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Lexie: la hermana de James Potter » No voy a meterme en su vida, haré lo que ella quiere
Lexie: la hermana de James Potter (ATP)
Por Evelina
Escrita el Lunes 20 de Julio de 2020, 01:41
Actualizada el Domingo 20 de Septiembre de 2020, 20:30
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No voy a meterme en su vida, haré lo que ella quiere

Capítulos
  1. No saldría contigo ni aunque tuviera que elegir entre tú y el calamar gigante
  2. Tengo el derecho de hablar con quien se me dé la regalada gana
  3. Increíblemente, el nuevo engendro es aún peor que el anterior
  4. Ningún mago o bruja puede afirmar que esté a salvo de morir asesinado
  5. Este año, deberíamos conseguirle un novio a Lily
  6. Tendrás que tirarlo de la escoba y hacer que parezca un accidente
  7. Cambiaría a mi hermano por cualquier otro especimen
  8. No puedo creer que hayas caído en ese truco tan viejo
  9. No necesito que seas mi nana, idiota
  10. No soy una niña pequeña y puedo cuidarme sola
  11. No voy a meterme en su vida, haré lo que ella quiere
  12. Tú eres experta en torcer el orgullo y la arrogancia Potter
  13. Me importa un cuerno el entrenamiento, Lexie
  14. Me faltan algunos detalles de la boda, pero sé que tendré tres hijos

Sin embargo, al día siguiente, el malestar de la chica no había mejorado, sino que al contrario, se encontraba peor. Le costó abrir los ojos, porque estaba realmente muy cansada. Apenas se levantó, sintió que el dormitorio giraba a su alrededor y tuvo que quedarse un momento sentada en la cama para evitar caerse. Los ojos azules de Marlene se clavaron en ella.

-¿Estás bien? Te veo muy pálida, Lex. -Le dijo con preocupación.

-Sí, no te preocupes. Solo estoy cansada, he dormido mal y he tenido pesadillas. -Mintió con una sonrisa forzada. Su amiga le devolvió la sonrisa, pero no se tragó la mentira así que, a pesar de que se les estaba haciendo tarde y el resto ya había bajado a desayunar, decidió esperarla para ir al Gran Comedor.

Una vez allí, Lexie miró con desgana su cuenco de cereales. De solo ver la comida, se le había revuelto el estómago. Para colmo, parecía que Marlene estuviera decidida a revisar que desayunara sí o sí. En contraste con su cabello azabache, el rostro de la chica parecía terriblemente pálido. Logró comer la mitad de su porción, pero le fue imposible tragar una cucharada más. Por otro lado, iban a llegar tarde a clases si seguían demorándose. Solo quedaban algunos pocos estudiantes en el Comedor. Las dos se levantaron y se dirigieron apresuradamente a las mazmorras en las que tenían pociones, la primera clase del día.

A mitad de camino, Lexie se dio cuenta de que no aguantaría mucho tiempo más las horribles náuseas que sentía. Así que le pidió a Marlene que le guardara un lugar en el aula mientras ella iba un momento al baño. La rubia asintió y ella entró al sanitario a toda prisa. Llegó justo a tiempo. Sintió que vomitaba mucho más de lo que había comido. Un sudor helado le corría por la frente, le faltaba el aire, respiraba agitadamente, la cabeza le latía y el piso se movía bajo sus pies. Se sostuvo de las paredes del cubículo para no caer y se arrepintió de haberle pedido a su amiga que fuera al aula y no tenerla allí para que la acompañe a la enfermería. Por un momento, pensó que se iba a desmayar allí mismo. Afortunadamente, el mareo fue desapareciendo de a poco y consiguió mantenerse en pie. Salió del cubículo, se enjuagó la boca y se lavó la cara. Se miró al espejo: se veía muy pálida. Pero, por suerte, se le estaba pasando el malestar.

-Lo siento, profesor. -Murmuró unos minutos más tarde cuando ingresó a la clase de pociones. Slughorn había comenzado a explicar lo que harían ese día.

-Buenos días, Alexandra. No te preocupes, adelante. -La saludó sonriendo y ella se sentó en donde Marlene había dejado su mochila, junto a Lily. -Como les decía, hoy trabajarán en parejas para hacer un filtro de paz. Tienen la receta, los ingredientes. Recuerden que es una preparación que lleva dedicación y concentración, así que con tranquilidad, comiencen a prepararla.

Lexie leyó el primer paso: cortar las raíces de acónito. Anunció que comenzaría por ahí y Lily entonces decidió que prepararía el resto de los ingredientes. Luego de unos minutos, la pelirroja miró a su lado y se sorprendió.

-Lexie, tienen que ser del mismo tamaño.

-¡Lo siento! No he leído esa parte. -Se disculpó al darse cuenta de que las indicaciones lo decían claramente y ella estaba cortando todo de manera irregular. Sintió una puntada en la cabeza y cerró los ojos un segundo. -Ahora lo arreglaré, serán todos del mismo tamaño, como estos más pequeños.

-Perfecto. -Aprobó Lily y continuó con lo que estaba haciendo. Lexie maldijo internamente, le estaba comenzando a doler la cabeza. Además, a pesar del vapor de los calderos, hacía un poco de frío en el aula. Volvió a equivocarse en el tercer y cuarto paso y entonces Lily la miró con preocupación. Nunca la había visto equivocarse tanto en una poción, era una de las mejores del curso. Otra vez estaba pálida como en el desayuno. -¿Te sientes bien?

-Me duele bastante la cabeza. -Admitió restregándose los ojos.

-Descuida, yo me encargo de la poción. ¿Por qué no vas a la enfermería? -Le sugirió su amiga.

-No, esperaré a que termine la clase en todo caso. -Respondió ella.

Pero a pesar de quedarse sentada sin hacer nada, el dolor de cabeza era cada vez peor. Se había convertido en una especie de martilleo que no le permitía pensar con claridad. Aunque en el aula hacía mucho frío, Lexie tenía el cuerpo empapado en un sudor helado. Tiritaba ligeramente y había vuelto a marearse un poco. El olor del vapor de las pociones le hizo regresar las náuseas. Esperaba que la clase terminara pronto, pero todavía iban por la mitad. Le faltaba el aire y aceptó que lo mejor sería hacerle caso a Lily e ir a la enfermería. Ella se ofreció a acompañarla, pero se sentía en condiciones de llegar sola.

-Profesor, no me encuentro muy bien ¿Me permitiría ir a la enfermería? -Le preguntó a Slughorn, quien asintió de inmediato.

-James, ¿por qué no acompañas a tu hermana? -Sugirió él.

-No es necesario, puedo ir sola. -Respondió con firmeza. Lo menos que quería era tener que soportar a su hermano en el camino hasta la enfermería. Así que sin más, salió de la mazmorra.


***


-Cornamenta, acompáñala. No se la ve bien. -Señaló Sirius una vez que Lexie abandonó el aula. Pero su compañero se negó.

-Quiere ir sola, que vaya sola. No voy a meterme en su vida. Haré lo que ella quiere.

Sirius rodó los ojos y le pidió permiso al profesor para acompañar a Lexie. Salió de la mazmorra y fue a paso apresurado hacia la enfermería. La encontró en el corredor siguiente, caminando a paso lento. Ella sentía su cuerpo cansado y apenas si podía levantar los pies para andar.

-¡Lex! -La llamó. Ella se dio vuelta, estaba más pálida de lo que nunca la había visto el chico.

-Mira, no quiero hablar ahora de mi hermano, déjame en paz. -Le pidió con voz débil.

-No vengo a hablar de James, vengo a acompañarte a la enfermería porque tienes una pinta horrible. -Lexie temblaba de pies a cabeza y se tambaleaba al caminar.

-Gracias por el cumplido. -Murmuró con frialdad y continuó andando lentamente. Estaba cada vez más mareada y no podía distraerse discutiendo con él, tenía que llegar cuando antes a la enfermería. Volvía a respirar entrecortadamente, le faltaba el aire y sabía que el único motivo por el que no había vomitado era porque ya no tenía nada en el cuerpo. Un horrible hormigueo le recorría las extremidades. Se sintió incapaz de dar un paso más y se apoyó contra una pared. Cerró los ojos para calmar el mareo espantoso que sentía.

-¿Lex? ¡Lexie! ¡Lexie, mírame! -Le pedía Sirius desde algún lugar lejano, al tiempo que le palmeaba las mejillas.

-Dame un segundo... -Susurró ella aún con los ojos cerrados. Él aguardó. Cuando volvió a abrir los ojos, el rostro de Sirius no se distinguía en su visión borrosa. Pestañeó un par de veces, estaba desorientada.

-¿Lexie? ¡Lex, dime algo! -La chica volvió a cerrar los ojos sin comprender quién la llamaba qué ocurría a su alrededor. Las piernas de la muchacha flaquearon y cayó de bruces sobre Sirius, que alcanzó a sostenerla. La recostó suavemente en el suelo e intentó hacerla reaccionar. No había forma de que respondiera y su respiración parecía cada vez más pausada. Aterrado, la tomó en brazos y la llevó a la enfermería. 


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