labios.

 

- Veo que tienes una maleta a medio hacer…- dijo ella señalando la valija que estaba sobre la cama.

 

- Sí, de hecho regresé para acabar de alistarla; luego pensaba buscarte para contarte la última novedad- explicó Remus. Se sentó en la cama y acomodó a la chica en su regazo.

 

- ¿Y…?- dijo ella ansiosa por saber el misterio.

 

- Albus me dijo hoy temprano que un conocido alquimista que se dedica al estudio de hombres lobo se interesó por mi caso; ha venido desde Grecia porque quiere verme, por eso tengo que ir a casa del doctor Schulz, en Edimburgo- explicó.

 

- ¡Eso es fantástico, cielo! Realmente espero que progresen con tu tratamiento- dijo Hermione ilusionada.

 

- Yo también...

 

- Y... ¿cuánto tiempo te ausentarás?

 

- Lo más seguro es que me quede allá hasta después de la luna llena.

 

Hermione lo abrazó con fuerza.

- Me encantaría poder ir contigo y cuidar de ti.

 

Ambos se sonrieron con un poco de tristeza. Hermione acariciaba con dulzura le rostro de Remus, cuya tierna mirada dorada estaba fija en la de ella.

A pesar de sus cicatrices, Hermione lo encontraba tan bello, irresistible, tan tranquilizante... estar a su lado le daba una gran sensación de seguridad. Lo besó. A Remus le fascinaba que ella hiciera eso.

 

- Estoy seguro de que ningún alquimista o sanador me cuidaría mejor que tú- le dijo al oído.

 

- Mmm... Podrías llevarme en tu maleta... me encantaría acompañarte…

 

-…- Remus rió ante tal ocurrencia y se dejó caer en la cama, trayendo a Hermione consigo.

 

- Te amo, Remus- le dijo ella mirándolo fijamente. Él en respuesta la estrechó.

 

- ¿Y no te importa que parezca un lobo?- le preguntó. Ella negó con la cabeza.

 

- No... De hecho me gusta- dijo sonriendo. Remus besó su frente.

 

- Yo también te amo… y no sabes cuánta falta me harás estos días.

 

 

 

****

N/A: en los últimos reviews que he recibido me han preguntado el motivo por el que Hermione no les cuenta a Harry y Ron lo que está viviendo. Y tienen razón, debería poder confiar en ellos, espacialmente después de todo lo que han pasado juntos (sobrevivir a una guerra, por ejemplo). Incluso alguien me hizo una observación muy buena: tal vez Ron sí la juzgaría en un inicio, pero Harry nunca. Él es como su hermano y seguramente la apoyaría en su decisión de estar con Remus. 

Peeeero... hace mil años cuando escribí la historia no me detuve a pensar en ese detalle. Y la verdad no lo cambiaré porque gracias a ese miedo a ser descubierta, se desencadenan situaciones que vienen más adelante en la historia. Espero que les esté gustando!

Como siempre, muchas gracias por su apoyo, votos y comentarios. Les mando besos!!

 



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