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De como la leona se enamoró de la serpiente. » 1. Dolohov y Slytherin por una hora.
De como la leona se enamoró de la serpiente. (R15)
Por IreneMalfoy12
Escrita el Sábado 27 de Junio de 2020, 14:23
Actualizada el Domingo 28 de Junio de 2020, 17:04
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1. Dolohov y Slytherin por una hora.

                                                           1 de Septiembre del 97.

Cuando Hermione llegó ese día al andén, todavía sentía las palabras de Ron infiltrándose entre su tímpanos. A pesar de que hubiesen pasado varios días desde que oyó esas sílabas hacerse hueco entre los dientes del pelirrojo, todavía podía sentir el alivio que recorrió cada partícula de su cuerpo, cuando supo que no sería ella esa vez, la que tuviese que explicarse. Se quedó parada enfrente de una de las primeras entradas a los compartimentos de aquel majestuoso tren, y por un momento, la idea de regresar ese año a Hogwarts, sin la compañía de los que habían sido hasta ahora sus pilares fundamentales, la hizo replantearse por milésima vez en la última hora si realmente valía poner un pie dentro de esos vagones, recordando como se dio por zanjado el tema el mismo día que aclaró las cosas con el pecoso.


_____________________________28 de Agosto del 97______________________________


-Creo que te hemos explicado ya unas cien veces que no puedes venir con nosotros Hermione.-Masculló el pelinegro, mientras removía el azúcar de su ya frío té.- Alguien tiene que quedarse en Hogwarts, porque sin uno de nosotros, las cosas podrían acabar fatal, ya sabes, Los Slys no tienen ningún tipo de intención de quedarse en casa este año, ya viste el callejón Diagon el fin de semana pasado, eso parecía una plaga.

Hermione quiso rebatirle incluso antes de que empezase a soltar ese discurso premeditado, pero sabía que saldría perdiendo dijese lo que dijese, y no porque sus argumentos no fuesen lo suficientemente válidos.-Porque lo eran.-Sino porque más de la mitad de la orden había dejado claro su punto de vista sobre el tema, y no se diferenciaba para nada de la opinión que el ojiverde y el pecoso habían asegurado de dejar claro tantas veces que ella las veía ya imposibles de contar. Así que, añadiendo ese momento a su corta lista de las veces en su vida que se había sentido indefensa, el nudo que hacía varias horas sentía se había instalado en la boca de su estómago y, sin mediar palabra, subió escaleras arriba para meterse en su cama, pero una cálida mano agarró su antebrazo y la hizo girarse cuando apenas había puesto un pie en el segundo piso.

-Creo que deberíamos antes de que todo esto se ponga más difícil de lo que ya es para todos nosotros, Hermy.-Supo diferenciar la voz de Ron antes de que este la hiciese girar sobre sus talones, igual que pudo entrever el tema del que pretendía dar su opinión, no cualquier cosa habría a Ronald Weasley levantarse del mullido sofá de los Black y subir las escaleras tras ella con la cena a punto de ser servida. Entreabrió sus labios dispuesta a comenzar aquella conversación que llevaba días esperando, pero el pelirrojo, como si hubiese leído su mente se adelantó a su intento de mediar palabra.-Mira Herms, se que esto va a sonar fatal, y créeme cuando te digo que en mi vida he preparado como decirle nada a nadie. Sabes que soy un bruto a la hora de expresar mis sentimientos, pero quería que esta vez fuese diferente, tú te mereces algo diferente. Se que desde que soy un crío he tenido una disputa en mi cabeza sobre las dos ideas que siempre he tenido de ti, una gran bronca entre la imagen de mi amor fraternal y otra que buscaba a todas horas algo detrás de toda esa fachada, y tras estas últimas semanas con los Black me he dado cuenta de que te veo como a una hermana, y siempre ha sido así, me he dado cuenta que los celos que sentí cuando lo del Krum en cuarto año, o cuando te vi de la mano de Mclaggen en sexto, son los mismos que sentí cuando vi a Ginny besar por primera vez a Dean. Y creo que no me equivoco si pienso que estamos en el mismo punto en este asunto.



Hermione suspiró, intentando con ello llenar sus pulmones lo máximo que podía y armarse de valor para afrontar lo que, aunque invisible en ese momento, se le venía encima. Entró en el primer compartimento vacío que pudo encontrar entre la multitud de jóvenes que invadían el tren y dejando su baúl en el suelo, sin sentirse con las fuerzas de colocarlo sobre los asientos, se lanzó levemente contra uno de los sofás de cuero que adornaban el pequeño espacio y subió sus rodillas a la altura de sus hombros, apoyando su mentón en ellas. Cerró los ojos esperando que el movimiento del tren avisara el principio del viaje, un viaje tan conocido pero a la vez tan diferente a sus ojos, los cuales mantenía cerrados, con la esperanza de que, al volver a abrirlos, esos pequeños metros cuadrados donde se encontraba estuviesen rodeados de sus amigos, gran utopía para tan oscuros momentos. A punto se sentía de caer en los brazos de Morfeo cuando, sin esmerarse en tener un poco de cuidado, una mano sacudió sus hombros haciendo que sus ojos se abriesen de golpe, enfocando a la culpable de interrumpir los bonitos sueños de la leona.

-No puedo creer que ni si quiera me hayas esperado para salir de casa.-Pudo notar el deje divertido en la voz de la menor de los Weasley aunque esta hubiese utilizado su mayor tono de reproche, Hermione sonrió.

-Vamos Ginny, sabes que si me hubiese quedado más de cinco minutos en esa casa, hubiese mandado a la mierda la idea de volver a hacer séptimo.-Respondió la leona sacudiendo su cabeza, y tras apartar el baúl y dejar espacio para la pelirroja, añadió.-Lo único que me hace sentirme servible en estos momentos es el pensar que, mientras ellos dos se están jugando la vida cada día, no vana a poder pisar Hogwarts ni con todos los permisos de los contactos mágicos de la orden, eso es nuestra parte de la batalla, nuestro propio enigma a resolver.

-Sí, bueno, para enigma lo que he visto entrando al tren antes, bueno, más bien antes de entrar, no te lo vas a creer.-Hizo una corta parada para sacar un par de monedas de su bolsillo y contarlas al notar el tren arrancar de la estación, tres galeones y cinco sickles.-Los Carrow, sí, como lo oyes, hermano y hermana, los mismos, han entrado un par de segundos antes que yo al anden, pero no he conseguido ver si entraban al tren, estaba todo lleno de gente.

-¿Por qué iban a entrar en el andén y no en el tren? Por supuesto que han entrado, dios mío.-La rizada sintió hasta el último pelo de su cuerpo erizarse.- Y si han entrado de esa manera entonces es porque no se están escondiendo de nadie, van de camino a Hogwarts, y en este mismo tren.

-Y qué te hace pensar qué van camino a Hogwarts, tal vez quieren ir a Hogsmeade, y con las restricciones que está poniendo ahora en ministerio, a lo mejor les parece el método más seguro de hacerlo sin nadie detrás de sus rastros, y en el caso de que tenga razón, el caso es, ¿Por qué?


-No Ginny, los Carrow son mortífagos, estoy casi segura de ello…-Empezó a explicarle sus propias conclusiones a la pequeña pelirroja, y tras unos cuantos minutos, perdió la cuenta del tiempo que llevaba hablando.-y si son mortífagos ellos mismos podrían utilizar un Apparate o cualquier conjuro de magia negra para llegar a Hogsmeade por su cuenta, ¿No crees?

Al no recibir respuesta, Hermione se giró hacia su amiga, encontrándose con la sorpresa de que esta había dejado caer la mejilla derecha contra la ventana del compartimento y el gesto de su cara dejaba entrever que necesitaba ese descanso más de lo que podría necesitar seguir argumentando tontamente contra el destino de dos personas que ellas mismas descubrirían unas cuantas horas después. Hermione sonrió mientras observaba el rostro de Ginny con detenimiento, er una chica fuerte, muy fuerte, pero podía notar en sus facciones lo rápido que había madurado los últimos años, dándole un toque rudo a su cara inocente, y por primera vez se encontró a sí misma deseando poder parecerse a su amiga más de lo que desearía. Se preguntaba una y mil veces como esta era capaz de llevar esa sonrisa tan Weasley en el rostro la mayoría del tiempo, aunque el mundo se estuviese derrumbando en pedazos. Si Ginny podía presumir de alguna cualidad que la joven Granger no tuviese en esos momentos, y que cada kilómetro que se acercaban a Hogwarts perdía un poco más, era con la tenacidad con la que afrontaba la vida.

La mayor de las dos leonas del compartimento se disponía a sacar un libro de dentro de su maleta cuando una voz hizo que su cuerpo se congelase en la postura en la que se encontraba, miró de nuevo a su compañera de compartimento y vislumbró la paz que su rostro mantenía bajo el sueño que se había apoderado de ella minutos antes. No podía haber sido ella, estaba completamente dormida y por si eso no fuese suficiente razón para la mente de la Gryffindor, la voz que había escuchado era audible, pero no lo suficiente como para venir de su compartimento, así que, poniéndose su capa sobre el uniforme que llevaba ya cambiado, se dispuso a salir en del pequeño cubículo, dando una última mirada dentro de él para revisar que la chica Weasley siguiese bien, cerró la puerta. Pero apenas pudo andar varios metros antes de sentir como alguien agarraba la manga de su túnica y tiraba de su cuerpo hacia el interior de otro compartimento. Giró su cuerpo, dispuesta a enfrentarse a lo que fuese que tuviera delante, y agarró su varita con la mano que le quedaba libre, pero su sus intenciones se quedaron paralizadas cuando fijó sus ojos en unos obres grises.

-Ponte esto.-Malfoy alzó una capa entre sus manos, pudo distinguir el emblema de Slytherin en el lado izquierdo superior de esta, y frunció el ceño, negando con su cabeza.-Vamos Granger joder, ponte la puta capa.

-¿Y por qué debería hacerte caso, si se puede saber?-Replicó la castaña, tironeando de su manga derecha, que todavía seguía atrapada entre los dedos del rubio.-Déjame salir de aquí, ya.

El ojigris levantó una de sus cejas, y apretó su mandíbula, como si tratara de contener sus palabras dentro de su garganta, no entendía nada de lo que estaba pasando en ese momento pero su sexto sentido le decía que debía hacerle caso, y pocas veces su instinto fallaba, así que, a regañadientes, y con la mirada fija en él, sin intención de perderse ninguno de sus movimientos, le arrebató la capa y se la colocó encima de la suya propia, y cuando se sintió apta para hacer a esa rubia serpiente aclarar sus dudas, algo dentro de sus ojos cambió haciendo que las palabras de la ojimiel se quedasen por el camino, un deje de angustia acompañó al pequeño tic que se instaló debajo de uno de sus ojos. Subió sin permiso la capucha de la capa de la leona tapando sus rizos.-Así mejor, asgúrate de que nadie te vea, estaré aquí en un par de minutos.

Oyó la puerta cerrarse con intensidad, y en ese momento pudo dejar escapar entre sus labios el respingo que había ahogado cuando este había subido la capucha de la túnica. Se sentó en la parte del sofá más alejado de la puerta y entonces lo sintió, frío por todo el tren, y el típico bullicio que acompañaba al traqueteo del tren parecía haber desaparecido también. Atrapó su labio inferior entre sus dientes, y su estómago dio un vuelco cuando recordó que Ginny seguiría en el compartimento, a apenas un par de metros, todavía dormida.

Se levantó de su asiento a toda prisa, colocó su mano en el pomo de la puerta, pero este giró antes de que ella ejerciese fuerza en él, abriendo de golpe la puerta. No se atrevió a levantar la cabeza del suelo, ni cuando oyó la voz e Neville a un par de compartimentos a su derecha, en la sala de prefectos, ''No está aquí, imbéciles''. Entonces lo entendió todo, eran mortífagos, tenía en sus narices a un maldito mortífago, y como este se diese cuenta de su identidad, estaba perdida, perdidísima.

-Es Pansy, Dolohov. Ni Potter ni sus perritos falderos están en el tren, ni si quiera la pobretona de su novia, si este año piensan asistir a Hogwarts, Mcgonagall se lo ha montado bien, porque no hay rastro de ninguno en todo el andén.-Hermione frunció el ceño, pero fue lo suficientemente astuta como para no hablar, y con una desfachatez propia de Parkinson, se dio la vuelta y resopló.

-Está bien Draco, pero dile a tu..lo que sea, que sea más respetuosa, y que la próxima vez que tenga que encontrarme con ella, me mire a los ojos, al fin y al cabo no soy peor que sus padres.-Hermione no tuvo que levantar la cabeza para saber de quien se trataba, Antonin Dolohov. Ese hombre la hechizó en la batalla del Ministerio de Misterios, el año pasado.-Aunque no voy a negar que habría sido un placer encontrarme con esa niña del pelo rizado, como se llamaba...Hermione..¡Eso es! La sangre sucia de Granger, Alecto me aseguró haberla visto entrar en el tren esta mañana..

-Pues ya ves, tal vez utilizaron su propio baúl como traslador, o ese gato horrible que tiene, yo que sé, ahora si me permites, Antonin, vamos a cambiarnos, estamos a menos de una hora de Hogsmeade, y tú deberías largarte de aquí si no quieres tener problemas con el colegio, ni nada parecido.-El rubio se dió la mano con él, cerró la puerta, y bajó la persiana de esta con tanta parsimonia, que por primera vez, Hermione se asombró de la sangre fría que siempre había mostrado tener ese chico.

Se quitó la capucha y quitándose la capa, la dobló y la dejó encima del asiento, sin pararse a agradecerle nada, no sentía el deber e hacerlo, aunque al sentir la mirada del ojigris taladrando su cuerpo, no pudo evitar levantar su mirada para encontrarla con la de él, igual de gélida e impenetrable que la recordaba.-No lo he hecho por ti, impura.

-¿Disculpa?

-Lo que oyes, que no lo he hecho por ti, ¿Acaso pensaste qué sí? Pues déjame bajarte de esa nube de luz y color, Granger, si ha sido por alguien, ha sido por mí.-Malfoy dejó de hablar, sacando el baúl de el hueco de encima de los asientos y abriendo el mismo.-Ahora, si te quieres quedar a ver mi cuerpo escultural mientras me cambio, es entendible, Weasel debe estar en los huesos después de lo de su casa, ¿No? Pobrecito.

-Eres despreciable.-Reprochó la castaña en un susurro, apenas audible, pero llegó a los oídos de él, que levantó una ceja, instándola a seguir mientras desabrochaba los primeros botones de su camisa negra.

-Mira, impura. Te he salvado el pellejo, simplemente para mantener un estatus enfrente de el colegio, demasiado ojo tienen puesto encima de mí ya, así que como mínimo podrías agradecerme, que yo lo único que me llevo es una de mis túnicas nuevas infestada, ahora la tendré que echar a la lavar a más de sesenta grados como mínimo para desinfectarla.

-No sabía que te gustasen ese tipo de prácticas muggles.-Replicó, agarrando el pomo de la puerta, dispuesta a irse.-Siendo un asqueroso mortífago pensaba que la ropa era como vosotros, ya sabes, de usar y tirar.

Hermione echó un último vistazo al rostro del rubio, maldiciendo por dentro que fuera así de asimétrico, un alma tan sucia no se merecía un rostro tan puro, negó con la cabeza, aguantando el nudo que se había instalado en su garganta, y giró el pomo con intención de salir de ese sitio lo antes posible, y en su defecto, la puerta fue cerrada por una mano pálida que se colocó encima de la suya, y un cuerpo que aprisionó en suyo contra la misma, acercando su boca a la oreja de la castaña.-No sabes lo que este asqueroso mortífago sería capaz de hacer, así que cierra la sucia boca que tienes ratoncita, y lárgate de aquí.

-No quiero ni imaginármelo, Malfoy.-Susurró, girando su rostro para encontrarlo con el suyo a escasos milímetros, y tras hacer una media sonrisa, clavó su codo en el pecho del Slytherin y abrió la puerta sin molestarse en cerrar la misma, todavía aturdida, y reprendiéndose a si misma, ¿Cómo había sido capaz de acercarse a ese impresentable? Divisó el compartimento que había abandonado apenas media hora antes, y dirigiendo una última mirada de reojo hacia atrás, se metió en él, sin percatarse de que, un par de metros más atrás, Draco , apoyado sobre la puerta del compartimento y ya cambiado de ropa, observó hitamente el cuerpo de la muchacha hasta que esta desapareció de su vista.

Al entrar en el compartimento, se encontró con un par de personas que antes de su ''corta escapada'' no ocupaban el lugar pero antes de poder decir nada, sintió unos brazos rodearla y estrecharla hasta dejarla casi sin aire, y al percatarse de la melena pelirroja de su amiga, sintió una oleada de arrepentimiento recorrer su cuerpo.-¡Dios mío Hermione! ¡¿Donde estabas?! Estábamos a punto de salir a buscarte joder, Dolohov y otro secuaz del maldito sin nariz han estado rondando el tren..por cierto, hueles a menta.

Hermione frunció en ceño, y se aceró la hombrera de la capa a la nariz, aspirando. Sintió una corriente eléctrica recorrer su espina dorsal, y tuvo que tragar saliva a la vez que maldecía, se le había hecho la boca agua con el jodido olor de Malfoy, y lo peor es que, por culpa de la pequeña pelirroja, ahora no podía dejar de oler ese maldito perfume, yni con la capa a cinco metros.-Ehh..yo e-estaba en el..¡Servicio! Sí, y al oír el alboroto decidí quedarme ahí, por si ocurría algo, tenía todo a la vista desde ahí.

-Bueno, me alegro de que estés bien Hermione.-Sonrió Neville desde uno de los asientos y se levantó para darla un abrazo, saludándola. Hermione le correspondió y le abrazó de vuelta, guiñando un ojo a Luna, que le miraba sonriente al lado de Ginny.

-Bueno, pues vamos saliendo entonces, ya sabes, Padma y Hannah me dijeron que no te preocupases, que ellas pasarían el recuento de los de primero por ti, que luego se pondrían al día.-Dijo Luna, y tras abrazar a Hermione, salieron del compartimento, en dirección a la saluda sur, ya que la norte era para primero.

Una fuerte brisa azotó el rostro de Hermione, y respiró profundamente esta, sonriendo. Había echado de menos el olor pueblerino de Hogsmeade con toda su alma, y debía disfrutarlo al máximo, porque, por desgracia, y con un deje de dolor, admitía que tal vez podía ser la última vez que lo hiciese, bajó el par de escalones, y se dirigió a las carrozas buscando una vacía donde se pudiese sentar con los demás, rodó la mirada por las mas cercanas y encontró una a la que se dirigió como alma que llevaba el diablo, subió y sentándose, levantó la mano, llamando la atención de sus amigos. Una vez todas se llenaron, estas partieron camino a Hogwarts, en filas de cuatro.

Frunció levemente su ceño, no se sentía incómoda, por supuesto que no, pero sentía que algo dentro de ella no se sentía bien, más bien algo dentro de ella estaba muy lejos, más de lo que hacía años había estado, y Hermione Granger, siendo atea no pudo evitar pedir por ellos, prometiendo que lo haría todas las noches. 

El murmullo de sus compañeros se sentía muy lejano, y tampoco tenía muchas ganas de meterse en la conversación, así que, girando el cuerpo levemente, se puso a observar el alrededor de la carroza, inconscientemente su mirada se paseó por las carrozas, mirando a sus compañeros, encontrándose con unos ojos grises que chocaron con los de ella en el mismo momento en el que las carrozas pararon, enfrente del castillo, e inconscientemente y por segunda vez, su mirada pasó por el cuerpo de Malfoy, dándose cuenta de que este había crecido. Sus hombros se veían más anchos, y su espalda le daba la pose de un hombre, no de el infantil niño que siempre había sido, o que Hermione siempre había creído que era, volvió su mirada a la suya y le observó con los ojos entornados, y como si este hubiese estado leyendo sus pensamientos,-¿Acaso era eso posible, Malfoy sabría..?-sonrió maliciosamente. Tras ajustar las mangas de su camisa, cogió su maleta, vocalizó ''Mejor que Weasel, ¿No, impura?'', y desapareció entre la marabunta de alumnos con Pansy colgada de su brazo.




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